Cataluña: ¿y ahora qué?

El último capítulo de la larga serie del psicodrama catalán tuvo un desenlace inesperado para muchos (aunque no para este blog, como pueden ver aquí y aquí). Tras un largo “planteamiento”, un “nudo” casi gordiano de requerimientos contestaciones, amagos y amenazas, la cosa quedó en una pseudo-DUI descafeinada y un 155 reducido en sus pretensiones iniciales con el añadido de una inmediata convocatoria de elecciones.

Ese “desenlace” no ha sido, por supuesto, un desenlace definitivo y a partir de ahí han ocurrido muchas cosas, y más que van a ocurrir.  En este post queremos advertir de que en el maremágnum de acontecimientos presentes y futuros es preciso no perder el rumbo, y que ello exige un esfuerzo para distinguir lo principal de lo accesorio.

Nos aclaramos: hay algunas cosas que se pueden discutir desde el ámbito político o jurídico pero hay otras que deben considerarse principios mínimos, sin lo cuales no hay nada a lo que agarrarse. Por ejemplo: podemos debatir si ha sido acertado convocar elecciones inmediatamente o hubiera sido mejor esperar y desmontar parte del tinglado institucional y mediático que nos ha conducido hasta aquí; podemos criticar los autos de los jueces de la Audiencia Nacional y del Supremo y entender que hubiera sido más justa (y conveniente) una libertad condicional para todos o algunos de los querellados, o por el contrario que todos deberían ingresar en prisión; podemos discutir si ha concurrido la violencia necesaria para calificar el delito de rebelión, o incluso de sedición, o si esto al final debe quedar en un simple delito de desórdenes públicos. Todo se puede discutir en un Estado de Derecho.

Pero hay cosas que son esenciales, y deberíamos ser conscientes de ello, porque sin esas cosas es muy difícil un entendimiento. Por ejemplo, que el Estado de Derecho es algo irrenunciable, innegociable e inseparable de una democracia que se precie de ser tal, por lo que no cabe modificar constituciones por medio de referendos ilegales, aunque eso no quiere decir que las constituciones no puedan modificarse por el procedimiento correspondiente. El procedimiento es justicia y libertad. También que meter a una persona en la cárcel por cometer delitos por motivos políticos no es crear presos políticos ni encarcelar a nadie por sus ideas. Intentar romper el pacto político por la vía de hecho es una de las agresiones más serias que puede sufrir una comunidad política y en todos los países democráticos se castiga con penas serias.

También es un dato casi seguro que el secesionismo va a seguir ahí, más o menos frustrado, y va a tener el apoyo de más o menos un cincuenta por ciento de la población. Pero, además, no debe ignorarse otra realidad: ha habido una evolución del nacionalismo a un secesionismo que no está exento de ribetes nocivos y antidemocráticos. Es decir, no se trata sólo de cómo resolver unas discrepancias políticas con las reglas que tenemos establecidas y en la que podríamos desembocar en la independencia de una región, sino como gestionar que una parte de la población apoya a unos líderes que han decidido prescindir de toda regla y acometer sus pretensiones por la vía de hecho. Este dato es también esencial, porque el independentismo, como opción política, cabe en el sistema, pero el totalitarismo secesionista, para el que el fin justifica los medios, no.

Otro hecho que hay que tener en cuenta es que España existe como nación y existe desde hace mucho tiempo, y que existen sentimientos de identidad española que comparte muchísima gente también en Cataluña como, sin duda, se ha mostrado con gran plasticidad en las últimas semanas; como lo es que hay una “cuestión catalana” que no es de ahora y que responde a otros sentimientos y hechos históricos que no proceden del señor Puigdemont y adláteres.

Pero las circunstancias nos han llevado a la situación en la que nos encontramos, que es la indiscutible aplicación del artículo 155 y del Código Penal, al menos en su fase inicial. Y, ¿ahora qué? ¿Alguien piensa que basta aplicar las normas políticas y penales para que esto se solucione? Quizás el Sr. Rajoy sí lo piense, pero cualquier persona con sentido común y con los incentivos correctos debe percatarse que este lio es imposible que pueda arreglarse por ensalmo. Pudiera ser que unas elecciones cambien el panorama político en Cataluña con una nueva mayoría que acatara la Constitución y acometiera ciertas reformas que permitieran reintegrar a Cataluña a la normalidad. Otra opción es que no sea así, y haya que aplicar de nuevo el artículo 155, en una sucesión de actos de acción-reacción in crescendo hasta que entraran en razón, la razón de la legalidad. Pero ni aun en el primero de los casos la situación quedaría resuelta. Todos estos factores son importantes y muestran que, más allá de las medidas hasta ahora adoptadas, va a ser preciso afrontar sin perdida alguna de tiempo varias cuestiones.

