Pactos: instrucciones de uso. Reproducción de la Tribuna en El Mundo de nuestra coeditora Elisa de la Nuez

 

Para contribuir modestamente a racionalizar el debate sobre los pactos para investir al nuevo Presidente del Gobierno puede ser conveniente recordar algunas cosas de sentido común. La primera es que para negociar conviene establecer primero un procedimiento de negociación, es decir, unas ciertas reglas. No crean que es deformación profesional de jurista, es que sin un camino o una ruta preestablecida es difícil llegar a ningún sitio, ni en política ni en la vida. Cuando hablo de procedimiento o de reglas estoy pensando en equipos negociadores, propuestas concretas  (por supuesto con papeles) en distintas materias sectoriales, en plazos, en candidatos para posibles cargos y hasta en lugares de reunión. Sin esos requisitos me parece complicado negociar con un mínimo de seriedad y, de paso, de transparencia. Quizá no sea necesario elaborar un contrato que recoja todas y cada una de las  cláusulas por las que debe regirse un futuro Gobierno de coalición o las necesarias para alcanzar un pacto de legislatura como hacen en otros países dada nuestra falta de experiencia previa y nuestro talante latino e improvisador. Pero sin duda entre los tuits, las ocurrencias y las provocaciones de los líderes (como la de Pablo Iglesias adjudicándose una vicepresidencia y unas cuantas carteras en un Gobierno con el PSOE del que su futuro Presidente se enteró literalmente por la prensa) y un acuerdo sesudo, exhaustivo y riguroso que deje poco al azar hay un amplio espacio que convendría empezar a explorar.

Lo curioso es que hasta hace pocos días no parece que nadie en ningún partido se haya planteado algo parecido por lo que cabe legítimamente preguntarse a qué se han dedicado en este primer mes transcurrido desde el 20 D nuestros representantes políticos, más allá de a los consabidos llamamientos a la generosidad y a la responsabilidad, preferiblemente a las del adversario, porque las propias, por lo que se ve, hay que presumirlas dado que no parecen empíricamente verificables.

El último incidente relativo a las consultas con el Rey para acudir al debate de investidura (o más bien para no acudir) es un ejemplo claro de que una cosa es predicar y otra dar trigo. El espectáculo de tacticismo y cortoplacismo –especialmente por parte del Presidente del Gobierno en funciones, que es en cuanto tal el principal beneficiario de la situación, no lo olvidemos- no ha podido ser más deprimente; al final resulta que nadie quiere presentar su candidatura porque no tiene “todavía” los apoyos suficientes, pero, por lo visto, tampoco nadie se ha molestado seriamente en buscarlos. Se ve que los acuerdos le deben de caer a uno del cielo. El bloqueo constitucional que supone esta irresponsabilidad es muy grave, al no empezar a correr el plazo previsto en la Constitución para unas posibles nuevas elecciones hasta que no haya un debate de investidura, que evidentemente puede ser fallido (de ahí la previsión constitucional). Esta situación puede suponer un problema para el Rey de no fácil solución. Es un comportamiento que no deja de llamar la atención en partidos que se autoproclaman defensores de la estabilidad y garantes de la gobernabilidad, por no hablar de la falta de respeto que supone a la Jefatura del Estado e incluso a la propia institución monárquica en un momento tan grave.

Volviendo a la necesidad de establecer un procedimiento de negociación conviene fijar un objetivo: algo tan sencillo como aclarar qué es lo que se está negociando exactamente. Porque unos pueden –legítimamente- buscar solo un acuerdo que les lleve a ellos personalmente a alcanzar el poder, aunque no tengan muy claro para qué lo van a utilizar;  al fin y al cabo los líderes de los distintos partidos se han presentado a estas elecciones para intentar ganarlas y presidir el Gobierno. Se trata de pedir una especie de carta en blanco al electorado, del tipo “confiad en mí que se lo que hay que hacer”. Pero los cheques en blanco y los liderazgos mesiánicos ya no despiertan el entusiasmo de antaño, ni siquiera entre los votantes de Podemos y del PP, los más inclinados a pedirlos. Sinceramente a estas alturas merecen bastante más confianza los negociadores que nos intenten explicar –con un cierto grado de detalle, ya puestos a pedir- para qué quieren alcanzar el poder.  La sociedad española ha madurado mucho democráticamente y seguro que no se aburre escuchando hablar de las reformas concretas que se quieren emprender o del modelo de país en que se está pensando para los próximos 20 0 30 años. Reconociendo, por supuesto, que dado que hay que pactar no va a ser posible que nadie alcance su programa de máximos; más bien al contrario, se alcanzarán unos programas de mínimos o un mínimo común denominador. Pero es que es eso lo que han votado los españoles.

