Jubilación activa creativa: un derecho, un deber

Los genios pueden florecer a cualquier edad, incluso cuando la jubilación es el estatus principal del autor. Por otro lado, trabajar y estar jubilado parecen ser dos términos contradictorios, pero no siempre son incompatibles. Y mucho menos lo son en un entorno presente y futuro de pensión pública decreciente dónde la Seguridad Social sólo proporcionará el nivel del 60%  para mantener el nivel de vida a los cotizantes que en media hayan tenido rentas iguales o inferiores a los 22.000 euros. Quienes ganen por encima de esa cantidad tienen que generar fuentes alternativas y complementarias de ingresos.

Hasta hace pocos años, la ley española prohibía, en términos generales, compaginar plenamente pensión y trabajo, pero la modificación normativa de marzo de 2013 para favorecer la continuidad de la vida laboral de los trabajadores de mayor edad y promover el envejecimiento activo, actualizó esa regulación porque Europa, a la vista del aumento de las expectativas de vida de la población, decidió promover el envejecimiento activo pero con unas limitaciones muy concretas que veremos más adelante. Antes de la reforma ya se permitía a determinados colectivos -profesiones liberales- seguir trabajando después de jubilarse, sin necesidad de estar dado de alta en el RETA, cualquiera que fuese el rendimiento obtenido.

Así, los químicos, abogados, aparejadores, arquitectos técnicos y superiores, gestores administrativos, procuradores de tribunales y peritos e ingenieros técnicos industriales acogidos a mutualidades de colegios profesionales constituidas antes del 10 de noviembre de 1995 están exentos de esas limitaciones establecidas por la ley para poder seguir trabajando tras la jubilación. Los médicos también pueden conciliar su pensión con su trabajo por cuenta propia en condiciones bastante ventajosas sobre el resto de los jubilados. Se exigen requisitos muy estrictos y limitativos para que el profesional colegiado pueda optar por integrarse a una Mutualidad como alternativa a su encuadramiento obligatorio en el RETA.

Esta excepción se rige en el momento presente por lo establecido en la disposición adicional decimoquinta de la Ley 30/1995, de 8 de noviembre, de Ordenación y Supervisión de los Seguros Privados, en la redacción dada a la misma por el artículo 33 de la Ley 50/1998 de 30 de diciembre, de  Medidas Fiscales, Administrativas y de Orden Social y al amparo del apartado 2 del artículo 1 del antiguo Reglamento de Entidades de Previsión Social, aprobado por el Real Decreto 2615/1985, de 4 de diciembre, con la que quiere hacerse alusión a la modalidad de Mutualidad de adscripción obligatoria. En consecuencia, dicha Mutualidad que se hubiera constituido con antelación a la fecha reseñada, conlleva un mecanismo de adscripción obligatoria, es decir, que no hubiera sido simplemente voluntaria (que es el carácter que forzosamente ya han de tener en el momento presente, conforme la ley exige, todas las denominadas Mutualidades de Previsión Social).

En cuanto al resto, aunque la regla general es que el disfrute de la pensión es incompatible con la realización de trabajos por cuenta ajena o propia, y también con la realización de actividades para las Administraciones Públicas, hay algunas excepciones. La más importante es la jubilación parcial que permite al trabajador por cuenta ajena acceder a la condición de pensionista de jubilación, compatibilizándola con un trabajo a tiempo parcial, por el que reduce su jornada de trabajo y su salario entre un mínimo del 25% y un máximo del 50%, siempre que reúna los requisitos establecidos. También se permite la compatibilidad del percibo de la pensión con el mantenimiento de la titularidad del negocio y el desempeño de las funciones inherentes a su titularidad, siempre y cuando sus funciones estén limitadas, para aquellos pensionistas de jubilación que provienen del régimen de trabajadores autónomos. También se pueden realizar trabajos a tiempo parcial en los términos establecidos para la modalidad de la jubilación flexible, ya sean trabajos por cuenta propia o por cuenta ajena, cuyos ingresos anuales totales no superen el salario mínimo interprofesional (SMI), en cómputo anual, reduciéndose el importe de la pensión de jubilación en proporción inversa a la reducción aplicable a la jornada de trabajo. La denominada jubilación flexible, no es una modalidad novedosa ya que venía regulada por el RD 1132/2002, de 31 de octubre, de desarrollo de determinados preceptos de la Ley 35/2002, de 12 de julio, de medidas para el establecimiento de un sistema de jubilación gradual y flexible.

