Acerca de ciertas metáforas, de nuevo sobre los derechos de los animales, y también acerca de los dos tipos de veganos

Al parecer, sigue adelante la reforma del Código civil que, fruto de una Proposición no de ley de Ciudadanos y con el apoyo de todos los  Grupos Parlamentarios, obra  en estos momentos en manos los órganos competentes del Ministerio de Justicia. De ella hablé ya aquí y después de modo más desarrollado, aquí. En un tono que trataba de ser de pura metáfora irónica, concluía yo preguntándome si íbamos a acabar como en el célebre Proyecto Gran Simio, que abogaba por una ampliación del concepto de ciudadanía y de comunidad moral «incluyendo a todos los seres vivos», pretendía que olvidemos «la jerarquización excluyente entre los seres vivos» y clamaba por el reconocimiento de los derechos fundamentales «de chimpancés, gorilas, orangutanes y bonobos». Y también decía el pintoresco Decálogo que tales derechos fundamentales deberían poderse «hacer valer ante la ley».

Dos cosas, también al parecer, no han sentado muy bien a algún Diputado y han gustado mucho a otros. Como todo en la vida. Y ello me obliga, si no a matizarlas, sí a explicarme algo más.

La primera de esas dos cosas era un ejercicio con aire de cuchufleta: repasando la tabla de derechos fundamentales que contiene nuestra Constitución, podríamos preguntarnos (permita, querido lector, la autocita textual): «¿tendrá el mono araña derecho al honor y a la intimidad familiar? El tití común ¿podrá reivindicar que se le trate, para ser consecuentes con el principio de igualdad, con los mismos derechos que al tití emperador? ¿Se predicará del gorila la libertad ideológica, religiosa y de culto –debe tenerse en cuenta que “gorila” significa “persona peluda”–? ¿Deberá aplicarse el procedimiento de habeas corpus al babuino? Y por supuesto, ni pregunto ya por la libertad de cátedra del mandril, del macaco o del mono aullador, no sea que asome la cabeza algún colega». Y si esos derechos fundamentales se deberían poder hacer valer ante ley, y ya que íbamos a comenzar a ver los juzgados llenos de platirrinos ejerciendo su derecho a la tutela judicial efectiva, cabía preguntarse también: «a efectos judiciales, ¿estarían aforados también los querellados, o sólo los que tengan bien separadas las fosas nasales por un tabique membranoso suficientemente ancho?».

Y la segunda cosa que allí se decía, en un género de pura opinión, era ésta, a la vista de que la Proposición no de ley plantea que los animales no formen parte del patrimonio y no se puedan entonces embargar por terceros ni vender por sus dueños: «Y ya lo de calificarles como bienes extrapatrimoniales y, más aún, como sujetos de derechos, merecería que el legislador fuera condenado al ridículo perpetuo, y que pasase a ocupar la jaula él mismo».

Repito, no voy a matizar nada, pero sí a explicarme un poco más. A quienes se han sentido molestos, solamente les hago un ruego: por favor, lean más. Háganlo. En esas frases no hay información (que entonces, tendría que ser veraz para ser lícita), sino pura opinión. Y en el terreno de la opinión, lo que sea necesario o innecesario solamente depende de los gustos del autor, de su estado de ánimo ante un suceso sobre el que opina y de sus querencias hacia las figuras estilísticas. Que ningún compañero de Universidad, que ningún Diputado sienta que, tomada la comparación conforme a su contexto, ha podido existir vejación, ni difamación, ni ofensa, ni humillación. Los lingüistas definen la hipérbole, del griego ὑπερβολή (exceso), como una «figura retórica consistente en una alteración exagerada e intencional de la realidad que se quiere representar (situación, característica o actitud), ya sea por exceso (aúxesis) o por defecto (tapínosis). La hipérbole tiene como fin conseguir una mayor expresividad»: «El dictador era un hombre cuyo poder había sido tan grande que alguna vez preguntó qué horas son y le habían contestado: ¡las que usted ordene mi general!» (Gabriel García Márquez). «Tanto dolor se agrupa en mi costado que, por doler, me duele hasta el aliento» (Miguel Hernández). «Érase un hombre a una nariz pegado» (Francisco de Quevedo). «Por tu amor me duele el aire, el corazón y el sombrero» (Federico García Lorca).

