La realidad y el deseo: reproducción de la Tribuna en El Mundo de Elisa de la Nuez y Rodrigo Tena

El resultado de las elecciones catalanas es un ejemplo más -aunque especialmente agudo- del fantasma político que recorre Occidente con efectos potencialmente devastadores: la desconexión entre la realidad a la que se enfrenta todo ser humano mayor de edad y nuestros deseos infantiles de soluciones mágicas e inmediatas. Los europeos nos enfrentamos con la crisis del Estado del bienestar, el aumento de la desigualdad, el paro, la frustración de la partitocracia, etc. Pero en vez de reaccionar como personas mayores, utilizando la razón para identificar los problemas y buscar las soluciones siguiendo los cauces previstos en nuestras democracias -algo siempre complejo, pesado, monótono y en general poco gratificante- preferimos con frecuencia el placentero chute del autoengaño olvidando que el bajón o la resaca vendrán siempre después.

En nuestra particular variedad nacional hemos celebrado unas elecciones autonómicas, sí, pero en unos términos engañosos, dado que los dos principales partidos secesionistas se han presentado con una lista única que es un batiburrillo de políticos, representantes de la sociedad civil nacionalista y personajes más o menos conocidos con un programa tan pintoresco como su composición. Quizá por esa razónsus promotores han calificado estas elecciones de «plebiscitarias»,desconociendo que unas elecciones y un plebiscito son cosas radicalmente distintas -al menos en la teoría política- dado que mientras las primeras tienen por finalidad elegir cargos electos que representen a los ciudadanos en la gestión de los asuntos públicos (sanidad, educación, esas cosas) el segundo permite que los ciudadanos se pronuncien directamente sobre determinadas decisiones (sí o no a la independencia) sin necesidad de la intervención de sus representantes. Por ese motivo, lo que ha ocurrido después de las elecciones del domingo es que el resultado final no tiene, ni la legitimidad del plebiscito -no sólo por el número de votos, sino por la forma- ni el ordenado mandato para la gestión de la cosa pública que se deriva de unas elecciones ordinarias.

Reconocemos que una parte del electorado que ha apoyado esta solución no puede tener el sentido de la realidad tan deteriorado como para imaginar que su victoria electoral constituye un paso decisivo en la consecución unilateral de la independencia, bálsamo de Fierabrás capaz de resolver de golpe todos sus problemas, tan comunes por otra parte a los del resto de España. Y eso pese a la intensa propaganda oficial realizada antes y después de la campaña tendente a asegurar que, aunque se abra un proceso revolucionario para conseguir una declaración unilateral de independencia al margen de la legalidad, no se van a padecer ninguna de las incertidumbres que este tipo de procesos llevan aparejadas; ni las legales, ni las económicas, ni las sociales. Más bien hay que suponer que muchos ciudadanos, al igual que nuestros vecinos griegos, han sido tentados para gritar 100 y conseguir diez, convencidos de que la troika española (compuesta en el imaginario nacionalista por el PP, el PSOE y el TC) no tendrá más remedio que ceder por las malas -ya sea en financiación o en blindaje de competencias- lo que no quiso por las buenas. Si es así, sinceramente no han escogido el mejor camino para conseguirlo.

La reforma del Estado es imprescindible después de 38 años de democracia y no está motivada sólo ni principalmente por el problema catalán. Ahora bien, tenemos que aprovecharla también para resolver (o conllevar un poquito mejor) la integración de Cataluña. El inconveniente es que el resultado de este domingo, más que facilitarlo, complica enormemente el panorama. Una parte muy importante de nuestro país se ha «autoexcluido» de la colaboración en este proyecto común de regeneración y reforma, que por definición debe de partir del respeto al Estado de Derecho. Estando juntos por el sí a romper con la legalidad, es complicado que continúen juntos para reformarla. Máxime cuando para gobernar van a necesitar el apoyo de un partido antisistema que defiende la vía de hecho y la desobediencia a las leyes así como la salida inmediata de Cataluña no sólo de España, sino de la UE y de la OTAN.

