El Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP) y los consumidores

Hace unos meses me invitaron a participar en una mesa redonda sobre la Alianza de Inversión y Comercio Transatlántico – en inglés Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP) -. La mesa redonda la componíamos técnicos de distintas disciplinas de derecho y políticos, concretamente los pocos parlamentarios que habían tenido la oportunidad de acceder a una parte de las negociaciones que, hasta esa fecha, mantenía la Unión Europea con Estados Unidos y Canadá.

Había leído en prensa algunas referencias sobre el TTIP (modo en el que popularmente se identifican los tratados), aunque no los conocía en profundidad. En principio, muy pocas personas conocen a fondo el contenido de las negociaciones, ya que este tipo de tratados se negocian bajo reglas de muy estricta confidencialidad. De hecho, en el Parlamento Europeo sólo un selecto grupo de diputados habían podido acceder a aspectos parciales de la negociación.

Como jurista he de decir que he agradecido muchos de los tratados suscritos por España y por la Unión Europea en materia de libre comercio. La Organización Mundial del Comercio ha permitido, por medio de sus rondas de negociaciones y sus acuerdos, la modernización de ámbitos importantes del derecho mercantil español. Por lo tanto, mi predisposición a recibir con agrado el contenido de los tratados era evidente.

Para preparar la mesa redonda me sumergí en la escasa información que circulaba por medios de comunicación y por la red; es difícil discernir qué elementos de esa información eran fiables y cuáles respondían a estrategias políticas o económicas legítimas pero sesgadas. Al final decidí que la documentación a la que hacía referencia la Unión Europea, referida a sus posicionamientos públicos, era la que me daba mayor fiabilidad y confort.

Los materiales que manejan los negociadores son inabarcables, es complicado fijar una posición clara sobre algunos aspectos de la negociación. Sin embargo, las líneas generales de los acuerdos y discrepancias generaban cierto temor, temor a una importante pérdida de competencias soberanas de los estados miembros de la Unión Europea en aras a consolidar un único mercado que integrara a la práctica totalidad de los países europeos con Estados Unidos y Canadá. Esa pérdida de competencias soberanas suponía un debilitamiento evidente del modelo de protección de los consumidores en el espacio común europeo; además, las líneas maestras del tratado evidenciaban la fuerza con la que podía penetrar en nuestra práctica cotidiana el modelo inglés de defensa de los intereses de los consumidores, modelo que tiene indudables ventajas pero que puede generar serias disfunciones en perjuicio de la parte más débil en la contratación.

Cualquier telespectador que haya visto los episodios de la serie The Good Wife puede comprobar lo distinto que es el modelo norteamericano del español en materia, por ejemplo, de acciones colectivas para la defensa de los intereses de los consumidores.
El Brexit, el proceso electoral norteamericano y las incertidumbres políticas en Europa parece que han ralentizado el proceso negociador y, ante la presión social, parece que la Unión Europea está redefiniendo sus líneas rojas en esas conversaciones, potenciando los elementos de contenido más social e intentando dulcificar algunas de las concesiones que los tratados hacen a la faceta más liberalizadora de las propuestas norteamericanas.

La capacidad que los ciudadanos de a pie tenemos de poder influir en el contenido del tratado es nula, incluso aunque se abrieran procesos participativos en los distintos estados esa incidencia sería ridícula. Estamos, por lo tanto, en manos de los técnicos y sujetos a las agendas de los políticos. No es el mejor de los panoramas. Sin embargo, es conveniente hacer una reflexión sobre la incidencia que pueden tener estos tratados en nuestro sistema judicial, por ejemplo.

No debe olvidarse que bajo el acrónimo TTIP se esconden, en realidad, un conjunto de tratados de la más variada índole. Ya existen tratados similares firmados en el marco de la Organización Mundial del Comercio que han sentado las bases de la liberalización en las transacciones de todo tipo de bienes o servicios.
El TTIP tiene la particularidad de negociarse directamente entre Estados Unidos y la Unión Europea, por lo que la intervención de los países de la Unión es secundaria, lo que determina una muy mala noticia si se tiene en cuenta que la Comisión Europea no vive un momento especialmente brillante.