Sólo quien quiera entender literalmente las frases anteriores dejará de comprender su cabal sentido. Cuando a mí me demandaron (sin éxito, gracias a Dios y gracias al juez) por haber comparado a un profesor que plagiaba a su discípula con Curro Jiménez, aquello no podía ser percibido como comparación real de personas. Y es que de serlo, la conclusión sería justo la contraria a la que el articulista trataba de ofrecer comparando las especies de bandolerismo, porque ¿a dónde conduciría la literalidad? No se había tratado de una comparación vejatoria, si se tiene en cuenta que Curro Jiménez, que existió en la realidad, era el sobrenombre de Andrés López, alguien a quien le fue arrebatado su oficio de barquero de Cantillana, y que tuvo que abandonar su pueblo para echarse al monte. Se trata del prototipo de bandolero romántico que luchaba contra los terratenientes corruptos para, justo y bondadoso, entregar el botín a los pobres y oprimidos, que luchaba contra los franceses durante la Guerra de la Independencia, y de quien los productores de la exitosa serie televisiva contaban su vida y sus correrías, trufándolas de historias de amor y hasta de episodios cómicos, y no exentos de cierto contenido patriótico. Curro Jiménez es, en fin, en la Serranía de Ronda del siglo XIX, lo que Robin Hood fue en las fragosidades de los bosques de Sherwood del siglo XIV… En fin, lean más, por favor. Como dice un imán que tengo en mi frigorífico, «a book lover never goes to bed alone».

Pero ahora vayamos en serio. Sinceramente, creo que si los profesores de Derecho permanecemos en silencio ante tanta majadería, no nos lo podrán perdonar las generaciones venideras. ¿Nadie es capaz de percibir a dónde nos podría conducir el reconocimiento de los animales como sujetos de derechos? Les invito a que lean el simpático relato del Notario González Granado aquí acerca de aquella señora inglesa que se presentó, acompañada de su perro Cowi, en su Notaría para hacer testamento: «¿a que a ti te gusta más vivir en Formentera que en Inglaterra?», parece ser que preguntó al animal, que (perdón, quiero decir «quien») contestó con un ladrido que fue traducido por su dueña como respuesta afirmativa, por lo que entonces la disposición testamentaria pretendía ser: «quiero que Cowi herede una parte de mi dinero y viva en mi casa de Formentera hasta su muerte». Naturalmente, el Notario le explicó a la extravagante británica que eso no puede ser, y que los perros pueden ser heredados, pero no pueden ser herederos.

Y ¿qué haríamos con perros personificados? Como no tendrían capacidad de obrar, habría que nombrar un tutor, y graduar en el nombramiento la tutela según la mayor o menor capacidad del animal para celebrar contratos, otorgar testamentos o matricularse en una escuela canina. Vuelta al punto de partida, pues. Y, como los animales no se podrían vender ni embargar, podría un deudor escapar de la persecución de los acreedores criando caballos de carreras de alta gama y concentrando en su cuadra lo más mollar de su patrimonio. Y, al socaire de la libertad de testar, podría un testador navarro dejar toda su herencia a su periquito. Y así sucesivamente…

Y es que la moda que hace furor en estos momentos consiste en afirmar que si una asociación pretende pedir la libertad de una orangutana, lo debe poder hacer a través del procedimiento de habeas corpus, esto es, reconociendo  el derecho de la simia a no ser arrestada de modo arbitrario (sentencia de la Cámara Federal de Casación Penal de Buenos Aires de 18 de diciembre de 2014, ver aquí Consiste la moda en decir que es insuficiente si la ley prohíbe que a un perro se le abandone en un descampado, o que, como al pobre se le ocurra volver a la casa horas después, loco de contento por el regreso, no basta con que la ley castigue duramente al dueño que entonces le atropella repetidamente para darle muerte (tremenda historia contada por el Diputado Díaz Gómez aquí).  Es insuficiente porque, según esa moda, no se trata de que los hombres tengamos el deber de no maltratar a los animales, sino de que se reconozca a éstos su condición de persona y su derecho a no ser maltratado, como correlativo a aquel deber. No basta con que la ley castigue a quien contamina el río, sino que hay que reconocer el derecho del río a no ser contaminado, y por eso se convierte el río en persona jurídica, como lo es Iberdrola, el Real Madrid o el Ayuntamiento de Murcia (no es broma, ver aquí.

