España de rebajas: El FMI admite que subestimó el impacto depresivo de la austeridad

Mediante una breve nota de apenas cuatro párrafos El País del 4 de enero refleja una noticia que me resulta totalmente escandalosa: resulta que, al definir las medidas de recuperación económica, el FMI subestimó el impacto depresivo de la austeridad en un 300%, según reconoce uno de los directivos del organismo, aunque no se trata de una opinión oficial del FMI:
 
«“Hemos encontrado que los autores de aquellos pronósticos del Fondo subestimaron significativamente el incremento del desempleo y la caída en el consumo privado y la inversión asociados a la consolidación fiscal”, reza el informe firmado por Blanchard y Daniel Leigh. En 2010, el FMI utilizó como referencia cómo se comportaban los multiplicadores fiscales en fases de desaceleración económica, pero estudios más recientes han evidenciado que cuando se combinan recesión y mal funcionamiento del sector financiero, el efecto contractivo de esas medidas es hasta el triple de lo que contemplaron entonces los expertos del Fondo».
 
Así, los países que estamos viviendo la crisis de forma más violenta ya sabemos cual ha sido la causa del aumento feroz del paro, la sequía del crédito, la privación de los servicios públicos, la falta de futuro y, en fin, el estado en que está quedando nuestra sociedad. Gracias a la transparencia y la libertad de información, hoy podemos conocer las causas de la tragedia que vivimos. Algo es algo.
 
Pero, los medios de comunicación se hacen eco de la noticia cinco días después de que se publicara el informe, ninguno en la portada, y destinan mínimos espacio y relevancia al hecho. Han evitado levantar mucha polvareda.
 
En un comentario un poco más crítico de la situación publicado el día 7, El País se queja de la institución, pero poniendo de relieve cómo antes el FMI ni siquiera entonaba el mea culpa, sino que los errores se conocían mucho tiempo después cuando publicaba sus conclusiones. De este modo, han sido los países afectados quienes se han quejado de los catastróficos efectos que les ha provocado este organismo cuando han tenido la ocasión de acceder a las conclusiones oficiales.
 
Así, he encontrado una referencia a un precedente de 2004, en el que, 15 años después de que sucediera la catástrofe, Néstor Kirchner se quejaba de unos errores comparables con los que ha cometido ahora la misma entidad y que influyeron en el desarrollo de la crisis de Argentina de los 90’ causando 15 millones de pobres (me temo que esa cifra se va a quedar pequeña si se suman los efectos en España, Grecia, Irlanda y Portugal).
 
No obstante, aunque el retraso es menor, en nuestro caso los errores se han puesto de manifiesto cuando las consecuencias nefastas de la recomendación inicial ya hacen portada de todos los medios en el mundo y tienen difícil solución.
 
Sin embargo, lo que más me llama la atención de todo esto es el hecho de que nuestros medios de comunicación no se han escandalizado, sino que se limitan a comentar la noticia con alguna queja tibia y sin sacar más conclusiones que las de que, de nuevo, el FMI ha metido la pata, dedicándole 4 miserables parrafitos El País, aunque luego decide publicar un comentario, también breve e interior, aunque más crítico. El resto de los medios tampoco dedican mayor atención al tema.
 
Eso sí, los inversores londinenses, famosos por su avidez de conseguir beneficios y los resultados que obtienen, ahora destacan a España como el objetivo más prometedor de la inversión exterior, donde se vende a precios de saldo el solar arrasado por las iniciativas envenenadas del FMI, y, mientras tanto, ni los medios de comunicación, ni nuestros gobernantes, ni la UE, que también podría decir algo, ni los políticos que dicen preocuparse por nuestro país dicen esta boca es mía.
 
Queda la conclusión cínica de que, al menos, según pone de relieve El País, parece que el FMI aprende de sus errores, de modo que las conclusiones del reciente informe proponen una política diferente de la inicialmente planteada: «Como era de esperar, las conclusiones del informe de Blanchard son perfectamente compatibles con la nueva doctrina del FMI, que ahora aconseja adaptar el ritmo de los ajustes a la situación de cada país y que acostumbra a equiparar la austeridad con una maratón, en contraposición con los bruscos tijeretazos de los últimos dos años».
 
El error era evidente para todos, menos para ellos que se les suponía expertos y por ello conocedores de las consecuencias de sus propuestas. Y para colmo, después de meternos en el lodo hasta la cintura concluyen lo palmario, que cada país es diferente y que cada uno requiere una solución adecuada a su situación singular. Esa es la fortuna de quienes no responden de sus actos, todo les importa más bien poquito. Pero, ¡aprovechemos la situación, que España está de rebajas!
 
¿qui bono?

