HD Joven: Bienvenido, Mister Joven

Con seguridad, la mayoría de la población española no es consciente del punto de no retorno en el que se encuentra nuestra democracia. El día de pasado mañana será probablemente uno de los más recordados de nuestra historia reciente, acaso desde 1978. Por fin, tras la Transición, tras la instauración definitiva e inamovible de la democracia, el futuro nos depara un poco de tensión. Algunos creerán que nos ha costado prácticamente lo mismo superar el franquismo que superar el bipartidismo: casi 40 años. Pero ¿podemos ya cantar victoria? ¿Ha llegado el momento de que los españoles castiguen de una vez por todas una democracia de baja calidad? Es difícil de decir, pues tan grande es la capacidad del español de ceder ante sus pasiones, como la de ceder ante el olvido y el conformismo.

En nuestra opinión, independientemente del resultado electoral final, la implantación de una verdadera democracia en España está íntimamente relacionada con la llegada de nuevos partidos que recuperen el contacto directo con la población y que permitan la regeneración de las instituciones, lo que, quizás, implícitamente, suponga la ruptura del bipartidismo, que puede acontecer de varias formas. Como editores de la sección Joven del Blog, quisimos analizar de forma conjunta la influencia que tendrán estas elecciones para los jóvenes, que, por una vez, pueden ser el verdadero motor del cambio que todo español, sin excepción, desea; e, insistimos, aunque su voto permanezca fiel a sus costumbres.

Si aún sea cuestionable si serán éstas las elecciones en las que el bipartidismo ponga punto y final a su bonito romance, lo que es seguro es que el PP y PSOE ya no convencen a los jóvenes. Lo dicen las encuestas: considerando jóvenes a los menores de 35 años, según el último CIS, el porcentaje que votaría a favor del bipartidismo en las próximas elecciones sería de, aproximadamente, un 25% (aquí), casi la mitad del porcentaje de los mayores de 65 años (aquí). En efecto, la afirmación de que el bipartidismo se resquebraja ante el colectivo joven es un hecho consolidado en las encuestas y que se confirmará, con toda probabilidad, este domingo. Y, aunque no fuera así, un día no muy lejano los jóvenes se harán adultos y conformarán la mayoría de la población con derecho a voto, por lo que de lo que no cabe duda es de que estas elecciones son el principio del fin del primer bipartidismo de nuestra democracia, y puede que del último.

En efecto, y sin ánimo de regodearnos en nuestra sobrevenida importancia, pensamos que los jóvenes tenemos hoy un poder –y una correlativa responsabilidad- fundamental. Por una vez, la avaricia del hombre no es en vano y, encima, se usa para el bien común: no conformarse con una ilusión de democracia y, en cambio, pedir más: una de verdad. Ni que decir tiene que los jóvenes fueron uno de los principales canalizadores de las demandas de cambio que se produjeron durante los últimos años del franquismo y durante la Transición en España. Igualmente, en los últimos años, ha calado en la sociedad la sensación de que los jóvenes están hastiados de la política y de los partidos políticos. Un hecho que apoya esta teoría es que, de acuerdo con las encuestas post-electorales del CIS, que han sido recopiladas en el libro “Aragón es nuestro Ohio”, la abstención de los jóvenes siempre ha sido superior en tres puntos de media a la del resto de la población, llegando al 24,6% en las elecciones de 2000 y al 22,3% en las elecciones de 2011, frente al 15,9% del resto de la población. Y que conste: no estamos de acuerdo con la opinión de cierto sector de la sociedad de que los jóvenes no se interesan por la política, o de que no valoran la democracia porque no saben lo que es vivir fuera de ella. Quizás hasta ahora la política no haya sido de la calidad, de la ejemplaridad o de la plenitud que debiera.  

¿Y por qué el bipartidismo está perdiendo apoyo entre los jóvenes? Seguramente dos datos pueden ayudar a explicarlo: en primer lugar, que el 49% de los menores de 25 años se encuentran sin trabajo en nuestro país, según datos del Eurostat de junio (aquí) –segunda mayor tasa de paro juvenil después de Grecia-, y, en segundo lugar, el hecho de que más de 2 millones de españoles hayan emigrado a otros países desde el estallido de la crisis (aquí), de los cuales el mayor colectivo es el de menos de 35 años. En resumen, la crisis económica, en la que han coincidido gobernando tanto el PP como el PSOE, ha golpeado con intensidad al colectivo joven, condenándolos, en muchas ocasiones, a tener que abandonar su país. Si a esto le unimos los episodios de corrupción que han protagonizado ambos partidos y/o la escasa imagen de modernidad que han proyectado en los últimos años, el cóctel es letal para el PP y PSOE. Igual que en la famosa película de Berlanga, “Bienvenido, Mister Marshall”, donde los habitantes de Villar del Río esperaban ansiosos la llegada de los americanos, que les salvaría de las penurias de la posguerra, los jóvenes llevan largo tiempo esperando un cambio en la forma de hacer política y en la manera de liderar un proyecto común hacia una España más madura. Ojalá que esta vez la espera no sea en vano.

