El Estado de Derecho en el limbo.

Llegó el gran día y Puigdemont parió un ratón. La declaración de independencia, consecuencia supuestamente inevitable del a su vez supuestamente democrático referéndum, se suspendió a los pocos segundos, propiciando, como la fecunda imaginación y sarcasmo de los españoles ha hecho ya notar, la república más breve de la historia. No es la primera vez: en octubre de 1934 Companys declaró “el Estado catalán dentro de la República federal española” que duró unas cuantas horas.

La maniobra de ayer responde, en definitiva, a una de las posibilidades que sugeríamos en editorial de hace pocos días: la típica de las sectas religiosas, siempre proféticas, que anuncian la irrupción súbita de una figura divina, con una intensa emoción y ansiosa expectativa. Al fallar la profecía, o desapare­ce la secta o se objetiva el mensaje, eliminando la urgencia y convirtiéndolo en rutina. Probablemente Puigdemont no tenía otra posibilidad, ante el choque de sus pretensiones con la realidad, ante la ruptura de la tensión de esa disonancia cognitiva que deriva de la confrontación de las mentiras y falsedades henchidas de emoción e inculcadas en el pueblo con la realidad dramática de la imagen de todas las empresas importantes de Cataluña huyendo de allí, incluidas las dirigidas por pretenciosos independentistas de salón. Y quizá esperaba que declarando la independencia, sí-pero-no, podría haber algún Estado o institución internacional que la reconociese, cosa que no ha ocurrido en absoluto.

El problema es que su actuación es tan surrealista que ni siquiera ha podido respetar su propia legalidad, reduciéndose su presuntamente simbólica declaración a una alocución del Presidente (que según su propia ley de transitoriedad carece de competencias para hacerlo) relativa a la independencia, mientras solicita a su vez al Parlament que suspenda algo que, en realidad, tampoco existe legalmente y que, por cierto, tampoco se vota en ese momento. Es lo que tiene mandar el Estado de Derecho al limbo: cualquier cosa es posible, como llevamos advirtiendo desde hace un mes.  Los atajos fuera de las normas y los procedimientos establecidos llevan a sitios francamente curiosos y en algún caso como el de ayer francamente ridículos.

Dicho eso, desde el punto de vista político -que es el único que interesa a los secesionistas dado que han arrojado el ordenamiento jurídico por la borda- Puigdemont pretende ganar tiempo para presentarse como un gobernante dialogante frente a la cerrazón de “Madrit” e intentar vincular a instancias internacionales a un proceso al estilo esloveno (esta es por ahora la última moda, en el “cherry picking” nacionalista de secesiones a la carta) exigiendo una mediación que, por su propia naturaleza, no puede darse, porque esta no puede existir cuando una de las partes no respeta la reglas del juego. Va a tener el problema de gestionar la frustración que puede producir de sus seguidores más radicales y muy particularmente de la CUP.

No parece que por ahora la comunidad internacional esté por la labor, más bien la falta de seriedad de toda esta pantomima no deja de sorprender a propios y ajenos. Pero haríamos mal en no tomarnos en serio algo que, aunque sea tan chusco, no deja de ser gravísimo.  Sin Estado de Derecho digno de tal nombre hay muchas personas físicas y jurídicas que hoy en Cataluña están sometidas a una inseguridad jurídica, profesional y hasta personal que no es propia de una democracia del siglo XXI y es intolerable en un país  razonablemente próspero de la Unión Europea.

Urge la restauración del Estado de Derecho para devolver la confianza a todos los catalanes -incluidos los independentistas- que cada mañana se despiertan con la zozobra de no saber qué va a ocurrir. Urge también la convocatoria de unas elecciones autonómicas para desbloquear la situación y urge el inicio de un proceso político para revisar el marco político de 1978, para lo que puede ser conveniente un Gobierno de concentración y unas elecciones generales a continuación. El Sr. Rajoy no ha demostrado capacidad ninguna para tomar la iniciativa en este asunto, seguramente porque piensa que forzar unas elecciones autonómicas por la vía del art. 155, más que perjudicar al bando constitucionalista, le perjudica a él personalmente. Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos, pero está claro que los interlocutores que ahora tenemos no están en condiciones de liderar este proceso y que deben de dar un paso atrás por el bien de España, de Cataluña y de Europa.

13 comentarios
  1. M. Ayuso
    M. Ayuso Dice:

    Yo creo que hay que dialogar, todavía es posible. Restauremos la normalidad democrática mediante una conversación civilizada, que es lo propio de los Estados de Derecho.

