Por qué se corrompen los políticos -y los ciudadanos- y cómo evitarlo (Teoría de la Regeneración Práctica)

En este blog nos hemos dedicado ampliamente a hablar acerca de la corrupción política, de los conflictos de intereses y, en general, de las ineficiencias de los sucesivos gobiernos. Y, como en el chiste del vasco que va a misa y le preguntan qué ha dicho el cura, básicamente para oponernos y luchar contra ello.

Pero quizá convendría profundizar en el cómo. Digamos que de lo que se trata es averiguar por qué quienes tienen la responsabilidad de gobernarnos a veces mienten, roban, engañan o actúan en su propio beneficio contra el interés de las personas a quienes representan y del país en general y cómo evitarlo. Por simplificar, cabe decir que en este blog manejamos, en general, una visión institucionalista de la realidad política, lo que significa que entendemos que el comportamiento político viene determinado por las instituciones (entendidas en sentido amplio como toda norma o escrita o no escrita) y que por tanto el buen funcionamiento de éstas es esencial para el progreso de los países.

Por supuesto, no es la única forma de abordar la realidad política. Existen enfoques conductistas, que ponen el énfasis en la conducta  individual de las personas y grupos, con origen en la piscología y en la sociología. También es muy importante el de la elección racional o teoría económica de la política, que crea un modelo de comportamiento político basado en la racionalidad económica, entendiendo que toda acción humana está orientada a la maximización de algún tipo de interés asociado al bienestar personal, lo que significa que el comportamiento político debe estudiarse sobre la base de los intereses y motivaciones personales.

Quizá en algún momento sería interesante profundizar en sus diferencias e importancias relativas. Baste decir ahora que obviamente todos los enfoques tienen algo de razón, que en unos casos unos son más adecuados que otros, y que pueden ser complementarios. Obviamente, nosotros, como juristas que somos, ponemos el foco en lo que conocemos, la norma, pero no excluimos los demás.

Por eso tengo el gusto de presentar hoy una lectura que es muy ilustrativa de por qué y cómo la gente miente y de cómo ello puede afectar a la conducta política. Se trata de “The (honest) truth about dishonesty”, de Dan Ariely que tuve ocasión de traerme de USA. Ariely, catedrático de psicología y economía conductual en Duke, usa, obviamente un enfoque conductista para hablar de la honradez en general, pero obtiene conclusiones que no desmerecen para nada, como veremos, la visión institucional.

Lo primero que hace el autor es criticar el análisis económico de Gary Becker. Este autor hizo un análisis racional de la situación y creó el modelo SMORC (SIMPLE MODEL OF RATIONAL CRIME), que entiende que las decisiones sobre honradez están basadas siempre en un análisis coste-beneficio. El propósito del libro de Ariely precisamente  demostrar que este análisis muchas veces no funciona y que a menudo hay fuerzas irracionales que pensamos que no importan pero que son esenciales, por lo cual se propone explorar las fuerzas que nos inclinan a hacer trampas y las que nos mantienen honrados.

El autor ha hecho muchísimos experimentos para comprobar diversos extremos. Fundamentalmente se apoyaba en un test matemático que consiste  en 20 matrices que el sujeto ha de resolver (buscar dos números que sumados daban más de diez) con la mayor rapidez. En su resolución se formaban dos grupos: uno al que se le corrige presencialmente la prueba y otro al que se le dice que lo corrija él mismo y lo destruya en la trituradora a continuación. Se les pagaba 50 céntimos por cada respuesta correcta. Pues bien: estadísticamente, la gente “acertaba más” en el tipo “trituradora”, 6-7 de 20 frente a los 4 de 20 de los que eran supervisados.

La prueba se modificó incluyendo sucesivamente otras variables: ofreciendo más dinero, facilitando la posibilidad de ser cogido, con un supervisor ciego….en todos los supuestos el resultado era el mismo.

La conclusión que saca Ariely es importante: nuestro sentido de la moralidad está conectado con la cantidad de engaño con el que nos sentimos cómodos. Esencialmente, engañamos hasta el nivel que nos permite mantener la imagen de razonablemente honrados que tenemos de nosotros mismos. Parece claro, dice, que aquí hay más algo más complejo que el modelo SMORC (coste-beneficio) de los economistas,  dado que el nivel de engaño no depende de la cantidad de dinero que esperamos ganar ni de la posibilidad de ser descubierto.