Pero la verdadera compatibilización plena entre trabajo y pensión de jubilación se regula desde el 17 de marzo de 2013 (RDL 5/213, de 15 de marzo, de medidas para favorecer la continuidad de la vida laboral de los trabajadores de mayor edad y promover el envejecimiento activo) de manera que los trabajadores jubilados pueden continuar su actividad laboral siempre y cuando reúnan ciertos requisitos, que se hayan jubilado una vez cumplida la edad reglamentaria en cada caso (no anticipadamente) y que su pensión se calcule en base al 100% de la base reguladora. Es la denominada “jubilación activa”. Como se observa, queda restringida a los trabajadores que han accedido a la jubilación a la llegada de la edad legal, y que cuentan con largas carreras de cotización, y les permite compatibilizar la ocupación a tiempo completo o parcial con el cobro del 50% de la pensión de jubilación que tienen acreditada. La jubilación activa fue una de las medidas estrella de las últimas reformas del sistema que trataban de fomentar la prolongación de la vida laboral entre los más mayores. Durante la realización del trabajo por cuenta ajena o por cuenta propia, compatible con la pensión de jubilación, los empresarios y los trabajadores cotizarán a la Seguridad Social únicamente por incapacidad temporal y por contingencias profesionales, si bien quedarán sujetos a una cotización especial de solidaridad del 8%, no computable para las prestaciones, que en los regímenes de trabajadores por cuenta ajena se distribuirá entre empresario y trabajador, corriendo a cargo del empresario el 6% y del trabajador el 2%.

Para esta modalidad se fijaban unos límites muy estrictos respeto a las rentas de trabajo obtenidas, de manera que cualquier jubilado puede perder temporalmente parte de la pensión si los ingresos por actividades profesionales superan el salario mínimo anual (9.172,80 euros anuales) ya que se interpreta que esos rendimientos son fruto de una actividad habitual. La norma interpreta que desarrollar una actividad habitual es aquella con la que se tienen unos ingresos que alcanzan o superan el salario mínimo interprofesional. Cuando los ingresos al margen de la pensión superan el SMI anual se hace necesaria el alta en el RETA, con independencia de cuál sea la actividad que los haya generado.

Y entre estos ingresos se contabilizan cualquiera derivados de actividades tales como impartir cursos, conferencias, coloquios, seminarios o la elaboración de obras literarias, artísticas o científicas. Dentro de estos ingresos también se cuentan todos los derechos de autor, incluso los que corresponden a obras escritas antes de la jubilación en el caso de los escritores, según la interpretación que está realizando actualmente el Ministerio de Trabajo, aspecto muy controvertido ya que en muchas de las inspecciones que está llevando a cabo sobre autores jubilados, computa por igual el cobro de derechos de autor por la explotación de obras realizadas antes de la fecha de jubilación con el cobro de derechos de autor por actividades realizadas una vez jubilado.

No parece tener sentido esta interpretación pues la actividad que genera los derechos de cobro se realizó antes de llegar a la fecha de jubilación, si bien la actual redacción de la ley no lo contempla así. Parece un contrasentido que los herederos sí puedan beneficiarse de los derechos generados por las creaciones de sus antepasados y, al tiempo, cobrar el 100% de su jubilación, mientras que el creador jubilado se vea obligado para ello a renunciar a parte de su pensión. Recuérdese que cuando los derechos de autor los percibe un tercero distinto al autor por ejemplo un heredero, constituirán para el perceptor rendimientos del capital mobiliario.

En cualquier caso, España es, y siempre ha sido, un país ingrato para la creación, el conocimiento y el saber de cualquier clase o el ejercicio de las artes. En muchos países de la UE —Alemania, Suiza, Austria, Francia, Reino Unido, Suecia o Polonia, entre ellos, es totalmente compatible la realización de trabajos intelectuales con una pensión al 100%. En otros como en Bélgica, Dinamarca o Países Bajos, sucede como en España. En todo caso, parece razonable plantear compatibilizar el cobro completo de la pensión de jubilación con la realización de actividades tales como impartir cursos, conferencias, coloquios, seminarios o la elaboración de obras literarias, artísticas o científicas incluso superando el salario mínimo interprofesional y que escritores, músicos, pintores, fotógrafos y cualquier otro creador puedan seguir aportando su esfuerzo y trabajo para beneficio de toda la sociedad. Siempre alguien podría plantear que conseguir la compatibilidad plena al excepcionar la realización de trabajos intelectuales de la aplicación del límite del salario mínimo interprofesional podría considerarse discriminatorio para el resto de los trabajadores jubilados. En defensa se esta excepción se puede argumentar que la capacidad intelectual y creativa de las personas mayores revierte al conjunto de la sociedad a través de todo su talento y sus conocimientos. Si se pretende de verdad fomentar el envejecimiento activo y evitar a la vez un daño incalculable al desarrollo de la creación intelectual de nuestro país, que mejor manera que permitir que nuestros mayores materialicen a través de sus obras todo su saber y experiencia.

Señalaba Javier Marías que España es “un país con el que nunca se sabe, difícil, ingrato, abrupto y del cual uno no se puede fiar”. Potenciar y mejorar la capacidad intelectual y creativa de las personas mayores hará, sin duda, que consigamos una sociedad mejor en el futuro. Legislar contra la difusión de la Cultura y la Ciencia como bienes sociales de interés general actuará en nuestra contra.

6 comentarios
  1. José Mª Pérez
    José Mª Pérez Dice:

    ¿Ha de considerarse de mejor condición ante la ley al artísita, escritor o al profesor universitario frente a un trabajador manual, un contable o un empresario? Me parece una tesis elitista y de dificil anclaje con nuestra Constitución. Por esa misma regla de tres, ¿por qúe no eximirles totalmente de impuestos como a la nobleza en el antiguo régimen?

