HD Joven: Subvención a las centrales eléctricas de carbón en España: financiación pública de una ventaja competitiva desleal

El lunes 27 de noviembre, las ediciones digitales de varios medios de comunicación de ámbito nacional (aquí, aquí) se hicieron eco de que la comisaria europea de competencia Margrethe Vestager anunció la apertura por parte de la Comisión Europea de una investigación a España sobre las ayudas públicas que se vienen concediendo desde el año 2007 al sector de la producción de energía eléctrica a través de carbón (hasta el día de hoy se han visto beneficiadas de estas ayudas públicas hasta catorce centrales pertenecientes a varias empresas). Estas subvenciones ascienden, hasta ahora, a cuatrocientos cuarenta millones de euros, casi nada.

Como punto de acercamiento al tema, conviene tener en cuenta que la evolución de la legislación europea ha ido recortando de forma paulatina los límites de emisión permitidos de, entre otros, el óxido de azufre que es el compuesto contaminante que emiten mayormente las centrales eléctricas de carbón. Éste compuesto resulta ser uno de los contaminantes del aire que mayor impacto tienen en el medio ambiente. Así, la Directiva 2001/81/CE, del Parlamento Europeo y del Consejo, de 23 de octubre de 2001, sobre techos nacionales de emisión de determinados contaminantes atmosféricos (la “Directiva 2001/81”), tuvo como objeto limitar las emisiones de contaminantes buscando reforzar la protección, en el ámbito de la Unión Europea, del medio ambiente y de la salud humana. La Directiva 2001/81 se incorporó a nuestro ordenamiento a través del Real Decreto 430/2004, de 12 de marzo.

La Directiva 2001/81, entre otras cosas, fijó unos límites de emisión de contaminantes a los distintos Estados miembros, fijándose el horizonte de esta limitación de emisiones en el año 2010. Adicionalmente, obligó a los Estados miembros a elaborar unos programas nacionales de reducción progresiva de las emisiones, que debían incluir información sobre las políticas y medidas adoptadas o previstas, así como estimaciones cuantificadas del efecto de esas políticas y medidas sobre las emisiones de contaminantes para el año 2010.

En este sentido y en cumplimiento de la citada Directiva, el día 23 de septiembre de 2003 se publicó en el BOE la Resolución de la Secretaría General de Medio Ambiente de 11 de septiembre de 2003, por la que se dispone la publicación del Acuerdo de 25 de julio de 2003, del Consejo de Ministros, por el que se aprueba el Programa nacional de reducción progresiva de emisiones nacionales de dióxido de azufre (SO2), óxidos de nitrógeno (NOx), compuestos orgánicos volátiles (COV) y amoniaco (NH3) (el “Primer Programa”). En lo referente al tema que nos ocupa, el Primer Programa no va más allá de una bonita -a la par que hueca- declaración de intenciones, ya que se limita en el punto 7.2 a realizar previsiones sobre la reducción del uso del carbón en la producción de energía eléctrica para el año 2011, pero sin concretar las medidas a tomar para la consecución de tan ansiado objetivo. En otras palabras, el Primer Programa no sirvió para nada más que fingir que se estaba cumpliendo con las directrices europeas.

Como la Directiva 2001/81 establecía en su artículo 6 que el programa nacional debe ser actualizado y revisado, el 14 de enero de 2008 se aprobó la Resolución de la Secretaría General para la Prevención de la Contaminación y el Cambio Climático, por la que se publica el Acuerdo de 7 de diciembre de 2007, del Consejo de Ministros, por el que se aprobaba el II Programa Nacional de Reducción de Emisiones, sobre techos nacionales de emisión de determinados contaminantes atmosféricos (el “Segundo Programa”). A su vez, el Segundo Programa se desarrolló a través de una serie de planes de acción sectoriales que se enmarcaron en el “Plan de Acción para la aplicación del II Programa Nacional de Reducción de Emisiones conforme a la Directiva sobre Techos Nacionales de Emisión”. Como el lector avezado podrá intuir, el Segundo Programa tuvo una utilidad muy similar a la del Primer Programa: una bonita y hueca apariencia de cumplimiento de las directrices europeas.

A efectos informativos,  y para los lectores que quieran estar al día, la Directiva 2001/81 fue derogada por la Directiva 2016/2284 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 14 de diciembre de 2016, relativa a la reducción de las emisiones nacionales de determinados contaminantes atmosféricos, por la que se modifica la Directiva 2003/35/CE y se deroga la Directiva 2001/81/CE (la “Directiva 2016/2284”), que a día de hoy está pendiente de transposición a nuestro ordenamiento. Dicho esto, al caso que nos ocupa no le resulta de aplicación dado que la legislación vigente en el año 2007 era la Directiva 2001/81.

