HD Joven: Emprendimiento social: una posibilidad para el joven abogado

No pocas veces ha pensado el recién titulado en iniciar su propio negocio jurídico. Sin embargo, las numerosas barreras de entrada que existen en el mercado jurídico español hacen que el instinto del joven emprendedor quede oculto e incluso olvidado.

Se trata de un mercado muy competitivo, con grandes despachos que ocupan desde hace mucho tiempo la mayor parte de la cuota de mercado, donde los grandes clientes se encuentran fidelizados y repartidos meticulosamente entre ellos. ¿Cómo es posible hacerse un hueco y captar clientes en este panorama? ¿Cómo combatir contra esta anquilosada red de despachos y clientes tejida férreamente con el paso de los años?

No pienso daros la clave del éxito, pues creo que aún no la tengo y, si la tuviera, dudo que hacerla pública pueda ayudarme a conseguir mi objetivo, cualquiera que sea. Lo que sí me propongo es haceros conocer una forma de emprendimiento específica desconocida aún para muchos y que podría, no ya sólo tener cabida en este complicado mundo jurídico en el que nos movemos hoy día, sino estructurarse, por qué no, como una necesidad exigida por la evolución del mercado hacia una “economía colaborativa”; fenómeno en auge y gran crecimiento (véase noticias de los diarios El Pais: Pulse aquí, o  El Mundo: Pulse aquí).

Esta manera de emprendimiento que llamó mi atención a través de un curso online de la Copenhagen Business School, se conoce con el término de Social Entreprenurship (Emprendimiento Social).

En primer lugar, es preciso definir qué se conoce por Emprendimiento Social. Son muchas las definiciones que se han dado sobre este aspecto de la mano de intelectuales de toda índole, así que lo explicaré como yo lo entiendo: se trata de una forma de emprendimiento que, por tanto, busca la innovación, el valor añadido y la independencia financiera y que se orienta a su vez hacia el apoyo de un sector social marginado o menos privilegiado y con grandes deficiencias en uno o varios aspectos sociales en concreto. Tal y como se define en este artículo: Pulse aquí: The social entrepreneur is a mission-driven individual who uses a set of entrepreneurial behaviours to deliver a social value to the less privileged, all through an entrepreneurially oriented entity that is financially independent, self-sufficient, or sustainable”.

Por tanto, no se trata de una ONG, ni de una actividad altruista basada en la naturaleza dadivosa del ser humano y en la ayuda incondicional al prójimo, no. Se trata de un modelo de negocio orientado a la obtención de beneficios, como cualquier otro, pero que a su vez, se inclina por aportar un valor social a un sector desamparado. No hay mejor ejemplo que el del banquero y ganador del Premio Nobel de la Paz de 2006: Muhammad Yunus, conocido como el “banquero de los pobres”, cuya misión iba dirigida directamente a un sector social por debajo del umbral de la pobreza y se basaba en la concesión de microcréditos para que esta parte de la población desarrollara pequeños negocios y buscara su camino.

La mayor parte de la información asociada a este concepto, en relación al ámbito jurídico, la encontramos proveniente de las universidades de EEUU (Pulse aquí, por ejemplo), referida a la posibilidad de que el joven abogado desarrolle su carrera dando soporte legal a una “empresa social” (resultante del emprendimiento social), y no como el desarrollo por el abogado de un gabinete jurídico/despacho/boutique social en sí mismo.

Por tanto, una vez definido el concepto, cabe preguntarse: ¿no sería posible construir un negocio basado en la profesión de abogado capaz de generar un valor añadido a un sector social determinado? La profesión jurídica, cualquiera que sea su rama, tiene su origen y fin en el mantenimiento de la justicia social (por supuesto la idea que intento transmitir nada tiene que ver, aunque está relacionado, con la llamada justicia Pro Bono, centrada en la prestación de servicios legales voluntarios y gratuitos a personas de escasos recursos, sectores o grupos vulnerables). Sin duda, existen sectores sociales que por su nivel económico-cultural no tienen acceso a herramientas de calidad para defender sus intereses. Aquí es donde toma presencia el Emprendimiento Social del joven jurista; hallar el nicho de mercado específico depende de cada uno.

Si se pone uno a indagar en el mercado jurídico, verá que existen ya algunos despachos orientados a prestar una defensa de calidad a clientes que en circunstancias normales no hubieran podido costeársela. Cierto es que para prestar un servicio de alto nivel se ha de conocer bien el tema que se está tratando, por lo que no creo que esté orientado al éxito el captar clientes de toda índole que pretendan asesorarse en temas totalmente dispares y sin ningún nexo de conexión. Quiero decir: para que este modelo de negocio cuaje en el mercado, el joven jurista-emprendedor-social deberá descartar unas ramas y centrarse en otras, asesorando sólo a clientes del mismo perfil y respecto al mismo tipo de asuntos.

Estamos ante un modelo de negocio que admite una amplia variedad de supuestos, así podríamos centrarnos en la defensa de entidades y fundaciones sin ánimo de lucro o la defensa del cliente de a pie frente a las entidades bancarias, por ejemplo.

