¿Se trata de financiar el populismo?

“Hemos de evitar la temeridad y la negligencia, y no debe hacerse nada de lo que no pueda darse una razón aceptable”
Cicerón

Hoy en día en ciertos conciliábulos tanto en Bruselas, como en Madrid o en Atenas se discute sobre la necesidad de ofrecer más gasto público como mejor vía para pagar la enorme deuda que han generado precisamente anteriores excesos de gasto público. Otros discuten que los mercados son los grandes enemigos del Estado de bienestar y de los ciudadanos porque fuerzan recortes inaceptables en servicios sociales claves. Pero estas tesis populistas, aunque calan entre los potenciales votantes, sobre todo aquellos que peor lo están pasando, ignoran lo que se encuentra tras algunas preguntas incómodas: ¿quién o quiénes son los que ponen más en peligro la supervivencia de los servicios sociales?, ¿quién o quiénes son los que más cargan a los ciudadanos con deudas inasumibles?: ¿los mercados?, ¿o los propios gobiernos populistas? Porque gobiernos populistas ya hemos tenido, por ejemplo en nuestro país. De esos que sacan la chequera o la chistera para comprar votos, de esos que engañan a la gente. Resulta contradictorio, que cuando los gobiernos populistas no han traído hasta aquí, se piense que serán gobiernos populistas los que no van a sacar de ésta. Hay que estar muy desesperado o ser muy ingenuo para creer en esa ecuación.

Pero no queremos que nos llamen estúpidos. Volvamos a la economía. Veamos que ha ocurrido en nuestro país.

¿Debe ser nuestro sistema tributario neutral?

El reciente fallecimiento del Profesor Barea ha sido motivo para que nuestro Ministro de Hacienda lo describa como “el economista más convencido de que la estabilidad presupuestaria es irrenunciable para asegurar el sostenimiento de los servicios públicos del Estado”, razonando a continuación cómo la estabilidad forma parte “de la estructura de cualquier planteamiento mínimamente sensato de política económica, amparado incluso de manera expresa por la Constitución” (cfr. Revista Economistas).

Por su parte, el catedrático Manuel Lagares evaluando los programas económicos de los partidos con vistas a las elecciones de 2008 (El Mundo, 25-2-2008) comentaba: “en lo que se refiere a la filosofía de la política económica con que se quiere alcanzar ese objetivo del crecimiento del PIB… está comprobado que España y todos los países de su entorno se han desarrollado siempre mucho más en épocas de libertad que con políticas de intervención”. Y cuando se “selecciona el sector público como motor del crecimiento, tenga la seguridad de que no alcanzará sus objetivos de bienestar”. El sector público tiene no obstante una función clave, dentro de la tendencia al equilibrio presupuestario, la de garantizar los gastos “que conceden a los ciudadanos mayor igualdad de oportunidades eliminando los superfluos y de pura imagen y administrando hábilmente las rebajas impositivas… (esta) reducción de impuestos concederá margen para que crezcan también los auténticos bienes y servicios públicos”.

Tal fue la clave de la política fiscal entre 1996 y 2004, desarrollada a partir del Real Decreto-Ley 7/1996, con la aplicación de coeficientes de abatimiento en la generación de plusvalía que ahora se pretende suprimir. Nuestra economía se saneó y mejoró el ritmo de crecimiento. Esta reforma de los gobiernos de Aznar fue un paso decisivo en el cumplimiento del fomento del ahorro, que se ha considerado siempre un objetivo estratégico de todo sistema impositivo. La bajada de impuestos no solo supone que los ciudadanos tengan mayor cantidad de dinero para el consumo sino también para el ahorro, lo que resulta más importante para el crecimiento económico que el aumento del crédito, pues aquél condiciona la propia inversión en el tejido empresarial.

