La España de la marmota

Si ustedes han visto la magnífica película de Harold Ramis, “El día de la marmota” donde el sufrido protagonista se ve obligado a revivir incesantemente el mismo día de su vida (el de la marmota) con leves variaciones en expiación de sus muchos defectos, sabrán a lo que me refiero. Si no la han visto, les recomiendo encarecidamente que lo hagan. Porque algo parecido nos está sucediendo a los sufridos españoles, en expiación de nuestras decisiones electorales, qué duda cabe. Reconozco también que el título de este post me ha sido sugerido por una columna de opinión del diario “el Mundo” titulada “La negociación de la marmota”, de lo que dejo constancia para que nadie me pueda acusar de apropiarme de las ideas (y títulos) ajenos.

Aunque la España de la marmota va más allá de la negociación de la marmota, ciertamente ésta es digna de mención. Sindicatos y patronal (los tres sindicatos, como dicen algunos) llevan ya no meses, sino años negociando y negociando sobre la urgentísima e imprescindible reforma laboral y pidiendo prórroga tras prórroga para ver si llegan a algún acuerdo mientras que el paro aumenta y aumenta. De vez en cuando, el Gobierno de turno no tiene más remedio que hacer algo, siempre insuficiente y timorato, porque –horror de los horrores- no se ha podido lograr el acuerdo de los “agentes sociales”. El que la representación de estos agentes sociales sea un tanto dudosa  salvo por lo que se refiere, eso sí, a sus propias y generosas estructuras, así como que vivan básicamente de las subvenciones  y no de las cuotas de sus afiliados como ya explicamos en este post  o incluso el que se manipulen, si llega el caso, los datos de la representación para conseguir subvenciones o el que se les sigan coincidiendo subvenciones millonarias en el último momento procedentes del Servicio Público Estatal de empleo y publicadas en el BOE del viernes pasado no parece preocupar demasiado a nadie. Al parecer, sin ese acuerdo sacramental es imposible reformar en serio el mercado laboral.  Sería interesante que alguien se dignara a explicarnos la razón.

Porque sobre lo que sí que hay un consenso que raya en la unanimidad es sobre el diagnóstico de los problemas de nuestro mercado laboral, así como sobre la necesidad de tomarse en serio la reforma de una vez por todas. Claro que se ve que este consenso de los especialistas, la sociedad civil, la ciudadanía y hasta “los mercados” tiene mucho menos valor que el otro, el sacramental, aunque resulte bastante más real. Por haber, hasta hay bastante consenso en los programas electorales sobre la necesidad de la reforma, aunque a estas alturas ya sabemos que éste si que no vale nada de nada. Ahora nos dicen que la reforma laboral la hará el Gobierno en marzo, pues ya veremos.

En fin, para no aburrir a los lectores sugerimos la lectura, cómo no, de los acertados posts de nuestros colegas de Nada es Gratis  sobre el tema de la reforma laboral, o incluso si se animan del estupendo libro Nada es gratis de Jorge Juan (pseudónimo de  los editores y colaboradores de NeG) del que espero hacer una reseña próximamente.

Eso sí, como en la peli, la repetición del día de la negociación tiene pequeñas alteraciones: así después de años se alcanza un importante acuerdo para cambiar 3 días festivos de sitio. En fin, que les voy a decir, que en la película de Harold Ramis hasta la repetición del día de la marmota era bastante más interesante, pero claro, tratándose de una película si se aburre tanto a los espectadores como estos negociadores a los españoles, se corre el riesgo de que se vayan del cine. Esto, con los ciudadanos, siempre es más complicado, pero si estos señores se empeñan, a lo mejor cuando terminen las negociaciones ya no hay mercado laboral que reformar y nos hemos ido todos a trabajar a otro lado.

Más ejemplos; el debate de la marmota en el Parlamento esta semana sobre la convalidación del Decreto-ley del jueves día 5 de enero (el del “hachazo fiscal”) quizá con un pelín más de interés por aquello de haberse cambiado los papeles los protagonistas (ahora el Gobierno está en la oposición y la oposición está en el Gobierno, se acuerdan) pero vamos, el guión siempre es el mismo, la habitual mezcla de consignas, descalificaciones y “tú más”. No es un problema de los actores, pero es que con este guión y con la dirección del Presidente del Congreso tampoco se pueden hacer milagros. Lo único que anima un poco el cotarro es la existencia de algunos actores de reparto (leáse minorías insignificantes que van por libre). Pobres.

