¡Ay, Derecho! Comisiones de resultados, sin resultados: tonto es el que hace tonterías

El otro día vinieron dos jóvenes dinámicos y suficientemente preparados por cuenta de una agencia de valores con la pretensión de que hiciera una inversión con ellos. Esta es la conversación que mantuvimos, aproximadamente:

Yo: Podemos hablar de lo que queráis, pero os adelanto que soy muy escéptico con todas estas cosas financieras. Os voy a exponer mis reticencias. En resumen: si es un banco el que me dice que me va a dar “asesoramiento financiero” y va a decirme los productos que más me interesan según mi perfil y de acuerdo con unos datos que previamente me pide, lo primero que voy a pensar es que me va a colocar los que más les interesen al banco y no a mí, y por supuesto dentro de los que ellos ofrecen. Por supuesto, la Ford me va a vender sus coches, pero que no le llamen asesoramiento a eso que hacen. Por cierto, espero que vuestras instalaciones no estén llenas de mármoles y oros, que me despiertan vehementes sospechas.

Joven dinámico: ¡No, no! Nuestras instalaciones son normales. Y nosotros no dependemos de nadie, somos una empresa que asesoramos imparcialmente y por tanto vendemos los productos que más interesen al cliente.

Yo: ¡Ah! Pues entonces quiero saber cómo os remuneráis. Es decir, de quién cobráis vosotros. Porque, claro, si recibís una comisión de algún fondo, la tendencia va a ser que me coloquéis el producto que más comisión os dé.

Joven suficientemente preparado: No, no, eso no es problema tampoco. Con nosotros todo es transparente. Cobramos una cantidad concreta por gestión anual. Luego, si se quiere una atención más personalizada, se puede también dar, con una remuneración adicional.

Yo: Ah, bien. Yo casi prefiero pagar por el consejo, pera que el que lo da sea independiente y no haya subterfugios. Pues entonces, a ver, a ver, enseñadme los folletos de vuestros productos.

Joven dinámico: Aquí los tienes: el fondo maximegaplus forring que tiene una trayectoria de crecimiento impresionante.

Yo: Perfecto. Con una comisión anual del 1 % de gestión, ya….pero, y esta “comisión de resultado”, ¿qué es? ¡Pero si es de un 9 por ciento!

Joven suficientemente preparado: Hummm…este….bien…es para cuando haya una gestión muy positiva, un premio.

Yo: ¿Premio? ¿Qué premio? A ver, contadme cómo funciona eso.

Joven dinámico: Bueno, la “comisión de resultado” funciona así: tu pones el 1 de enero 100 euros en un fondo, y al  31 de diciembre vale ese fondo 150 euros. Este 150 es lo que se llama “marca de agua”. Pues bien, si el año siguiente -el segundo- el fondo vale 200, te cobramos un 9 % por la diferencia entre 200 y la marca de agua, por los méritos de la gestión. En este caso sería la diferencia entre los 2oo que vale hoy el fondo y los 150 que valía el año pasado. O sea, un 9 por ciento de 50 euros, 4,5 euros, vamos.

Yo: Pero, esa comisión ¿se cobra en cualquier caso? Porque, vamos, yo no soy un financiero, pero si, por ejemplo, la media del IBEX es 250, o sea, más de lo que mi fondo se haya revalorizado -en el ejemplo que me has puesto, los 200 euros- ¿también me cobran?.

Joven Dinámico: Pues…si, porque ahí ha habido un trabajo de revalorización y merece un premio.

Yo: Vamos a ver, algo se me ha escapado. Por ejemplo: si yo compro una acción de todas y cada una de las compañías del IBEX, o un producto de esos que van sobre el IBEX, puedo perder o ganar, pero me voy a quedar en la media de lo que haga la Bolsa. Para obtener esa remuneración –o pérdida- no hay que ser ningún genio. Lo difícil o meritorio es conseguir una rentabilidad sobre la media al elegir las compañías que suben más y no las que suben menos.

