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¿Por qué es tan difícil pactar un Gobierno en España? Reproducción de la Tribuna en EM de nuestros coeditores Elisa de la Nuez y Rodrigo Tena

En España todos los días se cierran miles de pactos. Públicos y privados. Entre personas y empresas. En Comunidades Autónomas, ayuntamientos, notarías y hasta en gasolineras. Todas las partes ceden en algo y así terminan ganando. De esta forma están mejor al final que al principio. Pero desde diciembre de 2015, los cuatro principales partidos están demostrando su incapacidad para alcanzar un acuerdo de Gobierno. ¿Por qué?

Dado que alguna explicación racional habrá que buscar, podemos empezar con la denominada“teoría de la agencia” que explica que en ocasiones los representantes (Agentes) pueden tener intereses propios no perfectamente alineados con los intereses de los representados (Principales). De esta manera, puede que un determinado pacto favorezca claramente a los últimos, pero si no beneficia también a los Agentes no se cerrará nunca. Pues bien, en el caso de un pacto de Gobierno existe no ya uno sino dos problemas de agencia: el del líder con relación a su partido, y el del partido con relación a sus electores. Esto quiere decir que el pacto mejor es el que beneficia a la vez al líder del partido, garantizando su permanencia, al futuro del partido, garantizando que no va a perder votos y a los intereses generales de sus electores, garantizando que se va a aplicar el programa que han votado. Si los tres intereses se encuentran razonablemente alineados la solución resultará sencilla. En caso contrario puede tender a lo imposible, porque habría que poner de acuerdo (al multiplicar los tres sujetos citados por los dos o tres partidos necesarios para llegar a un acuerdo) unos cuantos intereses concurrentes potencialmente contradictorios.

Pues bien, en nuestra opinión el problema en España es que hay tres factores que complican el alineamiento entre Agente y Principal: la irrupción de dos partidos que no solo compiten en el eje derecha- izquierda sino también en el eje nuevo-viejo (con ambición de sustituir a los anteriores), la falta de una cultura de pactos políticos”institucionales” y el carácter clientelar de nuestra democracia.

Para ilustrar el factor nuevo-viejo a la luz de la teoría de la agencia podemos referirnos al caso del PP y Cs. Es obvio que a los electores del PP les interesa que se plasmen en la práctica sus ideas liberales y conservadoras, pero les debería importar poco que las defienda el PP o Ciudadanos, que puede llegar a competir en el mismo espacio. Pero al PP como partido le interesa mucho más su futuro como organización que el triunfo de sus ideas o el destino de su líder actual (salvo a sus más fieles) por lo que preferirá no dar ni agua a un partido afín pero que compite con él. Al líder sólo le interesa su presente, que pasa por ser Presidente del Gobierno y para eso necesita apoyos como sea y de quien sea. Este enrevesado problema de agencia supone que Rajoy, para mantenerse en el poder, estaría dispuesto a ceder mucho más de su programa (por ejemplo, en una negociación con el PSOE) de lo que lo haría cualquier otro candidato, en detrimento de los intereses de sus electores. Correlativamente, para Cs (o incluso para el PSOE) parece que cobrarse la cabeza de Rajoy -símbolo de la vieja política- puede ser más importante que imponer algunas de las medidas clave de sus programas, también en detrimento de los intereses de sus electores. Algo parecido ocurre entre el PSOE y Podemos: A Sánchez como líder le hubiera interesado gobernar con el apoyo de Podemos, pero a su partido le parecía demasiado peligroso. Para los electores de Podemos apoyar el pacto PSOE-Cs podía ser un mal menor frente a la continuidad de Rajoy, pero para su líder esa posibilidad era impensable. Y así podríamos seguir un buen rato.

El segundo factor es el de la falta de una cultura de pactos políticos institucionales (transversales o sobre programas) entre la ciudadanía. En estas últimas elecciones los electores no hemos favorecido –o penalizado- en las urnas a los partidos atendiendo a sus mayores o menores esfuerzos de cara a lograr un pacto de gobierno.Quizás porque el electorado tiende a pensar siempre que el partido al que vota no es el responsable; la culpa siempre es de los otros. En todo caso, esa sensación también revela falta de cultura política. Lo mismo cabe decir de la mayoría de los medios de comunicación, más enfrascados en hacer de altavoces de los políticos, poniendo el foco en el quién o con quién y casi nunca en el cómo y en el para qué. También para ellos resulta mucho más relevante hablar de líderes que del contenido detallado de cualquier pacto y de sus implicaciones. De esta forma consiguen más audiencia, pero contribuyen más bien poco a la implantación de una auténtica cultura democrática.