Porque es obvio que las leyes se pueden y se deben cambiar, pero siempre a través de los cauces que establece el propio ordenamiento jurídico. En el caso de un referéndum sobre la secesión, es necesaria la modificación de la propia Constitución que lejos de ser intocable, como pretenden algunos, es necesariamente un texto que tiene que adaptarse para garantizar la convivencia y el bienestar de todos los ciudadanos cada vez que sea necesario. Y sobre todo para adaptarla a la realidad. Pero el problema es ¿de qué realidad hablamos? ¿Cómo es posible una negociación o un consenso cuando los diagnósticos de la única realidad existente están en las antípodas?

Porque si algo nos han enseñado estas últimas semanas es que la realidad que perciben los independentistas tiene poco que ver con la que percibimos el resto de los ciudadanos, hasta el punto de que el debate racional se ha tornado muy difícil, por no decir imposible. El componente de fe, ilusión o emoción -por no hablar de los intereses, que lógicamente también existen- es consustancial al movimiento secesionista, incluso para personas que por dedicarse habitualmente a profesiones intelectuales deberían ser capaces de mantener el pensamiento crítico. Y conviene no olvidar que en sociología y en política -a diferencia de lo que ocurre con la física o las matemáticas- el elemento subjetivo e incluso irracional forma parte esencial de la realidad que hay que gestionar

Los berlineses no veían los cráteres que dejaban las bombas aliadas en el Tiergarten porque su Gobierno afirmaba que no había caído ninguna en la capital, según el testimonio de William Shirer en su imprescindible Berlin diary, escrito mientras trabajaba como reportero de la radio CBS en Berlín durante el nazismo. Pero las bombas no por eso cesaron y finalmente arrasaron la capital. Muchos alemanes creían todavía en la primavera de 1945 que Hitler tenía un arma secreta que le permitiría ganar la guerra: necesitaban mantener esa ilusión en medio del desastre. Si hay algo necesario en España y Cataluña ahora mismo es ilusión y como siempre ocurre en estos casos no faltan los vendedores de recetas milagrosas (por acción o por inacción) incluso entre los que son directamente responsables del desaguisado. En política se les llama populistas y aparecen como setas en épocas de crisis,cuando la gente está dispuesta a comprar cualquier elixir que les libere de todos los problemas a cambio de que les eximan de la responsabilidad de tener que contribuir a solucionarlos.

Por eso, el primer paso para intentar salir del atolladero en el que nos hemos metido (con diferente nivel de responsabilidad, por supuesto) es huir del autoengaño y empezar de una vez a contabilizar los cráteres de nuestro sistema político e institucional. El camino sigue siendo hoy el mismo que antes del 27S. La inamovilidad no tiene razón de ser; el miedo tampoco. El problema catalán vuelve a ser -como tantas veces antes- el problema español. Hay que abordar una reforma constitucional que permita celebrar un referéndum a los catalanes al amparo de una ley de claridad; pero, siendo esta cuestión importante, lo esencial es reorganizar el Estado bajo un modelo federal serio, regenerar las instituciones, devolver la independencia al Poder Judicial, reforzar el Estado de Derecho y garantizar la sostenibilidad de nuestro Estado del Bienestar. No podemos esperar ni un minuto más para iniciar este camino.

Desgraciadamente, también el Gobierno de la Nación se ha autohinabilitado, no ya para liderar, sino para simplemente cooperar en este proyecto de reforma. En esta gravísima situación de crisis institucional no es razonable esperar tres meses para conocer la opinión de los ciudadanos españoles al respecto, simplemente por el cálculo electoral de un líder político que, al igual que el Sr. Mas, debería estar en su casa desde hace tiempo.

