Meritocracia de pega: reproducción de Tribuna en El mundo de nuestra coeditora Elisa de la Nuez

 

Los avatares del máster de Cristina Cifuentes por la Universidad Pública Rey Juan Carlos –con independencia de cómo evolucione la investigación acerca de si reunía o no los requisitos necesarios para obtener el título puesto que las explicaciones facilitadas el miércoles en la Asamblea regional de la Comunidad de Madrid solo han convencido a los que ya lo estaban previamente- revelan un problema de fondo muy preocupante. Consiste en la escasa formación de nuestros políticos sumada a las redes clientelares tejidas alrededor de determinadas instituciones académicas públicas. Se refiere por tanto a la necesidad de aparentar más méritos de los que efectivamente se tiene.

Porque más allá de lo que se determine finalmente respecto a la veracidad de las actas, la asistencia a clase, los trabajos de fin de curso, las notas modificadas y otros elementos relacionados con el complejo procedimiento administrativo académico (que a día de hoy parece presentar irregularidades muy notables dicho sea de paso) hay algo que es obvio: la señora Cifuentes no ha podido dedicar mucho tiempo y mucho esfuerzo a obtener este máster. En eso sigue la tradición de otros políticos de su partido que antes que ella -recordemos las tesis de Rodrigo Rato o Federico Trillo cuando eran respectivamente Vicepresidente del Gobierno y Presidente del Congreso- que han hecho tesis doctorales ocupando puestos políticos de primer nivel. ¿Superhombres o supermujeres? Que cada uno piense lo que quiera, pero el ciudadano desconfiado puede pensar que es poco probable que se les haya exigido lo mismo que a otros estudiantes de a pie o  que ellos solos hayan realizado un trabajo intelectual que –al menos si se hace bien- requiere un esfuerzo y una dedicación considerables. No nos engañemos: una vez que se llega a primera línea de la política no hay más capital humano e intelectual que el que se trae puesto de casa e incrementarlo no es fácil y menos mediante una formación reglada. Desgraciadamente en España ese capital no suele ser muy impresionante.

Dicho lo anterior, parece que el objetivo es sencillamente hacerse con un título que avale el reconocimiento y el prestigio que se supone lleva aparejada la educación superior así como las ventajas profesionales que lleva consigo. En el ámbito académico y empresarial estar en posesión de un máster o de un doctorado es una “marca” que puede mejorar sustancialmente las perspectivas profesionales máxime en casos como los de Cristina Cifuentes, que antes de pasar a la política era funcionaria del Cuerpo Técnico Superior de la Universidad Complutense de Madrid, es decir, personal de Administración y Servicios (PAS).

El problema es cuando este objetivo se pretende alcanzar sin necesidad de superar los requisitos de mérito y capacidad que exigen este tipo de estudios.  En definitiva, si estas titulaciones se expidan a los políticos –y quizás no solo a ellos- en unas condiciones que básicamente lo que acreditan es justamente lo contrario, la falta de mérito y capacidad, se pervierte todo el sistema y se pone en entredicho la finalidad y la función social de una institución académica de tanta importancia como es una universidad pública.

En el caso de la Universidad Rey Juan Carlos (más conocida por sus estrechos lazos clientelares con el PP de Madrid que por sus logros académicos) además llueve sobre mojado. Después del escándalo protagonizado por el anterior Rector, Fernando Suarez, por varios casos documentados de plagio la Universidad no solo fue incapaz de reaccionar, sino que sus órganos de gobierno cerraron filas con el Rector, para vergüenza general. La pasividad de profesores y estudiantes, con honrosas excepciones, fue la regla general. Tampoco el papel de la CRUE fue demasiado airoso. El Rector Suárez no llegó a dimitir sino que simplemente no se presentó a la reelección y, hasta donde se sabe, sigue desempeñando su tarea docente en la Universidad Rey Juan Carlos.

