HD Joven: ¿Liberalismo a toda costa? (la guerra del vino)

En la (peligrosa) maraña legislativa en la que vivimos, con tres instituciones (UE, Estado y CCAA), en el mejor de los casos, legislando a un ritmo frenético en gran parte de las materias del día a día, ha llamado mi atención –seguramente por ser un asunto capital del que tanto depende la economía de mi tierra (La Rioja)– la presión que puede ejercer un sector (lo que ahora se denomina lobby) –el vitivinícola– en el legislador, tanto comunitario, como nacional, como si me apuráis, autonómico.

Las denominaciones de origen (DO) e indicaciones geográficas protegidas (IGP) constituyen un elemento fundamental en el desarrollo de las regiones rurales de gran parte del territorio nacional. El fin de una DO o de una IGP es doble: por un lado diferenciar el producto de una determinada zona, ya que tiene unas características y calidades que le hacen único; y por otro lado, proteger los productos que se producen en esa zona, haciendo que cumplan con una serie de requisitos en su producción, origen y características que les hagan merecedores de ostentar esa DO o IGP. Pues bien, ese papel de guardián lo realizan, en gran medida, los Consejos Reguladores.

Dentro de la faceta “ultra-liberalizadora” que caracteriza a las instituciones de la UE, tantas veces criticada desde nuestro país, la última polémica con el sector agrícola ha sido por el asunto de la liberalización de las plantaciones. Desde hace una década han sonado campanas liberalizadoras en el sector vitivinícola desde Bruselas, promovidas originalmente por la comisaria de Agricultura, Mariann Fischer Boella (aquí, aquí). La idea a priori es fácil de explicar: si usted dispone de un terreno de suelo rústico, puede libremente plantar cepas de vid y producir su propio vino.

¿Cuál era el régimen vigente hasta ahora? Sencillo: si usted tenía la suerte de ser propietario de un territorio rústico, para poder plantar una viña, debía adquirir previamente los denominados, “derechos de plantación”. Para ello, generalmente, lo que se necesitaba era comprar el llamado “papel”, es decir, derechos de plantación en propiedad de particulares, siendo además necesario cumplir con los requisitos que imponían las Consejerías de Agricultura, siendo los Consejos Reguladores los que supervisaban que se cumplían. En este punto de la historia, pueden imaginarse el mercadeo que se venía produciendo con el famoso “papel”, por ejemplo, el papel de la Denominación de Origen Rioja (DOR), podría llegar a venderse a 25.000 euros la hectárea.

Al final se ha optado por parte de la UE con la promulgación del Reglamento 1308/2013 de la Organización Común de Mercados, por una decisión intermedia –que no salomónica–, por la cual se establece un modelo de autorizaciones administrativas. A partir del 1 de enero de 2016, serán los Estados los que otorgarán a los nuevos productores, la autorización para que puedan plantar nuevas viñas. Esta autorización será gratuita, durará tres años, no será enajenable y cada país establecerá un cupo de superficie de viñedo.

Los principales problemas que genera esta supuesta solución son principalmente dos:

1) Por un lado, perjudica a los actuales propietarios, que se encuentran en una situación de desigualdad, ya que en su día tuvieron que pagar por unos derechos de plantaciones, que en el momento que se jubilen o dejen de cultivar, perderán, ya que ahora no se puede vender estos derechos. Sin embargo, este es el riesgo que siempre se corre con el regulador, como en los últimos tiempos ha sucedido con el sector del taxi o con los notarios, sin ir más lejos.

2) Asimismo, por el lado de los Consejos Reguladores preocupa el hecho de que se pueda autorizar a los grandes productores, especialmente a los de “vino de mesa”, para plantar o replantar en territorios especialmente reconocidos, como podría ser Rioja, Ribera del Duero, o Priorato, con el consiguiente hecho de que puedan etiquetar sus vinos con dichas localizaciones, sin cumplir con los requisitos que exigen dichos Consejos.

