Bartleby y el artículo 155: “preferiría no aplicarlo”

Estoy seguro que nuestros cultos lectores conocen bien la historia de Bartleby, el escribiente, relatada en un cuento del mismo nombre de Herman Melville. Bartleby es contratado por un abogado de Nueva York que se dedica a propiedades e hipotecas de clientes ricos. Es un buen empleado, pero cuando en una ocasión se le pide que examine un expediente, Bartleby contesta: “Preferiría no hacerlo”. Y no lo hace. Y, partir de entonces, cada vez que se le pide algo contesta lo mismo, aunque sigue con sus ocupaciones normales. Al final resulta que nunca abandona la oficina, ni siquiera cuando es despedido; ni cuando el abogado vende el local, impotente para expulsarlo.

Se han dicho muchas cosas sobre la actitud de Bartleby; desde que es precursora del existencialismo o del nihilismo, hasta que es una muestra de arrogancia, o del deseo de no molestarse por nada. Pero a mí su conducta me ha venido a la cabeza cuando he leído que  Sánchez, tras su reunión con Rajoy, decía que “invocar el artículo 155 lo único que hace es alimentar precisamente al independentismo” a lo que siguieron las declaraciones de Robles en el sentido de que tal aplicación “nunca sería una solución procedente y nunca la apoyaríamos” (aquí). Pero es que Soraya Sáenz de Santamaría también ha venido a declarar que la fuerza de las leyes no necesitan sobreactuación, en contestación a la pregunta de si el gobierno recurriría al artículo 155 (aquí), aunque hace año y medio le parecía una posibilidad perfectamente aceptable (aquí). También Ciudadanos parece entrar en este juego cuando Rivera dice que no se aplicará el art. 155, pero propone “firmeza” para evitar el 1-O y después, actualizar la Constitución; y hace un par de años, parecía más abierto a él, aunque muy cautamente, porque sólo lo preveía para el caso de que se declarara la independencia (aquí)

Sin embargo, hace muy pocos días la prensa nos informaba de una curiosa coincidencia de opinión entre dos dirigentes tan distintos como González y Aznar, “casi en un 95 por ciento”: es preciso aplicar el artículo 155 de la Constitución en relación al asunto catalán. Por supuesto, hay una importante diferencia entre tener responsabilidades políticas y no tenerlas, porque no es lo mismo sufrir las consecuencias de tus decisiones que no sufrirlas; y es verdad que, como decía González, los expresidentes son como los jarrones chinos: no se retiran del mobiliario porque se suponen valiosos, pero estorban siempre.

Por otro lado, también es verdad que en una situación tan políticamente expuesta no es cuestión de revelar nuestra estrategia: quizá existan razones que aconsejen prudencia y quizá la decisión de Rajoy –y demás partidos- de evitar todo aspaviento tenga la sabiduría de sentarse a ver pasar el cadáver de su enemigo que, por cierto, se deteriora paulatinamente con peleas internas que acrecientan la sensación de ridículo nacional e internacional del procès, lo que quizá aconsejara permitir que ultimen su camino hasta que algún niño les diga que el procès está desnudo.

Además, no cabe duda de que el desafío que tiene el gobierno (y el Estado) es grave y de difícil resolución porque es evidente que el soberanismo ha tomado la decisión de huir hacia delante, elevando al máximo –como dice aquí Ignacio Varela- el listón del desafío y de la provocación, para situar a los poderes del Estado ante un dilema perdedor: o represión, o capitulación.

Pero dicho todo eso, ¿es serio decir que no procede aplicar en ningún caso el artículo 155 y que es contraproducente? No lo creo yo así. Las normas no son opcionales y están ahí para ser aplicadas cuando se dé el supuesto de hecho, y parece que podría entenderse que el de este precepto (“si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, …..”) se ha producido hace tiempo, por lo que el problema no es si debería aplicarse en el futuro sino si debería haberse aplicado en el pasado. Y cabe añadir que no es sólo el interés de España el afectado, sino también el  particular de Cataluña, cuya política y cuyos recursos se están dilapidando en luchar contra molinos de viento mientras necesidades acuciantes se dejan de lado.

Lo malo es que, como dice aquí el primer presidente de la Fundación Hay Derecho, Roberto Blanco, este precepto debería aplicarse antes del referéndum, pero como por su lado señala aquí Jorge de Esteban, es probablemente tarde para ello porque la duración de los trámites lo impediría.

Por supuesto, preceptos que contienen conceptos jurídicamente indeterminados están sujetos a una interpretación que puede contener criterios políticos o de conveniencia; pero, en todo caso, la aplicación de la norma no es meramente opcional, ni para los independentista ni para el Estado. No entender esta idea significa olvidar la esencia del Estado de Derecho, enviando a otros posibles incumplidores el mensaje de que la eficacia de la ley depende del número de personas que estén de acuerdo en incumplirla o de la conveniencia política de aquellos que estén obligados a aplicarla, al tiempo de generar en aquellos que sí la cumplen generalmente una sensación de agravio comparativo, porque con ellos, poco poderosos individualmente, no hay clemencia alguna y –por poner un ejemplo- han de pagar sus impuestos con el máximo rigor y sin ninguna presunción de inocencia, con los recargos e intereses correspondientes.

