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El procés: testimonio y crónica de un desgarro

 

“En el futuro habrá, posiblemente, una profesión que se llamará ‘oyente’. Acudiremos al oyente porque, aparte de él, apenas quedará nadie más que nos escuche. Hoy perdemos cada vez más la capacidad de escuchar (…) Ningún anuncio escucha”

(Byung-Chul Han, La expulsión de lo distinto, 2017, p. 113 y 121).

Llegué a Barcelona en el curso 1997/1998, procedente del País Vasco como profesor invitado de la UPF. Entonces en Euskadi caían chuzos de punta (estrategia Oldartzen o “socialización del sufrimiento”). El cadáver de Miguel Ángel Blanco aún estaba fresco, por no decir (aunque algo más alejados en el tiempo) los de Tomás y Valiente o Fernando Múgica. Y muchos otros más. La idea era estar algún tiempo en Cataluña, tierra entonces inclusiva y tolerante, y ver mientras tanto si aquello escampaba. La vida me enredó unos años allí. Y de la UPF pasé a la Escuela Judicial, también en Barcelona, luego a ESADE, más tarde a la Dirección de Servicios Jurídicos del Ayuntamiento de Barcelona, para terminar retornando a la UPF, pero ya con una actividad profesional de consultor institucional que inicié en 2007 y que durante un período de tiempo alterné con la dirección de la Fundación Democracia y Gobierno Local. En total bastantes años dando tumbos por la tierra de Pompeu Fabra y Ramon Llull. Ciclo que cerré provisionalmente en 2015 trasladando mi actividad profesional a Donostia-San Sebastián y de forma definitiva en febrero de 2017, aunque sigo viajando a Barcelona por motivos familiares, docentes y profesionales. Lo que sigue, por tanto, es un testimonio y una breve (e incompleta) crónica de un proceso visto por alguien que ha vivido los acontecimientos desde cerca, observando con preocupación cómo los rasgos definitorios de una sociedad plural, respetuosa, tolerante y acogedora, se han ido diluyendo poco a poco hasta prácticamente desaparecer.

Los primeros años de estancia en Barcelona la tranquilidad fue la nota dominante del espacio político catalán, la etapa política de Pujol declinaba y el hereu ya estaba designado por el dedo del patriarca. Poco después, ya en la era de Pasqual Maragall (aunque con precedentes en el mandato anterior), se promovió la reforma del Estatuto, pero estuvo muy mal conducida y pésimamente gestionada, también por el gobierno de Rodríguez-Zapatero. El Estatuto prometido no llegó y comenzó a instalarse un halo de frustración. El paso del texto estatutario por las Cortes Generales (que, así lo escribí, nunca debió salir en esos términos de las instituciones catalanas) comportó (en esa incendiaria frase que perfectamente Alfonso Guerra se podría haber ahorrado) “pasar el cepillo” y generar una doble frustración. La anémica aprobación en referéndum de la reforma estatuaria otorgó una débil cobertura o apoyo al nuevo Estatuto. Aun así el modelo –con todas sus limitaciones- podría poco a poco explorar sus potencialidades.

Nada de eso sucedió. La impugnación del Estatuto ante el Tribunal Constitucional por el Partido Popular abrió un antes y un después en este largo proceso que ya lleva más de doce años coleando, aunque siete en ebullición. Una sentencia del Tribunal Constitucional, dictada cuatro años después (2010), declaró inconstitucionales diferentes preceptos de la reforma y llevó a cabo una interpretación de conformidad con la Constitución de otra buena parte de su contenido. La tercera frustración y el segundo “cepillado”. Y fue, cosa que nunca se resalta, la mayoría progresista del Tribunal la que se impuso. ¡Qué hubiera pasado si triunfan las tesis de la minoría conservadora! Mejor no pensarlo.

A partir de ese momento, aunque ya los ánimos estaban calientes, se abrió la caja de Pandora. La rauxa sustituyó al seny. Y una sociedad, antes comedida, integradora y pactista, se fue transformando paulatinamente de forma imperceptible en un entorno cada vez más hosco y la intransigencia comenzó a florecer. La estelada quedó colgada sine die en las terrazas y ventanas de las ciudades y pueblos. El independentismo creció, poco a poco, acelerando su implantación tras la victoria del Partido Popular en las elecciones legislativas de finales de 2011. Se hizo casi hegemónico entre la gente joven (dato nada menor). Como ha reconocido Víctor Lapuente, nada se entiende del proceso independentista catalán y de su creciente alejamiento de España sin ser conscientes del rechazo que aglutina esa formación política en Cataluña. No entraré aquí a describir si es justificado o no. Pero muy mal hicieron las cosas. No fueron los únicos en el arte de errar, pero sí los que generaron mayores destrozos.

Fruto de esos años y de comportamientos más recientes, vinieron las simplificaciones y los eslóganes fáciles (“España nos roba”; “Votar es democracia”; “España franquista”; “España igual a represión”; “presos políticos”, cuando son políticos presos, como dice el periodista Juan Cruz). Mensajes de bisutería política, de democracia top manta o de la era de la posverdad. Una identificación interesada entre España y sus gobernantes circunstanciales o un falseamiento absoluto de lo que es actualmente el país y cómo funciona (mal, pero no peor que la Generalitat, ni mucho menos). No obstante, ese discurso plagado de simplificaciones caló (y cala) hondo.  La fobia hacia el PP se había transformado ya en claro rechazo hacia España. Había campo abonado. A partir de ahí, algunos independentistas adoptaron una actitud de soberbia y de supremacía que tampoco en nada ayudará a que las relaciones de armonía se pudieran restablecer. No obstante, tales personas son pésimos mensajeros de su propia causa. La perjudican y mucho. La paradoja puede ser que al final de varios años de procés las filas del independentismo mengüen y no crezcan precisamente. Han creado un perfil del independentismo marcadamente antipático y excluyente. Dependerá de cómo se hagan las cosas desde las instituciones centrales. Visto lo visto, sobre todo lo más reciente, las dudas nos asaltan. Más todavía con lo que vendrá, que nada bueno augura.