Si bien aun no está del todo claro quién será el órgano competente para otorgar las autorizaciones administrativas, la CCAA de La Rioja -para la cual el sector vitivinícola tiene una importancia absoluta-, amparándose en su Estatuto de Autonomía (el cual le otorga la competencia exclusiva en materia de agricultura) y en el artículo 148 de la Constitución, se ha apresurado a aprobar una Ley (aquí), con el objetivo de evitar que en el territorio de su CCAA, se planten vides sin cumplir con los requisitos de la DOR; en otras palabras, el “vino de mesa”. De esta manera pretende defender y garantizar la continuidad del modelo de la DOR, de relevancia fundamental para la economía de la Comunidad. En el hipotético caso de que se permitiese, a través de autorizaciones administrativas concedidas por el Estado, plantar toda clase de viñedos en el territorio de una determinada DO, en este caso de La Rioja –pese a que la DOR también comprende ciertas zonas de Álava y Navarra-, el Gobierno de la Comunidad sostiene que esto conllevaría un perjuicio económico sin paliativos para la economía de la región, tan dependiente de sus vinos.

Llegados a este punto, es preciso preguntarse ¿hasta qué grado la regulación de ciertas materias por parte de las instituciones comunitarias es eficiente, si no se tuviese en cuenta la identidad de una determinada región o la singularidad de ciertos productos? ¿Las libertades comunitarias y la liberalización de ciertos mercados tienen algún límite? ¿No entraría en este tipo de casos el tan proclamado principio de subsidiariedad?

No se nos debería escapar que, en un país con una gran tradición agrícola como el nuestro y con una densidad de población tan baja en algunas zonas, es fundamental para la supervivencia de la economía de ciertas regiones, la defensa a ultranza de sus productos, fortaleciendo todo elemento que les pueda diferenciar y logre aumentar su fama, y por consiguiente sus ventas. Por ejemplo, ¿cómo subsistirían determinadas zonas de Castilla y León sin sus vinos de DO Ribera del Duero, o de Teruel sin su jamón de DO Jamón de Teruel, o de Castilla-la Mancha sin su Queso Manchego?

En principio, la liberalización de un mercado siempre es buena, ya que promueve la competencia y suele ir acompañada de bajadas de precios en los productos. Si bien, no resultaría lógico que se produjera una liberalización total del mercado en determinados sectores agrícolas, puesto que las grandes empresas se podrían aprovechar del buen nombre de una DO, para etiquetar sus productos con dicho origen, sin respetar las reglas que se exigen a los productos de dicha denominación. Esto provocaría la consiguiente pérdida de calidad, valor y prestigio de los productos de una determinada zona. Ya que de este modo, ¿de qué forma podría asegurarse una persona que está comprando jamón de Guijuelo, que ese jamón ha seguido unas determinadas pautas en su producción, así como en la cría de los cerdos?

Por otro lado, no es desdeñable obviar la enorme influencia que tienen ciertos sectores de nuestro país, véase agricultores o ganaderos, llegando incluso a provocar que una CCAA, en medio del desconcierto y aprovechando la indefinición de la norma europea, legisle antes que un Estado miembro para tratar de proteger sus productos, siendo esto otra muestra del desconcertante “Reino de Taifas” en el que vivimos.

Todo sería más sencillo si los gobernantes españoles, como (supuestos) conocedores de la idiosincrasia de las zonas rurales de nuestro país que son, mantuvieran una postura firme en estos asuntos, defendiendo con una única voz sus DO e IGP, y no siendo una vez más un ejemplo de vacilación y de utilización como arma política arrojadiza. Máxime en un país de la singularidad del nuestro, en el que además del Estado, hay 17 Comunidades Autónomas y 50 Provincias, más preocupadas de ellas mismas que del conjunto del país.

