Quod omnes tangit… (Cataluña y el significado del Estado de Derecho)

Cuando un problema se plantea de manera técnicamente deficiente, el resultado habitual es la incomprensión y el sentimiento de agravio. Esto es lo que parece estar ocurriendo con ocasión del referéndum unilateral organizado por la Generalitat. El Gobierno invoca su ilegalidad por contravenir la Constitución, pero no explica el fundamento último de esa contravención. Se queda en una visión meramente legalista del asunto, al modo del funcionario de ventanilla que a nuestra justificada petición responde que a la instancia le faltan dos pólizas. Por ese motivo, la otra parte es capaz de construir un discurso convincente (al menos en Cataluña) alegando los principios superiores de la voluntad democrática frente a las normas periclitadas o injustas, así como la endeblez del Estado de Derecho español, sin división real de poderes o con instituciones fundamentales capturadas por los políticos.

Para explicar bien por qué Cataluña no puede decidir unilateralmente su independencia sin autorización de la nación española en su conjunto no es conveniente comenzar invocando normas jurídicas o decisiones jurisprudenciales. Porque su real o supuesto desprestigio termina arrastrando al argumento en su conjunto. Esto solo debemos hacerlo al final, después de exponer los principios fundamentales a los que esas normas y decisiones responden. Y esos principios son ni más ni menos que los que han configurado la tradición político constitucional de Occidente, un logro colectivo no menor, del que deberíamos estar especialmente orgullosos los españoles (incluidos los catalanes), pues nuestra contribución a tal fin ha sido decisiva.

Si hemos de sintetizar por razón del espacio, quizás nada lo explique mejor que la curiosa historia de una máxima o fórmula latina muy antigua: Quod omnes tangit, ab omnibus tractari et approbari debet (“Lo que a todos toca, debe ser tratado y aprobado por todos”). Como es tan típico de la historia legal y política europea, se trata de una máxima del Derecho Romano Privado clásico, desarrollada por los canonistas medievales para aplicarla al gobierno de la Iglesia y que terminó convirtiéndose en uno de los principios fundamentales del Derecho Constitucional moderno.

Efectivamente, originariamente la máxima aparece en el Digesto de Justiniano, relacionada con el régimen de la tutela. Cuando en el siglo XII se recibe de nuevo el Derecho Romano en Europa, su prestigio es tan elevado (se considera nada menos que la propia “ratio scripta”) que enseguida se aplica a los nuevos problemas sociales de la época. No es de extrañar, por tanto, que los canonistas hagan uso abundante de la fórmula para resolver múltiples problemas, desde la responsabilidad del Papa hasta la naturaleza de los concilios generales. De esta manera, paulatinamente, se termina llegando a un nuevo sentido bastante alejado del originario, pero que estaría llamado a tener una proyección futura formidable: una cuestión que “toca” a toda la comunidad, debe ser tratada y aprobada por una asamblea representativa que actúe en nombre de todos. En la segunda mitad del siglo XIII esta máxima ya era aceptada como un principio de Derecho constitucional, al margen de la Iglesia, primero en Italia, y luego en Inglaterra, Alemania y España.

Pero si termina siendo recibido con tal fuerza en el Derecho político moderno, es sin duda gracias al papel jugado en su difusión por la ilustre segunda escolástica española, especialmente por Vitoria, Las Casas y Suárez. Los dos primeros lo extienden al Derecho Internacional como consecuencia de los problemas derivados de la Conquista española, pero Suárez lo aplica al mismo fundamento de la comunidad política nacional, al fijar su único origen en el pactum in societatis previo al establecimiento de toda sociedad política. Son los ciudadanos actuando de consuno los que conforman la convivencia política y, por eso, lo que a todos atañe, requiere del consenso de todos.

