La nueva ordenación de las enseñanzas universitarias: del 4+1 al 3+2

El pasado viernes día 30 de mayo el Ministro de Educación y Cultura anunció en rueda de prensa las líneas generales de las nuevas directrices sobre las que habrá que diseñar los títulos universitarios oficiales. Su contenido concreto lo hemos podido conocer, finalmente, a través  del Real Decreto 43/2015, publicado en el Boletín Oficial del Estado del 3 de febrero, que modifica tanto el Real Decreto 1393/2007 como el Real Decreto 99/2011 por el que se regulan las enseñanzas de doctorado. Es el momento, pues, de efectuar algunas reflexiones sobre la oportunidad de esta reforma y sobre las consecuencias que para la formación de nuestros alumnos podría, en mi opinión, acarrear. Todo ello sin perder de vista que el proceso de adaptación al Plan Bolonia -o, en términos técnicos, Espacio Europeo de Educación Superior (EEES)-, comenzado hace pocos años, no ha culminado todavía en muchas titulaciones y que aún resuenan las críticas, los problemas y las dudas que entonces se generaron y que, inevitablemente, se siguen planteando a día de hoy.

En la actualidad, los Grados universitarios, que sustituyeron a las antiguas Licenciaturas, constan por lo general de 240 créditos a realizar en cuatro años, a razón de 60 créditos por año. Con ello, teóricamente, el alumno adquiere los conocimientos, las destrezas y las competencias necesarias para acceder al mercado laboral, mientras que aquellos que deseen una mayor especialización pueden cursar algunos de los másteres oficiales (60 créditos) que las Universidades ofrecen, dando como resultado una formación que responde a la famosa estructura de 4+1 años, con un total de 300 créditos. Superadas estas etapas el alumno puede acceder a los estudios de Doctorado –no especialmente demandados- que le introducen en las actividades de investigación y que culminan con la obtención del título de Doctor.La reforma que ahora se nos presenta, en cambio,abre la puerta a la existencia de grados de 180 créditos, es decir, de tres años de duración, en cuyo caso los másteres de especialización habrían de contar con 120 créditos (dos años) con los que completar los 300 que se exigen para el acceso al Doctorado.  Con ello, se reconoce la posibilidad de que las universidades adopten la fórmula del 3+2 que, por ser voluntaria para éstas, podría convivir  con la del 4+1 actual.

Al mismo tiempo, el RD 43/2015 establece que “cuando se trate de títulos que habiliten para el ejercicio de actividades profesionales reguladas en España–en donde se incluirían, por ejemplo, Derecho o Medicina-, el Gobierno establecerá las condiciones a las que deberán adecuarse los correspondientes planes de estudios, que además deberán ajustarse, en su caso, a la normativa europea aplicable”. Por lo tanto, como es posible que próximamente nos encontremos con una normativa particular para este tipo de titulaciones, habrá que ser especialmente cautelosos hasta comprobar cómo queda su situación particular.

Así las cosas, el profano en cuestiones universitarias seguramente pensará que el revuelo provocado carece de justificación puesto que, en la práctica,daría lo mismo optar por un 4+1 que por un 3+2 pues el alumno, a la postre, obtendría una formación de cinco años lectivos en ambos supuestos. Pero, ciertamente, y por mucho que desde la óptica de las matemáticas nos pueda parecer lo contrario, en el caso de la educación de nuestros universitarios, el resultado no es el mismo según se adopte una u otra opción.

La reforma que se acaba de aprobar se nos ha pretendido vender como una medida encadenada a converger con la mayoría de los países del EEES. La primera reacción que se me viene a la cabeza, que por evidente no es menos importante, es la de que podrían habérselo pensado mejor en el año 2007, cuando se obligó a las universidades a que, para adaptarnos a Europa, nuestras titulaciones pasaran a tener una duración de cuatro años y a contar con 240 créditos, proceso que exigió un esfuerzo sobrehumano para todos los que conformamos la comunidad universitaria.