    Saludos.

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    • juanlui
      juanlui Dice:

      Claaaaro, dialoguemos a qué cárcel quieren ir, que comida tomarán y las horas de salida al patio.

      Per fevor… dialogar… palabra abyecta para tiempos abyectos.

      Con el cacareado dialogo que vd. trae para asqueo general:
      Se ha vendido España a la ETA
      Los nacionalistas han conseguido un poder y dinero increibles
      Se ha cuarteado la justicia para los políticos.

      Sigo con el dialogo

      No hay equidistancia ni dialogo posible entre el que amenaza y la ley. Si acaso, como mucho, un negociador para transmitir las condiciones de la rendición

      Las ideas y postura que vd. expresa son las culpables de todo esto.

      En todo caso Rajoy y Sánchez le han hecho caso: han dialogado y del dialogo han sacado una reforma constitucional que abre el camino A CUALQUIER COSA, menos el interés general ciudadano.

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      • M. Ayuso
        M. Ayuso Dice:

        Lo sé , lo sé. Es ironía, sarcasmo para los regentes de este augusto blog, que era lo que patrocinaban hasta ayer. Hay que aplastar a los nacionalistas, pero Rajoy no lo hará, porque es su socio en la corrupción, como el PSOE.

  2. Pablo
    Pablo Dice:

    Tan importante como las cuestiones jurídicas son las económicas. La principal motivación para la independencia de Cataluña es económica. Simplemente no compartir los ingresos fiscales con regiones más pobres y al mismo tiempo, eso sí, seguir conservándolas como mercado. Es como si os ciudadanos residentes en el barrio de Pedralbes, el más rico de Barcelona, realizan un referéndum para pagar el 50% de los impuestos que pagan actualmente. Eso sí, solo van a votar ellos, tienen derecho a decidir, y los ciudadanos del resto de Barcelona y Cataluña no pueden votar en ese referéndum. Tampoco pueden oponerse a su realización, serían unos dictadores fascistas antidemocráticos, aunque sea ilegal y el barrio de Pedralbes no tenga competencia para ello. La ventaja fundamental de separarse es que parte de los impuestos recaudados no irá al resto de España, pero separados no se recaudará tanto ni de lejos pero no se puede pretender establecer una frontera para separar la recaudación de impuestos y que no exista para el resto de cosas.
    Está claro que tanto estar unidos como dejar de estarlo tienen ventajas e inconvenientes, lo que no puede ser es querer separarse para dejar de tener los inconvenientes, pero querer seguir teniendo las ventajas de estar juntos. Eso no es ni justo ni realista. O todo o nada. La independencia es eso, separarse, crear una frontera. Si Cataluña se separa saldrá de la Unión Europea y del euro, habrá una frontera, con sus aranceles y pasaportes, los impuestos de las ventas en España se pagarán en España por sociedades españolas, las pensiones de Cataluña se pagarán por los trabajadores de Cataluña, y el Barça no jugará en la Liga Española….Y esto no es por querer mal a los catalanes o querer fastidiarles, es de sentido común. Ni es un discurso del miedo, simplemente sería la realidad, y no buscada por el resto de España, sino conseguida por los independentistas.
    Solo les están contando las ventajas de separarse, pero no los inconvenientes y los costes de una fractura y de un Estado nuevo. El mercado de la economía catalana es el mercado español. Las empresas catalanas venden más en Aragón que en Francia, que están a la misma distancia, pero el efecto frontera es demoledor. Esos productos en Aragón ya no se comprarían a empresas catalanas sino a otras, el hundimiento en recaudación y empleo sería tremendo en Cataluña. Económicamente no es un buen negocio.

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  3. juanlui
    juanlui Dice:

    “Tan importante como las cuestiones jurídicas son las económicas. La principal motivación para la independencia de Cataluña es económica”

    Eso era antes de que inocularan el odio a España a muchos catalanes.
    Ahora, muchos de esos abducidos prefieren independencia y ruina que permanencia y bonanza.

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    • M. Ayuso
      M. Ayuso Dice:

      Da igual lo que prefieran. La existencia de la nación española no es cuestión decidible, como si de un concurso de popularidad se tratase. Debajo de todo esto late la corrupción de Pujol y toda CiU durante treinta años, que han consentido los partidos centrales y en la que han colaborado porque eran necesarios para gobernar-legislar. No otra cosa es el consenso y la estabilidad. La política es lucha por el poder; los tan celebrados pactos son la negación de la política, un reparto.. Hasta ERC y el PCE, ahora IU/Podemos están en la corrupción. Por eso Rajoy no actúa, y los demás partidos se ponen de perfil.

