Partidos políticos, democracia interna y las elecciones primarias

Hace algo más de un mes después de un intenso desayuno con mi compañera Rocío Divar, Vicepresidenta de Principios, en el que hablamos de la actual crisis institucional y de confianza política que se atraviesa en España, me animó a escribir algo sobre la materia y asistir a una sesión de las llamadas #CañasPolíticas en las que iban a participar como ponentes Iñigo Henríquez de Luna y Pedro Núñez Morgades. Ha pasado algo más de un mes y los apuntes que había ido esbozando para preparar este trabajo se han beneficiado de las brillantes intervenciones de ambos y del coloquio que siguió después.

 

La patología organizativa de los partidos políticos

 

Los partidos políticos son elementos fundamentales de un régimen democrático, al constituir el instrumento que mediatiza la relación de los ciudadanos con el poder, permitiendo que éstos, -al incorporarse a ellos libremente o eligiendo a sus representantes de entre sus miembros- puedan participar en la formación de la voluntad estatal. Pero, por otra parte, también son unas organizaciones cuya esencia y finalidad radica en la consecución del “poder político, a través de elecciones dentro de un marco legal e institucional, de manera pacífica sin el uso de la violencia”[1].

Pero el poder puede obtenerse dentro y fuera del partido. Cuando los integrantes poseen poder, influyen en las decisiones políticas, administrativas y electorales del partido. En este sentido, las decisiones políticas se refieren a las estrategias que el partido debe seguir ante la competencia electoral. Las administrativas se refieren a la organización interna, presupuesto y cómo el partido actúa en los medios de comunicación. Las decisiones electorales se enfocan en cómo actúa el partido en una elección local, estatal o federal [2]. Además de la consecución de unos ideales que podrían plasmarse por la conquista del poder político en un determinado ámbito territorial, el partido también posibilita a sus miembros, real o idealmente, la consecución de poder personal, prestigio, posición política, recursos económicos, lo que indudablemente afecta a las pretensiones de los dirigentes. Cualquier análisis que se haga del funcionamiento interno de un partido político no puede desconocer esta doble dimensión.

La experiencia histórica indica que todo lo anterior favorece un campo de cultivo que tiende a degenerar en una suerte de “patología organizativa” que ya fue descrita desde un punto de vista teórico hace un siglo por MICHELS[3], al plantear que en todo partido político, sobre una base democrática inicial, termina surgiendo -aun cuando no exista una pretensión consciente y deliberada- un poder oligárquico fundado a partir de la consolidación de un liderazgo considerado necesario desde un punto de vista electoral. Más tarde, cuando esa oligarquía ha alcanzado un estado avanzado de desarrollo, los líderes comienzan a identificar consigo mismo, no sólo las instituciones partidarias, sino también la propiedad del partido y se consolidan dos fenómenos íntimamente vinculados entre si: la jerarquía y la burocracia, que son incompatibles, por naturaleza, con una toma de decisiones de carácter democrático. Surge pues una tensión constante que a lo mejor en otros momentos históricos no ha sido preciso resolver, pero llegados a este punto resulta inevitable afrontar.

Así, ahora, en España, si bien por imperativo constitucional los partidos políticos han de tener una configuración democrática, en la práctica se confirma el proceso que hemos descrito antes y, como resulta evidente al escuchar muchas de las propias declaraciones de sus responsables, los procesos de toma de decisiones son en su mayor parte verticales y el reclutamiento entre sus miembros de quienes van a realizar funciones de liderazgo se realiza mediante procesos de cooptación en donde con frecuencia la lealtad personal y la dependencia prima sobre el mérito.

En su seno existe más una democracia interna formal o semántica que real o efectiva, y esta situación, que cada vez resulta más obvia para los electores respecto de los partidos tradicionales, ha producido una creciente crisis de confianza que afecta a su rol como intermediarios entre el ciudadano y el poder al que hacíamos referencia al inicio de este artículo.

 

La cambiante relación entre los partidos políticos y la sociedad en la que actúan.