Con todo, el nuevo sistema sí que favorecería la movilidad del estudiante y el reconocimiento de títulos si impusiera que todos los grados universitarios dentro de una misma materia tuvieran igual estructura de años y créditos. Pero lo cierto es que cada Universidad podrá decidir lo que considere oportuno -adoptar el 3+2 o mantenerse en el 4+1- de tal modo que, al final, esa pretendida equivalencia entre titulaciones se hará muy difícil incluso dentro de nuestro propio país. Así, ya no podremos hablar de un sistema universitario en cada Comunidad Autónoma, como ocurre ahora, sino de uno propio de cada una de las 88 universidades que existen en España. Desde la perspectiva internacional, por su parte, hay que tener en cuenta que muchos países europeos con grados de tres años están sopesando su conversión a cuatro e, incluso, que en Estados Unidos muchas de las universidades más prestigiosas tienen, precisamente, titulaciones de esa misma duración.

El Ministro señala, por otra parte, que con la reducción de un año en la duración de los grados los costes de matrícula serán menores, pero esconde que la gran mayoría de los estudiantes tendrán que realizar un máster para completar sus estudios si pretenden encontrar un puesto de trabajo. Si ya en el momento actual cualquier empresa u organismo exige una formación especializada, con mucho mayor motivo se precisará cuando el grado estudiado únicamente conste de tres años y sus contenidos sean más genéricos. Máxime cuando hasta hace pocos cursos nuestras titulaciones eran licenciaturas de cinco años. Como el coste por crédito es mayor en los másteres (65 euros frente a 33 en los grados, con carácter general), la factura para las familias crecerá y solo aquellos que puedan costeárselo obtendrán una formación que efectivamente les habilite para posicionarse adecuadamente el mercado laboral.

No debe olvidarse, en este orden de cosas, que el Ministro que ahora habla de ahorrar dinero a los estudiantes –eso sí, a costa de estudiar un año menos- ha sido el responsable de las subidas generalizadas de tasas que los alumnos han sufrido en los últimos años –a través del Real Decreto 14/2012 que permitió a las Comunidades Autónomas fijar los precios públicos de los estudios-, del endurecimiento de los requisitos para la obtención de becas y, en definitiva, de los continuos recortes que hemos venido sufriendo en la universidad pública. Al mismo tiempo, no se puede obviar que el establecimiento de grados de menor duración requerirá menos docentes, por lo que auguro despidos a medio plazo en el apartado de personal así como, consecuentemente, en la financiación de las universidades públicas vía transferencias de las Comunidades Autónomas.

Todo ello por no hablar de los costes de gestión que la adaptación a los nuevos grados generará y que, nuevamente, recaerán, en gran parte, en el profesorado. Recuérdese que la adaptación a Bolonia ni siquiera se hizo al tan cacareado “coste cero” que inicialmente se nos exigió, pues la falta de contratación de nuevos docentes y la exigua tasa de reposición de vacantes impuesta por el Gobierno hizo que tuviéramos que abordar el cambio sin los medios materiales y humanos suficientes y asumiendo tareas administrativas, en muchos casos, sobrehumanas. Gran parte de nuestro tiempo, que debería dedicarse en su integridad a la docencia e investigación, lo tenemos que emplear ahora a actividades de lo más variopintas, convirtiéndonos, en muchas ocasiones, en meros cumplimentadores de papeles, impresos y aplicaciones informáticas de todo tipo y condición para finalidades de lo más peregrinas.

A mi juicio, apostar por una educación de calidad no pasa por una reducción de créditos y años formativos, de tal manera que el alumno se vea abocado a un mercado laboral, duro de por sí, sin las armas – formación- suficientes. Lo que se precisa es  una decidida inversión en infraestructuras, dotaciones y profesorado que mejore la educación de nuestros estudiantes, junto a una oferta de becas que permita tener, al que carezca de recursos, las mismas posibilidades que los demás. Tampoco pasa por estar modificando el sistema universitario permanentemente, respondiendo así a las ansias que todo Gobierno parece tener por aniquilar todo lo que el anterior haya establecido en materia de educación, sin esperar a que las nuevas estructuras se asienten y se pueda acometer la solución de las deficiencias detectadas. Y no se puede criticar que nuestras universidades no aparezcan en los primeros puestos de los rankings internacionales cuando de manera continuada los presupuestos destinados a investigación se ven mermados sin piedad para situarnos en una situación completamente agónica.