Más allá de las vicisitudes del caso concreto de la Presidenta de la Comunidad de Madrid (cuya huida hacia adelante le augura un futuro político poco halagüeño) convendría reflexionar como sociedad sobre la necesidad de tomarse más en serio los principios de mérito y capacidad. Los títulos académicos y las universidades que los expiden (máxime si están pagadas con el dinero de nuestros impuestos) tienen una importantísima responsabilidad en esto. Si en una Universidad pública el esfuerzo, el talento y la dedicación no valen nada, cabe cuestionarse legítimamente cual es papel. Algo especialmente crítico en una Universidad de las características de la Rey Juan Carlos, llamada a servir de “ascensor social” a los estudiantes con menos ventajas socioeconómicas.

Conviene insistir: si cunde la sospecha de que en esta u otras universidades personas con poder pueden obtener el reconocimiento de méritos inexistentes, queda en entredicho su credibilidad y su profesionalidad y con ellas el esfuerzo y el trabajo de sus profesores y estudiantes. En definitiva, si el máster de Cristina Cifuentes no vale nada, los títulos que expida la Universidad Rey Juan Carlos cada vez valdrán menos. Por tanto, deben de ser esos mismos profesores y estudiantes, además de sus órganos de gobierno, los principales interesados en disipar todas las dudas y demostrar que en la Universidad Pública las reglas que rigen el mérito y la capacidad son iguales para todos. Por su bien y por el de todos.

Por último, deberíamos también plantearnos qué tipo de representantes políticos queremos. Porque en una época de grandes cambios e incertidumbres como la que vivimos se necesitan muchos más recursos intelectuales y morales que en otras menos disruptivas y más tranquilas.  Necesitamos políticos con una formación más amplia e ilustrada, capaces de detectar hacia donde van nuestras sociedades y como usar para mejorar nuestra calidad de vida la tecnología que ya tenemos a nuestra disposición. Necesitamos repensar muchos conceptos políticos, jurídicos y económicos que ya no responden al mundo en el que vamos a vivir. Y por encima de todo, necesitamos un compromiso ético con los intereses generales mucho mayor.

7 comentarios
  1. vmgm
    vmgm Dice:

    Hay una realidad que los medios no hablan y solo se habla cuando salta el escándalo. Este problema con toda su casuística está generalizada en todas las Universidades y viene de largo. A principios del Siglo XX Picavea y otros llamados “regeneracionistas” describían la Universidad de la misma forma que se describe ahora. Excepto Medicina, debido a los exámenes MIR a los que nos obligó Bruselas(explicar esto sería otro debate), la calidad de las Universidades es deficiente. Las Universidades por lo general tienen algún departamento puntero, pero es raro que tengan dos y tres es una excepción. Lo grave es que la tendencia de las clases medias a enviar a sus hijos a estudiar en Universidades extranjeras se ha incrementado, y cuando por mérito, capacidad ( también económica) no es posible los mandan a las privadas españolas, la cuales ….

  2. David Diaz Lozano
    David Diaz Lozano Dice:

    Enhorabuena por el artículo. Efectivamente el funcionamiento clientelar de la política envenena a toda la sociedad. Pero, sobre todo, es lamentable que en ello, colabore una institución como la Universidad. La principal vía de ascenso social y progreso económico también funciona con mecanismos clientelares y opacos. Me pregunto qué legitimidad les queda a los que arruinan las bases de nuestro progreso económico y social con tal de salvar sus intereses personales y partidisitas. Lo único bueno de todo ésto, es que por primera vez empieza a juzgarse el curriculum de nuestros políticos y el funcionamiento interno de la universidad.

  3. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Food for thought. Solo eso. Just that.

    Menos del 3% de los universitarios ingleses aprobarían el ingreso en una universidad China.
    El primer país europeo en la juvenil Olimpiada Matemática Mundial es Holanda con el nº 22. Alemania el 33. España el 60 y Finlandia (la supuesta joya de la corona de la educación Europea) el nº 66.