Pero la nueva reforma tributaria no parece mantener los mismos objetivos. El propio Banco de España solicitó que la reforma tributaria incluyera incentivos fiscales al ahorro a largo plazo y a la previsión social complementaria, pues la tasa de ahorro estaba alcanzando mínimos históricos, al tiempo que se desconfiaba que los muy bajos tipos de interés o los tipos de interés negativos (que amenaza a los depósitos de la banca en el BCE) tuvieran un impacto positivo en la economía. Sin embargo, sorprendentemente en la nueva reforma fiscal, que han propuesto un grupo de expertos dirigidos por el propio Lagares, no encontramos nada en cuanto al fomento del ahorro, si descontamos tal vez algunas medidas dirigidas en la “manipulación” de los ahorros (caso de las plusvalías) especialmente en el empleo del patrimonio de las personas de más de 65 años.

¿Y ello por qué? Tal vez porque hoy rige a nivel mundial, otro principio, el de controlar el sistema financiero para dirigirlo, a través de los impuestos, sobre el “gasto personal” de cada ciudadano, quebrando de esta manera la neutralidad del sistema tributario.

¿Existe una política fiscal justa y social al margen del mercado?

Uno de los conceptos más ensalzados pero más denigrados es el de la justicia social (y por analogía el de justicia tributaria). Jean-Yves Naudet, catedrático en la Universidad de Aix-Marsella, ha escrito entre otras obras: La Iglesia y la economía de mercado (1987) y La libertad, ¿para qué? Centesimus annus y la economía (1992). El mercado no tiene nada que ver en esta crisis, dice. Ésta procede de una mala política de los bancos centrales, queriendo relanzar la economía mediante tipos de interés bajos y creando dinero para que los bancos prestaran dinero con facilidad a empresas y a los hogares, aunque algunos de estos no tuvieran la capacidad de tomar dinero prestado y poder reembolsarlo. El mercado descansa sobre la confianza y la responsabilidad, que a su vez depende de la buena calidad de las instituciones. Y todo esto quebró.

Los sistemas fiscales expansivos a la larga derivan en expropiación de los propios patrimonios individuales (familiares). Es lo que el economista Manuel Llamas llama “fiscalidad patrimonial”: cuando la estrategia que aplican los gobiernos para amortizar sus créditos irresponsables (populistas) es expropiar parte de la riqueza de los ciudadanos. O sea, que el populismo acaba demandando, más tarde o más temprano, más financiación a través de un incremento de impuestos. Podría responderse a esta crítica que esto no es malo siempre que esa financiación “extra” provenga de subir los impuestos solo a los ricos, favoreciendo de esta manera una mayor igualdad. Pero esta posibilidad dista de ser cierta, salvo que se acabara con la libertad de circulación de capitales y con los paraísos fiscales, lo que por ahora supera las posibilidades de este o de cualquier gobierno: sin ir más lejos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya avanzó la posibilidad de una autentica quita de hasta el 10 % sobre el patrimonio de las familias.

Es decir, mientras los gobiernos populistas prometen salvar a los menos pudientes con gastos que financiarán “otros” (no ellos), en realidad acaban atacando al pequeño y medio contribuyente por la puerta de atrás, como el mago que distrae tu atención: te reduzco el IRPF, pero extiendo y amplío tus bases tributarias y subo todo tipo de impuestos indirectos, y sobre bienes inmuebles, tasas y cánones. El gran hacendista que fue César Albiñana ya consideró que la tributación sobre los incrementos de valor/plusvalías podía resolverse aplicando una tarifa de doble entrada en proporción al capital generado (real o supuestamente) y plazo transcurrido desde la adquisición. Además, cuando no existe venta del bien (como en el caso de herencias), dicho impuesto se convierte en injusto y confiscador. En realidad se está privando de (parte) de la propiedad sin ninguna indemnización, conculcando así el art. 33 de nuestra Constitución, y ello, por cierto, con independencia de la renta del sujeto obligado, que bastante tiene con llorar a su padre o madre. Tributos sin corazón. A eso lleva el populismo.

