Los bonobos, el Estado de Derecho y las multinacionales en España

Sabemos por el famoso primatólogo Frans de Waal que la justicia (la moral, la equidad) es biológica. Más que un constructo cultural o religioso (que también), la justicia está inscrita en nuestros genes de primates que compartimos con chimpancés, bonobos o macacos.

Pero también somos tramposos. Buscamos el interés individual y no nos importa mentir, engañar o ser injustos con tal de conseguir nuestros objetivos.

Al principio todo era más fácil, los seres humanos vivíamos en pequeñas comunidades de cazadores-recolectores donde todos se conocían y mantener el orden era relativamente simple. Fue con el desarrollo de la agricultura que nuestra especie se hizo sedentaria y comenzó a construir ciudades cada vez más grandes. La ley escrita se hizo necesaria.

Somos una especie que, conocedora de sus defectos, se impone mandamientos. Necesitamos alguien que nos vigile. Como no nos fiamos de nosotros mismos nos dotamos de reglas y normas que nos dificulten realizar comportamientos inadecuados. No es casualidad que nos haya llevado cerca de 100.000 años el esfuerzo civilizatorio de desarrollar la democracia y el estado de derecho.

En el terreno empresarial, que es el ámbito en el que plantean las propuestas de este artículo, las normas y su efectividad son fundamentales para garantizar la seguridad jurídica, el cumplimiento de los contratos, la libre competencia y la meritocracia que deberían estimular el ingenio y promover el crecimiento económico y el empleo que tanto necesitamos.

La democracia española es joven, también los son las multinacionales españolas, al menos tal y como las entendemos hoy en día.

Nuestro tejido empresarial se ha desarrollado tradicionalmente alrededor del poder y sólo recientemente hemos creado grandes compañías multinacionales que se encuentran entre las mejores del mundo en los sectores de las comunicaciones, las finanzas, la energía, la moda o las infraestructuras.
Sin embargo, no siempre hemos sabido romper el lazo con el poder ni garantizar un mercado donde prime el mérito.

Desde aquellos empresarios de la transición que registraban a sus mujeres como empleadas del hogar para asegurarse las prestaciones sociales al encarcelado ex presidente de la CEOE o a servidores públicos, por todos conocidos, encausados por adjudicar contratos a empresas a cambio de prebendas económicas, parece que no hemos aprendido nada.

¿Sigue siendo nuestro capitalismo “castizo”, no meritocrático?, ¿cómo podemos mejorar la calidad institucional de nuestras empresas y promover así un modelo más cercano a determinados países de nuestro entorno con comportamientos más éticos, que recompensan la valía y no la cercanía al poder?
La tesis de este artículo es que, en efecto, hay mucho que aprender, que existe otra forma de hacer las cosas y que el camino a seguir nos lo muestran, en muchos casos y en contra de algunos prejuicios muy extendidos, las grandes compañías multinacionales que triunfan en un mundo globalizado.

Las empresas extranjeras, representando menos del 1% del total, dan cuenta de un tercio del volumen de negocio nacional y emplean a más de 1,2 millones de personas (datos de 2012, Secretaría de Estado de Comercio).

Son empresas que, por su configuración y plena integración en las cadenas globales de valor, se encuentran sujetas a tres fuerzas de una influencia imponente:
• En primer lugar, una regulación eficaz, fundamentalmente de origen norteamericano, surgida como respuesta a los escándalos financieros ocurridos en los últimos años de la década de los noventa del pasado siglo y en los primeros años del actual.
• En segundo lugar, la creciente importancia que, para los resultados empresariales, tiene el mantenimiento de la reputación en el actual contexto globalizado de comunicaciones instantáneas.
• Por último, la aparición de un nuevo espíritu que pudiera estar orientando la actividad empresarial y que tiene como manifestación más conocida el desarrollo de la responsabilidad social en las empresas, pero también está presente en el surgimiento de nuevas perspectivas acerca del mundo de la gestión y sus objetivos, como tal, la del valor compartido del otrora gurú de la estrategia Michael Porter.

Como manifestación de la primera fuerza, baste mencionar la Ley Sarbanes-Oxley, de EE.UU., que fue publicada en 2002 con el objetivo de monitorizar a las empresas que cotizan en bolsa y mejorar las prácticas de gestión empresarial. Esta Ley supuso el inicio de una corriente regulatoria posterior del gobierno corporativo. Algunas de las medidas concretas de obligado cumplimiento son: la certificación de los informes financieros, los controles internos o la realización de auditorías externas independientes. Igualmente, la regulación introdujo sanciones, en algunos casos muy relevantes, ante su incumplimiento.