Pues bien, la Orden ITC/3860/2007, de 28 de diciembre, por la que se revisan las tarifas eléctricas a partir del 1 de enero de 2008 (la “Orden ITC/3860/2007”), en su disposición adicional segunda, aprobó el conocido como “incentivo medioambiental”, objeto de investigación de la comisión europea de competencia y de nuestro breve análisis. Ésta ha sido la forma en que nuestro Gobierno ha buscado reducir las emisiones de óxido de azufre, a base de subvenciones públicas a centrales que no cumplen la normativa. La lógica nos dice que el incumplimiento de la legislación debería ser objeto de una sanción, no de una subvención. Adicionalmente a esto, la disposición adicional segunda no aclara con cargo a qué partida de los Presupuestos Generales del Estado se están pagando estas subvenciones.

La situación es francamente difícil de aceptar; la Unión Europea impone la obligación de reducir las emisiones de óxido de azufre y la forma de hacerlo por España es, de forma opaca y saltándose los procedimientos establecidos para ello, subvencionar a un determinado tipo de centrales productoras de energía. ¿Qué se ha conseguido con esto? Dar facilidades y financiación con dinero público a un sector poco competitivo frente a otros productores más eficientes y menos contaminantes. ¿Qué incentivo hay para aquellos que cumplan con la ley, y encima lo hagan de forma eficiente y poco contaminante? Por otro lado, el ciudadano de a pie no ha recibido utilidad alguna de los cuatrocientos cuarenta millones de euros que han constituido el “incentivo medioambiental”, más bien un perjuicio ya que el carbón no sólo es perjudicial para el medio ambiente, también hace más cara la obtención de energía eléctrica que otras fuentes de energía. Son todo desventajas.

Para culminar la maniobra, el Gobierno no notificó la concesión de esta subvención a la Comisión Europea para su evaluación con arreglo a las normas sobre ayudas estatales de aplicación. Este inocente despiste fue sin embargo muy útil para realizar esta subvención sin causar revuelo, todo muy transparente.

A los efectos de lo comentado hasta ahora, recordemos que el art. 107.1 de la Versión Consolidada del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea establece que “Salvo que los Tratados dispongan otra cosa, serán incompatibles con el mercado interior, en la medida en que afecten a los intercambios comerciales entre Estados miembros, las ayudas otorgadas por los Estados o mediante fondos estatales, bajo cualquier forma, que falseen o amenacen falsear la competencia, favoreciendo a determinadas empresas o producciones”. ¿Algo que ver con el incentivo medioambiental?

Según publicaba el pasado 29 de noviembre en su edición digital el periódico Cinco Días[1], Álvaro Nadal (actual Ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital) sostiene sin embargo que las ayudas eran legales en el momento de su concesión y que la Comisión Europea cambió las normas a posteriori. Afirmación ésta que no parece tener mucho sustento legal y que resulta ser un amago de “excusa” ante la falta de argumentos. Pues bien, según el ya citado artículo, “estos pagos se incluyen en el precio de la energía y no en los peajes de acceso”. Estupendo, todo sea para “abaratar” la factura de la luz del ciudadano de a pie.

Veremos a ver en qué queda la investigación, pero en mi opinión estamos ante un nuevo caso (más) de despilfarro del dinero público dando subvenciones sin justificación ninguna a sectores poco competitivos, de manera opaca, y vulnerando los procedimientos establecidos al efecto. Lo triste de esta situación es que estos favores no son gratis, que el que los concede lo hace para obtener algo a cambio, y quien los paga finalmente es el ciudadano de a pie.

 

 

 

 

 

[1] Para más información: https://cincodias.elpais.com/cincodias/2017/11/28/companias/1511895979_308282.html

2 comentarios
  1. Segismundo Alvarez Royo-Villanova
    Segismundo Alvarez Royo-Villanova Dice:

    Muy interesante y clarificador. El tema de la energía es tan complicado -y deliberadamente opaco- que este tipo de artículos son importantísimos para que la sociedad civil pueda formarse opinión y tratar de influir sobre la política. Enhorabuena.

  2. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Hace unos meses asistí a una conferencia-coloquio sobre Cambio Climático. En la mesa estaba un alto cargo público responsable de ….Cambio Climático. Un director de Estrategia y……..Cambio Climático de una generadora eléctrica. Un director de Energías renovables y….Cambio Climático de un constructor de parques Eólicos así como dos analistas de un Think Tank conocido por sus “Thoughts” consistentemente atlantistas. Ambos analistas también exhibían las palabras “Cambio Climático” en sus tarjetas de presentación.