¿No sería mucho más razonable no precipitarse, ver resultados y analizar las tendencias internacionales, antes de fijar un nuevo sistema cuando, además, la Universidad aún se esta lamiendo las heridas provocadas por la adaptación a Bolonia? Me temo, desgraciadamente, que esta no será la última medida que en los próximos meses afecte a la Universidad, ahora que parece que nos hemos convertido en la nueva bestia  negra de nuestros políticos.

10 comentarios
  1. Gonzalo García Abad
    Gonzalo García Abad Dice:

    Un tema muy importante. Creo que pueden establecerse grados de tres años, pero no reducir el número de años de enseñanza. La enseñanza genera capital humano, es una forma de inversión. No es buena medida limitar las inversiones rentables. Y limitar la financiación pública atenta contra la igualdad de oportunidades. Creo que la solución pasa por 2+3, en lugar de 3+2. Creo que esos dos años que se ganan sobre los antiguos títulos de antes de Bolonia se podrían aprovechar para, o bien ampliar el bachillerato 2 años más, o bien establecer un pregrado universitario de 2 años. Mejoraría la formación de los estudiantes de primero de grado, haría más asumibles objetivos más ambiciosos en el grado. permitiría una mejor convalidación en carreras afines al establecer un tronco común, etc. Un beneficio muy grande sería que quien no se ve capacitado para terminar los cinco años podría estudiar 2 y terminar con un título en el brazo y no con un conjunto deshilachado de asignaturas aprobadas.

    Un cordial saludo.

  2. Diego Vigil
    Diego Vigil Dice:

    Acertadísimo en todo.
    Hasta cierto punto parece que a alguna mente iluminada le gustaría privatizar toda nuestra enseñanza universitaria y/o subir las tasas. Siendo esto imposible totalmente a día de hoy, parece que han optado por ir por fases: primero atacaron quinto de carrera, convirtiéndolo en master, subiendo con ello su precio y creando unas condiciones para la competencia propicias a que parte de la demanda se vaya a la privada. Alcanzada esa primera meta, ahora se repite la operación con cuarto de carrera. El parecido no tiene por qué coincidir con la realidad, y tal vez es una explicación a la luz de la teoría de la conspiración donde no la hay. Pero parecerlo lo parece.

  3. RC
    RC Dice:

    A todo esto hay que añadir la desfachatez de que, con estas devaluaciones sucesivas de los grados, las carreras universitarias pre-Bolonia (licenciaturas, ingenierías y arquitecturas superiores) van devaluándose en la misma medida, a pesar de haber sido de cinco años y haber sido hasta entonces equiparadas con masters fuera de España.

  4. izaskun
    izaskun Dice:

    Es lo que sucede cuando se somete a la enseñanza a las leyes del mercado y se trata a los alumnos como clientes, y a las universidades como competidoras sin saber bien a santo de qué; primero hay que determinar la naturaleza de la enseñanza universitaria y su objetivo. Si de lo que se trata es de tener entretenidos a los jóvenes entre 18 y 21 años sin darles ninguna enseñanza provechosa para que luego vayan al mercado de trabajo a ser camareros y barrenderos (con todo el respeto a esos gremios) porque el titulillo de grado no sirve para gran cosa, se va por buen camino; mientras, los que lo puedan pagar, seguirán sus estudios de másteres e idiomas, y preparación de oposiciones.

  5. Francisco Rodríguez Boix
    Francisco Rodríguez Boix Dice:

    Parece mentira que,hasta la fecha,los dos grandes partidos (no se por cuanto tiempo) no hayan sido capaces de llegar a un pacto de estado en materia de educación.La política exterior,la lucha antiterrorista y la educación son trascendentales cuestiones de estado,en las que el pacto ni siquiera tendría que plantearse.Frente a ello,como muy bien señala el artículo,cada nuevo Ministro de Educación (salvo la honrosa excepción del ahora en el candelero Gabilondo) trae debajo del brazo una nueva Ley de Educación dirigida a demoler todo lo establecido por el partido derrotado en las urnas (recuérdese que la Ley de Calidad de la Educación de la Ministra Pilar del Castillo fue derogada por Zapatero sin haber llegado a entrar en vigor).En suma, frente a los deseos de uniformidad pretendidos por Bolonia,en España 88 planes diferentes y ninguna universidad entre las 200 mejores del mundo.

