Tres en uno (o todos para uno y uno para todos): las resoluciones del TS en los casos Blanco, Matas y Barcina (I)

En apenas diez días el Tribunal Supremo ha dictado tres resoluciones en materia penal referentes a tres políticos muy relevantes: el Sr. Blanco (ministro y portavoz del último Gobierno socialista), el Sr. Matas (ex presidente del Gobierno de Baleares por el PP) y la Sra. Barcina (presidenta del Gobierno de la Comunidad Foral Navarra por UPN). Casi ná, vamos, lo típico en cualquier democracia avanzada, aunque quizá el que todos los políticos estén aforados (como hemos tratado en este post) tenga algo que ver. En cualquier caso, esta sucesión de resoluciones explica por sí sola la reforma del Consejo General del Poder Judicial recientemente aprobada (impulsada y defendida a capa y espada por el Sr. Gallardón, actual ministro de Justicia).

 

Como la serie se las trae, vamos a dividir este comentario en tres partes, tratando en cada una de ellas el caso correspondiente, reservando la conclusión final para el último de ellos. Comenzamos por el Sr. Blanco por una cuestión de jerarquía: este señor ha sido portavoz del Gobierno español hasta hace muy poco tiempo.

 

El caso Blanco

 

No procede recordar aquí todos los avatares del caso Campeón y sus variadas derivaciones, teniendo en cuenta además que nuestros lectores estarán bien informados, pero al menos sí la práctica de nuestro ex ministro de hacer gestiones en diferentes estratos de la Administración en favor de las empresas de sus amigos, lo cual ha quedado totalmente probado. Y no sólo eso, sino también el reunirse con los socios nada recomendables de esos amigos en lugares poco adecuados para la dignidad del puesto (en todo lo que no sea repostar combustible, tomar un bocado o visitar los servicios, claro) como es una gasolinera. Esta dimensión del asunto ya lo trató Elisa en este artículo y poco hay más que añadir.

 

Lo que decide el Tribunal Supremo en este auto del 18 de julio pasado es una de las derivaciones del caso, la que más probabilidades tenía de terminar con la imputación penal del Sr. Blanco (por un delito de tráfico de influencias): la gestión que hace el ex ministro con el alcalde socialista de Sant Boi de Llobregat, a través de una de las Secretarías de Estado de su Ministerio, para conseguir que se le concediese una licencia a la empresa de su amigo Sr. Orozco.

 

Pues bien, la sala estima el recurso interpuesto por el Sr. Blanco contra el auto del instructor por el que solicitaba el suplicatorio para procesarle por ese delito, ordenando el archivo de las actuaciones. El TS considera que los hechos que el instructor considera acreditados no son subsumibles en el tipo penal del tráfico de influencias del art. 428 del CP, cuyo tenor es el siguiente:

 

El funcionario público o autoridad que influyere en otro funcionario público o autoridad prevaliéndose del ejercicio de las facultades de su cargo o de cualquier otra situación derivada de su relación personal o jerárquica con éste o con otro funcionario o autoridad para conseguir una resolución que le pueda generar directa o indirectamente un beneficio económico para sí o para un tercero, incurrirá en las penas de prisión de seis meses a dos años, multa del tanto al duplo del beneficio perseguido u obtenido e inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de tres a seis años. Si obtuviere el beneficio perseguido, estas penas se impondrán en su mitad superior.

 

Las razones que alega son las siguientes:

 

Empieza aclarando que el tipo exige “un acto concluyente por el cual se ejerza predominio o fuerza moral sobre un sujeto pasivo de manera que su resolución o actuación sea debida a la presión ejercida”. Se trata de “alterar el proceso motivador del funcionario influido, lo que excluye las meras solicitudes de información”, mediante “el abuso de la situación de superioridad”, con el fin de introducir en la motivación del influido “elementos ajenos a los intereses públicos”.

 

Pues bien, alega el TS que “en la causa se constata” que la motivación por la cual se concede la licencia tras la intervención del ex ministro, pese a haber sido denegada anteriormente en varias ocasiones, es puramente técnica, “y así lo expresa tanto el Alcalde como el técnico responsable del informe”. De las intervenciones telefónicas de las conversaciones sólo resulta la gestión de la entrevista, pero no la causalidad entre la entrevista y la modificación del criterio a la hora de conceder la licencia.