Pero es más, mientras nuestro sistema de pensiones se encuentra en serios peligros de sostenibilidad, nuestro sistema impositivo es cada vez más elevado, oscuro y plural, solo que se dedica a financiar necesidades artificialmente creadas. En España existen casi 9.000 agentes creadores de impuestos, tasas y cánones: más de 8.000 ayuntamientos, 50 Diputaciones Provinciales, 17+2 Comunidades Autónomas, los territorios forales, y el Estado. Todo ello sin contar el precio de la luz y el agua, artificialmente concebidos ¿Sabemos realmente la presión tributaria que soporta un pequeño empresario o un pensionista en cualquier punto de la geografía? ¿Se ha hecho el cálculo? ¿Y todo ese enorme dinero recaudado? ¿A qué fines sirve? Hoy, por ejemplo, el sistema ¿nacional? de salud cuenta con 260.000 profesionales fijos. Uno por cada 200 habitantes. Más que suficiente. La mayor empresa del país. ¿Por qué no funciona? ¿Por qué se privatiza? Porque su prestación se hace a través de 17 reinos de taifas, lo que resulta antieconómico e ineficiente. ¿Se puede cambiar esta situación? No, el populismo lo impide.

El “dominio” de la política monetaria global

La lucha contra la Gran Depresión del 29, fue dirigida en USA por Franklin D. Roosevelt, presidente desde 1932 y durante cuatro mandatos hasta su muerte en 12 abril 1945. Utilizó los poderes especiales que le otorgó el Congreso para aplicar las leyes del New Deal que incluían la reforma bancaria, el abandono del patrón oro, la devaluación del dólar, la expansión del crédito, el pacto con los sindicatos y una política de grandes obras públicas para solucionar el paro.

Opinaba a este respecto el desaparecido José Luís Sampedro (de ese grupo de catedráticos economistas que surgió de la primera promoción de la Facultad) que “el capitalismo empezó a digerir desde el New Deal rooseveltiano, la dirección estatal y hasta la planificación tan reprochada a la naciente URSS” (El País, 26-10-1979). En realidad, Roosevelt, siguiendo la orientación de los “liberales” Keynes y Beveridge, inició la política que dio origen al capitalismo financiero y que siguen ejecutando actualmente la FED, el BCE y el FMI, junto con la planificación de las inversiones que a nivel europeo significará el “plan Juncker”, del que, entre otros, quiere aprovecharse el nuevo gobierno griego.

Contra lo que a veces se afirma, la política económica de la globalización no la dirigen en realidad los grandes mercados, sino los gobiernos y las instituciones internacionales que promueven estímulos fiscales (la vieja política de “darle a la máquina de imprimir billetes”), para dirigir el crédito y la promoción de inversiones de finalidad política (como son las infraestructuras) a lo que les interesa.

Decía Donoso Cortés (un autor que parece que hoy puede volverse a citar) que en todo problema político habita una cuestión teológica. Ahora podemos decir que en todo problema económico existe una cuestión política, más bien filosófica. ¿Por qué todas las políticas económica nacionales (y más las nacionalistas) y regionales en la actualidad buscan secuestrar las libertades morales y civiles (incluidas las recogidas en las constituciones)? Porque hay que financiar el populismo al coste que sea. Porque a ningún partido se le ocurre otra manera de ganar elecciones que incrementando el gasto público.

11 comentarios
  1. Pedro Luis
    Pedro Luis Dice:

    Buenos días: Empezaré por decir que de la lectura del artículo se puede concluir que en Dinamarca, Suecia y Noruega, por citar tres ejemplos, viven gentes desconectadas del mundo real y vigoroso que nos anuncian otros, pues pagan muchos impuestos. Pero se nos olvida que tiene más nivel de renta per capita, más nivel educativo, más prestaciones sociales y son más competitivos que la inmensa mayoría del resto de países y encima, sin corrupción.
    Los coeficientes de abatimiento no nacen como consecuencia del berenjenal fiscal creado en 1996, nace de la previa existencia de una forma de gravar las ganancias patrimoniales que hubo que mantener y que ahora se han cargado, como los coeficientes de actualización, por los que el actual ministro clamaba en 1993.
    Tampoco el monstruo fiscal que se ha puesto en marcha en 2015 ha inventado la exención de cierta tributación a los mayores de 65 años, viene de muy atrás.
    Como tampoco podemos hablar de los 9.000 generadores de tributos. Los inventores de tributos fueron los liberales autores del berenjenal fiscal de 1996 que crearon, entre otros, el impuesto sobre los seguros y el impuesto sobre la electricidad, amén de otras figuras en el ámbito local y son los que no quieren eliminar las diputaciones, entes generadores de gasto, despilfarro y buen vivir, sin justificación alguno en el siglo XXI. Los que llevan el populismo en el nombre lo practican con asiduidad, como es lógico

