La vuelta al cole. Una comparativa entre España y Suecia

Con el inicio de septiembre, cada año es noticia el gasto de las familias españolas en la “vuelta al cole”. Todos los años durante unos días, hacemos comparaciones con otros sistemas educativos y cada vez son más las asociaciones y webs que han creado plataformas para intercambiar libros y uniformes usados. Voy a tratar de aportar mi granito de arena comparando el gasto que supone la vuelta al cole en España y en Suecia. Adelanto que Suecia parece Arcadia frente a nosotros pero, como en todos sitios, no todo es de color rosa. Los niños suecos vienen perdiendo posiciones en los informes PISA, y dicen las voces críticas que esto se debe a los cambios normativos de los últimos años en una dirección que nosotros conocemos bien, como apuntaré más adelante.
El año pasado, la OCU publicó unos datos basados en sus encuestas , donde se recogía que el gasto medio de las familias españolas en libros de texto para 2013-2014 sería de 189 euros por hijo matriculado en un colegio público y 243 euros por niño en un concertado. En uniformes escolares, el gasto medio iba a ser de 153 euros por niño y 77 euros en ropa deportiva. En total, 439 euros por hijo, sólo en uniformes y libros.
Los gastos en concepto de matrícula, según el mismo informe, oscilarían entre los 39 euros del colegio público y los 277 euros del privado.
Se añadían gastos de comedor, clases extraescolares, transporte, material escolar, etc., hasta llegar a un gasto medio anual por hijo de casi 1.900 euros, y en el caso de colegios privados más de 5.000 euros.
Este año, El Mundo publicaba el 1 de septiembre que el gasto medio en educación de las familias españolas con hijos en edad escolar durante 2013, fue de 1.055 euros, según el informe de perfiles de consumo Habits, elaborados por AIS Group. Importe que no es igual, ni mucho menos, dependiendo de cada Comunidad Autónoma.
En todo caso, una cifra promedio de más de 1.000 euros al año por hijo parece excesiva en España, donde el sueldo mínimo interprofesional en 2014 es de 645,30 euros mensuales en 14 pagas (9.034 euros al año), un 33% de la población activa gana entre dicha cifra y 1.200 euros brutos, y casi el 50% entra en el concepto de “mileurista”, según datos del INE de 2014. Además, el porcentaje oficial de paro publicado en julio de 2014 es del 24,5% de la población activa, y en los años de la crisis se han recortado las ayudas para comedor y transporte. ¿Cómo salen las cuentas de algunas familias? ¿Dónde está el truco matemático?
En Suecia la vuelta al cole les supone a los padres muy poco gasto. Ropa y zapatos de invierno nuevos, porque el niño crece.
La enseñanza sueca es obligatoria entre los 7 y los 16 años, y es mayoritariamente pública. Existen colegios privados: los de un idioma y cultura concreta con implantación internacional que todos conocemos, y sólo 3 (en todo el país) que siguen el programa sueco pero imparten únicamente los tres últimos años de enseñanza obligatoria (de 13 a 16). Con 7 años todos los niños se escolarizan en colegios públicos, o en friskolan, concertados totalmente financiados por la Administración Pública, que no pueden cobrar matrícula ni mensualidades (aunque pueden aceptar donaciones). En todo caso, los friskolor suponen un 16% de los colegios durante la educación obligatoria, al que asiste un 15% de los alumnos.
El sistema escolar en Suecia está basado en el principio de igualdad entre los niños. Este principio conduce, no a vestir a los niños con uniformes para que no afloren las diferencias sociales que se detectan en otros países en todo lo demás (clases extraescolares que los padres pueden pagar, tipo de colegio, etc.), sino al establecimiento de una educación gratuita que se garantiza prohibiendo que las familias paguen por la educación de sus hijos, de forma que puede denunciarse al colegio que haya pedido a un niño que compre o traiga cualquier material. Incluso un sándwich. Si hay una excursión, el que quiera puede llevar “merendola”, pero el colegio estará preparado para suministrar una bolsa de pic-nic a todo niño que no la traiga.
No llevan uniformes. Los libros los suministra el colegio y permanecen en su propiedad, como los pupitres y las pizarras, y los alumnos los utilizan cada año y los dejan para los niños del siguiente curso en el mejor estado posible. Aquellos libros que han sufrido un mayor desgaste o son libros de ejercicios, son repuestos cada año por el colegio. Todo el material, hasta los lápices, los proporciona el cole.
