Quinto aniversario de ¿Hay Derecho? …y renovarse o morir

Se han cumplido cinco años desde que un grupo de amigos nos decidiéramos a montar este canal de comunicación, influencia y opinión y desde entonces se han publicado más de dos mil entradas, siempre bajo un designio: la consideración de que en un país avanzado la democracia debe ir siempre acompañada del Estado de Derecho y que en nuestro país es necesario reforzar las instituciones.

En este último lustro esta idea ha cundido y, desde diversas especialidades, blogs –con sus correspondientes comentaristas- y otros grupos de pensamiento han llegado a la conclusión de que, sin caer en catastrofismos ni en lamentos regeneracionistas, es necesario, al hilo de la crisis que ha puesto de manifiesto las fallas del sistema, que la sociedad civil tome cartas en el asunto bajo el lema de Burke que tanto nos gusta: “el mayor error lo comete el que no hace nada porque sólo podría hacer un poco”. Politikon, Nada es Gratis y otros muchos blogs y medios han creado un caldo de cultivo que, pensamos, no ha dejado de influir en muchos cambios que ya se han producido mediante la reflexión y la crítica. Y nosotros hemos querido dar un paso más, de la reflexión a la acción mediante la constitución de la Fundación ¿Hay Derecho?, con la que, sin ninguna vergüenza, os animamos de nuevo a colaborar.

Pero hay que adaptarse. El modelo no está, ni mucho menos, agotado, pero sí es necesario hacer cambios y mejoras a la vista de las necesidades actuales y de la experiencia bloguera de estos años. Veamos:

En primer lugar, hemos decidido condensar más la temática en torno a aspectos jurídico-políticos de actualidad. Es cierto que, muchas veces, los posts más exitosos y que más comentarios o polémica suscitan son aquellos que reflejan la opinión subjetiva o incluso las experiencias personales del autor, pero pensamos que en esta nueva etapa quizá proceda ser un poco más exigentes pidiendo a nuestros esforzados colaboradores que intenten “centrar el tiro” en entradas que ayuden a los lectores a formarse un criterio propio en la interesantísima etapa política que estamos iniciando.

En segundo lugar, vamos a hacer algunos cambios entre los editores. Fernando Rodríguez Prieto, comprometido en muchísimos frentes, saldrá como coeditor para dar paso a Segismundo Álvarez, hasta ahora colaborador y muy comprometido con la regeneración. Seguramente habrá algún cambio más en el staff, pero por ahora le damos las gracias más sinceras a Fernando, que ha escrito posts memorables (revisen por favor en esta lista), ha sido uno de los coautores del libro del blog, y tantas cosas que los que hemos trabajado con él sabemos…. ¡y, por cierto, que esperamos que siga colaborando de vez en cuando en el blog!

En tercer lugar, nos hemos hecho conscientes de que mantener el blog no sale gratis y que además los proyectos de la fundación necesitan financiación; en definitiva, la defensa del estado de Derecho tiene un coste de tiempo, que asumimos gustosos, pero también tiene un coste económico, que igualmente asumimos, pero para el que necesitamos ayuda. Por esa razón, y gracias a los esfuerzos de Matilde Cuena, vamos a poner publicidad en el blog (de temas compatibles). Después de cinco años sin ella, pensamos que puede ser un buen modo de llevar a cabo lo que predicamos y contribuir a los fines de la Fundación.

Por último, solicitamos a nuestro colaboradores y lectores que nos acompañen en la defensa activa del estado de Derecho haciéndose amigos del blog y de la fundación, aportando, por ejemplo, una pequeña cantidad como pueden ser la de cincuenta euros al año, que estamos seguros que todos nos podemos permitir. Agradecemos mucho que la orden sea anual y recurrente, de manera que podamos contar con que estaremos aquí dentro de un año.  A estos efectos los datos de nuestra cuenta figuran en el entrando en el recuadro de la derecha.

Celebraremos además el 5ª aniversario del blog y el 1º de la Fundación con la entrega del Primer Premio ¿Hay Derecho? al que daremos adecuada publicidad a través de este blog. Queremos que la sociedad civil rinda un pequeño homenaje en este acto al ganador o ganadora porque aunque no podemos desvelar todavía su nombre lo que sí podemos decir es que realmente se lo merece.

Esperamos que todas estas iniciativas les gusten y sobre todo contribuyan a una mejor defensa del Estado de Derecho.