El proceso de aceleración histórica se inició en aquel momento, ahora está ya desbocado. Líderes y agitadores irresponsables han hecho el resto. Se quemaron etapas a una velocidad de vértigo, se pasó de reivindicaciones autonomistas a exigencias de singularidad constitucional (Concierto Económico, sin saber realmente lo que ello significaba), y de ahí al manido derecho a decidir y, poco más tarde, a la propuesta soberanista (consulta del 9-N de 2014), que pronto se transforma en una opción de independentismo unilateral. Artur Mas, tiene gran parte de culpa en todo esto. Pero tampoco es el único. Ante la indolencia política o el desinterés suicida que mostraba el Gobierno español y su Presidente frente al crecimiento exponencial del fenómeno independentista, la convocatoria de unas elecciones plebiscitarias fue el siguiente paso. Desde Madrid se miraba aquello como una enfermedad pasajera, con una ceguera que hoy en día causa alarma. Fallaron las alertas (el CNI, al parecer, ha estado todos estos años de vacaciones en el Caribe). Se equivocaron de palmo a palmo en el diagnóstico. No se hizo política. El Gobierno dormitaba esperando no se qué. Gobernantes que nada saben de hacer política no pueden dirigir un país. Pero además es un Gobierno que nada sabe comunicar, vetusto en imagen y anclado en fórmulas pretéritas. La España analógica se enfrentaba al independentismo digital. Relato perdido. Por goleada. Nos salva que nadie (o casi nadie) quiere dinamitar la Unión Europea a plazos. Nada más.

Las elecciones plebiscitarias se saldaron, conviene recordarlo, con un fracaso electoral sonado, puesto que quienes pretendía sumar una mayoría absoluta de escaños se quedaron lejos de tal escenario (haciendo bueno el dicho de que en política dos más dos no son cuatro, pueden ser tres o menos), dependiendo así de una fuerza minoritaria antisistema (anarquista-comunista-ultranacionalista) como es la CUP. Tampoco obtuvieron, en su momento álgido, mayoría de votos, ni siquiera contando lo que eran antes “churras” (Junts x Si) con “merinas” (CUP). Y aquí empezó la fiesta o, dicho de otro modo, la radicalización del procés. La hoja de ruta independentista cayó en manos de la CUP y del asociacionismo ultranacionalista. Luego vino la chapuza postmoderna de las leyes de desconexión, así como el  irregular (sin garantía alguna) y suspendido (ahora ya inconstitucional tras la sentencia del TC, pero que nadie se inmuta en las filas del independentismo) “referéndum” del 1-O. La impotencia se instaló en un Estado ausente de Cataluña, tras la ruptura insurreccional del 6 y 7 de septiembre. La reacción del Gobierno español osciló entre la tibieza inicial y el garrote y tente tieso. Lamentable. Un Estado desvalido ante un proceso insurreccional institucional desconocido en una democracia occidental, en el que una parte del Estado reniega del orden constitucional mediante un juego de prestidigitación “constitucional” que cambia de la noche al día el sistema vigente. Las formas más básicas se ven preteridas y se echa mano del viejo argumento de la soberanía de la mayoría del Parlament, abriendo una etapa en la que cualquier sistema constitucional se podrá arrumbar en ese país por mayorías contingentes. Se acabó lo que se daba.

Lo cierto es que, por esos errores antes citados y otros muchos acumulados a lo largo de los años anteriores, también de responsabilidad política compartida, en el período que va desde 2010 a 2017 muchas personas se fueron pasando con armas y bagajes al mundo independentista. Pero la sensación de agravio fue haciendo honda la herida, retroalimentada por algunos medios de comunicación pirómanos en Madrid y correspondidos los mensajes por otros medios cada vez más propagandistas y sectarios en tierras catalanas. Ya no había marcha atrás. Se abría la zanja. Y no había nadie que echara tierra sobre ella o que se planteara construir puentes. Estos se volaron.

Con frecuencia se olvida, sin embargo, que el total y absoluto desapego (cuando no animadversión u odio) que se produce hacia España y todo lo español que se da entre buena parte del independentismo más radicalizado, vino precedido de una campaña de catalanofobia que se cultivó desde algunos medios de comunicación madrileños y a través de una política irresponsable durante los años del Estatut. De aquellos polvos vienen estos lodos. En no pocas ocasiones, fuera de Cataluña, tuve que defender a esa tierra y a sus reivindicaciones. En cenas con amigos, en comidas profesionales o en conversaciones varias. Ahora, con toda franqueza, ya no lo hago. Han llegado tan lejos,  quebrando totalmente el marco constitucional y las reglas del juego, que resulta imposible en términos racionales defender nada que tenga que ver con esa locura en la que han subido a dos millones (¿?) de personas y afectado a todos los demás. La verdad es que tenemos políticos pigmeos para problemas que requieren estadistas de altura. Esta es nuestra gran desgracia. Tanto allí como aquí.

Sin embargo, en Cataluña algo empezó a torcerse a partir de 2014. El sector público comenzó desde esa fecha un declive del que no se ha recuperado hasta ahora. La obsesión del procés devoró la agenda. Todo se fiaba a construir estructuras de Estado y escenarios de la futura independencia. Cataluña, pionera de la transformación del sector público, se hundía en la mediocridad. Una auténtica pena. Solo se hacía política existencial. Nada más.

