Reflexión crítica sobre la selección de jueces

El acceso al ejercicio de funciones públicas es algo que debe estar siempre presidido por los principios constitucionales de mérito y capacidad. Si así ha de ser para todas profesiones públicas, para las aplicativas del Derecho esto debe estar especialmente asegurado. Es esencial que un tribunal calificador independiente pueda valorar verdaderamente aquellos principios en cada candidato. Y esos elementos de mérito y capacidad han de ser especialmente apreciados con relación a las funciones que esos servidores públicos en el ámbito jurídico han de ejercer.

A todos los que aspiran a acceder a ello se les pide conocimiento pero en algunos casos hay elementos tanto o más importantes que deben poder apreciar y valorarse. Y esto, en el caso del acceso a jueces, es algo que no existe posibilidad. ¿Qué le pediría usted a una persona que aspira a entrar en la carrera judicial? Imagino que conocimientos, por supuesto. Pero también y con gran importancia seguro que algo más.

Muchos de los lectores de este post pedirían que quien accede a la judicatura tenga, entre otras cosas, también sentido de la lógica, criterio propio, ponderación, capacidad de razonamiento, mucho equilibrio, sentido de la equidad, templanza y que sea profundamente independiente o que coloque los principios constitucionales y legales por encima de sus ideas personales.

Pues bien. Actualmente, ello no puede apreciarse ni valorarse por los tribunales selectivos respecto quienes realizan las pruebas de entrada en la judicatura (ahora unidas a fiscalía). Es algo de lo que escasísimamente se habla pero que yo no puedo dejar de reflexionar y compartir desde la libertad tras haber estado hasta hace un mes como miembro de uno de los cuatro tribunales calificadores. Era mi segunda vez que formaba parte de estos en cuanto  al acceso a jueces. Igual que tres veces más he estado en otros tribunales calificadores de diversas profesiones jurídicas del ámbito público.

Y mi experiencia es bastante negativa respecto el sistema de acceso a la judicatura. Hablo por mí mismo pero estoy absolutamente seguro que los miembros “independientes” del órgano selectivo (catedráticos, abogados, etc) piensan igual. Yo sí que me atrevo a hablar para hacer pública mi reflexión y propuesta.

El acceso a la carrera judicial, tal y como está diseñado, no permite apreciar ninguno de los factores que mencionaba en el párrafo tercero. Y ello es muy desasosegante. También es inquietante para una sociedad si verdaderamente supiera lo que son las pruebas y lo que únicamente se le pide a un candidato: memoria.

Solo se exige, sólo se valora, el conocimiento pero nada más. Y esto no debería bastar. Ser juez no es sólo tener temas y temas  en la cabeza sino unas actitudes como las descritas antes. Y si me permiten, diré que estas -las señaladas anteriormente- son tanto o más importantes que almacenar conocimientos o recitarlos de  pura memoria por los opositores. Estos dispondrán en el futuro, si tienen buena cabeza, de ocasión de profundizar en las leyes aplicables al caso pero no otros elementos si no están asegurados antes. Las actitudes, no se aprenden sino que se cultivan con madurez. Y lo que es fundamental: que puedan apreciarlas quienes realizan el proceso selectivo.

En la actualidad hay un primer ejercicio que es puramente de corte para eliminar los más flojos o que menos sepan, dada la diferencia entre firmantes (3.897) y plazas (100 de las cuales 65 eran para jueces y 35 para fiscales). Consisten en unas preguntas jurídicas concretas donde hay que acertar el mayor número de respuestas válidas. En ello, nada intervienen tres de los cuatro tribunales que solo entran en acción cuando comienza propiamente la competición selectiva.

Ahí sólo hay dos ejercicios, en los que se exponen una serie de temas de diversas ramas jurídicas. Hay un tiempo máximo y más o menos mínimo y pueden optar por rechazar uno de los temas escogidos al azar y sustituirlo por otro. Esta facilidad de desestimar un tema no es la regla general en las oposiciones jurídicas donde si no te sabes alguno, no tienes oportunidad de rechazarlo y pedir extraer otro tema. En judicaturas, sí.