HD Joven: Star Wars para juristas

Entre las muchas cosas que ha dejado este singular comienzo de 2016, marcado por las elecciones, la innovación política de las cabalgatas y otras tantas cosas, cabe hacer un apartado para el que sin duda ha sido el acontecimiento cinematrográfico de la temporada: el estreno del episodio VII de la saga de Star Wars. Un estreno que ha dado lugar a diversas críticas, favorables o contrarias, en las que no vamos a entrar.

¿Qué pinta la saga en una web de Derecho?, se preguntarán algunos. La saga, justo es reconocerlo, es ya casi una muestra de folklore de la sociedad global posterior a la caída de los totalitarismos en la segunda mitad del siglo XX: la abundante presencia de niños disfrazados en la salas de cine, la cultura generada alrededor con todo tipo de eventos y productos, son todo un síntoma de la penetración cultural lograda. Ello daría para otro artículo, que evidentemente excede del ámbito de esta web. La razón de que traigamos Star Wars a HD sería mencionar el reflejo que contiene del Derecho, que vale la pena resaltar en tanto la saga sirva como ejemplo para docentes y discentes. Un ejemplo del reflejo del Derecho en las artes comparable al logrado en la literatura (pensemos en el problema del fuero judicial en El Alcalde de Zalamea o las cuestiones civiles indirectamente abordadas en La Colmena, por citar dos ejemplos entre tantos posibles).

Star Wars, al tiempo que es una alegoría sobre el bien y el mal, el mundo global, con un rico contenido filosófico y teológico (que podría ser materia de otro artículo), es toda un expresión también del Derecho. Una expresión que no sabemos si fue calculada o por accidente, pues al estar el Derecho en la realidad, hubiese bastado que la misma se tuviese en cuenta por los guionistas para que se les colase el Derecho aun sin saber lo que metían. Lo cierto es que la saga recoge todo un sistema constitucional realmente curioso, y en ella hay algunas manifestaciones de Derecho privado que parecen sacadas de otras épocas diferentes de la actual. Vayamos por partes:

Desde el primer episodio hasta el séptimo, se suceden la República y el Imperio como formas de organización del Estado. Una República que, eso si, parece ser Confederal, pues sólo aparece el pintoresco Senado (ver en especial episodios I y III) como cámara legislativa, de modo que no existe una cámara que recoja una sola “soberanía nacional”. Ello queda patente en la existencia de diferentes planetas con todo un bagaje propio, lo cual recuerda a la vigencia del Derecho romano en las provincias del Imperio (pensemos en la coexistencia del poder imperial de Pilato con el local de Herodes que nos relatan al contar, por ejemplo, la vida de Jesús de Nazaret). Especialmente interesantes son los modos de cambiar la República por el Imperio (ep.III) y éste por una nueva República (final del ep.VI): la saga muestra a las claras que la llegada de los totalitarismos no suele producirse necesariamente de modo cruento (aunque algo de crueldad hay en la segunda parte del episodio III, esta no es generalizada contra la población) sino que el totalitarismo suele llegar bajo un cierto humus boni iuris (lo cual muestra la importancia de saber cuidar en debido modo el Estado de Derecho, como se pretende a diario en esta web). Y así, por ejemplo, según se desprende del comienzo del episodio IV, la Princesa Leia es miembro del Senado imperial, de modo que el propio Imperio conserva formalmente la cámara. El discurso del Canciller Palpatine al ser nombrado emperador y el gran aplauso que cosecha, recuerdan a la típica Ley de plenos poderes que se emplea para cambiar a un Régimen totalitario. Del mismo modo, el reestablecimiento de la República al final del ep.VI, con las celebraciones que aparecen por tantas partes, recuerdan a la revolución de los claveles o incluso la caída del muro (pensemos que, en su actual versión, el final del ep. VI fue reelaborado tras la aparición de la segunda trilogía).

Más allá de las cambiantes formas de Estado, en toda la saga hay un Derecho privado permanente. Un Derecho privado que parece sacado también de ciertas etapas del Derecho romano: al comienzo del Episodio I nos dejan claro que, al menos en los planetas del borde exterior, hay esclavitud. En efecto, Anakin Skywalker y su madre son esclavos manumitidos al pajarraco aquel. Los Jedi llegan al planeta, entablan relación con aquella gente, pero no reprimen en modo alguno la esclavitud hallada, lo cual hace pensar que sea legal. Skywalker sólo logra abandonar aquel lugar y unirse a la Orden Jedi como postulante previa conquista de su libertad en la carrera de vainas (curiosa versión galáctica de las cuadrigas de Ben Hur).