España de rebajas: El FMI admite que subestimó el impacto depresivo de la austeridad

Mediante una breve nota de apenas cuatro párrafos El País del 4 de enero refleja una noticia que me resulta totalmente escandalosa: resulta que, al definir las medidas de recuperación económica, el FMI subestimó el impacto depresivo de la austeridad en un 300%, según reconoce uno de los directivos del organismo, aunque no se trata de una opinión oficial del FMI:

 

«“Hemos encontrado que los autores de aquellos pronósticos del Fondo subestimaron significativamente el incremento del desempleo y la caída en el consumo privado y la inversión asociados a la consolidación fiscal”, reza el informe firmado por Blanchard y Daniel Leigh. En 2010, el FMI utilizó como referencia cómo se comportaban los multiplicadores fiscales en fases de desaceleración económica, pero estudios más recientes han evidenciado que cuando se combinan recesión y mal funcionamiento del sector financiero, el efecto contractivo de esas medidas es hasta el triple de lo que contemplaron entonces los expertos del Fondo».

 

Así, los países que estamos viviendo la crisis de forma más violenta ya sabemos cual ha sido la causa del aumento feroz del paro, la sequía del crédito, la privación de los servicios públicos, la falta de futuro y, en fin, el estado en que está quedando nuestra sociedad. Gracias a la transparencia y la libertad de información, hoy podemos conocer las causas de la tragedia que vivimos. Algo es algo.

 

Pero, los medios de comunicación se hacen eco de la noticia cinco días después de que se publicara el informe, ninguno en la portada, y destinan mínimos espacio y relevancia al hecho. Han evitado levantar mucha polvareda.

 

En un comentario un poco más crítico de la situación publicado el día 7, El País se queja de la institución, pero poniendo de relieve cómo antes el FMI ni siquiera entonaba el mea culpa, sino que los errores se conocían mucho tiempo después cuando publicaba sus conclusiones. De este modo, han sido los países afectados quienes se han quejado de los catastróficos efectos que les ha provocado este organismo cuando han tenido la ocasión de acceder a las conclusiones oficiales.

 

Así, he encontrado una referencia a un precedente de 2004, en el que, 15 años después de que sucediera la catástrofe, Néstor Kirchner se quejaba de unos errores comparables con los que ha cometido ahora la misma entidad y que influyeron en el desarrollo de la crisis de Argentina de los 90’ causando 15 millones de pobres (me temo que esa cifra se va a quedar pequeña si se suman los efectos en España, Grecia, Irlanda y Portugal).

 

No obstante, aunque el retraso es menor, en nuestro caso los errores se han puesto de manifiesto cuando las consecuencias nefastas de la recomendación inicial ya hacen portada de todos los medios en el mundo y tienen difícil solución.

 

Sin embargo, lo que más me llama la atención de todo esto es el hecho de que nuestros medios de comunicación no se han escandalizado, sino que se limitan a comentar la noticia con alguna queja tibia y sin sacar más conclusiones que las de que, de nuevo, el FMI ha metido la pata, dedicándole 4 miserables parrafitos El País, aunque luego decide publicar un comentario, también breve e interior, aunque más crítico. El resto de los medios tampoco dedican mayor atención al tema.

 

Eso sí, los inversores londinenses, famosos por su avidez de conseguir beneficios y los resultados que obtienen, ahora destacan a España como el objetivo más prometedor de la inversión exterior, donde se vende a precios de saldo el solar arrasado por las iniciativas envenenadas del FMI, y, mientras tanto, ni los medios de comunicación, ni nuestros gobernantes, ni la UE, que también podría decir algo, ni los políticos que dicen preocuparse por nuestro país dicen esta boca es mía.

 

Queda la conclusión cínica de que, al menos, según pone de relieve El País, parece que el FMI aprende de sus errores, de modo que las conclusiones del reciente informe proponen una política diferente de la inicialmente planteada: «Como era de esperar, las conclusiones del informe de Blanchard son perfectamente compatibles con la nueva doctrina del FMI, que ahora aconseja adaptar el ritmo de los ajustes a la situación de cada país y que acostumbra a equiparar la austeridad con una maratón, en contraposición con los bruscos tijeretazos de los últimos dos años».

 

El error era evidente para todos, menos para ellos que se les suponía expertos y por ello conocedores de las consecuencias de sus propuestas. Y para colmo, después de meternos en el lodo hasta la cintura concluyen lo palmario, que cada país es diferente y que cada uno requiere una solución adecuada a su situación singular. Esa es la fortuna de quienes no responden de sus actos, todo les importa más bien poquito. Pero, ¡aprovechemos la situación, que España está de rebajas!

 

¿qui bono?