Mientras tanto, en un persistente goteo, la sociedad se polarizaba, se partía, se enemistaba. Familias rotas, amigos/as que dejaban de serlo, compañeros de trabajo que ya no compartían ni un café, vecinos que se daban la espalda, antiguos colegas que se transformaban del día a la noche en ajenos, parejas que también sobrellevan esas distancias o que incluso se quiebran por tales diferencias. Nada será lo que era. Comenzó lisa y llanamente el desgarre puro y duro. En algunos casos terrible, fuente de padecimientos emocionales, que no se cuentan en las frías noticias; aunque sí en algún reportaje. El ultranacionalismo se instaló en una parte de la sociedad, alimentado por unos medios de comunicación públicos, antes  de buena factura y ahora deplorables. En el otro lado también reverdeció el nacionalismo español más rancio. Pero con frecuencia se olvida que existen más de tres millones de personas en Cataluña con derecho a voto, que son la mayoría, atrapadas en una lógica infernal y en un círculo diabólico al que nadie desde la política ofrece una salida mínimamente viable y consensuada. Esos son los grandes perdedores o paganos de este negro panorama. Y entre ellos también existe mucha incertidumbre, miedo, desconfianza y un inevitable punto de cabreo sobre lo mal que se están haciendo las cosas por pirómanos y bomberos.

En efecto, el procés no solo se ha llevado la legalidad constitucional y estatutaria, las instituciones y a la cultura institucional por delante, afectado o eliminado a no pocas fuerzas políticas (sobre todo las centrales del anterior sistema político), polarizado a la sociedad en el esquema schmittiano amigo/enemigo, o sembrado odio (recíproco) a paladas, de donde solo se pueden recibir tempestades; sus efectos son mucho peores, pues nos guste más o menos está convirtiendo gradualmente Cataluña en una sociedad cerrada e intolerante. La peor condición humana está emergiendo. Las redes sociales destilan basura y linchamiento por doquier. Nadie escucha nada, solo a los suyos en un monólogo empobrecedor y circular que nunca puede abrir un verdadero diálogo, que tanto se predica y nada se aplica. El fanatismo ha echado raíces profundas, se ha instalado cómodamente en lo que era (y ya no es) una sociedad plural, base de cualquier sistema democrático. Sectarismo y odio son hoy en día moneda corriente que circula por Cataluña. Muchas son las personas que quieren salir de allí, que ya no sienten el país como propio, aunque también las hay que se sientes atrapadas. Hay testimonios que entristecen profundamente, como este de Isabel Coixet. Ya no se admite la diferencia, la discrepancia, la crítica o aquella posición que no esté alineada con la independencia. Estas personas pasan a ser (exceso donde los haya) franquistas o súbditos españoles. Miseria del lenguaje, que nunca es neutro.

Lo siento, sinceramente, por los muchos conocidos (y algunos amigos) que he cultivado durante mi estancia en esa tierra. Lo siento  también por un país que ya no es (y presumo que no será nunca, al menos a corto/medio plazo) el que era: inclusivo y tolerante. El totalitarismo nacionalista que se pretende imponer por el independentismo más intransigente o el rancio nacionalismo español (este último alimentado desde la cómoda distancia) parecen ser, respectivamente, las señas de identidad  en las que los polos se abrazan. Nada bueno cabe augurar de esa tensión, que ahora enciende como una mecha el ultranacionalismo catalán (mucho más fuerte tras las purgas del mes de julio en los aparatos del poder) y pretende ser apagada con más gasolina desde el otro lado. La templanza no es una de nuestras virtudes. Todos mueven sus trapos y entonan sus himnos. Rota la armonía, se encontrarán con la antesala del infierno. Ya se vislumbran las llamas.

Sin embargo, con toda franqueza, el problema real (sin perjuicio de que a todos nos salpique, dado que nadie queda a resguardo) es de la sociedad catalana, si es que ésta aún existe. Exclusivamente suyo. Es ella la que ha de reaccionar y reconstruir la escena quemada. Si creen que esa es la hoja de ruta para fer país, ellos sabrán hacia dónde van. La alta incertidumbre no la podrán mantener muchas semanas o meses más, aunque se volverán a multiplicar las ocurrencias tácticas. El tiempo corre en su contra. El país se está hundiendo, la economía también. Aunque hay quienes se frotan las manos. Esto se acaba, aunque el incendio está aún poco controlado y seguirán apareciendo focos de grandes llamas y de insurrección callejera.

En todo caso, los contextos de excepción (como el que se anuncia tras el 21-O) no son buenos compañeros de viaje (menos cuando el calentón tiene la fiebre desbordada) y todo se puede ir más aún al garete. Las medidas aprobadas son duras, sin apenas graduación (salvo las que se haga de una gestión prudente, si es que se es quiere y las circunstancias lo permiten) y discutidas por no pocos miembros de la comunidad jurídica, así como (esto es importante) de aplicabilidad efectiva más que dudosa. Pero este es un debate que ahora no puedo abordar. Ya está en las redes y los editores de este Blog ya han dado su razonada opinión.  En todo caso, pretender gobernar Cataluña con el “mando a distancia” del artículo 155 o haciendo “zapping” institucional, requiere conocer muy bien el terreno (algo de lo que cabe dudar) y una máquina que obedezca. Y no está claro que ello se produzca. Tampoco que no genere una reacción exagerada de uno u otro lado. De momento la DUI, luego vete a saber (elecciones constituyentes, antes de la activación plena del 155, y vuelta a empezar). La intransigencia ultranacionalista que ahora manda ya no tiene marcha atrás: van directos al aquelarre. Gobernar la Generalitat desde “Madrit” es algo que no se digerirá fácil. Solo hace falta leer el problema en clave de fútbol. Ya pueden hacer pedagogía (o aprender a hacerla), pues costará mucho que esas medidas no se indigesten. Y, entonces, el remedio puede ser peor que la enfermedad. Aunque, también es verdad, que se detecta cansancio, agotamiento o, si prefieren, una honda tristeza de lo mal que se han hecho las cosas. Pero también lo es que hay fuerzas de choque preparadas para todo. No lo olviden.