    • Manu Oquendo
      Manu Oquendo Dice:

      Menuda pregunta, José Mª.

      La respondió D. Pablo Iglesias hace unos días poniéndose su smoking para los Goyas unos días después de ir en zapatillas al Congreso.

      Otra demostración práctica de que los códigos, también la vestimenta, también son para comunicar prioridades.

      En la Unión Soviética se les pagaba un sueldo con el trabajo de los hasta 15 Millones de "empleados" de los "campos".

      Aquí Gorki
      https://es.search.yahoo.com/search?p=Gorky+at+Solovetsky&fr=yfp-t-907

      Un saludo

    • Cvm Privilegio
      Cvm Privilegio Dice:

      Don José María sigue viendo las cosas desde su respetable y estricta perspectiva (por cierto, ¡vaya chasco se habrán llevado muchos Inspectores! En mis tiempos opositaban ilusionados por desarrollar la función tuitiva del derecho laboral, por proteger al más débil. Y ahora veo que se dedican a perseguir a Luis Landero).

      Pero usted mismo da pie a la respuesta, don José María. No hay "artistas y escritores" frente a "TRABAJADORES MANUALES, contables o empresarios". Hay _actividades literararias y artísticas_ frente a _trabajo manual, administrativo o directivo_; actividades que no pueden realizar ni contables jubilados, ni picapederos jubilados, ni profesores jubilados. No es elitismo, ¿se da cuenta? La SS castiga por igual la actividad, sea quien sea quien la realice: castiga al picapedrero que descubre en su vejez ser un gran escultor, al contable que a los 65 años escribe libros de autoayuda o al médico que a esa edad se consagra a componer sinfonías.

      Y además todo esto es absurdo. A cualquier leguleyo principiante se le ocurren veinte ideas para convertir los derechos de autor del jubilado en otra cosa que la querida SS no detecte. Aunque supongo que el siguiente paso, si no se ha dado ya, será dotar a esta Inspección de la omnímoda capacidad de calificación jurídica que tiene su homóloga hacendística.

  2. G.P.
    G.P. Dice:

    ¿Elitismo? No, que va… Es muy justo (y mucho justo…) que las personas con un trabajo en su vida que les haya permitido cotizar más, sean precisamente las que a su ya alta paga de jubilación puedan sumar aún más dinero gracias a no dejar de trabajar, mientras que al picapedrero, que seguro ha cotizado menos y su jubilación sea más baja (y mucho baja…), no se le permita trabajar (a no ser que se convierta en un nuevo Miguel Angel, claro, que es la cosa más normal del mundo entre los picapedreros).
    Por cierto, yo creía que a nadie se le prohíbe "difundir cultura". Solo se prohíbe cobrar de dos sitios a la vez a partir de cierta cantidad. Pero "difundir cultura", se puede difundir a chorros a cualquier edad. Si eso es lo importante…

  3. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Qué razón tiene Javier Marías. Gracias. Este post unido al de D. José María Pérez tienen la virtud de que nos dan dos visiones no completamente discrepantes en lo técnico (el Derecho positivo lo leen igual) pero sí en la conclusión, o así lo entiendo yo. La cuestión fundamental sigue siendo que percibir una pensión es incompatible con según que rentas a partir de un límite, todo lo cual es una decisión de política legislativa porque podría ser compatible con según otras rentas y otro límite. Todo esto va contra la libertad individual y los derechos adquiridos (sí, sí, ya sé que el TC y el TS dicen que no lo son) de alguien que paga un impuesto por trabajar (mejor dicho, dos o más, porque paga las cuotas de la SS, la retención del IRPF que difícilmente le van a devolver (el Estado cobra antes que la familia del trabajador por cuenta propia o ajena y luego paga impuestos desde que se levanta hasta que se acuesta incluso por ir a trabajar). Entonces, cualquier ciudadano medianamente espabilado y que tenga un primo abogado se organizará societariamenente, como tantos per-jubilados de grandes empresas, porque todo el sistema es exactamente como lo define Marías. Ahora, al que quiera cumplir los reglamentos estrictamente, que Dios le pille confesado. Y, por cierto, ojo que el libro pueden ser las memorias de un minero de Luciana prejubilado, o las del Marqués de Bradomín redivivo. "!Más madera!", como dijo Marx. La cosa es echar más madera para que la locomotora no se pare, aunque creo que hace mucho tiempo que nadie sabe dónde lleva. Gracias a Ud. y a D. José María por ilustrarnos.

  4. O'Farrill
    O'Farrill Dice:

    Conozco el caso de un grupo de teatro aficionado al que se le ocurrió darse de alta en Hacienda. De sus bolsillos salían las modestas aportaciones para montajes que se ofrecían gratuitamente a la gente. Hacienda los estuvo persiguiendo con requisitorias y trámites administrativos que, al final, les hicieron tirar la toalla. Los propios funcionarios comentaron. "A quien se le ocurre darse de alta…." Es lo que tenemos. Ni siquiera el derecho a ocupar nuestro tiempo libre sin que aparezca el consiguiente reglamento o el simple criterio personal del funcionario de turno. Un saludo.

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