7 prejuicios para rechazar el feminismo en el lenguaje

(A propósito de las declaraciones de la “portavoza” de Unidos Podemos)

 

La semana pasada se abrió nuevamente el debate sobre la necesidad o no de modificar nuestras reglas lingüísticas para que nuestro idioma sea más inclusivo con la mujer. Todo comenzó cuando Irene Montero, número 2 de Unidos Podemos, dijo en una rueda de prensa “portavoces y portavozas”, lo que pareció tratarse de un error que después ella elevó a la categoría de lucha social. Ahora me dispongo a escribir mi primer artículo feminista en un intento, confío en que no estéril, por expresar mi preocupación por el modo en que se produce la toma de decisiones en nuestra sociedad.

Me interesa especialmente plasmar una idea y es que, en mi opinión, es casi tan grave ser machista como negarse a discutir sobre el fondo de un asunto, sin importar las razones que para ello se aduzcan. Si uno no respeta las normas, es imposible avanzar en el modo adecuado: o bien unos impondrán su dogma con reticencia de los otros o no lo impondrán, pero el problema de fondo quedará sin resolver. Así pues, la primera norma de la democracia es que tenemos el deber de hablar los unos con los otros y, por tanto, de escuchar.

Por entendernos, lo que ahora me preocupa no es convencerle a usted, lector/a, de que diga “portavozas” o de que apoye la incorporación de un cierto lenguaje inclusivo en el Diccionario de la Lengua Española. Lo que ahora pretendo es combatir el rechazo (“Del lenguaje inclusivo no quiero ni hablar”), a veces violento, primario e instintivo, carente de toda modestia, que en ocasiones todos mostramos para evitar debatir sobre determinados asuntos, porque su discusión nos resulta irritante.

Mientras trataba de plasmar mi postura, he identificado 7 prejuicios que he visto repetirse y que han ayudado a muchos a escurrir el bulto cuando de hablar de feminismo se trataba:

Prejuicio núm. 1: “A las mujeres lo que les interesa es cobrar más, no decirportavozas’

Por una parte, no dudo que la igualdad efectiva de la mujer no se consigue diciendo “portavozas”. Tampoco dudo que, entre decir “portavozas” con total libertad y una subida de sueldo, una mujer prefiere lo segundo, pero ésa tampoco es la cuestión. La pregunta es: ¿le parece importante a una mujer, aunque sea por una razón simbólica, que se avance en el lenguaje inclusivo?

A esto muchos responden negativamente, cuando a todas luces parece que no debiera ser un hombre el que responda a esta pregunta, pues su acción bien pudiera -y debiera- ser acusada de mansplaining. Por tanto, a menos que uno se base en detalladas encuestas que demuestren científicamente la verdadera voluntad del conjunto de las mujeres, es preciso ser más cauto en nuestras afirmaciones y, concretamente, no asegurar cuáles son las preferencias particulares de tus conciudadanas ni erigirse en portavoz o portavoza del mundo.

En cualquier caso, este prejuicio consiste en realidad en negar la mayor (el lenguaje inclusivo o aun el feminismo) por medio de desautorizar un argumento secundario o aun terciario (el sinsentido de decir “portavozas”). Por tanto, es una manera simplista, la más primaria, de rechazar el debate por medio de acreditar una pereza intelectual intolerable, que, además, denota una considerable fragilidad de los principios de uno: basta que una parlamentaria a quien ni siquiera votamos diga una “tontería” para que rechacemos el paquete en su conjunto, esto es, la oportunidad o no de adaptar el lenguaje a las nuevas exigencias sociales, o incluso el feminismo por entero. Esto sería casi como odiar la propia existencia porque el vecino no te haya dado los “buenos días” por la mañana.

Prejuicio núm. 2: “Debates cosméticos

La idea aquí sostenida es que los políticos se enredan en debates infecundos y no trabajan de verdad para los españoles. Este prejuicio, aunque relacionado con el anterior, invita a una reflexión distinta: ¿cuán importantes son los símbolos en política? Es decir, ¿hacen bien los políticos en atender lo simbólico, descuidando quizás policies más pragmáticas?

Según Abner Cohen, los símbolos son irrenunciables en política y de una importancia capital para la sociedad. Para advertir la relevancia que se otorga al simbolismo en todo tipo de sociedades, desde las más primitivas hasta las más modernas, no hay más que pensar en el modo en que se celebra un funeral o una boda.

