La imposible oportunidad para la Tercera España

En los últimos años se ha recuperado y recordado la figura del periodista sevillano Chaves Nogales. Siempre que se escribe sobre él, se le glosa, junto a Salvador de Madariaga, como el representante de esa tercera España que, en palabras de Andrés Trapiello,  “fue la primera que perdió la guerra civil, porque las otras dos Españas, más minoritarias y revolucionarias, exigieron a esta tercera que se decantara de forma inmediata, tras el alzamiento del 36, por la una o por la otra”. Esa España, probablemente mayoritaria, que no se identificaba ni con el fascismo, ni con el comunismo, perdió la guerra, y arruinó su futuro.

Y aquí estamos de nuevo en este año 2016,  inmersos en la batalla de rojos frente azules, en ese eterno retorno en que se ha convertido la historia contemporánea de la política española, en la que los dos bandos nos exigen de nuevo a todos los ciudadanos que nos decantemos de nuevo por uno u otro.

En esta repetición de las elecciones generales parece que nuevamente es la tercera España la que va a volver a perder su oportunidad. Cuando irrumpieron en la escena política los nuevos partidos, algunos nos alegramos, no tanto porque representaran una nueva ideología que sintiéramos más próxima a nuestras posiciones, sino porque, por primera vez, cabía la esperanza de que en una campaña electoral se hablara de las cosas que realmente importan: se hablara de cómo mejorar la educación en este país, y no de si la religión debía ser asignatura obligatoria; se hablara de por qué nuestro mercado laboral es disfuncional y anómalo en el contexto europeo, y no de si debe o no derogarse la última reforma laboral. Pero es éste es un país de profundas convicciones ideológicas, y la ilusión no nos ha durado demasiado.

En el año 2013, en este artículo analizábamos el efecto que el voto identitario e ideológico, tiene sobre el funcionamiento de un país. España sigue siendo un país singular, en el que 77 años después de concluir la guerra civil, y transcurridos 39 años desde la muerte de Franco, aún no hemos conseguido cerrar las heridas y mirar hacia el futuro unidos. Sorprende la cantidad de gente que aún vota a un partido en función del bando en el que sus abuelos o sus padres lucharon o murieron en la guerra civil. Franceses y alemanes fueron capaces de reconciliarse tras la segunda guerra mundial para construir una Europa con un futuro libre de guerras y contiendas, pero parece que las dos Españas no están dispuestas a que eso suceda en nuestro país. Debe ser que sin duda es muy rentable políticamente. Sorprende lo lejos que queda la frase de Ortega y Gasset, escrita en el año 1937 en su prólogo a la edición francesa de La rebelión de las masas: “Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral”. Aquí conviene recordar que el vocablo “imbécil” solo empezó a utilizarse como un insulto a finales del siglo XIX, por lo que su acepción no es exactamente la misma que hoy interpretamos.

Sin duda las campañas ideológicas son mucho más sencillas. El voto del miedo, y el voto a “los míos” no necesitan mucha explicación. Es este un país en el que todo debe etiquetarse como de derechas o de izquierdas: las autovías, las depuradoras, los molinos de viento, las asignaturas de secundaria, la energía nuclear, la deuda, los días de indemnización por despido, o las políticas contra la violencia de género. Las políticas no se juzgan en función de si funcionan o no, de si producen o no los resultados deseados. Las políticas solo se juzgan en función de la etiqueta asignada: si es la mía es buena, si es la contraria es mala. Nadie precisa rendición de cuentas, ni explicaciones excesivamente elaboradas; no es necesario. La etiqueta con la denominación de origen ya dice todo lo que es necesario saber sobre cualquier política pública. Cómodo y sencillo.

El voto identitario e ideológico crea el entorno adecuado para un modelo de gobierno clientelar  y corrupto. Es este el gran mal que aqueja a España, y el que difícilmente podremos superar en un nuevo escenario en el que lo único realmente importante es que no ganen los otros, sean rojos o azules. En la primera edición de estas elecciones generales creímos que había una oportunidad para que se abriera paso esa tercera España, en la que las propuestas se juzgaran en función de sus resultados, y no en función de su color. El diagnóstico sobre los problemas que debían afrontarse era ampliamente compartido, e incluso las soluciones, basadas en políticas aplicadas con éxito en otros países también parecían contar con un alto grado de consenso. El entendimiento de las dos Españas para construir un país mejor parecía al alcance de la mano. A medida que transcurre esta segunda edición de las elecciones generales, esa esperanza se desvanece.

