Reproducción del post de Elisa de la Nuez en Voz Pópuli: El nominalismo mágico. O de como “resolver” problemas gramaticalmente

Si juzgamos por las noticias aparecidas en los medios en los últimos días, se ve que en España todavía seguimos pensando que para resolver un problema o una necesidad social, o cumplir una promesa o “sugerencia” electoral lo mejor es crear, recauchutar o suprimir un departamento, consejería, concejalía, organismo público o unidad administrativa cualquiera y ponerle un nombre que no deje lugar a dudas respecto de las buenas intenciones del político de turno. Ya se trate de una consejería de Ciclo de la Vida, feminismo y LGTBI (rompedora iniciativa de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau) para demostrar el compromiso con esos colectivos, me imagino, o de suprimir la Consejería de Turismo, para dejar claro que ese sector no es una prioridad para la alcaldesa de Madrid, parece que todo consiste en quitar y poner nombres. Claro que lo mismo podría decirse de las innumerables Consejerías o Consejerías de Innovación, Emprendimiento, Transparencia y Participación, etc, etc, que han venido proliferando como setas estos últimos años con escasos avances prácticos en tan importantes ámbitos. Si todo fuera tan sencillo, deberíamos ser el país con menos paro de la OCDE, dado que si de algo no andamos escasos es de Consejerías de Empleo. Lástima que más allá de los gestos, para cambiar las cosas se necesite un esfuerzo algo mayor. Por otro lado, cambiar continuamente las denominaciones y el número de unidades administrativas no sale precisamente barato, en carteles, tarjetas, papelería variada y “last but non least” la reubicación de personal que suele llevar indefectiblemente consigo y la paralización consiguiente de la ya de por sí lenta burocracia patria.

Lo mismo cabe decir de los pomposos nombres que se utilizan para algunos organismos públicos con la finalidad de subrayar una independencia bastante dudosa o una implicación en la defensa de ciertos valores harto problemática, por lo menos desde el punto de vista de los ciudadanos. Conviene recordar algo tan obvio como que cuando un organismo público es independiente, transparente o profesional de verdad no necesita proclamarlo a los cuatro vientos: se nota bastante rápido se llame como se llame. La necesidad de grandes denominaciones suele revelar la existencia de grandes carencias, de la misma forma que la necesidad de grandes símbolos externos de poder (ya se trate de despachos, coches oficiales o abundante séquito) suele revelar la existencia de grandes carencias personales y profesionales del alto cargo en cuestión.

Los últimos ejemplos que se me ocurren –además de los citados de los nuevos gobiernos municipales, a la espera de las innovaciones nominativas de los nuevos gobiernos autonómicos-  proceden del ámbito de la transparencia, que conozco bien por motivos profesionales. Como es sabido, la transparencia está de moda, o para ser más exactos, la transparencia oficial está de moda, porque para la real todavía nos queda un trecho largo. Porque hay que ser conscientes que la transparencia real amenaza una forma de hacer política que es hoy todavía la dominante.  Así que una vez que se ha ido terminando la tarea legislativa –que esto en nuestro país entretiene y a la vez justifica que se trabaja en pro de la transparencia, aunque sea sobre el papel- toca la fase siguiente: la de los seminarios, conferencias, cursos de formación y saraos varios, que tienen la enorme ventaja de demostrar que “se están haciendo cosas” pero sin pisar demasiados callos, no se vaya a enfadar alguien.  Todo muy teórico, como nos gusta por aquí.

Por supuesto la piedra de toque del sistema es la habitual: nombrar unos cuantos cargos –cuantos más mejor- “independientes” encargados  de supervisar a los Gobiernos y organismos públicos y de velar porque se cumpla la ley. Aquí la imaginación y la pretenciosidad suelen correr parejas. Sin olvidar el “hecho diferencial”: no hay dos nombres iguales. Así tenemos desde órganos unipersonales (como el Comisionado para la Transparencia del Gobierno de Canarias) a órganos colegiados de gran complejidad, llevándose la palma por ahora la Junta de Andalucía, que se la lleva también por cierto en cuanto a extensión de su Ley de Transparencia. En todo caso en la Fundación ¿hay Derecho? departamento Transparencia esperamos ansiosos que entre en vigor (el próximo 30 de junio) para pedir la documentación del caso Aznalcollar. Ya les contaremos qué tal nos va y si más normas equivalen a más transparencia.

En cuanto al número de organismos, hasta hay autonomías que hacen ofertas 2 por 1 o incluso 3 por uno. La reciente Ley valenciana de transparencia, Ley 2/2015 de 2 de abril (quizás por haber sido de las últimas en aprobarse) crea, a falta de uno, dos órganos: un Consejo de Transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno y otro de Participación Ciudadana. Eso sin contar el Consejo de Centros Valencianos en el Exterior, así, como lo leen.