En este contexto de control y transparencia en un mundo globalizado e interconectado, surge la reputación de las compañías como un valor intangible crítico, su fondo de comercio, y ello convierte la responsabilidad social corporativa en un elemento tractor de los negocios recogido en la publicación de las memorias anuales. Vemos a empresas haciendo donaciones, creando fundaciones, patrocinando actos sociales.

¿Lo hacen por un impulso altruista fruto de nuestra justicia biológica? No. Lo hacen porque persiguen su propio interés y beneficio. Porque compiten en un entorno que se ha dotado de las normas adecuadas de transparencia, control y comunicación y que ha erigido la reputación como un elemento clave de supervivencia empresarial.

Es el capitalismo de la transparencia frente al capitalismo “de amiguetes”.

Con el fin de obtener y mantener una buena reputación, las empresas definen un diseño institucional que tiene en cuenta dos componentes básicos.

El primero es el establecimiento de unos principios éticos que sienten las bases del comportamiento de la organización. En España esto lo hemos sabido hacer muy bien. Ya no hay empresa que no tenga pinchado en la pared el poster con los principios éticos de la compañía. El problema es que ahí se quedan, colgados de la pared junto al calendario del año pasado.

¿Qué se les escapa?

Fundamentalmente la traducción de ese código ético (tan bonito en el afiche) en normas y reglamentos de obligado cumplimiento en todos los ámbitos de la vida organizativa, diseñados de tal manera que resulte si no imposible, al menos muy difícil eludirlos. A continuación enumeramos algunos ejemplos aplicables a diferentes ámbitos de la actividad empresarial:
• Los empleados: creación de la figura del “mentor”, persona que, fuera de la línea de mando del empleado, se encarga de velar por su desarrollo profesional y de intervenir en caso de conflicto sin otro interés que el de cumplir con su propio cometido como “mentor”.
• Los proveedores: procedimientos de homologación de empresas subcontratistas independientes, muchas veces localizados en espacios geográficos distintos y con procedimientos de interlocución gestionados a través de Internet. Son procesos despersonalizados y totalmente desconectados de los intereses de negocio del solicitante con el objeto de comprobar la solvencia financiera y la reputación de las empresas con las que se trabaja, al tiempo que se garantiza la inexistencia de conflictos de intereses en las contrataciones.
• Los competidores: prohibición de compartir información sensible y de contratar personas de la competencia con el único objeto de acceder a información confidencial de otras compañías, una vez más mediante procedimientos de autorización gestionados por unidades no imbricadas en la cadena de toma de decisiones de negocio.
• Los clientes: autorización previa y control de regalos o comidas con clientes, principalmente si se trata de cargos o empleados públicos, siempre mediante procedimientos despersonalizados y desconectados de la organización ante la que se responde de manera directa, además de estar soportados por procedimientos de análisis de perfiles y comportamientos atípicos que desencadenen auditorías internas periódicas.
• La sociedad: prohibición de realizar trabajos en países corruptos, dedicación de recursos financieros y humanos a obras sociales, etc.

Podríamos escribir otro artículo de malas prácticas de las empresas multinacionales, no pretendemos hacer una defensa sin matices, tan sólo queremos destacar aspectos que, por positivos, consideramos debieran ser emulados por muchas empresas españolas.

Tenemos un sentido natural de la justicia pero, por encima de ello, buscamos nuestro interés personal. Esto puede encauzarse por vías equivocadas (corrupción) o por medios que, con todos los matices que se quiera, nos beneficien a todos: estado de derecho, meritocracia, reputación, libre competencia, normativa anticorrupción. Las personas no somos más o menos éticas en función del país en el que vivimos o la empresa en la que trabajamos, lo que nos diferencia son las instituciones, las normas que nos imponemos y la efectividad de las mismas.