 

Efectivamente, tanto el Alcalde socialista como el técnico implicado afirman que la gestión del ministro no tuvo nada que ver. El alcalde, que él no tenía competencia para conceder ninguna licencia, y el técnico, que los defectos que indicó en sus primeras negativas fueron subsanados.

 

La verdad es que es comprensible la exigencia de nuestro más Alto Tribunal de que los hechos que configuran el tipo queden cumplidamente demostrados, especialmente en estos tipos un poco difusos o abiertos, en los que es frecuente que “el rigor que se expulsa por la puerta del tipo tenga que entrar luego por la ventana de la prueba”. Pero lo cierto es que no se puede llegar hasta el extremo de desvirtuarlo completamente, sobre todo en esta fase, antes del juicio oral. Si en vez de un auto denegando un suplicatorio se tratase de una sentencia absolutoria, quizá no procedería ser excesivamente críticos. Pero lo que da la impresión es que, a diferencia de lo que hubiera ocurrido con la generalidad de los españolitos de a pie, al ex ministro se le ha querido ahorrar la pena de banquillo. En definitiva, que como ocurre con descorazonadora frecuencia en nuestro país, la Justicia no es igual para todos (aquí ojeada al logo del blog).

 

Efectivamente, el auto está insinuando continuamente ideas que no se atrever a afirmar de manera manifiesta (porque no se sostienen por sí solas, claro): que otro Ayuntamiento concedió la licencia sin ningún problema, que se trataba de una licencia medioambiental, que la instrucción ha durado un año y medio y ha sido muy completa, sin encontrarse más indicios…, etc. Todo con la finalidad de preparar la argumentación final. Pero lo cierto es que ésta es muy endeble, tremendamente endeble. La relación de superioridad entre miembros de un mismo partido con tan diferente peso, especialmente en un Estado tan ferozmente partitocrático como el nuestro, es evidente. Sin embargo, ¿cómo no va a decir el Alcalde que ni ha influido ni se ha dejado influir? ¿Cómo no va a decir el técnico que su cambio de criterio ha sido –precisamente- técnico?

 

En relación al Alcalde no hay que olvidar que la doctrina penalista -y el propio TS en la sentencia del caso Matas que se comenta en la próxima entrega- admiten también la “influencia en cadena” (que se infiere del tenor del propio artículo 428), es decir, cuando la influencia no se ejerce directamente sobre el funcionario que debe adoptar la resolución, sino sobre otro distinto, y éste a su vez influye sobre el competente (en cuyo caso el funcionario intermedio también sería imputable).

 

En relación al técnico, no hay que olvidar que este delito no exige que la resolución que adopte el funcionario influido sea ilícita. De hecho, el propio Tribunal Supremo en su sentencia de 27 de marzo de 2003 se ha mostrado partidario de admitir este delito también cuando la resolución perseguida con el tráfico de influencias es conforme a Derecho; pero es que, además y para más inri, ratifica ese mismo criterio en la sentencia del caso Matas, dictada apenas tres días antes.

 

En fin, que como comentaremos de forma más extensa en el último post de la serie, parece que el TS ha tenido en cuenta consideraciones que escapan de la estrictamente jurídicas a la hora de resolver este caso. Eso sí, el Sr. Blanco se ha apresurado a afirmar que el daño que se le ha hecho ha sido irreparable. A mi me da más pena el daño que entre todos le estamos haciendo al Estado de Derecho.

El bosque sí se mueve

Hay una metáfora que encantaba a Unamuno a la hora de describir su concepto fundamental de «intrahistoria». Y que surge de horas de contemplación de su Cantábrico natal. En el mar encrespado de galerna, frente al oleaje de su superficie –que representa la Historia oficial– fluyen en su fondo mansas corrientes submarinas que van tejiendo en silencio el verdadero acontecer histórico. Y es un error de perspectiva fijarse en el rumor de las olas –la mera política– sin aplicar el oído al murmullo de las profundidades, esto es, de la intrahistoria social e individual donde se va conformando el porvenir colectivo. Que es justo lo que está pasando en España.
 
