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Necesaria nueva etapa democrática

(Reproducimos a continuación el artículo publicado por nuestra coeditora Elisa de la Nuez esta semana  en el diario El Mundo)

Hace algunos días se conmemoró con una ceremonia en el Congreso -no exenta de polémica por no ser invitado el Rey emérito- el aniversario de los 40 años de las primeras elecciones democráticas en nuestro país. Es indudable que España ha cambiado mucho desde el año 1977, e indudablemente el cambio ha sido para bien, como ponen de relieve todos los indicadores. Pero también parece indudable que esta etapa (que ha durado más que el franquismo incluso si contamos la Guerra Civil) está tocando a su fin. Entre otras razones por las estrictamente generacionales. En 1977 una buena parte de la población española había nacido antes de la contienda civil. Muchos podían recordarla. Lo mismo cabe decir de la posguerra. Lógicamente, y pese a la prolongación de la vida, son muy pocos los que a día de hoy pueden recordar una y otra. Y son muy mayores.

Por el contrario, la mayoría de la población adulta y joven de hoy eran niños o no habían nacido cuando empezó la Transición. Por edad, les corresponde ser los protagonistas de una nueva etapa. La aparición de los nuevos partidos en el escenario político español tiene mucho que ver con ellos. En todo caso, es poco probable que desaparezcan, como les gustaría a sus competidores, los partidos nacidos en la Transición.

A partir de esta realidad, la sociedad española tiene pendiente una tarea tan elemental como es situar a la Transición (y a la Guerra Civil) en el lugar que le corresponde, que no es otro que el de la Historia. Esta tarea es difícil -por no decir imposible- para los que la protagonizaron, especialmente si (como es el caso de muchos políticos, empresarios y líderes de opinión) siguen todavía en activo, empezando por el presidente del Gobierno. La proximidad emocional y biográfica inevitable con los acontecimientos de la Transición, vivida en su etapa de plenitud física e intelectual, les impide realizar un análisis de este tipo. También está en la raíz de una resistencia frente a cambios que, también inevitablemente, dejarán a muchos protagonistas de hoy fuera del escenario. Se trata sobre todo de hombres nacidos en las décadas de 1930 1940 y 1950 del siglo pasado que -lo que es muy humano- no quieren ceder el testigo a las siguientes generaciones, recelando de que pretendan acabar con lo que ellos consideran su gran legado.

Por eso es conveniente que tanto la labor de dejar atrás la Transición definitivamente como una etapa ya superada se realice por las generaciones que eran demasiado jóvenes para haber intervenido activamente en el proceso de desmantelamiento de la dictadura (básicamente los baby boomers españoles nacidos a partir de los años 60) y, por supuesto, para las que nacieron ya en democracia. Dado que formo parte de la primera y puedo recordar perfectamente lo que ocurrió -incluidos episodios tan traumáticos como el de la matanza de Atocha o el 23-F-, pero no tengo lazos afectivos o biográficos con los acontecimientos de entonces, me atreveré a realizar una valoración de la Transición que pienso que compartirán la mayoría de los españoles de mi edad, aunque probablemente bastante menos los más jóvenes que sólo los conocen por las historias de sus padres o sus abuelos.

A mi juicio, aquella etapa histórica tuvo éxito porque supuso una movilización colectiva de las entonces generaciones centrales de españoles, los adultos y los jóvenes nacidos después de la Guerra Civil. Lo que pretendían era una homologación no sólo política sino también económica y social con los países más avanzados de nuestro entorno, simbolizados por la Comunidad Económica Europea de aquellos años. Se llevó a cabo muy rápidamente lo que probablemente era inevitable dadas las circunstancias y, quizá por esa misma razón, algunos cimientos se pusieron demasiado deprisa y no resultaron muy sólidos. Es el caso de unas instituciones, diseñadas adecuadamente pero tempranamente colonizadas por unos partidos políticos demasiado fuertes y diseñados de arriba-abajo, de una economía que -carente de algunas fortalezas básicas- se apoyaba de manera muy relevante en sectores poco productivos o en un capitalismo que, desarrollado durante la dictadura franquista, tendía casi por defecto al clientelismo y a la connivencia entre lo público y lo privado. Lo mismo cabe decir de unas Administraciones y de un sector público (particularmente en el nivel autonómico y local) desarrollados con bastante improvisación y, en demasiadas ocasiones, sin excesiva consideración por los principios constitucionales de mérito y capacidad.