Sin embargo, a pesar de que nuestro prejuicio núm. 2 entraña ya un error de concepto, que es menospreciar el valor de los símbolos en la sociedad, está además compuesto por un nuevo triple prejuicio: (i) presumir que son los políticos los que han creado (artificialmente) el debate (cuando no se tiene total seguridad de ello), (ii) presumir que los políticos no trabajan por lo que es verdaderamente importante (por cierto, me consta que el mismo día de aquellas declaraciones la propia Irene Montero se reunió con el Grupo Parlamentario Ciudadanos, a puerta cerrada, para discutir sobre la reforma electoral, que quizás sí nos interesa mucho a los españoles y que, en cualquier caso, sugiere que aquélla, además de en la provocación, está ocupada en otras labores legislativas) y (iii) presumir que lo que uno considera importante coincide con lo que el resto del mundo considera importante, lo cual fácilmente puede revertir en un acto de soberbia, al descartar por absurdos asuntos que para otros sí pueden ser sustanciales.

Prejuicio núm. 3: “Ahora tenemos otras prioridades

Este prejuicio, apenas un argumento, viene a sugerir, en resumen, que precisamente ahora –se entiende que de manera excepcional– no disponemos de tiempo para encarar asuntos “menores” como éstos, pero que, ya cuando seamos ricos, hablaremos de ello. Es un argumento del tipo “me pilla usted ocupado”, “ya le llamaremos” o “hablaremos cuando los cerdos vuelen”.

Por un lado, se trata de una actitud conservadora, por cuanto se vislumbra con perfecta nitidez que el argumento no responde a una lógica racional (pues no la tiene), sino a una reacción emocional basada fundamentalmente en conservar los privilegios adquiridos, aun siendo éstos injustos, bajo cualquier circunstancia, hasta el punto de que uno se niega vehementemente incluso a conversar sobre el asunto. El rechazo no obedece, pues, a un estricto orden de prioridades a partir del cual uno pretende lograr un desinteresado mejoramiento del bienestar social (puesto que ambas cosas son compatibles y, de hecho, complementarias), sino a una excusa (vestida de orden y templanza) para no esforzarse por modificar el modo en que uno está acostumbrado a hablar.

Por otra parte, lo entiendo: una persona tiene muchas obligaciones diarias que colman el curso natural de sus días (el trabajo, los niños, las facturas, los amigos, etc.), dejando apenas tiempo, en el mejor de los casos, para debatir sobre los asuntos políticos de mayor envergadura. Se me ocurre, no obstante, una solución: hablar de fútbol una hora menos a la semana.

Prejuicio núm. 4: “El lenguaje ya prevé la neutralidad

Este prejuicio parte directamente de un descuido teórico. Como señalaba en El Mundo Salvador Gutiérrez Órdoñez, catedrático de Lingüística, miembro de la RAE y consejero de Fundéu, esta disputa no es nueva. Nos recuerda que la incorporación del tinte femenino a las palabras ya ha atravesado la reticencia en el pasado, como demuestran los casos de “diputada”, “abogada”, “jueza”, “catedrática”, “árbitra” o “bombera”. ¿Saben por qué razón hubo entonces un ferviente rechazo a su incorporación al Diccionario? Porque entonces las mujeres no desempeñaban ninguno de esos oficios y los hombres no estaban acostumbrados a oír esas nuevas palabras. De modo que por un tiempo se empeñaron en decir la diputado, la abogado, la juez, etc., y finalmente cedieron. Todo se resume en una frase: “El pueblo es el dueño del idioma”.

La ausencia de neutralidad ocurre aún en nuestra lengua, por supuesto. Si se fijan, es habitual que, en un grupo de diez personas con ocho chicas y dos chicos, un chico diga: “Chicos, vámonos” (a pesar de la minoría en número), de la misma forma que, si es una chica la que lo dice, rápidamente se disculpe ante los otros dos, como si se tratara de una ofensa. También es costumbre hablar de “el hombre” para referirse a ambos sexos: “A lo largo de la Historia, el hombre se ha mostrado siempre reacio al cambio” (en el ejemplo, se refiere a hombres y mujeres, pero bien pudiera referirse sólo a los primeros a los efectos del presente artículo). Al respecto, Mercedes Bengoechea, sociolingüista y catedrática en Filología de la Universidad de Alcalá, afirmaba: “El problema es que el masculino intenta representar a toda la humanidad y el femenino, no”. Por tanto, el problema no es que el masculino abarque la neutralidad, sino que es precisamente el masculino, y no el femenino, el que la abarca.