En primer lugar, debemos realizar una importante labor de reflexión acerca de por qué hemos llegado a este punto de casi ruptura. Hace tres años abogábamos (aquí) por realizar un esfuerzo paralelo al que se hace en la mediación y en otros modos de resolución alternativa de conflictos: ponerse en el lugar del otro y ver qué ocurre. Es necesario estudiar el invocado déficit de financiación y ponerle solución. Es imprescindible reorganizar y aclarar nuestro sistema competencial de organización territorial sin que ello tenga que implicar una cesión al “chantaje” soberanista. Esa distribución, pese a lo que muchos creen, no es un juego de suma cero. Es posible reservar unas competencias básicas al Estado, ceder el resto a las CCAA, y que el Estado mantenga unas competencias excepcionales de intervención para la preservación de la unidad de mercado y de la igualdad de las condiciones de vida de los ciudadanos cualquiera que sea el lugar donde residan. De esta forma, las CCAA tendrán más competencias y también más responsabilidad fiscal frente a sus ciudadanos, pero el Estado saldrá ganando si se le atribuyen facultades de intervención que ahora no tiene.

Entre otras cosas, tal cosa permitiría poner coto a esa corriente nociva y antisistema que ha estado empeñada en los últimos años en un esquema planificado de propaganda. Es interesante este trabajo (aquí) que muestra claramente que el independentismo crece cuando las autoridades regionales quieren traspasar la culpa de las consecuencias de la crisis a otras instancias, como muchos ya pensábamos. Para eso tiene que estar normativamente mucho más claro cuándo son ellas principalmente las que tiene la culpa de las perdidas relativas de bienestar de su CA, y no el Estado.

Pero hay algo muy importante que añadir, y es que debemos ver también la viga en el ojo propio. Lo que queremos decir es que esta deriva enloquecida hay culpas personales concretas pero también hay un elemento muy importante que tener en cuenta: la debilidad institucional propia que todos los españoles hemos permitido, muchas veces por complicidad, y si no por indiferencia. Así como las consecuencias de la crisis económica han pesado en España más que en otros lugares porque nuestra estructura institucional ha permitido que organismos que tendrían que haber actuado mucho mejor no lo hicieran -porque estaban capturados- también cabe decir que el nacimiento y agravamiento de la crisis política deben mucho a la debilidad institucional y a los vicios de un sistema que no practica, o lo hace tarde y mal, ni controles ni rendiciones de cuentas, pero tampoco penaliza las malas actuaciones. Esta debilidad ha minado el prestigio de las instituciones clave de nuestro sistema político y ha generado la sensación de que aquí vale todo, al menos para quién tiene el poder político (léase fáctico) por el mango.

En relación a Cataluña, pero también al resto de España, la dejadez y la lenidad son antiguas y han permitido desde hace tiempo que el Estado de Derecho fuera un simple concepto sin aplicación práctica y que intereses electorales a corto permitieran dar carta de naturaleza a situaciones que, por otro lado, todo el mundo reconocía como injustas e intolerables y que solo una situación crítica como esta parece poner en primer plano. Véase la cuestión, ahora de moda, del clientelismo nacionalista en todos los niveles sociales, desde el cultural y educativo al mediático y empresarial, con su correspondiente dosis de corrupción hard and soft. En una cadena descendente de descontroles, resulta que no sólo las relaciones entre el Estado y Cataluña han estado presididas por esa debilidad, sino que es precisamente en Cataluña donde la captura institucional ha presentado síntomas más agudos y ha permitido que el ejecutivo invada todos los sectores de la vida social y económica, como la educación a través de sus competencias, la prensa a través de la publicidad institucional (El Punt Diari va a hacer un ERE porque no puede vivir sin ella dos semanas), la sociedad civil a través de subvenciones, la Administración a través de la discrecionalidad y el mundo empresarial a través del clientelismo. Pero no nos engañemos, estos males son absolutamente generales. No es difícil comprender cómo esta hidra institucional puede llegar a conseguir por convencimiento o por intereses cruzados poner a un país en una situación crítica. Hoy ha sido esto, mañana vete a saber qué.