Solo se pide que el aspirante exponga sus conocimientos y que recite el contenido lo más rápido (para decir lo máximo posible) con cierto orden y capacidad recitativa y no cometer errores graves. Con eso ya está.  No hace falta más. Relean, por favor, el párrafo tercero de este articulo y apreciará que esas actitudes fundamentales para ser juez no se pueden apreciar en estas pruebas.

No hay ningún ejercicio práctico. Debe ser la única profesión jurídica de acceso mediante oposición en que no existen. En ese tipo de pruebas es donde verdaderamente se puede apreciar la capacidad de lógica, de razonamiento, de interrelacionar cuestiones jurídicas trasversales, de apreciar el equilibrio o ponderación. Pero para ser juez, al “sistema” parece que no le interesan estas actitudes.

En mi actuación como miembro del tribunal selectivo, seguía y valoraba, por supuesto, el contenido pero también intentaba mucho apreciar  otros elementos. Pero como eran cual papagayos (yo también lo fui en los ejercicios orales míos hace 31 años), era muy difícil en los aspirantes a ser jueces poder apreciar esos elementos. Algunos se notaban que, además de saberlos y exponerlos bien, lo tenían interiorizados y comprendido. En otros casos, aunque supiesen su contenido, surgían auténticas dudas hasta de si verdaderamente entendía lo que estaba diciendo más allá de un mero ejercicio memorístico notable o al menos meritorio en su intento.

El problema es que no hay en judicaturas ejercicios prácticos donde ello se pueda ponderar y valorar (para bien o para mal). De ahí (salvo los que opten por la carrera fiscal), ya son jueces en prácticas, cobran una retribución y empiezan a acercarse a la realidad jurídica en la Escuela de Barcelona. Las pruebas selectivas son verdadera y únicamente los ejercicios orales. A partir de ahí, como dicen algunos de ellos: bienvenidos a “toguilandia”

Cuando llegan a la Escuela, ya tienen mucho más que pierna y media en la carrera judicial. Está bien que les den clases prácticas en un tiempo de estancia que bastantes estiman excesivo (a los fiscales les despachan en tres meses en otro órgano como el Centro de Estudios Jurídicos del Ministerio), donde además de hacer ejercicios prácticos, también unos jóvenes que salen del convento de opositores, hacen diversas prácticas saludables, como, entre ellas, pasear por la montaña del Tibidabo. Ello humanamente está muy bien pero no estoy muy seguro que esas otras actividades varias aporten mucho a lo que debe ser hacer un buen juez.

Acaso, ese sea la razón por la que no existen ejercicios prácticos en la fase de oposición: para mantener “el sistema”. Pero ello, una escuela judicial, no es incompatible con que vengan previamente algo más preparados y puedan ser evaluados de una manera más completa y luego complementen algo su formación práctica.

Pero en todo caso, como digo, un tribunal selectivo ha de poder apreciar esos factores que en el reiterado -por remisión- párrafo tercero de este artículo considero fundamentales. Algo de eso se mejora en la Escuela… pero ya están dentro. Ya son jueces, aunque no formalmente. He de resaltar que en los 20 años de historia de la Escuela solo dos personas de las miles que han pasado la oposición fueron echados para atrás y no adquirieron la condición definitiva de jueces. Calificar a la escuela como segunda fase selectiva es un eufemismo irónico o sencillamente algo incierto en la realidad.

Conozco ambos dos casos de exclusión y eran por desequilibrios mentales notorios y evidentes. Todos los demás que pasaron por la Escuela son jueces en activo. Estoy seguro que la gran mayoría son buenos profesionales pero también lo estoy cuando digo que todos conocemos algunos casos de jueces que no debería estar en activo por ser un peligro. Negar esto sólo es posible desde un corporativismo que cierra los ojos.

No se puede invocar que para hacer frente a los disparates está el sistema de recursos. Eso es para solventar discrepancias jurídicas pero no barbaridades causadas por una decisión cuasi arbitraria o escasamente equilibrada o ponderada. Porque haberlas… haylos. Tampoco se puede invocar a la Inspección del Consejo. Esta actúa no tanto respecto estos casos (salvo que sean palmarios y contumaces) o de los de alguna patología sino solo respecto aquellos que apenas dictan sentencias y no han podido refugiarse en otras tareas u organismos más cómodos.