Así, mientras que el discurso político –o más bien su ausencia– asegura que aquí no pasa nada y ensalza la estabilidad de los cementerios, en las capas profundas de nuestra sociedad allá donde fermentan las creencias, estimaciones, reprobaciones y usos sociales que conforman la «España real», están sucediendo cosas que aun desapercibidas son indicios claros de lo por venir. Como si frente a un poder institucional parapetado tras los castillos de Hamlet (silencio por un relato imposible) y Macbeth (autismo y corrupción), lenta pero inexorablemente el bosque de Birnam –la sociedad civil– fuera moviéndose a la ofensiva. Veamos, si no, algunos de tales acontecimientos que nos hablan desde el corazón mismo de este bosque animado.
 
1. La nueva conciencia de nuestra «clase media» y su creciente malestar: Fukuyama acaba de poner de relieve en el WSJ (The middle-classed Revolution, 28-06-13), cómo los sucesos de Brasil y Turquía se deben en gran parte a las expectativas insatisfechas de las nuevas clases medias y a su abandono por parte de una elite política extractiva. Entre nosotros, la nueva reconfiguración de la clase media española produce igualmente un fenómeno bien importante. Por un lado, sus elementos se vacían de los esquemas ideológicos izquierda / derecha vigentes, para cobrar especial conciencia de su pertenencia a una clase media que se percibe seriamente amenazada en pura fragilidad. Por decirlo en términos de Ortega, la «creencia» política se está viendo desplazada aquí por la «idea» de clase que eslabona trasversalmente a individuos de antiguas posiciones partidistas antagonistas.
 
Por otro lado, esta nueva clase media «autoconsciente de serlo» está cambiando su morfología. Nuestro proceso de empobrecimiento –que va para largo– hace que mientras diferentes sectores profesionales descienden de clase media a baja, sean reemplazados por otros nuevos provenientes de clases altas seriamente mermadas, pero ilustradas. Tal es el caso de numerosas profesiones liberales hasta ahora sobradamente pudientes. Valga como ejemplo que en el cuerpo de notarios y registradores sus facturaciones promedias han decrecido en un 34% en los últimos cuatro años. Lo mismo, o peor, puede decirse de otros colectivos profesionales venidos a menos con mermas que alcanzan más del 50–60%. Y las previsiones, para qué engañarnos, van en esa línea de «depauperación desde arriba» como nos advierte sin contemplaciones Stephen King en su reciente obra When the Money Runs Out: The End of Western Affluence.
 
2. La desvinculación de los cuerpos del Estado del establishment del Estado mismo. Pero precisamente esta autoconciencia ilustrada de la nueva clase media introduce un factor del todo inédito y fundamental para comprender el devenir de nuestro país. Y es que el malestar vital de estas clases tradicionalmente sostenedoras del statu quo, hace que se esté desarrollando un discurso minuciosamente crítico contra unas instituciones del Estado percibidas como corruptas y periclitadas. Se ha roto en estos últimos años el «contrato psicológico» que ligaba a estas élites pretorianas con las diferentes instancias políticas, y que suponía un tácito laissez faire. Tal ruptura ha supuesto que el saber y experiencia de los mejores cuerpos del Estado se vuelva ahora contra la clase política de dicho Estado. Y todo ello con la adición de idéntico malestar y know-how complementario de otros profesionales procedentes del mundo de la empresa, universidad, ciencia y consultoría. Como si la fuerza de las circunstancias –bien límites– estuviera incoando la existencia de una improvisada «minoría creadora» cuya abdicación hemos pagado tan caro.
 
Esta amalgama está dando lugar a una producción político-intelectual y pedagógica tan inaudita como imprevisible. Fecundidad que se traduce en la aparición de libros sorprendentemente originales, artículos en prensa de gran calidad, blogs de elevado rigor en el control del poder político y de la corrupción, acompañado por un eficaz uso de las redes sociales como difusión de sus análisis críticos y posibles alternativas. De este modo tales ideas que se van gestando se transfieren y divulgan al resto de la clase media de menor ilustración, nutriéndola de conceptos y marcos de referencia que son interiorizadas y replicadas para llegar a otros estratos.
 