Pedro Blanco y Manuel Torres, consultores

BIBLIOGRAFÍA:
Qué hacer con España, César Molinas
El declive de los dioses, Mariano Guindal
Por qué fracasan los países, Acemoglu y Robinson
El bonobo y los diez mandamientos, Frans de Waal
Creating shared value, Michael Porter

15 comentarios
  1. Gonzalo García Abad
    Gonzalo García Abad Dice:

    Me parece una apróximación muy valiosa a la importancia de las normas en la empresa. Las normas pueden aportar mucho a la credibilidad de las empresas en sus relaciones internas y externas, lo que disminuye los riesgos y favorece las transacciones económicas. Sin embargo, el problema no está sólo en las normas en sí, sino también en que estén formuladas de tal modo que las fuerzas internas de la empresa, las fuerzas del mercado o la intervención pública hagan creíble que esas normas se van a cumplir. Es decir, lanzan un reto a la empresa, porque se pueden convertir en un arma de doble filo. Si se cumplen, y eso es constatable, fortalecen a la empresa; si no se cumplen, la empresa sale debilitada.
    Y otro aspecto muy importante es cómo la empresa puede ser capaz de introducir normas que la den credibilidad sin matar la creatividad, que por definición implica en algún grado salirse de esquemas establecidos.

    Un cordial saludo.

    • Pedro Blanco
      Pedro Blanco Dice:

      Gracias, Gonzalo. Tu comentario sobre la creatividad es muy pertinente. Es un hecho la deriva burocratica de las grandes corporaciones y su efecto limitador en lo profesional y opresivo en lo personal. Este asunto da para otro articulo, sin duda

  2. KC
    KC Dice:

    Estimados autores, este es un buen artículo para hacer entender a juristas y economistas principiantes (o no principiantes, sino muy especializados que no tienen ni pajolera idea sobre otras materias). De todas formas les felicito porque venir a un blog de juristas-economistas y ponerse a escribir sobre “monos” y psicología conductual no es lo típico en lugares donde creen que las normas se hacen solas o caen de bóvedas celestes. De todas formas, este último párrafo… Las personas no somos más o menos éticas en función del país en el que vivimos o la empresa en la que trabajamos, lo que nos diferencia son las instituciones, las normas que nos imponemos y la efectividad de las mismas. Repánselo porque es absolutamente ilógico e incoherente. Precisamente un país-empresa tiene unas normas en base al concepto específico que encierra cada “país” o “empresa”. No se puede decir “Las personas no somos más o menos éticas en función del país en el que vivimos (a) y luego decir (b): “lo que nos diferencia son las instituciones (que precisamente son distintas en cada país y funcionan de muy distinta forma por pertenecer a un país u otro), las normas que nos imponemos (que precisamente se hacen distintas dependiendo de cada país) y la efectividad de las mismas (que precisamente serán más o menos efectivas dependiendo del país o empresa). Por supuesto que el nivel promedio ético de una persona va a depender, en un amplio espectro, del país en el que haya nacido. Si esto no lo tenemos claro, mal vamos…

    • Pedro Blanco
      Pedro Blanco Dice:

      Estimado viajero espacial, tiene ud. toda la razón en su comentario sobre la redación del último párrafo. Lo que pretendemos decir, no obstante, es que una misma persona se comportará más o menos éticamente no sólo por su naturaleza sino por las condiciones ambientales. Yo puedo ser muy ético pero si el entorno me facilita e incluso premia la realización de comportamientos inadecuados, es probable que los realice. Y si me los dificulta, tal vez pueda irme a casa a diario pensando que soy un ejemplo de honradez. Y eso me puede pasar en el mismo país si cambia de normas o en el mismo país si cambio de empresa. Por otra parte, en ese párrafo hablamos de personas que, como ud. o como yo, no admiten medias ni desviaciones típicas. Dicho esto, entiendo el matiz que ud. aporta y sus comentarios me han resultado de gran interés.

    • KC
      KC Dice:

      Debí de entenderlo mal, Pedro, ahora me queda más claro y más coherente. Y precisamente por ello, por vivir en un país que tiene una cultura determinada (porque convendrás conmigo en que no todos los países tienen la misma cultura), el concepto de ética que pueda tener una persona va a variar (no ya debido a lo innato, que en estos términos serán mucho menores, sino debido al ambiente, a lo aprendido. Ya digo, al menos en estos términos). El mismo Ortega lo expresó muy claramente en su famoso “Yo soy yo y mis circunstancias”, que es una de las frases más sabias que alguien con dos dedos de frente puede decir cuando entiende, de forma objetiva, cómo funcionan estas cosas. ¿A qué “circunstancias” se refería Ortega? Pues obviamente a todas, tanto las innatas como las aprendidas, pero sobre todo a las “fáciles” de cambiar: las aprendidas. De todas formas, cambiar de empresa en un mismo país es “sencillo” (en según cuáles más que otro por diversas cuestiones) y por tanto ahí sí podría darse vuestra conclusión, pero lo de cambiar de país lo veo más complicado… y lo de cambiar de normas… ¿Qué se hizo antes el huevo o la gallina? Para entender por qué tus normas no hacen funcionar un sistema debes de entender en qué las basas. Ya no sólo eso, debes entender por qué pueden funcionar a un corto o medio plazo, pero no uno largo. Luego habría que ver si a la mayoría apegada al tejido legislativo y su camadería le interesa que esas normas cambien o sean inmutables. Y así con muchas cosas. En realidad lo jurídico no tiene por qué saber de esto, porque es incapaz de entender la psicología humana más allá de las sanciones para evitarlas. Pero es que sancionar te ayuda, pero no te soluciona. Es mucho más complejo. Y se llama Historia.

