Sobre Administraciones que sobran, políticos incompetentes y funcionarios que no estaban.

Los últimos recortes del Sr. Rajoy han generado multitud de opiniones sobre si las medidas que ha tomado son las que de verdad necesita nuestro país para salir del agujero en el que estamos metidos. Y mucho me temo que somos cada vez más los que pensamos que estas dolorosas medidas no abordan la solución de nuestros problemas de fondo. Y nos quedamos sin tiempo y sin cartuchos (aunque estos posiblemente los agotamos hace tiempo).

 

Nuestro gran problema está en nuestro insostenible modelo administrativo y en la tremenda politización de la Administración.

 

Empecemos por el primero. Nuestro modelo autonómico, el del famoso “café para todos”, no da más de sí. Se pudo sostener en los tiempos de bonanza pero muestra todas sus perversiones en estos momentos de crisis interminable.

 

En este blog hemos comentado en varias ocasiones las tremendas ineficiencias del actual modelo autonómico, que no solo es ineficiente, sino que a la postre tampoco está nada claro que se traduzca en un mejor servicio para los ciudadanos. Nuestro país no tiene volumen para soportar a 17 miniestados. Ni volumen, ni dinero.

 

Les pongo algunos ejemplos en el ámbito que más conozco, el tecnológico.

 

Gobierno abierto, un concepto que está de plena actualidad y que, bien gestionado, puede ser un gran transformador de nuestra Administración. Nos puede permitir recuperar la confianza en nuestras dañadas instituciones y en la clase política (vean donde andamos en el último barómetro del CIS), puede colaborar notablemente a tener una administración mejor gestionada (por mejor conocida) y puede generar riqueza económica, directamente gracias al Open Data e indirectamente, gracias a la recuperación de la confianza en nuestro país por parte de los agentes económicos. Una actuación que se merecería una apuesta decidida de nuestro gobierno que no se quedara tan solo en la promulgación de la retrasadísima Ley de Transparencia. Pues bien, frente a eso, tenemos iniciativas dispersas a lo largo de todo nuestro territorio, Irekia en el País Vasco, Gobierno Abierto de Navarra, Ayuntamiento de Barcelona, etc., etc. Y nuestra acogotada Administración Central pone en marcha una tímida iniciativa a través del datos.gov.es. Seguramente con escasísima dotación presupuestaria, dados los tiempos que corren. Navarra lanza su hoja de ruta, adelantándose al plan de actuación (bastante criticado por cierto) presentado por el Gobierno de España  en el Open Govenment Partnership del que formamos parte. Hay varias leyes de transparencia autonómicas (otra) además de la nacional. Y el resto de comunidades lanzando sus propios planes.

 

Y uno piensa, ¿da nuestro país para tanta hoja de ruta, tanta ley, tanto portal de gobierno abierto y tanto plan? ¿Nadie se da cuenta de que una potente actuación nacional es infinitamente más valiosa que tantas iniciativas dispersas? ¿Qué tener 17+1 leyes de transparencia, 17+1 hojas de ruta es una pesadilla? Y lo más triste es que el marco actual no permite a la Administración Central liderar el proceso y poner orden. De hecho, el portal nacional es bastante más pobre que alguno de los autonómicos.

 

Justicia. Publiqué un post sobre la multiplicidad de sistemas de gestión procesal hace unos meses. Solo añadir que hoy estamos peor que cuando escribí el post porque la falta de presupuesto ha hecho que gran parte de esos proyectos estén parados con lo cual todo se ha quedado a medio hacer. Un costoso monstruo que no ha llegado a nacer.