Joven suficientemente preparado: Ya, pero sobre la marca de agua se ha obtenido una rentabilidad…

Yo (un tanto molesto): Pues, hijo, a mi me parece un timo que os llevéis un 9 por ciento de la subida cuando la media de la bolsa ha sido superior a la vuestra. Incluso sin hacer ningún esfuerzo, apostando a la media, se habría obtenido una rentabilidad mayor. O sea que técnicamente la gestora lo ha hecho mal, porque ha elegido los valores peores. Y, por cierto, esto no se ve mucho en la información que dais, hay que ponerse bien las gafas de cerca. Haced el favor de hacerme una contraoferta en la que no salga nada de comisión de resultados y mandadme toda la información que tengáis de eso, que a lo mejor hago un post para cierto blog.

No se volvió a saber, por supuesto. Pero preguntando al señor Google, resulta que esto es una cosa que admite la CNMV en una circular (incluso hasta el 18%).

Miren este comentario sobre malas prácticas en esta materia en la que se recomienda, con demasiada blandura, a mi modo de ver, que “la comisión sobre rentabilidad se podría calcular más habitualmente sobre el exceso frente a índices o referencias adecuadas, quizás replanteando la normativa en varios aspectos“. O sea, que esa comisión solo se aplique cuando haya un verdadero beneficio. Claro.

De todo ello deduzco dos cosas alucinantes más:

  • Si el primer año ha habido pérdidas, puede ser que el segundo haya “premio”, porque la marca de agua es más baja.
  • Cabe un “reseteo” de la marca de agua pasados tres años desde que haya conseguido la entidad una comisión de resultado. O sea, que si no consigo beneficios, empezamos de nuevo y reseteamos. Ver aquí un comentario sobre marca de agua y reseteo.

Tonto es el que hace tonterías, que decía el filósofo Forrest Gump, así que antes de comprar, mire usted bien esas comisiones.

 

Cena-coloquio con Jesús Cacho, Director de VozPópuli

El pasado miércoles 26 de junio celebramos la primera cena-coloquio de la Fundación ¿Hay Derecho? en la que tuvimos el placer y el honor de compartir mesa y debate con Jesús Cacho y 50 amigos y colaboradores.

La cena coloquio fue presentada y moderada por Carlos Perreau, patrono de la Fundación, y se inició con una breve exposición de Jesús Cacho. En su exposición, Jesús Cacho hizo una referencia a la historia de España desde la transición hasta ahora, abarcando desde la aprobación de la Constitución de 1978 a la sucesión en la Corona Española, hitos que cierran un ciclo que va desde 1978 hasta 2014, año en el que además murieron varios personajes históricos como Emilio Botín o Ramón Areces. Cacho entiende que en este cierre de ciclo se produce una crisis de valores brutal, conjuntamente con la crisis política y económica. Esto supone un cierre de ciclo y el inicio de otro, un ciclo que él estima será de 2015 a, aproximadamente, 2050. Ese ciclo, dice Cacho, es el gran reto. Es muy incierto quién va a liderar este ciclo, quién va a liderar lo mucho que hay que hacer. En cualquier caso, el cambio es imperativo, el cambio va a tener lugar.

Se pregunta a continuación si ese ciclo se conducirá desde dentro por el PP- PSOE. Cacho entiende que es posible, es posible que el PP y PSOE lideren desde dentro el cambio pero lo ve poco probable. Por el contrario, ve mas posible el cambio desde fuera. Desde dentro el cambio será menos oneroso. En cuanto a Ciudadanos ve un partido con grandes interrogantes. Por un lado ve un partido con un gran líder, un líder con mucho sentido común. Pero también ve un partido muy presidencialista sin un equipo solido bajo Albert Rivera. Ve peligroso que Ciudadanos se pierda en el menudeo de los gobiernos municipales. En cualquier caso, es muy novedoso que un partido nacido en Barcelona pretenda gobernar España.