Otro ejemplo: la recusación de la marmota. La del Juez Garzón a todo juez con el que alguna vez haya tenido trato (no necesariamente enemistad, recordemos que la recusación ha de fundarse en la concurrencia de alguno de los supuestos previstos en el art.219 de la Ley Orgánica del Poder Judicial ) lo que, lógicamente, dada su dilatada carrera profesional, política, docente y hasta artística han sido prácticamente todos, o prácticamente todos los que se sientan en la Sala que le tiene que juzgar. No llevo la cuenta de las recusaciones solicitadas y estimadas o desestimadas, pero reconozcan que resultan bastante monótonas.

Y el último ejemplo y el que a mí personalmente más me gusta, el déficit público autonómico de la marmota. Aquí si que la escena se repite una y otra vez pero con alteraciones que le dan vidilla, como en la película de Ramis. Primero nos modifican la Constitución corriendo y de noche porque era imprescindible introducir en el art. 135 la regla fiscal, por imperativo de la sra Merkel y la Unión Europea, aunque la cosa ahora ya se ha flexibilizado y a la Unión Europea ya le vale pulpo como animal de compañía, es decir, una norma con rango suficiente aunque no sea la Constitución   porque en algunos países ¡resulta que hay que hacer un referéndum para modificar la Constitución! Menos mal que a nosotros esas cosas no nos pasan. En fín, sobre esto también hemos publicado varios posts ´(aquí y aqui)

Después se amenaza con las penas del infierno a las díscolas CCAA principales responsables de la “sorpresa” que se encuentra el Gobierno que no sabía, a diferencia del resto de los mortales, que el déficit del ejercicio 2011 no era del 6%  (como mantenía la sra Salgado especialista en estos papelones) sino del 8%.  Van a tener que cerrar todos los chiringuitos públicos, aeropuertos y teles autonómicas incluidas, a ver si con eso consiguen pagar a sus empleados y proveedores. Van a tener que devolver los anticipos del Estado, se les va a fijar un techo de gasto, etc, etc.

Pero bueno, al final la sangre no llega al río. Se las amonesta, eso sí, porque la ciudadanía empieza a estar un poco harta sobre todo después de estrenarse el nuevo Gobierno con una subida de impuestos morrocotuda, y porque muchas de ellas deben mucho dinero a todo el mundo, han despilfarrado a manos llenas, la corrupción campa a sus anchas, etc, etc. Total, que como estamos en la España de la marmota se apela a su responsabilidad y se respeta su autonomía, no vaya alguien a pensar que se quiere devolver a España a tiempos más oscuros, como dice el Consejero de Hacienda de la Generalitat catalana, sr. Mas-Collel en su carta al New York Times,

Aquí tienen la reseña del Consejo de Ministros sobre el informe del Anteproyecto de Ley de Estabilidad Presupuestaria.  Es verdad que es solo un informe pero dice nada sobre cómo garantizar que se cumplan los objetivos de reducción del déficit que se proclaman.

El Ministro de Hacienda sr. Montoro ha hablado de “sanciones” para las CCAA que no cumplan, pero el problema es que el imponer sanciones, desgraciadamente, no es garantía de nada aunque todavía no lo sepan en Alemania. Hay sanciones y sanciones. Algunos les importan a los políticos mucho, otras nada. Algunas se cumplen y otras no. Y si no son automáticas, mejor olvidarlo porque se pasarán años discutiéndolas en los Tribunales de Justicia.

En la misma reseña, por cierto, se recoge la autorización a la Comunidad autónoma de Baleares para emitir deuda pública y tomar préstamos a largo plazo y se prorrogan acuerdos anteriores de autorización de operaciones de endeudamiento.

Pues sinceramente, no creemos que con estos mimbres vayan a cambiar mucho las cosas, la verdad.  Aquí ya se sabe que confundimos autonomía financiera con libertinaje.

Para terminar, porque no se trata de que este post no se convierta en el post de la marmota, y para ser positivos, recordemos que en la película, el protagonista, después de corregir sus numerosos defectos mediante la utilización de los recursos que pone a su disposición un día eternamente repetido, consigue (para eso es una comedia) pasar la hoja del calendario y de paso quedarse con la chica. ¿Tendremos los españoles la posibilidad de pasar a otro día?  Pues algo deberíamos hacer.

