Es más fácil hacer manifestaciones que resolver los problemas de los manifestantes

La  economía es la base de los derechos sociales y para tener un alto nivel de vida un país,  su sistema productivo ha  de alcanzar un nivel similar de competitividad. No son de las promesas de los políticos sino del éxito de los productos y de los servicios nacionales en los mercados, de lo que dependen el nivel de renta de la población, la remuneración, la seguridad y la cantidad del empleo, la financiación de los servicios públicos y las prestaciones sociales y  en definitiva, la calidad del Estado del bienestar.

Es, pues, la competitividad del sistema productivo el motor del desarrollo de los pueblos Y esta, no depende del régimen político del país, porque nadie compra los productos discriminándolos  según el respeto de los gobiernos de los derechos humanos y  las libertades públicas. Entre los países de más crecimiento los hay democráticos y también autoritarios ( ejm. China) pero todos ellos van por la senda del esfuerzo y toman parecidas medidas para mejorar la calidad de su producción . Fundamentalmente,  mejorar el sistema  educativo, dotar de un marco legal, , laboral, financiero y tributario que incentive la creación de empresas, lograr un equilibrio en las cuentas públicas…Lo que se llaman medidas estructurales.

¿Por qué las medidas estructurales, que son tan claras como sus beneficiosos efectos sobre la economía y la ciudadanía, cuesta tanto que sean aprobadas y casi siempre se hace en situaciones extremas y ello en todo tipo de sistemas políticos, sean democráticos o autoritarios? En cuanto a estos últimos, en una serie que publicamos en el periódico económico Expansión y en un artículo sobre el ejemplo cubano ¿Porqué Cuba es tan pobre?, exponíamos las razones de que no se estuvieran aplicando las medidas que tanto éxito habían tenido en China.

A pesar de las críticas, la experiencia política china nos parecía enormemente beneficiosa para la población tanto en materia de bienestar material como , aunque pareciera un despropósito, para el futuro del sistema de libertades de la misma, pues “ Cuando un sistema político autoritario apuesta con éxito por el crecimiento del país y la satisfacción de las necesidades materiales de la población, la clase dirigente está asentando los fundamentos de un nuevo régimen político de naturaleza democrática”

Pero este no era el caso de los dirigentes cubanos o los de Corea del Norte, sus propósitos eran otros: “Las dictaduras sólo pueden arraigar en sociedades, económica, social y culturalmente subdesarrolladas, de forma que el progreso económico es su más eficaz enemigo. Ya que,  superadas por la población sus necesidades materiales, el ansia de desarrollo personal y de participación política y social de los ciudadanos, forzará a un radical cambio político. La forma de que, una vez implantado un sistema dictatorial, éste sea viable es encadenar a la miseria a su población para que, así, cuantos más ciudadanos estén bajo el límite  de subsistencia, menor presión habrá para la implantación de un sistema político democrático.

Su sistema económico es ineficaz porque así lo exige la supervivencia del régimen político y la estructura de poder e intereses de su clase dirigente” (actualmente se diría “casta dirigente”). Para estos países que apuestan decididamente por un sistema dictatorial perpetuo, la expresión pan y libertad son incompatibles. Si yo fuera uno de nuestros mediáticos asesores políticos que intentan garantizar el asentamiento vitalicio de una casta política reaccionaria, represiva ineficiente y corrupta, les recomendaría que no dieran a su pueblo pan porque luego pedirán libertad y democracia.

Y en cuanto a las democracias, determinadas medidas, como las reformas laborales y de gasto público, pueden arruinar las expectativas electorales de sus dirigentes políticos. Hace algún tiempo, un cliente me manifestó su queja de que las medidas que estaba tomando nuestro gobierno en materia laboral y de reducción de gasto público y de funcionarios eran demasiado tímidas y que deberían ser más radicales y le contesté que dirigir una democracia no es como gestionar una empresa.