 

Sanidad. Hace unos días, en unas charlas que dimos en una Comunidad Autónoma, nos comentaban muy ufanos los representantes de la Comunidad que su sistema de receta electrónica era el único en España que permitía saber en tiempo real el perfil del usuario de forma que podían calcular el copago real por medicamento. Con ello evitaban tener que hacer cuentas a posteriori para devolver el dinero que pagaban de más los pensionistas, devolución que en otras comunidades se demora ¡hasta 6 meses!; ¡bravo por esa Comunidad! y ¡menudo desastre para los ciudadanos! Y uno se vuelve a preguntar ¿Por qué no se ha hecho un único desarrollo, el mejor posible, para toda España en vez de hacer 17, gran parte de ellos mediocres? Ya no solo es que nos cueste 17 veces más (más toda la interoperabilidad imposible del nodo central de salud), es que encima se da un mal servicio.

 

Ejemplos como estos los encontraremos a cientos. Y no quiero convertirme en un defensor a ultranza del centralismo porque pienso que la descentralización ha ayudado a crear riqueza en los territorios y, de hecho, cuando hablas con los Gobiernos Autónomos, percibes su preocupación por sus regiones, por sus empresas, por sus ciudadanos. Pero si estoy en contra de descentralizar como lo hemos hecho en España. Se puede descentralizar la gestión, la puesta en marcha de las políticas pero se debe centralizar la estrategia y los medios comunes. Pensar en global y actuar en local. Aquí pensamos en local y actuamos en el caos. E insisto, la Administración Central, a por uvas, incapaz de poner freno a esa sangría autonómica. Pero si incluso algunas de las Comunidades del PP están dejando de apoyar al Gobierno Central. Cada una va a su aire, como pollos sin cabeza. Las Comunidades Autónomas tienen comportamientos adolescentes, piden más y más a sus padres mientras se rebelan frente a su autoridad. Pero claro, la adolescencia a los 30 años se lleva mal.

 

Y de esto habla poco y hace menos el Sr. Rajoy. A mí me causa una tremenda perplejidad que cuando cita los problemas que tenemos en España apenas mencione las duplicidades (diecisieteplicidades sería más adecuado, sin contar diputaciones, mancomunidades y ayuntamientos) de nuestra Administración y del impacto que tiene en aumento del coste y en detrimento del servicio final a los ciudadanos. Y solo encuentro 3 explicaciones: piensa que no hay ningún problema; piensa que hay un problema pero no se atreve a meterle mano; piensa que hay un problema pero que si lo arregla va a poner en la calle a miles de sus fieles acólitos. O una mezcla de todo. Sea cual sea la respuesta me parece igual de preocupante.

 

Y en segundo lugar, el otro gran problema: la politización que ha invadido toda nuestra Administración e instituciones. Los miles de puestos de libre designación que se cubren por criterios de seguidismo frente a cualquier otro mérito. Nada es gratis recoge un estupendo post al respecto sobre el reciente nombramiento del Presidente de RTVE (compárenlo con el Director General de la BBC) que nos lleva a preguntarnos ¿por qué no contratamos en este país a los mejores de cada especialidad para los puestos estratégicos de nuestro sistema público?. Seguro que hay muchos profesionales independientes, serios, rigurosos, brillantes y conocedores de la materia que estarían dispuestos a asumir el reto de recuperar el prestigio que han perdido muchas de nuestras instituciones y organismos. Pero no, mejor un hombre de paja, un leal seguidista, que un buen profesional. No vaya a ser que tenga criterio propio.

 

Tantos y tantos casos como el mencionado por nada es gratis o como el de nuestra celebre ex ministra Bibiana Aído. Vean, vean, la trayectoria profesional que le llevó a ser Ministra, 2 tristes líneas.

 

Y nosotros, tan contentos. ¿Saben qué les digo? que la culpa es nuestra por permitir estas barbaridades.

 

Y para finalizar una reflexión sobre el papel de los funcionarios en toda esta crisis institucional que venimos padeciendo. Últimamente se suceden cartas de protesta, manifestaciones, manifiestos por parte de las asociaciones de funcionarios criticando la situación a la que los políticos han llevado a nuestro sistema público (con especial hincapié en los recortes). Me parece muy bien esta actitud porque la situación es realmente insostenible y los funcionarios son los que más están sufriendo los recortes pero me pregunto, ¿dónde estaban los funcionarios cuando el sistema empezó a deteriorarse y todavía estábamos a tiempo de tomar medidas? ¿Dónde estaban los inspectores del banco de España cuando crecía la burbuja financiera y ya se apreciaban los tremendos riesgos que estaba asumiendo el sector bancario? Escribiendo una carta a su Ministro que metió en un cajón y pensando, con esto hemos cumplido.

