Independencia y/o progreso

Los graves problemas actuales de nuestro régimen autonómico creo que se deben al desconocimiento y por lo tanto, a la falta de preparación de la ciudadanía y de gran parte de los dirigentes políticos, sociales y medios de información, ante el enorme reto que nos planteaba este proceso de unificación europea, que ha permitido que la situación se deteriore hasta extremos inimaginables.

No hubo una segunda transición que cambiara la cultura política popular, reconvirtiera los programas de los partidos políticos, ajustara el marco legal y mejorara la competitividad de nuestro sector productivo, única manera que fuera viable nuestro ingreso en la Unión Europea.

El proceso de unificación obedecía no sólo a razones económicas sino también a políticas y sociales.
Las nuevas tecnologías avanzadas precisan de grandes producciones, los costes han aumentado vertiginosamente, lo que exige que los productos deban ser colocados rápidamente en un gran mercado para cubrir los gastos y reunir los fondos necesarios para las inversiones de la siguiente ronda de renovación y este proceso, en la Europa Comunitaria, quedaba dificultado por las trabas y las políticas nacionalistas de los Gobiernos.

La revolución afectaría, de manera directa y estructural, a los Estados, cuyas atribuciones soberanas quedarían enormemente reducidas. ¿Se puede hablar de Estados independientes, cuando funciones tan importantes como la de las fronteras, seguridad y política exterior, buena parte de la regulación económica, política social, fiscalidad.., han de estar concertadas con el resto de miembros de la Unión Europea?.

Y este tema no tenía una trascendencia puramente material, sino también social, cultural y política. Tal como recogía el informe Poniatowskide vez en cuando se hace un elogio de los valores culturales europeos y éstos son presentados como una especie de consuelo ante un eventual hundimiento tecnológico de nuestro continente. Esta fórmula es rotundamente inaceptable, la calidad de vida y la relativa armonía social que existen en Europa, dependen, sobre todo, de su capacidad de ofrecer condiciones de vida razonables a la mayoría de sus habitantes; y no será posible mantener este nivel si Europa no vuelve a hallar la competitividad. De lo contrario, la mayor parte de la Europa Occidental está condenada a la decadencia, a la pobreza y al desempleo estructural”.

O se actuaba inmediatamente o, como señalaba la OCDE, Europa suministraría cada vez más productos alimenticios, materias primas y bienes manufacturados de baja tecnología.

Mientras los grandes países europeos pasaban a convertirse en una especie de provincias de un nuevo Estado, para asegurar el futuro económico y social de sus pueblos, nuestro país continuó un proceso contradictorio con las obligaciones que había asumido como socio de un proceso de integración política y económica generando, en paralelo a la creación de nuevos órganos y funciones supranacionales con sus costes correspondientes, una estructura territorial inadecuada e inviable económicamente y desarrollando una fragmentación legal contraria a los fundamentos económicos y al régimen constitucional comunitario.

Los partidarios de la independencia dentro del territorio comunitario no tienen un problema sólo con sus constituciones, estados o gobiernos sino, especialmente, con la Unión Europea y hasta con sus propios votantes.

Si les están prometiendo que su región se convertirá en un nuevo Estado dentro de la Unión les están engañando, no sólo porque el régimen legal comunitario lo impide sino porque es incompatible con el proceso de cesión general de soberanía ¿Como la Unión constituida para lograr un espacio económico y social sin fronteras y en un marco de legalidad, democracia, solidaridad y armonía entre pueblos tan diversos, va a permitir que en un pequeño territorio funcione un Estado,” como los de antes “, ajeno al espíritu general y al margen del cumplimiento de las normas comunes?

Para evitar que se les denuncie de que están utilizando una publicidad engañosa, deberían corregir el lema y sustituirlo por el de que “si nos votáis tendréis un Estado, que solucionará todos vuestros problemas, pero fuera de la Unión Europea”. Una vez en el exterior, tendrán que decidir entre vivir aislados sin la cobertura legal y financiera de la Unión Europea o ponerse a la cola de los que esperan su ingreso. Allí coincidirán con Estados terminados (no por hacer), que llevan años trabajando en la homologación de su legislación y sus instituciones a la legislación comunitaria, con el objeto que le sea verificada y aprobada.