Y es en este preciso momento cuando surgen a nivel nacional dos partidos nuevos, Podemos y Ciudadanos, que han sabido canalizar como nadie el descontento e indignación de ciertos sectores de la sociedad, especialmente el del sector joven. Los principales motivos del éxito de estos dos partidos entre aquél son, entre otros, la imagen de cambio que se percibe de ambos partidos, así como la impresión que proyectan de que son partidos modernos, nuevos, sin casos de corrupción, y liderados por jóvenes con gran poder de persuasión, presencia e influencia en las redes sociales. 

Con todo, es preciso aclarar que los partidos emergentes no lo tienen todo ganado. Aún tienen mucho que demostrar y nada, sino gobernar, puede probar su valía. Quizás por ello serán muchos los que aún se decanten por seguir confiando en la fuerza del bipartidismo, ya sea por cuestiones de tradición, sociales o simplemente desidia, o por otras razones, si nos lo permiten, más respetables, como pueden ser la carencia, por parte de los partidos emergentes, de la experiencia y estructura política necesarias para gobernar, o la presencia internacional de los partidos tradicionales, la seguridad económica o la defensa nacional.

Esta última, a propósito, pudiera haber pasado desapercibida si este artículo hubiera sido redactado mes y medio atrás y, sin embargo, ahora influirá de forma decisiva en los comicios de este fin de semana. Los atentados de París del 13-N supusieron un antes y un después en muchos aspectos, y sin duda uno de ellos es la exigencia de una política de defensa a la altura de la del gobierno francés, aun a riesgo de aspirar al cielo. Aquí, por ejemplo, el rechazo a lo desconocido (a los partidos emergentes) se acentúa de forma poderosa cuando una potencial crisis terrorista se atisba en el horizonte. Claro está, no dejan de ser suposiciones, pero ¿quién asegura que Podemos o Ciudadanos carezcan de la capacidad suficiente para hacer frente a una crisis de estas características? La política exterior del PP y del PSOE, especialmente en los últimos años, no ha sido del agrado de todo el mundo (sólo hay que recordar los episodios de la Guerra de Irak o de la Alianza de Civilizaciones), y la tan aclamada experiencia política no ha servido para paliar el descontento.

Resulta entrañable, para cualquier aficionado a la política, ver la serie “Borgen”, cuyo trama principal son las vivencias de una mujer que accede al gobierno danés y las de un parlamento en que al menos diez partidos políticos tienen representación en éste. Sea cual sea el partido que finalmente gobierne, los jóvenes pensamos que el pluralismo político sólo puede ser positivo. Lo concebimos como un incentivo para mejorar y cuestionar la estabilidad política y la seguridad, generada básicamente por el bipartidismo, que ayudó en la instauración de la democracia, pero que ya no nos sirve hoy en día. Nos sentimos cómodos en la inseguridad, en la diversidad y en el cambio. Y también nos sentimos cómodos en la que va a ser la consecuencia más destacable de este pluralismo: un parlamento fragmentado en el que la cultura del pacto, que rara vez ha tenido cabida en España, va a ser el pan nuestro de cada día. Resta decir que el pacto es el vehículo de la política de Dinamarca y que a ellos les va muy bien. En caso contrario, si nuestros partidos políticos, especialmente los viejos, no se adaptan al nuevo statu quo, nos veremos abocados a un parlamento ingobernable al más puro estilo griego, lo cual puede sumarse a los motivos señalados en favor del bipartidismo.

¿Tendremos el valor de superar el pasado, la comodidad y el estancamiento para emular a otros que han triunfado mirando –y creando- el futuro? ¿Sabrán los partidos adaptarse a esta nueva situación? Sea así, querido joven. Acaben las mayorías absolutas y la política somnífera. Es la hora de pactar. De pactar una buena educación, una buena sanidad y una ley electoral justa. De castigar la corrupción, el “y tú más” y las puertas giratorias. Los jóvenes piden un cambio, una España con madurez democrática. Es la hora de la política con mayúsculas, en la que todos (o la mayoría) de los partidos tendrán que ponerse de acuerdo en muchos temas. Es la hora de interesarse por nuestro futuro; de participar y de decidir. De pensar, de debatir, de dar un paso más. ¡Es la hora de votar!

5 comentarios
  1. Antonia fuentes
    Antonia fuentes Dice:

    Estupendo artículo, muy motivador. Ya estaba dispuesta a ir a votar el domingo ahora no me cabe la menor duda.

    Yo tambien soy seguidora de la serie Borgen, serie que me creo una seria adicción viendo de un atracón los capítulos de 4 en 4. Sentia verdadera envidia al comprobar como se desenvuelve la política en Dinamarca. La negociación, la protagonista "mi heroina" no se desanima por no tener un pacto de legislatura y pelea el pacto con los otros partidos en el cuerpo a cuerpo y en el día a día.

    Espero que el resultado de estas elecciones acabe con la política acomodaticia y clientelar y se abra un nuevo horizonte para hacer política con mayúsculas y donde la transparencia en la actuación de nuestros políticos sea la moneda corriente.