Toni Cantó, actor y en aquel momento Diputado de UPyD, defendió en el Congreso en 2013 (ver aquí) algo tan elemental como que el Derecho no es una cualidad innata en todos los seres vivos, sino un proceso racional del que los animales carecen. Si el Derecho se compone de principios y normas que regulan las relaciones humanas como expresivos de una idea de justicia y de orden, ello conduce, no a que los hombres debamos respetar los derechos de los animales, sino nuestra propia condición humana, y es nuestra dignidad como personas la que nos exige cumplir el deber de no maltratar a los animales. Los animales ni tienen derechos ni pueden ejercerlos, y por eso tampoco una gacela puede exigir del león en la sabana que respete su derecho a la vida. El lector interesado, una vez pinchado el enlace anterior, puede comprobar las reacciones de los internautas, que resumo en una de ellas: «Basura especista. No has aportado ningún dato que demuestre que las personas somos superiores al resto de los animales. Un perro, un grillo, tú y yo tenemos el mismo derecho a vivir y ser libres».

Mis amigos de la organización Lado Oscuro me llenan de mensajes: ¿qué hago ahora con los sprays de insecticida que compré ayer?; ¿tengo que mirar al suelo cuando hago footing para no pisar hormigas?; ¿dejo que la cucaracha corra a sus anchas por el pasillo?; ¿me mirarán mal cuando chupe un bígaro? Y uno de ellos pregunta si se puede ser vegano sin ser idiota, a lo que mi respuesta es rotundamente afirmativa. Si el vegano lo es como señal de protesta hacia la lamentable manera de tratar a los pollos en determinadas granjas o a los peces en ciertas piscifactorías, pues entonces, un aplauso al vegano, que muestra su rechazo a que las especies animales sean hinchadas de antibióticos para engordarlas en tres días, sin importar que por ello se estén creando bacterias que van a ser imposibles de combatir y que en 2050 van a matar diez veces más personas que el cáncer (ver aquí )

Pero es que a veces el vegano lo es porque quiere dar la razón a la dueña del restaurante que expulsó a la madre que quería dar el biberón al bebé y que, cuando ésta se quejaba de haber sido humillada, le respondieron que «las madres verdaderamente humilladas son aquellas violadas durante toda su vida para tener bebés que son robados y descuartizados para que los humanos les arrebatemos la leche que era para ellos: estas madres son las vacas, ovejas y cabras, víctimas del biberón de su hijo» (ver aquí ). A veces el vegano lo es para combatir el denominado «lenguaje especista», ese que proclama sin rubor que no se puede decir «hijo de perra», ni «eres un burro», ni «estás un poco foca». Pero no porque con ello se insulte a la persona, sino porque con ello se degrada a las perras, a los burros o a las focas a la condición de insulto. Y éstos otros no son veganos, sino idiotas.

Por todo ello, me estremece que nuestros políticos no tengan otras cosas de qué preocuparse y en las que ocuparse. Lo que nuestro Código civil necesita más bien, y entre otras muchas cosas, es una reforma de las legítimas sucesorias, del contrato de obra y de servicios, una regulación integral de la asunción de deuda –también de la cumulativa–, de la edificación realizada en terreno ajeno, de las construcciones extralimitadas, del usufructo de fondos de inversión, de las servidumbres de oleoducto y gaseoducto, de las inmisiones y molestias vecinales, de la prescripción extintiva, de la usucapión, de la responsabilidad civil. Pero en el Congreso prefieren dedicarse a otras cosas. Se empieza diciendo que los animales no son bienes, se sigue diciendo que no se pueden vender, y se continúa llamándoles personas con derechos humanos porque ya está bien de tanto antropocentrismo. Por último –¡y hasta ahí podríamos llegar! – se acaba sin poder decirle al legislador que está como una cabra.

Perdón, es sólo metafórico…

31 comentarios
  1. izaskun
    izaskun Dice:

    También tienen derecho a su propia imagen por lo que no pueden ser fotografiados (salvo que sean cargo público, etcétera). Seguro que nadie de sus defensores los fotografían, ni estudian su comportamiento familiar…

    • Rocío arboleda
      Rocío arboleda Dice:

      Algo nos está ocurriendo, por qué no voy a fotografías a mi perro si me siento orgullosa de él, me parece muy malo que a las perras, gatos etc. se las deba castrar o esterilizar según el caso, porque si todos actuamos como personas responsables según ciertos grupos, se extinguirían los animales domésticos. Yo defiendo a los animales salvajes con peligro de extinción y a los animales domésticos; los ovinos, porcinos, bovinos, etc. son animales que sirven para alimentarse

  2. pfrias
    pfrias Dice:

    Ay!, pero es que, para mi, los veganos del tipo A (los no idiotas) no deberían tener problema para comer carne procedente de la caza de animales que han vivido en libertad, del mismo modo que no lo tienen los leones, lobos, etc.
    Por otra parte los del tipo B se sienten reconfortados de no escuchar los gritos de la lechuga al ser arrancada de su alojamiento en el que se encontraba tan cómodamente arraigada.
    En consecuencia, sólo contemplo un tipo de veganos.