Pase lo que pase, ya nada volverá a ser lo que era. La Cataluña mestiza e integradora, aquella tierra de acogida, se ha fracturado, se ha roto por completo. Se ha ido por el sumidero del procés. Cataluña ya no existe, se ha transmutado en el ideal totalitario y excluyente del ultranacionalismo independentista hoy gobernante a través del singular Directorio catalán (https://www.elconfidencial.com/autores/tribuna9-1816/) y mañana gobernada transitoriamente (o eso se intentará) desde Madrid, lo cual es un oprobio que será elevado a categoría de exterminio, en ese lenguaje hiperbólico que ya está plenamente afincado en el independentismo ultra. Al menos para muchos años o décadas no se vislumbra reconstrucción efectiva. En su momento se repartirán responsabilidades por ello, tanto internas (que muchas hay) como externas, que también abundan. La cuestión, como siempre, es quién escribirá el relato. Eso se dirime en los próximos meses.    

 

16 comentarios
  1. Daniel Iborra
    Daniel Iborra Dice:

    LA GRAN RECONVERSIÓN : O LOS CONTRIBUYENTES O LOS PRESTAMISTAS

    La falta de adaptación de nuestro sistema autonómico al proceso de unificación europea, desde hace años, lo hemos considerado un error gravísimo. Cataluña es el caso más grave pero no el único.
    Esta reconversión continúa ausente en los programas de nuestros partidos como una prioridad imperiosa. El sobrecoste autonómico, origen de buena parte del endeudamiento público, nos ha llevado a una situación límite.
    Si se produce una elevación general de tipos de interés o de nuestra prima de riesgo ,el ajuste, entonces, ya no lo harán nuestros políticos que tienen que cuidar a su clientela, sino los prestamistas exteriores que tendrán otra preocupación mayor que la electoral.
    Josep Oliver en La Vanguardia del 14 de julio pasado ( Vértigo ) nos prevenía del cambio que se estaba preparando en muchos países con el endurecimiento de las condiciones financieras ( FED ,BCE ,CHINA , ….) que puede arruinar nuestra burbuja de tranquilidad y crecimiento . Y que deberíamos irnos preparando para este inevitable cambio.
    Nuestro gran endeudamiento (1.124.961m.en julio) especialmente provocado, en los últimos años, por la puesta en marcha del mecanismo de liquidez autonómico , hace que tengamos una posición vulnerable.
    El FMI y la Comisión nos avisan de que el control del gasto autonómico es” crítico para que España logre cuadrar las cuentas públicas”.
    El tipo de interés medio se ha podido reducir desde el 4,07% en 2011 al 2,59 en agosto pasado por los resultados positivos de nuestra economía que han provocado la confianza de los mercados financieros y la actuación del BCE.
    Pero los datos del presupuesto de 2017 , ponen los pelos de punta si se produjera un incremento importante del coste de la deuda : IRPF 78.027 m , Impuesto de Sociedades 24.399 m, IVA 67.463 m, intereses 32.171m. El incremento de la inestabilidad política o el cambio de la dirección económica a rutas menos rigurosas, seguramente intensificará la reconversión.

  2. Facundo Mellado
    Facundo Mellado Dice:

    La explicación está en la corrupción compartida de CiU, ERC, PP y PSOE desde la Constitución.

    Lo que usted califica de «catalanofobia» es risible. Las «reivindicaciones» (palabra cargada de connotaciones, pues significa que lo que se reclama es ya suyo por derecho propio) del Estatut a que alude en abstracto, sin atreverse a nombrar ni una sola, eran inconstitucionales: la principal de todas es la de nombrar los partidos catalanes por sí mismos todos los cargos de las carreras judicial y fiscal.

    ¿Por qué tal pretensión, que no tiene que ver en nada con la nación, y sí mucho con el Estado? Para tapar la corrupción dirigida por Pujol y consentida y participada por los demás partidos.

    Lo demás es conversación y cebo para los tontos útiles.

    Las «estructuras de Estado» que usted refiere, lo que reclaman con tanta insolencia como pedantería, no es una aspiración al autogobierno, sino un modo de intentar tapar la corrupción desbordante. El resto del post lo dedica usted a tratar de las consecuencias en todos los terrenos que ha producido este forcejeo por ocultar la corrupción. Es forcejeo porque los partidos nacionales, PP y PSOE, no pueden consentir soltar el poder judicial en Cataluña, pues también ellos están corruptos, y no querrían negociar con los partidos catalanes en caso de que algo saliese a la luz. Es natural.

    La pregunta que un ciudadano ajeno a todo clientelismo ha de hacerse es: ¿cómo es posible una corrupción generalizada durante casi cuarenta años? La razón también la sabemos, y no es aplicable en exclusiva de Cataluña. En España la Constitución de 1978 consagró un sistema político parangonable con el de todo el continente europeo llamado Estado de partidos. Se caracteriza por un sistema electoral de lista de partidos y por la reunión de todos los poderes en sus cúpulas, que son cabalmente las que hacen las listas. Es una oligarquía política, pues basta poner de acuerdo a los jefes de partido para gobernar el país.