Es difícil creer que desde los extremos, y desde una visión de la vida tan simple como la que etiqueta toda política como de derechas o de izquierdas puedan acometerse las reformas que realmente necesita España. Gane quien gane, lo que parece seguro es que volverá a ganar el enfrentamiento entre las dos Españas, que deja poca cabida para las reformas que precisa este país, aunque quizás sí abra las puertas a una revolución, que como toda revolución siempre es de resultado muy incierto.

En los países con un componente de voto identitario e ideológico tan fuerte, las expectativas sobre los pactos electorales suelen ser más bien ingenuas. Es muy difícil pactar con el “enemigo”, aun cuando sus propuestas se parezcan a las mías. El sentimiento de traición a los valores identitarios impide cualquier movimiento en este sentido. Por eso soy escéptico sobre el pensamiento bienintencionado y voluntarista que suele imponerse en este país al hablar de los pactos. Y por eso, si queremos un mejor futuro para este país, quizás deberíamos pensar que nuestro modelo electoral no debería basarse en el modelo parlamentario, imperante en Europa, donde predomina la cultura del pacto, sino en el modelo presidencialista, basada en la elección de un presidente (y un gobierno) a doble vuelta, que predomina en América. Es cierto que habría que asumir el riesgo del caudillismo que suele verse en los regímenes de América, pero como el modelo mixto francés nos enseña, al menos nos ahorraríamos el sofoco y la vergüenza de ver como nuestros representantes son incapaces de ponerse de acuerdo, no porque no sepan lo que hay que hacer, sino porque su ideología se lo impide. Si ellos no son capaces, que dejen paso a los ciudadanos y su voto.

Mientras nos entretenemos en estos pensamientos, lo que nos espera son las elecciones del 26 de Junio, y la expectativa de que aún haya una oportunidad para esa tercera España.

23 comentarios
  1. G.P.
    G.P. Dice:

    Esa "tercera España" no existe. España es un país en el que se abusa del débil: es nuestra forma de organización. A los más próximos, familiares, amigos… todo. Al extraño… ni agua. No hay más que acercarse a un paso de cebra en este país para ver quién pasa primero: si el que lleva tonelada y media de acero a su alrededor, o el extraño que es solo carne y "derecho a cruzar". Compárese con el norte de Europa. España es la selva, la ley del más fuerte, y eso no es culpa de "los políticos".
    Por supuesto que sí hay pactos. Lo que ocurre es que no puede ser con luz y taquígrafos, pues se desmontaría la farsa que es esta "democracia", pero ya lo creo que hay pactos. Es el famoso "café para todos", que en realidad significaba "pastel para todos".
    Basta con hacer que la mayor parte de la gente no vote con la cabeza, sino con las tripas (cosa fácil en un país ignorante, insolidario y cruel como España) mientra oye y lee las tropelías del gobernante, para que continúe el reparto del pastel (legal e ilegal, pues de las dos formas se reparte). Porque nunca pasa nada. Da igual las tropelías que hayan hecho los gobernantes antes, si hay cambio de gobierno, simplemente se "pasa página", y a continuar con el saqueo como si no hubiera pasado nada. Llevamos cuarenta años así. Si eso no es un gran pacto…
    Y ¡ay! de aquel que se salga del pacto: todo el peso de este podrido Estado caerá sobre él:
    http://www.publico.es/politica/fernandez-diaz-conspiro-jefe-oficina.html
    http://www.publico.es/politica/fernandez-diaz-presidente-del-gobierno.html
    No, la tercera España no existe, por eso no aparece nunca. Pero qué bonito es creer en ella…

    • Juan Luis Redondo
      Juan Luis Redondo Dice:

      G.P., lamento tu visión tan pesimista. Creo que este país da para ser mucho más optimista. Los ejemplos de las cosas que sabemos y hacemos cuando dejamos a un lado los rojos y los azules y nos ponemos a trabajar son muy espectaculares. Claro que existe esa tercera España. Sin duda.

  2. Luis Fernández
    Luis Fernández Dice:

    Si la "Tercera España" es Ciudadanos (como parece inferirse de la línea editorial), se explica lo del fracaso. Ni siquiera los partidos "clásicos" en su mejor momento, cuando eran hegemónicos, demuestran tan poca capacidad de empatía y de diálogo.

    La "Tercera vía" no es un sucedáneo descolorido de lo de antes.