Aunque encontramos otro detalle a corregir: Si en su publicidad consta que independencia es progreso y con ello se reducirá el paro y la presión fiscal, mejorarán las pensiones, estarán más seguros los depósitos y las inversiones, se elevará la renta y mejorarán los servicios y las prestaciones para los ciudadanos…¿Por qué no intentan convencer a las instituciones comunitarias, sus gobiernos y los cientos de millones de ciudadanos (y los que esperan su ingreso ) de que se están equivocando de camino y el futuro está en la creación de estados muy pequeños?, pero…¿Quienes tienen más credibilidad de gestores, los grandes países europeos con democracias consolidadas y eficientes, con sistemas económicos altamente competitivos o los dirigentes políticos sin competencia acreditada que proponen lo contrario?

A ello no ayuda la carencia de solvencia de sus programas y sus propuestas y, en bastantes de sus miembros, la falta de respeto a la Ley, a las reglas democráticas básicas y hasta a las más elementales normas de convivencia y educación. Como fue el caso del político de la Liga Norte, Umberto Bossi, que estuvo empleando en su espectacular crecimiento de votos el lema agresivo de “Roma ladrona” y acabó envuelto, con sus hijos, ex-tesoreros y miembros del comité de control de su partido, en un proceso abierto, principalmente, por la fiscalía de Milán por apropiación indebida y estafa al Estado.

Separarse de la U.E. es un proceso de enorme riesgo y de incalculables costes para los pueblos.
En primer lugar, abandonan una zona con gran calidad democrática, con sistemas legales y económicos eficientes, con instrumentos de control de la gestión pública y una solidaridad que garantiza las prestaciones sociales. Y se van a un espacio geográfico reducido, que según los estudios anteriores condena a sus habitantes “ a la decadencia, a la pobreza y al desempleo estructural “, sin un marco económico y legal definido y con unos costes de estructuras del nuevo estado y unos riesgos económicos, políticos y sociales sin cuantificar. Y, además, en la mayor parte de los casos, gestionado por políticos que han demostrado, hasta la saciedad, su falta de respeto por los principios democráticos, su incompetencia en el diagnóstico y la resolución de los problemas económicos y sociales y su abuso reiterado en la administración de los recursos y en el ejercicio de las funciones públicas.

Si en el gran espacio de la U.E. integrado por las clásicas democracias europeas, cuesta encontrar “hombres de estado” ya sería casualidad que tocara uno de ellos en un espacio tan pequeño. Y si hubiera alguno, seguro que no estaría dirigiendo un proceso tan peligroso para el futuro de sus ciudadanos

El sistema autonómico (que si se reconvierte nos parece tan fundamental como el resto de administraciones), tal como evolucionó, sin orden ni control, se ha acabado convirtiendo en un sistema obsoleto, ineficiente, ruinoso para los ciudadanos y fuente de escándalos continuados al aflorar, sin descanso, todo tipo de casos de despilfarro de recursos, de corrupción y de incompetencia en buena parte de nuestra geografía.

Parece que en determinadas zonas, esté únicamente al servicio de su clase política dirigente y los “interesados” agentes sociales, culturales y mediáticos que la apoyan y que temen perder su protagonismo y sus privilegios.

¿Es normal que Francia e Italia cuando se han visto abocadas a equilibrar sus cuentas públicas, han dirigido su mirada a la reducción del coste de unos sistemas autonómicos de reducida dimensión y España, que estaba al borde de la quiebra, no se planteara una profunda reconversión?

Lo extraño es que se de por supuesto que, en las próximas elecciones generales, un cambio político será favorable a los intereses de la clase política autonómica.

Si la gestión pública cambiara de rumbo en favor de nuevas propuestas políticas opuestas a la consolidación fiscal y sin un programa que incentive la capacidad productiva, los prestamistas considerarían que tienen un grave problema en este país con tan enorme endeudamiento.
A partir de esta situación de preocupación de los mercados e instituciones financieras, el tipo de nuestra prima de riesgo se iría elevando hasta niveles insospechados ya que nuestra deuda del sector público no ha parado de crecer y la dirección del país estaría en otras manos y con otros principios.
Con la elevación de los tipos de interés quedarían reducidos los recursos para los servicios públicos y las prestaciones sociales fundamentales con lo que el ajuste de estos sería más intenso.
La situación de España (sector público, empresas y particulares) se parece a una familia con una hipoteca considerable y con ingresos limitados. El tipo de interés es determinante para su nivel de vida, no es igual pagar por la cuota mensual un interés del 1 que del 6%.