Comentaba hace unos meses en otro blog que podría ser útil que la gente de la calle fuera acomodando sus oídos, sus bolsillos y sus garantías al TTIP ya que, cuando finalicen las rondas negociadoras, el Tratado podría modificar sustancialmente los derechos de millones de individuos, sobre todo el núcleo más sensible referido a derechos sociales, medioambientales y de seguridad.

Tiempo habrá para abordar en profundidad aspectos concretos sobre la incidencia del TTIP. Con carácter urgente sí que parece imprescindible fijar algunas ideas acerca de la incidencia del TTIP en la tutela a los consumidores.

1. En el ámbito de la Unión Europea la protección a los consumidores se presenta como un contrapeso que garantiza normas sobre correcto funcionamiento de los mercados. El libre mercado exige que el consumidor no pueda ser engañado, tampoco confundido. La libertad de mercado exige un equilibrio real entre quienes operan en ese mercado. No podemos contentarnos con declaraciones grandilocuentes de igualdad, sino que hemos de buscar instrumentos efectivos para que esa igualdad exista en el momento de la contratación, también ante los tribunales.

2. En importantes normas sectoriales básicas para el libre mercado (propiedad industrial, propiedad intelectual, competencia desleal, defensa de la competencia), se exige que el consumidor «esté razonablemente informado, sea atento y perspicaz». Por lo tanto, hay un estándar de protección del consumidor que obliga a realizar un esfuerzo a los poderes públicos para que cualquier situación de desequilibrio se pueda evitar tanto en el momento de la contratación como en los procedimientos judiciales a los que pueda acudir el consumidor. El funcionamiento del mercado exige lealtad entre los intervinientes y esa lealtad no se consigue sin información y transparencia.

3. Los documentos de trabajo del TTIP sólo hacen referencia a la necesidad de protección del consumidor en los supuestos de comercio electrónico y en el capítulo de información y comunicación electrónica. Olvida referencias concretas a los consumidores en materias tan delicadas como la de los productos sanitarios, farmacéuticos o alimenticios, en los que el riesgo no sólo es patrimonial, sino también de salud. También quedan fuera del ámbito de tutela del consumidor en el TTIP los productos y servicios financieros, en los que se propugna una liberalización casi absoluta. Dan cierto miedo esas omisiones en ámbitos tan delicados que afectan al núcleo duro de los derechos fundamentales de los ciudadanos.

4. Como indicaba en párrafos anteriores, el consumidor no sólo se encuentra en situación de desequilibrio en el momento de la contratación, sino también dentro del proceso (STJUE caso Océano, 27 de junio de 2000), por lo tanto, cualquier sistema de resolución de conflictos en los que se busque alternativas a la tutela judicial exige una especial cautela. No puede soslayarse que uno de los pilares del TTIP se asienta en el establecimiento de un sistema de solución de conflictos arbitral ajeno los sistemas judiciales europeos.

5. En la cultura anglosajona la tutela de consumidores se apoya en acciones colectivas de muy elevado coste. En el modelo europeo no es posible impedir al consumidor que opte por la tutela individual y pueda eludir las demoras y disfunciones de la tutela colectiva (STJUE caso Sales Sinué, 14 de abril de 2016).

6. Además, en el ámbito anglosajón las asociaciones de consumidores tienen un peso social importante, disponen de excelentes asesores y de una gran capacidad de influencia política y económica. En Europa el asociacionismo en materia de consumo no está suficientemente maduro, se han detectado graves disfunciones en el funcionamiento de algunas asociaciones que hasta la fecha creíamos ejemplares.

7. El consumidor tiene derecho a un especial ámbito de protección que se convierte en derecho fundamental en la carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (artículo 38, mencionado por STJUE caso Kusionova, de 10 de septiembre de 2014). Este derecho fundamental queda desmantelado si se opta por mecanismos de resolución de conflictos que se alejen incluso físicamente del consumidor, también se degrada este régimen de protección si no se garantiza el control de oficio del juez o de cualquier otra autoridad pública.

8. Las decisiones de los arbitrajes tienen muy limitado el ámbito de control material del contenido de las mismas, los jueces pueden convertirse en meras comparsas ante el panorama del TTIP.

9. Los sistemas de protección de conflictos que propugnan los borradores de anexos que acompañan al TTIP diluyen los instrumentos de control al fiarlos a organismos transnacionales de naturaleza no jurisdiccional en los que tendrán un peso determinante las grandes corporaciones y los lobbys.