    • Carlos
      Carlos Dice:

      Lo de poca capacidad de diálogo y empatía da un poco de risa cuando ha sido junto con el PSOE el único partido capaz de superar diferencias ideológicas y sentarse hablar y finalmente llegar a un acuerdo con medidas concretas. Porque esto es lo que le hace falta a España, como dice el autor, hablar menos de ideologías y discutir sobre si tal o cual medida es buena o no para la mayoría. La tercera España existe claro que que sí, y se le castiga continuamente. UPyD desaparecido y ahora se va a premiar electoralmente a los dos extremos que precisamente son los responsables del bloque institucional. Esos son los incentivos que damos los ciudadanos a los partidos. Y desde luego visiones pesimistas, sectarias y sobre todo falsas como las de GP no ayudan a que España pueda modernizarse. La Tercera España existe sí, pero aún somos minoría.

      • Fernando Sánchez-Cerezo
        Fernando Sánchez-Cerezo Dice:

        El próximo domingo puede usted votar a UPYD, creo que se presenta en todas las provincias.

    • Juan Luis Redondo
      Juan Luis Redondo Dice:

      Luis, la tercera españa es esa que no le importe si las cosas son rojas o azules. Solo le importa que las cosas funcionen. No pretendía con el post abrir un debate sobre partidos políticos. No era esa la intención. Pretendía abrirlo sobre lo que creo que necesita este país, y viene necesitando en el último siglo: la capacidad de dejar los rojos y azules a un lado y empezar a pensar en lo que queremos construir juntos. Seguir siendo un país tan singular en el contexto europeo en términos de educación, empleo, .., debería ser suficiente razón.

      • Luis Fernández
        Luis Fernández Dice:

        No, Juan Luis.

        La Tercera Vía tiene que ser ilusionante, firme en el fondo pero flexible y educada en la formas, honesta sin elocuencias, abierta a reconocer que se está equivocado, humilde hasta lo imprescindible, partidaria de algo inteligible, no insultante, sin fijar líneas rojas ni pedir la cabeza de nadie, sin ánimo demonizante, original sin pasarse, europea sin pedir pra ello que nos intervengan…

        En fin… que no sea Ciudadanos. Para esa tercera vía, me temo, la opinión pública prefiere el bipartidismo.

  3. David Sotomonte
    David Sotomonte Dice:

    Gracias por el post Juan Luis. No se da una oportunidad a la tercera España porque los líderes de los partidos políticos solo miran por sus intereses personales, lo de mirar por el interés general y ese tipo de cosas no se estila en nuestro país y así nos va.

  4. Pedro Luis Egea
    Pedro Luis Egea Dice:

    Buenas tardes: No puedo por menos que compartir su preocupación, pero estoy muy lejos de compartir su relato y conclusión. Después de las elecciones del 20D hubo un supuesto líder que se negó a intentar un consenso, hubo dos partidos que pactaron un acuerdo, cediendo, y apareció un conglomerado político que exigió poder y exclusividad de cariño para ofrecer apoyos.

    Sí hubo cambios de posición, aunque no de todos.

    Y hemos de reconocer que, por primera vez en la historia democrática española reciente, los sondeos premian a los que no estuvieron dispuestos a pactar y castigan a los que pactaron.

    Todo análisis que no reconozco lo anterior se predispone, en mi opinión, en favor de uno de los extremos. Saludos,