En resumen, es evidente que hay sectores que necesitan ser protegidos en cierta medida por el legislador, ya que, en muchos casos, el desarrollo de algunas regiones de nuestro país, dependen de ello, sin que esto propicie que las DO sean “clubes privados” o “cortijos” de los Consejos Reguladores. Sin embargo, parece más lógico que todo esto se hiciera de un modo uniforme, si no es posible desde el ámbito comunitario, al menos sí desde el punto de vista del Estado, evitando que en ciertas regiones haya una serie de privilegios a determinados productos, que no existen respecto a otros o en otras regiones. Pero pedir eso en un país como España, parece misión imposible.

19 comentarios
  1. Pedro
    Pedro Dice:

    Totalmente de acuerdo en los perjuicios evidentes de un liberalismo exagerado que impida la correcta regulación de la economía por parte del Estado democrático como expresión de la voluntad y de la resolución de conflictos de intereses de los ciudadanos.
    Pero me pregunto porqué a los trabajadores, desempleados, pensionistas, inmigrantes, consumidores, pequeños empresarios y autónomos, se les pretende aplicar el mayor liberalismo que se pueda, y sin embargo no hay problema en la intervención fuerte y eficaz por parte del Estado para favorecer a capitalistas, propietarios, poderosos, bancos, grandes compañías de energía, telecos, etc,etc, notarios y registradores, farmacéuticos, etc….

    • EB
      EB Dice:

      Pedro, no se en qué mundo vive usted, pero la economía global y las economías nacionales y locales –todas, absolutamente todas– están marcadas por un alto grado de intervención estatal en todas y cada una de las actividades productivas, comerciales y caseras. En muchos casos esa intervención es grotescamente alta, como en España donde cada acción individual y cada interacción social está sujeta a algún tipo de intervención (sólo la ineptitud y la corrupción de quienes están encargados de cumplir órdenes y hacer cumplir normas permite que esa intervención no haya terminado con la libertad y si tiene dudas pregunte por cualquier actividad que usted realice hoy).

      Pero más importante, esa intervención no está justificada por sus supuestos beneficios para la gran mayoría de la gente común sino para beneficio personal de los que han podido acceder y gozar del poder coactivo del Estado. Hablar de economía liberal en el mundo en que vivimos es pensar que somos idiotas –aunque también puede ser que quienes esos dicen no tengan idea de lo que están hablando. Revise los últimos 100 posts de este blog y verá que el 100% hace referencia a intervenciones estatales y en la gran mayoría la pregunta importante es por qué la intervención cuestionada es tan grotesca cuando podría mejorarse (no cuando debería eliminarse).

  2. Jaime
    Jaime Dice:

    Impresionante tergiversación de términos. Es muy triste ver que día tras día se llama liberalismo a lo que no es más que legislar duramente contra la libertad y en favor de los amiguetes.

    1) Decir que la UE es ultraliberal es una broma: no hay institución más intervencionista, con una producción legislativa frenética, regulando de forma férrea prácticamente todos los ámbitos posibles.

    2) Decir que la actuación de la UE con los viñedos es ultraliberal es otra broma: autorización administrativa gratuita con cupo máximo!!! Ultraliberal hubiese sido permitir que quién quisiera pudiese plantar vides sin pedir permiso a nadie.
    Desde un punto de vista económico liberal, lo que se ha hecho es mucho peor que lo que había: Por lo menos antes el sistema, aunque no daba libertad, hacía que los derechos de plantación acabasen en manos de aquellos agricultores mejores, que eran capaces de producir vino de calidad, venderlo caro, y por lo tanto podían permitirse pagar los derechos de plantación a un precio superior que los productores menos competentes.
    ¿Ahora qué pasará? Como son gratis, mucha gente querrá obtener esos derechos de plantación, pero no todos podrán puesto que hay una cuota por país. Por lo tanto será la administración quien decida a quién se lo dan. Y ¿a quién se lo darán…? A los amiguetes, claro.