    Lo que en Cataluña ocurre es que Pujol no puede caer. No es lo mismo esto, aunque pueda parecerlo superficial y formalmente, a que caiga Camps en la Comunidad Valenciana, o Matas en las Baleares o Chávez y Griñán en Andalucía. Pujol es un jefe de partido. Él se siente igual a Felipe González, Aznar, Zapatero, Rajoy o Juan Carlos, con los que ha tratado personalmente. Ya amenazó nada sutilmente con el peligro de zarandear el árbol, peligro para los nidos y las ramas, claro. Y ha tenido el poder durante veintitrés años seguidos, disponiendo de todos los resortes para probar la mutua y compartida corrupción de todos. Aún manda por la vía de su delfín, Mas, hijo de uno de sus testaferros, que es el jefe del partido PDeCAT, y por ende, el que manda realmente. Puchi es un muñeco; Oriol Junquera, un tontarrón sincero.

    En suma. Procede plantar otro árbol y quemar el que tenemos, salvando los pocos frutos sanos que quedan. Una revolución política general, pacífica y democrática, es lo que procede si queremos que de España quede algo. Elecciones legislativas por distrito uninominal, pudiendo echar al representante en cualquier momento y anular lo hecho en exceso de mandato. Elecciones presidenciales para elegir un Presidente. Se acabarían los absurdos pactos, pues el partido no controlaría a los diputados miembros de él, y sería una mera plataforma electoral provisional; las leyes serían menores en número por la dificultad de poner de acuerdo a 350 distritos con intereses enfrentados. Tampoco tendrían sentido tales pactos para «formar Gobierno», expresión bárbara que sirve para ocultar los acuerdos oligárquicos en los que se reparten impúdicamente res extra commercium como la soberanía nacional. Los partidos separatistas serían barridos, y las regiones potentes, como Cataluña y Euskadi, lo que querrían sería designar al Presidente español, mucho más útil y beneficioso para ellas. El legislativo frenaría al ejecutivo, por su propia ambición. Las ambiciones se enfrentarían, y no correrían paralelas a paso marcial.

    De este modo se acabarían la inmensísima mayoría de los problemas de la vida pública española. Comunes, por cierto, a los europeos, pero allá ellos. Los partidos no lo harán. Viven del tinglado. Nos tendrán atascados en cuestiones estériles sobre cómo se aplica un precepto mal copiado de la Constitución alemana, y sobre si eso es justo, bueno, prudente, legal o superferolítico. O sobre un «derecho a decidir» evanescente.

    No nos dejemos. Tampoco en este blog, que tanto hace cada día por informar y reflexionar sobre la vida pública (que no sólo jurídica y política) española. Amar a España no es amar a la Constitución. Es más, la situación es tal que, si no nos la sacudimos de encima, ya no habrá España, sea ahora o dentro de cinco minutos, hablando en tiempo histórico.

    Ánimo.

    • O'farrill
      O'farrill Dice:

      Es lo que se viene planteando desde hace ya tiempo. El sistema está colapsado y el supuesto estado de Derecho hace aguas por todos lados, empezando por la propia C.E. Ayer mismo, en un foro institucional (y por ello nada sospechoso de “antisistema”), ante un público de juristas, un prestigioso catedrático de Derecho Penal repasaba como se vienen conculcando derechos fundamentales reconocidos en la C.E. por hechos policiales y judiciales, lo que está motivando una acumulación de peticiones de amparo ante el TC. En ningún sitio se ve un intento de aclarar el conflicto de “legalidades” que tanta inseguridad jurídica provocan.
      Hoy vemos con tristeza como se ha dado lugar a una declaración de independencia en el propio parlamento catalán y la proclamación de una república independiente. Todo por estar perdidos en las múltiples interpretaciones del texto constitucional. Ahora la pregunta es: ¿puede el estado español inmiscuirse en lo que ya “de facto” es un estado independiente con sus instituciones propias? Animo al debate que se promete interesante en el mundo del Derecho.

    • Juan Carlos Estorach
      Juan Carlos Estorach Dice:

      Me gusta lo que propone el Sr. Facundo Mellado: “plantar otro árbol y quemar el que tenemos, salvando los pocos frutos sanos que quedan”, y creo que sería una muy buena manera de iniciar el fin de la lacra de la corrupción que nos desangra en lo económico y destruye en lo moral; y de su simpática variante del pícaro politico que permite que existan seres inútiles que nada hacen y todo lian.

      Por desgracia las fobias en España existen y se utilizan siempre que se brinda la oportunidad política para ganar votos propios. A mi entender esto no debiera estar ni permitido ni consentido. La mayoria de ellas son manipulaciones verbales de los politicos mitineros donde el que bien habla más brilla, aunque mienta.

      Aprovechando las ganas de plantar otro árbol y…, sugiero castigar la mentira y la manipulación política (que son dos cosas distintas) de lanzar españoles contra españoles con el solo fin de ganar notoriedad para acreditar poder ingresar en la casta dirigente con derecho de pernada. Creo que todo se puede conseguir con el beneplácito de Europa y la comunidad financiera (bajando la prima de riesgo). ¿Porqué no se promociona?

      Nos queda mucho trabajo por hacer. Sí, ¡ánimo!

      No soy jurista pero entiendo que sólo en base a derecho eso se puede conseguir. También creo que esta opción no debe ser votada por la clase política en su gueto (las cortes) y sí por un referendum de TODOS los españoles.