Cacho hizo referencia a la crisis económica y a las propuestas de Jesús Fernández Villaverde. Entiende Cacho que la solución a la crisis económica es más fácil que la solución a la crisis política y de valores. En la medida en que no se afrontan los problemas económicos por razones políticas no se solucionará ni una ni otra. Cacho denuncia la ausencia de liberalismo, denuncia que se reclama del estado todas las soluciones a los problemas. Esfuerzo individual, responsabilidad, sacrificio son conceptos ausentes. El mismo Partido Popular parece haber abandonado la inspiración liberal.

Sin embargo, Cacho es optimista. Como hijo de un agricultor con 9 hermanos ha vivido momentos muy difíciles. Entiende que la riqueza, como dice Luis Garicano tiene dos pilares: capital humano e instituciones y que ambos están a nuestro alcance. Concluye diciendo que viviremos un apasionante 2015.

En el coloquio Cacho afirma que claramente prefiere a Podemos en las instituciones que fuera de ellas, quiere que desde dentro se asuman tareas de regeneración. En el coloquio se hizo también referencia al peligro de una coalición Podemos-PSOE. Preguntado por Ciudadanos, insisten en el peligro de que este partido se vea arrollado por arribistas y gente sin la preparación adecuada.

Preguntado por Juan Carlos I, Cacho fue muy crítico. Hizo referencia al contraste informativo del New York Times con los periódicos españoles sobre el monarca. Cacho, si bien se declara republicano, entiende que no es momento de abrir el debate república-monarquía. Por el contrario, entiende que la sucesión se hizo bien y que Felipe VI puede ser de gran ayuda para encauzar el cambio que se avecina.

El coloquio tocó temas como la responsabilidad empresarial y el estado clientelar y su desmontaje. En este sentido, se habló de la situación de cautividad del PP y del PSOE y de su incapacidad de aplicar reformas de calado. Así mismo, se habló de la prensa capturada por el poder y el inmovilismo.

Se hizo referencia a Europa y, en especial Alemania, como motores del cambio. Hubo diferencias de opinión sobre un auténtico interés de Alemania en fomentar una España competitiva.

Finalmente, Carlos Perreau cerró el acto haciendo una referencia a la importancia de instituciones como la Fundación ¿Hay Derecho? para el fomento del cambio.

Desde la Fundación queremos dar las gracias a Jesús Cacho y a todos los que nos acompañasteis en este acto tan interesante. Os iremos informando de las nuevas cenas-coloquio que organicemos, y recordad que ¡los amigos de la Fundación tienen acceso preferencial a las mismas!

Puedes seguir a Jesús Cacho a través de su Twitter @JCacho_Conlupa 

Cena-coloquio con Jesús Cacho, Director de VozPópuli

El pasado miércoles 26 de junio celebramos la primera cena-coloquio de la Fundación ¿Hay Derecho? en la que tuvimos el placer y el honor de compartir mesa y debate con Jesús Cacho y 50 amigos y colaboradores.

La cena coloquio fue presentada y moderada por Carlos Perreau, patrono de la Fundación, y se inició con una breve exposición de Jesús Cacho. En su exposición, Jesús Cacho hizo una referencia a la historia de España desde la transición hasta ahora, abarcando desde la aprobación de la Constitución de 1978 a la sucesión en la Corona Española, hitos que cierran un ciclo que va desde 1978 hasta 2014, año en el que además murieron varios personajes históricos como Emilio Botín o Ramón Areces. Cacho entiende que en este cierre de ciclo se produce una crisis de valores brutal, conjuntamente con la crisis política y económica. Esto supone un cierre de ciclo y el inicio de otro, un ciclo que él estima será de 2015 a, aproximadamente, 2050. Ese ciclo, dice Cacho, es el gran reto. Es muy incierto quién va a liderar este ciclo, quién va a liderar lo mucho que hay que hacer. En cualquier caso, el cambio es imperativo, el cambio va a tener lugar.