    3) En un escenario de libertad, jamás una empresa podría aprovecharse del buen nombre de una denominación de origen. Una D.O. que sea una agrupación libre de productores bajo una marca común que garantice calidad jamás permitirá que entre un productor en la D.O. que pueda perjudicar el prestigio de la D.O. Y si lo hace, esa D.O. desaparecerá, porque los consumidores dejarán de confiar en ella, y será reemplazada por otra que haga bien las cosas.
    Es precisamente al contrario: sólamente si los derechos de plantación y la gestión de la D.O. están controlados por la administración con criterios que no reflejen su función de indicador de calidad, se podrán dar actuaciones que vayan en contra de los intereses de la denominación de origen.

    El problema en este caso no es el exceso de libertad, sino la falta de ella.

    Este blog es muy interesante cuando hablan de legislación, pero cuando se meten en economía patinan que da gusto.
    Critiquen lo que quieran, pero no tergiversen términos, por favor.

    • Pablo Ojeda Baños
      Pablo Ojeda Baños Dice:

      Estimado Jaime,

      Lejos de mi intención está la de tergiversar nada. Mi objetivo en este artículo es únicamente poner de relieve los cambios legislativos que se están produciendo en el sector vitivinícola en concreto y aprovechando esto para hablar (muy por encima) de cómo afectaría a otros sectores si se optase por una liberalización total de esos mercados sin respetar los requisitos que se establecen por los Consejos Reguladores y Consejerías de la zona pertinente.

      Respecto a si la UE es liberalizadora o no, es una percepción de cada uno. No obstante, desde mi punto de vista, en muchos casos (que no en todos), su intención es liberalizar el mercado, como se ha podido observar con frecuencia al realizar durante estos años de crisis, recomendaciones a España para que liberalice el despido o acelere los trámites para que entre en vigor la ley para liberalizar los servicios profesionales.

      En lo relativo al asunto de los viñedos, respeto su opinión, yo sólo he tratado de exponer la situación que podría generarse si se liberalizase totalmente el sector, es decir, que cualquiera pudiera producir vino y etiquetar sus botellas con una determinada localización, sin respetar ningún requisito en su producción. Y esa es la razón, por la que por ejemplo el Gobierno de La Rioja, ha tratado de asegurarse que esto no se produzca. Independientemente de que ahora se sigan necesitando autorizaciones administrativas, está por ver, qué condiciones se piden para que se pueda obtener las mismas, y eso es lo que intento plantear. Imagínese que los grandes productores de vino de este país, al tener mucho dinero y buenas influencias, obtienen dichas autorizaciones, pero no se les exige cumplir con los requisitos de la DO respectiva, en ese caso, ¿no le parece que es liberalizar el mercado (o al menos no protegerlo tanto), puesto que ahora obteniendo la autorización se podría plantar viñedos, sin necesidad de cumplir con ningún requisito adicional en su producción más que lograr la pertinente autorización?

      Y por último, no estoy hablando de que todo el mundo pueda entrar a formar parte de una DO. Más bien, el hecho de que se pudiera etiquetar un producto con una localización, por ejemplo, "vino realizado en La Rioja", sin cumplir con los requisitos de la DOR. Y eso sería lo que precisamente haría daño a la zona, puesto que conllevaría una pérdida de calidad y fama de los productos de esa región, al no ser preceptivo cumplir con una serie de pautas en su producción. Con ello, se conseguiría que el consumidor de a pie, si compra vino elaborado en La Rioja, no podrá discernir si se trata verdaderamente de un producto de calidad que ha cumplido con lo establecido por la DOR, o por el contrario no. Y no nos engañemos, los consumidores si compran vino de Rioja jamón de Guijuelo o queso de La Mancha, es porque les gusta la forma en la que se elabora, y eso es precisamente lo que planteo que podría estar en peligro.

      Gracias por sus comentarios y por la lectura del artículo.

