Ideologías de la competencia

La Comisión Europea ha anunciado recientemente la apertura de una investigación para examinar si las prácticas comerciales de Google, por lo que se refiere al sistema Android, constituyen un abuso de posición dominante en el mercado. Si bien esta última noción podría resultar poco familiar, lo importante es tener presente que la labor de defender la competencia no es tan mecánica como habitualmente se percibe. Por lo general, suele decirse que todo régimen de la competencia ha de definir si su finalidad inmediata es la protección de los competidores en el mercado o, alternativamente, la de los consumidores. La diferencia entre ambas opciones podría parecer superflua, pero tiene una incidencia cardinal en la configuración de los mercados y en nuestra sociedad.

De acuerdo con la primera opción, proteger la competencia equivale a garantizar la presencia del mayor número posible de empresas rivales en el mercado a fin de evitar los riesgos de la concentración económica y de la monopolización. Ello no significa renunciar en sí mismo a la promoción de precios más bajos y a una mejor oferta para los consumidores. Ahora bien, tales objetivos son concebidos a título indirecto, esto es, como resultado de la defensa de los competidores y del proceso competitivo. En cambio, la segunda opción parte de que el régimen de la competencia ha de estar dirigido exclusivamente a mejorar el bienestar de los consumidores en el más corto plazo, sin tener en consideración necesariamente la suerte de los competidores. La concentración económica no habría de ser temida como tal, dado que podría dar lugar a precios más reducidos como consecuencia de la supresión de costes duplicados innecesarios y de la consecución de economías de escala.

El debate anterior sería irrelevante si no fuera porque, paradójicamente, determinadas prácticas de empresas, en especial aquéllas en posición de dominio, son susceptibles de ofrecer precios menores y beneficiar así a los consumidores, si bien, al mismo tiempo, pueden suponer la salida de sus competidores del mercado. En estas circunstancias, la línea que ha de establecer si dichas prácticas son modos legítimos o ilegítimos de competencia no es fácil de definir y está frecuentemente determinada por el planteamiento que las autoridades públicas decidan primar.

A modo de ilustración, en 2004, la sociedad informática Microsoft fue sancionada por la Comisión por no permitir a sus competidores acceder a los códigos del sistema operativo Windows a fin de desarrollar programas compatibles con él. En 2009, la empresa Intel fue también multada, entre otros motivos, por aplicar descuentos a los fabricantes de ordenadores a condición de que estos últimos recurrieran a ella, con carácter exclusivo, para satisfacer todas sus necesidades de microprocesadores. A ambos respectos, hay quienes estimarían que las decisiones de las autoridades europeas fueron apropiadas, en la medida en que se encontraban destinadas a garantizar y promover la presencia de rivales en los mercados de la programación informática y de los microprocesadores. Por el contrario, otros tendrían más inconvenientes en asumirlas pues entenderían que la Comisión no hizo sino sancionar y desincentivar a una empresa (Microsoft) que se limitaba a proteger legítimamente el producto resultante de su propia inversión e investigación y a otra empresa (Intel) que, a través de descuentos en los microprocesadores, hacía que los consumidores disfrutaran de ordenadores más baratos.

En todo caso, la diferencia entre los dos planteamientos descritos no se limita a un mero desacuerdo sobre cuestiones técnico-económicas. Una opción que pretende defender la pluralidad de los competidores en el mercado, como la primera, ha servido históricamente de sustento para quienes consideran que las autoridades de la competencia han de velar por la protección de los pequeños y medianos comerciantes frente a las empresas con mayor poder en el mercado, así como por la promoción de políticas favorables, entre otros aspectos, a la creación o el mantenimiento del empleo. Asimismo, la presencia de más rivales en los mercados contribuye por definición a una mayor distribución de la riqueza y, en definitiva, a la limitación del poder económico en menos manos privadas. Por el contrario, una opción que aboga exclusivamente por el bienestar de los consumidores, como la segunda, no solamente se muestra indiferente respecto de los aspectos anteriores, sino que pretende que la intervención de las autoridades de la competencia se limite a lo indispensable, entendiendo que cualquier exceso en este sentido respondería a consideraciones sociales y/o morales, no económicas, y resultaría contraproducente para el funcionamiento eficiente de los mercados.