 

La sociedad ha evolucionado mucho en nuestro país desde la transición de 1978 y su mayor madurez democrática resulta cada vez más incompatible con una forma de funcionamiento que ha quedado obsoleta. Y ello, aunque suene paradójico, probablemente no sea sino una consecuencia del éxito del sistema democrático que estos partidos han protagonizado durante los últimos cuarenta años.

Una situación parecida aconteció a principios del siglo XX, cuando el sistema de partidos de corte clientelar y caciquil que conseguido dar respuesta a las necesidades de la sociedad española del último cuarto del siglo XIX, y que había tenido éxito en la pacificación del país tras casi setenta años de guerras civiles, se vio superado por la propia evolución de la sociedad y no pudo dar respuesta a los desafíos derivados de la incipiente industrialización del país y de la auténtica posición de España en el nuevo orden internacional que se estaba formando. El fracaso en la capacidad de regeneración de los partidos políticos que protagonizaron la Restauración, afectó a su papel de intermediación entre la ciudadanía y el poder y, de manera natural, fueron sustituidos en las preferencias de los electores por nuevos partidos de corte mucho más radical (comunistas, fascistas, anarquistas), con resultados de todos conocidos[4].

Así pues, ante un cambio del paradigma vigente en la sociedad en la interaccionan, se hace imprescindible transformar el funcionamiento interno de los partidos -y con esto hago referencia tanto a los partidos que protagonizaron la transición como a los partidos de nuevo cuño pero que funcionan con dinámicas semejantes-, para que puedan seguir representado válidamente el papel que tienen atribuido.

 

Las elecciones primarias como un instrumento de democracia interna.

 

Dentro de este orden de cosas, en los últimos tiempos se ha hecho especial hincapié en la introducción de elecciones primarias en la elección de los candidatos de los partidos para concurrir en representación de su partido en los procesos electorales.

Originalmente, las elecciones primarias surgieron en los Estados Unidos de América promovidas por el Movimiento Progresista como un intento de reforzar la autonomía de los candidatos presidenciales frente a la creciente influencia que en su nominación dentro de cada partido habían alcanzado los “tycoons” surgidos con la explosión del capitalismo corporativo acontecida en el último cuarto del siglo XIX que había herido de muerte aquella utópica república de pequeños propietarios agrícolas que tan bien había descrito TOQUEVILLE en su obra “La Democracia en América”.

Siendo LA FOLLETTE Gobernador de Wisconsin fue aprobada la primera ley de primarias  en 1904[5] como sustituto de las precedentes y manipulables causcus o asambleas; pero parece que fue con TEOHODORE ROOSEVELT cuando se asumió este sistema durante el proceso previo a las elecciones presidenciales de 1912 en el seno del partido republicano, si bien la resistencia de la jerarquía del partido al nuevo modelo hizo que, a pesar de todo, fuera nominado como candidato WILLIAM H. TAFT, provocando una escisión al crear Roosevelt el Partido Progresista y, a la postre, que los demócratas ganaran las elecciones por la fragmentación del voto republicano. Sin embargo, no fue hasta 1968, cuando en la Commission on Party Structure and Delegate Selection (Comisión McGovern-Fraser) se establecieron una serie de recomendaciones para mejorar el procedimiento de elección de los candidatos presidenciales, lo que facilitó su consolidación y generalización. Desde 1976, todos los candidatos presidenciales de los partidos democrata y republicano han sido elegidos por este procedimiento, aunque algunos estados mantienen aún el viejo sistema de “causcus”.

A través de este sistema, son los electores del propio partido y sus dirigentes, los encargados de elegir a los delegados que luego, en la convención, decidirían al candidato que representaría al partido en la carrera a la presidencia. Actualmente el mecanismo se ha extendido también para la nominación para las candidaturas a otros procesos electorales como, por ejemplo, las elecciones al Congreso o al Senado en muchos Estados de la Unión.

En tiempos recientes, diversas iniciativas inspiradas en este modelo y bajo la denominación de “elecciones primarias” se han utilizado en Argentina, Honduras, Chile, Venezuela y, últimamente en España, si bien las diferentes características de los sistemas electorales de cada uno de ellos hacen que el procedimiento empleado sea distinto y los resultados dispares. Sobre estos ensayos  ROGER SENSERRICH ha publicado numerosos e ilustrativos artículos en el blog Politikon.