    El público estaba formado por prensa creyente, algunos pequeños accionistas, un par de banqueros que eran los anfitriones del acto, y bastantes empleados y directivos de proveedores del sector. No se podían percibir disidencias.

    El evento desgranó reglamentos comunitarios, planes e hitos. Una especie de “call to action”.

    Lo que más me llamó la atención fue que en algún momento de su intervención todos los miembros de la mesa dijeron estas palabras. “Es que yo esto me lo creo”. Freudiano. Mi vecino, directivo de mi asociación de empresarios, me miró de reojo al oírlo. Luego, una vez hecho acto de presencia, fuese y no hubo nada.

    Salí del acto un tanto inquieto y sin poder olvidar la frase en cuestión. El conjunto me pareció como un acto litúrgico de declaración de Fe y Actitud positiva. Allí había un pastón de oportunidad a base de dinero público y reglamentaciones. Esto da para inmiscuirse en los más recónditos recovecos de la vida.

    Desde entonces he comenzado a bucear los fines de semana en la cuestión y, por lo que pueda ayudar, he ido descubriendo
    bibliografía científica que niega las hipótesis AGW (Anthropogenic Global Warming) y recuerda cosas tan obvias como los Ciclos Solares (Mínimos de Dalton etc.) con el apoyo de diversas academias de ciencia que todavía no han sido capturadas por unas redes clientelares muy activas. Aquí hay pasta, señores.

    Los libros son estos. Como lectura preparatoria o introito recomendaría el clásico de “La venganza de la Tierra” de James Lovelock, padre científico del ecologismo y hoy excomulgado por la Comisión de la Doctrina de la Fe. https://en.wikipedia.org/wiki/James_Lovelock

    “Climategate” de Brian Sussman. 2010
    “A new little Ice Age has started” de Lawrence Pierce, 2015
    “Dark Winter” de John L. Casey, 2014
    “Climate of corruption. Global Warming Hoax” de Larry Bell, 2011
    “The deliberate corruption of Climate Science” de Tim Ball, 2014
    ” Climate Change, the Facts” de Alan Moran (Editor), 2015.

    Por cierto, soy creyente. Un “True Believer” donde los haya: Reciclo, me gusta el aire limpio y planto árboles a pesar de que la fiscalidad –incluyendo los precios progresivos del agua– me penaliza mucho. No doy pienso a mis perros, etc.

    Tampoco quiero que me incineren porque me gustaría irme al cielo volviendo a la tierra. Me sorprenden las políticas públicas que en toda la UE de facto obligan a la Incineración de decenas de millones de cuerpos al año a cinco o seis horas de rabiosa combustión por unidad de cuenta. Tremendo ¿no?

    Tampoco entiendo la enfebrecida promoción de vuelos a 10,000 metros de altura a precios ridículos que desde luego contaminan más que cualquier otra posible fuente. Varios cientos de miles de vuelos cada día en los límites de la atmósfera respirable y todo cayendo sobre nosotros. Menuda “Externalidad Exenta”. Los hay con suerte.

    Por cierto ¿Quién promovió –y por qué– el crecimiento del Parque Diésel no hace tanto? ¿No sabían lo conocido desde hace más de cien años? ¿Por qué hemos de pagar nosotros las pifias Públicas?
    ¿Quién incentiva la ganadería que es la principal fuente de esos falsamente “calentadores” gases del CO2?

    ¿Por qué cambiaron de Global Warming A Climate Change? ¿Porque la mentira tiene las patas cortas y estaban pillados?

    De momento se ha despegado de este asunto USA. Canadá entra y sale. China y Rusia, –cuyas academias de ciencias creen que el Eterno Cambio Climático proviene muy fundamentalmente de factores no achacables al ser humano como los muy bien conocidos ciclos solares–, aprovechan nuestras subvenciones (precio de los permisos de emisión) y nuestro mercado (son líderes en gas y en productos fotovoltaicos y eólicos) mientras desarrollan sus propias políticas domésticas.
    La India no se fía del Panel Intergubernamental y crea su propio organismo científico. La Universidad de East Anglia (centro clave en todo el asunto) en la picota por modificar retroactivamente registros de temperaturas. https://www.forbes.com/2011/01/03/climate-change-hoax-opinions-contributors-larry-bell.html#1883bdfc522f

    Mientras tanto los ¿ricos? europeos pagamos todo el Show y se establece la nueva fe y su red clientelar. Esto suena mucho.
    Desde mi bien arraigada Fe en el deber moral de cuidar nuestra casa me temo que algo no cuadra.

    Mientras esto se desvela agradezco el artículo que no se mete en estos berenjenales y analiza lo cotidiano.

    Un saludo cordial y feliz Navidad.

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