Por ello, la tesis central del libro es que nuestra conducta está dirigida por dos motivaciones opuestas. De un lado, queremos vernos a nosotros mismos como personas honradas y honorables, mirarnos al espejo y sentirnos bien (sicológicamente, ego motivation). De otro, queremos los beneficios de engañar y obtener tanto dinero como sea posible. Pero estas dos motivaciones están claramente en conflicto, ¿cómo podemos conseguir las dos cosas? Aquí es donde nuestra asombrosa flexibilidad cognitiva entra en juego: cuando solo engañamos un poco, podemos beneficiarnos de engañar y aun vernos como maravillosos seres humanos. Este equilibrado acto es el proceso de racionalización y la base de lo que llama “fudge factor theory” (el elemento trampa, o elemento compensatorio introducido ad hoc en un modelo para hacer que encaje en nuestras expectativas). Piense usted en esas pequeñas defraudaciones fiscales, en esas trampitas en los negocios que justificamos por la mayor corrupción de los políticos o por cualquier otra cosita.

Pero hay más. Ariely hace a continuación otro experimento: en vez de usar dinero, usa fichas que luego se cambiaban por dinero. Pues bien, sorprendentemente se engañaba casi el doble. Eso significa que si incrementamos la distancia sicológica entre el acto deshonesto y sus consecuencias, es decir, el dinero contante y sonante, el fudge factor se incrementa y los participantes engañan más. Y es muy preocupante esto en una sociedad que cada vez es más cash less: parece que es menos grave robar un número de tarjeta de crédito que quitarte el dinero directamente de la cartera, porque lo digital te separa de la realidad de nuestras acciones en cierto grado. Igualmente aplicable a profesionales y entidades que cargan abusivamente sus facturas en pequeñas cantidades durante años y no se sienten culpables.

Pero hay soluciones. Ariely constata, con un nuevo experimento de sus matrices, que simplemente recordando oportunamente los estándares morales se mejora la conducta moral: a la mitad de los voluntarios se les hace recitar los mandamientos de la ley de Dios antes y a la otra mitad no. Los primeros no engañaron nada y los segundos lo de siempre. Lo mismo si se hace invocando un supuesto “códigos de honor” en la universidad (donde se efectúa el experimento) ya sea cierta la existencia del código (Princeton) o no lo sea (Yale). Por tanto, quizá hacer seminarios o cursos de moralidad o Responsabilidad Social Corporativa no es útil, pero a lo mejor hacer presente los principios éticos en el momento oportuno sí lo sea.

El libro es pródigo en experimentos y consideraciones, pero sólo quiero resaltar algunas más:

-La inmoralidad es contagiosa: El autor repitió su experimento introduciendo modalidades. La primera, CONTROL supone que hay supervisión y no hay engaño. En la modalidad DESTRUCCION (shredder) es la que admite el engaño, como al principio, y se resuelven 7 de 20.  En la que llama MADOFF hay un participante -un actor- que obviamente está mintiendo porque termina en un minuto y se lleva todo el dinero a la vista de todos: en este caso se “resuelven” 15 de 20. En el sistema de PREGUNTA, en el que el mismo actor sólo pregunta al supervisor si puede decir que lo ha resuelto todo con el dinero e irse y le dicen que puede hacer lo que quiera, sólo 10/20. En el sistema del OUTSIDER, en el que el que se va rápidamente es un miembro de la universidad rival, solo 9, el que menos.

En resumen, concluye que el ejemplo es muy importante (MADOFF); que no engañamos tanto si nos hacen conscientes de la posibilidad (QUESTION) y que se engaña menos si el ejemplo no es de nuestro grupo (OUTSIDER). Por cierto, es interesante el dato que aunque hubo algún desalmado que mintió a tope, lo que Ariely tuvo que pagar por las muchas pequeñas mentiras fue muy superior.

Unas infracciones conducen a otras: Ariely realiza un experimento con un grupo de personas a quienes se les proporcionan gafas de marca falsificadas y a otros grupo  verdaderas. Pues bien, los resultados muestran que el engaño es mayor en los que llevan gafas falsas; todavía más, se engañan más incluso cuando es clarísimo el engaño, y no sólo cuando era dudoso. Y más: hay un punto concreto en el que se pasa de un punto equilibrado entre un cierto engaño y la creencia de que somos honestos a engañar en cualquier oportunidad que se tenga. Este patrón de conducta es el que llama “qué demonios” (aquí diríamos “de perdidos al río”), que se da cuando se supera el “límite moral”. Ello significa que no hay que despreciar las pequeñas inmoralidades porque éstas inconscientemente nos llevan a otras y que a veces estadísticamente muchas pequeñas son más dañosas que una sola corrupción grande.

No hay diferencias entre países: Es curioso observar que la mayoría de la gente piensa que en su país se miente más que en América, país del autor. Hizo unos experimentos en otros países, utilizando otras retribuciones equivalentes (hamburguesas o cervezas) para evitar el efecto de la moneda. El resultado fue muy interesante: el nivel de engaño era igual en todos los países. ¿Cómo podemos reconciliar este hecho con nuestra convicción personal de que hay diferencia entre los diversos países y con los diversos niveles de corrupción? Pues bien, los datos reflejan un aspecto real del engaño, pero las diferencias culturales también. Los experimento se hacía fuera de todo contexto cultural. En las actividades diarias estamos en un contexto cultural y la cosa es diferente. Por ejemplo, el plagio, en algunos países se toma como algo muy serio y en otros más bien como un póker entre estudiantes y la facultad, y lo malo no es eso, sino que te cojan.