En cualquier caso, no debemos olvidar que la introducción de mecanismos de elecciones primarias no es un fin en si mismo, sino tan solo un mero instrumento que, en combinación con otros (mayor transparencia, modificaciones en el sistema electoral, una firme autoexigencia ética de sus miembros, aprovechamiento de las nuevas tecnologías para favorecer la participación ciudadana en el proceso de toma de decisiones, etc) pueda paliar la “patología organizativa” que hemos comentado y, así, los partidos políticos recuperen la confianza perdida de los electores.

En cualquier caso, la adaptación de este instrumento al sistema electoral y de partidos español es compleja pues se trata de implantar un sistema orientado a elegir a un único candidato a un modelo en el que se eligen simultáneamente a varias personas en una lista cerrada.

Además, implica riesgos como abordar una aplicación errónea o perversa del modelo que terminaría desvirtuando su finalidad o hacer que surjan efectos secundarios contraproducentes.

Por un lado, en partidos de nueva creación o con una militancia pequeña, existe el riesgo de que una manipulación del censo por determinados actores pueda pervertir el resultado al practicarse sobre la base de un cuerpo electoral pequeño. Por ese motivo, parece discutible que teniendo en cuenta la fragmentación municipal española, salvo cuando se trata de lugares con una militancia relevante, este sistema sea adecuado para elegir a los candidatos más idóneos para concurrir en las elecciones municipales en representación  de un partido.

Por otro, en los partidos en donde existe una centralización importante, la introducción  de este sistema puede resultar fácilmente desvirtuada por el establecimiento de exigencias de casi imposible cumplimiento si no se tiene el control o el apoyo de la jerarquía de la organización (número de avales excesivo, listas multitudinarias mínimas,  prestación de fianzas económicas cuantiosas, etc…), o también mediante la ausencia de imparcialidad durante el proceso (utilización por parte de una candidatura de los medios propios del partido para hacer campaña interna, creación de obstáculos a la difusión entre la militancia del mensaje de los candidatos no próximos a la jerarquía de la organización, apertura de expedientes disciplinarios por causas banales, etc…).

Existe también el riesgo de que se utilice este instrumento, no como un medio de democracia interna, sino como una sistema de resolución de conflictos entre facciones a través del cual el ganador del proceso de primarias lo gana todo y el perdedor, aunque haya sido respaldado por una parte relevante de la militancia queda condenado al ostracismo.

En España, con el caso de UPyD hemos tenido un ejemplo reciente de los devastadores efectos que puede causar una utilización perversa de las elecciones primarias. Este partido en sus orígenes parecía tener una vocación de funcionamiento interno profundamente democrática y a él se incorporaron muchas personas desencantadas con las dinámicas vigentes en los partidos tradicionales. Según los estatutos del partido, tanto la elección de los cabezas de lista por cada circunscripción, como los miembros de los Consejos Territoriales son elegidos directamente por la militancia.

Sin embargo, durante su relativamente corta existencia apenas han existido procesos electorales internos que hayan sido pacíficos. La injerencia de la Dirección nacional  ha sido una constante y los miembros que se han presentado en listas alternativas a las apoyadas desde la jerarquía,  han sido -por regla general y sin entrar en detalles-ninguneados dentro de la organización, eso cuando no han tenido que salir del partido de una manera u otra. La primera consecuencia práctica de esta forzada neutralización de unos instrumentos diseñados para garantizar la democracia interna resultó en desencanto creciente y una gran rotación de afiliados con la consiguiente fuga de talento, de tal manera que tan solo cinco años después de su nacimiento, el partido contaba con más del doble de ex-afiliados que de afiliados en activo; la segunda consecuencia ha sido su descalabro electoral y descomposición interna.

Es posible que en el caso de un partido más grande y consolidado, que ejerce un poder territorial e institucional importante, la existencia de redes clientelares puede atemperar desde el punto de vista de la estabilidad interna, el efecto del desencanto derivado de esta utilización meramente cosmética de las elecciones primarias. Sin embargo, a la larga, calará en el electorado la idea de que nada ha cambiado y que se le quiere engañar una vez más.