      • Manuel Torres
        Manuel Torres Dice:

        Muchas gracias por tus comentarios, en mi opinión un buen diseño institucional es posible en contextos culturalmente muy diferentes, lógicamente si se dan unas mínimas condiciones de libertad y democracia; en ese sentido, una parte fundamental de nuestra argumentación es precisamente que esa constante apelación a nuestra “cultura latina” es una mala excusa para no impulsar la creación de reglas justas y efectivas dentro de las empresas que garanticen el juego limpio, el respeto a las leyes y el compromiso con el desarrollo económico y social del país. No hay nada cultural en impedir un procedimiento ciego de aprobación de proveedores, tan solo intereses espurios que debemos vencer.

    • KC
      KC Dice:

      No hay nada cultural en impedir un procedimiento ciego de aprobación de proveedores, tan solo intereses espurios que debemos vencer.

      Manuel, te estás desviando. Lo cultural de la acción no está en la acción en sí misma, sino en cómo se considera por el sujeto y cómo “lo que le rodea”, la generalidad, lo circunstancial, el ambiente o como diantres quieras llamarlo, afecta a su toma de decisiones en las acciones concretas. También en cómo la costumbre cultural de un área puede tomar esa acción (lo consuetudinario es muy susceptible de basarse en criterios no especialmente válidos). Claro que hay “intereses espúreos” en manipular un procedimiento concreto, pero eso no sería realmente problema si la cultura circunstancial que te rodea lo considerara de otra forma. Es precisamente ese “considerar” general, global, de un conjunto histórico/geográfico, lo que hace que ese “procedimiento ciego de aprobación de proveedores” vaya a darse una vez cada X o que se normalice de tal forma que pase a ser parte del sistema. En general, la cultura “latina-hispana” no tiene ni puñetera idea económicamente hablando, en primer lugar porque no sabe qué significa un sistema. Y no lo sabe porque no lo entiende (hay un grave problema de diferenciación en el ámbito hispano en relación a saber-entender). Pero vamos, que ni siquiera economistas y juristas de cierta relevancia, sobre los que he leído, a menudo, auténticas burradas, por no decir gilipolleces.

  3. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Entonces, si lo he entendido bien -comentarios de KC incluidos al que noto hoy algo edulcorado – los bonobos tenían unos mentores, uno de los cuales es F. de Waal al que hay que creerse a pies juntillas, y otros primates fundan unas compañías muy éticas que se forran y, para lavarse la cara y sentirse mejor, en vez de dar limosna al pobre del híper, montan un departamento de RSC – para lo que desembolsan notorias sumas a consultores y “compliance managers”, éstos abogados, claro – y quedan estupendamente bien con todos, incluyendo los Sres. Sabarnes y Oxley que no es que fueran ni bonobos ni mentores sino autores de normas escritas tras 100.000 años, minuto arriba o abajo, aunque la Historia en realidad tiene unos 12.000 o 15.000 y la prehistoria (en la que aún no habíamos descubierto la escritura) unos milloncejos de años (en horario de verano), de modo que la ética de los primates ya no es tanto algo enraizado en la biología sino en las instituciones, pero la educación y las convicciones aprendidas en todo esto no tienen nada que ver. De todo lo cual se deduce que los monos no primates de la Península Ibérica ya sólo viven en la Piedra de Tarik porque allí el contrabando es más ético y homologado entre los diversos “stakeholders” que crean la bonita flecha de la cadena de valor del valioso inteligente ranchero de Montana. ¿Es eso, verdad, Sres. autores y/o KC?…O tal vez me he perdido…Ah, bueno, ya lo entiendo: que Enron y Andersen son empresas güay mientras que las de Hespérides son otra cosa; los supuestos convolutos de Siemens y H. Köhl son respetables, pero los presuntos de Talgo o CAF con sus correspondientes son peores. Va a ser que me he extraviado. Firmado: CK.