 Conclusiones prácticas para un buen regeneracionista:

  • Los políticos roban, pero tú también un poquito, y encima ni te das cuenta.
  • Cuanto más de “guante blanco” sea el delito y más alejado este del daño o del dinero, menos culpable te sentirás. Es preciso insistir en las consecuencias de la inmoralidad.
  • No siempre aumentar la vigilancia, los castigos o la transparencia es efectivo: a veces recordatorios morales pueden hacer que la gente sea más honrada. Es preciso insistir en la educación moral y en la regeneración (que es lo que procuramos hacer en este blog). 
  • Los demás son –somos- esenciales en la definición de los límites de nuestra propia conducta. Si vemos a otros miembros de nuestro grupo social conduciéndose fuera de un nivel aceptable, es probable que recalibremos nuestro compás interno y adoptemos ese modo de conducta como modelo. Y más si es una figura de autoridad como un jefe, un padre, etc. Ahora bien, es preciso tener en cuenta que muchas veces perseguir un solo acto de Gran Corrupción –salvo el efecto ejemplificador- es menos efectivo que miles de pequeñas infracciones.
  • Las pequeñas inmoralidades son importantes porque determinan la forma en que una persona se ve a sí misma y sus acciones futuras, por lo que es importante cortar el número de actos singulares aparentemente inocuos.
  • Y, finalmente, hay que recordar que las instituciones son esenciales: al final en todos los sitios se engaña y lo que marca la diferencia es la cultura y las normas escritas o no que condicionan nuestra cultura, que, por tanto, son los mejores instrumentos para cambiar la racionalidad económica o la irracionalidad psicológica.

 

 

13 comentarios
  1. Fernando Jabonero
    Fernando Jabonero Dice:

    Hecho de menos un tópico relevante: la asumpción por los delincuentes de que existe una gran probabilidad de encontrar “comprensión” a sus felonías en las instituciones que son las encargadas de instruir, juzgar y ejecutar.

    Socialmente la corrupción se encuadra en el aparatdo “robar”. El concepto es mucho más amplio.

    Las conductas prevaricadoras son casi imposibles de concretar ante un juzgado cuando el T. Supremo le ha puesto tantos requisitos que suenan hasta a estrambóticos. UN Alcalde, por ejemplo, es casi imposible de ser condenado por el art. 404 cuando la experiencia dice que la mayoría ha puesto en vcalor en su ayuntamiento un estado de hecho por no decir de desecho.

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  2. M. Ayuso
    M. Ayuso Dice:

    Tiene un gran peligro adoptar, sin previo acicalamiento y traducción, conclusiones de la Sociología política estadounidense a Europa, dada la divergencia de ambos sistemas políticos. Estados Unidos y Europa son dos desconocidos. En Europa el problema reside en una simple cosa: no hay democracia, pues no hay ni representación política (en el sistema electora proporcional, de listas, el diputado, desconocido para el elector, sigue las órdenes de la cúpula de su partido, bajo pena de no ir más en la lista) ni separación de poderes (entre legislativo y ejecutivo, pues auque formalmente aquél elija éste, es el jefe del partido destinado a ocupar el ejecutivo el que previamente le ha puesto en las listas con tal fin; los diputados votan siempre en bloque según órdenes del ejecutivo).

    Todas esas palabritas inglesas tan monas que ha incluido usted en su post, tan apañado, son aplicables a Estados Unidos, una democracia que desconoce los problemas europeos. Si son importantes allí es porque su sistema político fundamentalmente funciona. Entre nosotros no, y preocuparse de ellos es frívolo o desnortado; cuando no cínico, si es que se es consciente de ello. Y, ciertamente, alcanzado cierto grado de ignorancia ésta se convierte en culpable. Dentro de nuestros sistemas políticos sovietizantes no hay solución. Meta todos los extranjerismos que quiera para explicárselo, pero serán puro voluntarismo, «wishful thinking», para que me entienda.

    ¡Viva el regeneracionismo! ¡Reforma antes que revolución! Como si el reformismo no hubiese sido permanente desde la Transición, a ritmo de setenta normas con rango de ley al año. Reformémos y regenerémonos. Pasmémonos ante la jerga pamémica americana. Sea.