 

Conclusión

 

De lo anterior podemos concluir que conseguir una más sólida democracia interna en los partidos es un elemento imprescindible, no el único, para conseguir restituir la confianza de la ciudadanía en el papel que los partidos políticos desempeñan como instrumento esencial de participación política en nuestro sistema democrático.

Las elecciones primarias han sido un instrumento que ha resultado útil en otros escenarios y también pueden serlo aquí, siempre con la vocación de mejorar esa democracia interna con la finalidad última de restaurar esa complicidad entre el elector y su representante institucional que justifica el papel instrumental de los partidos políticos en una democracia madura

Pero su utilización también exige un estudio previo que tenga en cuenta las limitaciones del propio modelo en su adaptación a nuestro sistema electoral y los condicionantes derivados de las propias circunstancias de cada partido, evitando utilizarlas de manera espuria o meramente cosmética.

 

[1]          SARTORI, Giovanni. Partidos y sistemas de partidos. Alianza Editorial, Madrid, 1980.

[2]             WEBER, Max, “Tipos y estructuras de partidos”, en Lenk, Kurt y Neumann, Franz (coords.), Teoría y sociología critica de los partidos políticos, Anagrama, Barcelona, 1980, p. 299

[3]             MICHELS, Robert, Los partidos políticos, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1969. pag, 69

[4]             Varela Ortega, José “Introducción a la obra de Joaquín Costa, Oligarquía y Caciquismo” Ed. Planeta-Agostini, Barcelona, 2011 (pags. 46 a 49)

[5]             Bosch, Aurora: Historia de Estados Unidos (1776-1945), Ed. Crítica, Barcelona, 2005. pag 330

10 comentarios
  1. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Muchas gracias por el trabajo del autor que por supuesto volveré a leer al menos otra vez.

    Entre la muchísima bibliografía de interés me atrevería a añadir un denso y premonitorio texto de 1997: "¿Podremos vivir juntos?" de Alain Touraine en su edición de Fondo de CE. Hace tiempo que el foco del pensamiento se dirige hacia nuevos planteamientos.

    Demasiadas cosas están en serio entredicho para creer que las instituciones actuales van a salir incólumes o con pequeñas "reparaciones" de este trance histórico que estamos comenzando a percibir.

    Los partidos, –a fin de cuentas empresas privadas para la conquista del Poder–, son simplemente un reflejo de la impotencia ciudadana para promover cambio alguno dentro de las estructuras actuales. ¿Mancur Olson, 1956?

    Un par de apuntes.

    1. Pretender que "democratizándose" van a ser "mejores" empresas desempeñando "mejor" su función es algo bien cuestionable y una muestra más de las serias deficiencias de raciocinio y percepción que nos aquejan como especie gregaria en esta etapa evolutiva. ¿Por qué? ¿No es precisamente este proceso el que garantiza que eventualmente un partido será capturado con mayor facilidad?

    En algún momento habrá que ver las cosas más como son, menos sacralizadas. A ver nuestro genial empirismo doctrinario. ¿Dónde está?

    2. En relación con el poder social de los partidos sobre la ciudadanía hay un punto que no creo que tocase Michels en la obra que cita el autor. No lo recuerdo.

    Se trata de la facilidad de captura de cualquier partido por poderes más reales, más capaces y con los pies más en el suelo. Toda la interacción entre el imperio y sus dominios suele excluirse de cualquier análisis.

    Por muchas vueltas que le demos terminamos siempre en el mismo sitio: El Modelo Pastor-Rebaño, Pastores-Rebaños, está agotado.

    La alternativa es que el Rebaño deje progresivamente de serlo y, curiosamente, es la única vía en la cual se vería un progreso atractivo y evolutivo de la humanidad. Más poder decisorio en manos ciudadanas, frecuente y constante.
    Esto no es nuevo: Lo recordaba Dahrendorf en sus comentarios (pág. 188) al informe citado hace unos días ( http://www.trilateral.org/download/doc/crisis_of_democracy.pdf )

    Esta Transición durará quizás un siglo o dos (como la de la Revolución Francesa) pero ya ha empezado. Por agotamiento del paradigma vigente y por imperiosa necesidad humana.

