Diario de Barcelona: Brexit y Catalexit

El Brexit ha tenido consecuencias en muchos otros lugares además de Gran Bretaña. En Cataluña, por ejemplo. Aquí, como en toda España, se vio primero con sorpresa, luego con estupor y, finalmente, con incertidumbre. La incertidumbre, en cualquier caso, es la tónica general de la política en todo el mundo, muy acusada en los países occidentales, acostumbrados a las certezas. En Catalunya solemos mirar y analizar, para contemplarnos, cualquier proceso secesionista que va apareciendo en nuestro entorno: Quebec, Bélgica, Checoslovaquia, Kósovo y, por último, Escocia. ¿Porqué no hacer un referéndum como ahí?, se preguntaban muchos.

Mas el resultado de la consulta escocesa dio negativo. Un poco más de la mitad de los escoceses no querían abandonar el Reino Unido. Y en un segundo referéndum, el del “Brexit”, salió que querían permanecer en la Unión Europea por abrumadora mayoría, de la cual se habrían salido si hubiese triunfado el sí a la secesión. Entonces aquí, en Cataluña, comenzaron las reflexiones. Quienes habían apostado por la desconexión con el Reino Unido, ahora querían quedarse en Europa para lo cual era condición indispensable que el Reino Unido permaneciese unido. Y, en cambio, los escoceses no podrían permanecer en la Unión Europea sin seguir, previamente, un tortuoso proceso: primero desconexión con el Reino Unido, para lo cual sería imprescindible otro referéndum, y luego petición y trámites para la incorporación a la Unión Europea. Años de camino por delante para volver al mismo sitio del que ahora van a salir. O sea, un pésimo negocio.

¿Es eso lo que queremos los catalanes cuando el parlament de Catalunya avala el plan de ruptura con el Estado, como ha ocurrido esta semana? En las últimas elecciones autonómicas, el 52 % de los catalanes ya se pronunció: no querían eso. Los partidos independentistas –Junts pel Sí y la CUP- sostuvieron que aquellas elecciones había que tomarlas como un plebiscito, pero como el plebiscito no les salió bien, se apuntan ahora a la aritmética parlamentaria. Lo ocurrido en el Reino Unido ha abierto los ojos a muchos catalanes que pensaban, en caso de plantearse un referéndum en España sobre el tema catalán, votar sí a la independencia como voto de castigo. “Todo el mundo”, sostenían, estaba convencido que saldría una negativa a esa desconexión catalana. ¿Porqué no tener valor y plantearlo como había hecho Cameron?  Sin embargo el resultado del “Brexit” puso aquí los pelos de punta. El escenario político ha cambiado completamente y lo que antes era blanco o negro, ahora se ha tornado en una gama de grises. Hoy, por ejemplo, un gobierno en España apuntalado por nacionalistas catalanes y vascos, como en 1993 y 1996, resulta inviable.

Si alguien quiere estar informado sobre lo que piensan los bienpensantes en Catalunya no tiene más que leer La Vanguardia, especialmente alguno de sus editoriales o a sus más emblemáticos colaboradores. El jueves pasado, el director de ese diario, Màrius Carol, comentaba en su columna “El riesgo de los atajos”, el plan de ruptura con España aprobado por el parlament de Catalunya. Concluía: “Catalunya es un país, pero no puede ser un sobresalto. Y ya no hay día sin vértigo”. Es cierto. No hay en el Estado un interlocutor legitimado para ofrecer alternativas políticas en Catalunya. España camina de momento a la deriva, sin gobierno y sin un plan político que sea aceptable o, al menos, comprensible, para Catalunya y los catalanes. En el mundo político capitalino parece que no se dan cuenta de lo que aquí está ocurriendo.

El Catalexit, de facto, ya se ha producido. Y además del sonsonete de que las leyes están para que se cumplan -¡obvio!- quizás habría que ofrecer otro tipo de respuestas; por ejemplo, una política que posibilitase la formación de un gobierno pactado y que llevase aparejado una serie de reformas para hacer más fluidas las relaciones bilaterales entre el gobierno de Catalunya y el del Estado. Carreras, en una columna en El País, solicitaba esa cultura del pacto, de democracia parlamentaria, sin la cual nuestro sistema constitucional va a salir muy mal parado. El independentismo catalán germinó, entre otras razones, porque todos los escritores de la generación del 98 sin excepción se regodeaban con las miserias de España. Para formar parte de un pueblo miserable preferimos ser los holandeses de España, sostenían los intelectuales catalanes. Ahora el problema es otro. Catalunya no puede seguir dependiendo de la arbitrariedad de la CUP. Y España no puede –mejor dicho, no debe- seguir sin gobierno y con casi todas las instituciones paralizadas. Entonces, en los albores del siglo pasado, fue un problema social, económico y cultural el que alejó a los catalanes de España. Hoy el alejamiento es político y de administración de las finanzas: de gobierno. España es un país rico y con enormes posibilidades. Y seguiremos siendo ricos si sabemos permanecer unidos respetando las diferencias. Sin política, en cambio, el “Catalexit” de facto está garantizado. Les recomiendo a los lectores airados de este blog –cuyos comentarios agradezco- para que perciban por sí mismos esto que escribo, que hagan alguna incursión por los pueblos costeros y del interior de Catalunya. Luego hablamos…