    • Pedro Blanco
      Pedro Blanco Dice:

      Como a mi siempre me gusta buscar puntos de acercamiento, estoy encantado de coincidir con Ud., Sr. Casas, en la existencia de los bonobos. Y le reconozco la genialidad de la firma, que define su posición con precisión. Un abrazo.

    • Manuel Torres
      Manuel Torres Dice:

      Gracias por su divertida y aguda crítica, sin embargo, le diría que nuestra torpe argumentación iba en otra dirección: el comportamiento de Enron y Andersen resultó tan inaceptable que transformó totalmente la regulación de los negocios en los Estados Unidos y borró del mapa a una compañía con 100 años de historia y miles de empleados en todo el mundo, podría Usted ayudarme a encontrar algún caso similar al Sur de los Pirineos?

    • KC
      KC Dice:

      Jesús, lo de la edulcoración debe ser que cada vez me importa menos el asunto general, que es lo que parece suceder con esos relajados y sonrientes desgraciados que se ven en televisión a diario. Debe ser eso, que como ya no me importa tanto, la tensión lo agradece y parece que vaya todo el día “entilado”. Yendo a tu comentario, aunque no lo creas, todo está bastante relacionado, incluso el hecho de que de repente hables de un ranchero de Montana y acabes con el Talgo (eso sí es un buen efecto mariposa, desde luego). Obviamente, las generalizaciones no son perfectas, pero para entender conductas generales te puedo asegurar que sí. Entre otras cosas, yo he vivido en varios países como para darme cuenta perfectamente de esas pequeñas cosas que, cuando las analizas profundamente, entiendes que no se producen por azar o casualidad -como obviamente suceden otras-, sino que pertenecen a un conjunto de “cosas” que vienen de muy atrás. Pero no es que lo diga yo, es que lo dice la Psicología, la Antropología, la Historica comparada (la Prehistoria difícilmente porque ahí todavía eramos lo mismo), etc. Ahora bien, que esto quiera o no quiera verlo alguien, no es lo importante. Como no es importante que haya nadie que escuche cuando la fruta cae de la rama y se produce el sonido. Porque el sonido, sus ondas, su impacto físico, seguirá existiendo más allá de que haya un oyente en ese momento.
      Por cierto, no sabía que eras Calvin Klain bajo seudónimo de Jesús Casas. No suelo usar tu marca, pero sí la he visto alguna vez. Eso es que habéis invertido bien en publicidad, jeje. Un saludo.

    • KC
      KC Dice:

      Efectivamente, Manuel Torres, el caso es que EEUU, al que tenemos como ejemplo de libertad, de democracia, etc, sabe perfectamente regular sus mercados (¡oh, regulan los mercados! Es decir, ¡ponen leyes, límites y las hacen cumplir!) y no le tiembla la mano para sancionar cualquier conducta que ellos entiendan como dañina a plazo largo. Hay otro ejemplo claro, que fue el tema aquel de las pulseras mágicas y la publicidad engañosa. Eso no era un negocio, ni una empresa, ni innovación ni ninguna imbecilidad de las que tuve que leer en su momento. Era un puro, absoluto y perfecto engaño que rayaba la estafa desde que empezó a gestarse (y que tenía que ver con el tema piramidal, como no podía ser de otra forma). Negocios así en países como España los he visto a diario, auténticas estafas. Al cabo del tiempo, la multa por parte de EEUU fue muy alta, en España fue absolutamente ridícula. ¿Por qué? Bueno, se podría resumir muy bien explicando que una ministra socialista de Sanidad llevaba la pulsera (¡la de Sanidad, ni más, ni menos!) Creo que eso explica bastante bien el tema a la hora de diferenciar cosas.
      Obviamente, que EEUU entienda cómo debe regularse un mercado cuando para el idiota español la libertad es = a puedo hacer lo que me dé la gana, tiene unas causas que serían lo complicado de explicar en un pequeño comentario de blog perdido por la Red. Y eso que yo defiendo que EEUU, al lado de UK, sigue siendo un niño caprichoso que muchas veces hace todo tipo de idioteces. Pero claro, se pone uno a comparar cuestiones mediterráneas con sajonas o germánicas y, con que sea un poco honesto, va a llamar a las cosas por su nombre. Dicho esto, sí, en EEUU también hay todo tipo de personajes, pero en general el sistema, dentro de su complicada población -no es lo mismo un Estado de 3, 15, 50 millones que uno de 800 o 1000-, funciona bastante bien (dentro de la relatividad, obviamente, porque desde luego podría funcionar mejor). Pero vamos, que esos países también tengan sus “cosas”, no exime a otros de tener mucho peores las suyas. Y desde luego que ni España-Portugal, ni Italia, ni Grecia, curiosamente antiguas grandes civilizaciones, pueden decir, en cuanto a sistemas, que sean ejemplo de nada. El que lo quiera escuchar, bien, el que no, el sonido seguirá existiendo cuando la fruta cae.

