La burbuja en la que viven los futbolistas profesionales: el “caso Benzema” y otros similares

Hace escasos días saltó a todos los medios de comunicación la noticia de que el futbolista francés del Real Madrid Karim Benzema había sido “cazado” por un radar conduciendo su automóvil a 216 km/h en la autopista de circunvalación M-40 de Madrid. Algo parecido sucedió con sus compañeros de equipo Michael Essien, que conducía la misma noche a 150 km/h en la misma vía, y Marcelo Vieira, sorprendido una semana después junto a la Ciudad Deportiva de Valdebebas conduciendo sin puntos en su carnet tras haber realizado un cambio de sentido prohibido poniendo en peligro la circulación. Esas noticias, que para cualquier persona, y no digamos una persona pública –un político en ejercicio, por ejemplo- hubieran supuesto una repulsa generalizada y sonora de todos los medios de comunicación y de la opinión pública en general durante interminables días -y que podían haber acabado incluso con la carrera política de alguien en un país serio- no han trascendido mucho más allá de comentarios puntuales a los hechos en sí, dado el carácter de los infractores: archiconocidos jugadores profesionales de fútbol, que militan en uno de los clubes más famosos del mundo, y que cobran muchos millones de euros netos por temporada.
 
Con Benzema (contra quien nada tengo, ni personal ni deportivamente, que quede claro) ha sucedido justo lo contrario, pese a ser reincidente (ya hace un par de veranos fue multado por hacer carreras con un potente coche por el centro urbano de Ibiza). Su Club ha manifestado públicamente que no va a adoptar ninguna sanción disciplinaria contra el jugador, ya que se trata de un asunto privado que sólo tiene que ver con la vida personal del futbolista, y que no supone ninguna ruptura de las normas de régimen interno de la entidad. Y tanto el Director de Relaciones Institucionales del Real Madrid, Emilio Butragueño, como el seleccionador francés de fútbol, Didier Deschamps, para cuya selección también juega Benzema, manifestaron ante las cámaras de Canal Plus, en el descanso del Real Madrid-Barcelona del pasado sábado 2 de abril, algo así como “¿quién no ha corrido con el coche un poco más de lo permitido alguna vez?”, reflejando perfectamente el altísimo nivel de tolerancia que se tiene en muchos países con el comportamiento de estos ídolos del deporte. Con ellos se da la enorme paradoja de que los mismos padres que los pondrían a parir si se tratara de algún político “cazado” en situación similar, no dudan en pedirles al día siguiente un autógrafo para sus hijos -haciendo un par de horas de cola- al salir de su entrenamiento subidos a su potente deportivo.
 
Eso no sucede exactamente igual en otros países. El futbolista danés Nicklas Bendtner, que juega en la Juventus italiana cedido por el Arsenal inglés, y ahora se encuentra lesionado “recuperándose” en su país, fue detenido el pasado domingo día 3 de marzo en Copenhague conduciendo en sentido contrario y triplicando la tasa de alcohol permitida en Dinamarca. Pues bien, en sólo dos días los Tribunales de Justicia daneses le han impuesto una multa de 113.000 euros y tres años sin carnet de conducir, y la Federación Danesa de Fútbol se ha apresurado a prohibirle jugar con su selección durante un plazo de seis meses. Y eso que Bendtner es una de las estrellas de la selección, delantero centro de 25 años con 55 partidos internacionales a sus espaldas. El comunicado de la Federación no tiene desperdicio: “La Federación acepta el ámbito privado de cada jugador, pero al mismo tiempo tiene reglas y expectativas con respecto a cada miembro del equipo ante la opinión pública…”. Los nórdicos siguen siendo diferentes, tanto en ejemplaridad y contundencia como en rapidez. Mientras tanto, en Madrid se ha pedido el aplazamiento del juicio a Benzema porque tiene partido con la selección francesa ese mismo día…. contra la selección española….
 