  5. G.P.
    G.P. Dice:

    ¿Cuántos de ustedes están dispuestos a hacer un referendum en Cataluña por la independencia (en el que saldrá "NO" sin duda, por cierto) como han hecho países que no necesitan soñar con un "Tercer Canadá" o una "Tercera Gran Bretaña"? Nadie.
    ¿Cuántos de ustedes están dispuestos a respetar la voluntad del pueblo gibraltareño, que por azares de la Historia lleva más de 300 años viviendo en el Peñón, a no ser parte de España si no lo desean? Nadie.
    No existe tercera España. Solo existe la de siempre: la de la imposición del fuerte sobre el débil siempre que sea posible. No, no somos capaces de hacer nada "increíble", a no ser que se considere increíble superar el 20% de desempleo tres veces en 30 años en plena Europa Occidental (sin tomar ninguna medida seria al respecto más allá permitir que se contrate por un cuenco de arroz en condiciones abusivas y sin ningún resultado satisfactorio nunca). O ver las tropelías que hacen unos y otros gobernando, y aún así que ambos juntos sumen como para obtener el poder.
    Ya está bien: somos esperpénticos. Somos un estado fallido. Ni siquiera somos capaces de conseguir que quien lo desee pueda ser educado en su LENGUA MATERNA Y OFICIAL en su propio país. A quien se lo cuentes fuera, ni se lo cree.
    No son los políticos. Somos nosotros. Ellos no vienen de Marte. "Ellos" son "nosotros": pícaros, tramposos, ventajistas, ladrones, engañadores y hasta extremos ridículos. En la política, en los negocios, en el trabajo, en la comunidad de vecinos, en el tráfico, en donde sea.
    Nuestro problemas es cultural: el desprecio completo al prójimo no cercano.
    Recuerdo nebulosamente haber visto de niño en la TV (debían ser los últimos años de la dictadura) anuncios institucionales dándole a la población lecciones de urbanidad (respete las colas, sea amable con los demás, y cosas así). A lo mejor deberíamos volver a empezar por ahí, y a ver si dentro de 100 años esta vez ha cambiado algo, aunque solo sea poder cruzar tranquilo un paso de cebra.

    • Carlos
      Carlos Dice:

      GP es usted incorregible y un claro exponente de lo que llamo la "España negra" que abunda a izquierda y derecha en nuestro gran país. Esa que piensa que España sufre una especie de mal de ojo, o que genéticamente tenemos alguna tara.
      Creo que simplemente desatinas cuando hablas de imposición, a no ser que imponer sea procurar que todos seamos iguales ante la ley.
      Primera cuestión: Muchos de nosotros creemos que es bueno un referendum, incluso algunos colaboradores de este blog lo han propuesto, otra cosa es en qué términos. Pero oponerse a ello no es ninguna imposición, y es que es lo que tienen los estados modernos que suele estar bien visto cumplir la ley, y si hay que cambiar la ley pues que todos tengamos algo que decir, porque Cataluña es parte de todos los españoles. Yo por supuesto considero que Madrid es tan de los madrileños como de los catalanes, y así todo el territorio y con todos los ciudadanos españoles, fíjese usted, esas locuras tenemos los de la tercera España, qué déspotas ilustrados.
      Totalmente de acuerdo con lo del paro, muchos españoles estamos trabajando para cambiar el modelo productivo, pero sin aspavientos.
      Estado fallido es Somalia, nosostros tenemos muchos problemas, pero lo verdaramente esperpéntico es que usted frivolice con estos temas. Es cierto que es un horror que en Cataluña los castellano hablantes no puedan recibir la educación en su lengua materna pero la sociedad civil se está movilizando consiguiendo avanzar en los derechos de todos los ciudadanos.
      "No son los políticos. Somos nosotros. Ellos no vienen de Marte. "Ellos" son "nosotros": pícaros, tramposos, ventajistas, ladrones, engañadores y hasta extremos ridículos. En la política, en los negocios, en el trabajo, en la comunidad de vecinos, en el tráfico, en donde sea" Esta frase es para enmarcar, yo personalmente debo tener mucha suerte porque me rodea gente trabajadora, honesta, abierta, solidaria y con gran respeto por el prójimo. ¿Dónde vive usted?
      Su crítica destructiva no lleva a ninguna parte, ciertamente es usted muy español en lo antiespañol, pero para mejorar las cosas hay que partir de la verdad y usted parte de una España que no existe. Déjese de ser tan gruñón y cenizo y únase a la tercera España, necesitamos engrosar nuestras filas…
      Un saludo sin acritud

  6. Endecha
    Endecha Dice:

    … pero yo solo he visto gente…

    gente que solo desea su pan, pagar su hipoteca, su familia, sus vacaciones, sus amigos, sus tapas, el cole de los niños, su sanidad, un coche, y la fiesta en paz
    gente que solo pretende vivir su vida sin mas mentiras … y en paz…

    • Mireia
      Mireia Dice:

      GP, desprende usted negatividad por todos sus poros. La tercera España, entre otras cosas, es no ser así.

      • G.P.
        G.P. Dice:

        No se preocupe: en unos días, el domingo sin ir más lejos, todo se arreglará. Porque esa maravillosa "Tercera España" tiene derecho al voto ¿no?