  3. Daniel Iborra
    Daniel Iborra Dice:

    “Mientras los grandes países europeos pasaban a convertirse en una especie de provincias de un nuevo Estado, para asegurar el futuro económico y social de sus pueblos, nuestro país continuó un proceso contradictorio con las obligaciones que había asumido como socio de un proceso de integración política y económica generando, en paralelo a la creación de nuevos órganos y funciones supranacionales con sus costes correspondientes ,una estructura territorial inadecuada e inviable económicamente y desarrollando una fragmentación legal contraria a los fundamentos económicos y al régimen constitucional comunitario.
    El sistema autonómico (que si se reconvierte nos parece tan fundamental como el resto de administraciones), tal como evolucionó, sin orden ni control, se ha acabado convirtiendo en un sistema obsoleto, ineficiente, ruinoso para los ciudadanos y fuente de escándalos continuados al aflorar, sin descanso, todo tipo de casos de despilfarro de recursos, de corrupción y de incompetencia en buena parte de nuestra geografía.
    Todo ello se manifestaría si a los ciudadanos se les hiciera la siguiente consulta: ¿Está de acuerdo en que el régimen autonómico se ajuste a las funciones que las autonomías tendrán después del proceso de unificación europea? “ DIF
    La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal calculó en más de 200.000 millones el importe empleado en los mecanismos de financiación para las Comunidades Autónomas en el período 2007 a 2015 ( 20 puntos de los 65 del PIB incrementados en el total de deuda, mas otros 8 puntos por intereses = 86.501m ).Antes de esta crisis España sólo había tenido más de un 100% del PIB de pasivo en 1909 como consecuencia de las guerras de Cuba y Filipinas, así como de la depreciación de la peseta y de la inflación que llegó al 80%. “ABC18-2-17..En este mes de octubre se ha publicado que AIREF ha calculado que 200 puntos más de prima equivale a 15.000 m..

  4. Mis notas
    Mis notas Dice:

    La gravedad del enfrentamiento entre catalán/catalán, catalan/resto de España merezca prestar la tribuna de hay derecho a toda iniciativa que pueda aportar un poco de tranquilidad. No me gusta la equidistancia con la que trata a uno y a otros. Entiendo su compromiso con Cataluña pero
    este no era tribuna adecuada para ese ejercicio de relaciones públicas

  5. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    ¿Catalanofobia?
    Me parece más bien que lo que hay en España es hispanofobia y no solo concentrada en los territorios donde las pulsiones separatistas son más exacerbadas. Ya lo dijo Bismarck en el XIX: Si habla mal de España, es español.
    Basta con ojear los libros de texto de la enseñanza obligatoria. Es ahí donde se incuba y cultiva cuidadosamente el odio y no en las declaraciones más o menos altisonantes de ciertos responsables políticos o personajes forjadores de parte de la opinión pública que sin el caldo de cultivo previo pasarían sin pena ni gloria o penalizarían a sus autores. Porque declaraciones altisonantes y amenazas veladas con o sin sordina por parte del mismísimo capo Pujol (no digamos de su esposa), el que se envolvió en la cuatribarrada para evitar las responsabilidades de Banca Catalana y blindado en su condición de testaferro último del anterior Jefe del Estado dan para unos cuantos tomos de obras completas.
    Por contraste, todo lo anecdótico que se quiera pero significativo, la Sra. Aguirre, por ejemplo, (in)justamente zarandeada habitualmente en este blog, tomó medidas concretas para que en la enseñanza pública de la Comunidad de Madrid se pudiera impartir la enseñanza en catalán si había demanda. Y en Lérida (Lleida en catalán), hizo un discurso instando a que en la enseñanza obligatoria en toda España se estudiaran nociones elementales de las lenguas cooficiales.
    El problema del Estatut no fue el ruido político creado por el odiado PP, que obtuvo sus mejores resultados históricos en Cataluña con los “radicales” Vidal Quadras y luego Aznar, que lo guillotinó por exigencias de Pujol. El problema fue, primero un sistema jurídico de reforma estatutaria que es difícil de concebir peor y en segundo lugar una calamitosa “gestión” política. Algunas claves las apunta usted en su artículo pero en mi opinión omite otras más importantes.
    Voy a lo primero. Es absurdo jurídica y políticamente hablando que se pueda plebiscitar un estatuto de autonomía sin un dictamen previo de su constitucionalidad por parte del TC. Un íter lógico, aun discutible, sería proyecto del Parlamento autonómico – Cortes Generales – Tribunal Constitucional – Referéndum en el territorio afectado. Y digo discutible porque no se entiende que el proyecto sólo haya de ser refrendado en el territorio autonómico y no en el resto, que también es territorio afectado, de modo que se conforme una doble mayoría, sistema que exigiría amplios consensos evitando posiciones extremas y eliminaría temores más o menos infundados.
    Pero lo segundo fue un monumento al esperpento. Encallado el proyecto en el Parlament por las disensiones interminables sobre todo entre CiU y PSC, Maragall habla del 3% y Zapatero lo desbloquea al decir con irresponsabilidad máxima en un mitin que aprobará cualquier estatuto que salga del parlamento catalán.
    Se crea el “cordón sanitario” contra el PP (partido al que, por ejemplo se niega hoy la alcaldía de Badalona, pese a ser de largo el más votado), que siendo aun hoy con todo lo que ha llovido el mayoritario en España es excluido del consenso estatutario.
    Se “diviniza” un estatuto que concitó unos apoyos raquíticos: Exigua participación del 48,85%, 73,90% votos a favor, 20,76% en contra y 5,34% votos en blanco. Un paupérrimo 36,91% del censo a favor. ¿Qué habríamos dicho de una Constitución que hubiera cosechado estos resultados?
    Una última reflexión, ¿por qué el presunto nacionalismo español es el único casposo, mientras que el catalán o el vasco se presentan como modernos cuando no son sino la expresión de unos impostados supremacismos de base pseudo racial en un caso y de un absurdo complejo de victimismo histórico en otro?