La evidente conclusión es que, aun antes de la aprobación de la Constitución española de 1978, Cataluña no hubiera podido organizar un referéndum unilateral de independencia, pero no porque lo prohibiesen las Leyes Fundamentales del Régimen o la Ley de la Reforma Política, sino porque desde hacía cinco siglos formábamos una comunidad política y, sin Cataluña, España no es España, ni podría continuar llamándose así, sino que habría que buscarle otro nombre. Nuestra actual Constitución, por tanto, no crea ex novo absolutamente nada, sino que se limita a constatar para nuestra comunidad ese principio fundamental del Derecho constitucional europeo. Que la calidad del Estado de Derecho español sea deficiente o que sus instituciones estén contaminadas por influencias políticas, algo del todo evidente, no tiene nada que ver con este asunto. Mejorémoslas, sin duda, luchemos por su calidad e independencia, pero si quieren ser fieles a su origen histórico, en este punto nunca podrán decir algo distinto de lo que ahora defienden.

Ello no impide, por supuesto, que con el consentimiento de todos pueda articularse una reforma constitucional que permita en determinadas condiciones una consulta. Pero esa reforma no salva un mero obstáculo legal, sino que articula un consentimiento general de la nación española, dispuesta, en el caso de que concurran determinas circunstancias, a dejar de ser una única comunidad política para ser varias: Porque lo que a todos toca, deber ser aprobado por todos.

15 comentarios
  1. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Excelente, D. Rodrigo. Ocurre que argumentar las posiciones y alcanzar una cierta verdad objetiva sobre la que construir (como diría un “geek”, una decisión basada en datos) haría falta ecuanimidad y ausencia de apasionamiento, pero el principio que rige este asunto es puramente emocional, tribal, irracional salvo para las élites (en el sentido de Schumpeter), de baja estofa, que saben muy bien cómo, a través de la propaganda y el adoctrinamiento de cuatro décadas se consigue un objetivo. Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta y, si bien es cierto todo cuanto Ud. dice, a mi modesto entender, sin embargo las proposiciones veraces no son siempre suficientes. Ya no es tiempo de dialogar, hace mucho que expiró ese término, el Estado debe imponer la Constitución contra la mentira y, después de un periodo contrarrevolucionario (pues este golpe de estado tiene todas las características de revolución) habrá que ver si hay cabezas para guiar una reforma constitucional que pueda servir a España otras cinco décadas. Digo cinco porque de 2018 a 2028 se necesita ordenar los procesos centrífugos y oklocráticos que venimos padeciendo por I) la instrumentación de las instituciones constitucionales por los partidos políticos y otros grupos de interés (sindicatos, patronales, etc.) y II) la propaganda interesada que tan bien reflejaba D. Julián Marías en sus artículos. Y, si no, basta leer a Pedro Insua, que de derechas precisamente no es.

  2. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Muchas gracias por recuperar el latín y por recordarnos el fundamento moral de esta cuestión.
    A fin de cuentas el latín, que tanto se pugna por enterrar, está repleto de fórmulas morales. Seguro que esa es la razón de su olvido buscado. El imperio, cualquier imperio, se desvanece cuando pierde la Virtud moral.

    Básicamente “quod omnes tangit” quiere decir que “los vecinos de la piscina con vistas a la playa nunca pueden decidir por los vecinos del resto de la urbanización”. Esta es ahora la batalla y no estaría de más que cada uno de nosotros se lo escribiese a nuestro diputado.

    Mientras tanto los próceres del tres al cuarto ya comienzan el gimoteo al uso y el pobre Pedro Sánchez nos llena de bochorno. porque carece de lo más elemental para ejercer un mínimo liderazgo entendido como lo que es: una cualidad moral capaz de inspirar por el ejemplo y llevarnos al bien colectivo. No se puede ser líder de nada si todos tus pasos vienen dictados por su egoísmo.

    Otra reflexión es que si nuestros procesos democráticos están tan influidos por el ciclo corto electoral, algo debe compensar esta inmensa carencia para el largo plazo.

    Saludos y gracias al autor.

  3. Jaime Mañez Mallorquín
    Jaime Mañez Mallorquín Dice:

    Si todo lo que afecta a una comunidad política debe ser decidido por toda ella y no por una parte, tal y como dice el artículo. El referéndum de Cataluña debería ser decidido por toda la CEE, al igual que el Brexit.