  3. Miguel Senlle Caride
    Miguel Senlle Caride Dice:

    El despropósito viene por mezclar el plano moral y el plano jurídico (así como el afán intervencionista continuado, como si actuar/regular fuera intrínsecamente positivo). Los animales son seres morales individualizados, cuya relevancia moral, es a priori, equiparable a la de los seres humanos (véase el argumento de los casos marginales ya puesto de manifiesto por Porfirio). Pero ello, no tiene porque traducirse en otorgar a los animales una posición jurídica, lo cual no es más que un antropomorfismo absurdo. Los derechos y su aplicación práctica son construcciones humanas, inadecuadas para los animales, del mismo modo que muchos aspectos de la vida de otros animales son inadecuadas para nosotros. Ahora bien, todos los “avances” en la regulación en el ámbito de los derechos animales tratan de esquivar de una forma u otra el reconocer el derecho básico de cualquier ser, que es el derecho a vivir, el cual se puede presumir es en interés de cualquier ser vivo. Es precisamente, esa carencia de derecho a vivir, la que provoca que muchos hombres sensibles se hayan preocupado por la causa animal, pero que como sociedad no somos lo suficientemente maduros como para afrontar tal cambio de paradigma.

    • Mariano Yzquierdo
      Mariano Yzquierdo Dice:

      No acabo de entender si lo que me sucede a mí es que no estoy maduro para entenderlo, Sr. Senlle. Claro que todo ser vivo tiene interés en vivir. Indiscutiblemente. Pero más interés tengo yo en acabar con la rata que entre en mi despensa, no? O tengo que ser razonable con ella y tratar que me entienda para que las galletas permanezcan donde están?

      • Miguel Senlle Caride
        Miguel Senlle Caride Dice:

        Pon sobre la balanza que vale más la vida de un ser vivo (con mayores capacidades que un humano en coma, y por tanto, al menos, con igual posición moral, véase Rawls, Singer…) o que tus galletas/comodidad queden intactas.
        Y sí, nuestra sociedad no es lo suficiente madura para entenderlo, del mismo modo que nuestra sociedad hace no mucho tiempo no entendía como improcedente la esclavitud o que las mujeres no pudiesen participar en contratos sin consentimiento del hombre. Pero que hoy en día tales posiciones nos parecen totalmente inadecuadas.

    • MANUEL GOMEZ BARCIA
      MANUEL GOMEZ BARCIA Dice:

      ¡Es que los animales, incluso los mas avanzados intelectualmente, tienen moral, ética, sentido del honor y de la honra?. Es que se escribe y se lée cada cosa que es para tirarse de los pelos- No diga Vd., chorradas. Todo animal, dede el Bonobó hasta la puñetera mosca que me está incordiando mientras escribo, claro que son sers individualizados, pero no admito que sean morales. La moral positiva humana preservadora y defensora de la vida y “derechos” de los animales es la que debe imponerse sobre la moral negativa, que considera que los animales son seres que están para servicio exclusivo del hombre, para su placer y sustento, por lo cual aquélla siempre defenderá que a los animales no se les maltrate sin necesidad y solamente cuando esté en peligro la vida o la subsistencia de un humano se podría atentrar contra la vida de un animal. El mono, el lobo, el oso, etc., tienen derecho a que se respete su vida. ¡Las vacas, las ovejas, el centollo, los percebes u otro animal “comestible”, no?- Primero especifiquemos a que animales nos referimos- a los considerados superiores, a los mamíferos, a los reptiles, a los insectos?- ¿Quienes tienen derecho a vivir y qué razones hay de que así sea?. Y si reconocemos y legislamos en defensa de la vida de los animales, dejamos morir de hambre a millones de humanos que se alimentan de éstos?. ¿Nos hacemos todos veganos?, pero claro, después saldrá el defensor de la vida a ultranza que defenderá a capa y espada que la lechuga, el brócoli o la cebada tambien tienen derecho a que puedan desarrollar sus aptitudes intelectuales, físicas y morales mientras crecen enraizados a la tierra madre. ¡¡¡¡¡¡Si al castigo al maltratador gratuíto de animalesla-!!!!!!!. Y por último-¡¡¡¡¡¡Si a la defensa de la vida de los animales, siempre que eso no signifique la pérdida de una vida humana!!!!!!!.