Es justo recordar que polémicas similares ocurrieron con palabras como “negro” o “maricones”, pues nuestra rica lengua contiene palabras y expresiones que, por irrespetuosas, son merecedoras de revisión, véase “merienda de negros”, “maricón, el último”, “qué […] ni qué niño muerto” o “cara de corderito degollado”.

Eso por no hablar de algunas palabras innegablemente machistas e irrespetuosas con la mujer, que, además, refiriéndose a hombre y mujer, adquieren significados distintos: golf@ (pícaro, promiscua), zorr@ (astuto, promiscua), atrevid@ (valiente, promiscua).

Por tanto, el lenguaje no es neutral, sino que favorece al hombre, en detrimento de la mujer y por razones obvias: el histórico dominio del primero sobre la segunda.

Prejuicio núm. 5: “Me niego a que cuatro feminazis me digan cómo debo hablar

Si lo anterior no ha funcionado, el instinto está gratamente invitado a actuar. Este argumento, pues, contiene una elevada carga emocional, esta vez en forma de defensa propia, que olvida que las lenguas están en continua evolución y que, de hecho, el español no es sino una vulgarización del latín.

Además, nuestras preferencias o deseos no son un patrón oro ni de la justicia ni del bien y del mal (antes al contrario). Por tanto, poco importa que uno quiera o no quiera hacer una cosa (“me niego a hablar”), porque, no el Código Penal, sino la moral y sus caprichos seguirán su propio camino sin prestarle a uno atención.

Existe una última réplica a este prejuicio núm. 5: la propia educación, a veces no impuesta sino por uno mismo o por el entorno más próximo, es un ejemplo más de cómo la corrección (también política) es parte de nuestro día a día. Uno es perfectamente libre de no decir “buenos días”, de no dar las gracias o de comenzar una frase diciendo “a ver si te enteras de una vez”, pero es posible que no caiga en gracia en sociedad.

Prejuicio núm. 6: “El feminismo es intolerante con los hombres

Cuando los argumentos secundarios o terciarios fallan, llega el momento de negar la mayor: el feminismo. En esta negativa siempre se percibe una notable confusión entre el feminismo radical y otro más moderado.

Cierto es que algunos de los protagonistas de este movimiento, que se han erigido en representantes de todo un pueblo, han pecado ciertamente de exceso y populismo, lo cual es irresponsable de acuerdo con su posición (políticos y otros personajes públicos). Así, como es natural, se corre el riesgo de asociar el feminismo a determinados individuos que nos resultan antipáticos y, de ese modo, acrecentar el riesgo de rechazo. Sin embargo, y al margen de lo anterior y de lo ya expuesto en el prejuicio núm. 1,  el feminismo representa una causa pública muy noble y digna de nuestra atención, que no persigue otra cosa que el progreso social y la igualdad de los ciudadanos.

Y hay algo más: si los feministas (partidarios de la igualdad efectiva entre hombres y mujeres), que somos la mayoría de la población española, nos empeñamos en no participar de este debate, corremos el riesgo de que quede éste a merced de una ideología inaceptable de tintes supremacistas, como puede ser el hembrismo o el machismo, dos extremos de la misma cuestión simplemente detestables.

Prejuicio núm. 7: “Mucho victimismo

Este argumento, ya muy falible, producto del agotamiento que produce la conversación, parte de una suerte de darwinismo social posmoderno que defiende que, si una mujer tiene talento y se esfuerza, puede llegar a donde quiera, lo cual demuestran casos de altas ejecutivas, juezas y escritoras. Vaya, que lo que una mujer debe hacer es trabajar duro y no discutir sobre cosas absurdas. La legitimidad del argumento, de una distinguida pobreza intelectual, se concede cuando quien lo expone es una mujer bien situada social, económica y profesionalmente, normalmente sin hijos (excepcionalmente con ellos).

Este prejuicio se empeña en obviar que existen circunstancias que dificultan, no sólo el ascenso profesional de la mujer, sino también su inclusión social efectiva. Como decíamos antes, el caso particular no ilustra la verdad general, que es que, desgraciadamente, la inclusión total de una mujer no es más que la anomalía.