    • Rodrigo Tena Arregui
      Rodrigo Tena Arregui Dice:

      Este comentario plantea una interesante cuestión, pero la respuesta es fácil. Empecemos por el caso del Brexit. Precisamente porque la UE es una comunidad política sui generis, al menos en construcción, sus Tratados tienen un artículo que prevé la separación, el famoso artículo 50 del Tratado de Lisboa, que no existe en las Constituciones nacionales, porque son comunidades políticas asentadas, de una naturaleza diferente. Pero me atrevo a vaticinar que si la construcción europea continua a buen ritmo, como así espero, y es capaz de generar en el largo futuro una comunidad política digna de ese nombre y no un mero mercado único, ese artículo desaparecerá y nadie podrá abandonar la Unión sin el consentimiento general.
      A la vista de lo anterior lo de Cataluña se responde por sí solo. En este momento ese problema es un problema nacional interno. Al igual que un Estado puede abandonar la Unión por entero (art. 50), podría abandonarlo una parte si ese Estado así lo decide legalmente. Pero si los dos quieren continuar, entonces la cosa cambia. Y es que si los Tratados determinan que la creación de un nuevo Estado por “segregación” (cuestión en la que no opinan) implica la salida de este de la Unión, cosa que no alcanza al ya existente, es precisamente para reservarse una opinión sobre lo que le afecta especialmente. Y es que quod omnes tangit….

      • G.P.
        G.P. Dice:

        “Y es que si los Tratados determinan que”

        O sea que lo que cuenta es el tratado, no el latinajo. El latinajo es demasiado inconcreto como para que sirva para algo. Se puede aplicar a casi cualquier situación.

        Yo insisto: si la mayoría de españoles tenemos derecho a decidir el futuro de Cataluña e impedir que se independice aunque la mayoría de los catalanes quieran la independencia, tendremos la mayoría de los españoles el derecho a decidir el futuro de Extremadura y podremos expulsarla de España aunque los extremeños no quieran. A mí eso me parece injusto, tanto para los catalanes como para los extremeños (es como decidir que los negros dejan de ser personas con el voto de una mayoría blanca: es democrático pero injusto). Yo creo que en este caso lo justo es que se haga lo que decida mayoría de cada región.

        Es la vía que han elegido en Canadá y GB porque es la lógica y sensata. La otra es solo una excusa ad hoc para impedir la independencia de Cataluña. Todos de los procesos democráticos se hacen en un determinado territorio aunque afecte a los limítrofes.

      • G.P.
        G.P. Dice:

        Y como también apunté en otro comentario, ese latinajo se puede aplicar a impedir la independencia de Cataluña incluso con el 100% de los catalanes a favor de la independencia, simplemente porque el resto de españoles son más. Eso es tan absurdo que no merece más que este comentario: si el latinajo permite esa situación es porque el latinajo no vale para nada.

  4. G.P.
    G.P. Dice:

    “aun antes de la aprobación de la Constitución espanola de 1978, Cataluna no hubiera podido organizar un referéndum unilateral de independencia, pero no porque lo prohibiesen las Leyes Fundamentales del Régimen o la Ley de la Reforma Política, sino porque desde hacía cinco siglos formábamos una comunidad política y, sin Cataluna, Espana no es Espana, ni podría continuar llamándose así, sino que habría que buscarle otro nombre.”

    Este párrafo no tiene sentido. Es puro y duro nacionalismo, del mismo que alimenta el independentismo catalán: irracional y de fondo mágico. Si Cataluña se independiza, lo que queda es España. Si un meteorito hunde Cataluña en el mar, lo que queda es España. Qué absurdo buscar otro nombre… ¿Cuando España perdió la provincia de Cuba cambió de nombre? ¿Y cuando perdió Gibraltar?

    La única razón por la que es inaceptable la posibilidad de que Cataluña se separe de España es por un nacionalismo español exacerbado y territorial, primitivo. De la misma manera que los que no son capaces de aceptar que Cataluña sea parte de España es por un nacionalismo catalán exacerbado y primitivo. Son ustedes la misma cosa, y por eso chocan como chocan. Y lo más gracioso es que no lo ven: el pecador nunca ve la viga en el ojo propio.