    Gracias por el artículo y volveremos sobre el tema.

    Saludos

    • José Mª Pérez
      José Mª Pérez Dice:

      Gracias por el comentario y por la reseña bibliográfica de Tournier.
      La captura de los partidos por los poderes reales, tal y como recojo en el artículo se encuentra en el origen de la implantación de las primarias en EEUU. En cualquier caso, cualquier solución será válida tan solo durante algún tiempo, pues las distintas fuerzas interactúan en defensa de sus respectivos y contrapuestos intereses. Cuando una solución deja de dar una respuesta adecuada al problema, el ciclo se reinicia. Se trata de una dinámica de modernización, conflicto y desarrollo. Si la sociedad da con las medidas más o menos adecuadas, entonces la nación se regenera y se desarrolla en mayor o menor medida. Si la sociedad no consigue superar sus contradicciónes y las medidas no son adecuadas, el problema puede degenerar hasta convertirla en un estado fallido. Ejemplos de ambos resultados son abundantes en el panorama político mundial.

  2. De Lege Ferenda
    De Lege Ferenda Dice:

    Por muchas elecciones internas, externas o demediadas, como el Vizconde de Calvino, el Gobierno seguirá en manos de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo.
    http://www.abc.es/espana/20150729/abci-supremo-querella-zapatero-201507291130.html
    Salvo que los aforados dejen de estarlo, caso de ZPero ante la Querella de mi muy apreciado José Luís Mazón. Curiosamente, se trata de la empresa que reparte favores a cualquiera que haya ganado un buen saco de votos. Más aún, que financia la caza de votos por parte de aquéllos que han alcanzado la santidad en la opinión de "Los Mercados"; bienaventurados, pues ellos alcanzarán las poltronas.
    Las elecciones primarias, como las secundarias y terciarias, y las que se pongan delante, las seguirán ganado los dueños de nuestras opiniones.
    Pero queda muy chuli.

  3. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    Coincido con las opiniones anteriores. Los partidos políticos verdaderos son aquellos que se forman de manera espontánea por los ciudadanos alrededor de unas ideas sobre la convivencia social y política. Para eso es preciso una ciudadanía real, no ficticia, de personas habituadas a analizar, debatir, proponer y dar respuestas a sus problemas. ¿Donde ha estado hasta ahora? Ni siquiera en el seno de los partidos existe tal debate por lo que su diseño, estructura organizativa y funcionamiento se basan en el modelo elaborado ¡por el gobierno de turno! La paradoja democrática está servida. Es España se "crearon" unos partidos ficticios con la capacidad de gobernar bajo el modelo de alternancia bipartidista. Los demás, más pequeños, menos "estructurados" y desde luego sin posibilidad alguna de gobierno como se ha comprobado, han servido para la puesta en escena de una democracia artificial que llamamos "democracia representativa" ¿de qué o de quienes? Pero además, como muy bien dice Manu, tales organizaciones representativas están atrapadas por los verdaderos poderes en la sombra que son los que tienen realmente la capacidad de crear gobiernos o hacerlos caer si no se doblegan. Lástima que no sepamos los entresijos que hicieron caer a Suárez, por ejemplo o llevaron al poder al PSOE laminando a los socialistas históricos. Pero esto no es una cuestión puramente nacional, el mundo globalizado está en las mismas situaciones porque ahora hay poderes que mueven los hilos a lo largo y ancho del planeta. Este es el verdadero debate al que nos enfrentamos y donde las "primarias", como la mayor parte de lo que se nos sirve mediática y politicamente, es un juego para entretener al personal. De nosotros depende crear otros debates más importantes y trascendentales de cara al futuro que generen otras formas de hacer política, pero parece que nos asusta un poco hablar sobre qué está pasando realmente en unos conflictos bélicos en marcha (Irak, Siria, etc.) y otros a punto de saltar (paises bálticos o Ucrania); qué es realmente el ILTP que se negocia sin que nadie parezca saber nada de tales negociaciones; qué consecuencias puede tener para España los nuevos acuerdos sobre la base de Morón; qué es realmente eso del "eurogrupo" ya que no consta entre las instituciones europeas y para qué sirve; quienes son y qué hacen algunos clubs u organizaciones privados con repercusión pública de sus decisiones…. en definitiva ¿de qué va todo esto? Lo de menos hoy es cómo nos venden la "democracia participativa" de unos partidos basados en la aceptación de quien reparte puestos y cargos. Un saludo.