  6. tercergol
    tercergol Dice:

    Primero, tengo que criticar el uso de la palabra sobrehumano como adjetivo (repetido) para tareas humanas.
    Supongo que es consecuencia de la formación universitaria de 5 años…
    En mi opinión, la Universidad (la Educación) exige un pacto de Estado (¿Constitución?) que permita establecer reglas permanentes durante, al menos, una generación.
    En cuanto a los precios, lo primero es diferenciar el que se aplica a los que estudian para formarse del de los que se matriculan para otros fines. El sobrecoste lo pagamos todos en ambos casos.
    Por último, me parece muy bien que cada Universidad (principio de autonomía) ofrezca lo que considere y como lo considere. Uno de los problemas es la dispersión de infraestructuras, alumnos, medios y profesores.

  7. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    No creo que toda la culpa del desastre de la universidad pública española sea achacable a los ministros de educación. En realidad la culpa es de un modelo educativo politizadoa hasta la náusea (recuérdese que Felipe González sentó la doctrina, nunca derogada de que “jamás pactaría el PSOE nada en materia de educación con la derecha”.
    Por otra parte, las culpas, en la relación interna deben repartirse equitativamente. Todas las leyes de educación en vigor, incluidos los traspasos de competencias autonómicas, han sido del PSOE, con la única excepción de la Ley de Calidad de la Enseñanza de Pilar del Castillo que fue derogada sin haber entrado en vigor.
    Y la reforma Wert que tampoco ha entrado en vigor todavía. Así que la derecha será mala, malísima, que no lo dudo, pero en materia de educación todos los problemas, desde preescolar hasta doctorado deben apuntarse al debe del PSOE, que bien se apunta el haber de la universalización, la disminución de los ratios y el aumento de los presupuestos (siempre insuficientes, por supuesto).
    Por no hablar del predominio casi absoluto del PSOE, IU y los sindicatos de clase, además de los nacionalistas, entre el profesorado de todos y cada uno de los grados y niveles.
    Lo que más se puede achacar al PP es que no haya hecho nada para intentar cambiar este estado de cosas. Y que lo poco que ha hecho no se notará en absoluto, porque a la Ley Wert le va a pasar lo que a la Ley del Castillo.
    Aquí, quien se lo puede permitir, en determinadas especialidades se busca una universidad privada para sus hijos.
    Por otra parte, es curioso (o no) que las escuelas de negocios (másters) privadas españolas, sí estén entre las mejores del mundo.
    Podemos conformarnos con lo que hay o, mejor aún profundizar en un modelo nefasto, clientelar, donde los alumnos no son clientes (ojalá, podrían exigir) sino rehenes, donde los rectores campan por sus respetos y pervierten la universidad convirtiéndola en focos de agitación y adoctrinamiento políticos, gracias a la constitucional autonomía de que disponen. Con fondos ajenos, por supuesto.
    Cualquier solución que consista en “más dinero” no es solución. Es un concepto griego (contemporáneo) de modelo universitario y educativo en general.

  8. Joaquín
    Joaquín Dice:

    Aún admitiendo que se trata de un tema complejo y que todos, absolutamente todos, incluyendo el ministro y su grupo de asesores, tenemos visiones parciales del asunto. En líneas generales estoy de acuerdo con el comentario de ENNECERUS. Al final todo este post es para decir que se necesita más dinero… otra vez.

    Yo creo que ya vale. Que el dinero lo ponemos todos ¿no? Mejor pensad cómo mejorar la calidad con lo que se os viene encima que justificar la mediocridad echándole la culpa a otros… sean quienes sean.