Nuestros padres y abuelos afrontaron un reto aun mayor en circunstancias mucho más difíciles que las actuales, probablemente porque no tuvieron miedo a enfrentarse con la realidad. Y es que, como recordaba Jefferson, el hombre que no teme a las verdades, nada tiene que temer de las mentiras.

7 comentarios
  1. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    Resultan indudablemente oportunas las reflexiones de Elisa y Rodrigo sobre las elecciones autonómicas en Cataluña, pues no han sido otra cosa a pesar de todo el ruido mediático sobre ellas. Al hilo de ellas me gustaría insistir en que nada ha cambiado, ni en la forma ni en el fondo, la situación existente antes y ahora. La única novedad podría estar en el divorcio de CiU y en la "extraña pareja" que forman CDC y ERC escondidos en lo que se pretende una plataforma cívica independentista cuyo nombre "Juntos por el sí" ya se desmarcaba de alguna manera de la intencionalidad de la convocatoria: la renovación del parlamento catalán y del gobierno de esa región. Hay dos cuestiones de fondo que conviene resaltar: no es lo mismo "querer decidir" como forma de participación política, que querer la independencia. Una independencia que, posiblemente, pocos se crean de verdad. Cataluña no es un caso especial, sino uno más de los casos peculiares existentes en España a partir de su historia que se incluyeron en la C.E. como "nacionalidades" (un término con escaso significado político y sólo con un cierto sentido administrativo) y que sólo afecta a la riqueza o diversidad cultural de la nación española. La pretensión de que la necesaria reforma constitucional se dedique sólo a Cataluña, puede levantar ampollas en el resto del Estado y, probablemente, no resolvería nada y empeoraría las cosas. Otra cuestión muy diferente es que se revise todo el sistema de organización del Estado y se pudiera decidir otro modelo de gestión pública territorial que, como es lógico, sí precisaría un referéndum general con los pros y contras de un modelo y del otro (entre ellos su coste de mantenimiento). Pero hay muchas más cosas que retocar en nuestra Constitución que son fruto del gran cambio social y político que hemos vivido en estos últimos años en el que, el ciudadano, ya no está por la labor de aceptar imposiciones que no sean las que él mismo produzca por sistemas de representación política distintos, por sistemas de gobierno distintos y por modos de convivencia distintos donde presida la libertad individual y el libre albedrío sujetos a la consiguiente responsabilidad de consecuencias. La deriva que viene sufriendo lo que se pretendía como sistema democrático de las naciones, nos está llevando por caminos más tortuosos guiados por intereses que se nos escapan donde las crisis bélicas, financieras e ideológicas, alteran profundamente el mundo que conocíamos. Ya no existen dogmas (afortunadamente) y todo está en cuestión desde la crítica razonable y constructiva de una sociedad que empieza a abrir los ojos con un cierto temor a la realidad que les espera. Se abre una nueva era donde el reto será elegir entre la primacía de las personas o la de las máquinas. Elegir con sabiduría es lo que nos queda, siempre que nos dejen. Un saludo.

  2. golpedefecto
    golpedefecto Dice:

    La constitución puede y debe adaptarse, pero no para exacerbar diferencias, sino más bien todo lo contrario, para que todos tengamos los mismos derechos y libertades desde los cuales partir para desarrollarnos como personas y sociedad.
    Indudablemente los sentimientos sobre Cataluña, en Cataluña y el resto de España, parecen bastante alejados. Desde mi punto de vista las alusiones a las diferencias culturales son simplemente un pretexto para justificar los deseos de independencia sin ninguna base. Basándose el proceso principalmente en fundamentos económicos. Concretamente olvidándonos del principio de progresividad en la contribución al sostenimiento de los gastos públicos, que paga más quien más ingresos percibe,es decir, solidaridad.
    Si bien el argumento esgrimido ciertas ocasiones es el despilfarro por otras autonomías, abordemos ese problema para incrementar la eficacia del gasto, pero no lo pongamos como excusa de un proceso separatista.
    Con respecto a este punto habría que destacar que el problema de financiación catalán no es consecuencia de sus aportaciones al resto del Estado, sino más bien en la ineficiencia de gestión de los tripartitos anteriores, que elevaron la deuda catalana de forma importante, impidiendo posteriormente su financiación en los mercados, lo que a su vez ha provocado que tengan que ser financiados por todos los españoles (los catalanes también) a través del FLA y fondo de pago a proveedores, ya que España tienen que endeudarse en los mercados para facilitar estos fondos a los catalanes.
    A nivel del Estado indudablemente es necesaria una separación de poderes que haga de la nuestra una verdadera democracia, no solo a nivel judicial. Ya que la mayoría, por no decir todas, las instituciones se encuentran infiltradas de políticos que impiden un verdadero equilibrio de poderes.
    Por tanto, la cuestión es modificar la Constitución para abordar los problemas de desigualdad de base, no para ahondar en diferencias que pueden provocar tensiones entre comunidades.
    En cuanto al tema catalán, la cuestión es cómo se articula un país en que más de la mitad de la población está en contra de la independencia y gran parte de aquellos que están a favor es en lo único que están de acuerdo.

  3. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Por el camino, volviendo de Tarragona, aprovecho unos minutillos para un breve comentario.

    Me parece que Elisa y Rodrigo podrían poner también en negrita la parte de su texto que reproduzco a seguir.

    "Las leyes se pueden y deben cambiar, pero siempre a través de los cauces que establece el ordenamiento jurídico"

    En este momento, creo, la sociedad civil es tan inexistente y tan carente de operatividad y peso que no estamos en disposición de ser otra cosa que embaucados de nuevo por "El Constituido".

    El sistema político español –y europeo– es incapaz de mirar de frente a la realidad del Imperio y hablarlo con la ciudadanía honestamente.

    El resto………… podemos imaginarlo.

    Un saludo cordial.

  4. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    He leído este artículo cuando fue publicado en el periódico y hoy de nuevo. También los comentarios. El diagnóstico del párrafo inicial me parece antropológicamente correcto. Pero sigo sin poder comprender la idea que se enuncia de modo categórico en la frase que constituye el segundo párrafo ("la Constitución tiene que adaptarse para garantizar la convivencia y el bienestar") salvo que sea un corolario del primer párrafo. La convivencia y el bienestar difícilmente pueden garantizarlos las constituciones, como se ha visto a lo largo de la Historia del Constitucionalismo. No es el respeto a la Constitución lo que permite la convivencia, sino que de las normas de convivencia acatadas y reiteradas surge la constitución. No es primero el Derecho positivo, sino los principios en los que se basa. Bien que una vez establecida una norma constitucional democrática, como es nuestra CE78, fruto e un esfuerzo histórico de los españoles por convivir, su respeto puede y debe imponerse, pero no sólo por la coerción, sino especialmente por la educación y la convicción. Educación, convicción y coerción han faltado en nuestra democracia y el caso catalán, que se comenta en el artículo, es un ejemplo más. El gran fracaso constitucional no es la falta palmaria y rampante de institucionalidad real sobre un exceso de institucionalidad formal, el gran fracaso colectivo de las sociedad española son los llamados "ninis". Sin embargo, aunque es un fracaso en todas regla, no es un fracaso irremediable y no estamos necesariamente peor que en 1975-78, posiblemente estemos mejor. Si la reforma constitucional reflejase un nuevo consenso para mejorar lo que ya hemos conseguido, bueno, aunque comparto con Muñoz-Machado que eso se puede conseguir reformando algunas leyes políticas antes que abordar un proceso de reforma constitucional. Lo que veo, sin embargo, no es que se quiera dar un paso adelante apoyándose en el hito anterior, sino que se quiere dar un paso en otra dirección sin consenso y por cansancio. Tampoco veo por qué el Gobierno está inhabilitado y no lo está el resto de la clase política y una gran parte de la ciudadanía misma, esto es, los que tenemos responsabilidad por pasividad (incluso cuando la pasividad sea fruto de una reflexión ontológica profunda, pues a veces hay que dejarse de metafísicas y enfundarse el mono de trabajo, aunque dé asco mancharse). Quien está habilitado, ¿Ciudadanos? ¿Como antes UPyD? No se trata de cambiar del azul y el rojo, al magenta, al morado o al naranja, a las lenguas vernáculas, la ikurriña y la señera, se trata de hacer las cosas mejor.
    Lamento decir, por lo demás, que hay empresarios reputados catalanes que dicen en los cenáculos que "Mas es lo mejor que le ha pasado a Cataluña". Si eso no es tener una visión distorsionada de la realidad, afectada por 40 años de propaganda y educación facciosa (esto es, de una sola facción), que venga gran primate Pau, y lo vea.