También cabe preguntarse si no sería razonable incluir dentro de la posible negociación la posibilidad de que alguno o algunos de los negociadores den un paso atrás en beneficio de un acuerdo que beneficie no ya al país (que sería lo más deseable) sino, más modestamente, a su propio partido. Esta hipótesis afectaría solo a los partidos tradicionales a la vista de los resultados electorales -muy malos en los dos casos en relación con los del 2011- y dada la dificultad de que alguno de ellos, Rajoy en particular, no sea “votable”  por nadie más que su propio partido.

En este punto el problema de Rajoy, visible para cualquiera que no sea él mismo o su camarilla, es que su credibilidad para liderar un gobierno de coalición reformista-regeneracionista es muy escasa, dado que no solo ha estado al frente del Gobierno los cuatro últimos años con una abultada mayoría absoluta sin haber demostrado muchas inquietudes al respecto sino, de forma muy importante, por la inquietante espada de Damocles que suponen los escándalos de corrupción en torno a la financiación irregular de su partido. Los juicios se iniciarán en breve y le va a resultar difícil al Presidente en funciones desligarse de ellos desde el punto de vista de la responsabilidad política, aunque lo haya conseguido desde el punto de vista de la responsabilidad penal. Hay que ser conscientes de que el hecho de que el PP se resista a plantear la posibilidad de una sucesión no es el resultado de una reflexión y una decisión –aunque así se intente vestir de cara a la galería- sino que es la consecuencia pura y simple del bloqueo institucional que padece dicho partido por la falta de democracia interna y de contrapesos al actual liderazgo. En definitiva, el problema de Rajoy se ha convertido en el problema del partido, en la medida en que muy probablemente sin él tendría más opciones de negociar, de no perder el Gobierno o de mejorar sus perspectivas electorales. Dicho eso, identificar el problema no es lo mismo que solucionarlo, dada la ausencia de mecanismos internos para relevar al líder de manera ordenada, precisamente por estar dichos mecanismos (básicamente la convocatoria de un Congreso) en sus manos.

A mi juicio el problema de Pedro Sánchez no es exactamente el mismo, dado que -más allá de los resultados electorales- ha ganado unas primarias recientemente y sobre todo él porque no aparece como el principal obstáculo para alcanzar un acuerdo con otros partidos. En su caso, la cuestión es más bien el riesgo que supone el que gobierne gracias a un pacto con Podemos que puede ser letal para el PSOE en el medio plazo. Es importante diferenciar entre los problemas internos del PSOE y los del PP porque siendo más llamativos los primeros parece que tienen más fácil solución, en la medida en que (aunque con evidentes imperfecciones y limitaciones) en el PSOE existen cauces orgánicos efectivos no solo para manifestar la discrepancia con la política de pactos de su Secretario General sino incluso  para su relevo si llegase el caso. En el PP la única solución parece pasar por la dimisión o el cese voluntario de Rajoy. De cualquier forma, parece que incluir a los líderes del PP y del PSOE dentro de los posibles temas a negociar de cara a un posible pacto de investidura es fundamental.

En este sentido, no deja de llamar la atención que el final el “régimen del 78” pueda venir provocado por las disfuncionalidades de los partidos políticos tradicionales en cuya fortaleza y falta de fisuras internas se apoyó durante tanto tiempo. Como decía Alfonso Guerra: “el que se mueva no sale en la foto”. El problema ahora es justo el contrario: si no te mueves, no hay foto.

 

5 comentarios
  1. Francisco Rodríguez Boix
    Francisco Rodríguez Boix Dice:

    Resulta paradójico,por no decir patético o esperpentico,que Don Mariano se queje de que los socialistas no quieren hablar con el,cuando ,durante los últimos cuatro años,gracias a su hegemónica mayoría,ha gobernado de forma absoluta sin molestarse en hablar con nadie.Al parecer sigue sin darse cuenta que constituye un serio obstáculo a cualquier tipo de acuerdo,sin perjuicio de que reconozco que su ausencia tampoco garantiza la gobernabilidad,aunque pienso que la facilitaría.En consecuencia:Don Mariano váyase y llévese de la mano a Don Cristobal,Montoro por supuesto.En cualquier caso,para los que nos dedicamos al mundillo jurídico,que satisfacción abrir el BOE cada mañana y observar que,aparte corrección de errores,poco más.