Todo lo que decía tenía sentido en una empresa pero en una democracia ¿con cuantos votos contaría para hacer llevar a cabo sus propuestas?¿Ha calculado el número de personas afectadas por estas medidas y su reacción en las votaciones?  Y para aclarárselo le puse los siguientes ejemplos de países con mayor nivel de renta y de cultura y con más experiencia democrática que el nuestro:

Göran Person que fue  ministro de economía socialista de Suecia en 1996  y que reformó el Estado de bienestar para hacerlo viable, describía esta situación con las siguientes palabras que utilizamos en un artículo anterior: “ Cuando fui nombrado ministro de economía en 1996, el déficit presupuestario de Suecia superaba de largo el 10%”…Recortar esa deuda nos humillaba .Y para lograrlo tenía dos caminos , hacer lo que debía y no ser reelegido y no hacer nada y seguramente no ser reelegido … pero además perjudicar con mi inacción a mi país..Nos costó seis años que las reformas dieran resultados, redujimos-fundamental-los costes laborales, los salarios y recobramos la competitividad de nuestra industria exportadora, crecimos. Y reformamos pensiones, la administración, los subsidios de paro.. Y me convertí en el ministro de economía menos valorado de la historia de Suecia, pero 4 años después si que volvieron a votarme..Un país que debe esa barbaridad de dinero ni es soberano ni tiene democracia que valga , porque no es dueño de sí mismo”…y si no es demócrata , tampoco puede ser social..

Sin embargo, en Alemania, la experiencia no fue tan positiva para sus dirigentes. Joaquim Möller , director del Instituto de Investigación del Empleo del Gobierno de Alemania exponía, también en La Vanguardia, la experiencia del canciller socialista Shröder que entre el 2.003 y el 2005 completó la agenda 2010, un cambio radical en materia laboral .“Si lo hubiera hecho la derecha, Alemania hubiera ardido”.Me lo explicó el mismo: sabía que le costaría el cargo, pero también que lo hubiera perdido si no lo hacía. Y está orgulloso de haber devuelto el empleo a millones de alemanes.

“ Al parado hay que apoyarle pero también exigirle”..”.. Hay que desincentivarle la tentación de que rechace buenos empleos para seguir cobrando sin trabajar, pero también ayudarle a que se forme y a encontrar empleo. Reformaron la agencia de empleo para hacerla más eficiente y acortaron a un año el subsidio de paro, tras el año el parado sólo cobraba una ayuda de mera subsistencia y sólo si no tenía ahorros ni otros ingresos. Se  reforzó la formación profesional y se ayudó a los emprendedores para que crearan empresas…. por primera vez en 30 años las reformas estructurales redujeron el paro estructural, aumentaron la flexibilidad y así reforzaron el pacto social en las empresas”.

Los ejemplos anteriores nos permiten diferenciar dos tipos de políticos de cara a la gestión de los intereses de sus ciudadanos: los que adaptan el sistema y su gestión pública a los intereses de sus pueblos y los que anteponen sus intereses y sus ideas políticas a los de su población. De los primeros son ejemplo los dirigentes chinos del postmaoismo que revolucionaron el marco político ineficiente que había llevado a la miseria al pueblo chino y con las hambrunas, a su descomposición. Otra muestra es la de los dirigentes europeos cuando sentaron las bases del proceso de unificación política y económica, no sólo para conseguir un área de solidaridad y convivencia que evitara los dramáticos enfrentamientos del siglo XX, sino para hacer más competitiva la producción , con el objeto de asegurar el nivel de vida de sus ciudadanos.

“Las nuevas tecnologías avanzadas precisan de grandes producciones, los costes han aumentado vertiginosamente, lo que exige que los productos deban ser colocados rápidamente en un gran mercado para cubrir los gastos y reunir los fondos necesarios para las inversiones de la siguiente ronda de renovación y este proceso, en la Europa Comunitaria, quedaba dificultado por las trabas y las políticas nacionalistas de los Gobiernos. O se actuaba inmediatamente o como señalaba la OCDE, Europa suministraría cada vez más productos alimenticios, materias primas y bienes facturados de baja tecnología y, con la pérdida de competitividad, la mayor parte de Europa estaba condenada a la decadencia, a la pobreza y el desempleo estructural ( Informe Poniatowski)” Esto afectaría a la calidad de vida y a la siempre difícil armonía social de sus ciudadanos.

En este momento cometimos un grave error. Mientras los grandes países europeos pasaban a convertirse en “una especie de provincias” de un nuevo Estado, para asegurar el futuro económico y social de sus pueblos, nuestro país continuó un proceso contradictorio con las obligaciones que había asumido como socio de un proceso de integración política y económica generando, en paralelo a la creación de nuevos órganos y funciones supranacionales con sus costes correspondientes ,una estructura territorial ineficiente e inviable económicamente y desarrollando una fragmentación legal contraria a los fundamentos económicos y al régimen constitucional comunitario.