  2. Gonzalo García Abad
    Gonzalo García Abad Dice:

    Muy de acuerdo en la importancia de la estabilidad presupuestaria.En lo que soy enormemente más pesimista es en las posibilidades de la política fiscal para incentivar el ahorro. Durante gran parte de los años de bonanza dos fueron los pilares de esa política: el fomento de la inversión en vivienda habitual y el de los planes de pensiones. Creo que las razones del fracaso de esta política se pueden resumir en dos muy importantes. La primera es que muchos incentivos fiscales se acaban trasladando a otros agentes. El incentivo a la compra de vivienda hace que crezca su demanda y, al ser muy rígida la oferta de vivienda en el corto plazo (por mucha demanda que haya no se van a construir muchas más viviendas en poco tiempo porque la construcción de vivienda requiere tiempo) eso supone incrementos de precios que acaban beneficiando fundamentalmente al vendedor. Un caso semejante es el de los planes de pensiones, con un incentivo fiscal en gran parte trasladado a mayores comisiones bancarias.
    La segunda razón por la que soy pesimista en cuanto al papel incentivador del ahorro de la política fiscal es que no está tan claro qué papel tienen los tipos de interés en el incentivo del ahorro. En la reciente Historia española la política fiscal se ha mostrado poco eficaz a la hora de incrementar los tipos de interés que podrían obtener los ahorradores con sus inversiones. Pero, incluso incrementándose los tipos de interés hay dos efectos contrapuestos. Por un lado se incrementa el coste de no ahorrar, se encarece el consumo frente al ahorro, lo que incentivaría el ahorro. Pero, por otro lado, un mayor rendimiento de las inversiones hace menos necesario ahorrar porque puedo obtener el mismo capital final con menos inversión, además de hacer más rico al individuo (dándole más posibilidades de elección), lo que lleva al individuo a consumir más de todos los bienes y, por tanto a ahorrar menos. En algunos individuos pesará más un efecto y en otros pesará más el otro.
    La tasa de ahorro de los hogares e instituciones sin fines lucrativos, fue muy reducida, es evidente que aquella política fiscal fracasó en su intento de que los hogares españoles ahorrasen. Ahora, ya no sólo es reducida, sino que es hasta negativa. Sin embargo ahorran las instituciones financieras y las sociedades no financieras, y en una medida muchísimo menor el Estado.
    Y una última reflexión, el incentivo fiscal de la adquisición de la vivienda fue un elemento más que contribuyó a la formación de una burbuja inmobiliaria.

    Un cordial saludo.

  3. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Finalmente parece que se resquebraja el Muro de Silencio. El artículo de D. Santos Gil es una buena señal de ello.

    Justamente y en un blog de profesionales de la economía acabo de insertar lo que sigue.

    Por no reescribirlo me he limitado a añadir algo de texto tras los gráficos (viejos pero escondidos datos)

    Cita

    Hace años, no pocos, que bastante gente viene diciendo cosas que la Ortodoxia Académica encontraba dignas de una buena dosis de Disonancia Cognoscitiva.
    Unas veces se nos silenciaba, otras recibíamos agradecidos una cierta tolerancia condescendiente.

    Pero no recuerdo una discusión seria sobre el problema de fondo: La Sostenibilidad Industrial y el uso político de la “Ventaja Competitiva” para falsear situaciones y dar gato por liebre.