  5. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Hemos ido a pasar dos días a un pueblecito de Tarragona a donde vamos esporádicamente desde siempre.

    Una parte de Catalunya no sabe o no quiere saber nada de España y la otra parte (la mayoría) quiere que los "indepes" tengan menos control de todo para poder tener libertad.

    El no querer saber no es solo independentismo, es el rebufo del ignominioso abandono por parte del Estado.

    Esta mayoría no tiene representación real y se tiene que repartir entre "la guapa jerezana" (como la también gaditana y guapísima cortadora de Ibérico de L'Ametlla) y las ruinas del eje izquierda-derecha.

    En mi opinión la mayoría vive asfixiada y se acomoda como puede a la presión de un revoltijo de aranismo entre postmoderno, aldeano y cutre con esporádicas erupciones de Urgellisme.

    Cada día, aquello recuerda más a un pueblo ausente y asustado a causa de los inquilinos de "Alguien Voló sobre el nido del Cuco".
    https://www.youtube.com/watch?v=-pNMIhnlEho

    En la Cataluña interior –de una gran base agrícola y ganadera– los únicos medios de información locales (prensa, radio, TV) son en catalán y subvencionados por el nacionalismo. Nada reequilibra las ausencias.

    La prensa electrónica de dichos lugares no tiene funcionalidad para comentarios de los lectores. La mayor parte de la gente habla un mal castellano de lo que son conscientes y se disculpan por ello.

    No podemos culparles porque pocas cosas hay más difíciles que hablar bien en paralelo dos variantes del Provenzal-Occitano como son castellano y catalán. Es como, siendo hispano-parlante habitual, saltar correctamente entre el italiano y el portugués. Es casi imposible no mezclarlos.

    Estas zonas –como acabamos de ver– son un bastión de lo que mande "el hereu" o "el alcalde". Hoy toca separatismo pero en su tiempo fue la "Una i llibre" y antes Carlismo puro. El Urgellisme funciona en modo "supervivientes".

    Lo asombroso es que, con unos niveles de ingeniería social indiscutiblemente propios del Nacional-Socialismo, los Partidos españoles, todos, son incapaces de otra cosa que estrategias de apaciguamiento de algo que no quieren reconocer como lo que es: una patología.
    Patología con la que los dos principales partidos han gobernado la mayor parte de los últimos 35 años, como mínimo el 66%, pendientes del voto de PNV y de Convergencia.

    Mientras, la juventud va creciendo y los universitarios van "pillando" lo que les han hecho porque afortunadamente su casa es el mundo y cada vez entienden menos de fronteras.

    El resultado es que en Cataluña-Costa la Mayoría de la Población resiste desesperanzada y en el País Vasco hemos tenido el mayor éxodo ciudadano de Europa desde la segunda guerra mundial ante el silencio bochornoso de todos los partidos políticos con la excepción del hoy finiquitado UPyD.

    Una lamentable combinación de ingenuidad, mala percepción de las fuerzas reales más allá del arco parlamentario –de sus intereses y sus miedos– y cierta testarudez, han dado al traste con la única formación que en este sentido podría haber plantado cara por conocer muy bien a la fiera desde dentro.