CONCLUSIONES

Durante estos días, he podido observar cómo estos prejuicios invaden el curso natural de la conversación y la reducen a la categoría de “discursitos de bar”. El fondo del asunto, de índole lingüística, política o, en cualquier caso, no emocional no es apenas contrastado precisamente a causa de que estos prejuicios se interponen en nuestro debate.

No soy sospechoso de profesar una actitud relajada ante la gramática y la ortografía, ni desde luego de simpatizar con algunos de los políticos y personajes que han protagonizado el discurso feminista con alta vehemencia y poca habilidad política. Sin embargo, tras un breve estudio de la Historia, cualquiera puede advertir que las mujeres han permanecido a la sombra del hombre durante siglos, de modo que lo mínimo que merece el feminismo es toda nuestra sincera atención, aunque eso conlleve superar nuestras fobias y rabias, así como separar la paja del trigo para encontrar, debajo del populismo y la estupidez, debates y políticas dignos de nuestro tan apreciado tiempo.

La forma en la que discutamos sobre éste y cualquier otro asunto es crucial. Tal vez los prejuicios analizados en este artículo sirvan para convencer al/la lector/a de que, cuandoquiera que discuta sobre un asunto público, ya sea el feminismo, el lenguaje inclusivo o el aborto, no debe en ningún caso permitir que sus prejuicios, que en gran medida son inevitables pero que desde luego se pueden superar, interfieran en la discusión de asuntos sociales y políticos de una manera racional y, en definitiva, más civilizada.

Existe una forma de identificar si nos estamos dejando llevar por nuestros impulsos, una pista para advertir nuestra vulnerabilidad ante las emociones, que, además, es compartida por los siete prejuicios antes expuestos: el rechazo. Si no estamos dispuestos ni siquiera a debatir es porque ya estamos a merced de los deseos, y no de las ideas.

En el debate sobre el feminismo, escurrir el bulto ya no es una opción. Es hora de hablar; de todo, incluso de las chorradas.

 

12 comentarios
  1. Gonzalo F. Atela
    Gonzalo F. Atela Dice:

    El ser humano tiene más de dos millones de años. En estos dos millones de años hemos convivido hombres y mujeres con más o menos armonía. Han existido, y existen, muchos modelos de convivencia en el mundo. No, no es tan sencillo como se plantea. En particular, como se plantea en algunos medios de comunicación famélicos que viven de la pequeña y rastrera polémica como la actual. En este sentido, las discusiones que se ven en la televisión abierta son muy simplistas. Y de ahí el tópico y el prejuicio fáciles se expanden.

    El tema de la forma, el lenguaje, pierde importancia al valorarlo junto el tema de fondo. El tema de fondo, no es un tema sencillo, ni de una sola solución, ni de soluciones inmediatas. El tema de fondo es aún más complejo al darse en una sociedad que cambia a grandes pasos.

    En consecuencia, abordar el tema con referencias a “miembras” “astronautos” etc. es irritante. Irritante por la simpleza con que se aborda.

    Me temo que la polémica responde solo a un deseo de la “portavoza”: que se hable de mi aunque se hable mal.

    • Ignacio Gomá Garcés
      Ignacio Gomá Garcés Dice:

      Estimado Gonzalo:

      Gracias por su comentarlo. Al parecer estamos de acuerdo, tal y como he intentado plasmar (espero que con éxito) en mi artículo.

      Yo no dudo en modo alguno que es preciso abordar el debate desde una mayor complejidad y con un menor populismo. Pero, y ahí está la cuestión, hay que abordarlo y, sobre todo, no rechazarlo porque algunas partes del debate nos resulten irritantes, quizás con razón o quizás sin ella.

      Un saludo.

  2. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Es quizás momento de una relectura pausada de Gramsci antes de analizar lo que viene sucediendo en esta fase de la sociedad occidental.

    No creo que sea solo cuestión a tratar en blogs, que sin duda lo es, sino de que la gente se vaya preparando seriamente para lo que ya tiene encima en términos de Ingeniería Social aplicada EXCLISIVAMENTE sobre las que un día fueron Democracias Liberales y hoy ya son el hazmerreir del mundo por haberse convertido en Sociedades Despóticas como pronosticó Tocqueville. sociedades corriendo como pollos ya sin cabeza y adorando estereotipos autodestructivos mientras el resto del mundo se refuerza en sus culturas.