En cuanto a lo que facturación se refiere, el objetivo sería tener un margen de beneficios reducido por cada cliente (clientes con escaso poder adquisitivo) pero aumentarlo mediante la captación de una masa clientelar importante (es necesario remarcar en este punto que no se trataría de un despacho low cost, sino de un despacho que reduce el margen de beneficios por cada cliente, pero aumenta el beneficio total a través de la captación gran número de clientes). Si las compañías aéreas, por un trayecto nacional, y si no hay ningún imprevisto, obtienen un beneficio por viajero de tan sólo 2-3 euros, ¿no podría un despacho de abogados facturar de forma similar?

La idea es sencilla: crea un despacho, rodéate de compañeros competentes, localiza un sector social vulnerable, identifica su necesidad, ofrece a los clientes una defensa de calidad por un coste adecuado a su situación, y a trabajar. Llevarlo a la práctica sólo depende del tiempo que tardes en dar forma a esa idea.

La oportunidad que aporta este, para muchos, nuevo concepto, se presenta como una forma de penetrar en el mercado jurídico español (tarea nada fácil y menos para una persona joven y con escasa experiencia) y, además, como un modo de aportar un valor añadido a una sociedad que no dispone de las mismas oportunidades en cuanto a justicia de calidad y por tanto, se trata de una manera de ayudar a acabar con esa desigualdad social que ya se encargaba de atacar Rousseau.

12 comentarios
  1. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Salgo de viaje en un ratito pero el artículo es importante porque aborda en general el modelo USA de “class-action” y quizás valdría la pena documentar cómo ha evolucionado en aquel país y cuál es la situación actual de este tipo de actividad en el nuestro y, en general, en Europa.

    Hablando de “modelos” ayer por la tarde asistí a la presentación de un libro escrito por un hombre joven (J.F.C. 1988).
    El libro (“Agujeros del Sistema”) estudia en bastante detalle el funcionamiento de nuestro “Estado de Derecho” a través de la actuación del Subsistema Judicial durante los últimos casi 50 años. Un sistema que ha posibilitado que un 40% de asesinatos de ETA haya quedado impune incluso constando en sede judicial, policial o en ambas la confesión del asesino.
    So much for “Rule of Law” o, mal traducido, nuestro “Estado de Derecho”.
    No es lectura para pusilánimes ni para entusiastas de palabras huecas.

    Yo diría que este libro de un chico muy joven —que debe haber envejecido varias décadas al escribirlo– es lectura imprescindible para cualquier letrado que intente iniciar su actividad trabajando para “víctimas” del crimen.

    Con el “Business Model” que quiera pero con una base de clientes que son “Víctimas” y dando por sentado que otros letrados se especializarán en servir a los “Victimarios” que suelen tener muchos más medios.

    Los mercados deben ser segmentados porque las conductas y los problemas de los clientes cambian radicalmente en cada segmento y, como bien dice el autor, es crítico entender todos los ángulos de los problemas de tu cliente y sintonizar con él.

    Con la Oligopolización que está experimentando el Sistema y con las cada vez más estrechas alianzas de facto entre Poder y Victimarios, el segmento de clientes potenciales (Víctimas) está creciendo exponencialmente.

    Buenos días y enhorabuena por el artículo.

  2. Enrique Titos
    Enrique Titos Dice:

    Enhorabuena por esta entrada. Me parece que detectas una demanda real y quizá mi sugerencia aparte de dotarte de un servicio competente es ver de qué forma puedes diferenciarte de la competencia “mainstream” en la forma de diseñar y prestar el servicio. Es un buen primer paso detectar tu cliente objetivo. El éxito de las propuestas de la economía colaborativa se basan en parte en la escala, con lo cual entiendo que has buscar un colectivo amplio. Si éste es pequeño, tendrás que tener un ratio de aceptación más alto. Un tema importante es la financiación de vuestro proyecto, es decir, cuanto tiempo podéis estar con ingresos reducidos por cliente. De ahí que cuanto más clientes tengáis más rápido podréis cubrir costes. Quizá también sería bueno ver si hay ya alguna “start up” que haya iniciado ese modelo, lo que no me extrañaría, especialmente en EEUU. Suerte.

    • Matías González
      Matías González Dice:

      Efectivamente se trata de un modelo de negocio de gran repercusión en EEUU, donde es estudiado en las principales universidades del país.

      El tema de la financiación es uno de los puntos que más puede preocupar al emprendedor pero, cuando de la abogacía se trata, los costes se podrán cubrirse con unos ingresos más reducidos que en la actual competencia, en mi opinión. Doy una pincelada en el post, pero estoy de acuerdo que es un punto a estudiar más detenidamente.

      Muchas gracias por su punto de vista.