  4. Irene
    Irene Dice:

    Señor Izquierdo.

    Las cosas en esta vida tienen una lectura. ¿Existen personas que sólo tengan derechos y no obligaciones? Trasladado al caso:

    ¿No deberíamos los españoles dar la bienvenida a nuevos contribuyentes y cotizantes? Sería discriminatorio que las nuevas personas no pagasen impuestos ni cotizaciones sociales. Faltaría más.

    En segundo lugar, matizar que los veganos no son personas. Son animales herbívoros. Por eso quieren encajarlos como personas.

    Para la censura, los dos párrafos anteriores son una sátira.

    • Mariano Yzquierdo
      Mariano Yzquierdo Dice:

      A la primera pregunta: no. Rotundamente no. Ser persona, para el Derecho, es precisamente ser un centro de imputación de derechos y de obligaciones

  5. Miguel Ángel de Toro
    Miguel Ángel de Toro Dice:

    Echo en falta un apunte sobre el irrenunciable derecho de la señora coneja a una pensión digna por el abandono sufrido, ya que Mr. Rabbit, de forma irresponsable la abandonó dejando a su cargo 16 gazapos.

  6. Alberto
    Alberto Dice:

    Una vez más, no podría estar más de acuerdo contigo, Mariano. El reconocimiento de los animales como sujetos de derechos -¿y obligaciones?- conduciría a situaciones tan rematadamente kafkianas como la del perro de compañía que, en un arrebato de celos al ver a su amado compañero de piso -ya no me atrevo a decir dueño- en brazos de una mujer, se lanza sobre ella propinándole varios mordiscos con un fatal desenlace y, para poder ser condenado a cualquier tipo de pena, debe ser sometido a un proceso con todas las garantías y gozar del derecho a la presunción de inocencia que garantiza nuestra Constitución, del derecho a no declarar contra sí mismo ni a confesarse culpable y, por supuesto, del derecho a la asistencia letrada que, dicho sea de paso, se la podría encomendar al boxer de la vecina de enfrente, que para eso es sujeto del deber de trabajar y del derecho al trabajo, pudiendo elegir libremente su profesión u oficio -¡y qué mejor profesión que la de un Abogado!-. Escena esta -así como otras muchas que quepa imaginar- propia de una película de ciencia ficción. Una cosa es regular obligaciones que debamos observar las personas en nuestro trato con los animales y otra muy distinta erigir a éstos en sujetos de derechos que no pueden ejercer y que únicamente cobran sentido respecto de aquéllas.

  7. Consuelo López
    Consuelo López Dice:

    Vamos de despropósito en despropósito. Con la cantidad de problemas serios que tenemos, no entiendo. Está claro
    que la comisión que se dedica a estos menesteres está de mas.
    Eso si, mi agradecimiento (aunque solo sea testimonial) a quienes han dado pie a este magnifico artículo.

  8. Laura Gurbindo
    Laura Gurbindo Dice:

    Lo que me resulta realmente lastimoso es ver que, tal y como está el patio político de nuestro país, haya “profesionales” de la tal Política perdiendo el tiempo y la energía en temas tan banales.
    ¿Tanto importa hacer una montaña de un grano de arena? ¿O es otro ardid para despistar al público?
    Señores políticos: de acuerdo en respetar unos derechos de los animales. Pero por mucho empeño que le pongan, seguirán siendo eso: animales.
    A ver si con tanto encumbrarlos a ellos son ustedes los que se están poniendo a su nivel.

    • Mariano Yzquierdo
      Mariano Yzquierdo Dice:

      Acertada conclusión, Laura. De eso se trata, según parece: personificar para igualar.

  9. Juan María de Egaña
    Juan María de Egaña Dice:

    Y no quiero pensar en los miles de problemas que se les presentan a:
    – Residencias caninas por encerrar a perros y gatos como si fueran presos.
    – Todas las empresas de productos químicos para erradicación de insectos.
    – Negocios de eliminación de parásitos (pulgas, chinches, piojos , etc.).
    – Las granjas y otras explotaciones agrarias con animales de carga y tracción (Burros, caballos, mulas, bueyes)
    – etc. etc.
    En fin, la estupidez, es triste pero llega a las mas altas instancias del estado. Gracias a esas personas citadas en el lado oscuro que despiertan de semejantes propuestas fuera de toda lógica.