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  3. M. Ayuso
    M. Ayuso Dice:

    En realidad es muy sencillo, seguro que en realidad lo entiende: la frase «¿Reforma o revolución?» proviene de un viejo pero siempre actual debate entre Rosa Luxemburgo y Lenin, frase que éste último convirtió en copulativa, sustituyendo la disyuntiva «o» por la «y». Quería él decir con ello que primero viene la reforma, pero sin renunciar a hacer la revolución, sirviendo aquélla para meter el pie en la puerta.

    Lenin fue un asesino, y su credo, el comunismo, una aberración imposible y aniquiladora de toda libertad; pero lenin fue también un ejemplar hombre de acción. Es esta última faceta la que me interesa. Lo que ustedes avalan aquí y en cada post suyo es la reforma, pero en un sentido contrario al de Lenin. Reforma, sí, pero para aquilatar al régimen oligárquico de partidos que padecemos. Unos retoques para adecentarlo, minucias. Sin destruirlo, todo lo escrito es, como ya le he dicho, «wishful thinking», y tendrá los mismos efectos que el regeneracionismo del 98, ninguno, un amargo llanto. Atrévanse a cuestionar los pilares mismos, si es que de verdad quieren contribuir a cambiar la vida pública española. No hay ni representación política ni separación de poderes, y lo que tenemos es un vástago pluralista del Estado de partido único. Cuatro, siete partidos, donde antes había uno sólo; dos sindicatos ocupando el sitio del único y vertical. Libertades, sí, pero individuales y de partidos; ausencia de la libertad colectiva que es la libertad política, la de poner, controlar y deponer a los gobernantes. Las listas de partidos y el régimen falsamente parlamentario (parlamento que podría suprimirse enteramente, por no tener ningún poder, por una reunión de jefes de partidos votan por cuotas, razón por la que los constitucionalistas alemanes fe fuste llaman al suyo «caja de resonancia», altavoz de decisiones tomadas fuera de él, en la sede de los partidos)

    Los post de este blog recuerdan continuamente a las opiniones de los arbitristas: cámbiese esto, cámbiese este otro detalle, citas de autores anglosajones inaplicables a tierras continentales. Y nunca se atacan los problemas de frente. De verdad que siento decir esto, porque sé que se esfuerzan y son sinceros, y el solo hecho de mantener este blog es ya un mérito enorme. Pero no teman al cambio de verdad, que implica organizar el poder enteramente de otro modo, y no bagatelas.

    Sinceramente, Miguel

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    • Ignacio Gomá Lanzón
      Ignacio Gomá Lanzón Dice:

      Gracias por reconocernos al menos el esfuerzo, señor Ayuso. Lo que creo entender, en este su más explícito comentario, es que usted considera que el sistema es insalvable y que más vale destruirlo que conservarlo. En definitiva, estamos hablando de la dialéctica sistema-antisistema. No le niego que su diagnóstico de la captura de las instituciones y la degeneración de la vida política y de la democracia tiene visos de verdad, y nosotros lo hemos dejado por escrito mil veces en este blog y en los dos libros que hemos publicado.
      Ahora bien, lo que nos diferencia a nosotros de los antisistema es que, aunque en ciertos diagnósticos podamos estar de acuerdo (no en todos, porque ya parten de un concepto de ley o democracia distinto-que no es democracia de verdad porque no hay democracia sin ley), es que sí creemos que el sistema constitucional que tenemos es mejor, para empezar, que todo lo que había hasta este momento (dato que es importante recordar) y, previsiblemente, va a ser mejor que cualquier otra alternativa de las que se nos presentan por las opciones antisistema. Y, como bien le apostillaba Rodrigo Tena, si a usted se le ocurre otra alternativa mejor que no implique revoluciones con masacres y encarcelamientos, le rogaría que nos la transmitiera.
      En todo caso, el propósito del post no era plantear esa disyuntiva sino más bien mostrar la complejidad de las motivaciones humanas y la necesidad de que en una buena regulación, que nosotros consideramos esencial para la mejora de los países, deben tenerse en cuenta también otras variables del comportamiento humano para se verdaderamente efectivas. Y eso, por cierto, nada tiene que ver con presuntas veleidades extranjerizantes o anglosajozinantes que nos achaca (y que he combatido en diversos posts), salvo que usted defienda que los anglosajones son genéticamente distintos.

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      • M. Ayuso
        M. Ayuso Dice:

        La crítica a los extranjerismos no es por casticismo. De hecho, el mejor sistema político del mundo es el de Estados Unidos, la única democracia que hay, aunque defectuosa. Le falta la doble vuelta para evitar la paradoja de Arrow, que su sistema del «first past the post» permite tanto en las presidenciales como en las legislativas. Como ve, no soy alérgico a los anglicismos cuando ha lugar para ellos.