    Era comprensible porque los académicos que abordaban el problema de frente desaparecían exiliados a los bordes del imperio. Por ejemplo Reinert, por ejemplo Keen y hasta D. Adam Smith o D. Maynard se veían impotentes para no ver cómo su nombre era usado en vano y con deliberada falsedad.

    Hoy comienza a ser un principio de clamor y una señal ominosa del papel subsidiario de la Ortodoxia Académica. El artículo es buena muestra.

    Lejos queda cualquier ambición de liderazgo desde la pretensión de Ciencia y, en consecuencia, se resquebraja su prestigio social al ser percibida, cada vez con más claridad, como medio conveniente a los fines espurios del Poder del momento.

    Pero la realidad es berroqueña y por un lugar o por otro termina saliendo a la luz.

    Hablando de Factores Causales de Miseria.

    http://www.zerohedge.com/news/2015-01-26/lazy-greeks-fault-these-two-charts-suggest-otherwise

    En otras palabras ¿Cómo nos han Dirigido políticamente mientras se destrozaba nuestra capacidad de Generar Empleo serio?

    Esto tiene Responsables Concretos y no pueden excusarse en la Ignorancia.

    Hablando de Keynesianos malgré Keynes

    ¿Recuerdan ustedes “Aquí cabemos 66 millones”? ¿Al inspirador de Rodríguez Zapatero?

    El Sr. Sebastián lo tenía claro: “Metemos hasta 66 millones, nos prestan lo que haga falta, hacemos casitas, les damos una hipotequita que luego vendemos al BCE, los mismos que hacen las casitas nos las compran… y aquí paz y después………..miseria. Pero para eso falta mucho tiempo y yo ya no estaré”

    http://www.elmundo.es/suplementos/nuevaeconomia/2006/347/1163890805.html

    Estaba cantado que lo siguiente sería “la Paguita Universal”.

    Al lado de este esquema La Estampita es una obra de caridad.

    Las políticas Paliativas Siempre……………..Perpetúan el Error y acentúan los fallas estructurales hasta que el colapso es inevitable.

    Saludos y gracias al autor, Sr. Gil.

  4. Enrique Titos
    Enrique Titos Dice:

    Brillante exposición, y me gusta especialmente la conclusión de los gobiernos tratando de dirigir la economía con sus políticas, sean tributarias o monetarias.

    También creo que hay que poner en contexto la situación actual. Nunca como hasta ahora el motor económico privado está creando tan pocos empleos mientras que todos los países, y aquí hablo de Europa, están en máximos de población activa. Las nuevas tecnologías y la eficiencia del factor capital frente al factor humano están incrementando la productividad sin incrementar el empleo en proporción mínimamente similar. La contribución de las rentas del capital frente a las rentas del trabajo en el PIB sigue creciendo en casi todos los países desarrollados.

    En Europa se han conseguido altas cotas de estado de bienestar, servicios de los que nos sentimos orgullosos y a los que no queremos renunciar. Pero que son gastos que hay que financiar, ya que la ley de Paretto sigue incólume. Y si los ingresos del estado no suben por recaudación y ello depende en buena parte del factor trabajo (impuestos sobre la renta, IVA e incluso sociedades), no es de extrañar la voracidad de la ingeniería fiscal de nuestros imaginativos ministros de Hacienda.

    Y si esto lo unimos a un estado elefantiásico e hipercomplejo por los pactos obsoletos, inacabados, incumplidos y peor diseñados de nuestra estructura territorial, lo que estamos teniendo como dicen los anglosajones es un mayor “cost of doing business”, es decir, España es un país más caro, menos simple, para crear y desarrollar proyectos.

    Y mientras, buena parte de la población, en la encrucijada de la falta de expectativas porque se apostó por un modelo económico basado en infraestructuras de cemento en lugar de “ladrillos de conocimiento”, es comprensiblemente proclive a argumentos populistas que no son sino un experimento social y económico de final desastrosamente imprevisible. Y de imposible ejecución. Y ayudados por ese bipartidismo esclerótico y trasnochado que se ha turnado en el gobierno de las instituciones españolas en los últimos 30 años.