  6. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Creo que es conveniente guardar copia del anterior comentario de Ennecerus para difusión urbi et orbe.
    La comunicación que no hacemos es nuestro principal problema.
    Saludos y gracias.

    PS. ¿Ahora que todo indica que comenzará el 155, qué va a suceder con lo que está oculto bajo la alfombra y es desconocido por la inmensa mayoría de españoles?

    ¿Qué tal esta Rumasa?
    “La Generalitat oculta las cuentas y los fondos de 65 entes públicos”
    http://www.abc.es/espana/abci-generalitat-oculta-tribunal-cuentas-fondos-65-entes-201710160349_noticia.HTML

  7. Daniel Iborra
    Daniel Iborra Dice:

    Se destinaron enormes recursos de todos ciudadanos, a favorecer la causa independentista.( control informativo, educativo , cultural…) pero en el interior apenas hubo advertencia intelectual e informativa del fraude.
    Si ante el conjunto de promesas, los ciudadanos hubieran exigido que se sometiera al análisis de competentes expertos: el brillante futuro para los pensionistas, un nivel de paro parecido a Austria, estabilidad financiera y presupuestaria, un país como Dinamarca en nivel de vida y gestión pública ..y que nos aclararan los costes del nuevo estado y por ejemplo, la presión fiscal que soportarán sus ciudadanos, seguramente tanto entusiasmo se hubiera enfriado y a más velocidad cuanta más gente hubiera concluido que todo era una estafa.
    Hubiera bastado que “los medios” hubieran proporcionado una información más solvente para que la opinión pública catalana tuviera otra percepción. ¿No es la subvención otra forma de corrupción?
    El tema de la independencia revela otra vez el fracaso del sistema informativo (salvo excepciones) en el tratamiento de temas de interés general.
    En cuanto a la corrupción ya denunciamos una situación parecida, cuando había tanta, en la época del boom inmobiliario, la percepción de la población era mínima ( un 1% hasta 2009). Y actualmente está al máximo cuando los datos objetivos la desmienten. En el barómetro del CIS de julio la independencia sólo preocupaba al 2’6% de españoles y la corrupción al 45’3%. En septiembre a punto de la catástrofe actual sólo preocupaba a un 7’8% y la corrupción a un 38 %.Si la percepción de los problemas depende de su tratamiento informativo, tenemos que mejorar bastante.
    Antón Costas ( Política sin Economía La Vanguardia 18-10-17) y Francesc de Carreras ( Nos deben una explicación El País 25-10-17 ) nos recuerdan el deber democrático de pedir responsabilidades a los cómplices intelectuales de semejante desastre .Como dijimos con la gran crisis , han de aclarar si fue por ignorancia o por interés.

  8. juanlui
    juanlui Dice:

    “Antón Costas ( Política sin Economía La Vanguardia 18-10-17) y Francesc de Carreras ( Nos deben una explicación El País 25-10-17 ) nos recuerdan el deber democrático de pedir responsabilidades a los cómplices intelectuales de semejante desastre .Como dijimos con la gran crisis , han de aclarar si fue por ignorancia o por interés.”

    Por supuesto que no aclarán nada. Ya he oído decir a alguno de ellos que “ahora no es el momentos”. Vamos, “que no toca”.
    Pero ¡ cómo serán las cosas ! que en la agenda no está, ni se la espera, el meter mano al adoctrinamiento catalán en las aulas.

    Debe ser que Rajoy, como todo lo que hace, sólo le ve la perspectiva económica, y si va en caja de puros, ¡ mejor !

  9. Daniel Iborra
    Daniel Iborra Dice:

    UN PAIS DE CUENTOS El origen de los problemas financieros de Cataluña deriva de la mala gestión pública y del despilfarro y apropiación de recursos públicos, especialmente en 2002-10.
    Cuando Pujol dejó la Generalitat esta funcionaba con 16.081.39 millones de euros en 2.003. Cuando cesó el tripartito en 2010 ya necesitaba 32.518,73 m. La deuda se triplicó de 10.918 m. a finales de 2.003 a 32.974 m. a finales del 2.010 y encima faltaba el gasto B
    No sólo quedaron sin liquidar ingentes cantidades de facturas pendientes además, en un informe de la Sindicatura de Comtes , se desvelaba que el Govern de Montilla dejó en 2010 por obras, una deuda de 79.502 m. de euros. En 4 años el importe se había triplicado( 25.543 en 2006).Deloitte hizo una auditoria de las cuentas públicas en el que no sólo incrementó el déficit público catalán del año 2010 en 400 m. hasta 8.352 m. de euros, además encontró otro gran agujero, el “gasto desplazado” del 2010 al 2011 ascendía a 1.209 m.
    En la gestión de nuestra gran crisis demostraron una grave incompetencia e irresponsabilidad. A diferencia de otros gestores autonómicos que reaccionaron con ajustes de gasto público y estímulo de la actividad económica, mientras duró el boom inmobiliario, los gastos fueron en paralelo al enorme crecimiento de ingresos .
    Cuando, a partir del primer semestre del 2.006 estalla la burbuja inmobiliaria, el gasto público continuó creciendo hasta 2010 desviándose de los ingresos que cayeron drásticamente, sentando las bases de la futura insolvencia financiera de la Generalitat.
    De como se despilfarraba el dinero público durante este período os dejo 2 muestras.
    En marzo del 2.008, Mas denunciaba que “al dejar CIU el gobierno, había en la Generalitat ,129.510 personas contratadas, sin contar las empresas públicas, ahora la cifra se ha elevado hasta las 178.948… Y, a pesar de la crisis, el incremento continuó hasta el 2010.(I.PIMEC 2015, en 2008 pasaban de 200.000)