    El hecho es que el Estado ha desaparecido de estas partes de España y lo que queda es puramente Sociedad Civil Abandonada.

    El Constitucionalismo no tiene base civil activa. El Nacionalismo, antes de ser partidos, es base civil y ejerce control social.

    Pese a esto en Cataluña, España sigue siendo mayoría (desactivada, pero mayoría) y en el País vasco una importante minoría que solo volvería a ser mayoría social si se le suma el Exilio.

    Es decir, no solo "hay partido" sino que no debiera ser ni siquiera muy difícil poner las cosas en su sitio y conseguir que se acepte la libertad ajena.

    De esto se trata. De libertad personal de elegir. No de seguir dándoles cuerda.

    Dos ingredientes hacen falta: Una oferta de ámbitos de Libertad de Elección Individual (Sexo y Droga aparte) y Respeto por el no Nacionalista.
    ¿Es posible?

    ¿Hay oferta política de Libertad de Elección sin represalias en el espectro de Partidos?

    Buenos días

    PD. Simplemente con una pequeña reforma Constitucional Poniendo sobre la Mesa al Estado como Depositario Activo y Real de Competencias Educativas (una falla bochornosa de la actual CE) daríamos un paso adelante monumental.

    Y si no me equivoco ya hay redacciones al efecto.
    A ver si en otro momento las encuentro.

  6. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Esta mañana dije que trataría de encontrar un ejemplo de un cambio sencillito constitucional y aquí lo traigo por si alguien quiere ver cosas que piensa mucha gente que en absoluto se fía de los partidos.

    Hoy el 148 de esta Constitución (Competencias de las CCAA) el 149 (Competencias del Estado) no dicen nada sobre Educación.

    De hecho parece ser que algunas "Autoctonías" ya la tenían transferida en negociaciones paralelas antes de ser aprobada esta Constitución. O sea, como para seguirse fiando.

    Pues bien, en una reforma constitucional se propone modificar la parte correspondiente a la Educación como sigue.

    Art. 148. Añadir lo siguiente:

    En materia de Educación: (Competencias autonómicas)
    – La gestión y administración del sistema escolar en su ámbito territorial, así como, sin perjuicio de
    la autonomía universitaria, del sistema universitario.
    – El desarrollo normativo y la ejecución de las disposiciones estatales que expresamente se lo atribuyan.
    – El establecimiento de contenidos curriculares complementarios dentro de las materias, cuando una
    norma estatal lo establezca expresamente, y con la amplitud y en las condiciones que dicha norma estatal
    señale.
    – La regulación, en su caso, de la enseñanza de la lengua peculiar que tenga la condición estatutaria
    de cooficial en el correspondiente territorio, con la amplitud horaria y en las condiciones que la norma
    estatal determine.
    – La ejecución de la expedición y de la homologación de los títulos académicos y profesionales en
    los casos y en los términos que determinen las correspondientes disposiciones estatales.
    2. Ningún contenido ni ejecución de competencias autonómicas podrá ser contrario a los explícitos o
    implícitos de la regulación estatal.

    Art. 149. Competencias del Estado

    Añadir lo siguiente.

    En materia de educación es competencia exclusiva del Estado:
    – Establecer las normas que, sin perjuicio de la autonomía que corresponde a la Universidad, garanticen
    las condiciones básicas de igualdad de todos los españoles en el acceso a las enseñanzas universitarias,
    así como los criterios y requisitos básicos a los que han de atenerse los contenidos de éstas y la
    acreditación de idoneidad por parte de los alumnos.
    – Establecer para todo el territorio español los contenidos de todas las demás enseñanzas integradas
    en el sistema educativo y la dedicación horaria mínima que ha de prestarse a cada una de ellas, sin perjuicio,
    en su caso, de la competencia reconocida a las Comunidades Autónomas en relación con la enseñanza
    de la lengua peculiar que tenga reconocida estatutariamente la condición de cooficial en el respectivo
    territorio. Los contenidos y reglas estatales, que comprenderán la mayoría y con mayor número
    de horas del currículo, sólo podrán ser completados o desarrollados por normas o decisiones del Estado,
    salvo en aquellos supuestos concretos en que expresamente la norma estatal admita otra cosa.