Se pregunta a continuación si ese ciclo se conducirá desde dentro por el PP- PSOE. Cacho entiende que es posible, es posible que el PP y PSOE lideren desde dentro el cambio pero lo ve poco probable. Por el contrario, ve mas posible el cambio desde fuera. Desde dentro el cambio será menos oneroso. En cuanto a Ciudadanos ve un partido con grandes interrogantes. Por un lado ve un partido con un gran líder, un líder con mucho sentido común. Pero también ve un partido muy presidencialista sin un equipo solido bajo Albert Rivera. Ve peligroso que Ciudadanos se pierda en el menudeo de los gobiernos municipales. En cualquier caso, es muy novedoso que un partido nacido en Barcelona pretenda gobernar España.

Cacho hizo referencia a la crisis económica y a las propuestas de Jesús Fernández Villaverde. Entiende Cacho que la solución a la crisis económica es más fácil que la solución a la crisis política y de valores. En la medida en que no se afrontan los problemas económicos por razones políticas no se solucionará ni una ni otra. Cacho denuncia la ausencia de liberalismo, denuncia que se reclama del estado todas las soluciones a los problemas. Esfuerzo individual, responsabilidad, sacrificio son conceptos ausentes. El mismo Partido Popular parece haber abandonado la inspiración liberal.

Sin embargo, Cacho es optimista. Como hijo de un agricultor con 9 hermanos ha vivido momentos muy difíciles. Entiende que la riqueza, como dice Luis Garicano tiene dos pilares: capital humano e instituciones y que ambos están a nuestro alcance. Concluye diciendo que viviremos un apasionante 2015.

En el coloquio Cacho afirma que claramente prefiere a Podemos en las instituciones que fuera de ellas, quiere que desde dentro se asuman tareas de regeneración. En el coloquio se hizo también referencia al peligro de una coalición Podemos-PSOE. Preguntado por Ciudadanos, insisten en el peligro de que este partido se vea arrollado por arribistas y gente sin la preparación adecuada.

Preguntado por Juan Carlos I, Cacho fue muy crítico. Hizo referencia al contraste informativo del New York Times con los periódicos españoles sobre el monarca. Cacho, si bien se declara republicano, entiende que no es momento de abrir el debate república-monarquía. Por el contrario, entiende que la sucesión se hizo bien y que Felipe VI puede ser de gran ayuda para encauzar el cambio que se avecina.

El coloquio tocó temas como la responsabilidad empresarial y el estado clientelar y su desmontaje. En este sentido, se habló de la situación de cautividad del PP y del PSOE y de su incapacidad de aplicar reformas de calado. Así mismo, se habló de la prensa capturada por el poder y el inmovilismo.

Se hizo referencia a Europa y, en especial Alemania, como motores del cambio. Hubo diferencias de opinión sobre un auténtico interés de Alemania en fomentar una España competitiva.

Finalmente, Carlos Perreau cerró el acto haciendo una referencia a la importancia de instituciones como la Fundación ¿Hay Derecho? para el fomento del cambio.

Desde la Fundación queremos dar las gracias a Jesús Cacho y a todos los que nos acompañasteis en este acto tan interesante. Os iremos informando de las nuevas cenas-coloquio que organicemos, y recordad que ¡los amigos de la Fundación tienen acceso preferencial a las mismas!

Puedes seguir a Jesús Cacho a través de su Twitter @JCacho_Conlupa 

HD Joven: ¿Ganar partidos o seguir jugando? Lo importante es participar

A la vista de las últimas noticias que atañen al mundo del deporte (aquí y aquí), uno se hace la siguiente pregunta: ¿cuánta culpa del éxito de un equipo la tienen sus resultados deportivos y cuánta sus resultados económicos o, lo que es lo mismo, el cumplimiento o incumplimiento de sus obligaciones?