  10. Daniel Iborra
    Daniel Iborra Dice:

    De Sala i Martin, en su artículo “ El rescate de Catalunya.”, después de hacer una crónica del despilfarro concluía “Resumiendo: una vergonzosa demostración del escaso respeto que el Govern de la Generalitat tenía por el dinero del contribuyente”
    Castells desvió el origen del déficit al modelo de financiación pactado en 2001 por Pujol y Aznar , Mas respondió que fue un modelo que dio buenos frutos hasta 2007 y que la situación deficitaria se debía al aumento desmesurado de los gasto de su Administración. Como se pudo comprobar con la aprobación del nuevo sistema de financiación por el Consejo de Política Fiscal y Financiera, el origen del problema estaba en la mala gestión pública.
    El 15-7- 2009, día de su aprobación, “La Vanguardia” recogía un artículo de Nuria Bosch “ Una buena financiación” que coincidía con el comentario de Castells “el acuerdo permite desarrollar el Estatut en toda su potencialidad y .. los ingresos de la Generalitat procederán casi en exclusiva , en un 96%, de los impuestos que pagan los catalanes. con el nuevo modelo Catalunya avanza hacia un modelo federal . La Generalitat destacaba que “por primera vez los recursos per cápita de Catalunya se situarán por encima de la media de las autonomías”. En el detalle de ingresos no financieros del presupuesto de 2011, el subtotal de tributos cedidos parcialmente ( IRPF, IVA y resto) daba un salto del 56%, pasando de 9.375,9 millones en 2010 a 14.667.1 en 2011.
    Este error en el diagnóstico de la insolvencia financiera de la Generalitat provocó que, muchos creyeron que se podían solucionar los problemas con Cataluña con una mejora de su financiación. No fue la población la beneficiaria de este incremento de ingresos ( acabó con una presión fiscal y una deuda pública históricas) sino la clase política catalana la que le sacó más provecho, era otro cuento. Para adaptarlo a lo real, deberíamos sustituir Cataluña o los catalanes por “ sus dirigentes necesitan mas recursos”.

  11. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Gracias Manu Oquendo.

    Se consumó la ignominia. Recemos porque sea suficiente el 155 de la Constitución para restaurar la legalidad.

    • O'farrill
      O'farrill Dice:

      Mucho me temo que no, porque de hecho estamos ante dos legalidades: la del recientemente proclamado estado catalán independiente (antes era parte del estado Español) y España. El exceso de “prudencia” en la respuesta que habría que haber dado hace ya unas décadas o los intereses partidarios y electorales, han dejado que fructificara la sedición. Era más fácil haber cesado o inhabilitado administrativamente a los responsables (desde hace años) que el desmontar la constitución desde el parlamento (representación del pueblo) de la llamada “república independiente de Cataluña”. Ojalá me equivoque pero el horizonte está muy oscuro. Un saludo.

  12. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Copio entresacado el comentario de un catedrático de derecho internacional privado de la UPV:

    “Hay un nacionalismo no excluyente ni sectario que pretende construir una nación plural, diversa, integrada por ciudadanos libres e iguales, moderna, abierta a Europa y al mundo.
    Existe, existimos una suma de ciudadanos vascos (y catalanes) que creemos en una nación e intentamos construirla desde la palabra y la razón, con respeto a la democracia, sin pisar a nada ni a nadie, sin violencia, sin imposiciones ni amenazas, y no se parece nada a ese nacionalismo españolista provocador, prepotente, hosco, maleducado, bronco, cainita y chulesco que domina el panorama político de la derecha española.”

    Quien ha escrito estas palabras es un caballero de trato afable y enormes inteligencia y capacidad de trabajo que, por supuesto, no firmó el manifiesto de sus colegas en contra del pretendido derecho de autodeterminación de Cataluña.

    Al parecer, la construcción nacional en Euskadi está siendo un proceso modélico, construido desde la palabra y la razón, con respeto a la democracia, sin pisar a nada ni a nadie, sin violencia, sin imposiciones ni amenazas. ¿Me estoy perdiendo algo? ¿La E.T.A. fue un mal sueño? ¿Los escoltas una excentricidad vacua e innecesaria? ¿Las imposiciones nacionalistas en educación, sanidad, función pública y, en general, en todo acto o asociación de la vida civil una imaginación? ¿Las víctimas unos impostores?

    Todo lo anterior vale para Cataluña. Con terrorismo y víctimas de Terra Lliure en menor intensidad, compensada con una política de colonización social del nacionalismo excluyente de mucha mayor intensidad.

    Qué barato sale denigrar al españolismo como un nacionalismo casposo y cutre y ensalzar el propio como algo por encima del bien y del mal. Se nota a la legua que España se libró y nunca entendió ni la Primera y la Segunda Guerras Mundiales. A cambio, sufrió una guerra civil que muchos tampoco han entendido, por muy cultos y leídos que sean.

    Quizá algún día nos demos cuenta de que una cosa es cómo nos vemos a nosotros mismos, otra cómo nos gustaría que nos vieran y otra cómo nos ven.

    Luego resulta que los jóvenes catalanes y vascos se van a trabajar a Madrid y no quieren volver ni locos a los respectivos sitios de procedencia “donde mejor se vive del mundo”.

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