¿Y cómo vamos de independencia real? Pues más o menos como siempre. De los cinco miembros que componen el órgano colegiado “independiente” (Comisión de Garantía del derecho de acceso a la información pública) de la Generalitat de Cataluña, según noticias aparecidas en prensa, tres están vinculados a partidos políticos. No vaya a ser que haya sustos.  En el ámbito estatal tampoco parece que haya  mucha prisa por poner en marcha el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno, presidida por una ex alto cargo del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas y en cuya composición no figura ni un experto independiente ni ningún representante de la sociedad civil. El acceso al Portal de Transparencia estatal es surrealista, por decirlo con elegancia, al exigir a los ciudadanos españoles nada menos que su DNI electrónico para acceder a la información pública elaborada con dinero de sus impuestos. Hasta la Defensora del Pueblo ha considerado que el mecanismo por complejo y largo puede disuadir a los ciudadanos de solicitarla, a raíz de la presentación de una queja formal por Acces-Info Europe, ONG especializada en acceso a la información pública.

Así las cosas, no hay que extrañarse que de transparencia real andemos más o menos como siempre, salvo honrosas excepciones, que las hay y es de justicia reconocerlo, como ocurre con el portal del Consejo General del Poder Judicial. Como botón de muestra la falta de transparencia que –pese a leyes y organismos de control- se pone de relieve en la contestación a la solicitud hecha desde la Fundación Civio sobre cómo se repartió en distintos medios el gasto de la Generalitat de Cataluña para promocionar su portal de transparencia.

8 comentarios
  1. Cruz
    Cruz Dice:

    "Nominalismo mágico", "materialismo dialéctico" o "propaganda ramplona", lo cierto es que siguen faltando análisis objetivos que permitan mejorar la eficiencia del sistema. Excelente artículo, Elisa.

  2. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Lo que comienza a resquebrajarse en la calle es hasta qué punto puede obligarse a una persona a trabajar para pagar con sus impuestos (ya a niveles de Extractividad Descarada) iniciativas que decididas por una minoría del censo (o incluso por una mayoría de dicho censo) están en profunda contradicción con sus preferencias, con sus criterios morales y con la propia sostenibilidad de su modelo social.

    Está en cuestión la regla de las mayorías por ruptura de los derechos elementales de quienes las financiarán a la fuerza.
    Los límites, los diques, se han roto hace tiempo y va a comenzar la "riuá".

    Comienza a tomar cuerpo y peso la necesidad de Reconocer el Derecho a Excluirse del Sistema más allá de unos límites fijados por lo razonable.
    No hablo del viejo derecho a la Resistencia. No, del Derecho a Autoexcluirse a partir de un cierto límite.

    Es evidente que bajo las normas hoy vigentes caminamos por terrenos no solo totalitarios sino incompatibles con el desarrollo de la individualidad según el criterio de muchísimos ciudadanos.
    Ciudadanía cuya función hoy solo es tragar y financiar a quien trabaja para destruirla con la activa participación de las propias instituciones.

    Además de la insostenibilidad intrínseca de un sistema como el actual, comienza a pesar la evidencia de que mucha gente Desea Excluirse de una sociedad que propone como modelo vital la exaltación de prácticas moralmente destructivas de las personas y de la sociedad.

    Bajo el falso pretexto de que la moralidad no existe o debe ser la dictada por el Poder y sus Censos.

    Esto provoca un cisma tan profundo y degradante que la ruptura del consenso social camina a pasos agigantados.

    En mi opinión ya no existe el consenso y se trata de un tránsito hacia la ruptura.

    Reconocerlo a tiempo es de elemental prudencia porque surge en cuanto hablamos con el corazón en la mano.

    Saludos

    • De Lege Ferenda
      De Lege Ferenda Dice:

      Nuevo diccionario KastoKasposo.
      Objeción de Conciencia: Lo que el complejo PPP$OE define como tal, por la santa mediación de los antaño constituyentes negativos actuales constituyentes permanentes, macaquitos del TC.
      No les gusta el aborto; luego la objeción de conciencia es, para este caso, un derecho.
      Porque quedarse en el barco deja de ser una opción en cuanto el barco está en llamas. Y nos lo están quemando. Con ganas.

    • O,Farrill
      O,Farrill Dice:

      "Que se pare el mundo, que me bajo" en una pintada anarco-libertaria cerca de la glorieta de Bilbao en Madrid. El problema es que el mundo no puede pararse y sólo cabe la posibilidad de resistir como en esos toros-locos de las atracciones de feria hasta conseguir domarlo y que responda a nuestra voluntad.