        Su sistema político es lo que ha hecho grande a Estados Unidos. Ciudades de la América española que ya existían en el siglo XVI y eran ubérrimas palidecen hoy frente a las mucho más jóvenes de aquél país, que entonces eran meras aldeas o no existían. De hecho, creo que deberíamos tomarlo como modelo y adaptarlo a nuestras necesidades europeas: por ejemplo, no tiene sentido implantar entre nosotros el sistema de compromisarios, pensado para un país extenso y despoblado con pobres comunicaciones. Que el sistema electoral proporcional (de listas) no representa, sino que integra a las masas en el Estado, se sabe desde Gerhard Leibholz, defensor del Estado de Partidos y Presidente del TCFAlemán, que afirme sin sonrojo que existe en Alemania una democracia directa (no representativa, claro) mejor que soñó Rousseau en su Contrato social. El único representativo es el sistema electoral mayoritario uninominal. Hay que añadir el poder echar a los representantes inmediatamente, mediante una decisión de la oficina del distrito electoral, sin explicaciones (revocación), y el tener la posibilidad de anular lo hecho en exceso de mandato, como ocurre con la representación en Derecho privado. No vale con sólo no reelegirle (lo que bajo el Estado liberal se llamó cínicamente «reacción anticipada», cuando ni es reacción y además es diferida) hay que poder declarar nulo su voto por una votación de su distrito. En suma, hay que conseguir que el diputado se pasee por su distrito, y se sienta más cercano a su votante que al diputado del distrito de al lado, sea o no de su partido. Y todo por su propio interés.

        En cuanto a la separación de poderes, ésta no existe en un régimen parlamentario, pienso en Inglaterra, pues depende entonces el ejecutivo del legislativo, aunque hayan penetrado también allí elementos del Estado de partidos continental, y los laboristas voten también en bloque casi siempre. Pero mucho menos existe bajo el Estado de partidos, en el que el Parlamento no existe ni tiene ningún poder, sólo es parlamentarismo en sentido formal, como ya he dicho en otro comentario. Se impone la elección por separado del poder ejecutivo en la figura de un Presidente, elemento monárquico, que elija libremente a su Gobierno (y por esto en Francia tampoco hay democracia, porque el ejecutivo es bicéfalo y el Presidente necesita el apoyo del legislativo para designar al Primer Ministro, refrendo que promueve la reunión de los poderes en el partido, como vimos este verano con la reforma laboral por algo similar al Decreto-ley existente en Francia, cuya no convalidación implica la caída del Gobierno, cosa indeseable para los parlamentarios del mismo partido).

        En fin, lo que quería señalar es que si estas dos cosas, representación y separación de poderes, no están aseguradas en un régimen político, no cabe atender a otras cuestiones menores que sí merecen atención en Estados Unidos, por sí estarlo allí y poderse permitir el lujo de pensar en minucias. Ellos hablan mucho de Sociología política y de ciencia de la Administración porque, teniendo ya lo importante cubierto, atienden a cuestiones organizativas, psicológicas y de intendencia. A este género pertenecen las cuestiones que usted a tratado en el post, y que me han hecho enfurecer, al parecerme frívolas comparadas con nuestros problemas, y para más inri con nombres que parecen sacados de un libro de autoayuda.

        A eso se ha debido el tono agresivo; y al no querer escribir mucho y monopolizar los comentarios, lo críptico del comentario. Me disculpo por ello.

        Me despido. Sigan con su labor, que es heroica, especialmente al hacerlo a cara descubierta y con sus nombres, apellidos y profesiones a la vista. Por cierto, y no soy antisistema, como usted insinúa, si por tal se entiende anti-todo-sistema; pero sí que soy decididamente anti-este-sistema.

        Saludos

      • M. Ayuso
        M. Ayuso Dice:

        Creo que está implícito en mi comentario anterior, pero lo diré explícitamente en este nuevo comentario, por si acaso. Dadas las características de nuestra Constitución (ausencia de representación y separación de poderes, consagrando una oligarquía de partidos dentro del Estado; creación de un Estados de las Autonomías, para colocar a los segundones de los partidos en la pedrea de las taifas; imposición de un sistema de control de constitucionalidad concentrado de las leyes, en un TC sin medios materiales para atender todas la vulneraciones de derechos fundamentales; monopolio de los partidos en el recurso de inconstitucionalidad, laminación del control estatal (vía Secretarios Municipales) en los ayuntamientos, &tc.) afirmo que la corrupción que da título a su post proviene de ella.