El ajuste ya no lo harán nuestros políticos que tienen que cuidar a su clientela sino los prestamistas exteriores que tendrían otra preocupación mayor que la electoral.

Seguramente, a partir de esa misma noche de las elecciones, los ciudadanos comprobarán que no sólo su economía sino también su sistema político pasarán inevitablemente al control de sus acreedores. Como les pasó, entre otros, a los griegos.

Y entonces, sufriremos lo que hemos señalado reiteradamente que “en los pueblos insolventes, la dirección política, su programa de gobierno y hasta sus proyectos de futuro, no los deciden sus ciudadanos sino otros que no participan en sus elecciones, el voto de los acreedores”.

Y no creo que los acreedores, entre recorte y recorte, estén por la labor de salvar nuestro ineficiente, conflictivo y costoso régimen autonómico.

HD Joven: A perspective about independentism: Montenegro ‘s Referendum and Independency experience

* Para leer el artículo en español, por favor pinche el siguiente enlace: Una perspectiva sobre el independentismo – El referéndum en Montenegro y la experiencia de la independencia

 

Today Critilo responds to a young student of Montenegrin nationality who, for personal reasons, does not want to make public her identity:

Montenegro is certainly one of the most interesting spots in the world. Even though it covers only 14,000 km2 and has about 670,000 citizens, its contribution to the cultural heritage of the world is impressive, considering its size.

The history of Montenegro is very colorful. During the centuries in which Montenegro has existed as a state, the date of the Congress of Berlin represents a historical turning point. On July 1878, Montenegro gained its first internationally recognized independence from the Ottoman Empire. It was the realization of centuries-long liberation aspirations of the Montenegrin people. Montenegro remained independent until 1918, when the Kingdom of Yugoslavia (Kingdom of Serbs, Croats and Slovenes) was created.

After the creation of the Yugoslav state, Montenegro, as one of its areas, did not have its own diplomacy, nor did Montenegrin political parties have influence on politics of the new state. Yugoslavia was renamed the Federal People’s Republic of Yugoslavia in 1946, when a communist government was established, just after Second World War. It acquired the territories of Istria, Rijeka, and Zadar from Italy. Partisan leader Josip Broz Tito ruled the country as President until his death in 1980. In 1963, the country was renamed again to the Socialist Federal Republic of Yugoslavia (SFRY). Finally, after an economic and political crisis in the 1980s and the rise of nationalism, Yugoslavia broke up along its republics’ borders, at first into five countries, leading to the Yugoslav Wars, and, after the breakup, the republics of Serbia and Montenegro formed a reduced federation, the Federal Republic of Yugoslavia (FRY), which aspired to the status of sole legal successor to the SFRY, but those claims were opposed by the other former republics. Serbia and Montenegro themselves broke up in 2006 and became independent states.

Indeed, following a referendum held on May 21, 2006, in which a narrow majority voted to secede from the State Union of Serbia and Montenegro, and so the Republic of Montenegro declared itself independent. The outcome was difficult to predict, given Montenegro’s political background and its historical and cultural ties with Serbia, over 30% of the population being of Serbian nationality. Given those facts, concerns were raised about the country’s future, some arguing that the state was too small to be economically self-sustainable and too politically unstable to be viable.

Montenegrin people favored “independence” by 55.5 percent, bringing to six the number of countries formed from the former territory of the Socialist Federal Republic of Yugoslavia. In response to the announcement, the government of Serbia declared itself the legal and political successor of Serbia and Montenegro, and that the government and parliament of Serbia itself would soon adopt a new constitution.

