Un nuevo y más satisfactorio ejercicio profesional de la abogacía es posible.

Muchos abogados realizan su trabajo asumiendo resignadamente las asperezas y sinsabores que conlleva el sistema de justicia como una parte irremediable de su labor profesional. Son  habituales los amargos comentarios, expresión de frustración y malestar, sobre el funcionamiento de la maquinaria judicial, la relación con los clientes y en ocasiones con otros compañeros.Vivimos un bajo nivel de bienestar en el ejercicio profesional de la abogacía. A casi todos nos gustaría que las cosas funcionaran de otra manera, sentirnos más tranquilos y realizados con el día a día de nuestro ejercicio profesional.

Sin embargo, lo que hacemos para alcanzar mayores cotas de satisfacción profesional parece limitado. Muchos abogados  nos hemos formado en mediación,conocemos la existencia de la justicia restaurativa, la justicia terapéutica, o hemos oído hablar del Derecho colaborativo. Pero en general todo ello lo percibimos como algo testimonial, sin reparar de una forma consciente en su potencial transformador para construir una mejor justicia.

  1. Hacernos más conscientes de nuestros condicionamientos intrínsecos para superarlos

Para ser capaces de dar pasos más efectivos que nos lleven a una mayor realización profesional, hemos de tomar conciencia de los condicionamientos subjetivos que influyen en nuestra reacia mentalidad al cambio.

La primera limitación es la tradición impertérrita. El propio sistema en el que estamos inmersos, de tradición civilista o romano-canónica, en el que la justicia se ha venido identificando secularmente con el imperio de la ley y su aplicación por el servicio público especializado de los jueces.

Otro importante condicionamiento es la vetusta formación universitaria que hemos recibido, que data del año 1953 y sigue vigente en las facultades de Derecho de nuestro país. Se basa en “la premisa maniquea de que los intereses de las partes son necesariamente enfrentados y que tendrían que ser dirimidos por un tercero independiente e imparcial”, el juez (Fajardo 2016)

2. Tomar conciencia de que el cambio está vivo

Cómo viene a señalar la abogada norteamericana y creadora de la categoría “Derecho Integrativo” (con este nombre desde el 2011), Kim Wright, la búsqueda activa de una justicia más humana, sensata y vinculada con las necesidades de las personas se haextendido en todo el mundo, evolucionando en diferentes disciplinas y áreas de práctica profesional.

Desde el año 2008, esta compañera de EE.UU. ha estado viajando por todos los continentes habitados y ha constado la anterior afirmación.

Kim Wright ha hallado miles de abogados con una práctica profesional “diferente”, distantede mecanicismos, basada en la sensibilidad y atención holística a las personas, fundada en concepciones propias,o más articuladas como la mediación, o relacionadas con la justicia restaurativa, la justicia terapéutica o el Derecho colaborativo.

El Derecho Integrativo es el paraguas común que recoge los principios y valores que dan vida aestas fórmulas diversas de las que participan los abogados en su ejercicio profesional, logrando una mayor realización profesionaly una mayor satisfacción para sus clientes.

Plasmación de esta realidad son los libros escritos por Kim Wright Lawyers as Peacemakers, PracticingHolistic, Problem-SolvingLaw  (“Abogados como agentes de paz, ejerciendo un Derecho holístico y de solución de problemas”) y LawyersusChangemakers(“Abogados como agentes de cambio”)publicados con gran éxito en los años 2010 y 2015 respectivamente por el equivalente estadounidense al Consejo General de la Abogacía Española.

3. Propuestas de acción para impulsar cambios positivos en nuestro sistema de justicia

Seamos receptivos a planteamientos distintos de la negociación entre abogados y al procedimiento judicial,que partan devaloresbeneficiosos para las personas individualmente consideradas y la sociedad en su conjunto. El encuentro respetuoso y amable, el diálogo, la responsabilización, la empatía, el equilibrio entre las partes, la paz emocional y la certeza en soluciones mutuamente satisfactorias.

Facilitemosa nuestros clientes la oportunidad de explorar procesos presididos por dichos valores en toda clase de conflictos susceptibles de una reclamación judicial. Acompañémosles profesionalmente  como canalizadores y asesores en la materialización de la mejor alternativa de solución, superando nuestro eventual escepticismo y  tendencia a creer que el resultado idóneo es el más ventajoso económicamente.

Aunemos esfuerzos entre compañeros y con otros profesionales desdelacreatividad sin complejos, que va más allá de lo jurídico, y la generosidad (no competitividad) para que valores como los citados se abran paso en nuestra práctica profesional y en el sistema de justicia.

Podemos asociarnos o colaborar con entidades y profesionales que trabajan activamente en la introducción de procesos autocompositivos o creación de  foros de reflexión y trabajo para la promoción de cambios en nuestro entorno de justicia más cercano, cuya finalidad sea asimismo el cultivo consciente de los citados valores, vehículos de un anhelado cambio de paradigma.