Las actividades del colegio son gratuitas durante el horario escolar, de 8:10-30 a 14:00-15:00, dependiendo de la edad. Lógicamente, no todos los suecos no trabajan o trabajan hasta esa hora; muchos niños tienen que esperar a que sus padres los recojan sobre las 17:00 o 17.30. No hay problema. Hasta esa hora el colegio ofrece actividades extraescolares que cuestan, esas sí, 120-130 coronas suecas mensuales (15 euros). Asequible, ¿no? Otras extraescolares que imparten asociaciones y clubes públicos y privados, en sus sedes o en las instalaciones del cole, suelen recibir también subvenciones públicas, por lo que son baratas.
Todo esto en un país donde no existe un salario mínimo interprofesional reglado, pero los salarios brutos establecidos como mínimo (lägstalön) en convenios colectivos como el del acero y la metalurgia, que están entre los sueldos más bajos, rondan los 1.700 euros mensuales (tipo de cambio actual: 1 SEK = 0.108549 EUR), y donde el porcentaje de paro es del 7,1%, en julio de 2014  . Por no mencionar que todo niño recibe unas 1.050 coronas suecas mensuales (114 euros), desde que nace hasta los 16 años. Pagan más impuestos que nosotros, eso sí, y es casi seguro que contribuyen a la Hacienda Pública casi todos.
No obstante, no todo son buenas noticias en el sistema escolar sueco. Desde hace 16 años, la gestión de los colegios es una competencia que ha pasado a las municipalidades, y se ha suprimido la antigua obligación de asistir al colegio más próximo al domicilio; ahora los padres pueden elegir si llevan a sus hijos a un colegio lejano que, sin embargo, esté ganando reputación en alguna materia.
Todo esto no va a contribuir a reforzar tan idílico escenario. Eso lo sabemos los que, en relación a la primera cuestión, hemos vivido la progresiva descentralización de competencias de interés general que afectan a los ciudadanos de todo el Estado, y la proliferación de normativa autonómica en esas materias, sin que se contrarreste con una defensa clara de dicho interés general o con una mínima armonización. Ya sea el caso de norma básica conviviendo con regulación autonómica sobre la misma materia que persigue fines diferentes, o normativa autonómica exclusiva o transferida, sin que nunca se haya apreciado la necesidad de aplicar el art. 150.3 CE (recomiendo leer la STC 76/1983, de 5 de agosto).
En cuanto a la segunda cuestión, no se trata de un parangón exacto pero los españoles también sabemos lo que es un sistema escolar donde coexisten colegios privados, concertados y públicos, y es realmente difícil entrar en algunos de ellos, con las diferencias sociales y de resultado que acarrea el haber estudiado en un colegio o en otro.
Pero estos son problemas actuales de los suecos, que evolucionarán teniendo en cuenta, entre otros factores, el gobierno que resulte de las elecciones de este mes.
Desde el punto de vista español, sólo podemos tratar de imaginar la satisfacción que debe de producir que con el dinero de tus impuestos, tus hijos –cuantos te haya apetecido tener- puedan estudiar sin que tengas que presupuestar cada año la correspondiente sangría. Por otra parte, la aplicación del principio de igualdad entre los niños en la forma descrita, hace posible que los hijos de familias emigrantes se hayan integrado en el sistema social sueco y en su cultura desde corta edad, y que un importante porcentaje de ellos, así como los hijos de familias menos favorecidas, acceda a la educación superior y a puestos bien remunerados para personal cualificado, con la seguridad y la confianza de sentirse iguales a sus compañeros de trabajo en lo más profundo.
España se define como un Estado social y de Derecho, y propugna como uno de sus valores superiores la igualdad (art. 1 CE), y en el art. 27.4 CE se establece que la enseñanza básica es obligatoria y gratuita y, sin embargo, según con quién nos comparemos, no parece ni que se garantice la igualdad de todos los ciudadanos, y no digamos de los niños, ni que la enseñanza obligatoria sea tan gratuita. Como han repetido tantas personas con mejor criterio que el mío, cuando un Estado con este desiderátum no sólo no se preocupa por tener el mejor sistema educativo y hace todo lo posible en el reparto presupuestario del erario al que contribuimos los que lo hacemos, para que este servicio sea coherente, gratuito o accesible, sino que acomete recortes sin pudor, junto a reformas normativas que pagan las familias con sus salarios netos, dicho Estado está contribuyendo a su decadencia social, política y cultural, lo que también conducirá, cómo no, a su mediocridad económica.