En definitiva, la defensa de la competencia reabre el debate sobre distintas visiones de ordenación del mercado en nuestra sociedad y sobre el papel de las autoridades públicas a la hora de intervenir en él. Las conclusiones de la investigación en el asunto Google nos brindarán nuevamente la oportunidad de discutir sobre la conveniencia de sancionar a empresas que, para unos, impiden, por su envergadura, el desarrollo y el acceso al mercado de sus competidores, y que, para otros, parecieran ser investigadas por el mero hecho de haber batido a sus rivales por sus propios méritos.

7 comentarios
  1. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Además de reabrir el debate, como sugiere el autor, quizás también sería momento de echar otra mirada larga al terreno de juego, a los terrenos colindantes y a las reglas, externalidades y resultados del sistema en conjunto. Una verdadera mirada sistémica.

    El sugerente artículo apunta a algunas cuestiones que hemos venido obviando pero que son centrales. Y a otras peligrosamente olvidadas.

    Además tenemos un mal conocimiento o un excelente olvido –por disonancia cognoscitiva colectiva de instituciones y ciudadanía– de la actividad empresarial.

    Más del 97% de las empresas normales pierden predeciblemente dinero y mueren entre los 3 y 10 años. La mayoría sin haber tenido un buen trimestre. En todo el mundo. En esto consiste el "Animal Spirit". Las pasiones irreprimibles del alma que nos hacen ir ilusionados al abismo y al pecado.

    Es decir, si sus promotores –además de crearlas para "darles el pase"– no tuviesen un fuerte componente entre "ludopático" y oportunista, masoquista y narcisista, fuesen un colectivo más racional y transparente habría que pedirles, de rodillas, que mantuviesen su particular burbuja. Su vana ilusión es otra gran burbuja permanente.

    Justo en un momento histórico donde los Profetas del sistema nos venden "La economía colaborativa basada en red" toda ella ejecutada desde los Amorosos brazos de algún Mega Monopolio Global que ya es el verdadero amo de la red.

    La vieja finca de antaño con pueblos enteros dentro de ella hoy se ha hecho global pero sigue siendo el viejo modelo de sociedad entre feudal y extractiva. Y, como antaño, los señores dueños de la finca….viven en la capital y a veces vienen a cazar.
    No aprendemos con el paso del tiempo.

    Esta sensación de impotencia debe animar a los respectivos miembros de las Comisiones de competencia de la UE que ahora caen en la cuenta de que la UE se ha construido con paraísos fiscales permanentes dentro y se quejan de que la gente los use. De hecho Juncker, el Gerente de la Sucursal Europea, viene de uno de ellos y no el principal.

    Y como se sienten impotentes para cambiar lo hecho a conciencia, atacan por lo evidente: "Oye, tú. Eres un monopolio, te voy a multar"

    A ver, a ver,

    "¿No lo sabías? Pero si tú mismo te plegaste creando y aceptando reglas y tratados que hicieron imposible que el monopolio no existiese y se impusiese".
    "¿No estudiaste el modelo de negocio del software y los microprocesadores?"
    "¿No viste la potencia de la gratuidad osmótica?"
    "¿No permitiste la fusiones de empresa hasta consolidar monopolios no ya nacionales sino globales?"
    "¿No creaste las condiciones para que no pudieras tener ninguna empresa europea de importancia estratégica en TIC's?"
    "¿Que te has olvidado, dices?"
    "¿Y ahora me vienes con historias?"

    "¿Cómo vas a hacer para funcionar si me voy de tu territorio ?" ¿"Alcanzas a captar las implicaciones de salir de los "dispositivos" o prefieres que te mande alguien que te las explique?

    "A ver, dime la multa que necesitas"
    "Tengo un par de cositas que pedirte a cambio y es bueno que cooperemos, es nuestro estilo y los de Uber están muy dolidos con tu comportamiento" Win Win. Ellos, claro.
    Nosotros perdemos seguro y pagaremos los dos Win.

    La actual industria de las TIC también es una herramienta muy importante de dominio global.

    Por eso las naciones que no quieren ser dominadas tratan de tener sus propios sistemas y redes sociales. En ella se juega gran parte de la geopolítica actual y trasciende las apariencias de competitividad en los mercados.

