Feliz 2018….el año de la mayoría de edad

El 18 es un bonito número: recuerda la edad en la que los ciudadanos españoles nos convertimos en sujetos con plena capacidad jurídica y de obrar plenamente responsables de nuestros propios actos al alcanzar la mayoría de edad.  Por eso esperamos que el 2018  traiga la consolidación de la democracia y el  Estado de Derecho en España que nos merecemos los mayores de edad.

2017 ha sido un año importante desde el punto de vista de la misión de Hay Derecho: la reivindicación y la defensa de uno de los grandes logros históricos de la Humanidad: el Estado de Derecho. Los españoles nos hemos dado cuenta de que sólo tendremos una sociedad más justa, más libre y más segura y si conseguimos que la norma presida nuestra vida pública y se sometan a ella no sólo todos los ciudadanos sino también los poderes públicos. Norma que debe de ser aprobada democráticamente pero de acuerdo con unos procedimientos preestablecidos que, por supuesto, se pueden cambiar, pero siempre siguiendo las reglas que, entre otras cosas, exigen el respeto de las minorías y la existencia de “checks and balances”.  Esta es la esencia del Estado de Derecho: nadie, ni los gobernantes, ni los poderes fácticos, ni “el pueblo” se pueden saltar las reglas del juego aunque si hay suficiente consenso se pueden cambiar. Las reglas más importantes son las que se han fijado en la Constitución; por eso se requieren amplias mayorías y procedimientos complejos para cambiarlas en garantía de alcanzar el mayor consenso posible en las cuestiones fundamentales. Se trata de algo profundamente revolucionario y a la vez profundamente frágil como hemos podido comprobar estos últimos meses en España. Y también de algo que nos afecta muy directamente a todos. Sin  Estado de Derecho no hay democracia digna de tal nombre.

Y, por supuesto, los temas candentes de 2017 continuarán siéndolo en 2018, porque pese a las buenas intenciones y a los buenos deseos el 1 de enero de 2018 no se “resetea” nada. Sin duda, el tema estrella ha sido la crisis catalana, que tantas cosas nos ha enseñado y nos seguirá enseñando entre ellas la fundamental de que en una democracia madura hay espacio para todos y también fórmulas para resolver los conflictos. Necesitaremos imaginación, valor y generosidad pero no tenemos ninguna duda de que los encontraremos si no en la mayoría de nuestros líderes  -algunos obviamente muy sobrepasados por los acontecimientos- si en una sociedad civil que está despertando con fuerza, en Cataluña y en el resto de España y que se está convirtiendo en un agente político y social de primer nivel.

Para nosotros, optimistas incorregibles, crisis es sinónimo de oportunidad y la Gran recesión, convertida en crisis política e institucional de primera magnitud nos ofrece una oportunidad única para acometer de una vez las grandes reformas  institucionales -constitucionales o no- que el país está pidiendo a gritos. Al fín y al cabo lo que ha sucedido en el año 2017 es muestra más que suficiente de que las instituciones más importantes gen nuestro país tenían grietas y fracturas que les han impedido desempeñar su papel o bien de contrapesos, o bien de instrumentos de canalización y resolución de conflictos, o bien de cauces de representación de los intereses de los ciudadanos.

Pero mientras ponemos a punto nuestras herramientas institucionales no podemos dejar de pensar en el día a día de los ciudadanos de este país y en sus preocupaciones inmediatas, ya se trate de las hipotecas, de la lucha contra la corrupción, de la factura de la luz, de la creciente desigualdad, de la precariedad laboral o de tantos y tantos otros que deberemos afrontar en el año que comienza. Aquí en Hay Derecho seguiremos tratando esos y otros muchos temas en el año 2018 con el convencimiento de que cada vez somos más los que pensamos que el futuro lo escribimos nosotros.

1 comentario
  1. O'farrill
    O'farrill Dice:

    Como muy bien señalan los editores de “Hay Derecho”, el “estado de Derecho” por sí mismo no queda justificado si no está avalado por la sociedad en su conjunto o si procede de imposiciones interesadas desde sectores privilegiados. El estado de Derecho no puede ser un fin en sí mismo, sin importar el contenido de ese Derecho. Muchas sociedades viven y han vivido bajo estados de Derecho injustos, donde los elementos jurídicos formales, causaron y siguen causando sufrimiento y dolor. El estado de Derecho es una consecuencia social. La sola existencia de “normas” no significa su sacralización dogmática, sino su cuestionamiento permanente para ajustarlas a las exigencias de cada tiempo, de cada tipo de sociedad. En eso estamos y debemos estar para reparar en cada momento las grietas y fisuras de este edificio común que se llama “Estado”. Un saludo para todos.

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