No ocultamos que nuestra visión es básicamente institucionalista y que consideramos que una modificación de las reglas del juego, formales o informales, legales o sociales, es esencial para que cambien las estructuras y las dinámicas de los países. Y que esas reglas no es fácil cambiarlas, pero que hay que aprovechar las coyunturas críticas, en que esas estructuras están en cuestión, para introducir cambios. Y este es el momento adecuado para introducir reformas que beneficien a todos, partiendo de la base que lo que ha fallado aquí no es sólo Cataluña, sino todo un sistema que ha generado incentivos inadecuados para todos.

Por eso, la reforma constitucional que se barrunta no puede ser una reforma constitucional para “encajar Cataluña en España”. Tiene que ser una reforma para encajar de una vez España, empezando por su aparato institucional. Necesitamos estudios técnicos y datos fiables, pero también saber a dónde nos queremos dirigir. Hemos construido un Estado federal sin los instrumentos típicos de responsabilidad autonómica y control federal propios de esos Estados. Hemos desactivado a conciencia los controles institucionales que garantizaban, a todos los niveles (local, autonómico y estatal) el funcionamiento neutral de nuestras instituciones en beneficio de los intereses generales. Es el momento de dar, por fin, el paso que nos falta. Toda crisis es también una gran oportunidad.

5 comentarios
  1. Fernando Gomá Lanzón
    Fernando Gomá Lanzón Dice:

    Exactamente, y la solución a un Estado de Derecho débil e imperfecto no es eliminarlo, sino más, mucho más Estado de Derecho, en las autonomías, en la administración central, en la municipal y en los organismos autónomos.

    Autobombo: y este post de Rodrigo e Ignacio lo que hace es aplicar a este caso concreto las ideas y propuestas de los dos libros que hemos publicado los editores de Hay Derecho bajo el nombre colectivo de Sansón Carrasco:

    ¿Hay Derecho? https://www.planetadelibros.com/libro-hay-derecho/119428

    Contra el capitalismo clientelar: https://www.planetadelibros.com/libro-contra-el-capitalismo-clientelar/249658

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  2. O'farrill
    O'farrill Dice:

    Comparto la preocupación de Ignacio por el futuro de Cataluña. Sobre todo porque ha venido a demostrar la fragilidad de un sistema autonómico donde rige básicamente el ¿que hay de lo mío?. Lo acabamos de ver con las presuntas concesiones al Pais Vasco para recibir a cambio el apoyo a los presupuestos de 2018. Tenemos que aprender a distinguir lo que es política de lo que es simplemente chantaje político. Hemos estado sometidos a esos chantajes primero en aras de la reconciliación nacional y la superación de la confrontación social (hasta ahí unas buenas intenciones que luego han derivado en las “memorias históricas” y otras “ocurrencias” parecidas) con la Constitución del 78 y su contenido pergeñado de aquella manera. Pero luego vinieron los “partidos” y la competencia por estar en el poder (ese poder que deja traslucir el lenguaje del “he decidido” o “hay que ver quien manda en Cataluña”); un poder mal digerido y peor entendido ya que es un simple encargo de responsabilidad administrativa. El afán de gobernar (administrar) se pervierte cuando es afán de “mandar” solamente.
    En mi modesta opinión se van creando situaciones problemáticas sin más sentido que perseverar “mandando”. A eso le llaman “estabilidad”. Tales situaciones son una burda caricatura de lo que es “Política” con mayúsculas. Un ex presidente autonómico que ha sido destituído por deslealtad al Estado, proclama que se presenta para seguir siéndolo; un ex gobierno autonómico que se sigue presentado como “gobierno en el exilio” y unos medios de comunicación que siguen hablando de presidentes, consejeros, etc. a quienes solo son ciudadanos normales pendientes de resoluciones judiciales. Ya he señalado cómo la C.E. señala la ilegalidad de las “asociaciones para delinquir”, pero siguen aceptándose candidaturas de partidos que pretenden (o así lo dicen) seguir delinquiendo en las próximas elecciones que convoca ¡el estado español! al que no reconocen….. ¿Es de locos o son las “ultimas tendencias” de la moda política.
    Contesto ya a Ignacio. Desgraciadamente creo que no va a cambiar nada. Que las elecciones tan torpemente convocadas en un estado emocional irracional, van a establecer algo muy parecido a lo anterior; que el adoctrinamiento educativo (ojo a esa cuestión) y mediático, continuarán por el mismo camino y que, otra vez, de nuevo, nos veremos en las mismas circunstancias.
    La única alternativa es tomar la iniciativa en cuanto a lo que Ignacio propone y comparto: reformar la Constitución para actualizar, mejorar y concretar que es España y que somos los españoles; como mejorar los sistemas de control sobre los administradores públicos e impedir sus desmanes; cómo mejorar el sistema de representación política con un sistema electoral más justo; cómo establecer que las llamadas “competencias” pertenecen al Estado, a la soberanía nacional y por tanto NADIE puede dar o quitar o apropiarse de las mismas, sino de servirlas con honestidad y eficacia, etc.etc. Para ello es muy importante la contribución de foros como “Hay Derecho” ajenos a intereses particulares y preocupados por la convivencia de todos en un Estado de Derecho que realmente lo sea.
    Un saludo.