10. La Jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea en materia de consumidores daría una respuesta radicalmente contraria a cualquier instrumento de resolución de conflictos con consumidores como consecuencia del funcionamiento del mercado que rebajara esos estándares de protección. Debe tenerse en cuenta que la tutela del consumidor no sólo afecta a cláusulas concretas incluidas en los contratos, sino también a cualquier comportamiento o práctica que, de hecho, debilite al consumidor.

11. Hasta la fecha las negociaciones realizadas en el marco de la Organización Mundial del Comercio se habían realizado entre Estados, lo que había permitido que los Estados, a la hora de adherirse a alguno de los convenios, pudiera realizar las reservas correspondientes para evitar o reducir los efectos de algunos compromisos. Sin embargo, en el TTIP la negociación se realiza entre USA y UE, sin tener en cuenta las particularidades de algunos países de la Unión. Es difícil que se consensúe un modelo de tutela de los consumidores en el marco de los tratados de libre comercio transatlántico, cuando todavía no se ha establecido un marco común de tutela de los consumidores en el ámbito de la Unión Europea, en la que sigue habiendo consumidores de primera o de segunda categoría en función de las legislaciones internas aplicadas.

12. Son especialmente preocupantes las propuesta del TTIP en materia de liberalización de servicios y productos financieros, en los que todas las iniciativas giran alrededor de una liberalización absoluta sin ningún tipo de contrapeso y sin ningún instrumento regulador que pueda evitar o corregir los atropellos del llamado capitalismo de casino (el de las subprime, los derivados financieros, los bonos basura, los fondos de inversión y otros productos que tienen su origen en el mercado financiero anglosajón y que han llevado a la ruina a millones de familias en todo el mundo).

La decimocuarta ronda de negociaciones se iniciaba en julio, no hay noticias sobre el resultado de esta negociación, y lo cierto es que se han convocado movilizaciones en muchas ciudades europeas para mostrar el rechazo ciudadano a los nuevos tratados. TTIP va a ser una palabra que no abandonará nuestras agendas.

7 comentarios
  1. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Tema urgente y oportuno.

    El TTIP tiene un caballo de Troya, el CETA, el acuerdo con Canadá que si no fuera por los Valones habríamos ya firmado sin que haya habido un escrutinio público de qué se firma en realidad. Toda la presión de la Comisión actúa en este momento sobre Valonia. ¿Por qué? Pues no se sabe muy bien pero lo que hay detrás es una Operación Geopolítica Imperial.

    No tengo ahora tiempo para comentar más pero quisiera recordar que en este momento están en marcha dos concentraciones de Medios de masas por unos 80,000 M$. Uno por parte de ATT y otro por parte de General Electric. GE, sí, General Electric, es el tercer grupo mediático mundial y ATT una de las mayores operadoras Telco.

    https://mic.com/articles/6047/general-electric-walt-disney-corp-and-the-6-big-corporations-which-influence-media-in-u-s#.QZ0uCY35n
    5 o 6 grandes Conglomerados controlan todos los medios Occidentales.

    Esta es la “Materia Oscura” que gestiona nuestro universo y nos empeñamos en ignorar una obscena concentración de Poder Social.

    Buenos días

  2. Rodrigo Tena Arregui
    Rodrigo Tena Arregui Dice:

    Muchas gracias José María por tu ilustrativo post. Sin embargo, hay una afirmación que me sorprende mucho, y es tu crítica a las acciones colectivas. Dices concretamente:
    “5. En la cultura anglosajona la tutela de consumidores se apoya en acciones colectivas de muy elevado coste. En el modelo europeo no es posible impedir al consumidor que opte por la tutela individual y pueda eludir las demoras y disfunciones de la tutela colectiva (STJUE caso Sales Sinué, 14 de abril de 2016)”.
    En mi opinión la defectuosa regulación de las acciones colectivas en Europa y específicamente en España es una de las grandes razones que explica nuestro capitalismo clientelar y los abusos que se cometen incesantemente contra los consumidores. Aquí no hay suficientes incentivos para ir a los tribunales si hay que ir de manera aislada. Por otra parte la única manera de crear una industria legal de defensa de los consumidores de tamaño y calidad parecida a la que tiene a su disposición las grandes empresas es a través de este tipo de acciones y de los punitive damages.
    No sé si tu crítica se debe a que el TTIP impide la acción individual y obliga a ir siempre por la vía colectiva. Si es así, entonces la culpa más que el TTIP la tiene nuestra legislación nacional que las regula mal y apenas las incentiva. Lo que procedería entonces no es tanto excluir esa mención del Tratado sino cambiar previamente nuestra legislación, cosa que debería hacerse sí o sí.