    • Manu Oquendo
      Manu Oquendo Dice:

      Abundando en el comentario de O'Farrill sobre lo fácil que resulta controlar a muchos partidos políticos (no a todos pero sí a todos los importantes) y lo complejo del asunto quiero recordar un par de apuntes. Uno muy distante en el tiempo y otro de hace unos meses.

      1. El Informe, ya conocido y aquí citado, de 1975 sobre la Gobernabilidad de las Democracias que la Trilateral encarga a Crozier, Huntington y un profesor japonés, Watanuki.

      En él hemos visto hace unos días la siguiente recomendación: La 5ª de siete.

      “Reexamination of the cost and functions of higher education”.

      Por diferentes motivos se estaba dando ya entonces una situación de Exceso de Personas con titulación universitaria en relación a los trabajos que estarían disponibles. Una situación delicada que se debía reconducir para evitar "la frustración futura" de grandes masas con aspiraciones poco fundadas.

      Desde entonces hemos visto que la situación se ha agravado y que la respuesta sistémica ha sido:

      –Reducir las exigencias para la titulación universitaria,
      –Aumentar la oferta universitaria y
      –Extender la vida estudiantil para terminar alcanzando menos conocimientos.

      El panorama futuro con los índices actuales de lectura (larga y reposada, la que sirve de algo) es pavoroso.

      El sistema, incapaz de reconducir en positivo, degrada deliberadamente protegiendo la estructura de Poder de un modo muy eficaz.

      2. La reciente operación mediática que –con apoyo de los Mass Media con mayor accionariado no español– ha conseguido.

      A) Dar salida de forma controlada y manejable a los movimientos ciudadanos que inevitablemente habrían de surgir de una grave crisis estructural de Occidente.

      Hoy, estos movimientos han alcanzado su límite manejable, (son ya parte del sistema como lo fue Cohen-Bendit en el 68) y han comenzado a decaer, han mostrado sus debilidades y están bajo el control de dichos medios.

      B) Eliminar a partidos que, con sus propios defectos como UPyD, representaban un riesgo grave para el sistema de poder vigente a través de sus querellas. El sistema no puede permitirse el lujo de partidos incorruptibles o fundamentalistas.

      C) La impulsión en el mismo espacio electoral de un partido más manejable que recibiría todo el apoyo de dichos medios y la financiación adecuada.

      D) La laminación calculada y controlada de la capacidad de mayorías absolutas por parte de ningún partido y que, eventualmente, –en una situación muy complicada para las Entidades Supranacionales que nos gobiernan– podrían convertirse en amenazas graves a sus estrategias en relación a los Estados Nación europeos.

      Esto explica el continuado ataque de estos mismos medios al PP que, naturalmente, hace todo lo que puede para cooperar en dicho objetivo.

      Como hemos visto la operación ha sido de gran calidad estratégica y ejecutada con gran finura. Realmente como ejercicio de Control y Gobernabilidad democrática ha sido soberbia. Este y no otro es el estándar a batir por una ciudadanía madura.

      En este entorno no puede la Ciudadanía continuar funcionando como si tal cosa ni mucho menos correr a integrarse en estructuras tan nítidamente Dependientes de recursos que no le pertenecen y que funcionan con criterios exógenos a los intereses concretos de los ciudadanos.

      El truco está en ponerle el cascabel al gato y, de momento, parece más "razonable" integrarse en el sistema cuyas cabezas pensantes y actuantes, mal que bien, dan muestras de una gran superioridad estratégica y táctica.

      Saludos

  4. José Mª Pérez
    José Mª Pérez Dice:

    Gracias también a los comentarios de De Lege Ferenda y de O,Farrill. El artículo deja entrever un cierto especticismo no tanto sobre el concepto de elecciones primarias en si, sino en como pueden ser usadas dentro de los actuales partidos pero intentando abordar la cuestión desde un enfoque positivo.