    Quizás algún día, en el futuro, podamos superar este exacerbado nacionalismo territorial (decimonónico) en España (Cataluña incluida) y entonces podamos comportarnos civilizadamente, como en Canadá y GB. Sin ensoñaciones de mundos mágicos basados en acontecimientos pasados supuestamente épicos y gloriosos que se proyectan en el infinito y más allá…, y sin latinajos que se pueden aplicar a cualquier cosa y en cualquier situación a conveniencia del que lo saca a colación (¿qué es “afectar”? ¿hasta dónde llega? ¿hasta donde cada uno quiera?). Lo que debemos hacer es simplemente aplicar la razón. Mientras llegamos a ello (y llegaremos, tarde como siempre, pero llegaremos) seguiremos dando este penoso espectáculo de atraso político y social.

    Una pena porque parecía que queremos estar ya entre los países como Canadá y GB, con democracias punteras y bla, bla, bla. ¿No estaba ahora de moda decir que queremos ser como Dinamarca? Hace unos años, cuando el parlamento de las Islas Feroe redactaba su nuevo “estatuto de autonomía” el gobierno danés observó que estaban apropiándose de poderes que correspondían al gobierno “central”. La reacción del gobierno central fue decirles: “como sigan por este camino… se van a tener que independizar”. Igualito que nosotros ¿eh?

    • M. Ayuso
      M. Ayuso Dice:

      Reconocer que España es una nación no es nacionalismo. Ni siquiera gloriarse de su memorable Historia, cosa que no se hace en el post, lo sería. El mundo se divide en Estados construidos sobre la base de naciones; le guste a usted o no la forma Estado-Nación es la propia de los países del continente europeo y la que más predicamento tiene hoy, sin que se la observe flaquear a pesar de la tan manida globalización. Las naciones, como las culturas sobre las que se asientan, dividen, y no, aunque unen, no es esto lo que tienen por objetivo principal. Dividen entre integrantes de dichas naciones.

      Nacionalismo es esgrimir la nación como argumento para conseguir («reivindicar», en la lengua del que lo profesa, pues cree ya tenerlo por naturaleza) un derecho en el orden jurídico positivo. Se afirma: tal o cual nación tiene que tener derecho a cual cosa, precisamente por ser nación. Una simplificación útil, verdad parcial que, al presentarse universalmente, se convierte en ideología, lo que justifica el ismo.

      Pero no, la cosa no es el ismo. No hay nacionalismo español. Ni lo hubo con Franco, que fue sustancialmente un estatalista y un aniquilador del nación española, en contra de lo que la opinión común. El permitió, por ejemplo, el auge y expansión del Derecho foral que hoy amenaza con destruir las bases jurídico-privadas comunes; pregunte a un jurista si no lo cree.

      A lo que vamos, los separatistas sólo podrían exigir el derecho de autodeterminación sin caer en nacionalismos si fueran una colonia, si los catalanes fueran ciudadanos de segunda, peor tratados por el Estado español, como los saharahuis en Marruecos, por poner un ejemplo que nos toca bien cerca. No es el caso, como sabe. Defender la nación española frente a estos sofistas, mafiosos y enfermos del poder no es incurrir, por el contrario, en ismo alguno, pues la nación es lo que nos separa de otros pueblos y lo que permite un entendimiento entre nosotros. No es ninguna broma lo que está en juego, aunque a usted le parezca irrelevante la nación, y piense en cuestiones más prácticas: la nación no se come, dirá. Ya, cuidarla es garantía de salud en otros órdenes.

      Por último, como le recuerda más abajo el comentarista Carlos, parece usted descontento con la situación española. Yo también lo estoy, y odio el régimen político en el que estamos: la oligarquía propia del Estado de partidos sin representación y separación de poderes. Pero la solución no es romper España. La Constitución esbozada por el juez loco Santiago Vidal para Cataluña es igualmente de Estado de partidos: falso parlamentarismo, sistema de listas y designación por la oligarquía de partidos (eso sí, del noble terruño) de los cargos judiciales y fiscales más importantes.

      Procede una revolución política. No romper España en nombre de no se sabe qué. La nación no es decidible, como no lo es el elegir a los padres biológicos o el color del iris de nuetros ojos: tenemos lo que nos toca . Su organización política, en cambio, sí lo es.