Todo ejercicio de una función pública requiere unas cualidades más allá de conocimientos. Pero en el caso de los jueces, estos ejercen algo superior: un poder. Tienen en sus manos las funciones más delicadas que afectan a la libertad y patrimonio de los ciudadanos.  Y eso requiere que se elijan adecuadamente lo cual no puede realizarse apreciando sólo su capacidad de memoria.

Requiere, si me permiten, hasta cualidades humanas. Entre ellas también la humildad que entiendo no es fácil mantener cuando al poder enorme que se tiene, se añade estar investido de una toga sacerdotal con escudo, necesaria para significar el poder y la distancia pero muy perturbadora si no es asimilada con el equilibrio que, aunque sean unos pocos, no es el adecuado.

En todas profesiones jurídicas de carácter público puede haber alguna persona que no reúna los elementos de ponderación, equilibrio emocional y mental, capacidad de razonamiento, etc. Pero en el caso de quien dispone y toma decisiones sobre la vida de las personas es más exigible. Pues bien, curiosamente para la selección de estas personas-profesionales eso no se pondera porque no se puede apreciar cuando se examinan sólo de dos ejercicios puramente memorísticos.

El 21 de noviembre, once días antes de concluir las pruebas, hubo una reunión del CGPJ con los preparadores para revisar algunas cosas. Se incorporara algún tema concreto pero la esencia de lo importante que yo estoy escribiendo en este artículo no se modifica “por falta de acuerdo” (sic). Previsible.

Algunas personas que no estamos en ese mundo corporativo propugnan (siempre soto voce) una prueba sicológica a los aspirantes. Yo no llego a eso pero si, como existen en algunas oposiciones: la posibilidad de conversar y preguntar al candidato Y en todo caso, como en todas, absolutamente en todas (salvo jueces): que existan uno o dos ejercicios prácticos que permitan apreciar al tribunal selectivo si quienes van a impartir justicia tienen lo señalado: sentido de la lógica, criterio propio, capacidad de razonamiento, mucho equilibrio, que sea profundamente independiente, que coloque los principios constitucionales y legales por encima de sus ideas personales, ponderación y humildad.

21 comentarios
  1. Querolus
    Querolus Dice:

    Digamos que lo que el sistema MIR ha supuesto en la selección y formación de médicos es un buen ejemplo, ya bien articulado, aunque siempre mejorable, de lo que debería ser cualquier sistema de selección, aprendizaje y especialización. Esta todo inventado, lo que hace falta es querer implementarlo.

  2. Isletero2000
    Isletero2000 Dice:

    Y una persona a la que le gusta tan poco en el sistema de selección de jueces, ¿por qué participa en el?
    Y una persona que participa en el sistema de selección de jueces ¿ignora que además de un año de Escuela judicial hay un año de prácticas en órganos jurisdiccionales? ¿En serio? ¿No lo sabe o se lo calla convenientemente?
    Y lo mejor, lo de la humildad: ¿habrá que ir con un cilicio al examen o con la cabeza gacha?

    • Fernando Jabonero Orasio
      Fernando Jabonero Orasio Dice:

      Hay que pasar por una oficina judicial para apreciar la realidad de lo que dice el autor. Y yo añado que es bastante peor en muchos casos pero que en cuanto a la fiscalía abarca hasta lo tenebroso en falta de capacidad, de lógica, de congruencia, de sometimiento a etéreos principios y enunciados elípticos que acabarían en una selectividad con el suspendo de su autor.

  3. Lucía de las Heras
    Lucía de las Heras Dice:

    Dentro de la judicatura y con todas garantías debería haber un gabinete psicológico dependiente del CGPJ para dictaminar en casos de apariencia fundada de desequilibrio mental de jueces (como ocurre con pilotos de líneas aéreas), dando en su caso bajas médicas e incapacidades de oficio (el enfermo mental a menudo no es consciente de su patología), y evitando que problemas sanitarios se conviertan en disciplinarios.

    No es un problema de selección, sino de toda la vida profesional de un juez, pues nadie está libre de contraer una enfermedad psiquiátrica en su vida.