3. El interés creciente por nuestra tradición regeneracionista. Es el tercer botón de muestra. Hay al respecto un detalle bien simbólico. En el pasado diciembre una empresa multinacional del tamaño y peso estratégico en nuestro país como es Accenture –9000 personas y 820 millones de euros de facturación en 2012– regaló a sus clientes como detalle navideño un precioso libro titulado, no por casualidad, El espíritu del Regeneracionismo. En su sobriedad plagada de fotografías en blanco y negro, se hace un recorrido por la visión regeneracionista de España a partir del 98 con oportuno prólogo de Gregorio Marañón Bertrán de Lis. Coincidirá conmigo el lector en que un obsequio así era simplemente impensable hace una década. Pero ahora eso implica que ha sabido este gigante consultor «estar a la escucha» de aquellos rumores submarinos a los que aludía Unamuno. El interés creciente por el estudio de nuestros pensadores más lúcidos y egregios –que son los más europeos y los más secuestrados– es ya un fenómeno novedoso bien sabido por los editores. En los próximos meses veremos sucederse reediciones de varios de ellos, algo impensable –y sobre todo invendible– hace bien poco.
 
Hasta aquí tres palpitaciones que nos llegan de la intrahistoria que está aconteciendo entre nosotros, muy lejos del estruendo oficial encastillado en su aislacionismo. Y lo más fascinante de todo ello es que estos movimientos, iniciativas y proyectos se suceden espontánea, vivamente, sin ninguna premeditación ni carácter conspirativo, con esa liberalidad tan española que es siempre síntoma de veracidad auténtica: son aconteceres genuinamente nuestros y dan cuenta de la revolución estimativa que está sucediendo en una sociedad civil que se daba por muerta.
 
Claro que cuanto menos caso se la haga por parte de los moradores de la fortaleza de Dunsinane-Elsinor más avanzará –y más frondoso– este bosque animado forjando diferentes Mcduff que en sus integridades acaben con tanta mentiras que se esconden bajo la máscara de la verdad. Y que ahora se está derritiendo a ojos vista. El bosque sí se mueve.

El bosque sí se mueve

Hay una metáfora que encantaba a Unamuno a la hora de describir su concepto fundamental de «intrahistoria». Y que surge de horas de contemplación de su Cantábrico natal. En el mar encrespado de galerna, frente al oleaje de su superficie –que representa la Historia oficial– fluyen en su fondo mansas corrientes submarinas que van tejiendo en silencio el verdadero acontecer histórico. Y es un error de perspectiva fijarse en el rumor de las olas –la mera política– sin aplicar el oído al murmullo de las profundidades, esto es, de la intrahistoria social e individual donde se va conformando el porvenir colectivo. Que es justo lo que está pasando en España.

 

Así, mientras que el discurso político –o más bien su ausencia– asegura que aquí no pasa nada y ensalza la estabilidad de los cementerios, en las capas profundas de nuestra sociedad allá donde fermentan las creencias, estimaciones, reprobaciones y usos sociales que conforman la «España real», están sucediendo cosas que aun desapercibidas son indicios claros de lo por venir. Como si frente a un poder institucional parapetado tras los castillos de Hamlet (silencio por un relato imposible) y Macbeth (autismo y corrupción), lenta pero inexorablemente el bosque de Birnam –la sociedad civil– fuera moviéndose a la ofensiva. Veamos, si no, algunos de tales acontecimientos que nos hablan desde el corazón mismo de este bosque animado.

 

1. La nueva conciencia de nuestra «clase media» y su creciente malestar: Fukuyama acaba de poner de relieve en el WSJ (The middle-classed Revolution, 28-06-13), cómo los sucesos de Brasil y Turquía se deben en gran parte a las expectativas insatisfechas de las nuevas clases medias y a su abandono por parte de una elite política extractiva. Entre nosotros, la nueva reconfiguración de la clase media española produce igualmente un fenómeno bien importante. Por un lado, sus elementos se vacían de los esquemas ideológicos izquierda / derecha vigentes, para cobrar especial conciencia de su pertenencia a una clase media que se percibe seriamente amenazada en pura fragilidad. Por decirlo en términos de Ortega, la «creencia» política se está viendo desplazada aquí por la «idea» de clase que eslabona trasversalmente a individuos de antiguas posiciones partidistas antagonistas.