      Si bien se fija, verá que en toda discusión con un separatista siempre utiliza argumentos instrumentales, como usted mismo: no afirma sin más añadidura la nación catalana, sino que dice «España es un desastre», «esto es tercemundista», y otros autoflagelos ya típicos. Esto es, no hay una conciencia nacional catalana en ellos, sino que conciben la independencia instrumentalmente: «España no funciona, troceémosla a ver si mejora algo». No caiga usted también en ese error. Si no le gusta algo de lo que en España hay (su régimen político), apunte contra ello y no contra España.

      Saludos

  5. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Estimado GP.

    ¿Usted cree que Barcelona, –donde el separatismo no ganó en el 2014– tendría derecho a no seguir el dictado de las demarcaciones rurales de la Tarraconensis o cree que deben plegarse a la voluntad del “mon pagès”? ¿Por qué? ¿Por qué han de pasar por este calvario los millones de allí residentes que discrepan –aún son mayoría los que en sus casas hablan español con los propios datos de la Generalidad?

    Explique, por favor, por qué la unidad de esta Tarraconensis en manos de delincuentes, fanáticos y antisistema le parece sagrada y la de España no.

    ¿Se da cuenta del daño que estas posturas hacen al bien común? Daño real, no inventos. Cismas familiares y patologías psíquicas para empezar. Degradación moral y económica para siglos.

    ¿Se da cuenta de que su postura está apoyando la imposición cruel de una ideología totalitaria y de sus mentiras?
    ¿Cómo se puede entregar la propia casa de esa forma a quien se la está arrebatando por la fuerza, la imposición, el chantaje la mentira y la mala fe?
    ¿Por qué los escolares de la Tarraconensis han de ser obligatoriamente educados en esta ideología sectaria, excluyente y destructiva?

    ¿Por qué, en suma, los vecinos de la zona de la piscina con vistas a la playa son más importantes que el resto de la Urbanización y estos últimos son prescindibles en el proceso decisorio?
    ¿Le parece de Justicia? ¿Decente?

    Da la sensación de que, al igual que sucede con otras Ideologías Totalitarias (la de Género lo es) estamos viendo un fenómeno poco democrático: La exclusión de los afectados en el proceso decisorio.

    Que usted lo apoye me resulta incomprensible.

    Un saludo cordial

    PS.

    1. Historia de la civilización Ibérica. Oliveira Martins. (1879) https://es.wikipedia.org/wiki/Joaquim_Pedro_de_Oliveira_Martins

    Ayuda a entender la verdadera historia de la Tarraconensis desde la invasión del Siglo V, el origen del gentilicio “catalán” que luego sustituiría a la antigua denominación, etc.

    2. Como estoy seguro de que conoce la falacia de los mantras Quebec/UK no oso reiterarle la explicación pero recuerde que nuestra Constitución sí prevé lo que ni UK ni Canadá previeron en sus leyes.

  6. Carlos
    Carlos Dice:

    Mira GP eres un caso a estudiar porque creo que representas muy bien algunos de los males que aquejan a España desde hace décadas. Es el perfil de español o ibérico acomplejado porque cree que vive en un país con deficiencias democráticas y que piensa que no vale la pena defenderlo frente a los nacionalismos periféricos. Suena nacionalista español ¿verdad?. Puede, pero me harta y me indigna esa falsa y ridícula equidistancia y ese continua letanía autoflageladora de “si fueramos avanzados y democráticos…” que no hace sino hacerle el caldo gordo a los independentistas.
    Pues no, no es lo mismo su nacionalismo al mío, el mío está basado en el respeto al estado de derecho y al que piensa diferente. Y sí creo que España es un proyecto plural de riqueza histórica y social que merece ser defendido, y esto que digo no es igual al supremacismo y odio hacia lo diferente y español de otros nacionalismos.
    Y no , España no es un país autoritario, es tan democrático como todos los países de nuestro entorno, ya basta de que usted cite dos ejemplos a seguir que resultan ser dos excepciones en el puñetero globo (Reino Unido y Canadá). En la fascista y autoritaria Francia ni siquiera son legales los partidos independentistas y hay más ejemplos de esto, bastantes más que los dos que siempre citas.
    Así que, perfecto hablemos de hacer una consulta, no niego que pueda ser la solución, pero déjese de complejos ridículos y equidistancias falaces.
    Un saludo

    • G.P.
      G.P. Dice:

      Carlos:

      Yo no soy nacionalista. En absoluto. Yo soy demócrata (mucho: ni siquiera creo en la democracia representativa que sufrimos actualmente en Occidente). Yo no defiendo la independencia de Cataluña (creer que Cataluña es un país diferente a España es, en mi opinión, una solemne tontería: no hay dos cosas más iguales). Yo defiendo que los habitantes de Cataluña decidan sobre su independencia.