    En cualquier caso, opino que es un tema tan interesante o más que otros muchos y ha despertado mi curiosidad lo suficinte como para rescatar del polvo algunos viejos libros que andaban por casa, rebuscar otro poco por internet y escribir sobre él.

  5. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Comparto el escepticismo de José Mª respecto a que cualquier cambio estatutario sirva para modificar el papel de los propios partidos. Realmente el escepticismo de todos los comentarios porque el de Chus y el de O'Farrill son del mismo tenor.
    Un partido es lo que es, su función determina la naturaleza del órgano y no creo que sirva para mucho tratar de regular lo accesorio en tanto en cuanto la función y los incentivos permanezcan.

    Sería interesante ver los comentarios que suscita la lectura de los estatutos del PNV. Un buen ejemplo de partido eficaz tanto en el control social como en la conducción política de la población de un territorio. Chus también tiene gran experiencia en el tema estatutario.

    Estudiamos modelos de estatutos pero nos suelen pasar desapercibidos los de partidos fuertemente ideologizados y entregados a una labor mesiánica que excede en mucho la función clásica de forma de acceso al poder formal en instituciones democráticas.

    Este partido, por ejemplo, también tiene sus propios órganos de Justicia del mismo modo que ha creado jerarquías internas para la gestión cultural y la redistribución de fondos públicos para fomento del tipo de cultura por ellos favorecida. De Batzoki a batzoki tiro porque me toca.

    Las condiciones para formar parte de estos "órganos de justicia" internos son muy sencillas: Miembro del Partido y Euskaldún.

    ¿Qué es ser Euskaldún?

    Eso, independientemente de los diccionarios, lo saben ellos y nadie más.

    Pero desde luego es un término racista por mucho que se cierren los ojos. Vamos que en la antigua Sudáfrica sería el equivalente de reservar ciertas funciones a blancos con pecas de origen holandés.

    Afortunadamente el PNV no especifica estatutariamente si se trata de euskaldun berri o euskaldun zaharra. Pero les gustan más de los segundos.

    En cualquier caso, el control social que ejercen sus 31,000 afiliados es total y a mi modo de ver enfermizo.

    Pero esto solo puede ser combatido desde una ciudadanía fuerte. Justo lo que los partidos están llamados a dominar y a anular.

    Saludos

    PD. Otro librito que ilustra estos temas al establecer una taxonomía plausible del revoltijo liberal de todos los puntos cardinales:

    "El liberalismo Triste".
    Carlo Gambescia. 2015
    Ed. Encuentro

  6. Carlos
    Carlos Dice:

    Muy buen post. Gracias por los comentarios y sobre todo gracias a Manu por las referencias y por ser una de las pocas personas ya, creo, que sigue valorando a UPyD como se merece, y sigue reconociendo que la causa de la debacle no sólo fue la cabezonería de R10. Al hilo de esto y también del post, efectivamente esta sociedad está sacralizando acríticamente ciertos conceptos. Uno de ellos es el de la democracia. La democracia es una forma de gobierno, una herramienta para que los ciudadanos puedan participar de lo común, ¿pero qué opciones tiene la ciudadanía de tomar posiciones si no hay verdaderas opciones diferenciadas a las que votar?. En este sentido creo, en un partido siempre habrá tensiones entre la idea clara de lo que quiere ofrecer y su democracia interna. ¿Para qué democracia interna, digamos por ejemplo, en UPyD? ¿para convertirse en otra cosa? ¿para que todos los partidos sean iguales y no haya realmente opciones? ¿En qué nos beneficia el que la democracia se extienda descontroladamente por todos los ámbitos de la sociedad?

  7. De Lege Ferenda
    De Lege Ferenda Dice:

    YO YA SABÍA QUE ERAN LOS PADRES

    “Yo ya sabía que eran los padres”. Son las palabras devueltas por mi hijo de 8 años cuando le confesé quienes eran los Reyes Magos.