    Hoy mismo, la alcaldía de Nueva York tiene registrados algo más de 30 “géneros” que exigen bajo pena de multa cuantiosa el debido reconocimiento por parte de los dependientes y gestores de cualquier negocio.
    En Canadá se está amonestando a profesores universitarios de prestigio por no usar el tratamiento “deseado” por miembros de dichos géneros y un número creciente de niños USA se resisten desafiantes a entrar en el “rollo” de considerarse mujer o considerarse hombre. Es decir, te pueden obligar y te obligan a hablar como ellos quieren. Hoy hemos visto que un lobby de abogadas del negocio del maltrato va a tratar de intimidar a los jueces que no hagan caso a lo que sus clientas declaran.

    ¿Quién permite que una Judicatura que puede ser intimidada de esta forma? ¿Nadie va a proteger a esas jueces? ¿No quedamos en que es la tercera pata del Poder? Pues no se nota.

    Aquí, en Madrid, bajo la ley Cifuentes –que no hace más que ejecutar sumisa instrucciones de la Comisión Europea vía un edicto del Parlamento europeo en 2006–, ya tenemos profesoras sancionadas administrativamente por discrepar y activistas LGTBI e ideólogos de género cuentan a los niños y niñas de los colegios –sin autorización de los progenitores– cosas como las que se pueden escuchar en este documento.
    https://www.youtube.com/watch?v=kMgjcS8cYGE&mkt_tok=eyJpIjoiWWpnek9XUTFPV1E1TkRZMyIsInQiOiJiZU1Fa1Rvc0swN2I5eVZDU01DY2lvTkEzY2Z3VllHZE85cTFoVm1DYlFIUm5cL0t0ZHlXNGxYNEl6MEN5Mzc3WDBYK3dOM0Y3bzdGUzgzaStMWlFqUjVKN0lmblBSNTZFZVkxRVhrTjV1YkVXRTlUZUphTG1YWkZ0eHZmNzZaYmMifQ%3D%3D

    Todo esto ni nace aquí ni en Europa ni es fruto de ningún sistema democrático.
    Es la imposición de Lobbies desde el corazón del Imperio que en este momento necesita como el aire Cambiar Profundamente la naturaleza de nuestra sociedad. Por lo tanto son aliados.

    Que esto haya producido una extraña alianza entre la Extrema Izquierda y el Poder del NWO solo sorprende a quien prefiere no enterarse de lo que está pasando delante de nuestras narices sin que nadie parezca preocuparse porque se nos está haciendo con nocturnidad y alevosía.

    Que sean el Podemismo y el Zapaterismo (Zapatero no fue más que el monigote de Philip Noel Pettit en estas cuestiones) quienes más están cooperando en la ejecución es completamente lógico –son ideologías totalitarias– pero esto no debe confundirnos sobre lo que está detrás porque, como verán si repasan la trayectoria del PP, no han modificado ni una sola de las Tropelías de Zapatero cuando tuvieron mayoría absoluta. Ni una sola.

    Ciudadanos por su parte ya ha recibido el primer aviso y tampoco moverá un dedo para ello porque les supondría enfrentarse al Poder de verdad y eso no está en el programa. Rajoy ya pasó por ello y se “recondujo” como muchos de los lectores recordarán.

    Voy a citar a un compañero de camino de Marcuse. El sociólogo Robert P. Wolff (Columbia U.).
    En la página 18 del libro colectivo “A Critique of Pure Tolerance” (1965)…………….A boy becomes a man by imitating the men around him, and in so doing he irrevocably shapes himself in their image. ……………He internalizes the behaviour patterns of the adults around him………..

    Por lo tanto ¿Qué hemos de hacer si alguien quiere cambiar esta sociedad? –se preguntan Wolff, Barrington y Marcuse en el librito en cuestión–………….Fácil: .cambiar los arquetipos sociales y familiares que sirven de modelo a los niños y niñas.
    Lo que desde entonces viene sucediendo.

    En menos de 50 años el panorama familiar occidental es una carnicería, los enfrentamientos hombre-mujer están institucionalizados y financiados desde el poder y se promueven los arquetipos que garantizan que esto va a ser un cementerio en poco tiempo.
    ¿No lo vemos?