  3. CAFORO
    CAFORO Dice:

    Excelente artículo sobre una visión que comparto. Por qué será que los que más "mandan" en el mundo e imponen su visión organizativa son las más míndundis y con menos fundamentos? También a mi me pide el cuerpo Autoexclusión

  4. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    Estimada Elisa: Es lógico que cada nuevo responsable público quiera dar su toque personal a la estructura u organización a su cargo, lo que no quiere decir que, en muchos casos, no pase de ser una mera ocurrencia sin otra trascendencia que la cosmética. Hemos visto cómo se cambiaban mobiliarios, despachos y decoración según el gusto del usuario, como lo más normal del mundo porque eso suponía ya marcar distancia con el anterior. En el proceso de cambio político e institucional que nos toca vivir habrá que acostumbrarse a ello o blindar las estructuras institucionales y seguir igual. El problema es que tenemos un estado en permanente construcción/destrucción o, dicho más sutilmente, en una construcción con demasiados directores de obra, tras haberse deconstruído cuando llegó el PSOE al gobierno desde el "clan de la tortilla" sevillano (antes) o los respetables hombres de estado (ahora). Por cierto ¿porqué ya no existen las materias académicas como las Ciencias Naturales, la Geografía, la Historia….? Porque se "deconstruyó" la formación sobre los modelos que nos imponían. Un saludo.

  5. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Hoy me acerqué desde Torrelodones a Villafranca del Bierzo a escuchar la conferencia de cierre de uno de esos cursos de verano que organizan algunas universidades.
    Hablaba un compañero de bachiller y no conocía Villafranca que, por cierto, me gustó mucho.

    Llegué dos horas antes de la conferencia, me senté en una terraza de la plaza y saqué del coche un librito de Bobbio sobre los temas que comenta Elisa.

    Allá por la página 63, Norberto Bobbio recupera la vieja pregunta de Tocqueville: "¿Podrá sobrevivir y cómo, la libertad en la sociedad democrática?".

    En el diccionario de Tocqueville democracia significa lo contrario de aristocracia. Es decir sociedades donde la igualdad se convierte en apisonadora por abajo y donde el proceso decisorio termina por delegarse de modo irrevocable a cambio de platos de lentejas cada vez más iguales y con más gorgojo.

    Este tipo de reglas y procesos sin limitación efectiva, –al igual que la merienda de Caperucita se la quedan los lobeznos tras democrático proceso– se convierten inexorablemente en tiranías despóticas por mucho que, faltos de soluciones eficaces, tratemos de ocultar el conflicto.
    Conflicto que no es resultado ni del la participación de todos ni de su igualdad ante la ley y en los derechos. En absoluto.

    Es el resultado de dos cosas que Tocqueville, lógicamente en su época, da por sentadas.

    1. La sacralización del poder que resulta del cambalache constituyente (ya en plena Asamblea francesa y posteriores Constituciones) y la auténtica tomadura den pelo retórica en que se han convertido los supuestos derechos debido a la no imposición de limitaciones eficaces al Poder.

    2. La decisión –otro timo de la estampita– de no exigir responsabilidades a la ciudadanía porque eximirla de ellas da ventaja a la hora de comprar sus votos. Esto se compensa eliminando a todos los efectos el derecho de propiedad y la mayor parte de las libertades a cambio de "seguridades". El resultado es una ciudadanía degradada y sometida.

    El conjunto de estos dos factores ha convertido a las Constituciones derivadas de aquellos eventos en auténticos mecanismos facilitadores de la Captura del Poder Social por unos pocos a costa de la Ciudadanía.

    Hoy asistimos, nos guste o no, al principio de su descrédito, de su pérdida de legitimidad otorgada. Dos factores que preceden a su muerte.

    Una muerte ya anunciada por el mismo Tocqueville en este parrafito que me encontré a los soportales de la plaza de Villafranca.

    "….veo una multitud de hombres iguales o semejantes, que giran sobre sí mismos para procurarse placeres ruines y vulgares con los que llenan su alma….Sobre éstos se eleva un poder inmenso y tutelar que se encarga no sólo de asegurar sus goces y vigilar su suerte…"

    La segunda ley de Termodinámica es tremenda. O encontramos formas de restablecer niveles de energía o la cosa se acerca inexorablemente al cero absoluto.

    Saludos y buenas noches

    • De Lege Ferenda
      De Lege Ferenda Dice:

      Bonito inicio de la ruta de Os Ancares; y lo mejor de Villafranca: la Cecina de la Carnicería de Moncho.
      Sobre lo demás, me remito a la afirmación de Doc Boone (Thomas Mitchell), en "La Diligencia":
      "No solo soy filósofo, sino también fatalista".

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