Efectivamente, en las democracias representativas las elecciones son un medio para alcanzar un fin: gobernar. Si se pierde esta idea de vista, no hay manera de salir del círculo. Lo que nos devuelve al punto de partida:lo importante es el programa que se quiere poner en marcha desde el Gobierno o, “second best”, si se pueden condicionar las decisiones de un Gobierno en minoría. Sobre estos programas o medidas es sobre lo que debe versar el debate: todo lo demás, siendo muy interesante para los partidos, sus líderes y muchos periodistas es accesorio para los electores.Y si no es así, entonces los ciudadanos no podemos criticar a los políticos que anteponen las consideraciones personales a cualquier otra, porque perciben que sus electores también lo hacen.

El tercer factor es el carácter fuertemente clientelar de nuestra democracia. En nuestro pasado reciente han existido otros Gobiernos en minoría, pero han podido gobernar como si tuvieran mayoría absoluta alcanzando un acuerdo con los partidos nacionalistas, que han apoyado indistintamente al PP o al PSOE. El esquema de estas negociaciones ha sido sencillo y cómodo para el partido que aspiraba a gobernar: cesiones concretas siempre en clave autonómica (más competencias, más dinero, retirada de recursos ante el Tribunal Constitucional, cuota de reparto en órganos constitucionales, reguladores, etc) a cambio de estabilidad gubernamental. Dicho de otra manera, cada uno dejaba actuar al otro en libertad en su respectivo territorio durante una temporada. La negociación que podríamos llamar “institucional” sobre políticas concretas (educación, sanidad, fiscalidad, Justicia, etc.) ha sido siempre la excepción. Por eso, más que un pacto se trataba de un reparto, con la consiguiente delimitación de las áreas de influencia, al modo en que todavía se reparten el territorio algunas organizaciones mafiosas.

En conclusión, ahora el reto es alcanzar un pacto de muy distinta naturaleza: un pacto institucional sobre políticas concretas –y eventualmente cargos- con rivales que aspiran a competir en el propio territorio, con el tremendo coste que esto puede suponer para partidos y líderes acostumbrados a otra forma de funcionar.Por poner un ejemplo: mientras que para una democracia poco clientelar como la británica, la sustitución de Cameron no es una tragedia para los próximos (sino más bien una oportunidad) en España la sustitución del líder del partido que ocupa el poder en cada momento tiene muchas otras implicaciones. Lo esencial no parece ser el programa -que otro también podría llevar a cabo- sino la capacidad de atender a la clientela, lo que agudiza las contradicciones internas.

Nos encontramos sin duda ante una coyuntura crítica que deberíamos intentar aprovechar para mejorar nuestra democracia. Para ello sería necesario utilizar las debilidades del sistema para reorientarlo en la buena dirección. Es decir, aprovechar la disponibilidad del PP a pactar cargos y políticas a cambio de mantener a su líder para avanzar decididamente en la reforma de las instituciones y en el desmantelamiento del clientelismo político que tanto daño hace a nuestra democracia. Pero solo podremos transmitir a nuestros políticos los incentivos necesarios para hacerlo si empezamos por interesarnos más por las políticas que por las personas que las vayan a desarrollar. Y por el momento no lo estamos haciendo.

 

5 comentarios
  1. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Como nos recuerda el artículo –quizás a riesgo de refutar una parte de su tesis central– los pactos de los que ya hay una importante historia son muy mal augurio. Comodidad a corto y patada a seguir.

    ¿Qué habría que pactar? Cosas importantes en España y en Europa. Pero ninguna de ellas está sobre la mesa.

    Lo más importante: ………………El Reajuste Competencial Ordenado del Estado Autonómico de forma que las Dinámicas de Gasto y su Eficiencia puedan ser controladas y mejoradas. Hoy no es posible. Sin esto no se va a poder reducir el déficit y la Clase política, antes de tocarse ella, reducirá servicios.

    España está en manos de Populismos Nuevos y Viejos: ¿Qué son si no el nacionalismo y el pactismo interesado? Con 17 motores de Gasto desbocados. Los "nuevos", todos, proponen más gasto. Los viejos igualito. ¿Quién lo va a pagar? ¿El BCE? ¿Nosotros?

    Hay un pacto de Gobierno imprescindible: PP/PSOE/C's y de no ser así………..elecciones. Nadie debe "abstenerse". No hay tiempo.

    Imagínense este panorama funcionando cuatro años y en pleno examen de conciencia Europeo tras el Brexit y las guerras cada vez más descontroladas. Imagínense cuando la Sociedad Civil, sector privado, vea que sus ingresos medios son muy inferiores a los Salarios públicos. Explosivo.