    Lo de las “Portavozas” no es una estupidez de jovencita analfabeta. Es otro paso más en un diseño programado, ejecutado y ………..legislado mientras una gran parte de la profesión legal está haciendo de cómplice o en la inopia. Es decir, la democracia se fue a hacer gárgaras. Ya estamos en otra fase.

    La gente que está haciendo este trabajo lleva currándoselo muy duramente muchas décadas y están ganando porque enfrente no tienen adversario.

    El autor nos habla de las formas, cierto, pero mucho antes hay que saber bien a quién y a qué te enfrentas. Hay mucho tajo por delante.

    Saludos cordiales y ánimo.

  3. Susana
    Susana Dice:

    ¿Que diría un alemán de este debate esteril? Ellos usan el pronombre personal de femenino para el plural. ¿Discriminan a los hombres?
    Puedo aceptar que se use “a” en las palabras que acaban en “o” pero hacerlo en las que acaban en “e”o en cualquier otra consonante o vocal es estúpido. Solo sirve para tardar el doble en hablar.
    ¿Vamos a decir dentisto, futbolisto, idioto… a partir de ahora?
    Está claro que estos artículos están escritos por hombres, que cobrarán como hombres y no como mujeres, que promocionarán profesionalmente como hombres y no como mujeres, que tendrán una esposa o una asistenta para limpiar la casa y cuidar de los hijos.
    Igual que las políticas y las feministas de organizaciones subvencionadas.
    Siento decirlo pero las madres trabajadoras tenemos otras luchas en las que emplear nuestro tiempo.

    • Ignacio Gomá Garcés
      Ignacio Gomá Garcés Dice:

      Gracias por su comentario, Susana. Como no me canso de repetir, el artículo trata el rechazo, y sólo indirectamente el lenguaje inclusivo.

      En cualquier caso, nos alegramos de que le vaya bien, de veras se lo digo.

  4. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Por dar un detalle de los géneros protegidos por New York City.

    Bi-Gendered, Cross-Dresser, Drag King, Drag Queen, Femme Queen, Female to Male, (FTM), Gender Bender que no se debe confundir con Gender Blender, Gender Queer, Male to Female,(MTF), Non Op, Hijra Pangender, Transexual-Transexual, Butch, Two Spirit, Agender, Third sex, Gender Fluid, Non Binary Transgender, etc, etc.

    Las multas por no reconocer su especificidad (aseos o tratamiento) llegan a 125,000 dólares o el doble si se hace con mala leche.

    ¿Chorrada? Ni de coña. Un subterfugio para dominar los coletazos agónicos de una sociedad que ha optado por desaparecer sin ruido.

  5. O'farrill
    O'farrill Dice:

    Creo (con Manu Oquendo) que estamos cayendo en una trampa que impide en realidad ver lo que está oculto: una nueva forma de dividir y enfrentar a las personas cualquiera que sea su género. Cuando todas ellas coinciden en sus aspiraciones y deseos, es preciso sacar adelante algo que provoque la disensión y, en segunda instancia, impida su unión ante ese poder ambiguo que no dejará de trabajar para lograr sus objetivos de desorientación social. Los términos utilizados no son más que el “decorado” con que se dice representar la inclusividad real: la total igualdad de los seres humanos que, eso sí, se preconiza constitucionalmente, para luego darnos cuenta de las honrosas “excepciones” que esconden. Hombres y mujeres sólo se diferencian en su función a la hora de la reproducción de la especie pero, una vez resuelta, tienen las mismas responsabilidades sociales, políticas y profesionales por mucho que se trate de lanzar otra cortina de humo con las “cuotas”. Si nos damos cuenta, el lenguaje torpe de la supuesta “inclusividad” sólo deja en evidencia la torpeza o la ignorancia de quien lo utiliza (“inscritos” e “inscritas” en Podemos, “miembros” y “miembras” en el PSOE e IU, etc.) pero no debemos caer en la trampa de lo “políticamente correcto” que es algo impuesto siempre, sino en lo que cada uno considere “correcto”. El riesgo del ridículo es al fin y al cabo una opción personal. Un saludo.