 

¿Dónde estaban los interventores de los Ayuntamientos cuando la corrupción campaba a sus anchas por los mismos? En el mejor de los casos emitiendo informes técnicos negativos que alguien metía en un cajón y pensando, con esto hemos cumplido. Y ¿dónde estaban los Abogados del Estado y Letrados de las Comunidades Autónomas cuando proliferaban chiringuitos sin sentido? Los funcionarios son inamovibles precisamente para dar estabilidad a la Administración y protegerla de las arbitrariedades y posibles corruptelas de los políticos. Y el sistema ha fallado, ha fallado estrepitosamente. Entonces, ¿de qué nos sirve la inamovilidad de los funcionarios? Creo firmemente en el esencial papel de los funcionarios en nuestra Administración, gran parte de ellos buenos profesionales muy comprometidos con el servicio público pero me produce tristeza ver cuánto se quejan a toro pasado, lo que protestan públicamente frente a los recortes (injustos sin duda) en sus remuneraciones frente a lo poco que protestaron en el pasado frente a los desmanes de la clase política. Y en sus declaraciones actuales veo demasiada autocomplacencia, mucha crítica (claramente justificada) a la clase política y muy poca autocrítica sobre el papel que ellos debieron jugar y que, claramente, fue insuficiente.

 

Creo que gran parte de la regeneración de nuestros sistema público viene también por un replanteamiento del papel de los funcionarios y, en ese sentido, creo que sería muy bueno que ellos mismos  liderasen un proceso de reflexión y autocrítica que les permitiera asumir el papel que realmente necesita nuestra sociedad. Por el bien de todos.

Sobre Administraciones que sobran, políticos incompetentes y funcionarios que no estaban.

Los últimos recortes del Sr. Rajoy han generado multitud de opiniones sobre si las medidas que ha tomado son las que de verdad necesita nuestro país para salir del agujero en el que estamos metidos. Y mucho me temo que somos cada vez más los que pensamos que estas dolorosas medidas no abordan la solución de nuestros problemas de fondo. Y nos quedamos sin tiempo y sin cartuchos (aunque estos posiblemente los agotamos hace tiempo).

 

Nuestro gran problema está en nuestro insostenible modelo administrativo y en la tremenda politización de la Administración.

 

Empecemos por el primero. Nuestro modelo autonómico, el del famoso “café para todos”, no da más de sí. Se pudo sostener en los tiempos de bonanza pero muestra todas sus perversiones en estos momentos de crisis interminable.

 

En este blog hemos comentado en varias ocasiones las tremendas ineficiencias del actual modelo autonómico, que no solo es ineficiente, sino que a la postre tampoco está nada claro que se traduzca en un mejor servicio para los ciudadanos. Nuestro país no tiene volumen para soportar a 17 miniestados. Ni volumen, ni dinero.

 

Les pongo algunos ejemplos en el ámbito que más conozco, el tecnológico.

 

Gobierno abierto, un concepto que está de plena actualidad y que, bien gestionado, puede ser un gran transformador de nuestra Administración. Nos puede permitir recuperar la confianza en nuestras dañadas instituciones y en la clase política (vean donde andamos en el último barómetro del CIS), puede colaborar notablemente a tener una administración mejor gestionada (por mejor conocida) y puede generar riqueza económica, directamente gracias al Open Data e indirectamente, gracias a la recuperación de la confianza en nuestro país por parte de los agentes económicos. Una actuación que se merecería una apuesta decidida de nuestro gobierno que no se quedara tan solo en la promulgación de la retrasadísima Ley de Transparencia. Pues bien, frente a eso, tenemos iniciativas dispersas a lo largo de todo nuestro territorio, Irekia en el País Vasco, Gobierno Abierto de Navarra, Ayuntamiento de Barcelona, etc., etc. Y nuestra acogotada Administración Central pone en marcha una tímida iniciativa a través del datos.gov.es. Seguramente con escasísima dotación presupuestaria, dados los tiempos que corren. Navarra lanza su hoja de ruta, adelantándose al plan de actuación (bastante criticado por cierto) presentado por el Gobierno de España  en el Open Govenment Partnership del que formamos parte. Hay varias leyes de transparencia autonómicas (otra) además de la nacional. Y el resto de comunidades lanzando sus propios planes.