    Yo también sabía quienes eran los Movimientos Sociales. Y ahora, como mi hijo, reconozco que lo sabía. Por eso mi conocimiento posee utilidad. Lo reconozco; luego, me veo forzado a actuar.

    Los Movimientos Sociales son un “ellos”, no un “nosotros”. Son los “ellos” que custodian a los “nosotros”. Son quienes reproducen en “sus” organizaciones todos los vicios de “sus” mayores; y los amplifican hasta el paroxismo.

    No hay vida sin movimiento; pero si puede haber movimiento sin vida.

    En estos “Movimientos Zombies”, los que no tienen hipoteca, se mueven en lugar de los que si la tienen. Los que nunca trabajaron, defienden los derechos de los trabajadores. Los que tienen trabajo, reivindican trabajo para los parados. Los jueces dependientes del poder político, denuncian la falta de independencia judicial. Los que están sanos, piden medicinas “para todos”.

    Hemos aceptado el más falaz silogismo: “Yo critico la maldad del poderoso; luego, yo soy bueno”. Pero no lo hemos hecho solos. Lo hemos hecho con ayuda, mucha ayuda. De los “bienpagaos”. Con la ayuda de los Movimientos Sociales. De las Muy Gubernamentales Organizaciones No Gubernamentales.

    Los Movimientos Sociales, financiados generosamente por los mismos beneficiados de las situaciones “contestadas” por esos “ellos” que pretenden ser “nosotros”. Que nos sustituyen como “nosotros” a los ojos de todos, por obra y gracia del corrupto Poder Mediático.

    Crean problemas falsos, nos “indignan” con sus manipulaciones, y nos incitan a una reacción, que “ellos”, en sustitución de “nosotros”, definirán y ejecutarán.

    Al final, todo gira en torno al ¿Quién?, y nada sobre el ¿Qué? Reproduciendo en el proceso todos los vicios de “sus” mayores, los Partidos Políticos. Lo que comienza siendo una amplificación del problema, acaba siendo su caricatura.

    Actúan como un difuminador social, a la vez que un vado permanente a toda otra reacción. Ellos ocupan todo el espacio del “nosotros”, hasta hacernos desaparecer.

    Pero, tras habernos sustituido como “nosotros”, ¿que soluciones a nuestros problemas proponen “ellos”? La respuesta, que ahora reconozco sabida, no es sino: Ninguna propuesta puede constituir solución efectiva al problema. Y, cualquiera que fuere la respuesta, tenderá a aumentar el ámbito de “lo” problemático.

    No pueden solucionar el problema de cuya existencia dependen, sin desaparecer “ellos” difuminándose entre “nosotros”. Del problema extraen su fortaleza. Cuanto mayor sea el problema, mayor resultará su fuerza.

  8. De Lege Ferenda
    De Lege Ferenda Dice:

    La verdad de las mentiras.
    El Hada que nos han Colau, se destapa: infringe su propia moratoria a las licencias hoteleras para beneficiar a un "fondo andorrano"; es decir, a un fondo de un paraíso fiscal.
    El beneficiado se compromete a seguir iluminando la noche barcelonesa, y a consumir muuucha electricidad recalentadora del clima.
    Las "razones" son pintorescas: El Fondo parasitario beneficiado había solicitado una "Certificación Urbanística". No una Licencia, sino una Certificación que carece de efetos jurídicos, e incluso es ineficaz para acreditar lo que manifiesta.
    Pero se fundamenta en un supuesto informe de … Cuatrecasas. Si, el de los Paraisos Fiscales. Todo queda en el extranjero, menos las deudas, que las dejan en "casa" (en la nuestra, aclaro).
    http://www.elconfidencial.com/espana/2012-01-17/el-juez-imputa-al-abogado-cuatrecasas-por-un-fraude-fiscal-de-casi-4-millones_235022/
    Si no fuese porque Jueces para la Democracia (con ese nombre van como enmascarados; agravante de disfraz?) "apoya" a estos descamisados de lujo, empezaríamos a verlos pasear por los Juzgados.
    Pero no; no lo harán por el momento. El poder verdadero, que los sustenta, lo prohíbe por ahora. Cuando les toque caer, lo harán con estruendo, lo veremos cuando "toque".

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