Savater: Contra los fanáticos

El fanatismo presenta múltiples ropajes: políticos, religiosos, identitarios, etnicistas… o de cualquier otra naturaleza. Podría emanar de todo tipo de proclamas (atroces y asesinas, o incluso sensatas y cabales), puesto que el desbarre fundamentalista no siempre reside en las convicciones defendidas; y sí en las prácticas adoptadas para defenderlas.

Ese ogro está vivo y coleando. Colea para matar, para envilecer, para reprimir. Colea para aterrorizar. Los atentados de París vuelven a recordarnos la descomunal excrecencia del fanatismo. Y conviene no olvidarlo: la deriva integrista (en nombre de lo que sea) ni está circunscrita al pasado, ni obligatoriamente pilla lejos, ni es patrimonio en exclusividad de los terroristas. La nómina de fanáticos es muy abarcadora.

Fernando Savater lleva décadas combatiendo el fanatismo. Su penúltimo ensayo lo aborda de manera expresa, adentrándose para ello en un pensador que fue también paladín de ese combate.  De ahí `Voltaire contra los fanáticos´ (Ariel, 2015).

La divisa del fanático vendría a ser “piensa como yo, o muere”, “cree lo que yo creo, o te haré todo el daño que pueda”, “asume lo que yo te digo, o perecerás”. Planteamientos de este estilo (en distintos grados, pero similar esencia) son más habituales de lo que resultaría reconfortante. Por eso el fanatismo no es un mero recuerdo histórico. Está vigente en la actualidad, y a veces lo encontramos bien cerca: al otro lado de la esquina, incluso, de nuestro propio carácter.

Lo decisivo del fanático no es tener una creencia que defiende con fervor. Lo definitorio del fanático es considerar que su creencia ha de ser una obligación para los demás. El fanático buscará imponer su credo, convencido de estar haciendo no sólo una gran labor, sino la única labor que debe hacerse.

Como sintetiza Savater, “si la persona humanista y civilizada pide las cosas por favor”, el fanático “las exige por pavor”. Es así de triste. Y es así de constatable. El fanatismo, como el cartero de la película, suele llamar dos veces. La primera para embaucarte; y la segunda, si lo hubieras desoído, para silenciarte o terminar contigo.

“La única arma que existe contra este monstruo es la razón. La única manera de impedir a los hombres ser absurdos y malvados es ilustrarles. Para hacer execrable el fanatismo no hay más que pintarlo”, escribió Voltaire. Ciertamente, desenmascarar la fanática vileza es prioritario. Y para ello, estimular el ejercicio racional se convierte en requisito imprescindible.

Apuesta Savater por una razón “atrevida” (para desligarse de tutelas acríticamente aceptadas) y “modesta” (para acatar los límites que a todos nos envuelven). Desde luego, conoce Savater de lo que escribe, y practica de lo que habla. Con arrojo, pero también con humildad, Savater nunca se esconde. En su encomiable trayectoria ha sabido estar al frente: sin escondites ni disimulos; y asumiendo severos riesgos, mientras otros se ponían de perfil.

El coraje democrático y la valentía cívica de Savater, junto a su tono desenfadado, ameno y divulgador, es algo más que una forma de escribir: es un estilo de vida. El mejor antídoto frente a cualquier empeño fanatizador.

El parisino Voltaire fue, y es, un referente contra el fanatismo. Por desgracia, esa tarea no está acabada, y cabe temer que nunca se acabará por completo. Por eso corresponde seguir librando esa batalla. En esa labor siempre nos ayudará un ejemplar defensor de la ciudadanía: un donostiarra universal que se llama Fernando Savater.

5 comentarios
  1. De Lege Ferenda
    De Lege Ferenda Dice:

    “Porque es cierto, tal como lo hemos demostrado en nuestra Ética, que los hombres están necesariamente sometidos a los afectos. Y así, por su propia constitución, compadecen a quienes les va mal y envidian a quienes les va bien; están más inclinados a la venganza que a la misericordia; y, además, todo el mundo desea que los demás vivan según su propio criterio, y que aprueben lo que uno aprueba y repudien lo que uno repudia. De donde resulta que, como todos desean ser los primeros, llegan a enfrentarse y se esfuerzan cuanto pueden por oprimirse unos a otros; y el que sale victorioso se gloría más de haber perjudicado a otro que de haberse beneficiado él mismo”.
    “Por consiguiente, un Estado cuya salvación depende de la buena fe de alguien y cuyos negocios sólo son bien administrados si quien los dirigen quieren hacerlo con honradez, no será en absoluto estable. Por el contrario, para que pueda mantenerse sus asuntos públicos deben estar organizados de tal modo que quienes los administran, tanto si se guían por la razón como por la pasión, no puedan sentirse inducidos a ser desleales o a actuar de mala fe“.
    “Pues para la seguridad del Estado no importa qué impulsa a los hombres a administrar bien las cosas, con tal que sean bien administradas. En efecto, la libertad de espíritu o fortaleza es una virtud privada, mientras que la virtud del Estado es la seguridad“.
    “Finalmente, puesto que todos los hombres, sean bárbaros o cultos, se unen en todas partes por costumbres y forman algún estado político, las causas y fundamentos naturales del Estado no habrá que extraerlos de las enseñanzas de la razón, sino que deben ser deducidos de la naturaleza o condición común de los hombres”.
    (Spinoza – Tratado político, capítulo I).

  2. Teilhard
    Teilhard Dice:

    Sr De Lege Ferenda, me ha entusiasmado usted trayendo a colación una de esas citas impactantes de Spinoza, el "apóstol de la modernidad"

    Podría complementarse con esa de Kelsen según la cual quienes creen estar en posesion de la verdad absoluta, necesariamente tenderán a imponérsela a los demás. Y lo cierto es que por estos lares el estado siempre se ha considerado en posesion de la verdad absoluta y por ello son muchos los episodios de nuestra historia en que ha tratado y trata de imponerla a sus súbditos.

    Es una lástima, que el autor que uste cita, que tiene tanto que enseñarnos, aún esté de hecho prohibidísimo.

    Saludos

    • De Lege Ferenda
      De Lege Ferenda Dice:

      Estimado Teilhard, pese a todas las prohibiciones y censuras, manifiestas o veladas, el FILÓSOFO resplandece también en la obra ajena.
      Por ejemplo, en Montesquieu y su búsqueda de la virtud de las distintas formas de Gobierno.
      Esa puerta el Barón la encontró abierta; abierta por el pulidor de lentes.
      Una vida que se confunde y entremezcla con su obra.

  3. De Lege Ferenda
    De Lege Ferenda Dice:

    Frente al Fundamentalismo, el Sentimiento Religioso.
    El Sentimiento Religioso es, de entre las propiedades que caracterizan la Naturaleza Humana, la más versátil y rica en matices.
    Lo que para unos es una grotesca caricatura, para otros es la Verdad con mayúsculas. Sus contornos son tantos y tan variados que el estudioso y el teólogo no podrían tras toda una vida de estudio, abarcarlos a todos.
    Incluso el Ateísmo es normalmente activo. Propositivo. Lo que denota la importancia del Sentimiento Religioso. Incluso para sus contradictores. Han pensado, y mucho, sobre ello. Y tienen su Verdad.
    Enfrentar unas Verdades con otras no es posible sin haber previamente abonado el terreno para plantar la semilla del Odio. Que siempre tiene fines Políticos (entendida la Política en sentido amplio) de dominación del Hombre por el Hombre.
    Es aquí donde aparecen los Fundamentalismos, apartados por un espacio infinito de su opuesto, el Sentimiento Religioso (Activo o Pasivo).
    No es el Sentimiento Religioso el enemigo, sino el aliado imprescindible en la lucha que se nos avecina; en la que ya inmersos.

  4. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    Estupendo artículo que ha suscitado magníficos comentarios. La imposición a los otros siempre es fanatismo y supuesta posesión de la verdad. Lo estamos viendo con los desgraciados sucesos en París y su tratamiento por los medios de comunicación, pero son muy pocos los que se atreven a profundizar en el tema que se trata de una forma simplista. Nadie en su sano juicio puede creer en la "destrucción de occidente" por lo que se denomina Daesh y que, en realidad, es un conjunto de bandidos que utilizan la religión como excusa. Unos bandidos formados y financiados en gran medida por los graves errores de quienes prefieren la guerra a la política. Si acabamos anteponiendo "seguridad" sobre libertad, habrán ganado ellos, pues nos habrán obligado a vivir de otra manera.

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