        Que, como dice en su último párrafo, las instituciones políticas constituyen la clave a la hora de determinar la conducta de los ciudadanos, al servir como un sistema de incentivos, de premios y castigos a su comportamiento externo. «Cuius regio, eius religio», literalmente «de quién rige, la religión», y en mejor traducción, «los pueblos tiene la religión de sus reyes». «Como es arriba, es abajo. Como es abajo, es arriba» (Kybalión). ¿Qué va a ser el pueblo español, si ve que los que triunfan en la sociedad y la dirigen son corruptos? ¿Van a ser buenecitos, o querrán participar del pastel? ¿Por qué se ríen los niños del que estudia y se esfuerza, pero no del obsesinado con su aspecto o el que juega al fútbol a todas horas? ¿No será que no hay incentivos para hacer bien las cosas? ¿Qué van a ser los españoles si su rey es un putero comisionista; su presidente del Gobierno, un indigente mental incapaz de ejercer de orador; y, su presidente autonómico, un cernícalo aún más corrupto que el monarca?

        Afirmado que coloco la fuente de la corrupción española (y la de todo el continente europeo) en la Constitución, le diré lo que me parece el tono general de muchos de los post aquí escritos. Con frecuencia alegan la propia Constitución, o alguna ley que la desarrolla en algún punto fundamental, esgrimiéndola frente a los corruptos. Dicen, en esencia, que si se cumpliese la Constitución, no habría corrupción. Y esa es nuestra diferencia: yo pienso que la Constitución se ha redactado deliberadamente para permitir la corrupción; y que mala es una Constitución que no establece instituciones que aseguren su cumplimiento. Pobre de la Constitución que necesite un defensor (C. Schmitt). Ustedes me recuerdan en muchos post a la oposición venezolana, que se ha repartido el país a razón de un 30% con los chavistas, y ahora, enfrentando a Madura, ¡alegan la Constitución de Chávez (1999) frente a Maduro! Así no pueden ganar, ni ellos ni ustedes. La oposición venezolana está corrupta, y ha disfrutado en papel secundario de un régimen de cuasipartido único; ustedes, en cambio, no sacan nada del régimen actual. Es lo que me desespera cuando leo post como esos.

        Creo que hay que airear a los cuatro vientos que España (ni ningún país del mundo salvo EE. UU.) no es una democracia, pero con los argumentos fuertes que alego, y no con simplezas de antisistema barato y perroflauta, como sucedió en el 15-M. Y macharlo cada día. Hacer campaña por la abstención en todo círculo social, público o privado, que nadie mire a los monstruos, que no voten. Es la cuestión poítica más importante que tenemos ahora delante de nuestros ojos, y nadie habla de ella. El reformismo no vale, porque las reformas necesarias borrarían de un plumazo a la quincalla entera que hay en el congreso, gobernante u opositora, y por eso es algo que la clase política nunca va a hacer. Viven de que ello no suceda. No podría, de otro modo, haber en el Congreso un personaje con rastas o tres lesbianas militantes, ni veinte crudiveganos ni cuarenta criptocomunistas, a no ser que en su distrito abunden tales personajes, que no es el caso, por suerte.

        Minada su legitimidad, caerán; y caerán todos, tanto los partidos gobernantes como los que cuelgan de ellos y hacen de oposición orgánica. Creo que puede hacerse de forma pacífica, pero hay que saber hacia donde se quiere ir, cosa incompatible con alegar la Constitución, haciéndola pasar por buena pero incumplida.

        Ahora sí, me despido y les deseo suerte.

  4. Rodrigo Tena Arregui
    Rodrigo Tena Arregui Dice:

    Me asombra que diga que no se atacan los problemas de frente. Hemos escrito dos libros y centenares de post identificando problemas muy graves de nuestra democracia, como los que indica de falta de separación de poderes o de una representación política digna de ese nombre, con centenares de propuestas desde la reforma electoral hasta la de la Constitución en multitud de cuestiones. Pero basta ya, es su turno. Le recuerdo el comentario de Tony Judt sobre Max Weber: “estaba preparado en todo momento para contestar a la pregunta que desconcierta a todo (científico) político amateur: ¿Qué haría usted si fuese un ministro del Gobierno? Si uno no tiene nada que decir en relación con la política excepto explicar lo que otras personas están haciendo mal, sería mejor no escribir en absoluto acerca de ello”. Así que póngase en la piel de un ministro y empiece a escribir.

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  5. Jose luis del Moral
    Jose luis del Moral Dice:

    Muy buen estudio y reflexiones. Quizás ayudaría el saber qué es la moral? Sin re-ferencia (viaje constante a un punto), a lo que es moral, difícilmente puede haber comportamiento moral. No creéis? Un saludo a los dos.

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  6. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Tras el tiempo de convivencia en este foro –y más allá de si estamos o no estamos de acuerdo en todos los casos o en parte de ellos– la verdad es que, a mi modo de “sentir”, este es uno de los muy contados grandes foros digitales en nuestro idioma. Un lugar en el cual la diversidad de opiniones es encomiable así como la calidad humana y profesional de los contribuidores principales.