    En este momento creo que cualquier pacto del estilo Cifuentes/C's o PSOE/Podemos/Compromis o C's/PSOA es un panorama entrópico donde los haya.

    El interés orgánico de los Partidos está tan íntimamente ligado al Estado Autonómico actual que –Salvo Jubilación Pactada de todo el Exceso Político/Funcionarial– la Reconversión Estructural necesaria es Imposible.

    Desde que Anasagasti declaró la "Independencia real" hasta cuando Ercoreca dijo aquello de "Ya no se me ocurre qué más pedir" pasando por los miles de millones blanqueados por el nacionalismo catalán ante el silencio ¿impotente? de instituciones del Estado. ¿Cómo se puede cerrar los ojos ante esto y pensar que hay Líderes Políticos nuevos o viejos?

    Nos haría falta justo lo que no producimos en cantidad suficiente. Personajes Públicos capaces de liderar un barco a la deriva.

    Mantener la ilusión de que con estos mimbres vamos a alguna parte es un daño adicional.
    Es más: habría que recuperar personas que hoy están más allá de la jubilación.

    Buenos días

  2. Teilhard
    Teilhard Dice:

    Decir que es una falta de "cultura de pactos", es desviar la mirada. Se trata, que frente una cultura del miedo esta naciendo entre nosotros, aunque a duras penas, una cultura de la libertad. Pero es difícil conciliar ambas culturas. ADEMAS ELLO NOS INTERPELA PERSONALMENTE.

  3. G.P.
    G.P. Dice:

    ¿Que por qué es tan difícil pactar un gobierno?
    Vaya pregunta más fácil: porque Grande más Pequeño no suman mayoría ni en la izquierda ni en la derecha.
    Lo único que suma mayoría es Grande más Grande. Esto, en nuestro sistema democrático de partidos, es una aberración: ¿quién va a controlar al gobierno en el parlamento? ¿un grupillo de grupúsculos?
    Por favor: si gobernando un Grande y "controlando" otro Grande, esto ha sido la cueva de Alí Babá, si gobiernan los dos Grandes juntos esto no va a tener nombre. El pacto se filtrará a Comunidades y Ayuntamientos donde se van a repartir a medias hasta los lapiceros.
    En fin: se han vuelto ustedes locos. ¿Ya no se acuerdan de que estamos en manos de dos organizaciones de delincuentes que se alternan el turno para enriquecerse? ¿Qué narices les hace pensar que si se unen nos van a robar menos?
    A-LU-CI-NAN-TE

  4. Ramonet
    Ramonet Dice:

    Porqué el ADN de los políticos españoles jamás se ha caracterizado por el pacto, se ha caracterizado por la imposición por atributos (léase "por cojones"), i así va este país.

  5. O,farrill
    O,farrill Dice:

    Me parece muy interesante el análisis que los autores intentan hacer pero, desgraciadamente, parece que se mantiene un tanto alejado de la realidad nacional. Por ejemplo hablan de "explicación racional" para intentar explicar algo que es profundamente "irracional" como nuestro sistema o régimen político que suponen "democracia representativa" ¿de quién o de quienes? ¿de los ciudadanos o de los partidos? "No nos representan" es ya una frase clavada en el subconsciente social de los que no cobran directa o indirectamente de los presupuestos públicos. Por otra parte, hablar de las ideas conservadoras o "liberales" tanto en el PP como en C,s creo que tampoco se ajusta a la realidad, al igual que seguir hablando a estas alturas de supuestas "izquierdas" o "derechas". Todos son y aplican rigurosamente una "socialdemocracia" peculiar como ideología, pero en el fondo todos lo que quieren es simplemente "mandar". Como dice Manu no están sobre la mesa los problemas importantes que tenemos, sino el reparto de "cargos" (parlamentarios por ahora).
    Dicen los autores que no hay pactos por "falta de cultura política". Quizás podríamos eliminar "política" y así aproximarnos más: falta de cultura, cultura distorsionada y manipulada basada en los " mensajitos" en redes sociales y mucho "selfie" (autorretrato) para protagonizar imágenes personales.
    "No es eso, no es eso…" Las palabras de Ortega ante la política de la República Española siguen siendo válidas en un país donde los árboles no permiten ver el bosque y seguimos aferrados a cualquier cosa con tal de que nos saque de nuestros miedos e incertidumbres. Pero tendremos que enfrentarnos a ellos antes o después personal (primero) y colectivamente (después).
    Muy acertados los comentarios al artículo que demuestran otras visiones más cercanas a la realidad española. Un saludo a todos.

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