    • Mariano Yzquierdo
      Mariano Yzquierdo Dice:

      Don Juan María: gracias por su apunte festivo. Hace falta a veces recurrir a la sátira para hacer ver que hay cosas demasiado ridículas.

      • Mariano Yzquierdo
        Mariano Yzquierdo Dice:

        Y en efecto, las aportaciones de los miembros de la organización Lado Oscuro han sido ocurrentes, y son las que me dieron pie para escribir este post.

  10. Alfonso Bardají
    Alfonso Bardají Dice:

    Lo realmente preocupante, es la cantidad de “ocio-tiempolilbre” de “estos nuestros políticos” que no deben tener nada más urgente que tratar que estos temas, con la que está cayendo…
    Totalmente de acuerdo con usted, Don MarYano, en que es completamente absurdo el discutir los derechos del bígamo, el mono tití o si a los schnauzer se les corta o no la cola cuando nacen…
    Creo que a nuestros políticos, a los cuales elegimos, igual que nos pasa a TODOS en nuestros trabajos, se les debería exigir un MÍNIMO CURRICULUM o antecedentes laborales. De esta manera nos ahorraríamos mucho indocumentado en el Congreso.

  11. PAULO
    PAULO Dice:

    Yo entiendo que muchos diputados se preocupen por los derechos de los animales, ya que gran parte de los asientos del Congreso están ocupados por algunos que son unos burros, otros que están como una cabra, varios zorros, algún que otro cerdo, muchos gallinas, numerosos buitres y una considerable cantidad de merluzos….

  12. Enrique Cobos
    Enrique Cobos Dice:

    Ya veo al señor Montoro frotarse las manos porque los caballos de carreras, galgos y demás animales dedicados a una actividad deportiva, como sujetos de derecho, tendrán obligaciones fiscales, por los premios, trofeos y derechos de imagen. Eso va a reportar pingües beneficios para las arcas del Estado español. Pero ¿Qué ocurrirá cuando esos animales, con perdón, no cumplan con el fisco?. ¿Serán compañeros de celda del señor don Sandro Rosell o posiblemente de Messi?. Si se les otorga la categoría de Persona, sería un agravio enviarlos a una granja cárcel en vez de enviarlos a una prisión del Estado español.

  13. Pedro Pablo Recasens LO
    Pedro Pablo Recasens LO Dice:

    Me parece indignante que algunos políticos se dediquen a estos asuntos en lugar de dedicar su tiempo y nuestros dinero en resolver los verdaderos problemas que hay en este país.
    Por cierto pueden decir a todos los agricultores que si tienen una plaga que ataque sus cosechas que deben aguantarse y arruinarse porque los pobres bichos (con perdón) tiene el derecho de alimentarse y ellos no pueden hacer nada por impedirlo.
    Por favor señores políticos un poco de seriedad

  14. Cristina
    Cristina Dice:

    Pues los distinguidos legisladores a ver cómo le explican a mi amigo Juantxu, ganadero en un precioso pueblo del norte de España, que sus 40 ó 50 vacas lecheras, que ha cuidado y atendido primorosamente durante días, noches y fiestas de guardar (y no guardar), la pintona, sinforosa, linda, rubia, tozuda, manchada… y la chenoa, que regaló a su nieta el día que hizo la primera comunión, no serán “sus” vacas, que no van a formar parte de sus “cuatro cosas pa mis hijos”, que cuando quiera cambiar el dyane 6 por una Renault cargo, es posible que no le sirvan como garantía del préstamo en el banco, y que como le vuelva a pasar lo de los ratoncillos, que se le metieron en el motor del tractor y se dedicaron toda una noche a roer los cables y tuvo que dar parte al seguro, que quizá tenga que contratar abogado y procurador frente a los defensores de los derechos de los pequeños roedores y arriesgarse a que encima le “condenen en costas”.
    Y es que igualar los derechos de los animales a los derechos humanos es buscar el lado oscuro de la ley.