En fin, muchas debilidades que entonces no lo eran tanto -como ocurre con una casa nueva cuyos defectos de construcción no son visibles hasta que van pasando los años- pero que, en cualquier caso, no empañan el éxito notable de haber pasado de una dictadura a una democracia en un tiempo récord, sin violencia y con el consenso de una inmensa mayoría de los españoles que demostraron estar a la altura de un reto histórico que exigía dar un salto institucional y político casi en el vacío. Pero es una etapa concluida. Simbólicamente, podemos considerar que se cerró con la abdicación del Rey Juan Carlos I, uno de sus principales protagonistas y responsable -como maestro de obras- tanto del éxito de la construcción como de algunas de las goteras.

La nueva etapa política que se ha abierto en el año 2015 tiene que ser muy distinta, por la sencilla razón de que España y los españoles somos muy distintos. No sabemos qué valoración les merecerá a los españoles que hoy son muy jóvenes o todavía no han nacido. Probablemente, la harán con tanta distancia y tanta frialdad como la que hoy nos reprochan las generaciones que hicieron la Transición. En todo caso, lo que nos toca ahora es realizar los cambios institucionales, económicos y políticos que son necesarios para colocar a España entre las naciones más avanzadas del mundo. Si hace 40 años el objetivo era la Comunidad Económica Europea, ahora el objetivo es llegar a ser Dinamarca, por usar una expresión que se ha hecho famosa en la literatura institucionalista sobre el buen gobierno.

Y no parece que vaya a ser fácil. Por eso sorprende tanto la falta de debate público sobre las grandes cuestiones que están transformando radicalmente nuestra economía y nuestra sociedad y, por tanto, nuestra democracia. Cierto es que el que el partido en el Gobierno no haya acometido aún su siempre pospuesta regeneración interna y generacional -más allá de unos cuantos ajustes cosméticos- no ayuda mucho. Tampoco ayuda la debilidad general de nuestras instituciones, ni la gerontocracia todavía imperante en muchas empresas, ni la falta de meritocracia. Pero también deberíamos asumir alguna responsabilidad como ciudadanos por seguir fascinados por discusiones ideologizadas, fútiles y sobre todo cortoplacistas. Quizá porque el enfrentarse con problemas como la pérdida de la importancia del trabajo frente al capital, la precarización laboral, la concentración del poder económico en pocas y grandes multinacionales, las consecuencias de la robotización y la inteligencia artificial, los retos que plantea la prolongación de la vida, la concentración de la población en las ciudades o la creciente brecha generacional entre unos ancianos muy longevos que quieren conservar su forma de vida y unos jóvenes muy conscientes de que se les niega el acceso a las ventajas de que disfrutan sus mayores requiere un esfuerzo colectivo y generacional similar al que exigió la Transición hace 40 años. Pero no deja de ser una tarea apasionante.

10 comentarios
  1. G.P.
    G.P. Dice:

    Como se pudo comprobar tras el hundimiento de la Unión Soviética, y por tanto de la caída de los regímenes comunistas de sus países “satélites” europeos, cuando no hay posibilidad de seguir con el régimen caído lo más fácil es organizar una democracia más o menos estándar. Y en España, muerto Franco, no había posibilidad real de continuar con el anterior régimen: era un sistema puramente personalista. Portugal y Grecia ya habían hecho su transición unos pocos años antes y todo el mundo occidental esperaba que lo hiciera el último que quedaba por hacerlo en Occidente: España. Se hizo lo fácil. Lo difícil hubiera sido hacer otra cosa.

    ¿Se hizo bien o con buena intención? No. Fue un verdadero compadreo entre, por un lado políticos representantes de la oligarquía económica repartiéndose el pastel España de forma que todos tuvieran un equitativo trozo en el que mangonear, y por otro lado unos medios con una caterva de seudo-periodistas-protagonistas manipulando la opinión pública desde su atalaya de “testigos del la Historia”, y que en realidad estaban al servicio de los partidos. El resultado son 40 años “democráticos” de desastre económico (siempre con el doble o el triple de desempleo que Europa y con una minoría empobrecida de escaso consumo ya acostumbrada desde antes e vivir abandonada a su suerte), corrupción generalizada convenientemente tapada por los medios excepto en periodos electorales por intereses partidistas, y un sistema político constitucional partitocrático bien protegido ante la posibilidad de que los ciudadanos puedan cambiar algo. Todo atado y bien atado, pero no por Franco personalmente, sino por el poder económico producto del capitalismo de amiguetes característico del franquismo y que gracias a la “ejemplar transición” se perpetua sine die.