De esta forma los abogados no nos ocuparíamos únicamente de la constreñida legalidad,  caracterizada además en los últimos años por una hiperactividad legislativa que cabe calificar de insensata y técnicamente pobre.  Nos podríamos dedicar a una actividad profesional mucho más motivadora que nos acercaría un poco más a la justicia.

9 comentarios
  1. Alberto Gaspar
    Alberto Gaspar Dice:

    Lourdes estoy contigo en que hay que modernizar ciertas leyes no soy jurista .Pero en lo que no estoy totalmente de acuerdo es en lo de conciliar pues hay empresas que juegan con la debilidad o poca estabilidad laboral para presionar y que al trabajador al final casi este obligado a conciliar porque necesita el dinero y firma lo que haga falta para que por llamarlo menos cobre algo.yo Particularmente trabajo para empresas de seguridad y estás o más concreto los gerentes están por acogotar al trabajador a ser su fiel servidor y si no te dice ( sin amenazas ) el contrato de te termina el mes que viene por ejemplo ,a buen entendedor ya sobran las palabras .Por lo tanto y en mi humilde opinión la conciliación solo es válida si es consensuada entre empleado y empresario y sin menospreciar la labor que puedan hacer los juristas .

    • Lourdes Fernandez Manzano
      Lourdes Fernandez Manzano Dice:

      Gracias por tu comentario, Alberto.
      La precariedad en las relaciones laborales de algunas empresas, y me consta que en el sector de la seguridad privada desafortunadamente es bastante generalizada, ciertamente condiciona la libre voluntad de la parte en principio más expuesta, el trabajador, de cara a poder conciliar intereses de una forma transparente y justa.
      Como dices, una conciliación previa a la vía judicial social sólo puede llegar de la mano de un consenso entre empresa y trabajador alcanzado desde la libertad en la negociación y decisión entre ambas partes.
      Sería muy deseable que la cultura empresarial adoptara como parte de su responsabilidad social corporativa el compromiso honesto de mantener unas más dialogantes relaciones laborales con sus empleados, ayudándose, en caso de que la negociación no dé los frutos esperados, de herramientas contrastadas en su efectividad, como la mediación.

    • Lourdes Fernandez Manzano
      Lourdes Fernandez Manzano Dice:

      Gracias por tu comentario, Alberto.
      Sin ninguna duda, la libertad de las partes para negociar y adoptar decisiones mutuamente satisfactorias sobre sus necesidades e intereses es un requisito indispensable para alcanzar un consenso de forma honesta y legítima. En las relaciones laborales, puede suceder que la precarización y falta de suficiente disposición para el diálogo condicionen negativamente esta libertad y el deseable consenso en una eventual conciliación previa a la vía judicial.
      En buena lógica y coherencia, las empresas habrían de incluir como parte de su responsabilidad social corporativa además del sostenimiento económico de valorables proyectos sociales externos, una mirada más consciente sobre la decisiva importancia de mantener un modelo de relaciones laborales basado en la escucha activa y el diálogo constructivo.
      Cuando la negociación entre representación empresarial y trabajadores se demuestre insuficiente, existen herramientas para la promoción de una fructífera facilitación del diálogo y consecución de acuerdos. La mediación es una de las más eficaces. Con ello mejoraría el funcionamiento empresarial y el bienestar de la totalidad de sus miembros en un sentido integral, también en el aspecto de la rentabilidad económica, como demuestran numerosos estudios en el ámbito internacional.

  2. Francisco
    Francisco Dice:

    Sería fantástico que existiera otra forma de aplicar el derecho, que se humanizara más y saliera de la rigidez y los procedimientos preestablecidos e inamovibles, pero queda una cuestión fundamental, cual es la de que, para eso, las partes enfrentadas deben querer resolver el conflicto por vías menos comunes, y ,por todos es sabido, que muchas veces es tarea casi imposible.

    • Lourdes Fernandez Manzano
      Lourdes Fernandez Manzano Dice:

      Gracias por tu comentario, Francisco.
      Las partes enfrentadas en un contencioso judicial han llegado en la gran mayoría de las ocasiones a esa situación por desconocimiento de que existen otras alternativas a su alcance.
      En otros casos, es cierto que las partes no quieren intentar una vía distinta a la judicial por motivos diversos. Los ADR tampoco son la panacea infalible. En algunos supuestos el recurso a la tutela de jueces y tribunales es lo que procede.
      Sin embargo, desde mi experiencia como mediadora intrajudicial y abogada, he de decir que damos por supuesto en demasiadas ocasiones que las personas implicadas en un contencioso judicial no van a querer intentar otras vías y nos equivocamos en esta asunción.
      Como buenos profesionales, los abogados hemos de considerar cuál puede ser la mejor alternativa para resolver un problema, que normalmente en primer término es interpersonal, y luego tiene una derivación legal. Démonos la oportunidad, y démosla a nuestros clientes, de conocer y trabajar en otras opciones que les puedan proporcionar mayor grado de certidumbre emocional, práctica y jurídica.
      Las Administraciones públicas también tienen mucho que hacer en la necesaria labor de divulgación y puesta disposición de los ADR. Evitemos que la Administración de Justicia muera de un éxito basado en el monopolio de la resolución de conflictos construido en la inercia y el desconocimiento de otras opciones que pueden ser más adecuadas.