La correcta aplicación, en tiempo y forma, de las normas tiene la función pedagógica y ejemplarizante de hacer saber al infractor las consecuencias de sus actos para disuadirle de repetir el acto y servir de ejemplo a los demás para que eviten la infracción (en Derecho penal se llamaba prevención especial y general) aparte de reforzar el mismo ejercicio del poder con el fortalecimiento de la creencia de que quien ahora lo ostenta es digno de él y ha de temerse su reacción, lo que, en poderes legítimamente constituidos es justo y necesario y no, como parece entenderse todavía en nuestro país, una reacción semifascista o autoritaria. No aplicar las normas en el momento oportuno deteriora la convivencia y al mismo tiempo debilita al propio poder que cada vez será más vulnerable y resistirá peor embates futuros. Por supuesto, ejercer el poder es duro y supone una gran responsabilidad y es cierto que podría generar victimización, pero el “preferiría no aplicarlo” tiene el riesgo superior de generar Estados inoperantes; además la victimización es inevitable para quien quiere sentirse víctima: mejor esperar que vaya al psicólogo que moldearle las normas a su conveniencia. Es más, políticamente, la aplicación del artículo 155 probablemente serviría de llamada de atención a otras Comunidades Autónomas que pudieran rumiar cosas parecidas y permitiría poner sobre la mesa el evidente problema de organización territorial que tiene nuestro país, tanto en su diseño, como en el ejercicio de las competencias atribuidas, preñado de deslealtad y exceso.

Conste que no estoy diciendo ni cómo ni cuándo debe aplicarse este artículo, sino simplemente que no debe descartarse de plano, como no debe descartarse de plano ninguna norma. Ni tampoco digo que en Cataluña no haya un problema, ni que al nacionalismo no le puedan asistir razones; ni siquiera que, con determinadas condiciones, no pudiera ser oportuna una consulta a la canadiense, como quien me haya seguido en este blog sabe perfectamente y puede comprobar buscando. Sólo insisto en que rompiendo la norma no se puede hablar de nada.

Tampoco afirmo que la única solución al desafío del referéndum sea la aplicación de este artículo, pues al parecer se está barajando la posibilidad de aplicar la ley de Seguridad Nacional. O quizá se pueda confiar en que las facultades ejecutivas concedidas al Tribunal Constitucional disuadan del desaguisado o simplemente que el miedo al panorama penal de funcionarios o políticos pueda desactivar un ya bastante mermado proceso.

Ahora bien, tengo para mí que al ciudadano de a pie no le convencerán demasiado afirmaciones tan genéricas como la de que ”el referéndum no se va a celebrar” sin más aclaraciones sobre el método que se va aplicar para impedirlo, sobre todo si recordamos que el intento secesionista anterior es de 9 de noviembre de 2014, con dimisión de Fiscal General incluida, y sin que desde aquella fecha se haya registrado  actuación alguna por parte del ejecutivo, que ha preferido la callada por respuesta mientras que las amenazas y desafíos han ido in crescendo. Tampoco la actitud del  Constitucional, que ha avalado que los rótulos de los comercios en Cataluña sean en catalán, ignorando paladinamente el artículo 2.1 de la Constitución, pueda suscitarnos demasiadas esperanzas.

En definitiva, sólo pido a nuestros gobernantes que tengan en cuenta la máxima de Josep Tarradellas de que en política se puede hacer de todo menos el ridículo. Y todavía que el ridículo lo hagan los políticos puede tener un pase, pero no que se lo hagan pasar a la ciudadanía que, aunque no llegue todavía a hillbilly, no parece conveniente que acumule sentimientos de agravio, con lo que se está viendo por el mundo (léase Trumplandia). Y, por cierto, todavía sería peor que la cosa acabase con un pacto chapucero bajo mano en el que, por evitar el ridículo, se realicen cesiones o cambalaches que acrecienten la disfuncionalidad actual de nuestro Estado y, todavía peor, envíen el mensaje de que para conseguir privilegios hay que apostar fuerte.

Con respeto de las formas se puede hablar de todo; sin él, de nada.

3 comentarios
  1. misael
    misael Dice:

    Estupendo artículo, con el que coincido 100%

    Las instituciones están tomadas por gente que sólo pretende perpetuarse en el poder. El fin de las leyes, la justicia, es algo que se considera, por estos, cosa del pasado, y sólo el interés personal, y político después, es la razón de todo. España es una gigantesca alcantarilla de conciencias corrompidas, donde el deber del cargo es aplastado por la conveniencia del momento.