    Tampoco me duelen prendas por manifestar afecto personal en no pocos casos hacia quienes llevan la carga dev esta aventura.
    Máxime cuando , como nos recuerda el Sr. Ayuso, los autores escriben sin alias en un sistema en grave crisis que porfía en exacerbar su control de todo lo controlable. Lo cual, además de agravar los problemas, acentúa sus errores que no son pocos. Los fallos no intencionales son cada vez mayores porque el sistema ya decide en situación técnica de fallos caóticos.

    Dice Rodrigo Tena que una cosa es criticar y otra ponerse en la mesa del ministro y actuar. Tiene mucha razón incluso sabiendo como sabe que son cosas distintas. Las acciones ejecutivas, –el hecho concreto–, y las consideraciones generales que se deducen de cada acto, aislado o en concatenación con otros. Tampoco suele ser igual la información en la mesa del ministro de la que llega a los ad-ministrados sin culpa de estos últimos. El caso es que a la hora de hacer muchos de los que critica-mos probablemente haríamos algo muy parecido al ministro. Lo cual es a veces de echarse a llorar.

    Los comentarios del Sr. Ayuso seguro que son compartidos en gran medida por autores y lectores. También compartimos alguna de sus soluciones como remedio de la No Representación estructural en la cual vivimos bajo un Significante Vacío: “Democracia” que ya ha sobrepasado los 600 significados registrados por académicos de la Política. Clarísimamente los sistemas Anglo de Representación precisamente por ser tan viejos son mucho mejores que los que hoy rigen el Continente.

    Aquí un inciso: ¿Creen ustedes que el Imperio podría convivir con una Europa con sus mismas formas de representación? No estoy nada seguro de ello. El hegemón tiene su sistema de representación y su lebensraum otro. Por algo será y esta pregunta merece alguna reflexión.

    Reconocer la naturaleza de lo que hoy tenemos bajo el mito de democracia liberal/social-democracia representativa es un paso imprescindible para poder hacer algo que, estructuralmente, sea más acorde con los tiempos.
    Los límites del reformismo se expanden si los diagnósticos son profundos, compartidos y altruistas.

    Y hemos de reconocer que esta labor de profundizar en el diagnóstico se está dejando en las manos de gente que es puramente destructiva. Algo de tal ingenuidad y ceguera que resulta imperdonable. Esta es, por ejemplo. la Acrítica, Arrogante y Despechada reacción de la UE al Brexit o a la elección de Trump. Quien es incapaz de reconocer sus problemas es cómplice.

    Desde esta miopía es imposible construir nada creíble y este es, en mi opinión, el más grave fallo que pueden cometer quienes pretendemos que las cosas mejoren corrigiendo los verdaderos problemas y no los síntomas.

    Lo positivo de esta discusión es que aquellos en acuerdo amplio –como creo que en lo esencial es el caso– tenemos la obligación moral de buscar una forma de Transición Estructural que permita mejorar sin destruir ni dañar el ya bastante tocado “modus vivendi morituri” de la ciudadanía occidental que se está destruyendo a si misma.

    Recomiendo buscar en You Tube o en librerías “The strange death of Europe” de Douglas Murray, 2017.

    Es la forma más pragmática porque cualquier alternativa antisistema es una trampa saducea destructiva de algo que con todos sus defectos tiene todavía virtudes mucho más importantes que cualquier oferta bolivariana.

    Un saludo.

    PS. En otro momento diré algo sobre Ariely y Becker que es el tema del espléndido artículo de D. Ignacio.

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  7. G.P.
    G.P. Dice:

    La “democracia moderna” es esto:

    El pueblo cree mayoritariamente que para arreglar los problemas A, B y C hay que hacer X, Y y Z. Llega un señor y dice: votadme y haré X, Y y Z. Y le votamos y LE DAMOS TODO EL PODER PARA QUE PUEDA HACER DURANTE AÑOS LO QUE LE DE LA SANTA GANA, incluido engañarnos. ¿Y aún hay alguien que se pregunte por qué esto no funciona bien?

    Para hacer X, Y y Z no necesitamos un señor que nos jure que lo va a hacer él y firmarle una hoja en blanco. Basta con que nos pregunten qué hacer ante los problemas A, B, y C y respondamos lo que nos parezca bien, y el cuerpo de funcionarios que lo lleve a cabo. Y ni siquiera hace falta que nos pregunten a todos constantemente sino a una pequeña parte representativa elegida al azar de entre todos nosotros, los ciudadanos. De esta forma se acaba con eso que llamamos la “carrera política” y, por ende, con la corrupción política.