 

Por otro lado, esta nueva clase media «autoconsciente de serlo» está cambiando su morfología. Nuestro proceso de empobrecimiento –que va para largo– hace que mientras diferentes sectores profesionales descienden de clase media a baja, sean reemplazados por otros nuevos provenientes de clases altas seriamente mermadas, pero ilustradas. Tal es el caso de numerosas profesiones liberales hasta ahora sobradamente pudientes. Valga como ejemplo que en el cuerpo de notarios y registradores sus facturaciones promedias han decrecido en un 34% en los últimos cuatro años. Lo mismo, o peor, puede decirse de otros colectivos profesionales venidos a menos con mermas que alcanzan más del 50–60%. Y las previsiones, para qué engañarnos, van en esa línea de «depauperación desde arriba» como nos advierte sin contemplaciones Stephen King en su reciente obra When the Money Runs Out: The End of Western Affluence.

 

2. La desvinculación de los cuerpos del Estado del establishment del Estado mismo. Pero precisamente esta autoconciencia ilustrada de la nueva clase media introduce un factor del todo inédito y fundamental para comprender el devenir de nuestro país. Y es que el malestar vital de estas clases tradicionalmente sostenedoras del statu quo, hace que se esté desarrollando un discurso minuciosamente crítico contra unas instituciones del Estado percibidas como corruptas y periclitadas. Se ha roto en estos últimos años el «contrato psicológico» que ligaba a estas élites pretorianas con las diferentes instancias políticas, y que suponía un tácito laissez faire. Tal ruptura ha supuesto que el saber y experiencia de los mejores cuerpos del Estado se vuelva ahora contra la clase política de dicho Estado. Y todo ello con la adición de idéntico malestar y know-how complementario de otros profesionales procedentes del mundo de la empresa, universidad, ciencia y consultoría. Como si la fuerza de las circunstancias –bien límites– estuviera incoando la existencia de una improvisada «minoría creadora» cuya abdicación hemos pagado tan caro.

 

Esta amalgama está dando lugar a una producción político-intelectual y pedagógica tan inaudita como imprevisible. Fecundidad que se traduce en la aparición de libros sorprendentemente originales, artículos en prensa de gran calidad, blogs de elevado rigor en el control del poder político y de la corrupción, acompañado por un eficaz uso de las redes sociales como difusión de sus análisis críticos y posibles alternativas. De este modo tales ideas que se van gestando se transfieren y divulgan al resto de la clase media de menor ilustración, nutriéndola de conceptos y marcos de referencia que son interiorizadas y replicadas para llegar a otros estratos.

 

3. El interés creciente por nuestra tradición regeneracionista. Es el tercer botón de muestra. Hay al respecto un detalle bien simbólico. En el pasado diciembre una empresa multinacional del tamaño y peso estratégico en nuestro país como es Accenture –9000 personas y 820 millones de euros de facturación en 2012– regaló a sus clientes como detalle navideño un precioso libro titulado, no por casualidad, El espíritu del Regeneracionismo. En su sobriedad plagada de fotografías en blanco y negro, se hace un recorrido por la visión regeneracionista de España a partir del 98 con oportuno prólogo de Gregorio Marañón Bertrán de Lis. Coincidirá conmigo el lector en que un obsequio así era simplemente impensable hace una década. Pero ahora eso implica que ha sabido este gigante consultor «estar a la escucha» de aquellos rumores submarinos a los que aludía Unamuno. El interés creciente por el estudio de nuestros pensadores más lúcidos y egregios –que son los más europeos y los más secuestrados– es ya un fenómeno novedoso bien sabido por los editores. En los próximos meses veremos sucederse reediciones de varios de ellos, algo impensable –y sobre todo invendible– hace bien poco.

 

Hasta aquí tres palpitaciones que nos llegan de la intrahistoria que está aconteciendo entre nosotros, muy lejos del estruendo oficial encastillado en su aislacionismo. Y lo más fascinante de todo ello es que estos movimientos, iniciativas y proyectos se suceden espontánea, vivamente, sin ninguna premeditación ni carácter conspirativo, con esa liberalidad tan española que es siempre síntoma de veracidad auténtica: son aconteceres genuinamente nuestros y dan cuenta de la revolución estimativa que está sucediendo en una sociedad civil que se daba por muerta.

 

Claro que cuanto menos caso se la haga por parte de los moradores de la fortaleza de Dunsinane-Elsinor más avanzará –y más frondoso– este bosque animado forjando diferentes Mcduff que en sus integridades acaben con tanta mentiras que se esconden bajo la máscara de la verdad. Y que ahora se está derritiendo a ojos vista. El bosque sí se mueve.