    • EB
      EB Dice:

      Pablo,

      La falsedad –esto es, la mentira y la hipocresía– es común entre los humanos pero hay actividades en las que la auto-selección de personas falsas se ha vuelto característica distintiva de los profesionales que las ejercen. Entre estas actividades, la política destaca. Hoy, mucho más que en tiempos en que la fuerza bruta era necesaria (pero no suficiente) para acceder y gozar del poder coactivo del gobierno, la política es por lejos la profesión que es campo fértil para explotar las ventajas comparativas que algunos tienen en ser falsos. Hoy la razón se supone que ha sustituido a la fuerza bruta y sin duda todos preferimos que así sea, pero no podemos ni debemos engañarnos sobre las deficiencias de la institucionalidad de la política y el gobierno que generan incentivos perversos para que personas falsas con ambición de poder busquen realizar sus deseos en la política y el gobierno.

      Usted habla de liberalización porque obviamente acepta que se está partiendo de una situación de intervención estatal. Sí, ojalá reconozca que vivimos en una economía global pervertida por la intervención estatal. Su ejemplo del vino me recuerda lo que sucede con muchísimos mercados en los que socialistas de distintos grados (desde totalitarios hasta paternalistas) han conseguido que el Estado intervenga supuestamente para proteger a los oprimidos y a los idiotas (esto último es el caso del socialismo paternalista) pero que en realidad interviene para proteger los intereses de algunos, sí algunos que no tienen problema en ser cómplices y sostenedores de esos socialistas. He conocido bien los mercados mundiales del vino y las intervenciones estatales (le sugiero estudiar el caso de Bodegas Giol en Argentina) siempre han buscado proteger intereses de productores que podían movilizar votantes en días de elección. Y los productores siempre han estado dispuestos a contribuir a los políticos para beneficiarse de su protección. Nada nuevo, ni en España ni en el resto del mundo. Sí, en ausencia de regulación efectiva (no la grosería que existe hoy), algunos sueñan que todos los productores engañaran a los consumidores con su vino producido en Madrid y no en La Rioja, pero le recuerdo que tarde o temprano los consumidores se darán cuenta de la porquería que beben y que por suerte no serán engañados por un político que les dice que beban sin problema porque él puede certificar el origen.

  3. Diego Vigil
    Diego Vigil Dice:

    El problema que se plantea es lo que la izquierda llama la "soberanía alimentaria". No es un problema derecha- izquierda, libertad- protección. Es un problema territorial: la liberalización a gran escala (en un ámbito grande como la UE) genera la sobreconcentración de la riqueza en ciertas zonas y la despoblación de otras. La única forma de proteger a las zonas despoblables, es no practicar el liberalismo en ámbitos grandes sino por zonas. Lo contrario condenará ciertas zonas, y generará una gran desigualdad: un bávaro podrá convivir con sus nietos, pero un castellano no.

  4. Calixto
    Calixto Dice:

    Creo el regulador comunitario tiene bastante cuenta las particularidades de España cuando permite gravar al 0 % el vino.

    Con respecto al etiquetado de DO todo pasa por cumplir la ley, que no es poco.

    Interesante artículo.

  5. Pedro
    Pedro Dice:

    EB, claro que todas la economías del mundo tienen intervenciones estatales y no hay liberalismo, afortunadamente. Y sí, no se trata de eliminarlas, sino de mejorarlas. Porque no es que esas intervenciones se hagan para provecho de quienes las ejercen, eso es peccata minuta, son los poderosos los que han puesto ahí a quienes las ejercen para que esas intervenciones les beneficien a ellos, a los más poderosos, y sin embargo se defiende la eliminación o desregulación práctica de las intervenciones que favorecen a los más débiles.

    • EB
      EB Dice:

      Pedro, revise su argumento. Reconoce que los poderosos (que no identifica) ejercen el poder para beneficio propio pero antes negó mi argumento sobre que los poderosos persiguen su beneficio propio. Usted puede soñar que algún día su socialista preferido se disfrazará de Dios y nos protegerá a todos de la maldad de algunos. Mientras su sueño siga siendo sueño, yo prefiero hablar de cómo controlar el poder coactivo del gobierno.

  6. RC
    RC Dice:

    Me parece que este articulo, con la intención de atacar el liberalismo bien o mal entendido, mezcla deliberadamente churras (Denominaciones de Origen) con merinas (localización).