      Qué harán. Harán como que los catalanes pierden. Encarcelarán muñecos, pero no Pujoles ni a Mas, ni a nadie relevante de la cúpula de la oligarquía de partidos catalanes. Luego reforma de la Constitución para dejarlo igual en lo que al poder atañe; alguna amnistía, que es lo que buscan; y ¡a tirar otros cuarenta años de segunda Transición democrática, como la de ahora pero más mejor!

      A no ser que lo impidamos. Sin votar. Protestando. Denunciando el régimen vigente y la modélica Constitución, de la que los partidos nacionalistas desbocados son una excrecencia, al no cerrar el reparto de competencias y prever un falso parlamentarismo, recte Estado de partidos, que necesita del asentimiento de la oligarquía catalana o vasca para gobernar-legislar y corromperse.

      En nuestras manos está. Los editores seguirán la primera opción, con seguridad.

      Saludos.

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  4. Ignacio Navas Oloriz
    Ignacio Navas Oloriz Dice:

    Me parece que hay que despojar a esa pretendida editorial, que refleja el pensamiento de todos los editores, de esa ironía imperfecta e insultante que nada aporta sino que resta. Creo que con independencia de la actuación política atrabiliaria y el postureo fraudulento de los líderes catalanes, hay cerca de un 47 % de personas que quieren la independencia. Un líder puede ser tonto, de eso sabemos bastante los españoles, pero esa característica no invalida ni a sus votantes ni a su opción política. El análisis político no requiere acudir a descalificaciones pretendidamente graciosas, sino que por el contrario requiere argumentos y reflexión. El mejor argumento para desenmascarar a Puigdemont y su pretendida opción de diálogo – que por cierto he creído hasta el día de hoy-, es la de que si era verdad su determinación de llevar adelante el “procès” con diálogo y representando a todos los catalanes, lo indicado hubiera sido, para no fracturar aún más a la sociedad civil catalana, disolver el Parlament y convocar elecciones, de tal manera que al presentar sus candidaturas las distintas fuerzas políticas, los soberanistas incorporarían a sus programas la pretendida independencia. En democracia las urnas son las que hablan y esas elecciones hubieran sido plebiscitarias y hubiéramos sabido cuantos votantes quieren – de verdad- la independencia. No lo hizo y quedó en evidencia su postureo y su política errática e incoherente. Pero lo que creo y defenderé siempre, es el derecho a pensar y a exponer lo que se quiera siempre que se haga sin violencia y con respeto. Por otro lado el diálogo político no puede estar sujeto a apriorismo ni a ninguna otra condición que la de sujetarse a la razón y a las normas, pero la norma que impida el diálogo ha de ser modificada para permitirlo. No me interesa un blog que utiliza el mismo estilo revanchista a destiempo, que el empleado por algunos medios oficiales catalanes.

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    • M. Ayuso
      M. Ayuso Dice:

      Uso ironía porque ya hablé en otros post seriamente, especialmente en los muy desafortunados que este blog dedicó a la independencia hasta anteayer. Pero veo los mismos errores y vaciedades que entonces. Ya no puedo hablar en serio de ciertas cosas ya dichas.

      Pero hay algo en su comentario que comparte enfermedad con la que señalo de los editores: su relativismo, que llega hasta admitir que se puede hablar de la unidad de España. La humanidad no existe, y los humanos nos encontramos fragmentados en miles de grupos, idiomáticos, económicos, &c., el más importante de los cuales es el político, bajo la inveterada forma del Estado-nación. En lucha unos contra otros, de ahí los imperios de los pueblos exitosos, como Estados Unidos, Rusia, y China hoy, que influyen con sus políticas, militar o económicamente, en todo el mundo o en ciertas regiones claves para sus intereses. No hay armonía posible. La nación es la piel de todo lo demás, la condición para el bienestar de un pueblo. No defenderla es operar contra los intereses más íntimos de sus integrantes. Otros, menos melindrosos, nos comerán.