Si la reducida dimensión de los grandes estados era una rémora para el futuro de sus ciudadanos, la fragmentación nuestra ¿no era un riesgo de “decadencia,  pobreza y  desempleo estructural”? Alguien estaba errando ¿Quienes tendrían razón, los dirigentes democráticos de las naciones de mayor progreso de Europa que habían sacrificado su soberanía y sus atribuciones o nuestros políticos interiores que intentaban ampliarlas? Si han demostrado, hasta la saciedad, su incapacidad para diagnosticar y resolver los problemas sociales y económicos presentes ¿por qué tienen que gestionar mejor un futuro que desconocen? Si tienen razón..¿Porqué no intentan  convencer a las instituciones comunitarias, sus gobiernos y los cientos de millones de ciudadanos ( y los que esperan su ingreso) de que se están equivocando de camino y el futuro está en la creación de estados muy pequeños?¿Cual de estos dos grupos que nos señalan caminos contradictorios, nos está engañando?

En la otra banda están los políticos que mantienen sistemas que han demostrado su ineficiencia en la solución de las necesidades sociales y que sólo sirven a la clase dirigente y a los sectores culturales, informativos, económicos y sociales que se benefician de ello. Para estos el sistema ya les va bien, no encontrarán otro que les proporcione una renta más segura ni un protagonismo social tan relevante como el régimen por el que luchan. Para controlar la reacción popular, son expertos en gestionar sentimientos y en llenar la calle de muchedumbres entre banderas y cantos patrióticos, mientras dejan desabastecidos las estanterías de sus ciudadanos de bienes y servicios necesarios y de libertades fundamentales. Pero como su programa político es contradictorio con el camino al crecimiento de la economía, sus promesas caducan al acabar las manifestaciones.

Para aminorar la frustración, siempre tienen un enemigo interior o exterior a quien culpabilizar de sus incumplimientos. Entonces los pueblos ingenuos que todavía creen que estos políticos cumplirán lo que prometen comprobaran como es más fácil hacer manifestaciones que resolver los problemas de los manifestantes.

 

HD Joven: El consentimiento informado en las aplicaciones móviles: “Acepto”, ¡“Acepto”!, ¡¡“Acepto”!!

El transcurso cotidiano de la vida no nos permite dar la suficiente importancia a cosas que sin duda la merecen. Entre ese tipo de cosas, probablemente sea de mención la descarga de aplicaciones móviles y la a menudo consiguiente cesión de datos personales a las empresas.

Sucede, en efecto, que, la instalación de una aplicación en el móvil conlleva las más de las veces cierta cesión de información del usuario final a las empresas desarrolladoras. Aplicaciones como Facebook, Messenger, WhatsApp e Instagram, por ejemplo, acceden a los datos almacenados en nuestros dispositivos, y da la impresión de que ninguno damos suficiente importancia a esta circunstancia. Permitimos el acceso de terceros a nuestras listas de contactos, nuestros mensajes, nuestras fotografías, nuestros vídeos y otros datos personales y sin pestañear, con un solo click.

Precisamente a causa de nuestras prisas y ajetreos diarios, el Derecho protege a los usuarios, de forma que obliga a las empresas a facilitar información clara y completa, antes de la introducción y la extracción de datos del dispositivo. Así que ¡no se preocupen! ¡Gloria a la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal, que protege nuestra privacidad! Ahora la pregunta es: ¿se cumple esta ley a rajatabla? ¿Prestamos realmente un consentimiento informado antes de descargar una aplicación?

Para tratar datos personales, el principal fundamento jurídico aplicable es, como no podía ser de otra manera, el consentimiento por parte de quien descarga la aplicación. Una manera de ofrecer a los usuarios finales información sobre las características fundamentales de una aplicación antes de la instalación es requerir de una acción positiva del usuario antes de que la aplicación se descargue y se instale (p.ej., pulsar el botón “instalar”). Sin embargo, es muy probable que, en muchas ocasiones, no se aporte la información suficiente como para considerar aquél un consentimiento válido e inequívoco para la cesión a la empresa del tratamiento de datos tan personales como las fotografías o las conversaciones guardadas en WhatsApp. Estoy seguro de que muchos se escandalizarían al descubrir quiénes han podido –tener la oportunidad de- leer nuestros más íntimos secretos.