    • Isaac Ibáñez García
      Isaac Ibáñez García Dice:

      Desde mi punto de vista, el derecho fundamental a la tutela judicial efectiva es de carácter individual, con independencia de que -voluntariamente-, se pueda ejercer de forma colectiva.

      Por tanto, excluir la acción individual sería, a mi juicio, inconstitucional.

      De la misma forma, el Artículo 47 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (Derecho a la tutela judicial efectiva y a un juez imparcial): “ Toda persona cuyos derechos y libertades garantizados por el Derecho de la Unión hayan sido violados tiene derecho a la tutela judicial efectiva respetando las condiciones establecidas en el presente artículo…”

  3. Colapso2015
    Colapso2015 Dice:

    Desde luego no es un acto subversivo, discutir sobre algo secreto, ajeno al control del electorado y etiquetado con un “libre” comercio.
    Creo ello, va relacionado con la raíz de “libre”, conforma “el pueblo” (no Senatus), es decir, aquellos no son esclavos (varones “fértiles” con capacidad bélica y voto). Pero los no esclavos y “metecos “, no son todos los que están.

    En contraposición están los paganos, habitantes de los bosques de “fagus/quercus,…”, perdidos en la oscuridad, lo tenebroso, lejos de la religión del poder (cristianismo) del matarife Constantino; en los “pagus”. Lo curioso, pagano se ha transformado en contribuyente, libre en ceremonia pagana …y pueblo en aquello estrictamente pagano.

  4. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Dado el secretismo oficial a todos los niveles en Occidente esta fuente es de lo mejorcito que hay disponible.

    https://www.youtube.com/watch?v=9Rjd1rMvtkg

    Hay que recordar que en 2010, más o menos, el Gobierno ruso propone a la UE un acuerdo comercial “desde Vladivostok a Lisboa”.
    A partir de ese instante comienzan a pasar cosas, desde el norte de África y Siria, a Ucrania y en el lejano Oriente. (Hillary Clinton había desplazado el foco militar al Pacífico)

    En 2013 se comienzan a negociar el TPP y TTIP. Ambos en lo que geográficamente es la Periferia Occidental y Oriental de la Gran Masa Terrestre Euro-Asiática. Una obsesión Geoestratégica de Brzezinski.
    Vietnam acaba de aplazar su aprobación parlamentaria del TPP.

    He asistido a algunas conferencias sobre el tema pero el resumen que adjunto más arriba es, más o menos, lo mismo que se puede escuchar en foros sobre el tema. Quizás mejor.

    Es claro que Europa tendrá consecuencias negativas en empleo, servicios hoy públicos y obligaciones de comprar al mejor postor de la nueva zona de Free Trade. Europa no es competitiva y si, (por poner un ejemplo que me cita un director de Hospital) las Coca-Colas de los Hospitales salen a Subasta pueden venir de cualquier parte, desde Bruselas a Wisconsin.

    La mayor empresa (empleador y comprador) de cada provincia española es, de largo,………el Hospital Provincial. Hagan cuentas.

    En Europa en muchos lugares no habrá crecimiento económico derivado de este acuerdo. Posiblemente al contrario.
    Los cambios importantes tocan de lleno asuntos que desmantelan los sistemas mercantiles que conocemos al menos para las grandes empresas como apunta el artículo.

    En el tema de Salud Pública parece, según Huffington Post, que los gobiernos están mintiendo a sus opiniones (Desmantelamiento del NHS en UK). Brexit, en parte, ha sido influenciado por este asunto..