    En el fondo es una cuestión de Soberanía Inteligente. Es decir, de crear las reglas. No de que te las impongan.

    El Vae victis comienza con la Herradura mal puesta de un caballo y estamos sembrados de ellas.

    Buenos días

  2. Isaac Ibáñez García
    Isaac Ibáñez García Dice:

    Muy interesante

    Me gustaría conocer la opinión del autor (pues tiene que ver con el debate sobre la ordenación del mercado) sobre la ocurrencia de las nuevas autoridades del Ayuntamiento de Madrid de adjudicar (o de favorecer la adjudicación) la limpieza de los centros educativos a cooperativas de padres de alumnos. Creo que es un primer paso (negativo, a mi juicio) para poner en marcha prácticas de fomento indebido de lo que denominan "economía social" con claro enfrentamiento a la empresa tradicional.
    Creo que las autoridades tanto nacionales como europeas de la competencia deben estar atentos a estos asuntos y actuar antes de que se les vaya de las manos.

  3. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    Creo que el "mercado" llega a crear y -por supuesto- a manejar todas las fichas del tablero (o al menos lo intenta) por lo que la "competencia" real nacida del mérito y el esfuerzo se ve superada por las concentraciones de un poder que, como viene denunciando Manu Oquendo, está fuera de todo control. Me quedo con ese concepto de "soberanía inteligente" que consiste en que no te impongan cosas, pero soy consciente de lo fácil que es a veces "convencerte" para que las aceptes. Ya decía alguien aquello de que ahora no se imponen las cosas por coacción, sino convenciendo a la gente que haciendo, opinando, viviendo de determinadas formas, seremos más felices. Y nos lo hemos creído. Un apunte para Isaac sobre la "ocurrencia" del nuevo Ayuntamiento de Madrid de las cooperativas de limpieza. Me parece que no lo ha consultado con los afectados y no pasa de ser una "ocurrencia" sin más trascendencia. Esperemos que los "ideólogos" asamblearios empiecen a darse cuenta de lo distinto que es el campo de juego en las instituciones públicas. He visto que se ha nombrado ya a una funcionaria especializada en función pública para "coordinar" y evitar desaguisados. Todo vuelve a la calma y desde la calma se pueden y deben cambiar las cosas.

  4. María Naranjo
    María Naranjo Dice:

    El debate es, sin duda, muy interesante. Sin embargo no nos podemos olvidar de que el origen del Derecho de la Competencia está en Estados Unidos y en la voluntad de defender a los consumidores de los abusos de las grandes corporaciones que surgen a finales del siglo XIX y principios del XX.
    Más allá de las ideologías en el caso de Google se puede ver claramente el interés de la UE de proteger a sus industrias locales frente al poder de multinacionales europeas sin tener muy en cuenta el impacto que esta defensa de la empresa europea va a tener en los consumidores.
    En Competencia vemos a menudo que la defensa de grupos de presión que alegan el interés de puestos de trabajo creados en un sector son más una excusa que una realidad. Se ve con claridad en la distribución comercial: la restricción de apertura de grandes superficies en determinadas CCAA no ha logrado su objetivo buscado de proteger al pequeño comercio. Más bien todo lo contrario: en Cataluña, donde la regulación de apertura de grandes superficies es más restrictiva el número de "botigliers" es ahora menor que hace una década. Sólo han conseguido que aumente el número de establecimientos que son competencia directa de esos pequeños comerciantes a costa de que los consumidores paguen precios más elevados y tengan menos libertad de elección.
    En mi opinión, no hay tales diferencias en ideologías de competencia. Son más relevantes las diferencias entre los planteamientos a menudo antagónicos de los reguladores ex ante (Reguladores Sectoriales,que defienden normalmente los intereses de la industria) con los reguladores ex post (Competencia, que se preocupan de los efectos de una regulación y del impacto en los consumidores y en el propio sector)

  5. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Sobre la distinción entre los intereses de los ofertantes y los de los consumidores que cita el artículo de Juan Ignacio Signes –y también la Sra. Naranjo– me gustaría hacer alguna puntualización porque me parece una distinción excesivamente teórica que puede servir para simplificar la situación en un aula pero que no refleja la vida real hoy día.

    Entre otras cosas porque…. ¿Qué es un consumidor?