    Para tener derecho a usar una DO, es normalmente necesario cumplir una serie de requisitos de los cuales la localización de las vides no es más que uno. Otra cosa es que los requisitos dictados por ciertos Consejos de Regulación, más allá de la localización de las vides, sean mínimos.

    Si se quiere evitar la dilución de las DOs, hay una solución muy fácil: dictar criterios verdaderamente cualitativos que vayan más allá de que las vides estén plantadas en cierta región. Por supuesto el "inconveniente" de tales criterios cuantitativos es que no solamente evitarían que se aprovechasen nuevos entrantes de la reputación de la DO…sino también que siguiesen aprovechándose otros que llevan decenios haciéndolo sin contribuir para nada a esa reputación con sus productos.

    En cuanto al primer argumento presentado contra esta liberalización (el "perjuicio" a los propietarios que pagaron por sus derechos), me recuerda demasiado al del gremio de taxistas en una tesitura semejante. No creo que el sistema de DOs deba ser abusado para la percepción de rentas.

  7. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Totalmente de acuerdo con EB y Jaime. El problema de las DD.OO. es un problema de marcas y como tal debería ser un problema entre productores privados, debiendo el estado limitarse a penalizar los incumplimientos con ¡oh sorpresa! el sistema de resolución judicial de conflictos, siempre que los privados no alcanzaran sus propios acuerdos.
    Cuando desde la UE, tras muchísimos años, se impidió a los productores españoles de vino espumoso vender´"champán" se considero una agresión intolerable. El gobierno español consiguió que durante un plazo transitorio se pudiera usar la expresión "método champaignoise" hasta que quedó prohibido y ahora sólo se puede usar la expresión cava que es, por cierto un producto distinto al champán de Champagne.
    Luego vienen los yogures, que ahora no pueden usar la mención BIO, reservada por ley a los productores de "agricultura biloógica", como si hubiera alguna que no lo fuera.
    Y lo de la soberanía alimentaria es una broma malthusiana de mal gusto, pero que tiene la ventaja inmensa de permitir el ejercicio crecientemente abusivo del poder por parte de unas élites en beneficio de los diferentes grupos de presión organizados.
    Por aquí vendrá la caída del capitalismo, sin ninguna duda.
    Leo algunos ejemplos curiosos:
    – Prohiben el uso de una carretera privada construida por un ciudadano inglés en terrenos de su propiedad, ante la pasividad de los ayuntamientos afectados para construirla: http://www.libremercado.com/2015-04-24/harto-de-obras-y-de-retrasos-un-britanico-construye-su-propia-autopista-1276546361/
    – El "nacimiento de un nuevo estado" llamado Liberland en un territorio en la disputada frontera entre Serbia y Croacia, no reclamado por ninguno de los dos estados: http://liberland.org/en/main/
    Mientras tanto la Unión Soviética Europea se dedica a abrir un expediente a Google, que nació y creció sin subvenciones y está sujeta a una feroz competencia a un clic de distancia o a imponer condiciones para que servicios como Whatsapp o Skype dejen de ser gratuitos.
    El objetivo fundamental primero y último de toda burocracia es justificar su propia existencia y asegurar su presupuesto. Por el bien general, por supuesto, que ellas conocen de forma monopolística en su parcela de poder.
    Qué tiempos aquellos cuando existía el socialismo liberal. Releyendo las cosas que decía Proudhom de los gobiernos … ¡del siglo XIX! hoy estaría etiquetado en el sector más extremo del anarco capitalismo.

    • KC
      KC Dice:

      Ennecerus, que Google naciera "sin subvenciones" no da para que los accionistas sacien sus ansias mediante competencia de dudosas prácticas en según qué nichos (Google es mucho más que un buscador ahora mismo y empezó siendo eso). Habrá que ver lo que se considera. De todas formas, piense Ud que es muy curioso que el mismo EEUU partiera en su época a Microsoft y haya multado con enormes cifras según qué acciones de mercado (¡el mismo EEUU!). Sinceramente: usted poca idea tiene del tema Google. Si mañana Google dominara todo el comercio mundial, por poner un ejemplo, a Ud le daría igual porque "nació sin subvenciones". Es de risa, perdone que le diga.