 

Y uno piensa, ¿da nuestro país para tanta hoja de ruta, tanta ley, tanto portal de gobierno abierto y tanto plan? ¿Nadie se da cuenta de que una potente actuación nacional es infinitamente más valiosa que tantas iniciativas dispersas? ¿Qué tener 17+1 leyes de transparencia, 17+1 hojas de ruta es una pesadilla? Y lo más triste es que el marco actual no permite a la Administración Central liderar el proceso y poner orden. De hecho, el portal nacional es bastante más pobre que alguno de los autonómicos.

 

Justicia. Publiqué un post sobre la multiplicidad de sistemas de gestión procesal hace unos meses. Solo añadir que hoy estamos peor que cuando escribí el post porque la falta de presupuesto ha hecho que gran parte de esos proyectos estén parados con lo cual todo se ha quedado a medio hacer. Un costoso monstruo que no ha llegado a nacer.

 

Sanidad. Hace unos días, en unas charlas que dimos en una Comunidad Autónoma, nos comentaban muy ufanos los representantes de la Comunidad que su sistema de receta electrónica era el único en España que permitía saber en tiempo real el perfil del usuario de forma que podían calcular el copago real por medicamento. Con ello evitaban tener que hacer cuentas a posteriori para devolver el dinero que pagaban de más los pensionistas, devolución que en otras comunidades se demora ¡hasta 6 meses!; ¡bravo por esa Comunidad! y ¡menudo desastre para los ciudadanos! Y uno se vuelve a preguntar ¿Por qué no se ha hecho un único desarrollo, el mejor posible, para toda España en vez de hacer 17, gran parte de ellos mediocres? Ya no solo es que nos cueste 17 veces más (más toda la interoperabilidad imposible del nodo central de salud), es que encima se da un mal servicio.

 

Ejemplos como estos los encontraremos a cientos. Y no quiero convertirme en un defensor a ultranza del centralismo porque pienso que la descentralización ha ayudado a crear riqueza en los territorios y, de hecho, cuando hablas con los Gobiernos Autónomos, percibes su preocupación por sus regiones, por sus empresas, por sus ciudadanos. Pero si estoy en contra de descentralizar como lo hemos hecho en España. Se puede descentralizar la gestión, la puesta en marcha de las políticas pero se debe centralizar la estrategia y los medios comunes. Pensar en global y actuar en local. Aquí pensamos en local y actuamos en el caos. E insisto, la Administración Central, a por uvas, incapaz de poner freno a esa sangría autonómica. Pero si incluso algunas de las Comunidades del PP están dejando de apoyar al Gobierno Central. Cada una va a su aire, como pollos sin cabeza. Las Comunidades Autónomas tienen comportamientos adolescentes, piden más y más a sus padres mientras se rebelan frente a su autoridad. Pero claro, la adolescencia a los 30 años se lleva mal.

 

Y de esto habla poco y hace menos el Sr. Rajoy. A mí me causa una tremenda perplejidad que cuando cita los problemas que tenemos en España apenas mencione las duplicidades (diecisieteplicidades sería más adecuado, sin contar diputaciones, mancomunidades y ayuntamientos) de nuestra Administración y del impacto que tiene en aumento del coste y en detrimento del servicio final a los ciudadanos. Y solo encuentro 3 explicaciones: piensa que no hay ningún problema; piensa que hay un problema pero no se atreve a meterle mano; piensa que hay un problema pero que si lo arregla va a poner en la calle a miles de sus fieles acólitos. O una mezcla de todo. Sea cual sea la respuesta me parece igual de preocupante.