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  3. AGonzalo
    AGonzalo Dice:

    Unas puntualizaciones:

    1) Sobre el Estado de Derecho: También los denominados “constitucionalistas” han pretendido modificar la Constitución (el artículo 155 que aprobaron los constituyentes sólo permite dar instrucciones, así se desprende de su redactado y de que votaran en contra de añadir un artículo -a propuesta de Alianza Popular- que permitía al Gobierno de España el dictaminar disoluciones y ceses en autonomías. Es interesante leer http://www.congreso.es/consti/constitucion/indice/sinopsis/sinopsis.jsp?art=155&tipo=2 ).

    2) Tema de si hay presos políticos o no: Todo apunta a que los “constitucionalistas” se han saltado la ley, como los “independentistas” (que también pretendieron dar una “apariencia de legalidad” a sus actos). Pero sólo estos últimos son perseguidos por la “justicia” (sin entrar en si se han cometido los delitos que les imputan o de si el tribunal que les pretende juzgar es el competente o si la prisión provisional está justificada). Supongo que habrá que esperar (¿indefinidamente?) a que el Tribunal Constitucional dictamine sobre la Constitucionalidad de lo perpetrado en base al 155 para que empiece a retratarse aún más claramente la “justicia”.
    NOTA: Es de esperar que Forcadell y cía. presenten el caso al TC en plena campaña electoral… para que ya se hayan incurrido en gastos para las votaciones -> El Tribunal de Cuentas se vería obligado a recaudar el gasto de las votaciones a Rajoy y cía.

    3) Tema “independentistas” en las votaciones del 21-D: Han de ser coherentes. “Ellos” se saltaron la ley para convocar una votación el 1-O, en la que querían que todos participaran… por tanto están obligados a respetar que “otros” se salten la ley para convocar una votación el 21-D, así que han de participar.

    4) Sobre el ¿y ahora qué?: La situación actual es insostenible (inseguridad jurídica, represión al “discrepante” -por ejemplo los titiriteros, o la prohibición de reuniones y/o cierre de webs para apoyar “el derecho a decicir”, o acusaciones a humoristas, o…-). Soy de la opinión que una reforma constitucional es imposible (los que ostentan el poder actualmente no tienen ningún incentivo real para cambiarla: están respaldados por millones de votantes). Sólo veo una posibilidad: Independencia lo antes posible.
    NOTA: En realidad puede que hubiera reforma constitucional -> Para que el TC no tuviera que sentenciar sobre lo perpetrado en base al 155… pero eso es algo que se puede retrasar indefinidamente. Por cierto, sobre la remota posibilidad de ir a una reforma federal de la Constitución: Tengo la impresión que el Estatut de 2006 iba por esa vía (y ya sabemos cómo acabó), y sabemos que basta con mentar “ceder al chantaje de los nacioalistas” para percibir lo improbable que es una vía parecida.

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  4. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Me ha gustado mucho el artículo de Ignacio Gomá incluso pecando, como peca, de un grado importante de tolerancia con la naturaleza y los actos del Nacionalismo Identitario. Un pecado compartido por prácticamente todos nosotros durante los últimos 40 años.