  4. De Lege Ferenda
    De Lege Ferenda Dice:

    – “Los demás partidos son unos ladrones!!” Votad a Pepe!
    – “Los ladrones sois vosotros”, votadme a mi!!
    – “Y tu más”.
    – “No, tu más”.
    En ese momento, el presentador interrumpe el debate, señalando – “Bueno, una vez conocidas las propuestas electorales de los partidos cuyos candidatos se presentan a las elecciones, los votantes podrán ejercer su derecho a voto con mayores garantías”.

  5. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    El artículo comienza poniendo en boca de un antropólogo la idea de que la moral es cosa de la biología.

    Dado que me he pasado la vida cumpliendo la Foreign Corrupt Practices Act http://www.gpo.gov/fdsys/pkg/STATUTE-91/pdf/STATUTE-91-Pg1494.pdf así como el resto de pronunciamientos de la SEC y de la FASB sobre conducta y registros corporativos me voy a ocupar en la frase en cuestión.

    ¿Cuál sería la fuente de nuestros criterios morales a la luz de lo que hoy se sabe?
    Desde luego no la Biología que solo es manifestación efímera de la naturaleza profunda del ser.

    Si en vez de preguntar a un biólogo preguntamos a un físico actual, —un especialista en física de cuerdas, por ejemplo– probablemente nos responderá que somos “Una Función de Onda” y procederá a describir algunos rasgos del comportamiento ondulatorio en cuestión en sus múltiples manifestaciones a lo largo de la línea del tiempo.
    Si preguntamos a un ingeniero de sistemas responderá que lo importante son las relaciones entre sus elementos y entre el conjunto y su entorno. Muy cerca del físico.

    El biólogo estudia una parte muy limitada de la realidad y no se adentra en su esencia.

    Por esto hacen caso omiso de nuestra naturaleza como función ondulatoria de partículas y se fijan en nuestros hermanos menores, otros primates, pretendiendo, a partir de su noble mirada, adivinar por qué la nuestra deja de serlo tantas veces.

    Si ya nos resulta complicado definir lo que vemos imaginemos aquello que ni siquiera vemos como es el caso cuando dichas partículas se hacen menores de 10^-30.

    De lo anterior también es posible deducir que nuestro comportamiento está inextricablemente relacionado con aquellas partículas que todavía no son medibles pero que los físicos ya han desligado del concepto clásico de materia y masa para circunscribirlo al de energía y fuerza. El refugio del espíritu primigenio.

    Vamos, que Darth Vader estaba bastante bien encaminado cuando recordaba a su hijo Luke Skywalker aquello de “Luke, I am your father” .

    A esos niveles es imposible no pensar en las capacidades evolutivas que tal fuerza encierra y cuyas manifestaciones no dejan de asombrarnos cada día.

    Por un instante la Metafísica renace, nuestra ignorancia se muestra insondable y lo que nos queda por adivinar….fascinante.

    Lo anterior me vino a la mente cuando los autores decían aquello de que “No nos importa mentir, engañar o ser injustos con tal de conseguir nuestros objetivos”. ¡Vaya!

    Hombre, esto sólo es cierto algunas veces y cuando lo es tampoco sucede porque no nos importe ni deje de tener consecuencias.

    El bien y el mal arrancan del espíritu, de aquella partícula que nunca llegaremos a ver pero que nos da la oportunidad de Discernir y de Elegir……sin tanta norma escrita.

    Saludos y gracias por el artículo

  6. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Debatir, en sí mismo, es agradable, aunque, uno esté de vuelta. Acaso porque debatiendo se sabe que no se sabe. Un saludo cordial a los autores, a KC a Calvin & Hobbes y a todos los demás. 🙂

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