La razón por la que expongo esto al lector es que en los últimos años se está produciendo –especialmente en el fútbol– una suerte de re-arbitraje de la competición. Permítanme que me explique: a pesar de que el resultado deportivo de un club haya sido positivo, porque haya salvado la categoría, se haya clasificado para competición europea o haya ascendido, puede darse el caso de que la organización de dicha competición decida premiar al equipo que ha fracasado en el ámbito deportivo, pero que ha cumplido con los parámetros económicos y con todas sus obligaciones, tanto salariales y tributarias, como de otra índole; y, por el contrario, el equipo que ha logrado un buen resultado en la competición puede verse perjudicado por el incumplimiento (en ocasiones reiterado) de sus compromisos, al no abonar los sueldos a sus trabajadores, no pagar las cuotas tributarias pertinentes o no hacer frente a las cuotas de inscripción en la competición.

Es evidente que las cosas en el ámbito organizativo de las competiciones deportivas y en el ánimo de los dirigentes de los equipos, han cambiado bastante en los últimos tiempos en lo que respecta al interés por cumplir con las obligaciones económicas, incluso anteponiéndolas a los resultados deportivos.  No obstante, sería de necios obviar el terreno pantanoso en el que se está moviendo nuestro deporte, en el que últimamente predominan más las resoluciones, huelgas, recursos y tribunales, que los propios resultados deportivos. Todo lo cual deriva en una auténtica sensación de inseguridad jurídica y, si me lo permiten, deportiva.

Cierto es que una gran parte de la sociedad puede pensar que ya era hora de que el mundo del deporte “se atara los machos” y comenzara a cumplir con unos compromisos, sobre todo tributarios, salariales y crediticios, que, por otro lado, se le exigen a todas las personas, sean físicas o jurídicas, de este país. Atrás quedan aquellos años en los que los clubes operaban con total impunidad y las instituciones miraban hacia otro lado, mientras se acumulaban deudas ingentes con la Agencia Tributaria, Seguridad Social, trabajadores y con otros acreedores. Sin ir más lejos, en el mundo del fútbol, los clubes de Primera y Segunda División tenían una deuda reconocida con Hacienda a septiembre de 2014 de alrededor de 500 millones de euros (aquí) –llegó a ser casi de 800 millones-, sin olvidar que, al menos, 27 equipos de Primera y Segunda acudieron al concurso de acreedores en la última década (aquí); concursos muchos de ellos con unas condiciones verdaderamente beneficiosas para los clubes (aquí). Si bien parece que todo ha cambiado con la reforma de 2011 de la Ley Concursal, al introducirse la Disposición Adicional 2ª bis, en la que se establece la prevalencia, en caso de concurso, de la legislación deportiva (mucha de la cual no tiene rango de ley), sobre la propia ley concursal. Y es precisamente en esa normativa deportiva, en la que se incluyen sanciones en el caso de incumplimiento de sus obligaciones por parte de los clubes (la nueva situación en la que quedan los clubes daría para un artículo entero).

Los últimos dos casos: el del Elche Club de Fútbol, que, como explica el profesor Luis Cazorla en su blog (aquí), ha sido condenado por el Juez de disciplina social de la Liga a descender a Segunda por incurrir en la infracción muy grave del artículo 76.4.b) de la Ley del Deporte al incumplir “los deberes o compromisos adquiridos con el Estado” –sus pagos con Hacienda–; y el del Club Baloncesto Tizona Burgos, que por tercera temporada consecutiva ha conseguido el ascenso a ACB y por tercer año, en principio, no va a poder ascender al “no haber presentado toda la documentación requerida ni abonado todas las cantidades estipuladas para su inscripción” (aquí). Los beneficiados en ambos casos, a priori, serán los equipos que ocuparon la última plaza de descenso en ambas ligas –la Sociedad Deportiva Eibar y el Gipuzkoa Basket Club-.