 

Y en segundo lugar, el otro gran problema: la politización que ha invadido toda nuestra Administración e instituciones. Los miles de puestos de libre designación que se cubren por criterios de seguidismo frente a cualquier otro mérito. Nada es gratis recoge un estupendo post al respecto sobre el reciente nombramiento del Presidente de RTVE (compárenlo con el Director General de la BBC) que nos lleva a preguntarnos ¿por qué no contratamos en este país a los mejores de cada especialidad para los puestos estratégicos de nuestro sistema público?. Seguro que hay muchos profesionales independientes, serios, rigurosos, brillantes y conocedores de la materia que estarían dispuestos a asumir el reto de recuperar el prestigio que han perdido muchas de nuestras instituciones y organismos. Pero no, mejor un hombre de paja, un leal seguidista, que un buen profesional. No vaya a ser que tenga criterio propio.

 

Tantos y tantos casos como el mencionado por nada es gratis o como el de nuestra celebre ex ministra Bibiana Aído. Vean, vean, la trayectoria profesional que le llevó a ser Ministra, 2 tristes líneas.

 

Y nosotros, tan contentos. ¿Saben qué les digo? que la culpa es nuestra por permitir estas barbaridades.

 

Y para finalizar una reflexión sobre el papel de los funcionarios en toda esta crisis institucional que venimos padeciendo. Últimamente se suceden cartas de protesta, manifestaciones, manifiestos por parte de las asociaciones de funcionarios criticando la situación a la que los políticos han llevado a nuestro sistema público (con especial hincapié en los recortes). Me parece muy bien esta actitud porque la situación es realmente insostenible y los funcionarios son los que más están sufriendo los recortes pero me pregunto, ¿dónde estaban los funcionarios cuando el sistema empezó a deteriorarse y todavía estábamos a tiempo de tomar medidas? ¿Dónde estaban los inspectores del banco de España cuando crecía la burbuja financiera y ya se apreciaban los tremendos riesgos que estaba asumiendo el sector bancario? Escribiendo una carta a su Ministro que metió en un cajón y pensando, con esto hemos cumplido.

 

¿Dónde estaban los interventores de los Ayuntamientos cuando la corrupción campaba a sus anchas por los mismos? En el mejor de los casos emitiendo informes técnicos negativos que alguien metía en un cajón y pensando, con esto hemos cumplido. Y ¿dónde estaban los Abogados del Estado y Letrados de las Comunidades Autónomas cuando proliferaban chiringuitos sin sentido? Los funcionarios son inamovibles precisamente para dar estabilidad a la Administración y protegerla de las arbitrariedades y posibles corruptelas de los políticos. Y el sistema ha fallado, ha fallado estrepitosamente. Entonces, ¿de qué nos sirve la inamovilidad de los funcionarios? Creo firmemente en el esencial papel de los funcionarios en nuestra Administración, gran parte de ellos buenos profesionales muy comprometidos con el servicio público pero me produce tristeza ver cuánto se quejan a toro pasado, lo que protestan públicamente frente a los recortes (injustos sin duda) en sus remuneraciones frente a lo poco que protestaron en el pasado frente a los desmanes de la clase política. Y en sus declaraciones actuales veo demasiada autocomplacencia, mucha crítica (claramente justificada) a la clase política y muy poca autocrítica sobre el papel que ellos debieron jugar y que, claramente, fue insuficiente.

 

Creo que gran parte de la regeneración de nuestros sistema público viene también por un replanteamiento del papel de los funcionarios y, en ese sentido, creo que sería muy bueno que ellos mismos  liderasen un proceso de reflexión y autocrítica que les permitiera asumir el papel que realmente necesita nuestra sociedad. Por el bien de todos.