    – Establecer la parte del horario y las condiciones positivas o negativas en que las Comunidades Autónomas
    podrán: añadir a determinadas materias contenidos complementarios o regular la enseñanza de la
    lengua peculiar que tenga la condición estatutaria de cooficial en el correspondiente territorio.
    – Establecer criterios de admisión de alumnos en los centros escolares.
    – Regular el sistema general de becas escolares de acuerdo con criterios que en la obtención de éstas
    aseguren las condiciones de igualdad en todo el territorio español.
    – Establecer las condiciones para la obtención y expedición de los títulos académicos y profesionales
    de todos los niveles, válidos en todo el territorio español.
    – Llevar a cabo la evaluación general del sistema educativo de acuerdo con criterios comunes en todo
    el territorio estatal.
    – Establecer las normas para el desarrollo del artículo 27 de la Constitución, a fin de garantizar el
    cumplimiento de las obligaciones de los poderes públicos en esta materia.
    – Velar por el cumplimiento de las normas educativas estatales mediante la correspondiente alta inspección,
    que se hará también en los centros docentes y sobre el material escolar, y adoptar, en su caso, las medidas
    correctoras que procedan, que incluirán la no expedición de Títulos o retirada de la Habilitación para
    expedir Títulos, cuando no se corrija y subsane adecuadamente la infracción de normas estatales.
    Si los Órganos del Estado lo juzgan necesario, durante la Intervención total o parcial de una Comunidad,
    o como alternativa a ella, podrán crear o autorizar Centros docentes Públicos o Privados, de cualquier
    nivel educativo, ejercer la inspección con exclusividad, y en su caso gestionarlos bajo su propio
    control y dotarlos de profesorado; la atención de dichos Centros se tendrá en cuenta en los criterios de
    financiación de la correspondiente Comunidad Autónoma.

    Dos "detalles" que se nos habían escamoteado y que si se llevan tal cual a referéndum más del 80% de la Ciudadanía estaría de acuerdo con ellos en cualquier lugar del mundo y máxime en España que tiene uno de los peores sistemas educativos conocidos.

    Una de las reglas más sabias de la Naturaleza es una Ley de Pareto conocida como la 20/80 por la que el 80% de los problemas suelen ser solubles sin romperse la cabeza y tocando muy pocos palillos (menos del 20%)

    Saludos

  7. Alcides Bergamota
    Alcides Bergamota Dice:

    Primero que el ordenamiento jurídico y las normas que emanan de la constitución se apliquen, luego, por supuesto, que las competencias de educación se retiren a las CCAA. Veremos que peso tiene luego, de verdad, el separatismo. Una parte muy grande de los ciudadanos que viven en Cataluña está sometida a una terrible presión -social, legal, política- y se encuentra completamente abandonada a su suerte. Mientras esto siga así, considerar reformas constitucionales me parece errar el tiro, incluso una frivolidad. Los profesores reúnen al equipo de futbol de niños de once años y piden que cada uno diga delante de los demás, que han hecho sus "papás" el día 11 de septiembre. Por no hablar de las multas a quien rotule su negocio en español (estoy hasta las narices de oír que los mexicanos hablamos castellano); de la manifestación del pueblo contra la familia que pidió más horas lectivas en español, del miedo en una cena de amigos cuando se empieza a hablar de política, etc., etc. Mientras esto se consienta sin reaccionar lo demás son debates sobre el sexo de los ángeles que nos seguirán hundiendo en el abismo.

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