    No hay posibilidad real de cambio. El sistema está blindado contra los ciudadanos, que se limitan a soltar en una caja una papeleta, con una lista elaborada en un partido, cada cuatro años y los partidos nuevos son solo clones de los viejos con las mismas viejas promesas (decimonónicas) de regeneración.

  2. Teilhard
    Teilhard Dice:

    Un artículo medido pero valiente. Para una versión más decidida de esos mismos argumentos habría que acudir a García-Trevijano, pero precisamente por ello resulta proscrito de los medios de comunicación. En todo caso, como dijo el famoso filosofo de antecedentes burgaleses, “no hay mejor amistad como la de aquellos que se esfuerzan por buscar la verdad”.

    Este pais, “atado y bien atado” es ordeñado sistemáticamente con una visión cortoplazista, por esas oligarquías a las que se refiere el artículo. El resultado es una suerte de impotencia colectiva. Se nos consuela y riega con toda suerte de pequeñas libertades individuales y derechos subjetivos, sin embargo se nos niega la “libertad colectiva” que es la única libertad constituyente.

    Esta incongruencia genética es la que permite que se hable de ejemplaridad publica desde foros poco ejemplares y se silencie o ignore a aquellos que son reconocidos como ejemplo de ejemplaridad, como el referido filosofo de origen burgalés

  3. G.P.
    G.P. Dice:

    “Si hace 40 años el objetivo era la Comunidad Económica Europea, ahora el objetivo es llegar a ser Dinamarca”

    Pero si era lo mismo…

    A ver, tampoco quiero se negativo con la gloriosa europeización de España. No se puede negar que desde la entrada en Europa este es otro país. Nuestra economía ya no tiene nada que con lo de antes. Nada.

    Por ejemplo, antes España era un país con una exportación basada principalmente en la agricultura, la ganadería, en cambio ahora…

    Bueno, desde luego antes de entrar en Europa no se puede negar que este era un país de turismo barato, un país de camareros, en cambio aho…

    Vale. Pero a ver quién me niega que antes este era un país con una oligarquía económica y política corrupta, en cambio desde que entramos en…

    Pero eso sí: antes este era un país de emigrantes sin futuro en su tierra, en cambio ahora nuestros jóvenes mejor prepara…

    Ya sé en lo que están pensando: las infraestructuras. Eso sí: campeones. España, como país sin vías fluviales para transporte de mercancías, necesitaba como el respirar una buena red de ferrocarril de mercancías y poder exportar eficientemente sus productos, y gracias a Europa, gracias a los fondos de cohesión, ahí tenemos el AVE que…

    Bueno, pero también tenemos autovías por “tos laos”, donde pueden ir cómodamente nuestros camiones, camiones que, de todos los sistemas de transporte, son los menos eficien…

    El Euro. ¿Quién puede negar que gracias al euro, una moneda fuerte (nada que ver con la birriosa pesetilla), ya no vamos a sufrir esas cíclicas crisis de deuda que han lastrado nuestra econo…

    Bueno, vale de tonterías. Todos los países tienen problemas. Pero gracias a ser europeos todos los compartimos, por eso todos tenemos los mismos, y todos sufrimos lo mismo: Portugal, Grecia, Alema…

    Sí, sí, haber hay de todo, pero la Unión Europea es tan positiva que no hay en ningún país movimientos sociales importantes para salir de ella. Bueno excepto en GB. Y en Francia, sí. Vale, y en Holanda. Y en algún país nórdico, también… Y en… Da igual: son países de pacotilla. De chichinabo. Los países importantes quieren entrar, y están pidiéndolo a gritos: Montenegro, Serbia, Croacia, Albania, Macedonia, Bosnia y Herzegovina…

    No, no me he vuelto loco. Lo sé. Fuera de la Unión hace mucho frío. Pero mucho. Como en Noruega, o Suiza, mismamente…

    Felices vacaciones.