  15. Zaratiegui
    Zaratiegui Dice:

    Ante la deriva de ciertos acontecimientos, en relación, sobre todo, con los animales, no podemos por menos que expresar nuestra perplejidad; sobre todo porque se está generando un problema allí donde no existe. Ya se trate de grandes simios o de pequeños crustáceos –que tanto da- intentar el reconocimiento de una cierta personalidad a los animales es, sencillamente, inconcebible.
    Quizá todo se debe al error, fundamentalmente de los legistas -que no suelen compartir los escasos juristas que van quedando-, de reducir todo a Derecho. Hay más vida detrás del ordenamiento. Es más, en casos como los presentes, incluso me atrevería a decir que la vida está, precisamente, detrás o más allá del ordenamiento.
    Me explicaré: el Derecho es pura convención. Por tanto –admito críticas, pero no puedo compartirlas- no es ciencia. Hay un momento en que alguien se acuesta siendo menor de edad y se levanta con plena capacidad jurídica. Es más, podría darse el caso de que, en un mismo instante, una persona cumpliera 21 años un día y otra 18 ¡y las dos alcanzaran la mayoría en el mismo momento! Eso ha podido darse en España. Lo sabemos muy bien. Es lo más científico que se me ocurre.
    ¿Por dónde van los tiros? Sencillamente por la personalidad. El Código civil asegura –insisto, aserto puramente convencional- que la personalidad comienza con el nacimiento (artículo 29). Aceptemos pulpo como animal de compañía… pero no. Hace ya muchos años que la Filosofía había resuelto, a través de la axiología, esa difícil cuestión: la personalidad comienza cuando se produce lo que se denomina el “negador lógico”, que, curiosamente, sólo puede darse en el hombre (utilizo un bonito epiceno, para evitar críticas desinformadas), y nunca en los animales.
    Si tratamos bien a un animal –por otra parte, lo que se espera de cualquier conducta ordenada- le estamos dispensando un trato “humano”; si, por el contrario, le hacemos objeto de malos tratos, nuestro trato es “inhumano”. ¿No son lo mismo?, ¿no son tan “humanos” la conducta responsable y la desordenada? ¿Por qué entonces esa adjetivación? Muy sencillo: porque el hombre –lo señala la axiología- tiende a los valores. Lo que se aparta de ellos nos resulta reprobable; pero no por ello dejamos en ocasiones de inclinarnos por una conducta torpe. ¡Estamos utilizando el negador lógico!
    Por tanto, buscar categorías intermedias, hacer subdivisiones a las divisiones categoriales, elucubrar acerca de un mayor o menor grado de especialización en las conductas –que yo dejo, sencillamente, para la etología- es, sencillamente, un disparate.
    Se es personas cuando se alcanza una posibilidad electiva, el negador lógico. Aceptamos –insisto que convencionalmente- el hecho del nacimiento. Pero esta “personalidad” no puede alargarse/ampliarse a otros seres vivos. Conjeturar y especular sobre ello, además de anticientífico, es, sencillamente, absurdo. El hecho de que un Parlamento, por ejemplo, pierda el tiempo en estas cuestiones sólo indica algo que, realmente, sí debiera preocuparnos: que estamos en presencia de necedades. ¿De qué nos extraña, entonces, que el Eurobarómetro coloque a los españoles en el último puesto del ránking (el número 28) de los países europeos, donde sus ciudadanos tienen menor confianza en el Gobierno y en las instituciones? Y es así: el 82% desconfía; un 10%, confía (siempre hay benditos de Dios); el resto… no sabe o no contesta. Y mientras… discutiendo las liebres si lo que se les avecina son galgos o podencos.

  16. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    La buena noticia es que en breve dispondremos de bancos genéticos cultivables para producir tejido de contra muslo de faisán –deshuesado– y hamburguesa de aguja de ternera gallega con su 50% de lomo porcino turolense –al 50/50– y desaparecerán los cada vez más evidentes problemas de conciencia.

    “Adiós, Cordera” es un precioso cuento del gran escritor Leopoldo Alas, “Clarín”, que debería estar en todos los hogares. D. Leopoldo pasa a la historia de la literatura universal por “La Regenta” pero “Adiós, Cordera” deja una huella imborrable en el corazón de los niños y de los mayores.

    Por otra parte, este Acto Reflejo Terminal (ART) de legislar sobre cada brizna de vida, –viniendo además de ateos nihilistas como realmente son–, es un estertor del ansia de dominación que invade la burocracia nunca electa que des-gobierna “Uropa”.