    • O'Farrill
      O'Farrill Dice:

      Totalmente de acuerdo Francisco con respecto al BOE. ¡Qué agradable sensación de libertad! Por eso me sorprende que se siga pidiendo "gobernabilidad" con esa premura infantil de quienes parece haberse quedado huérfanos. Que yo sepa sigue habiendo gobierno en funciones (sin molestar a los ciudadanos ¡qué alivio!) instituciones y normas (más que suficientes) para seguir "gobernados" y "estables".
      Por otra parte debemos recordar, estimada Elisa, que la C.E. entre sus muchas trampas tiene la del sistema electoral y el bipartidismo o, lo que es lo mismo, no había previsto (otro de sus muchos fallos) una situación como la actual.
      En cuanto a los supuestos "pactos" de gobierno: de momento el bloqueo es parlamentario y los pactos deben ser fruto de un consenso parlamentario, no de conversaciones o "llamaditas" entre los líderes. Esas que tanto gustan en el mundo mediático… "Pero, ¿ha llamado Vd a fulano?" o al revés. Es increíble el grado de frivolidad con que la política ha pasado a los mensajes telefónicos. Todos sintiéndose más importantes que otros para "liderar" (¡ojo al termino!) el país. No para servir. La política se ha convertido en espectáculo y promete durar repitiendo las visitas a Zarzuela (que tan poco sentido tienen) o las declaraciones mediáticas. Todas dando caña a Rajoy, como diría Marhuenda. ¿Porqué? ¿Quien está moviendo los hilos?
      Cuando el "aspirante" Sr. Sánchez insultó al Sr. Rajoy con la palabra "indecente" y éste tuvo que responder en similares términos, cualquier posibilidad de entendimiento político y personal se fue al traste porque, el insulto, no debe figurar entre simples adversarios políticos. Pero nos hemos llenado los oídos oyendo la palabra "corruptos" a unos y otros, incluso "bandas criminales" como para asombrarnos de que quieran verse las caras. El debate (que debía ser de proyectos y propuestas) entre Rajoy y Sánchez se tornó en algo hosco, desagradable y mezquino a partir de ese insulto.
      Los pactos son entre personas que buscan el acercamiento de posiciones, no el enfrentamiento entre ellas y muy poco hay de eso. Los únicos que todavía podían hacerlo serían "Podemos" y "Ciudadanos", pero les han llevado también al terreno de la confrontación todos aquellos defensores de la "gran coalición" . Y ellos
      están cayendo en la trampa. Resultado: mayor crispación todavía y menores posibilidades de acuerdos.
      Tal como está el asunto, debemos mirarlo en su parte más positiva: un BOE adelgazado (como dice Francisco), un espectáculo mediático que nos permitirá ir conociendo mejor a los intérpretes (incluyendo a esos "mercados" con que se nos asusta) y una cierta paz y tranquilidad que quizá nos haga ver que la política no es algo especial para sólo unos privilegiados, sino un servicio civil en el que todos podemos y debemos implicarnos más. Y que no sólo es cuestión de temas locales, sino que los más importantes, los que de verdad van a afectar nuestro futuro, se mantienen convenientemente escondidos tras una cortina de silencio convenido. Un saludo.