  3. Isidro Elhabi
    Isidro Elhabi Dice:

    Si tuviera que emprender en el sector jurídico tengo claro que aplicaría el penúltimo párrafo. Talento, tarjet específico y buena calidad-precio. Esto no sólo es aplicable en el sector social o la economía colaborativa sino en muchos sectores jurídicos. Veo bastantes nichos de negocio muy actuales o que van a ser de próxima actualidad muy desatendidos en la abogacía. Mucho abogado acomodado, con poca especialización, que “sabe de todo, pero especialista en nada” y que se dedica a llevar todo para salvar las lentejas (cosa que está bien) pero luego no apuesta por nada en concreto. Veo poca iniciativa y deficiente formación en mucha abogacía. Está claro que hay que buscar el negocio y los clientes, pero es que luego uno rasca y queda decepcionado.

    El artículo del autor es muy interesante y le felicito, sin embargo yo no recomendaría a los jóvenes emprender, por lo menos si tienen otra salida o si pueden compatibilizar un ejercicio de emprendimiento con otras actividades. ¿Por qué? No porque crea que el emprendimiento sea malo, que todo lo contrario, sino porque estoy de acuerdo con Leopoldo Fernández Pujals en que a mayor juventud, menos formación, menos experiencias y más probabilidad de fracasos por errores que en otras edades pueden prevenirse más fácilmente. Es verdad que los fundadores de Facebool, Google, etc. fueron jóvenes universitarios pero no todos somos como ellos ni somos genios, ni tenemos una idea revolucionaria, asumamoslo. Fernández Pujals recomienda emprender a los 40 y yo comparto la idea. Eso es verdad que tiene una pega, el que la gente se acomode y abandone la idea del emprendimiento. Sin embargo, si uno se forma, aprende y prepara con ahínco su proyecto madurándolo durante un tiempo, seguramente luego no podrá dejar de intentarlo porque todo lo ha enfocado hacia eso. Es verdad, que esto tiene excepciones, si tienes una línea de negocio innovadora dentro de 10 años, dentro de 5 a lo mejor está más que desfasada. Pero tampoco eso suele ser algo normal.

    Buen fin de semana

    • Matías González
      Matías González Dice:

      Coincido en muchos puntos de los que comenta.

      Es cierto que la inexperiencia juega en nuestra contra cuando de emprender se trata. Sin embargo, cuando la idea la tienes clara y la especialización en el punto de mira, es más fácil hacerle frente a la competencia.

      He tenido el gusto de ver varias conferencias de Fernández Pujals y desde luego no seré yo quien contradiga sus consejos, pero en algún momento hay que arrancar, ¿no?

      Muchas gracias por el aporte y el feedback!

  4. albert
    albert Dice:

    Tal vez la clave está en articular redes sociales (aplicaciones, blogs…) de captación de clientes que tienen el mismo problema pero de cuantía pequeña, y que tienen razones o fundamentos para reclamar, y a partir de ahí operar. El diseño (informático) de esas aplicaciones para generalizar puede ser importante; a ver si hay alguien que le dé una vuelta.

    • Matías González
      Matías González Dice:

      Totalmente de acuerdo, Albert.

      La ventaja competitiva la encontramos en la red, máxime cuando se trata de sectores sociales más vulnerables que tienen como primera opción acudir a los medios para hallar una solución a su problema.

      Muchas gracias.

  5. Fran Echano
    Fran Echano Dice:

    Comparto y apoyo la idea del artículo. Hace unos meses me gradué en Derecho tras formarme como Trabajador Social. Mi idea siempre fue compaginar ambos mundos tan cercanos como lejanos entre sí. Profundizar en el campo de los más desfavorecidos me ayudó a investigar sus carencias y necesidades, pero también a reflexionar sobre sus potencialidades y fortalezas. Aquí es donde entra el que yo llamo “Abogado Social”. El Estado de Bienestar que no ha terminado de construirse, ha estado y sigue estando amenazado. La protección de los derechos de personas en riesgo de exclusión social es un campo que pretendo abordar y en el cual enfocar mi actividad profesional. La fórmula económica es la que se expresa en el artículo. Pero la humana es la clave del que yo considero éxito. Formación social y jurídica. Fundamental.
    Saludos cordiales, Fran Echano

  6. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Sr. González, gracias por su post. Sea o no un modelo de negocio y haya o no palabras en inglés que lo definan, lo que Ud. propone es que los jóvenes letrados hagan ordenadamente algo tan necesario como abogar por quien no puede costearse una defensa a precios usuales, pero que lo hagan con orden y bien, sabiendo lo que hacen, estudiando el Derecho aplicable. Me ha recordado Ud. una película sobre una “paralegal”, “Erin Brokovich”, basada en una historia real de una acción colectiva y que supongo ven todos los estudiantes de Derecho. Imagino que hay asociaciones que pueden contratar los servicios de jóvenes letrados cuyos Despachos se especialicen en los problemas correspondientes. Como escribe más arriba el Sr. Titos, los abogados tienen un papel en la “economía colaborativa” y el “emprendimiento social”. Las etiquetas suenan raro, pero el fondo suena muy bien. Suerte!

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