  2. O'Farrill
    O'Farrill Dice:

    Enhorabuena a los editores de HD Joven por este artículo y por su presencia activa en la participación (escasa todavía) política. Los que vivimos la Transición más intensamente estábamos también en esas edades entre los 25 y 30 años en que empiezas a desmontar mitos y a cuestionarte lo que te rodea, lo que te han contado y lo que en realidad tú percibes. Es la rebeldía (o para muchos su conversión en "herejes") que hace preguntas y no recibe respuestas que la satisfagan. Efectivamente es un momento de cambio político, social y generacional y tengo la enorme esperanza de que, quienes asuman el relevo, lo hagan con otras perspectivas diferentes y entendiendo que si queremos podemos cambiar las cosas. Basta de miedos falsos y de aceptar lo que ya es inaceptable: la continuidad en el ejercicio del poder con arreglo a modelos fracasados. Construir alternativas y demostrar que, como en la Transición, se puede diseñar otra convivencia más justa, más solidaria, más empática, más soñadora, más sólida y más sencilla. Ese es el reto no sólo de quienes tienen pocos años sino también de quienes nos seguimos sintiendo con ganas de aportar nuestra mayor o menor experiencia a ese mundo nuevo y mejor que todos deseamos. Un cordial saludo.

  3. CLARA GUZMÁN
    CLARA GUZMÁN Dice:

    Me encanta leeros. Veamos si nuestros políticos son capaces de hacer lo que el electorado, joven y no joven , previsiblemente les va a obligar a hacer a partir del 20D: como muy bien decís negociar y pactar. No les va a quedar otra. Suerte para todos, la vamos a necesitar…

  4. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Quizás sea prematuro hacer una apología de los "nuevos partidos" y de un sistema político en fragmentación todavía más acentuada como si la mitosis del demos anunciase claras mejoras en la vida ciudadana en vez de todo lo contrario. Se aceptan apuestas.

    Ahora mismo, en la Comunidad y Ayto. de Madrid, se está acelerando la Compra del Voto a costa del Presupuesto como si el chorreo de dádivas no tuviese límite.

    Y lo están azuzando "Los Nuevos" con muchos mayores bríos que "los viejos". Y encima sacan pecho.

    "Os vamos a costar esta pasta gansa adicional –17 milloncetes– en más billetes de metro y bono bus gratis". Por ejemplo. De estos, varios al día.

    Voy a intentar simplificar.

    Tesis 1. "Muchos partidos mejor que pocos"

    ¿Por qué? ¿Tan distintos somos que cuanto más divididos estemos mejor? ¿A quién interesa que estemos divididos? ¿A nosotros?

    Tesis 2. "Pacto mejor que legislar con claras mayorías"

    ¿De verdad? ¿Por qué? ¿Italia mejor que UK o que Francia o que Alemania (pacto de los dos grandes) o que USA?

    Tesis 3. "Dinamarca lo hace así…..".

    Dinamarca es un país pequeño del cual solemos ignorar su vieja fortaleza económica, con una cultura de consenso social que viene de siglos atrás y con una clara adhesión y dependencia jerárquica de Alemania (económica) y de USA (geopolítica).

    Por cierto, con su Propia Moneda. Es decir, con bastante más soberanía y oportunidades que nosotros.

    Tema no menor y que callamos. Nuestros jóvenes se callan esto aquí, los daneses no, lo tenían claro.

    Dinamarca decidió no estar en el Euro y gracias a ello se ha beneficiado de su posicionamiento estratégico coherente.

    ¿Cómo es posible que lo nuevo nuestro sea tan miope? ¿A nadie se le ocurre hacer lo que toda Europa hace? ¿Discrepar un poquito de los Mantras Imperiales?
    ¿Cómo es posible ser joven y tan obediente?

    Si es que hasta Podemos es delicioso. Todo les parece bien. Euro, Ucrania, Siria, Otan. ¿Alguna palabra más alta que otra? Lo suyo es el gasto, claro.

    Realmente me temo que lo que llamamos "nuevo" nace ya "viejo".

    Por otra parte es patente que……………………A medida que los países crecen en su relevancia relativa………….Menos partidos están gobernando. Comenzando por USA.

    Lógicamente, los que pintan menos y dependen de otros (Comisión, etc), interesa y mucho que estén divididos porque en realidad……………funcionan como Sucursales de los grandes y de sus Instituciones.

    Un joven también debiera hacer este tipo de análisis. El otro, el profundamente sumiso y conservador, lo debería hacer yo que ya estoy muy mayor y es lo que me conviene.

    Saludos cordiales

  5. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Excelente post aunque mis ideas no coinciden con él. Mientras haya partidos, cabildeos e intereses, mientras la democracia no se base en que hayamos sido educados durante generaciones en el respeto a los demás, en el cumplimiento de la responsabilidad y en la autoexigencia, nada de lo que se haga, sea del color que sea, haya dos, cuatro o diez colores, servirá para lo que es realmente importante. No obstante, esperemos que tengáis algo de razón y la cuatricomía sirva para que la calidad de nuestra democracia mejore, sin destruir lo que se ha construido en estos últimos cuatro decenios.

Los comentarios están desactivados.