    • juez
      juez Dice:

      Estoy de acuerdo con quizás su planteamiento siempre que sus miembros sean elegidos entre profesionales de reconocido prestigioso y designados sin intervención política ni de los miembros del CGPJ. Aquellos que cumplan como psicólogos y psiquiatras más de 15 años de ejercicio, reconocido prestigio y por sorteo como los peritos judiciales, por ejemplo. Porque los psicotécnicos está demostrado que no sirven de nada. Pero sí quiero resaltar una cosa, según la OMS, uno de cada cuatro personas ha padecido algún tipo de enfermedad mental en su vida. Y no conozco un cuerpo de la administración de altos funcionarios que haya suspendido o inhabilitado tanta gente como el cuerpo judicial. Sé de algunos jueces inhabilitados, pero no conozco abogados del estado inhabilitados, notarios inhabilitados, fiscales inhabilitados, registradores, etc. Y mire estadísticamente los hay, si el % de la población es enferma mental, pues hay x abogados del estado enfermos mentales, tantos diplomáticos, tantos registradores y tantos notarios. Pero yo no veo que se depuren. En cambio en el poder judicial se depuran.

  4. Observador
    Observador Dice:

    Jesús López, acaba de pasar a ser usted un Galileo de la profesión, un rebelde sin causa, un tipo raro del mundo jurídico. Probablemente incluso alguien que quiere llamar la atención. Porque así es como piensa el imbécil corporativista para el que que intentar mejorar un proceso que no funciona es “llamar la atención”. Es algo que viene de muy atrás. Porque ustedes, los juristas españoles, no tienen la menor idea de los porqués. Son tipos que se limitan a repetir y repetir sin llegar a cuestiones de fondo (de ahí mi crítica tantas veces censurada en este blog sobre la diferencia entre los “privatistas” y los “publicistas” (que habrá que desarrollar con profundidad más adelante, por cierto). Y eso, obviamente, proviene de unas razones sociológicas que ustedes no comprenden porque no han abierto en su vida más libros que los jurídicos. Porque si este problema de las cuestiones de fondo es impresionante en una oposición como la que trae a colación, imagínese en oposiciones con raíz privada. Y de ahí, precisamente, proviene multitud de problemas que tienen que ver con un “sistema”. Porque, por alguna razón, el jurista español (catalán, gallego, vasco, me es indiferente), es un absoluto PATÁN a la hora de analizar un problema objetivamente. Los problems solvers brillan por su ausencia en el tejido jurídico y económico español porque son incapaces de entender por qué algo sea un problema y, mucho menos, cómo solucionarlo (a no ser, claro, que el problema ya se haya convertido en metástasis, como ha sido el caso de la corrupción española). Porque además hay un problema absoluto de contrapesos, de renovaciones, de zonas más que de confort, etc. Porque si hay una carrera en la que haya más patanes que en Derecho, esa es Economía (donde parece ser que los sujetos tienen a politizar e “ideologizar” todo lo que estudian). Es risible, sinceramente, tener que leer en un blog jurídico español medianamente profesional que ahora, de repente, parece que nadie había reparado en la corrupción generada en los puertos españoles (y que el TJUE ha tenido que explicar). Ojo, que se agradece al articulista la mención del problema, pero claro, algunos esperábamos mayor previsión.

    Pero qué carajo van a solucionar ustedes si cuando les explican que en otros países (bastante más avanzados) usan currículums ciegos eso les produce una especie de urticaria mental que hace que les evite comprender el porqué otros los usan desde hace años (curiosamente, ha sido ahora la ministra del PP la que ha propuesto este tema, cosa que algunos llevamos solicitando desde hace AÑOS. Y digo curiosamente porque si hay un partido político que ha generado lo contrario ha sido el PP). Ustedes, los juristas y economistas españoles, se mueven al ritmo de las tortugas porque por diversas cuestiones están encadenados a todo tipo de cuestiones que, como digo, ni siquiera entienden porque no analizan bien la cuestión. Viven en una especie de Matrix ideológico, ambiental, que les dificulta para la comprensión de la realidad. Porque, además, el último texto que tuvieron ustedes que analizar fue probablemente hace 30 años y además era de un tipo que pensaba como ustedes. Y desde luego no era extrajurídico.