La España de la marmota

Si ustedes han visto la magnífica película de Harold Ramis, “El día de la marmota” donde el sufrido protagonista se ve obligado a revivir incesantemente el mismo día de su vida (el de la marmota) con leves variaciones en expiación de sus muchos defectos, sabrán a lo que me refiero. Si no la han visto, les recomiendo encarecidamente que lo hagan. Porque algo parecido nos está sucediendo a los sufridos españoles, en expiación de nuestras decisiones electorales, qué duda cabe. Reconozco también que el título de este post me ha sido sugerido por una columna de opinión del diario “el Mundo” titulada “La negociación de la marmota”, de lo que dejo constancia para que nadie me pueda acusar de apropiarme de las ideas (y títulos) ajenos.

Aunque la España de la marmota va más allá de la negociación de la marmota, ciertamente ésta es digna de mención. Sindicatos y patronal (los tres sindicatos, como dicen algunos) llevan ya no meses, sino años negociando y negociando sobre la urgentísima e imprescindible reforma laboral y pidiendo prórroga tras prórroga para ver si llegan a algún acuerdo mientras que el paro aumenta y aumenta. De vez en cuando, el Gobierno de turno no tiene más remedio que hacer algo, siempre insuficiente y timorato, porque –horror de los horrores- no se ha podido lograr el acuerdo de los “agentes sociales”. El que la representación de estos agentes sociales sea un tanto dudosa  salvo por lo que se refiere, eso sí, a sus propias y generosas estructuras, así como que vivan básicamente de las subvenciones  y no de las cuotas de sus afiliados como ya explicamos en este post  o incluso el que se manipulen, si llega el caso, los datos de la representación para conseguir subvenciones o el que se les sigan coincidiendo subvenciones millonarias en el último momento procedentes del Servicio Público Estatal de empleo y publicadas en el BOE del viernes pasado no parece preocupar demasiado a nadie. Al parecer, sin ese acuerdo sacramental es imposible reformar en serio el mercado laboral.  Sería interesante que alguien se dignara a explicarnos la razón.

Porque sobre lo que sí que hay un consenso que raya en la unanimidad es sobre el diagnóstico de los problemas de nuestro mercado laboral, así como sobre la necesidad de tomarse en serio la reforma de una vez por todas. Claro que se ve que este consenso de los especialistas, la sociedad civil, la ciudadanía y hasta “los mercados” tiene mucho menos valor que el otro, el sacramental, aunque resulte bastante más real. Por haber, hasta hay bastante consenso en los programas electorales sobre la necesidad de la reforma, aunque a estas alturas ya sabemos que éste si que no vale nada de nada. Ahora nos dicen que la reforma laboral la hará el Gobierno en marzo, pues ya veremos.

En fin, para no aburrir a los lectores sugerimos la lectura, cómo no, de los acertados posts de nuestros colegas de Nada es Gratis  sobre el tema de la reforma laboral, o incluso si se animan del estupendo libro Nada es gratis de Jorge Juan (pseudónimo de  los editores y colaboradores de NeG) del que espero hacer una reseña próximamente.

Eso sí, como en la peli, la repetición del día de la negociación tiene pequeñas alteraciones: así después de años se alcanza un importante acuerdo para cambiar 3 días festivos de sitio. En fin, que les voy a decir, que en la película de Harold Ramis hasta la repetición del día de la marmota era bastante más interesante, pero claro, tratándose de una película si se aburre tanto a los espectadores como estos negociadores a los españoles, se corre el riesgo de que se vayan del cine. Esto, con los ciudadanos, siempre es más complicado, pero si estos señores se empeñan, a lo mejor cuando terminen las negociaciones ya no hay mercado laboral que reformar y nos hemos ido todos a trabajar a otro lado.

Más ejemplos; el debate de la marmota en el Parlamento esta semana sobre la convalidación del Decreto-ley del jueves día 5 de enero (el del “hachazo fiscal”) quizá con un pelín más de interés por aquello de haberse cambiado los papeles los protagonistas (ahora el Gobierno está en la oposición y la oposición está en el Gobierno, se acuerdan) pero vamos, el guión siempre es el mismo, la habitual mezcla de consignas, descalificaciones y “tú más”. No es un problema de los actores, pero es que con este guión y con la dirección del Presidente del Congreso tampoco se pueden hacer milagros. Lo único que anima un poco el cotarro es la existencia de algunos actores de reparto (leáse minorías insignificantes que van por libre). Pobres.