Resulta indudable, pues, que el usuario debe tener la opción de aceptar o denegar el tratamiento de sus datos personales. No puede vérselas ante una pantalla que contenga solamente un “Acepto”, que pulse únicamente para completar la instalación cuanto antes, sino que debe tener la oportunidad de detener la instalación de una forma u otra. Por ello, por supuesto, es preciso que la información esté disponible antes que se produzca cualquier tratamiento de datos personales. Ello significa que la simple pulsación del botón “Aceptar” no se considera consentimiento válido para el tratamiento de datos personales; para satisfacer los requisitos legales se debería, por una parte, informar sobre los elementos esenciales del servicio y, en segundo lugar, solicitar el consentimiento específico para cada uno de ellos.

Si una aplicación ofrece, por ejemplo, información sobre hoteles cercanos, para instalarla, el desarrollador debe obtener el consentimiento del usuario previamente, es decir, debería solicitar el acceso a los datos de geolocalización. Pero, prestado el consentimiento por el usuario, la aplicación sólo puede acceder a los datos de localización del dispositivo para procesar los datos, de manera que cualquier otro tratamiento de datos requerirá, nuevamente, información adicional y concreta respecto del servicio prestado, también concreto, y un consentimiento inequívoco y por separado que habilite a la empresa a su prestación. Lo mismo ocurre en las aplicaciones de running, que ofrecen una función para que el usuario pueda registrar todo el recorrido y los kilómetros que ha hecho: el consentimiento de registro se limitaría al tiempo en que el programa este activado y todo registro diferente a la localización y kilómetros que haga la misma aplicación se consideraría probablemente excesivo y, por consiguiente, ilícito.

A pesar de lo anterior, lo cierto es que los desarrolladores de aplicaciones sí pueden tratar ciertos datos personales, siempre y cuando no sean sensibles, sin necesidad de recabar el consentimiento del usuario, en la medida en que determinado tratamiento de datos sea estrictamente necesario para realizar el servicio deseado. Como ustedes sabrán, en una aplicación de banca móvil, para atender a la solicitud de pago, el banco no nos solicita el consentimiento por separado del usuario para revelar el nombre, por una parte, y número de cuenta personal, por otra. Como es lógico, esa información es estrictamente necesaria para ejecutar el contrato con ese usuario concreto y, en este caso, los derechos y libertades fundamentales del usuario no resultan objeto de mayor proteccionismo legal. Eso sí: desde el momento en que el tratamiento de esos datos se vuelve excesivo e inadecuado a las distintas finalidades del servicio prestado, el tratamiento requiere de un nuevo y concreto consentimiento, o se considerará directamente ilegal.

Así pues, en vista de las irregularidades que se podrían cometer por parte de algunos desarrolladores de aplicaciones, derivadas fundamentalmente de la no obtención previa de un consentimiento válido e informado, ya sea porque recogen datos de manera desproporcionada o porque no son necesarios para el uso de la aplicación, el ordenamiento nos da la posibilidad de suplir esa pereza que nos suscita la lectura de condiciones particulares extensas o de exigir protección cuando, aun habiendo leído esas condiciones, se produce una vulneración referente al tratamiento de datos de la misma. Desafortunadamente, es un remedio y, por tanto, a posteriori (una vez ya cometida la infracción).

A este respecto, la Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal permite sancionar a las empresas cuando se acredite un mal uso en el tratamiento de datos de sus usuarios. Las sanciones, por cierto, pueden alcanzar los 300.000 euros. A fin de evitar un buen disgusto a las empresas, es preciso que los fines del tratamiento de esos datos estén bien definidos y sean comprensibles para un usuario medio. El responsable del tratamiento de los datos debe informar sobre quién es, qué datos va a recopilar, para qué usos o finalidades, si esa información será cedida a terceros y la forma que tiene el usuario para revocar su consentimiento y cancelar sus datos. Además, los usuarios de aplicaciones deben tener siempre la posibilidad de ejercer sus derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición.

Mi consejo es que los usuarios no confíen tanto en la ley y que se informen, que conozcan para qué serán tratados sus datos, y así eviten sorpresas. Para las desarrolladores de aplicaciones, por su parte, mi consejo es, como se suele decir, “mejor prevenir que curar”; mejor no arriesgarse en incumplir con la normativa, ya que de resultar ser infractor podría comportar sanciones importantes, y, ante la duda, sin propósitos comerciales lo digo, siempre puede uno contactar con un abogado especialista.