    Este es el panorama que enfrentan los estados, gestionar las expectativas de sus ciudadanos que no quieren perder “conquistas sociales”. Y lo único que se les ocurre es a los políticos es o dejar que el mercado cree riqueza por sí sólo, o retorcer el brazo fiscal a los “ricos” que se dejen o a la cada vez más exigua clase media con el argumento de que no tenía otra opción “ante lo que heredamos”.

    Hay otra política económica posible: la de repensar un modelo de estado con un coste anual de casi 500.000 millones de Euros, casi el 50% del PIB. ¿No somos capaces de imaginar una estructura de estado más simple, moderna, eficiente y barata en el siglo XXI? Poco futuro tenemos si pensamos que estructuras del siglo pasado, y que vueltas a la inversión pública del “cemento” y el gasto corriente directo e indirecto son la solución de futuro para España.

  5. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    Me parece muy acertado el análisis de la situación y, sobre todo, la aproximación a lo que la palabra “populismo” parece encerrar. Un ligero comentario a Pedro Luis sobre Noruega, Suecia y Dinamarca: sus sociedades son tan diferentes a la nuestra que será siempre un error querer “copiar” sus sistemas de gobierno.
    Volviendo al tema del artículo. Efectivamente, aunque ahora se haya puesto de moda la palabra “populismo” y se repite como un mantra, me parece que no todos le dan el mismo significado. Para unos sería el recoger las aspiraciones sociales y transformarlas en actos o decisiones políticas (lo que sería un ejemplo de mandato democrático imperativo); para otros parece ser el desprecio por tales aspiraciones porque los pueblos no saben lo que quieren, en cambio los grupos de intereses (económicos sobre todo) sí lo saben. ¿Cómo repercute eso en la política? Con gobiernos teledirigidos o endeudados de una u otra forma con políticas “populistas” que se limiten a poner en circulación “dinero-basura” pero que tienen su sentido al endeudar (someter) a los que caen en la trampa.
    La fiscalidad justa debería “ajustarse” en el gasto público y en su control, cuestión ésta que, como es lógico, ningún gobernante (endeudado y comprometido políticamente) quiere abordar. La estabilidad presupuestaria es tan elemental como la estabilidad presupuestaria doméstica: no gastar más de lo que se dispone. Eso lleva a la autonomía, independencia y libertad pero, en un mundo de “imperios” ¿quien quiere individuos, sociedades o estados libres? En mi opinión ese es el fondo de la cuestión por más que queramos adornarlo con técnicas o ingeniería tributaria que, en todo caso, deben estar al servicio de los ciudadanos.
    Un último apunte solicitado por el autor: parece ser que para un salario medio de 20.000/30.000 euros, la carga fiscal supone estar trabajando para el fisco hasta el mes de mayo cada año según algunas referencias. A partir de junio ya puedes trabajar para tí. Así se mantiene el tinglado.

    • Lacayo Paria Cordero y Borrego
      Lacayo Paria Cordero y Borrego Dice:

      Muchísimas gracias, por explicarlo de una forma tan sencilla y clara, para que un “analfabeto” y profano, como yo, lo pudiese entender.

      “La estabilidad presupuestaria es tan elemental como la estabilidad presupuestaria doméstica: no gastar más de lo que se dispone. Eso lleva a la autonomía, independencia y libertad.”

      En un mundo de “imperios” ¿quien quiere individuos, sociedades o estados libres?

  6. Ciceron
    Ciceron Dice:

    Hay una errata “Resulta contradictorio, que cuando los gobiernos populistas no han traído hasta aquí, se piense que serán gobiernos populistas los que no van a sacar de ésta” –> entiendo que quiere decir “Resulta contradictorio, que cuando los gobiernos populistas noS han traído hasta aquí, se piense que serán gobiernos populistas los que noS van a sacar de ésta”

  7. G.P.
    G.P. Dice:

    Los comentarios que por aquí se ven hoy son alucinantes.

    “La estabilidad presupuestaria es tan elemental como la estabilidad presupuestaria doméstica: no gastar más de lo que se dispone.”