    El affaire catalán ha tenido la virtud de mostrarnos patentemente en qué consiste, en Expaña, o lo que queda de ella, la aplicación del derecho: un puro voluntarismo por parte del que detenta la potestad para hacerlo. Nuestro gigantesco cuerpo legal duerme plácidamente, hasta que alguien con poder, lo despierta, con interés más o o menos espúreo. Lo peor es que nadie, al menos con la suficiente altavocía para que se levante un escándalo público, parece inmutarse. Más bien al contrario, la progresía de izquierda ha levantado un sofisma: la aplicación de la ley solivianta aún más al infractor. Esta nueva “doctrina” no es la primera vez que la repiten. ¿ Será que lo torticera conveniencia política ha tomado cariz de discurso político ? ¿ Hasta ese nivel de ruindad ha llegado la política patria ?

  2. Lucía de las Heras
    Lucía de las Heras Dice:

    La izquierda española siempre ha estado trufada de nacionalismo, lo que es una flagrante contradicción. Antes bien, la izquierda debería ser radicalmente antinacionalista, rechazando privilegios y discriminaciones por razón de territorio. Con Pedro Sánchez volvemos, en este aspecto, al paradójico abismo de donde nunca salimos. La confusión entre izquierda y nacionalismo (piénsese en el independentismo vasco o en ERC) es una gran desgracia que sufre España y no (por suerte para ellos) otros países.

  3. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Felicitar, cómo no, a D. Ignacio por la calidad de sus reflexiones.

    Hace unos días que está en la calle, publicada por Tirant lo Blanch, la obra colectiva “España, democracia y futuro”.
    http://www.cervantes.com/libro/9788491690627/espana-democracia-y-futuro/

    En ella diversos autores (Recuero, Amengual, Otero, etc) tratan a fondo la cuestión que suscita hoy Ignacio Gomá y que nos trae a todos bastante desquiciados.

    Probablemente la vía a seguir por un Ejecutivo democrático serio sea la que establece para el delito de Sedición el código penal.

    El delito se está produciendo en grado de tentativa desde hace mucho tiempo y tal como lo trata el código penal puede ser aplicado al Gobierno de España que no lo aplica cuando ante sus ojos se produce el iter delictivo. Algo sobre esto ha dicho ya, –por si las moscas– la VP.

    El tema sin embargo es que si aplicas todo el peso del CP a un grupo de “hermanos Marx” el que hace el ridículo es la propia autoridad porque es como atacar con Marines a un grupo de críos de deficiente educación afectados de alguna tara mental que cada vez que hacen algo son el hazmerreir urbi et orbe.

    Los acontecimientos parecen dar la razón a un gran jugador de dominó que, con certeza, también debe serlo de mus. Ellos solos se están describiendo en cada uno de sus actos. Si Rajoy gana esta mano, como parece, sus adversarios, Sánchez, Rivera, y los “Carmenos” pueden volver de nuevo al colegio para, de una vez, educarse y estudiar como es debido.

    Por otra parte, –excepción hecha del Jefe del Ejecutivo– el liderazgo político nacional está recién llegado de bailar sobre las carrozas del Arquetipo Humano que el Poder desea para nuestras “sociedades europeas y occidentales post everything” y
    es muy comprensible que actúen de modo análogo en sus posiciones políticas. No serían coherentes de otro modo. Coherencia uber alles.

    La época de las actuaciones varoniles en Europa se ha muerto.
    ¿Se ha muerto de verdad? Parece que, cómo no, en Polonia discrepan.

    En este vacío aparece Trump en escena –enemigo público número uno del arquetipo de género indiferente que se nos viene obligando a adquirir por medios legales– y se apunta un tanto.
    Trump se ha convertido en la bicha. Hasta tal punto que nos hacen creer que una persona del nivel moral de Hillary Clinton era preferible.

    Y sin embargo, hace unos días en Polonia, Trump hizo un discurso interrumpido por aplausos más de treinta veces. Un discurso bloqueado por toda la prensa “respetable” de la Social Democracia europea (lo cual por supuesto incluye a la prensa llamada de derechas o de centro)

    Vale la pena leerlo aquí en español https://gaceta.es/mundo/discurso-donald-trump-polonia-20170706-2236/ o escucharlo en los videos en YouTube.

    Cuando lo hagan pregúntense si hay un solo líder en la UE capaz de decir algo remotamente parecido sin leer y sin teleprompter.

    Adjunto aquí los vídeos en inglés.

    Es espeluznante que esto sea omitido por la “Gran” prensa Europea. La que nos miente en todo lo importante.

    No hay un solo político en nuestros países capaz de decir lo mismo sin leerlo–. Sin duda Trump es un grave problema para esta gente. Pero para Polonia no parece serlo.

    En Youtube.
    https://www.youtube.com/watch?v=xYZCtfIPsEQ

    Saludos y enhorabuena a D. Ignacio.

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