  2. Antonio
    Antonio Dice:

    Si, si, los cauces internos del PSOE son fantásticos, especialmente para elegir a incompetentes.
    Pensé que la pareja Zapatero-Blanco era insuperable pero me equivoqué…
    La de Sánchez-Luena nos dará grandes días de gloria…y pasión
    En cuanto a los insultos es cierto, el "indecente" de Sánchez ha marcado un antes y un después especialmente para Sánchez porque el señor Rajoy, con todos sus defectos, le ha ofrecido diálogo y el otro ofrece variadas respuestas (no, no, no, no….).
    A lo que se ve hay quien perdona y mira al frente y quien no pero esto no es nada nuevo; no es mas que una manifestación mas del sectarismo de gran parte de la sociedad española que ha olvidado la transición (gracias en parte al Ilustre Zapartero) para volver al guerracivilismo.
    En cuanto a que ha cierta parálisis del gobierno, casi mejor, la sociedad civil se basta y se sobra, cada uno va a trabajar cada día y, a Dios gracias, el sol sale cada día y contamos con una ventaja, al menos, el gobierno no la cagará con alguna decisión absurda.
    No estoy de acuerdo en que Podemos pueda asumir nada porque está manchada desde su origen y es la quintaesencia del sectarismo (ay señor, querida Carolina!!! que somos del mismo sitio y de parecida edad, por Dios y cuando éramos críos la casta era tu familia y pueblo la mía, ahora parece que es al revés según los nuevos seres superiores.

  3. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    No seré yo quien defienda al Presidente del Gobierno en Funciones. Creo que no ha cumplido los mandatos para los que la mayoría absoluta de españoles le apoderaron en las elecciones de 2011, y la corrupción de los partidos políticos es algo de lo que resulta complicado dejar de hablar, específicamente del Partido Popular.

    Pero tampoco me parece ni mínimamente democrático que un partido como el PSOE, que no puede exhibir una toga cándida aunque su candidato exhiba una camisa del mismo tono, se niegue a hablar con el partido que ha obtenido un mayor número de votos en el Congreso y mayoría absoluta en el Senado.

    Supongo que a muchos ciudadanos nos gustaría un cambio de líderes por otras personas, pero las que hay son las que han concurrido y obtenido los votos. Tienen muchas razones para dimitir, ya que han perdido porcentajes elevados de votos, pero ¿para poner a quién? ¿A Dña. Susana Díaz?¿Pero los EREs no fueron en Andalucía?¿Es que Andalucía y Extremadura no son las dos regiones de España (disculpen, Comunidades Autónomas de Estepaís) con más nivel de desigualdad a pesar de que la "izquierda" lleva gobernando en una toda la democracia y en otra casi toda?

    El mandato que sale de las elecciones está muy claro: al margen de los españoles que, posiblemente con razones en algunos casos, han decidido dar su voto a una opción patentemente antidemocrática (Podemos) que pretende hacerse con el Estado (cfr. De Carreras); visto que los azules y los rojos no han sido capaces de hacer los deberes y han abusado del poder donde lo tienen, se busca un tercero moderador (Ciudadanos) y se hacen necesarios amplios pactos para sacar adelante los presupuestos, las leyes orgánicas y cualquier reforma constitucional, además del asunto de Cataluña y el País Vasco, el cantón de Cartagena y la República Popular de Bueu.

    Esto, en una Nación de políticos responsables. Pero miren Uds. lo que hay en el Parlamento y en los Partidos, quién les jalea, qué hay en los medios de comunicación.

    Mejor que no haya Gobierno. En Bélgica estuvieron sin Gobierno y no pasó nada grave. Además, como dicen los anteriores comentaristas, cuanto más quieto esté en BOE, mejor.

    En todo caso, en un lugar de La Mancha donde todo el mundo habla en primera persona y cuida su "marca" personal aunque se trate del bien común y del interés general, mejor esperar lo peor. Me han dicho que el Sr. Rodríguez Zapatero opina que no nos libramos de nuevas elecciones. Pero ese no es el problema, el problema es anterior.

  4. O'Farrill
    O'Farrill Dice:

    Sobre el papel (que todo lo aguanta) la solución sería muy simple ya que, en teoría, todos somos socialdemócratas, desde el PP hasta "Podemos" o IU.
    1.- Apórtense sin identificación partidaria las diez propuestas más importantes.
    2.- Ignórese a los "líderes" por una temporada (no sirven para pactar por su enfrentamiento)
    3.- Analízense por el Consejo de Estado en cuanto a su viabilidad real.
    4.- Pónganse en común aquéllas coincidentes para entregar al Parlamento (nos asombrarán)
    5.- Propóngase al partido que más coincidencias tiene con los demás por parte del Parlamento
    6.- Desarróllese un programa de gobierno en base a lo acordado por una comisión de "segundones" sensatos
    7.- Oblíguese a los "líderes" a ser portavoces de lo acordado en lugar de imponer lo que ellos quieren.
    Sólo entonces el parlamento habrá recuperado en parte el papel que le corresponde.
    Un saludo.

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