  6. Antonia Fuentes Moreno
    Antonia Fuentes Moreno Dice:

    Querido Ignacio, estoy plenamente de acuerdo contigo en que los prejuicios invaden el curso natural de nuestras conversaciones. El lenguaje es un elemento esencial en la solcialización porque comunica lo que pensamos y lo que sentimos. Por eso me parece importante utilizar un lenguaje inclusivo.
    Pero quiero ampliar el debate cambiando de tercio y traer a colación la experiencia de los Juzgados de Familia de Oviedo (nº 7 y nº 9) que han sido los primeros de toda Europa en redactar copias de sentencias y citaciones en un lenguaje comprensible con el “metodo de lectura fácil” para discapacitados intelectuales.
    Este proyecto de adaptación de sentencias para discapacitados cognitivos impulsado por el Tribunal Superior de Justicia de Asturias ha sido premiado por la fundación austriaca sobre el mundo de la discapacidad (ESSL) trás ser seleccionado entre más de 370 proyectos en todo el mundo.
    Por cierto, al frente de los dos Juzgados de Familia hay dos Magistradas con sensibilidad para adaptar las sentencias judiciales a un lenguaje de fácil compresnsión para las personas con discapacidad cognitiva.

  7. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Hay algo que me explicaron hace años unos amigos filólogos vascos y que viene a cuento.

    Es muy probable que el euskera, junto al bereber y otras lenguas como el guanche, el ibero y el etrusco, tengan una raíz común en el Tamazigh. El bereber y el euskera arcaicos –anterior al batua– compartían, además de numerosas palabras, una particularidad: Los verbos de acción eran diferentes según el sujeto actuante fuese hombre o mujer.

    Cuando los profesores de Salamanca Villasante y Michelena crean en los años 60 el Euskera Unificado (batua) para ser usado como elemento diferenciador tras el final inminente del franquismo, eliminan ese rasgo tan raro y curioso y unifican los verbos antes “sexados”.

    ¿Por qué lo hicieron? Desde luego no fue para salvaguardar una reliquia sagrada como aquella.
    Alguno de aquellos filólogos cree que fue una dirección política –por aquel tiempo se leía mucho la obra de una gran mujer: Simone de Beauvoir– y además, siendo el nacionalismo étnico bastante supremacista, no interesaba mostrar un rasgo tan fácilmente identificable con el Bereber arcaico. Es mejor provenir directamente del Túbal bíblico y de las piedras rojas de Arrigorriaga.

    Al final, las lenguas, son un mecanismo de dominio pero no de un Sexo sobre otro sino del Poder sobre Ambos Sexos.

    La jugada genial del Poder –que siempre está formado por cerebros más finos que los nuestros– es que en vez de permitir que nos enfrentemos a Él, crea los mecanismos para que nos peleemos entre nosotros. Y continuamente entramos al trapo. Como bobos.

    Es aritméticamente evidente que ninguna de las ideologías de género que estamos impulsando coactivamente sobrevivirá a medida que nuestra cultura se vaya haciendo más irrelevante en el contexto mundial.

    En el curso de como máximo dos generaciones más, de treinta a cuarenta años, seremos minoría en nuestro propio territorio histórico y lo seremos rodeados de culturas que ni por asomo están dispuestas a adoptar estas ideologías. Vamos, que se ríen de nosotros del uno al otro confín.

    Si lo dudan hablen con ellos y………………. con ellas.

    No nos reproducimos porque el Poder, sí, el “nuestro”, ha venido implantando políticas públicas que llevan indefectiblemente a que la opción racional sea no hacerlo.
    Los números que de nosotros van faltando por la parte baja de la pirámide los toman de donde sobra y con una forma de ser, para el poder, mucho más cómoda. La civilización estoica-judeo-cristiana es…………rebelde y los tiempos no dan para aguantar rebeldes.

    No incluyo aquí el hecho también numérico de que en treinta años más África tendrá 2000 millones de seres humanos, el doble de hoy –4000 millones en 70 años– y nosotros seremos ya menos de 300 con un mar islámico en nuestro seno. Una cultura fuerte solo tiene que ir ocupando lo que hemos ido desertificando por los motivos que sean.

    No es de ahora. Grandes pensadores del siglo XX vienen proclamándolo y justo en el momento que lo hacen su obra comienza a pasar al olvido. Señal de que esto no es casual. Nuestros poderes públicos están ejecutando planes de desaparición de nuestra propia civilización literalmente al modo que pronosticaron Arnold Toynbee (liberal) y Bertolt Brecht (comunista) allá por los años 50 del siglo pasado.