    Muchos, creo, nos sentimos culpables de ello y por no ahondar en nuestra culpa tendemos a ocultarnos a nosotros mismos actos y políticas públicas de nuestros nacionalismos periféricos que son abiertamente Totalitarios e Incompatibles con un sistema de libertades y derechos decente. No de ahora sino de siempre. Está en su naturaleza.

    La cuestión viene de tan atrás que no hay forma de sustanciarla en un artículo y mucho menos en comentarios.
    Hace falta un “relato·” exhaustivo y pormenorizado de la ignominia tolerada durante cuarenta años y que –violencia física y psicológica aparte– ha tenido especial manifestación en la entrega de los sistemas educativos de esas regiones a gente que los iba a usar para adoctrinar en contra de la voluntad de los padres. Desde antes de la Constitución del 78 y fuera del texto de ella si repasan los artículos competenciales.

    Para muestra un botón de los que no se salvan muchísimas familias, más de la mitad en Cataluña, que como sucedió en Vascongadas han tenido que tragar lo indecible porque el “Estado de Derecho” no es tal en lo que a esta gente se refiere.

    Y no lo es, no nos engañemos, porque el principal culpable ha sido el PSOE con un PSC que siempre ha hecho el Papel de Quintacolumnista. El PP tampoco se libra.¿Saben ustedes que fue el propio Fraga quien cambió La Coruña –como siempre se había llamado– por A Coruña?
    Lo que ha sucedido en España es de Hospital Psiquiátrico.

    El éxito de “Patria”, de Fernando Aramburu refleja el profundo hartazgo de los españoles con este estado de cosas y muestra que no se puede callar. Que hay que comunicar.

    Unos once años antes de Patria se publicó un modesto predecesor que abrió y marcó caminos. Una antología de artículos escritos durante los Años de Plomo con riesgo personal por un Jesuita rebelde. Un hombre de Frontera capaz de plantar cara a los excesos del franquismo y a los del nacionalismo.
    El precio que pagó con el Nacionalismo Vasco fue peor que el del propio Franco. Fernando Aramburu conoce muy bien esta obra de la cual traeré en otro mensaje a seguir uno de sus artículos para que vayamos entendiendo el alma de la bestia.

    Si su naturaleza no se entiende, no sabremos orientar nuestros pasos futuros.

    Un saludo y enhorabuena a Ignacio.

    PD. Al pensar estratégicamente sobre estos temas recordemos que nada es eterno y que países tan importantes como Alemania y UK no excluyen ni han excluido, escenarios en los que la UE haya dejado de existir en 20 años. Nada es gratis.

    **El Funeral por el alma de José Manuel Maza tendrá lugar el día 23, a las 20:15 horas en la Iglesia de Santa Bárbara (Plaza de las Salesas – Madrid)

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  5. Francisco
    Francisco Dice:

    Cuando hablan de déficit de financiación de la autonomía catalana se olvidan las veces que por acuerdo político, el Gobierno de España ha cubierto el déficit crónico de la sanidad catalana y esto ha sido al menos tres veces que yo recuerde una con el gobierno de Felipe Gonzalez y dos con los gobiernos de Jose María Aznar.El gobierno de Jose Luis Rodriguez Zapatero concedió a la Generalitat de Cataluña en el año 2006, entonces con el gobierno del Tripartito la mayor dotación presupuestaria de todo el Estado en la adjudicación para la construcción de carreteras unos 300 millones de euros,la Generalitat de Cataluña sólo licitó el 30%,no tenían infraestructura para más.En Cataluña país donde los agravios están a la orden del día pues han hecho una ideología basada en ellos,cuando de proyecta hacer una carretera y se decide su trazado entonces los municipios por donde se ha proyectado el trazado empiezan a protestar y a oponerse a ese trazado con asuntos de impacto ecológico u otros impedimentos,hay una carretera en Barcelona que pasa por Vallirana y que la finalidad es sortear el puerto del Ordal que lleva unos 15 años parada en el mismo sitio y en este tiempo no ha avanzado, llevo pasando ese tiempo por ella y todavía está sin acabar,cuando se habla de déficit de financiación también hay que tener en cuenta muchas veces el modus operandi de la Generalitat de Cataluña.

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