    Eso es lo que hacían los griegos y lo llamaban democracia (“gobierno de los ciudadanos”), y no lo que hacemos nosotros(que se llama realmente “gobierno representativo”) y que, aunque lo llamamos democracia, no es lo mismo puesto que en nuestro sistema no gobierna la voluntad de los ciudadanos, sino la voluntad caprichosa de los que elegimos y entregamos el poder. Elegir al jefe no es mandar, es elegir al que manda.

    https://sistemaencrisis.es/2014/02/07/el-espiritu-antidemocratico-de-la-democracia-moderna/

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  8. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Sobre Ariely y Becker –fallecido hace un par de años–, diría que, siendo muy interesante escuchar al primero, no son entidades comparables.

    He de confesar que propendo a ver la escuela conductista (vs la psicología introspectiva clásica) como un grupo profesional que ha conseguido despertar el interés del poder por dos cosas: La primera, hacer que olvidemos lo introspectivo. La segunda facilita científicamente la manipulación de las sociedades. Nota 1.

    Esta es una lucha que comienza a partir de la década de los 40. Se produce una derrota conductista hasta más o menos los años 70 y a partir de entonces comienza a revivir el “Conductismo” y a decaer las teorías “Inductistas”. Es decir, gentes como Freud, Adler, Jung, Maslow, Frankl y otros comienzan a desaparecer del mapa cultural “oficial” para ceder paso a una psicología de “muletas” que atribuye todo a la educación, las pastillas y la emoción. Se debilita el role de lo racional.

    En los años 90 esto llega al público a través de divulgadores del conocido tema de la “inteligencia emocional” y, a seguir, de la “Neurociencia” –¿No bastaba con Neurología?– y se comienza a recoger dinero gubernamental como nunca en la historia porque ofrece –directamente o como subproducto– lo mismo que ofrecía Gustave Le Bon en el siglo XIX: La manipulación y el control de las masas.
    El papel de los dineros públicos en promover esta o aquella rama de estas disciplinas es muy importante.
    Recordemos por ejemplo que los estudios de Festinger de los años 50 fueron financiados generosísimamente por una entidad muy interesada en saber el modo de difusión de los rumores en la base social y la pervivencia de las ideas gracias a la disonancia cognitiva.

    De Ariely, cuya lectura recomiendo, conozco una obra, The upside of Irrationality, 2008 y gracias a Ignacio acabo de pedir la que él cita.
    Becker es importante pero hay muchas razones para que su obra –Premio Nobel– no goce hoy del beneplácito del poder.

    Su obra es extensísima y difícil de simplificar pero estudiándola se puede concluir que muchísimas Políticas Públicas (no solo los códigos penales) son en realidad Incentivos Perversos para conductas que antes o después hacen un gran daño social.

    Recomienda Becker que en el diseño de estas Políticas (y de los Códigos Penales) se tenga en cuenta que los humanos “también” son racionales y calculan; algo bien sabido por todo penalista con clientes profesionales.

    Esto en un momento histórico en el cual el Sistema Político ya sabe que su futuro depende de encontrar y repartir subvenciones continuamente. La inexorable compra del voto. Y que muchas de estas políticas son solo a Corto Plazo porque, inevitablemente los efectos a plazo medio y largo son Destructivos de modo Determinista.
    Pero nuestro sistema político es Solo Cortoplacista y, como decía ayer Rodrigo Tena, dentro del Sistema todos terminamos haciendo lo que hizo el ministro. O nos vamos, claro.

    Así se ha demostrado que la comunidad más subvencionada de la historia –la afroamericana– empeora y siempre les va peor que a cualquier otro grupo etnocultural de inmigrantes o que, las políticas de antinatalidad occidentales solo van a producir efectos nocivos en estas sociedades o que las políticas que hacen del divorcio “en masse” un gran negocio generador de PIB excepto para los afectados, terminan destruyendo la estructura institucional y los lazos sociales que la protegen de modo espontáneo. Por no hablar de las políticas migratorias o del rollo perverso de la “diversidad” ¿Cuánta hasta entender su coste social que hoy ocultamos pero que ya notamos?

    Los gobiernos en Occidente, si han leído a Becker, no se les nota y se entiende porque aplicar sus recomendaciones iría en contra de sus dinámicas electorales.

    Este es el gran problema de nuestra civilización: Nos hace daño reconocer la verdad.

    Un saludo cordial y muchas gracias por traer estos asuntos a la palestra

    PS Gary Becker mantuvo hasta su muerte un gran Blog con otro personaje poco apreciado por el Sistema: El Juez Richard Posner también conocido de este Blog. De Posner, Juez de lo Mercantil, se dice que nunca llegará al T. Supremo USA porque…………”escribe sus propias opiniones”
    https://en.wikipedia.org/wiki/Richard_Posner

    Nota 1. https://www.amazon.es/Historia-psicolog%C3%ADa-Principales-pensamiento-psicol%C3%B3gico/dp/8420542245/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1505290791&sr=8-1&keywords=historia+de+la+psicologia+leahey

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