    ¿En serio? O sea, que ya no se puede pedir crédito. Si quieres coche, primero a ahorrar eurito a eurito. ¿La tele? Primero ahorrar eurito a eurito. ¿Una casa? Nada de hipoteca: eurito a eurito, y cuando se tenga todo ya se puede comprar ¿no? El que no tenga la pasta a tocateja no consume. Un capitalismo sin créditos. Ah, y para el estado, al parecer aquí se aconseja lo mismo: ¿infraestructuras? Primero ahorrar durito a durito ¿Que hace falta un puente, un puerto, una linea de ferrocarril, un hospital? Pues hasta que no se pueda pagar a tocateja, no se hace por mucha falta que haga. Y esto no es demagogia ni populismo, claro…

    “Noruega, Suecia y Dinamarca: sus sociedades son tan diferentes a la nuestra que será siempre un error querer “copiar” sus sistemas de gobierno.”

    Este argumento, que produce vergüenza ajena, se lo hubiera aplicado Franco muy contento. Por ejemplo, podía haber dicho: la sociedad española es tan “diferente” que siempre será un error instaurar aquí un régimen de libertades democráticas.

    ¿Para qué molestarnos en intentar mejorar, no? Somos tan diferentes…

    “parece ser que para un salario medio de 20.000/30.000 euros, la carga fiscal supone estar trabajando para el fisco hasta el mes de mayo cada año según algunas referencias. A partir de junio ya puedes trabajar para ti.”

    ¿Y los servicios que se reciben todo el año? ¿Esos no cuentan? ¿Las carreteras que se usan se hacen solas? ¿Los policías que cuidan de que no le roben lo que gana “a partir de junio” lo hacen gratis? ¿Los profesores dan clase por amor a sus niños? ¿los médicos le curan alimentándose del juramento hipocrático?

    El gran problema que tenemos en España (parecido al que ya se tiene en buena parte del mundo occidental), es que los representantes del pueblo no representan al pueblo. Representan al Ibex35. Y como es lógico, una democracia así, por definición, no funciona. Las decisiones se toman para beneficiar a los auténticos representados, y a los electores se les ofrece lo mínimo y con buenas dosis de demagogia para que sigan creyendo en la farsa. O cambiamos esto, y los representantes representan a los que les votan haciendo que la legislación y el gasto sea en interés del representado, que es el verdadero sentido de la democracia (y es lo que ocurre en los países nórdicos que tanto nos sorprenden) o aquí nunca cambiará nada… excepto para ir a peor.

    • O,Farrill
      O,Farrill Dice:

      Estimado G.P. Creo que no ha entendido nada pero hoy no tengo ganas de entrar a hablar del PIB o de los recursos propios y su relación con las economías “reales” o con el “capitalismo social”. Otro día será. Un cordial saludo.

  8. Pedro
    Pedro Dice:

    ¿Qué estaríamos diciendo si fuera un Gobierno socialista el que hubiera modificado el sistema de elección del Consejo General del Poder Judicial para que sus miembros en lugar de ser elegidos por consenso lo sean solo por la mayoría?

    ¿Qué estaríamos diciendo si fuera un Gobierno socialista el que hubiera cargado todos los organismos de regulación y control económicos y sociales, copando la Comisión Nacional de la Competencia, RTVE, el Tribunal Constitucional…?

    ¿Qué estaríamos diciendo si fuera un Gobierno socialista el que hubiera permitido que se realicen en España legalmente más de 100.000 abortos al año?

    ¿Qué estaríamos diciendo si fuera un Gobierno socialista el que hubiera permitido que los homosexuales se casen, el divorcio express o las sedaciones mortales en los hospitales?

    ¿Qué estaríamos diciendo si fuera un Gobierno socialista el que hubiera logrado frenar el descenso de los fallecidos por accidentes de tráfico, laborales o por violencia de género?

    ¿Qué estaríamos diciendo si fuera un Gobierno socialista el que hubiera permitido escenas como cientos de inmigrantes subsaharianos corriendo por la calles de Ceuta o Melilla tras haber saltado la valla?