Otro ejemplo: la recusación de la marmota. La del Juez Garzón a todo juez con el que alguna vez haya tenido trato (no necesariamente enemistad, recordemos que la recusación ha de fundarse en la concurrencia de alguno de los supuestos previstos en el art.219 de la Ley Orgánica del Poder Judicial ) lo que, lógicamente, dada su dilatada carrera profesional, política, docente y hasta artística han sido prácticamente todos, o prácticamente todos los que se sientan en la Sala que le tiene que juzgar. No llevo la cuenta de las recusaciones solicitadas y estimadas o desestimadas, pero reconozcan que resultan bastante monótonas.

Y el último ejemplo y el que a mí personalmente más me gusta, el déficit público autonómico de la marmota. Aquí si que la escena se repite una y otra vez pero con alteraciones que le dan vidilla, como en la película de Ramis. Primero nos modifican la Constitución corriendo y de noche porque era imprescindible introducir en el art. 135 la regla fiscal, por imperativo de la sra Merkel y la Unión Europea, aunque la cosa ahora ya se ha flexibilizado y a la Unión Europea ya le vale pulpo como animal de compañía, es decir, una norma con rango suficiente aunque no sea la Constitución   porque en algunos países ¡resulta que hay que hacer un referéndum para modificar la Constitución! Menos mal que a nosotros esas cosas no nos pasan. En fín, sobre esto también hemos publicado varios posts ´(aquí y aqui)

Después se amenaza con las penas del infierno a las díscolas CCAA principales responsables de la “sorpresa” que se encuentra el Gobierno que no sabía, a diferencia del resto de los mortales, que el déficit del ejercicio 2011 no era del 6%  (como mantenía la sra Salgado especialista en estos papelones) sino del 8%.  Van a tener que cerrar todos los chiringuitos públicos, aeropuertos y teles autonómicas incluidas, a ver si con eso consiguen pagar a sus empleados y proveedores. Van a tener que devolver los anticipos del Estado, se les va a fijar un techo de gasto, etc, etc.

Pero bueno, al final la sangre no llega al río. Se las amonesta, eso sí, porque la ciudadanía empieza a estar un poco harta sobre todo después de estrenarse el nuevo Gobierno con una subida de impuestos morrocotuda, y porque muchas de ellas deben mucho dinero a todo el mundo, han despilfarrado a manos llenas, la corrupción campa a sus anchas, etc, etc. Total, que como estamos en la España de la marmota se apela a su responsabilidad y se respeta su autonomía, no vaya alguien a pensar que se quiere devolver a España a tiempos más oscuros, como dice el Consejero de Hacienda de la Generalitat catalana, sr. Mas-Collel en su carta al New York Times,

Aquí tienen la reseña del Consejo de Ministros sobre el informe del Anteproyecto de Ley de Estabilidad Presupuestaria.  Es verdad que es solo un informe pero dice nada sobre cómo garantizar que se cumplan los objetivos de reducción del déficit que se proclaman.

El Ministro de Hacienda sr. Montoro ha hablado de “sanciones” para las CCAA que no cumplan, pero el problema es que el imponer sanciones, desgraciadamente, no es garantía de nada aunque todavía no lo sepan en Alemania. Hay sanciones y sanciones. Algunos les importan a los políticos mucho, otras nada. Algunas se cumplen y otras no. Y si no son automáticas, mejor olvidarlo porque se pasarán años discutiéndolas en los Tribunales de Justicia.

En la misma reseña, por cierto, se recoge la autorización a la Comunidad autónoma de Baleares para emitir deuda pública y tomar préstamos a largo plazo y se prorrogan acuerdos anteriores de autorización de operaciones de endeudamiento.

Pues sinceramente, no creemos que con estos mimbres vayan a cambiar mucho las cosas, la verdad.  Aquí ya se sabe que confundimos autonomía financiera con libertinaje.

Para terminar, porque no se trata de que este post no se convierta en el post de la marmota, y para ser positivos, recordemos que en la película, el protagonista, después de corregir sus numerosos defectos mediante la utilización de los recursos que pone a su disposición un día eternamente repetido, consigue (para eso es una comedia) pasar la hoja del calendario y de paso quedarse con la chica. ¿Tendremos los españoles la posibilidad de pasar a otro día?  Pues algo deberíamos hacer.