  4. O,farrill
    O,farrill Dice:

    Quiero pensar en que no hay una brecha generacional entre quienes vivieron la etapa de la transición política (con minúsculas para no hacer de ella un dogma) y los que pretenden desconocer e ignorar la Historia de España (esto sí, con mayúsculas). Lo inteligente es contar con la experiencia y con el conocimiento desinteresado de unos y el activismo (muy interesado a veces) de otros. Cada uno tiene un papel que cumplir. Para ello hay que desmitificar conceptos e imaginarios sociales extendidos por los muy interesados medios de comunicación. Romper clichés estereotipados y enfrentarse sin miedo con nuestras propias realidades. El cambio ya está aquí y ha venido para quedarse. La cuestión es quienes pueden pilotarlo. Unos no conocen la ruta pero tienen fuerzas y energía y otros en cambio conocen cada grano de arena del desierto a pesar de que sus fuerzas ya no sean las mismas. Sabiduría y energía van a requerir unos retos que pueden dejarnos enterrados en tormentas de arena (crisis) aún peores que las conocidas y para las que están desarmados la mayor parte de los ciudadanos.
    Hay Derecho puede ser el crisol dónde fundir nuevos proyectos surgidos del debate entre sus magníficos colaboradores. No hay que desperdiciar la ocasión. Un saludo.

  5. misael
    misael Dice:

    “indudablemente el cambio ha sido para bien, como ponen de relieve todos los indicadores”

    Cuando Doña Elisa habla de indicadores, entiendo que se refiere a indicadores tasados, es decir, aquellos de los que se tienen cifras. Nada tienen que ver con la visión subjetiva de cada cual sobre asuntos como la moralidad, la educación, el orden social.

    Bien, pues entonces vayamos a los indicadores que menciona De la Nuez. Algunos de ellos y que claramente han sufrido una desmejoría:

    Número de matrimonios: El matrimonio en sí mismo es un bien.
    Número de abortos. Aproximadamente dos millones de españoles no nacidos han sido exterminados antes de ver la luz.
    Número de robos contra la propiedad privada.
    Número de mayores que sufren abandono.
    Número de familias desestructuradas.
    Número de jóvenes que caen en ludopatías y otras “patías”
    Número de españoles que se sienten españoles y se reivindican como tal.
    Importe del presupuesto que se desviaron hacia manos particulares o de partidos políticos.

    ¿ Sigo ?

    Que hay avance tecnológico: nadie lo duda. Pero el avance tecnológico no debe impedir ver la realidad, y la realidad es que el país está en franca decadencia moral, institucional, territorial e incluso económica. Los casi dos billones de Euros que debe España, sumando deuda pública y privada, son una espada de Damocles que se cierne sobre la nación. Crecemos sí, pero con mucha deuda a cambio.

  6. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Doña Elisa termina su artículo quejándose de la falta de debate público sobre las grandes cuestiones.

    Algún ilustre comentarista le recuerda que estas cuestiones no pueden ser abordadas desde los medios sistémicos. Doy por sentado que Dña. Elisa es consciente de ello ya que escribe en uno de ellos y lo hace hasta donde le parece posible.

    Sin embargo el debate en profundidad se está produciendo. En muchos foros y en muchas instituciones. En este mismo hilo ha habido comentarios muy clarificadores de la gigantesca brecha.También en instituciones académicas ha comenzado. (Nota 1)

    Lo hace de forma soterrada y, cuando publica, se hace para pequeñas audiencias pero cualquiera que tenga su estetoscopio pegado al sistema circulatorio de la sociedad sabe que “el actual sistema de Poder y sus ideologías de apoyo” están muy tocadas por mucho que el poder siga regándolas generosamente a cuenta del presupuesto.

    Esta enfermedad es acentuadísima en la UE y, dentro de ella, en nuestras “estaciones de destino”. de diseño…………..las Dinamarcas del imaginario progre.
    Dinamarca está fuera del Euro, by the way, y así se puede mantener pero cada vez menos. Dentro del Euro su modelo, como el Sueco, serían imposibles desde hace mucho.

    Cuando un sistema, –una familia, una empresa, un partido, una cultura, una …lo que sea–, deja de verse en el espejo como realmente es y se niega a mover un dedo para corregirse…………..ha comenzado su putrefacción. La vida es implacable y usa hasta los cadáveres para reconstruirse.

    Este fenómeno, en perspectivas históricas de larga perspectiva, lo predijo a mediados del siglo XX un historiador hoy casi desconocido…………….Arnold Toynbee.