Independientemente de en qué desemboquen los últimos movimientos de estos clubes para evitar las sanciones (aquí y aquí), no es el objetivo de este artículo entrar a valorar hasta qué punto son ajustadas a derecho dichas medidas tomadas por los órganos directivos de las competiciones deportivas, sino más bien invitar a la reflexión acerca del punto en el que nos encontramos en el ámbito deportivo.

Es evidente que los clubes, en los últimos años, como gran parte de la sociedad, han vivido muy por encima de sus posibilidades económicas, realizando desembolsos y solicitando créditos que luego no podían hacer frente, por lo que parece más que necesario que se tomen una serie de medidas en pos de garantizar que los clubes no sean tratados con más privilegios que el resto de la sociedad y garantizar así que cumplan con sus obligaciones. Pero, por otro lado, no es menos cierto que parece contradictorio con el propio mundo del deporte y con los valores que encarna que se decidan en los despachos, o incluso en los tribunales, los resultados deportivos, generando una suerte de desvirtuación de la competición. Sin embargo, no deberíamos olvidar el hecho de que ciertos clubes, al fichar por encima de sus posibilidades o no destinar determinada parte de sus fondos a pagar ciertas obligaciones, también se podría considerar que están adulterando la propia competición, puesto que ¿por qué unos clubes tendrían que cumplir con la reglamentación y con sus compromisos, mientras que otros, en lugar de destinar sus fondos a pagar a sus trabajadores o a la Seguridad Social, continúan fichando jugadores, logrando realizar una plantilla superior a los primeros (con el consecuente mejor resultado deportivo al final de temporada)?

En definitiva, no parece un debate sencillo, pero lo que es evidente es que se están tomando por parte de los dirigentes o jueces una serie de medidas para evitar que los clubes sigan gozando de prebendas en materias tributarias o financieras, pero ¿a costa de qué? ¿De primar la diligencia económica de un club por encima de los resultados deportivos? ¿Estamos yendo hacia una nueva etapa en la que los rendimientos deportivos quedarán condicionados a las decisiones de dirigentes y jueces?

Cada uno de los ávidos lectores tendrá su opinión.  A mi parecer, los clubes, como el resto de personas de este país, tienen que cumplir con sus obligaciones legales (como no podría ser de otra forma). Sin embargo, no sería realista obviar que el principal objetivo de un club deportivo no se encuentra en ser rentable, como podría ser el de una empresa o, si me apuran, el de una unidad familiar, sino más bien en obtener un buen resultado deportivo y, por ende, hacer felices a sus aficionados. No parece sencillo vivir de espaldas al interés y apoyo social que generan los principales equipos de una región. Por eso, en no pocas ocasiones, tanto por parte de los poderes judiciales como ejecutivos, y si me apuran legislativos, se ha echado una mano a los clubes deportivos con el objetivo de posibilitar su viabilidad -despertando incluso las sospechas de las instituciones comunitarias (aquí)-. Para qué engañarnos: hay mucho temor entre los dirigentes de este país por el coste político que les supondría la desaparición de un determinado club histórico por culpa de sus deudas. Al fin y al cabo, aquello que los romanos llamaron ‘panem et circenses’ sigue muy arraigado en la sociedad.

Sin considerar que estoy en posesión de la verdad, creo que lo primero que debería hacer un club deportivo es cumplir con sus obligaciones económicas, pero, una vez que son aceptados los equipos en la competición (ya que supuestamente han cumplido con sus compromisos), hay que respetar los resultados deportivos. El hecho de re-arbitrar la competición y sancionar a un equipo con la pérdida de la categoría debería ser el último recurso; hay soluciones intermedias como podría ser la limitación a la hora de fichar jugadores (aquí), aunque está claro que ante incumplimientos graves y reiterados es mejor cortar por lo sano. Al final, que los clubes paguen sus deudas también es fair play’.