  9. Iñaki
    Iñaki Dice:

    Acabo de terminar un librito muy curioso : “Die Vorbildung der Juristen”, escrito en 1919 por el jurista alemán Ernst Zitelmann. Trata sobre la formación universitaria de los juristas. Pero creo que muchas de sus afirmaciones podrían servir para carreras distintas a la de Derecho, y podrían ser aplicables también hoy.
    Algunas afirmaciones de ese eminente jurista (lógicamente, referidas a la situación de la enseñanza en Alemania hace casi cien años ) : la carrera de Derecho está mal estructurada desde un punto de vista pedagógico. Se enseñan asignaturas inconexas, sin entender que sólo se conoce bien una rama del Derecho, si se conoce todo el Derecho, y las conexiones profundas entre todas sus ramas. El sistema jurídico es un todo, que debe enseñarse así.
    Por eso propone que, al principio de la carrera, se dé un año y medio de Introducción general a todo el Derecho , para dar una visión conjunta, única y sistemática del conjunto. Después, propone que sigan dos años de trabajos prácticos. Porque la formación en la práctica profesional debe ir precedida de una teoría, por eso se da antes esa introducción teórica general.
    Y porque todo estudio, todo aprendizaje teórico, es fructífero sólo si le precede una praxis previa, por esa razón a los dos años de práctica profesional citados, Zitelmann añade tres años posteriores de formación teórica, donde se ennseñen ya en profundidad todas las ramas del Derecho. Con las prácticas previas se habrá encendido el “hambre de la realidad”, que es la que mueve al corazón para adquirir conocimientos teóricos, es la que le hace al estudiante ser “hambriento de teoría”, porque con la práctica se ha dado cuenta de que sólo con un dominio posterior de la Teoría , podrá dominar de verdad la realidad, podrá ser dueño de ésta, siendo así un profesional solvente. Sin praxis previa, el estudio de cualquier Teoría es estéril, según Zitelmann.
    La práctica profesional, en medio de una carrera universitaria, da al estudiante la fuerza proveniente de la realidad, la cual es imprescindible para acoger con gusto y con provecho las teorías abstractas propias de las enseñanzas jurídicas.
    Después de los tres años de teoría, Zitelmann propone un año final de prácticas. Esta última práctica profesional será de mucho provecho, ya que viene precedida de esos tres años de estudio profundo de la Teoría. Toda buena práctica depende de tener una buena teoría. Sólo así se puede dominar la compleja realidad.
    Francamente, me parecen muy interesantes estas propuestas de Zitelmann.

  10. Dionisio
    Dionisio Dice:

    Lamento el retraso pero acabo de descrubrir el blog. Gracias por él.
    Creo que los sistemas de 4+1, 3+2 u otros, no deberían ser la razón de peso en la discusión. Parece que en España el factor determinante es el precio de matrícula de los master y los grados. Por ejemplo, en Bélgica tienen un 3+2 pero los 5 años cuestan lo mismo: 800€ matrícula año. Probablemente si eso ocurriera en España el alumnado se mostraría más indeferente a estos cambios. Así que habría que diferenciar hasta que punto un 3+2 persigue un sobre coste efectivo de la misma enseñanza o no. El 4+1 ha demostrado que los contenidos impartidos en los masters, por lo común son los mismos que en el grado, lo que hace que en la práctica el nivel de lo impartido sea idéntico al 5+0. Por contra el precio del 1 es hasta 6 veces mayor que el de cualquiera de los 4 en la mayoría de los centros. Por lo tanto tenemos que el 4+1 no ha mejorado la calidad de la enseñanza, no ha incidido tampoco en el inmcremento de la empleabilidad de los que cursan los masters, por lo que parece claro deducir que ese cambio sólo perseguía un incremento monetario de las matrículas.
    Porqué se plantea, por tanto, la posibilidad de un 3+2 ¿Ese sistema ayudará a mejorar la calidad de la enseñanza, aumentará la empleabilidad o hará decrecer la corrupción en la universidad española? Me temo que la respuesta es claramente no, por lo que hay que temer que sea un cambio en la línea del 4+1, es decir: que fundamentalmente persigue aumentar lasmatrículas.
    De este modo tener un grado sería más barato, es cierto, y como total un grado o licenciatura es algo tan devaluado en este país que no sirve ni patra encontrar un trabajo de repartidor de pizzas, cuanto más barato mejor. Los +2, los masters, servirían de criba económica para los que quiseran doctorarse, o lo que es lo mismo, para los futuros aspirantes a engrosar loscargos docentes en la universidad, y algunas disciplinas (no en todas, ni mucho menos), también como criba para encontrar trabajo. De modo que si no se complementa con una política de becas que prime la excelencia del estudiante (algo que dudamos mucho que alguna vez se haga), el 3+2 sí se convertiría efectivamente en un filtro económico para acceder a algunos mercados laborales y los puestos docentes universitarios.

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