    Con gente como él la regeneración era posible desde dentro. Hoy es difícil hasta encontrar su obra en español. Desde luego olvídense del circuito de primera mano. El viejo truco editorial que tan bien domina nuestro sistema cultural. “Publico un poquito, y se acabó”

    Saludos cordiales.

    Nota 1. Este verano Tirant Lo Blanch ha publicado una obra colectiva que desde el corazón del sistema trata de hacer un diagnóstico honesto de la situación.
    “España, democracia y futuro”. Vale la pena.
    https://www.casadellibro.com/libro-espana-democracia-y-futuro/9788491690627/5497576

    • teihard
      teihard Dice:

      Un sistema por su naturaleza jamás “deja de verse en el espejo como realmente es y se niega a mover un dedo para corregirse”. Los sistemas mientras lo son presentan tres curiosidades: (i) doble contingencia (ii) clausura operativa (iii) acoplamiento estructural. Por eso un sistema siempre esta en permanente “autocorreccion” en tiempo real. Y por la clausura operativa todo sistema siempre se ve desde dentro, porque es su única fuente de conocimiento. El resto es una “Black box” a la que trata de acoplarse según el procedimiento de prueba y error. No nos otorguemos facultades que no tenemos. Saludos

  7. María
    María Dice:

    ¡Bien dicho, Elisa, brava! Completamente de acuerdo. Hace falta que nuestros políticos sean buenos. Si son malos, de nada servirá reforma o texto alguno. Y ellos también son humanos. Tenemos que hacer pedagogía, educarlos. Como nuestros mejores escritores del siglo de oro hicieron con los reyes in pectore: escribamos espejos de príncipes en que tengan a bien verse reflejados. ¡Obliguémosles mediante la elocuencia, nuestra única arma! ¡Seduzcámoslos! ¡Que se animen a ser justos y benéficos por su propio pie, arrobados por el espíritu regeneracionista que recorrerá (¿o ya recorre?) toda España, como ya lo hizo otrora con notable éxito (1898, generación inolvidable)! Este artículo, publicado además en la prensa de tirada nacional, marcará un antes y un después por su valentía: se abre una nueva etapa que cerrará la anterior, ya superada y por enterrar, agradeciéndole los servicios prestados, eso sí, no como hacen ahora esos desconsiderados con nuestro emblemático Rey emérito. Y alguien se ha atrevido a decirlo, viéndolo antes que nadie, y nada menos que en el diario «El Mundo», con empaque y para mayor circulación. Quedará constancia, y este blog volverá a ser lo que siempre fue, punta de lanza en defensa del Estado de Derecho, que lo hay, pues su título ya no se ve emborronado por la dubitativa interrogación, como antaño. Afirma, asertivo, de manera enérgica, como usted misma en su editorial.

    Como dijo Albert[o] Rivera (nacido en 1979, y, a pesar de su espléndida juventud, tan lleno de sensatez), que gobiernen los nacidos después de la Constitución. Sentencia que recuerda a la reflexión de otro gran pensador y utopista ejemplar, Saint-Simon, ¡que gobiernen los niños, ya que los viejos (en su senectud, de donde deriva la palabra «Senado», por cierto) nos han fallado! Muy atinada también, doña Elisa, su observación de que los españoles vivos ya no recuerdan la Transición (a mí también me gusta escribirlo con mayúscula inicial, como muestra de respeto, que no de miedo reverencial), el momento de redacción del texto constitucional, que les es ajeno, unos por no haber nacido y otros por ser muy jóvenes en el momento de su aprobación. Falta memoria histórica y personal; la imprescindible pedagogía, gran señora, hace su galante entrada de nuevo. Estamos condenados a ser profesores de lo cotidiano. No hagamos como los petrificados estadounidenses con su independencia siempreviva (evergreen), tan sempiterna como obsoleta, pues su Constitución data, creo, de 1787, lo que le ha ocasionado a los Estados Unidos no pocos problemas, que a la vista de todos está lo que son como nación desde su fundación.