    En Biología, la endogamia, el reproducirse entre sujetos cosanguíneos, nunca generó nada bueno por un motivo: la falta de diversidad genética genera que el sujeto que nace obtenga demasiada uniformidad y su capacidad de adaptación al ambiente disminuya, generando mutaciones negativas. Esto, que a ustedes les suena a chino, es parte de la mecánica de todo sistema. Y en el sistema español ha sucedido lo mismo porque España no es un sistema, es un conjunto de territorios donde cualquier imbécil, cualquier cacique, puede llegar a obtener un puesto de relevancia en base únicamente a favoritismos, amiguismos y clientelismos varios, así como “familiarismos”. Se pueden ir ustedes a puertos, universidades, cuerpos de seguridad del Estado, incluso el sector público, lo cual es espectacular. Y así es cómo han funcionado ustedes durante años, de forma “silenciosa” mientras “todo iba bien”, por mucho que luego un tipo escriba un manual sobre Derecho Administrativo y se luzca hablando de concesiones y adjudicaciones, y además viva de dar conferencias sobre el tema, cuando todo lo que pone en uno de esos manuales ha sido pura ficción, pura masturbación mental alejada absolutamente de la realidad del día a día.

    Y bueno, recuerde, ya que parece saber bien de lo que está hablando, que uno de los puntos que el CGPJ pensaba agregar al futuro acceso era el de conocer alguna lengua, preferiblemente el inglés o francés.

    ¿A qué clase de idiota, de desgraciado mental, se le puede antojar que eso tenga la mínima importancia en la capacidad que se le requiere a un juez o fiscal? ¿Cómo ha sido el proceso mental para que ese perfecto desgraciado pueda llegar a la conclusión de que el conocimiento de una lengua extranjera pueda ser interesante como medida de selección en un ámbito en el que esas lenguas no se usan porque además hay personas, llamadas traductores, especializadas en esos asuntos?

    Este es un ejemplo de cómo un perfecto idiota, que ha escuchado que saber una segunda lengua es algo positivo, cree que es extensible a cualquier ámbito, cuando no es cierto. El inglés, francés o chino pueden ser muy interesantes para la cabeza de una persona, pero eso no significa que esa persona vaya a saber interpretar, entender, matizar y aplicar lo necesario en el ámbito que se le requiere. Por delante de eso, y como ya ha mencionado el articulista, hay muchísimas cuestiones más importantes. Por tanto, ese tema de una segunda lengua en la selección que comenta el articulista sólo puede ser adjetivada como burda gilipollez.

    Les queda mucho, pero mucho, para entender ustedes dónde están en diversas cuestiones. Y lo que les queda…

  5. Luisa
    Luisa Dice:

    Las cualidades que según el comentarista deben “adornar” al juez también son predicables y exigibles en abogados del Estado, inspectores de Trabajo, inspectores de Hacienda, fiscales, notarios, registradores de la Propiedad… ¿Por qué lo que se predica para los jueces no se extiende a los demás cuerpos jurídicos superiores? ¿Para cuándo un “cuarto turno” para acceder a los cuerpos de abogados del Estado, inspectores de Trabajo, inspectores de Hacienda, fiscales, notarios, registradores de la Propiedad, técnicos de la Administración Civil del Estado…? “Cuarto turno” para todos los cuerpos jurídicos superiores, o para ninguno.

  6. Lucía de las Heras
    Lucía de las Heras Dice:

    Otros sistemas de selección tampoco garantizan el acierto. Los sres. Estivill y Vidal (éste último ahora sancionado, y alardeador de ilegalidades que investiga la fiscalía) accedieron sin opisición por el cuarto turno para juristas. No parece haber mucho equilibrio de razonamiento en esas actitudes.

  7. Próspero
    Próspero Dice:

    En las oposiciones a judicatura siempre hubo un ejercicio práctico, consistente en un dictamen civil-mercantil y otro penal. Esta prueba se suprimió en 1997, a raíz del traslado de la Escuela Judicial a Barcelona. Las razones para ello -según los promotores del engendro- eran que la verdadera selección tenía que hacerse en la Escuela y que, por tanto, el examen práctico era innecesario. Fue un grave error. El examen práctico permitía valorar, mejor que los orales, la capacidad de razonamiento jurídico y las verdaderas aptitudes de los aspirantes, sobre todo en la “presentación” de los casos ante el Tribunal. La realidad, pasados muchos años, es que la Escuela no cumple ninguna función de selección, sino que está dedicada esencialmente a justificar su propia existencia. Un curso completo paseando por el Parque de Collserola parece excesivo, pero también lo es un periodo de prácticas de casi un año y unos meses más de juez “en expectativa de destino”. No por alargar más la “interinidad” se consiguen mejores resultados, y la utilidad marginal de las prácticas es decreciente, como sabe cualquiera que las haya realizado. Otro tema de interés, que no puedo desarrollar aquí, es el de los profesores ordinarios de la Escuela Judicial, cuyo nivel decrece a ojos vista desde hace años, como era previsible, dado el régimen furiosamente discrecional que preside su (s)elección.