  7. G.P.
    G.P. Dice:

    Carlos: el mal de ojo no existe, y la tara no es genética, es cultural. Ocurre, con características propias, en todo el sur de Europa. Pero hay sitios, si a alguien le sirve de consuelo…
    <<Primera cuestión: Muchos de nosotros creemos que es bueno un referendum,>>
    ¿Preguntándole a los extremeños? Qué gracioso. ¿Eso es lo que han hecho en Canadá o en GB? ¿Preguntarle a los vecinos? Esa ridiculez es la excusa más tonta que a alguien se le puede ocurrir para hacer que el problema se perpetúe eternamente (contentos con que no empeore) y sacar réditos políticos en uno y otro bando por la confrontación. No solucionar nada: Marca España. Lo de siempre.
    <<muchos españoles estamos trabajando para cambiar el modelo productivo>>
    ¿Cuántos? ¿Quiénes? ¿De qué modelo a qué modelo? Por curiosidad, digo…
    << es un horror que en Cataluña los castellano hablantes no puedan recibir la educación en su lengua materna pero la sociedad civil se está movilizando>>
    Primero: no solo pasa en Cataluña. También ocurre en la Comunidad Valenciana (pero por alguna extraña razón, no lo dice nadie). Segundo: ¿sociedad civil? ¿en España? ¿qué es eso? Y tercero, “avanzar”, lo único que avanza desde hace 40 años es el independentismo.
    << me rodea gente trabajadora, honesta, abierta, solidaria y con gran respeto por el prójimo. ¿Dónde vive usted?>>
    En la Comunidad Valenciana desde hace tres o cuatro años (he vivido en otros lugares de España y en otros dos países de Europa). Créame: esto es la selva. Y no lo digo por el politiqueo de corrupciones y demás, que no tienen nada que ver con mi vida personal. Hablo de la gente. A lo mejor donde usted vive, al darse la vuelta tras estrechar una mano, piensa que tiene usted un trato. Aquí, cuando te das la vuelta, miras a ver si tienes todavía la mano. El trato propiamente dicho… no lo volverás a ver tal y como se estableció. Ya sé que no le gusta que frivolice, pero en serio, esto es alucinante: aquí no cumple nadie nada. Y el nivel de “entrampamiento” en el que se encuentra casi todo el mundo es escalofriante. Yo he limitado mis relaciones profesionales casi exclusivamente a extranjeros: como usted dice “ gente trabajadora, honesta, abierta, solidaria y con gran respeto por el prójimo. ¿Dónde vive usted?”
    <<Su crítica destructiva no lleva a ninguna parte>>
    No es cierto: para cambiar hay que saber como se es, y a veces te lo tienen que decir.
    Un saludo sin frivolidad.

      • G.P.
        G.P. Dice:

        Sí, a todo el mundo le gusta España. De eso no hay duda.
        Yo trato mucho con extranjeros (muchos jubilados, otros trabajando para ellos como le explicaré ahora) que viven es España donde yo vivo. Vivo entre ellos, de hecho casi parezco uno de ellos… pero más morenito. A todos les encanta España a rabiar. A todos (los británicos están muy preocupados por la posibilidad del "brexit"… y yo también). Pero apenas alguno habla un poco español aunque lleve 20 años aquí. Viven en su mundo. Tienen sus restaurantes con sus platos, sus bares con sus bebidas, sus supermercados con sus productos, sus proveedores de teléfono, internet o TV por satélite, sus emisoras de radio locales en su idioma, sus periódicos locales editados aquí en su lengua, sus fontaneros y sus electricistas de sus países. Sus tiendas de muebles y antigüedades, sus coches de alquiler, sus servicios de mudanzas. Tiene sus urbanizaciones completas. Tienen sus fiestas, sus ferias (un montón) con sus mercadillos y con sus propios “hippies”, sus organizaciones benéficas, sus protectoras de animales con sus perreras (bueno… los perros abandonados no son de ellos…). Sus médicos y sus dentistas. ¡Tienen hasta sus propios mendigos! (no es broma).
        Viven aislados de… de donde viven. ¿Conoce Gibraltar? Yo sí, y le aseguro que allí he oído hablar entre los monos más español que en algunas zonas de aquí.
        No prohíben la entrada ni desprecian a nadie en su mundo, por supuesto (aunque muchos españoles creen que sí por la barrera del idioma), pero si a usted le gusta mucho Francia ¿se iría a vivir a Francia… aislado de Francia?
        Pero sí, en el norte de Europa casi todo el mundo ha estado en España, y no recuerdo a nadie que no se le iluminaran los ojos recordándolo.