Despite concerns the country was too small to be economically viable, too politically divided to be stable, and too institutionally weak to effectively tackle endemic problems such as corruption and organized crime (issues that might mitigate their Euro-Atlantic aspirations; in particular, the EU & NATO membership), Montenegro has made, in spite of its evident problems, impressive progress. As an internationally-recognized state, Montenegro became a member of the United Nations (UN) and other international institutions, it has consolidated its position among its neighbors, and it has made great strides toward achieving the government’s core objective –the Euro-Atlantic integration. In June 2006, the European Union (EU) established relations with Montenegro and all member states recognized the country’s independence. Just over a year later, in October 2007, Montenegro signed a Stability and Association Agreement (SAA). Furthermore, in a short period of time they have managed to be classified by the World Bank as an upper middle-income country.

As a result of its independence, the relationship with the EU is probably the top priority for Montenegro’s external policy, and the EU has given positive signs in this regard. Relation between the EU and Montenegro’s authorities is important, because the state is under neoliberal pressure since 1990. Key strategic companies, such as telecommunication companies, banks, construction companies are privatized. The new owners are big multinational corporations, whose enormous profit goes abroad. The state energetic company “Elektroprivreda” probably would be privatized completely in next years. The link with EU is important for Montenegrin economic and political elite, because they will be more powerful, if they listen EU authorities.

On the economic side, Montenegro did pretty good, as well, before and after the referendum, but it was hit by the global economic downturn. There was an economic boom in the period of 2002-2008, partly due to the creation of an independent state, openly free-market oriented, which encouraged foreign investments. Montenegro received, as of 2008, more foreign investment per capita than any other nation in Europe. Over 5,000 foreign owned firms are registered and operating in Montenegro, though many of them are owned small proprietors or are not fully operating. The most significant investments have come from Italy, Norway, Austria, Russia, Hungary, the U.S. and Great Britain. Lately, China, Azerbaijan, Russia, Taiwan and the Gulf Emirates states have shown increasing interest in investing in Montenegro’s resort development industry. This attractiveness was reinforced by Montenegro’s choice to use the Deutschmark and then the Euro as its legal currency. If Montenegro would not use Euros anymore, nothing significant would have happened. The explanation is simple: Central Bank of Montenegro does not control emission of money and referential interest rate of Central bank is very high. High referential interest rate protect import lobby. Central bank of Montenegro is not holder of monetary sovereignty.

Besides the economic downturn, the budget deficit remains relatively large and the broader economic situation remains tenuous. A cautious optimism, and with it a modicum of confidence, has returned but there are still challenges ahead.

The domestic political scene has been characterized by both change and continuity. Even those individuals, parties and institutions that vociferously opposed independence appear to have accepted Montenegro’s sovereignty and the realities of operating within that framework. There has been a minor recalibration of the Montenegrin political landscape, numerous splits, re-alignments and the creation of new parties and coalitions. Most of these have taken place among and between opposition parties.

In the final analysis, however, Montenegro has made significant progress since the May 2006 referendum. The tensions surrounding it were very real, and conflict (even if only of a low intensity) was a real possibility. The country faced significant challenges in the first years of its independence; challenges that could have proved insurmountable. Today, the problems that seemed so acute in 2006 have been largely overcome. Montenegro has consolidated itself as an independent and solid country. Yet, there is no room for complacency; a countless challenges lie ahead, and while the foundations have been laid for Montenegro’s European future, there is much yet to be done before that future is secured.

Montenegro could be surely accepted in the EU, because of the geopolitical interests of western powers. The control of Adriatic Sea is important for the EU and more important for the NATO. If Montenegro somehow would not been accepted in the EU, it would be neutral state and Montenegrin authorities would be challenged with Russian influence. In that situation, our market would be opened for the companies from the East, because domestic production is very low. In order to enter into the EU, Montenegrin authorities need to fulfill these requirements: the rule of law, fight against corruption, the fight against organized crime, the strengthening of civil society and non-governmental sector. Montenegro independence is almost lost because we do not have monetary sovereignty, foreign embassies have enormous influence on authorities, political parties are financed from western states such as SDP and earlier DPS at the end of nineties, domestic industry have been capsized completely. Both parties run the country since 1998.

Indeed, a state is not sovereign, because it is politically recognized, it is recognized and sovereign only if it is partner in international economic relations.