    ¿Qué estaríamos diciendo si fuera un Gobierno socialista el que hubiera mantenido miles de Ayuntamientos, Diputaciones Provinciales, Comunidades Autónomas, con sus instituciones, empresas, asesores, etc…?

    ¿Qué estaríamos diciendo si fuera un Gobierno socialista el que hubiera permitido que en 3 años el número de presos de ETA haya pasado de 650 a 400, habiendo salido más de 200 libres?

    ¿Qué estaríamos diciendo si fuera un Gobierno socialista el que hubiera permitido que los batasunos gobiernen en multitud de Ayuntamientos e incluso Diputaciones Forales?

    ¿Qué estaríamos diciendo si fuera un Gobierno socialista el que hubiera permitido la celebración de un referéndum inconstitucional sobre la independencia de Cataluña?

    ¿Qué estaríamos diciendo si fuera un Gobierno socialista el que hubiera tenido en su partido todos sus tesoreros procesados por corruptos?

    ¿Qué estaríamos diciendo si fuera un Gobierno socialista el que hubiera pagado las sedes, obras y campañas electorales de su partido con dinero negro sin declarar a Hacienda?

    ¿Qué estaríamos diciendo si fuera un Gobierno socialista el que hubiera tenido un Presidente del que la persona que él nombró tesorero de su partido dice, en sede judicial y aportando documentación, que se llevaba miles de euros en sobres?

  9. Santos Gil Carretero
    Santos Gil Carretero Dice:

    Muy agradecido a todas las observaciones de Manu Oquendo, García Abad, Titos, O. Farrill, Lacayo, Cicerón, G.P. y Pedro que desarrollan y aclaran mis ideas. Me disculpo por contestarles con cierto retraso, pero como se sabe la jubilación es la época donde uno encuentra menos tiempo para hacer cosas. De hecho, son la edad y los antecedentes profesionales los que hacen que me preocupe especialmente la sostenibilidad del sistema de pensiones, que a mi modo de ver solo resultará posible en el medio y largo plazo creando un “fondo nacional de pensiones” (quizás con el patrocinio de bancos y compañías de seguros), al estilo de los grandes fondos privados de naciones más avanzadas en este campo. Lo contrario es no querer ver la que se nos viene encima. A mi edad, mi preocupación es más más por el futuro de los lectores y colaboradores de este Blog que por uno mismo.
    Debería permitirse la capitalización individual con estímulos para aportaciones voluntarias. Ello es compatible con mantener la protección complementaria del Estado para garantizar pensiones mínimas. Se necesita ser responsables de nuestras pensiones y pensar en ello desde que se comienza a trabajar, aunque el “carpe diem” que preside el imaginario colectivo actual no ayuda precisamente a ese proceso. Tampoco las maniobras florales con que despachan este asunto los partidos políticos y algunos Think-Tanks.

    De hecho, ¿dónde nos lleva la tendencia actual? Pues como señala Oquendo, con la “paquita universal” todos acabaremos en “Cáritas laboral”. Veamos lo que está ocurriendo en el campo financiero. Recientemente en El Economista destacaba: “el manguerazo de liquidez, que ha supuesto para la zona euro la implantación de la compra masiva de activos o Quantitive Easing (QE)del BCE, ha tenido efectos inmediatos y positivos sobre la renta variable, la deuda pública y el euro. La medida ha puesto en circulación dinero que busca rentabilidad en bolsa o en fondos. Las gestoras de fondos en solo dos meses han mejorado sus ganancias un 8 por ciento, unos beneficios históricos que catapultarán a estos organismos”.

    ¿CONCLUSIÓN? Pues que estos gestores sin duda no tendrán que preocuparse por sus futuras pensiones, mientras que los tenedores de fondos de pensiones ven cómo la bajada de tipos de interés deprecian sus rendimientos a la vez que la depreciación del euro devalúa sus capitales. Se trata de ver cómo funciona la democracia en algunos ámbitos financieros.

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