    Hace falta una nueva democracia. La que tenemos es vieja, ya tiene casi cuarenta años, se le ha pasado el arroz, por decirlo jocosamente. Aunque en el prefacio de la Constitución, escrito, si no me equivoco, por Tierno Galván, se jacte de ser «avanzada». Lo fue en su tiempo. Ahora hace falta una vanguardista, de diseño, 2.0 (si se me permite la broma frívola en materia tan seria), acorde con los tiempos del Interné y de la cuarta revolución industrial. ¿Cómo puede un texto que se tiene por moderno no aludir, por ejemplo, a la globalización, los derechos fundamentales digitales (de cuarta generación, y contando), o a los hoy ubicuos smartphones? ¿No han transformado dichos fenómenos las bases mismas del Derecho constitucional vivido?

    Las personas comunes no queremos oír ya más pamemas academicistas. Siempre que alguien escribe un artículo sobre la actualidad española acaba hablando del dichoso Montesquieu y de su etérea y utópica separación de poderes, en boca de todos e imposible de asir, o de no se qué rollo de las listas de partidos y de cómo, de algún mágico modo, no hay representación política y todos estamos engañados. Es casi ofensivo. No se entiende nada, son paparruchas. ¿Y a mí qué me importa?, ¿acaso tales cosas se comen? Centrémonos en lo importante. A mi personalmente, sin saber nada de Derecho, me gusta más la opinión de un tal Peter Häberle, un profesor alemán (y europeísta hasta las trancas, por lo que vagamente recuerdo de su texto) que leí una vez en prensa. A pesar de ser, al parecer, un reputado académico, es humilde como pocos lo son: dijo que para saber Derecho constitucional había que leer muchos comentarios en Interné. Tiene razón, siempre hay que estar atento a la realidad social, que cambia a la velocidad del rayo y más en estos tiempos crecientemente acelerados y desnortados en que vivimos. Nada de torres de marfil. Es necesario estar al cabo de la actualidad. El hecho va por delante de la norma. El hecho es por naturaleza y anterior a la norma. La norma ha de seguir a la realidad social como la sombra al cuerpo. Nuestros padres vivieron de una sombra. Nosotros, de la sombra de una sombra. ¿De qué vivirán nuestros hijos?

    Hay que hacer una nueva Constitución. Tan nueva como la nueva democracia que se pretende. Un hombre nuevo con un traje también nuevo, resplandeciente y de relumbrón a ser posible. Incluso postinero, qué se entere todo el mundo de que España hoya con pie firme una nueva etapa de su Historia. Con los principios actualizados, de nuevo cuño y recién pulidos teniendo en cuenta lo antes dicho y alguna cosa más que, con seguridad, se habrá quedado en el tintero. Si los políticos son malos, se les abuchea y se les echa. Si son buenos, no. Basta de tecnicismos volcados sobre sí mismos, alambicados como serpientes. Y otra cosa más. Hagámonos protestantes, calvinistas para más señas, como usted nos propone. Dinamarca debe ser nuestro modelo, sazonado con una pizca de Alemania y de Suiza. Y de Finlandia en la educación, claro. La ética protestante debe atravesarnos, y así todo funcionará como debe. Abandonemos nuestro feroz y cínico catolicismo, sacudámonos su sucio olor, que ya nos lleva embadurnando durante siglos, causa del atraso secular de nuestro desdichado país. Valiente, otra vez, por decirlo ante todo el mundo, aunque suene como una enormidad y nadie quiera pensar en ello.

    La felicitó sinceramente, Elisa, por su gran exposición, sintética y amena mirada que aglutina muchos elementos y perspectivas útiles para pensar nuestro presente, verdadera encrucijada. Se nota que no se conforma sólo con ser una gran jurista, como prueba su condición de Abogada del Estado, sino que complementa dicha faceta con otra, que a la verdad es la principal, de ciudadana preocupada, consciente de los duros momentos por los que atraviesa España. Es una articulista fantástica. Gracias de corazón por sus aportaciones, cercanas, entendibles y asequibles a todo el mundo, incluso para su más modesto servidor, que, desde hoy, es también su admirador.

    Saludos cordiales.

  8. pedro
    pedro Dice:

    Las transiciones, como su nombre indica, implican un cambio de régimen y de legalidad. En el articulo no se habla de cual es este nuevo régimen por el que hay que sustituir al antiguo.

    Ademas. antes de que ha alguien se le ocurra ponerse a desconectar “marca pasos” … decir que los abuelos y abuelas no son los culpables de que los jóvenes no encontréis trabajo. El culpable, aunque no lo creais, es el liberalismo.

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