    En mi opinión es una maniobra reactiva desde lo que comienza a verse por parte de algunas élites occidentales como una situación estratégica muy complicada de los EEUU que se enfrenta a pasar a ser la segunda o tercera potencia mundial (militarmente seguiría siendo la primera).
    Dado que EEUU lleva mucho tiempo viviendo de que sus Emisiones de Deuda terminen en los Fondos de Inversión y Pensiones de todo el mundo, las reacciones son importantes y no se excluyen más acciones de todo tipo incluyendo las militares como estamos viendo.

    Por si la situación no fuera suficientemente complicada. Lo que está sucediendo es propio del Imperio de los Habsburgo. Secretismo total y desprecio por la ciudadanía. Y no excluyamos que haya buenas dosis de desprecio por las actuales constituciones.

    La Ciudadanía no es un estado pasivo. Serlo tiene responsabilidades. Esta es otra diferencia entre “pueblo” y “ciudadanía”.

    Saludos

  5. O,farrill
    O,farrill Dice:

    Como ya he tenido ocasión de comentar, en el año 1968, bajo el título “El desafío americano”, el escritor francés J.J. Servan-Schreiber, advierte del “colonialismo” de la industria americana en una Europa anómica, que prefiere el “que inventen ellos” en lugar de poner sus valiosos recursos al servicio de los intereses europeos. Ya en 1963, las firmas americanas controlaban en Europa (según lo publicado) el 15% de la producción de bienes de consumo, el 50% de la producción de semiconductores, el 80% de la producción de ordenadores y el 95% del nuevo mercado (entonces) de los circuitos integrados. En definitiva, ningún país europeo y tampoco por entonces el llamado “mercado común” eran capaces de responder a tamaña invasión corporativa. Es más, las empresas americanas recibían facilidades, privilegios y hasta subvenciones por los respectivos gobiernos, para implantarse en su territorio (recordemos aquí lo de “Eurovegas”); tampoco arriesgaban su capital más allá del 10% (el resto eran préstamos europeos, es decir dinero europeo) para sus negocios. El riesgo y el capital mayoritario eran europeos, los beneficios americanos.
    El TTIP es más de lo mismo pero con mayor presión política y económica sobre la maltrecha Europa y su “obediente” Comisión Europea donde, las puertas giratorias, permiten una “saneada retirada” a sus dirigentes para trabajar en muchos casos ¿para quien? No es difícil adivinar la respuesta. Desde luego no para los intereses de Europa. ¿Porqué se ha producido el aumento de los “nacionalismos” y la fragmentación de algunos estados europeos? También es fácil suponerlo. Mientras unos entienden la extensión imperial como objetivo, los otros parecen no darse cuenta de que están siendo “satelizados” y, en consecuencia, dominados.
    Europa tiene una cultura diferente y, dentro del espacio continental, diferentes sensibilidades culturales y políticas. Eso la enriquece y la hace importante, siempre que no siga empeñada en pagar “royalties” importados que buscan otros intereses.
    Si sólo se trata de abrir mercados y “liberalizar” las actividades económicas, Europa lo tiene fácil: no asfixiar a sus empresas fiscal y administrativamente (tratarlas como si fueran americanas), ni aumentar el sector público improductivo. Sólo con la reducción drástica de regulaciones absurdas, exigencias burocráticas absurdas y requisitos administrativos que sólo buscan recaudar fondos para mantener administraciones elefantiásicas y poder, Europa en cinco años podría extenderse hacia otras potencias como Rusia (es más europea que EE.UU.) e incluso cruzar los Urales hasta el estrecho de Bering. Pero Europa ya no tiene pretensiones imperiales y otros se aprovecharán de ello.
    Un saludo.
    P.D.- Hay un libro reciente: “El TTIP y sus efectos colaterales” de Ekaitz Cancela que parece muy oportuno.

  6. G.P.
    G.P. Dice:

    Promero: los tiempos en que competíamos con tecnología se han acabado. Todo el mundo sabe hacer ya lo mismo. Todo el mundo investiga. Todo el mundo inventa.
    Por lo tanto, si queremos que nuestras empresas compitan con mano de obra semi-esclava, nuestra mano de obra ha de ser semi-esclava.
    Y si queremos que los ultra-ricos occidentales puedan vivir como los ultra-ricos chinos, los trabajadores europeos tendrán que vivir como los trabajadores chinos.
    Otra cosa es que no queramos eso. Pero eso es lo que queremos: competir con los que esclavizan a su población ¿no?

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