Junto a éste tema de la capacidad (Derecho de la persona), se aprecia todo un Derecho de familia bastante fiel al que ha existido en todas las épocas y completo en cuanto a la variedad de instituciones: primero, “Ani” se une a los Jedi previo permiso materno (ep.I); sus hijos Luke y Leia son atribuidos a la madre, que los nombra (final del episodio III) y dada Leia en adopción a los Organa, y Luke dejado bajo tutela de sus tíos en Tatooine; finalmente,  la relación paterno- filial de An (Darth Vader) y Luke se aclara sólo con el reconocimiento por parte del padre al final del episodio V (pues ya se sabe que mater semper certa est), lo cual es una muestra de la importancia del reconocimiento a la hora de constituir dicha relación.

Las personas intervinientes no son únicamente personas físicas humanas. Existen también entes personificados, personas morales, del tipo de las que hoy llamamos personas jurídicas. Unos entes que no está claro que tengan personalidad, aunque parece que la Federación de comercio de los episodios I, II y III debe tenerla, si es capaz de contratar un ejército clonado. La orden Jedi recuerda a un centro de inteligencia con tintes religiosos comparable al Temple. Los Sith son una suerte de “sociedad secreta o paramilitar” de las previstas en el Art. 22 de la Constitución, en tanto que los nuevos malos de la Primera Orden parecen ya una especie de ente terrorista con poderes estatales (eludo citar ejemplos de la actualidad).

Junto a las relaciones familiares entre personas, destacan las relaciones patrimoniales. La responsabilidad por deudas recorre los episodios IV, V y VI, en los que Han Solo le debe a ese mounstro tan extraño llamado Jabba el Hutt. Aquí se vuelve a ver un detalle romanista arcaico: Han Solo ha de responder personalmente de la deuda, de modo que no se conoce la Lex Poetelia que limitó la responsabilidad a sólo los bienes (y cuya regla dura hasta hoy, estando en España en el Art. 1911 CC tan cuestionado en la crisis). En efecto, aunque en algún momento se señala la nave espacial “el Halcón” como objeto de la responsabilidad, al final del ep. II Dar Vader entrega a Han congelado al cazarecompensas Jango Fett para que lo lleve al acreedor Jabba el Hutt (parece que no habían llegado al factoring actual para la recuperación de deudas, y regía la promesa pública de recompensa).

En este orden patrimonial, resulta curioso el juego de derechos reales. Han Solo conserva durante cuatro episodios la propiedad del Halcón. Una propiedad que se reconoce sin problemas en toda la galaxia, y que le permite celebrar arrendamientos de servicio (como el que le obliga a transportar a Luke, Kenobi y los droides en el episodio IV). Una propiedad que se ve perjudicada por una cadena de robos en el episodio VII, que se salda con la recuperación de la posesión a manos de los dos nuevos personajes, Finn y Rey, que ejercen de poseedores “en concepto distinto de dueño”. Antes de la recuperación de la posesión, otros la disfrutan entre medias, lo cual con buen fe equivaldría a título (Art. 464 CC), y por ello el chatarrero que la tiene en posesión aspira a venderla generando un propietario a non domino (por ello lamenta que se la quiten Finn y Rey en el momento que echan a volar en el episodio VII).

Los derechos reales y la sucesión mortis causa en los mismos deben ser intuidos por el guionista, pues los droides R2D2 y C3PO se mantienen en el “patrimonio familiar” de los Skywalker toda la saga, pasando de padres a hijos…

La saga galáctica, por tanto, a la vez que resulta una expresión de cierta filosofía, es un reflejo de cierto Derecho. Y, como decía al principio, el Derecho es a su vez un reflejo de la realidad (o, en este caso, ficción) y, como tal, es representativo de la situación que vive la sociedad en cada momento. Resulta que, precisamente por aparecer en todos los rincones de la sociedad, incluso en estas legendarias sagas puede uno apreciar un atisbo de -voluntad de- regeneración, tan mencionado en este blog; regeneración ésta, por cierto, que termina produciéndose.

Cierto es que este Derecho, viendo aspectos como la esclavitud o la responsabilidad personal por deudas, es de “hace mucho, mucho tiempo” (frase con la que empieza cada episodio). Sin embargo, a menos que el Derecho privado sea universal, no estamos tan seguros de que todo ocurriese “en una galaxia muy, muy lejana”.

AGRADECIMIENTOS: a mi padawan (él sabe quien es), cuyas correcciones en primera lectura han mejorado considerablemente este post. Le ofrecí firmarlo en coautoría, pero se negó diciendo que ello sería propio de un Sith. Una nobleza que muestra lo muy cerca que se halla del grado de maestro.