Implantación de estructuras éticas y morales en modelos de negocios

En circunstancias macroeconómicas adversas se comprueba que hay países que por su tejido empresarial y otras variables de naturaleza intangible que más adelante mencionaremos, amortiguan y resisten con mayor capacidad en términos comparativos los efectos negativos asociados a variables macro en cuanto a caídas del PIB, tasa de desempleo, tasa de desigualdad social, etc…

Una de las primeras respuestas sería indicar  que dichos países presentan un tejido empresarial productivo y eficiente, que no son dependientes de un único sector productivo, que el nivel de exportaciones es destacable en sus balanzas de pagos, que son productores de bienes de equipo y un sin fin de argumentos a nivel económico que objetivamente demostraría y justificaría la resistencia de estos países respecto a otros. Pero más allá de hechos objetivos y empíricos, se observa que la mencionada resistencia ante circunstancias adversas, no es fortuita o un capricho de los dioses en cuanto a dotar de ciertas deidades a determinados pueblos, sino todo lo contrario, es fruto de ir a “fuego lento” o en otras palabras es saber como pueblo de dónde se viene, en dónde se está y a dónde se va,  siguiendo una hoja de ruta nacional en donde las reglas del juego se basan en determinados valores como la responsabilidad, el esfuerzo, el sacrificio, respeto hacia el ajeno y lo ajeno, ética implicada en el ahorro evitando consumismos inncesarios y en buena medida “tóxicos para el espíritu” transmitidos generación a generación vía sistema educativo asegurándose así que los futuros emprendedores implanten los mencionados valores adquiridos desde la niñez en sus modelos de negocio.

Las características básicas de un modelo de negocio en donde el fundador y propietarios comparten unos principios éticos y morales y que aplican en su empresa es que “su máquina de hacer dinero” respeta unos límites en donde no todo vale. Tomando como ejemplo el valor del esfuerzo y sacrificio, una señal evidente de que la empresa ciertamente lo aplica, pudiera ser un bajo endeudamiento con bancos y con terceros,  fundamentalmente porque este tipo de modelos basan su crecimiento en los resultados generados de su actividad vía política de dividendos de carácter conservador. Lo mismo ocurre con el valor del respeto hacia el ajeno y lo ajeno,  si el empresario desde la niñez crece con este valor entiende y comprende al igual que el resto de la sociedad que cuando una empleada está embarazada se respete su proceso de gestación así como el de su maternidad porque la visión es que esto es bueno para el país, niños más sanos, estabilidad  familiar, fidelidad del empleado a la empresa,  etc… en donde sobre esta materia participan  actores como el Estado, es decir es un compromiso común.

Tomemos un ejemplo de un modelo de organización del mercado de trabajo como el de Flexiseguridad aplicado en países del Norte de Europa. Es un claro ejemplo en el que se observa en gran medida cómo el Estado implanta un sistema ético y moral, veámoslo en detalle.

El modelo de la flexiseguridad se basa en tres pilares; I.-) flexibilidad construida con base en pactos contractuales adaptables y fiables. .II-) alta protección social para los desempleados y III.-) políticas de formación y reinserción laboral activa mediante estrategias integradas de aprendizaje a lo largo de la vida laboral asegurando la adaptabilidad continua de los trabajadores.

Principios éticos y morales correspondientes al modelo de la flexiseguridad:

Punto I.) …”pactos adaptables y fiables” equivale al RESPETO AL OTRO Y A LO OTRO generando confianza entre las partes en donde el factor miedo no se concibe ya que el NIVEL DE TRANSPARENCIA Y CREDIBILIDAD es alto.

Punto II.)… “alta protección del empleado” equivale al principio de JUSTICIA Y SOLIDARIDAD pero para que exista el compromiso de proteger a los desempleados y más desfavorecidos tiene que darse el Punto III.) es decir que el trabajador se compromete a formarse y actualizarse constantemente para asegurarse en caso de despido una rápida reinserción laboral equivale a SACRIFICIO Y ESFUERZO. Bien es cierto que durante el periodo de búsqueda activa de empleo por parte del trabajador y con los deberes hechos de haberse formado mientras estaba en activo, el Estado le garantiza una alta protección.

En escenarios y/o sociedades en donde la involucración del Estado en pro de determinados modelos de organización es baja o prácticamente nula y tomando como ejemplo un determinado modelo de negocio en donde sí aplica estructuras éticas y morales se ha observado en periodos de crisis, como éstos últimos han soportado y amortiguado los embates y efectos negativos de la crisis mucho mejor que aquellos modelos que no tenían implantado ningún sistema ético y moral.

Concluyendo e independientemente de los escenarios en los que una determinada idea o modelo negocio se encuentre, la realidad es que la vía de principios éticos es una vía que demuestra ser rentable al medio y largo plazo y que favorece que haya una perdurabilidad en el tiempo del modelo.