    Ningún adulto en edad activa es exclusivamente un consumidor y hay otras facetas económicas del ser humano mucho más importantes que las dimensiones de su "consumo". Es una categoría parcial que impide el discernimiento y el análisis.

    Por ejemplo, nuestra faceta de Contribuyentes Fiscales es bastante más importante que la de Consumo desde el momento en el que el sueldo medio de 26,000 euros tiene hoy una carga fiscal total –mínima– de más del 50% de sus ingresos brutos.

    También es bastante más importante nuestra Función Laboral. Si tenemos trabajo, si este es estable o a salto de mata, o si ni lo tenemos ni lo vamos a tener.

    Todas ellas son facetas de la misma persona que empequeñecen la dimensión de "consumidor".

    La vida es holística, sin cortes ni costuras, "seamless", y analizarla no debe basarse en ideas que nacieron el siglo XVIII algunas de las cuales hoy reciben lecturas distorsionadas o son falsas por simple cambio de entorno o por causas que no son para analizar aquí.

    Por ejemplo, el siglo XVIII fue testigo de lo que se conoce como los "Highland Clearances", el vaciado de gente de las Highland escocesas para llenar las ciudades costeras en momento arranque industrial y para atender exigencias de los industriales laneros.

    Ese mismo siglo continuó en Inglaterra el histórico proceso de los "Enclosures", la apropiación privada por la pequeña y gran nobleza de Common Land.

    Todo esto, en un momento donde no había Welfare State de ningún tipo, se hizo a costo cero. Lo mismo que cuando una Industria despedía trabajadores por cualquier motivo.
    La gente se tragaba lo que venía y la solución más frecuente era irse a las colonias. A costo cero para el sistema.

    Es en este entorno en el cual David Ricardo en el XIX (como antes había hecho Enrique VII para consolidar la primacía de la industria lanera) formula la ley de la Ventaja Comparativa fundamento del Free Trade, y Adam Smith, mucho antes, desarrolla su concepto de la "Mano Invisible" para explicar dos cosas.

    1. Es mejor invertir en producir en Casa que hacerlo en el Extranjero (Riqueza de las Naciones)
    2. Demostrar que toda riqueza privada termina siendo gastada en la comunidad donde se ubica el propietario. (Teoría de los Sentimientos Morales)

    Justo unos párrafos antes de alertar del riesgo de las manipulaciones de los agentes de mercado que siempre encuentran más rentable trabajar unidos monopolística u oligopolísticamente que no "coordinarse" o "fusionarse".

    Adam Smith es de lectura inmensamente provechosa todavía hoy.

    De la comprensión de ambos autores resulta evidente que hoy, en pleno Welfare State, con Subsidios de Paro y de Redistribuciones todo tipo a Diestro y Siniestro –que entonces no existían– un consumidor, que puede estar encantado de ahorrarse unos céntimos en unos tomates locales mientras es acribillado fiscalmente en más del 50% de su renta, no pasa de ser una Persona Irreflexiva que se come la Externalidad (los costes sociales derivados de la libre entrada de mercancías especialmente industriales sin que se produzca un flujo comercial equivalente en contenido de trabajo).

    Y todo ello sin caer en la cuenta de que para poder comprar lo que no se produce aquí (olvidando la recomendación de Adam Smith) debe pedir prestado. Lo que en cualquier manual es una aberración económica. No se pide prestado para consumir si se tienen dos dedos de frente.

    Esto lo explicaba divinamente Raymond Barre, hace 45 años en sus libros de texto. Libros y contenidos que hoy han desaparecido de los programas universitarios. Curioso.

    Buenas noches y gracias

    • Cruz
      Cruz Dice:

      Es lógico que haya desaparecido, no solo de los programas universitarios, Manu. La verdadera revolución vendrá cuando los consumidores se den cuenta de que, en realidad, son clientes cautivos. En todas sus facetas.

  6. A.Otero
    A.Otero Dice:

    ''La concentración económica no habría de ser temida como tal, dado que podría dar lugar a precios más reducidos como consecuencia de la supresión de costes duplicados innecesarios y de la consecución de economías de escala''. Decir esto en la España del imperial mercado électrico oligopolizado y sus facturas de la luz…Y la banca, comunicaciones, etc… En fin…

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