  3. Ana
    Ana Dice:

    Tras 20 años en el ejercicio de la abogacía he decidido tomarme un respiro que quizás se convierta en algo más permanente.
    He acabado cansada. Cansada de una normativa cambiante que causa una inseguridad jurídica tremenda, con la responsabilidad que conlleva nuestra profesión, de clientes cada vez más exigentes: más barato, más rápido, más agresivo. De una justicia cada vez más lenta e incluso arbitraria, de unas administraciones (pienso en hacienda) cada vez más abusivas. He intentado hacer esa abogacía integradora siempre, porque es mi carácter, pero ha sido imposible encontrar aliados.
    No dejaré de ser abogada, porque una profesión así no se quita como nos quitamos la toga, pero soy más feliz no ejerciendo de abogada, más pobre pero más feliz.
    Poco puedes hacer si el mundo es como es: agresivo hasta decir basta.
    Mucho tendrá que cambiar.

    • Lourdes Fernandez Manzano
      Lourdes Fernandez Manzano Dice:

      Gracias por tu comentario, Ana.
      Entiendo perfectamente a qué te refieres. Causa un gran cansancio y frustración el legalismo pobre y motorizado, además de las clamorosas inactividades, fragrantes desaciertos y abusos, en el que el que el sistema se ha instalado. Sus derivaciones nos afectan a todos, profesionales y ciudadanía. Los jueces también sufren esta insensatez en la realización de su trabajo. Un magistrado que se acaba de jubilar nos decía que una de las cosas que más satisfacción y tranquilidad le iban a dar era no tener que estar pendiente de comprobar todos los días, sin dejar uno, el BOE.
      El sistema político-institucional necesita una regeneración profunda. La sociedad ha de impulsar este cambio y cuestionarse que valores quiere vivir y promover. Todos y todas podemos hacer algo, aunque sea aparentemente pequeño.
      Te doy sinceramente la enhorabuena por tu coherencia en el ejercicio profesional de la abogacía. Y te animo a buscar aliados. Seguro que en el lugar dónde vivas hay organizaciones en las que puedas canalizar tu compromiso y coherencia. No es fácil, pero sí es posible. Lo digo desde la propia experiencia. Adelante!

  4. O'farrill
    O'farrill Dice:

    Mi enhorabuena a la autora de este artículo por incidir en un tema que se viene escondiendo desde hace años: la simple aplicación de leyes, no es administrar Justicia. Menos aún cuando eres consciente de la forma en que normalmente se vienen sustanciando los casos y donde, la figura del “justiciable” con todas sus circunstancias, pasa a segundo plano.
    Recientemente he vivido un caso en un juzgado de familia donde se ha decidido sobre la capacidad de una persona a partir de una simple entrevista de 15 minutos con la forense judicial. De nada ha servido toda la argumentación escrita de su defensa, las pruebas aportadas sobre sus capacidades o la importancia de afectar a un derecho fundamental en un juicio de diez minutos de duración.
    Cuando defendemos un Estado de Derecho estamos defendiendo leyes justas o al menos sentencias justas, pero es muy difícil hacerlo cuando la “tradición” o la “costumbre” o la propia formación jurídica nos resulta más cómoda en su aplicación actual.

  5. Lourdes Fernandez Manzano
    Lourdes Fernandez Manzano Dice:

    Gracias por tu comentario, O’Farrill.
    Muchas gracias también por tu acertado apunte, que constituye el tema central de la reflexión que he querido compartir:” La simple aplicación de leyes no es administrar Justicia”.
    Como te ocurre a ti, y estoy segura de que, a muchos abogados y jueces, me preocupa enormemente como se vienen sustanciando los casos en los juzgados. La saturación de procesos judiciales, la falta de medios y la inercia hace que las personas, todas, pasen a un segundo plano y se conviertan en piezas de un sistema totalmente mecanizado.
    Desde luego, en esta maquinaria legalista e impersonalizada, quienes más nos tienen que preocupar, según bien señalas, son los llamados “justiciables”, las personas que, ajenas a que incidencia puede tener las deficiencias del sistema, esperan que sus problemas, con repercusión directa en sus vidas, encuentren una adecuada solución. Casos como los que tú has vivido recientemente son absolutamente lamentables y se ha de evitar que sucedan. Sin embargo, son, me atrevo a decir, muy frecuentes. Entiendo tu impotencia.
    Tu observación final es también un punto clave, que he tratado de subrayar en mi artículo. Seamos conscientes de que la formación recibida en la facultad de Derecho, salvo contadas excepciones, está obsoleta y nos condiciona a todos los agentes jurídicos, haciéndonos ver “la justicia” como sinónimo de legalismo y de vía judicial. Venzamos la costumbre, asentada en la comodidad de lo conocido, con la consciencia del sentido real del término justicia. Podíamos empezar por distinguiendo entre “justicia”, como valor y “el sistema de justicia”, del que forma parte la legalidad y el poder judicial.

Los comentarios están desactivados.