      Y también respeto el estado de derecho. Por ello rechazo este referendum ilegal, y por ello pido que las partes se reúnan para negociar la vía, los términos y los plazos de un referendum legal. Como en GB y Canadá (hago uso de los ejemplos de Quebec y Escocia porque son calcados a nuestro problema: sus respectivos parlamentos autonómicos pidieron oficialmente al parlamento nacional un referendum de independencia).

      La próxima vez que me critique hágalo contra mis ideas, hombre, como todos los demás…

  7. G.P.
    G.P. Dice:

    “Explique, por favor, por qué la unidad de esta Tarraconensis en manos de delincuentes, fanáticos y antisistema le parece sagrada y la de Espana no.”

    A mí no me parece sagrada ninguna. Es el parlamento catalán el que ha pedido el referendum y yo simplemente creo que habría que negociarlo y convocarlo. Como en Canadá o en GB.

    “Se da cuenta del dano que estas posturas hacen al bien común? Dano real, no inventos. Cismas familiares y patologías psíquicas para empezar. Degradación moral y económica para siglos.”

    No lo creo. En Canadá y en GB tampoco lo creen. Pero está bien: si usted lo cree haga campaña por el NO. Yo también la haré, pero intentaré encontrar argumentos más convincentes…

    “¿Se da cuenta de que su postura está apoyando la imposición cruel de una ideología totalitaria y de sus mentiras?”

    Yo no apoyo al nacionalismo, sino al derecho del pueblo catalán a decidir su futuro. Como el pueblo de Escocia o el de Quebec. Defender la independencia de un territorio no es “ideología totalitaria”.

    “¿Por qué, en suma, los vecinos de la zona de la piscina con vistas a la playa son más importantes que el resto de la Urbanización y estos últimos son prescindibles en el proceso decisorio?”

    Ya se lo he explicado varias veces. Y recuerde que España no es una urbanización (como no lo son Canadá o GB) por lo que el símil es engañoso.

    De verdad, don Manu, comprendo que no le guste que se independice Cataluña. Ya sabe que a mí tampoco, que yo solo quiero que se busque una vía (la hay) para que decida el pueblo catalán. Pero por favor: no siga con esta táctica de demonizar hasta extremos absurdos esa posible independencia: no solo queda ridícula y desacreditada en cuanto se compara con los procesos de Canadá y GB, sino que además es contraproducente pues da la impresiión de que las únicas razones que los “unionistas” tenemos para que Cataluña no sea independiente son barbaridades. Así vamos a perder.

    Y se lo repito otra vez: la Historia sirve para saber cómo hemos llegado hasta aquí. No determina el futuro. En un mundo de hombres libres el futuro lo determina la voluntad humana. Es lo que se llama democracia.

    “Que usted lo apoye me resulta incomprensible.”

    En Quebec y GB docenas de millones de personas de muchas ideologías e ideas diferentes han apoyado la idea de un referendum en sus regiones “díscolas” para solucionar el conflicto. Es una solución sensata y democrática: el que quiera hace campaña e intenta convencer sobre lo que cree que es mejor. Y se vota. ¿Que tiene de raro para que a usted le sorprenda tanto que alguien la apoye?

    Sinceramente: a mí que en España haya tan poca gente que apoye una vía tan sensata me da mucha pena.

      • José
        José Dice:

        Lole, ¿de verdad se atreve a preguntar eso? ¿Debemos entender que solo tienen que autorizarse consultas o referéndums sobre temas en los que estemos de acuerdo con el hipotético resultado? Sobran las palabras.

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