  8. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    ¡Pobre liberalismo, tan mal entendido, tan manoseado y utilizado según convenga! Amigo Pablo toda Europa (y diría que todo el mundo) está bajo la intervención de los que (paradoja) hemos elegido para controlarnos. Los gobiernos correspondientes se van fortificando frente a los ciudadanos y aumentando sus estructuras a costa de los impuestos. ¡Es la sovietización democrática!

  9. Fernando
    Fernando Dice:

    El origen del vino es la Mancha. Las denominaciones son diversas: champán de Barcelona, blancos de Jerez, tintos de rioja… En eso sí que hay liberalismo.

  10. KC
    KC Dice:

    Con lo sencillo que es esto y el malgasto de bytes -ya no tinta- que supone. La única cuestión aquí es la que se divide entre caraduras y no caraduras. No hay más. No le den más vueltas. Lo que está claro es que hay que ser muy tonto -o muy listo- para pensar que sin unos límites el cántaro no acaba por romperse. Pero REMATADAMENTE tonto -o muy listo-. Sin duda.

  11. Fernando de las Heras
    Fernando de las Heras Dice:

    Me parece un artículo muy interesante, dada la importancia del sector. Creo que la solución está en establecer diferencias entre el lugar de origen y la denominación, de forma que un vino producido en Rioja no pueda ser etiquetado como Denominación de Origen Rioja si no cumple los requisitos. Esto puede plantear una gran confusión, pero a fin de cuentas el consumidor nacional es bastante selectivo y conocedor, y dado que gran parte de la exportación se realiza como producto delicatessen, los exportadores tendrán especial cuidado en elegir vinos de la Denominación de Origen y no solo del lugar de origen correspondiente.

  12. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Menos mal que la omniscencia de los políticos y burócratas de KC nos iluminan y resuelven demiúrgicamente todos los problemas.
    El problema KC y parece mentira que usted no se entere con lo listo que es que el problema no es poner límites sino quien los pone, en favor de quien y a quien perjudica.
    Sufre usted de la ilusión del coste 0 de la intervención.

  13. SEB
    SEB Dice:

    El modelo de derechos de plantación no era más que un control a las cuotas de producción europeas. De Europa ya se controla la calidad de las viñas subvencionando ciertos tipos de viñedos.
    Las DD.OO. son sólo un papel administrativo, se paga X euros por ha., de hecho hay viñedos situados en zona de una determinada D.O. sin ese papel y su producción se mezcla con la producción de viñedos que sí tienen dicho documento.
    Hay vino de una zona vendido a otras zonas para que lo comercialicen como propio, se cree que todo vino riojano procede de cepas riojanas? Y aqui está la clave, el vino se vende según el marketing que se le haga. Hay cooperativas humildes que venden sus mostos al por mayor porque son incapaces de tener buen marketing y hay bodegas que sólo saben de marketing.
    Las sombras del vino son muchas, se desconoce a los productores y solo vemos las luces de quien sabe de estrategia comercial y poco ha pisado el campo. Y ya no le digo los vinos ecológicos, donde no es comparable un cultivo ecológico alemán que español. Vamos, que el vino es ese sector al que se unen los que exprimieron el ladrillo, y así pasa y pasará.
    Sólo quien sabe de la grandeza de la cepa aprecia su fruto, no necesita etiquetas absurdas ni entendidillos. El agricultor necesita menos administración y modernización en el marketing de su uva.

  14. albert
    albert Dice:

    Mi impresión desde el desconocimiento: hay que producir vino (y leche) en Europa para exportarlo a los mercados asiáticos antes de que otros desde Amércia y Australia lo absorban todo; no creo que en Asia sepan distinguir si es Rioja o Ribera de Duero o Campos de Aquitania; eso sí, si es bueno a precio competitivo lo compran.

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