La vuelta al cole. Una comparativa entre España y Suecia

Con el inicio de septiembre, cada año es noticia el gasto de las familias españolas en la “vuelta al cole”. Todos los años durante unos días, hacemos comparaciones con otros sistemas educativos y cada vez son más las asociaciones y webs que han creado plataformas para intercambiar libros y uniformes usados. Voy a tratar de aportar mi granito de arena comparando el gasto que supone la vuelta al cole en España y en Suecia. Adelanto que Suecia parece Arcadia frente a nosotros pero, como en todos sitios, no todo es de color rosa. Los niños suecos vienen perdiendo posiciones en los informes PISA, y dicen las voces críticas que esto se debe a los cambios normativos de los últimos años en una dirección que nosotros conocemos bien, como apuntaré más adelante.

El año pasado, la OCU publicó unos datos basados en sus encuestas , donde se recogía que el gasto medio de las familias españolas en libros de texto para 2013-2014 sería de 189 euros por hijo matriculado en un colegio público y 243 euros por niño en un concertado. En uniformes escolares, el gasto medio iba a ser de 153 euros por niño y 77 euros en ropa deportiva. En total, 439 euros por hijo, sólo en uniformes y libros.

Los gastos en concepto de matrícula, según el mismo informe, oscilarían entre los 39 euros del colegio público y los 277 euros del privado.

Se añadían gastos de comedor, clases extraescolares, transporte, material escolar, etc., hasta llegar a un gasto medio anual por hijo de casi 1.900 euros, y en el caso de colegios privados más de 5.000 euros.

Este año, El Mundo publicaba el 1 de septiembre que el gasto medio en educación de las familias españolas con hijos en edad escolar durante 2013, fue de 1.055 euros, según el informe de perfiles de consumo Habits, elaborados por AIS Group. Importe que no es igual, ni mucho menos, dependiendo de cada Comunidad Autónoma.

En todo caso, una cifra promedio de más de 1.000 euros al año por hijo parece excesiva en España, donde el sueldo mínimo interprofesional en 2014 es de 645,30 euros mensuales en 14 pagas (9.034 euros al año), un 33% de la población activa gana entre dicha cifra y 1.200 euros brutos, y casi el 50% entra en el concepto de “mileurista”, según datos del INE de 2014. Además, el porcentaje oficial de paro publicado en julio de 2014 es del 24,5% de la población activa, y en los años de la crisis se han recortado las ayudas para comedor y transporte. ¿Cómo salen las cuentas de algunas familias? ¿Dónde está el truco matemático?

En Suecia la vuelta al cole les supone a los padres muy poco gasto. Ropa y zapatos de invierno nuevos, porque el niño crece.

La enseñanza sueca es obligatoria entre los 7 y los 16 años, y es mayoritariamente pública. Existen colegios privados: los de un idioma y cultura concreta con implantación internacional que todos conocemos, y sólo 3 (en todo el país) que siguen el programa sueco pero imparten únicamente los tres últimos años de enseñanza obligatoria (de 13 a 16). Con 7 años todos los niños se escolarizan en colegios públicos, o en friskolan, concertados totalmente financiados por la Administración Pública, que no pueden cobrar matrícula ni mensualidades (aunque pueden aceptar donaciones). En todo caso, los friskolor suponen un 16% de los colegios durante la educación obligatoria, al que asiste un 15% de los alumnos.

El sistema escolar en Suecia está basado en el principio de igualdad entre los niños. Este principio conduce, no a vestir a los niños con uniformes para que no afloren las diferencias sociales que se detectan en otros países en todo lo demás (clases extraescolares que los padres pueden pagar, tipo de colegio, etc.), sino al establecimiento de una educación gratuita que se garantiza prohibiendo que las familias paguen por la educación de sus hijos, de forma que puede denunciarse al colegio que haya pedido a un niño que compre o traiga cualquier material. Incluso un sándwich. Si hay una excursión, el que quiera puede llevar “merendola”, pero el colegio estará preparado para suministrar una bolsa de pic-nic a todo niño que no la traiga.

No llevan uniformes. Los libros los suministra el colegio y permanecen en su propiedad, como los pupitres y las pizarras, y los alumnos los utilizan cada año y los dejan para los niños del siguiente curso en el mejor estado posible. Aquellos libros que han sufrido un mayor desgaste o son libros de ejercicios, son repuestos cada año por el colegio. Todo el material, hasta los lápices, los proporciona el cole.