    • Isidro
      Isidro Dice:

      Estimado Próspero, que esto ya no son los tiempos de la primera escuela judicial en Madrid que eran 3 meses, o de las promociones de hace años en Barcelona. Hay que agradecer que eso ha cambiado mucho. No es lo mismo promociones de 400 jueces que promociones de 35, 50 o 65. Casualmente, los jueces más mayores salieron mucho menos preparados que nuestros actuales. Hoy por hoy la escuela judicial es muy exigente, con un nivel muy alto de rendimiento, aprovechamiento y mucha carga de trabajo. Tampoco estoy de acuerdo con el nivel del profesorado, si comparamos profesores de hace años y los actuales, creo que salvo alguna pérdida importante, pero que su sustituto estoy seguro que hará bien las cosas, la selección ha mejorado. Así que las cosas han cambiado mucho desde hace varios años.

    • Isidro
      Isidro Dice:

      Los 4 meses no se está en “expectativa de destino”, como sabes, sino en “sustitución y refuerzo”. Un periodo donde se desarrolla plenamente la jurisdicción y donde sin embargo se está sujeto a valoración por el TSJA. Algo que cualquiera puede apreciar a primera vista que es plenamente inconstitucional.

  8. JOSE LUIS DEL MORAL
    JOSE LUIS DEL MORAL Dice:

    Yo no creo que sea una cuestión de sistemas de selección sino de materia a estudiar. Ningún método para elegir geocentristas es bueno. Ningún método que confunda presunción y presupuesto, carga de probar y deber de probar o cosa juzgada formal e irrecurribilidad, dará un resultado medianamente apetecible.

  9. Víctor Chávarri
    Víctor Chávarri Dice:

    Creo que la maraña legislativa actual y más con la UE ha hecho que ni la escuela sirva.
    Son 23 años ignorando la normativa de consumidores y usuarios
    La escuela y el temario funcionan….. para mal.

  10. Susana González
    Susana González Dice:

    Por muy buena que sea la escuela, la selección ya esta hecha y a no ser un caso muy exagerado no lo van a echar y coger otros. En cambio haciendo la selección práctica antes se da na.oportunidad de pasar a los que pueden tener menos memoria pero esas otras cualidades innatas que por mucho que te enseñen, si no has nacido con ellas nunca llegaras al nivel de los que si las tienen. Eso es lo que se hace en el MIR.

  11. AGUSTIN
    AGUSTIN Dice:

    En la selección debe haber casos prácticos, pero si empezamos a valorar criterios subjetivos, sobre los que son claramente evaluables, si se denigran los conocimientos con el despectivo tener “memoria”, comenzamos a degradar la selección de los mejores profesionales, no soy juez, pero es claro que los mejores expedientes académicos, son los que ganan las oposiciones, si hay casos excepcionales de personas que pasan la oposición y quizá no debieron aprobarla, es coger la parte por el todo, para desprestigiar un sistema de selección, de los pocos que quedan en que se respeta la imparcialidad, se premia el esfuerzo y en un 90% se escoge a los mejores, y lo dicho para los jueces lo digo para otros Cuerpos o Escalas de funcionarios, en los que
    tribunales todavía están en Madrid, lejos de los opositores, en contraste con las oposiciones de Aytos y CC.AA nidos de caciquismos. ¿ Se quiere volver a eso?. Saludos.

    • Lucía de las Heras
      Lucía de las Heras Dice:

      Por desgracia algunos sí quieren implantar eso. Quiso hacerse en la abortada (felizmente) “justicia de proximidad”, ideada por Maragall (el mismo del estatut que puede destruir Europa).

    • Molinero
      Molinero Dice:

      El enlace acredita lo contrario, que accedió por concurso de méritos , antiguo tercer turno, y no por oposición libre.

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