    Por favor, no entremos al trapo, no discutamos ni peleemos con nuestras compañeras de camino. Esto cada vez más parece un escenario de moribundos enemistados y ciegos.

    Al final ¿Quién educa y educaba? La madre, siempre la madre. El nombre que tendremos en nuestros labios cuando estemos agonizando.
    Bendito matriarcado.

  8. Genaro García Mingo
    Genaro García Mingo Dice:

    Que las mujeres hayan estado a la sombra de los hombres es completamente discutible, es un prejucio más y supone colocarse de salida ya en los postulados del feminismo radical aceptándolos sin más. El análisis del Sr. Oquendo es la clave. Ese es el combate. Todos los demás, entrar a analizar las cuestiones de si el lenguaje debe modificarse, ser inclusivo o no, etc. es completamente estéril y supone una distracción respecto de los esencial. La ley LGTB de la Comunidad de Madrid es una ley del PP. Es decir, en la política hace mucho que todos son lo mismo. Ya no hay izquierda y derecha sino dentro y fuera del sistema. Los que estamos fuera estamos para financiarlo y callar la boca.

  9. cmideas
    cmideas Dice:

    Solo unos puntos sobre lo expreesado por Manu Oquendo:
    1″ bendito matriarcado” creo que confunde el matriarcado con la matrilinealidad, veas Antropologia. Marvin Harris. Algunas culturas y eran minoria si llegaron a tener formas mas cercanas al matriarcado (Haudenossaunees o mapuches),
    2ªLa mujeres educaban y eso es para brindar: la educacion brindada alas mujeres hasta hace poco era pobre (basta recordar la seccion femenina o los libros sobre sexualidad) muchas mujeres no podian escoger , no era una decision libre era una decision impuesta por ideologia de genero (un termino que se usa al reves , vease antropologia y religion) y otro condicionantes. Ya que si decidian tener hijos solian abondonar carrera o estudios Cuando la gente no puede o no se le dispone de la capacidad de elegir libremente o se ponen trabas, pues no es como para brindar. Alguien dice que las mujeres hayan estado a la sombra de lo hombre es discutible , pero una vision somera a la historia y luchas desde las sufragistas , a la educacion nacionalcatolica, o hasta la posibilidad de ejercer cosas como abrir una cuenta o ciertos derechos (divorcio, derechoss exuales y reproductivos etc) No hace falta extenderse mas .
    ·Democracia liberal y Tocqueville. Manu pone el final sin el principio. Tocqueville avisaba de una distopia (individualismo y placeres) pero enmarcada en la sociedad que nacia en estados unidos republica, federal, libertad de expresion primera enmienda, laicidad y teismo, division de poderes. Decir que españa es una “democracia liberal ” es un poco irrisorio si tenemos en cuenta la obra de Thomas Paine, Condorcet el propio tocqueville. o hasta de locke con la laicidad de estado . Por cierto recomendable leer “la esclavitud femenina” de un liberal como Jhon stuart mill , o a condorcet sin obviar a Gougues o Mary Hellen wollstone craft. Es mas españa no ha reivindicado los simbolos a pesar de la importancia que tienen los simbolos (por ejemplo Riego y el himno, riego era un liberal o la figura de mariana de pineda cuya fiesta se hacia en la republica y fue suprimida hasta hoy desde la dictadura. Decir que españa es una democracia liberal presenta serias dudas (y no equivocar liberal politico y social, con el liberalismoe exclusivamente economico , libertarianismo o anarcocapitalismo). El riesgo en españa en su historia no fue la democracia liberal y su posible distotpia fueron los reyes y tiranos que frenaron esos ciclos, provcalmaciones y sexenios. Por cierto interesante tocqueville sobre la mujer en eeuu y europa, en el contexto de su tiempo.
    3. La no discriminacion laboral por genero es independiente del genero que se tenga o se diga tener, la discriminacion por genero no dice solo hay dos (poblaciones indigfenas reconocian tres o cuatro. Igual es curios saber que en biologia ya no el tema de genero sino el de sexo no estan sencillo como decir solo hay dos ya que a nivel cromosomicos hay reconocidos cuatro (XY, X0,XXY, XX) , a nivel anatomico hay variaciones (caso guevedoce y otros en los que no es tan distinguible el organo expresado) y a nivel hormonal resulta todavia mas complicado.

Los comentarios están desactivados.