Las actividades del colegio son gratuitas durante el horario escolar, de 8:10-30 a 14:00-15:00, dependiendo de la edad. Lógicamente, no todos los suecos no trabajan o trabajan hasta esa hora; muchos niños tienen que esperar a que sus padres los recojan sobre las 17:00 o 17.30. No hay problema. Hasta esa hora el colegio ofrece actividades extraescolares que cuestan, esas sí, 120-130 coronas suecas mensuales (15 euros). Asequible, ¿no? Otras extraescolares que imparten asociaciones y clubes públicos y privados, en sus sedes o en las instalaciones del cole, suelen recibir también subvenciones públicas, por lo que son baratas.

Todo esto en un país donde no existe un salario mínimo interprofesional reglado, pero los salarios brutos establecidos como mínimo (lägstalön) en convenios colectivos como el del acero y la metalurgia, que están entre los sueldos más bajos, rondan los 1.700 euros mensuales (tipo de cambio actual: 1 SEK = 0.108549 EUR), y donde el porcentaje de paro es del 7,1%, en julio de 2014  . Por no mencionar que todo niño recibe unas 1.050 coronas suecas mensuales (114 euros), desde que nace hasta los 16 años. Pagan más impuestos que nosotros, eso sí, y es casi seguro que contribuyen a la Hacienda Pública casi todos.

No obstante, no todo son buenas noticias en el sistema escolar sueco. Desde hace 16 años, la gestión de los colegios es una competencia que ha pasado a las municipalidades, y se ha suprimido la antigua obligación de asistir al colegio más próximo al domicilio; ahora los padres pueden elegir si llevan a sus hijos a un colegio lejano que, sin embargo, esté ganando reputación en alguna materia.

Todo esto no va a contribuir a reforzar tan idílico escenario. Eso lo sabemos los que, en relación a la primera cuestión, hemos vivido la progresiva descentralización de competencias de interés general que afectan a los ciudadanos de todo el Estado, y la proliferación de normativa autonómica en esas materias, sin que se contrarreste con una defensa clara de dicho interés general o con una mínima armonización. Ya sea el caso de norma básica conviviendo con regulación autonómica sobre la misma materia que persigue fines diferentes, o normativa autonómica exclusiva o transferida, sin que nunca se haya apreciado la necesidad de aplicar el art. 150.3 CE (recomiendo leer la STC 76/1983, de 5 de agosto).

En cuanto a la segunda cuestión, no se trata de un parangón exacto pero los españoles también sabemos lo que es un sistema escolar donde coexisten colegios privados, concertados y públicos, y es realmente difícil entrar en algunos de ellos, con las diferencias sociales y de resultado que acarrea el haber estudiado en un colegio o en otro.

Pero estos son problemas actuales de los suecos, que evolucionarán teniendo en cuenta, entre otros factores, el gobierno que resulte de las elecciones de este mes.

Desde el punto de vista español, sólo podemos tratar de imaginar la satisfacción que debe de producir que con el dinero de tus impuestos, tus hijos –cuantos te haya apetecido tener- puedan estudiar sin que tengas que presupuestar cada año la correspondiente sangría. Por otra parte, la aplicación del principio de igualdad entre los niños en la forma descrita, hace posible que los hijos de familias emigrantes se hayan integrado en el sistema social sueco y en su cultura desde corta edad, y que un importante porcentaje de ellos, así como los hijos de familias menos favorecidas, acceda a la educación superior y a puestos bien remunerados para personal cualificado, con la seguridad y la confianza de sentirse iguales a sus compañeros de trabajo en lo más profundo.

España se define como un Estado social y de Derecho, y propugna como uno de sus valores superiores la igualdad (art. 1 CE), y en el art. 27.4 CE se establece que la enseñanza básica es obligatoria y gratuita y, sin embargo, según con quién nos comparemos, no parece ni que se garantice la igualdad de todos los ciudadanos, y no digamos de los niños, ni que la enseñanza obligatoria sea tan gratuita. Como han repetido tantas personas con mejor criterio que el mío, cuando un Estado con este desiderátum no sólo no se preocupa por tener el mejor sistema educativo y hace todo lo posible en el reparto presupuestario del erario al que contribuimos los que lo hacemos, para que este servicio sea coherente, gratuito o accesible, sino que acomete recortes sin pudor, junto a reformas normativas que pagan las familias con sus salarios netos, dicho Estado está contribuyendo a su decadencia social, política y cultural, lo que también conducirá, cómo no, a su mediocridad económica.