      No entender el grave perjuicio que al pueblo español le ocasionaría una secesión, pactada o no (es lo mismo: como si fuese una cosa dentro del comercio) es ceguera absoluta, es estar en la higuera, o bien tener mala fe, cosa que no presumo. De ahí la ironía, que usted merecería igualmente, pero que no emplearé. España no es decidible, pues no se formó mediante decisiones de tipo alguno. Es infantil querer algo sin querer sus desastrosas consecuencias. Admitir que la nación se rompa, o que se resquebraje dialogando de no se sabe qué con sediciosos, sea por la voluntad de una parte de los españoles, sea por la de todos ellos, es algo suicida y coloca al que defiende tan civilizada idea en el terreno de los enemigos de España, aunque sea inadvertidamente. Cómo tomar esto en serio.

      Ahora los editores se dan cuenta y apelan de nuevo al hueco vocablo «Estado de Derecho», como si fuese el Derecho o el Estado lo que está en juego. Es mucho más que eso, como dije en otros comentarios que no pienso repetir. Búsquelos en las entradas anteriores si lo desea.

      Eso sí. Les honra muchísimo publicar estos comentarios críticos, a pesar de todo, lo que convierte a este blog en una referencia para hablar de Derecho o de cualquier materia pública, áreas tan huérfanas de pensamiento y tan dadas a la necedad o al silencio deliberado; hoy y siempre. Hablar de España les está vedado a los españoles desde 1978. Yo seguiré hablando porque nunca fui franquista, cosa que no pueden decir los que hoy y bajo este régimen gobiernan o han gobernado y opinan o han opinado en todos los medios. No necesito hacer lo contrario que Franco para distinguirme.

      Saludos cordiales.

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  5. Ignacio Navas Oloriz
    Ignacio Navas Oloriz Dice:

    Sr Ayuso, si hay algo que he aprendido en los blogs de Hay Derecho, es casi nadie lee con atención los comentarios, y que la mayoría está mas atenta a la respuesta que va a dar que al comentario al que quiere contestar. Usted es una prueba de ello. Gracias. Saludos.

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  6. O'farrill
    O'farrill Dice:

    “Cuatro corazones con freno y marcha atrás” es una de las estupendas comedias de Jardiel Poncela o “el viaje a ninguna parte” de Fernán Gómez, podrían ser las referencias de lo que viene ocurriendo en Cataluña. Por una parte una “convergencia” que hace tiempo dejó de converger cuando aparecieron los trapos sucios que escondían, viéndose obligada a una huída hacia delante mezclando churras y merinas (burgueses del PdeCat, con la CUP, que, por cierto, no se bien de qué van) y poniendo la palabra “independencia” como chantaje al Estado. Un estado de Derecho que hace aguas por todos los costados a partir de la C.E. que, repito, sirvió en el 78 pero ha provocado confusión y ha sido modificada por leyes que deberían defenderla y por hechos que la han obviado. Por otra parte un sistema político donde la aplicación de un artículo constitucional de carácter puramente administrativo, se presenta interesadamente como una agresión a una comunidad española. El lenguaje no es inocente y lo hemos visto en la sesión parlamentaria de hoy en la que se ha dado la misma confusión interesada. No es cuestión de fuerza, sino cuestión de simple razonamiento. Tanto el Sr. Mas, como antes el Sr. Pujol o ahora el Sr. Puigdemont, deberían haber dimitido desde el momento de entender que son ajenos al Estado Español y a su organización política y administrativa. Sólo desde la honestidad fuera del sueldo, cargo, privilegios, etc. que hubieran levantado la bandera de la independencia y se hubieran sometido al “derecho a decidir” de todos los españoles. En su defecto, con el primer acto de rebelión, deberían haber sido cesados o inhabilitados de sus puestos por mandato del Parlamento al gobierno (no al revés) perdiendo el “chollo” del que han gozado a costa de los presupuestos públicos. La intervención administrativa de esa comunidad no es más que un mero trámite para poner las cosas en su sitio, incluida la revisión de todo lo ocurrido y las responsabilidades correspondientes. Sobre todo económicas. Y sus consecuencias en el ámbito de lo penal (si es el caso). Ahora, después de una declaración formal, convenientemente difundida en todos los ámbitos, creando la expectación buscada, todavía buscamos una ratificación de conductas para actuar y aplicar uno de los pocos artículos constitucionales que son claros, porque no se trata de suspender la autonomía (como se dice), sino de gobernarla mejor. En una palabra: cambiar el banquillo por medio de elecciones. No parece tan difícil. Un saludo.

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  7. Rafael
    Rafael Dice:

    “A por ellos”, “aplastar a los nacionalistas” (a los otros, no a nosotros): ese es el “otro” gran problema! De eso ni se habla.

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