    La fábrica de derechos a subastar es infinita. Además lo hacen de forma que cada nuevo derecho es una obligación fiscal y penal para la gente normal. Es decir………………..”Compro votos y ya veré quién los paga”.
    Así nos va. Hasta que reviente el invento.
    Saludos

  17. CARMEN MUÑOZ GARCÍA
    CARMEN MUÑOZ GARCÍA Dice:

    Enhorabuena al Prof. Yzquierdo, que con el rigor y la ironía que le caracteriza, pone negro sobre blanco al traer a colación el despropósito de nuestros políticos. Y lo hace con un tema que ahora no toca.
    Gracias al autor que alerta, principalmente, de la necesaria reflexión crítica de quienes promueven este tipo de iniciativas. No es que haya o no que debatir, es que hay otras muchas cuestiones que debatir. No olvidemos, y es solo un ejemplo, que hay menores, muy menores, titulares de derechos, que podrían estar sufriendo en el momento presente abandono, malos tratos, falta de alimentos, y que decir, de la educación. Hay leyes, y proyectos y anteproyectos que siguen sin prever adecuadamente la protección a familias en exclusión social, o trabajadores en economía sumergida, o nuestros mayores que necesitan mejores atenciones, incluso desahuciados que podrían no haberlo sido.
    Con artículos como este, que alertan de las cuestiones que priorizan nuestros políticos, solo cabe preguntarnos si es esta la política que queremos!!!.

  18. Lucía de las Heras
    Lucía de las Heras Dice:

    Qué admirables las personas empáticas que se ponen en el lugar (en el cerebro) del ser que sufre. Si el dolor del toro lo sintieran materialmente en sus propias carnes los taurinos, no habría lidia. Como dice el haiku de Aitor Suárez: “Clava su lanza / el picador y sólo / le duele a uno”. Los vegetarianos quieren evitar el dolor evitable, el sufrimiento innecesario. Yo no soy vegana ni vegetariana, pero no dejo de admirarles.

  19. Blanca
    Blanca Dice:

    Excelente artículo, hay que llamar a las cosas por su nombre. Esperemos, que las reflexiones vertidas, sean al menos consideradas en el debate de la mencionada Proposición no de ley en cuestión y ayuden a poner a las cosas y a los “animales” en su sitio.

  20. Isabel Langa Guillén
    Isabel Langa Guillén Dice:

    Hay un espacio interdigital llamado lado oscuro, en el que un grupo de amigos de un antiguo colegio de Madrid, nos reunimos para comentar nuestras impresiones sobre diversos asuntos que nos interesan.
    Nos impactó la noticia de la reforma del Código Civil, fruto de una proposición no de ley, del grupo político ciudadanos.
    Surgieron diversos comentarios. Yo no pude dejar de pensar en la posibilidad que podría suponer para el animal, si pudiera disponer de un lenguaje adecuado, poder denunciar lo que podríamos entender como un chantaje emocional, cuando el ser humano revestido del poder que le otorga el hecho de tener acceso a diversos recursos, tanto mentales, como emocionales, instrumentales, etcétera, hace uso de premios y prebendas le hace otorgar al animal ventajas o beneficios arbitrarios. por el hecho de realizar los actos que el ser humano le solicita, otorgándole a cambio premios, que podrían consistir en cargos lucrativos que le exigieran poco compromiso y le permitieran vivir con holgura, incluso asignándole una renta vitalicia por los servicios prestados e incluso, cómo no, algún título nobiliario, que pudiera transmitir por herencia a sus descendientes.
    Tengo a los animales por seres maravillosos, pero no perdamos la cordura, cuidemos de ellos.

  21. Miguel Lacruz Mantecon
    Miguel Lacruz Mantecon Dice:

    Con retraso, Mariano, leo tu post, y me sigo asombrando de la estupidez humana. Pero ya estoy curado de espanto: intentando explicar a una alumna la equiparación entre una bicicleta y un perro como bienes patrimoniales, la alumna insistía en que el perro tenía “algo más”. Yo le expliqué que la única diferencia era que el perro le ponía ojitos, y la bici no (aparte de que si abandonas una bici, te da muchos menos problemas). Es cierto que cada día nacen nosecuantos tontos, pero también es cierto que cada día se denuncian nosecuantas tonterías. Como esta estupidez “ciudadana” (partido al que desdichadamente voto).

    Servus

    Miguel

Trackbacks y pingbacks

Los comentarios están desactivados.