    • ENNECERUS
      ENNECERUS Dice:

      Y en Galicia, País Vasco, zonas vascófonas de Navarra y Baleares. Aproximadamente en un tercio del país, plantear el derecho de los padres a escolarizar a sus hijos en su lengua materna es propio de fascistas, pero siempre si y sólo si esa lengua materna es el español.

  8. Miguel1960
    Miguel1960 Dice:

    Pues sí, pienso que en alguna manera existe la tercera España. Mi santa y yo nacimos en 1960, su familia perdió la Guerra Civil y a dos tíos suyos los fusilaron; la mía fue de las que la ganó y a dos tíos y una tía mía los pasearon. Llévamos mas de treinta y tantos años juntos sin ningún tipo de problema y en todos este tiempo hemos votado centro, derecha, izquierda, así como regionalismo o nacionalismo. Nunca entregamos nuestro voto a extrema izquierda (PCE, IU, Podemos …) ni a extrema derecha (VOX, FN …). No sabemos qué votan nuestros hijos pues nunca les hemos inculcado idea política alguna, más alla de responder las preguntas que rarar vez nos plantearon.

    El tema de las dos Españas, aparte de don Antonio Machado, es una idea que siempre se ha promovido y facilitado desde los partidos políticos y los medios de comunicación y, en menor modo, desde la Universidad y los medios literarios y audivisulaes. Y aunque es una desgracia, da mucho juego a mucho irresponsable a la busca de réditos electorales o de otros mas inconfesables.

    Conozco muchísimas familias "mixtas" como la mía y no pasa nada. En Yugoeslavia, en la antigua Unión Soviética y en Ruanda -por hablar de lo mas reciente- también las había y quien trajo la gasolina e inició el fuego no era la sociedad civil, sino políticos y medios de comunicación.

    • ENNECERUS
      ENNECERUS Dice:

      ¿Vox extrema derecha? ¿Por qué, por estar a la derecha del PP?
      Lo verdaderamente singular de los españoles es nuestra vocación inextinguible de poner etiquetas a todo.
      Vox es un partido que tiene mucho más que ver con el Partido Conservador del Reino Unido que con el UKIP. Con el partido, se llame como se llame, de Sarkozy, que con el FN de Le Pen. Con el Partido Liberal alemán que con los neonazis. Y con el PP que con Falange, AES, FN o cualquier otro partido de extrema derecha.
      Que tienen muchísimo más que ver con los partidos de extrema izquierda en sus programas antiliberales: Salida del euro, nacionalización de la banca, mercado laboral que impida el despido, limitaciones estrictas a la actividad económica.
      No creo que haya dos ni tres Españas. Hay una por cada español. Como mínimo.

  9. O'Farrill
    O'Farrill Dice:

    Me parece que esta última frase de Ennecerus, aclara bastante la interesante polémica que suscita el artículo de Juan Luis. Efectivamente, no sólo hay unas supuestas dos, tres o cuatro Españas, sino que cada uno de nosotros tenemos una idea diferente de España. Puede que, incluso, haya muchos que no tengan ninguna y de ahí nazca un problema añadido. Las ideologías son enriquecedoras en cuanto se mueven dentro del debate de argumentos y razones por muy contrapuestas que sean, pero se vuelven peligrosas cuando se tratan de imponer o de "comprar". Ese llamado "pluralismo político" que la C.E. reserva sólo a los partidos, deja de lado el pluralismo social y cultural de lo que Juan Luis quizás identifica como "la tercera España" muy propenso a cualquier tipo de agitación interesada o de intereses espurios. Por eso son tan interesantes los comentarios suscitados. Por una parte tenemos una sociedad con unas características determinadas y cierta tendencia al hedonismo y a la "anomia" (comodidad, pasividad…) que tan bien ha descrito el profesor Dalmacio Negro. De esa sociedad han nacido nuestros llamados "políticos". En unos casos decentes y altruistas pero, en otros, desgraciadamente, haciendo en lo "público" lo mismo que harían en lo privado, pero quizás con menos riesgos por aquello de los privilegios inherentes al cargo. En todo caso no hay posiciones pesimistas (vuelvo a la definición de pesimista como un optimista bien informado), ni Españas "negras", blancas o verdes. Hay sólo unas situaciones sobrevenidas históricamente con las que debemos contar y no pensar todo consiste en "hablar inglés" (C,s) y que todo comienza con los que no han cumplido los treinta años. Un saludo.

Los comentarios están desactivados.