Yo fui durante bastantes años miembro del Consejo de Administración de un Club de Fútbol de la Primera División española, y por ello he viajado y convivido largas horas con futbolistas y técnicos de primer nivel, he podido compartir informaciones y confidencias de todo tipo con directivos de los demás Clubes, y conozco bastante bien las interioridades de este mundillo. Los jugadores de fútbol de élite, y también los técnicos más cotizados, forman parte de una “casta” especial, casi mitológica, con un estatus tal vez sólo equiparable al de las grandes estrellas internacionales de la música o del cine, que les convierte en ídolos de masas se comporten como se comporten en su vida personal. Todos los principios y arquetipos que nuestra sociedad tiene arraigados profundamente en cuanto al correcto comportamiento social de las personas ceden de forma clamorosa y casi vergonzante cuando el protagonista negativo es uno de estos ídolos. ¿Cuál es la razón de ello?
 
A mí me resulta muy difícil explicarles a ustedes, amigos lectores del blog, las razones profundas de esa llamativa e inaudita tolerancia social. No sé muy bien por qué la sociedad en general, y los medios de comunicación en particular (de éstos tengo que confesarles que sí creo saberlo), se muestran tan benévolos, e incluso condescendientes –casi lindando en la complicidad- con estos personajes cuando alguna vez infringen clamorosamente las normas consideradas básicas para una apropiada convivencia social. Pero sí puedo intentar explicarles, porque lo he vivido en directo, la compleja personalidad de estos jóvenes ídolos, algunos de los cuales se comportan en su vida personal-muchas veces sin excesiva culpa propia, todo hay que decirlo- con un alto grado de engreimiento, infantilismo e irresponsabilidad, cuando su actitud debería ser la contraria, dada su condición de ejemplo para millones de niños, jóvenes, e incluso adultos en todo el planeta.
 
Muchos futbolistas profesionales viven en un entorno muy peculiar, tanto en su equipo como en el resto del mundo que les rodea. Su Club y su entorno personal suelen “protegerles” (es decir, apartarles) de la sociedad normal: de ir a hacer la compra al supermercado, de ir al banco, de elegir casa, de invertir personalmente su dinero…. Casi todo lo hacen con intermediación de variados “asesores”o “ayudantes” que, por supuesto, viven a su costa o a la del Club en el que juegan. Sepan que si a Benzema le quitan el carnet de conducir, el Real Madrid le pondrá inmediatamente un chófer y a tirar millas con él. Son, en definitiva, personas tratadas como adolescentes a una edad en la que otros trabajan como ingenieros nucleares o como agentes de Wall Street. Y ello sucede con más intensidad en España que, por ejemplo, en Inglaterra o en los países del Norte de Europa, donde se valora mucho más la educación deportiva. Además, muchos de estos jóvenes son tratados como ídolos en casi todos los sitios a los que van: les suelen regalar la ropa que visten, muchas veces también su automóvil, su teléfono móvil o incluso los muebles o electrodomésticos de su casa, son invitados en la mayoría de los restaurantes, bares o discotecas a los que acuden, se los rifan en los eventos sociales y las chicas de cualquier ciudad, eligen a las camareras que les sirven en la zona VIP del local de moda.… Y sus clubes no hacen demasiado para mejorar su educación: desde edad juvenil tienen varios utilleros a su disposición que les preparan, limpian y transportan todo su material deportivo, e incluso enseres personales, para los entrenamientos, viajes, concentraciones y partidos; cuentan con un completo equipo de médicos, enfermeros y fisioterapeutas disponibles 24 horas ante la más mínima molestia, sea la que sea; un empleado del Club acudirá raudo a su domicilio a solucionar cualquier nimio problema, incluso a sustituir una bombilla fundida (lo he visto en persona con un conocido entrenador) para que el ídolo no tenga que girar excesivamente su muñeca…. Conozco casos de jugadores que han hecho cambiar a su Club el color de alguna de sus equipaciones deportivas o de calle, o una campaña publicitaria ya contratada, o el hotel de concentración reservado para un viaje, o determinados vuelos ya pagados, simplemente porque…. “daban mala suerte”. Y el Club lo ha hecho, perdiendo a veces mucho dinero. Visto todo ello, surge entonces la primera gran pregunta: ¿cómo se puede ser un tipo normal si desde los quince años tienes todo eso a tu disposición con sólo arquear una ceja? Y la segunda: ¿quién tiene la culpa de todo eso? Voy a responderles de forma clara y contundente: si uno conoce a fondo todo lo que les rodea, especialmente en España, el que menos parte de culpa tiene, con toda probabilidad, es el propio Benzema