    Por otra parte en el caso de España, desde los años 70, hemos perdido el 37% del PIB industrial y seguimos bajando.
    Pregunta: Sin Industria ¿Qué se investiga? ¿Las lenguas romance y el derecho merovingio? ¿El jabugo en tiempos de los Omeyas? ¿El chacolí, una epopeya racial? ¿La gestión de los hoteles rurales con encanto? ¿El bacalao al pilpil en el Tren Bilbao La Robla durante el siglo XIX?

    El Año 75 la Trilateral publicó el informe “The Crisis of Democracy” (Watanuki, Crozier y Huntington) Su recomendación nº 5 sugería Revisar el Sistema Universitario porque ya había un exceso de titulados “Para los empleos que estarán disponibles”

    ¿Qué ha sucedido en España desde entonces? Pues que hemos pasado de 10 o 12 universidades a unas 80 y los nacidos al año han pasado de unos 675,000 a 450,000.
    El sistema educativo es, por decirlo amablemente, un embalse para que el paro no nos desborde más todavía.

    Sobre el tema de Cristina, — por la cual no siento la menor simpatía porque me parece una oportunista con los mismos valores que el lobby del género, he de decir que su Master me importa un pito. El suyo y todos los demás. En la vida se me ocurriría contratar a nadie por “su master” y nunca lo he hecho.

    Y esto sucede ……………………¿Justo en la semana del Juicio de los EREs? 700 MILLONES de Euros.¿Y Rivera lo fomenta? Vaya, vaya, vaya……………. Qué curioso. Si es que se entiende todo.

    Si yo fuera Cristina convocaba elecciones, convertía mi cese en evento mediático al estilo kamikaze y comenzaba a pedir copia de las tesis de licenciatura y doctorado a Pedro Sánchez, Albert Rivera y al chavalín de Podemos. El alumno de Iglesias al cual ya está éste preparando su equipo electoral.

    Y de paso Rajoy subía unos puntillos por dejar de hacer el D. Tancredo.
    A ver si toman nota.

  4. Roberto Mazorriaga Las Hayas
    Roberto Mazorriaga Las Hayas Dice:

    Genial comentario de Manu Oquendo.

    Pienso lo mismo sobre el Master de Cifuentes y de tantas mentiras en tantos políticos en las últimas décadas. Lo mejorcito de cada casa.

    Eso sí en “contra-programación” yo les daría sobresaliente–> Efectivamente no hemos hablados de los ERES en plenasemana del jucio oral. Ni hay chistes en whatsappp: todo para Cifuentes.

    Debería dimitir; pero también exigirse y aplicar la misma vara de medir (la del Tío de la Vara, a ser posible) para todos: Rodrigo Rato, Trillo, Sánchez, Errejón, Pablo Podemos, etc.

    He leído que la tesis de Pedro Sánchez no es pública: que solo es posible leerla con permiso del autor; pero no fotocopiarla ni someterla a análisis. Debería serlo; para comprobar si está plagiada, “cortada y pegada” en todo o en parte o si realmente tiene el valor de una tesis o no. Bueno si vamos así, acabaremos pareciéndonos más a Alemania y tomándonos en serio las mentiras de los CV (“estudios de…”) y los falsos títulos o los títulos regalados, sin valor o hechos por un “negro” del ministerio.

    • juanlui
      juanlui Dice:

      Por lo que tengo oído, la tesis para un profesor, y Pedro el Largo lo ha sido, según reglas de la ANECA, ha de ser pública. ¿ Qué compadreo se lleva la Camilo José Cela con Pedro, el killer Sánchez ?

      Por otra parte, también coincido con D. Manu Oquendo. Aquí nos han metido un gol mediático. La semana en que comparecen el estirado de Griñán y el golfo Cháves, gorrón de viviendas de playa, por el que puede ser el mayor escándalo de corrupción de Andalucía, lo que quiere decir de España y muy problablemente, lo que quiere decir de Europa, están los medios generalistas enseñándonos un máster falseado, algo que ya se ve que es bastante habitual.

  5. O'farrill
    O'farrill Dice:

    Hemos estado jugando demasiado tiempo con algo tan importante como la formación. Desde la educación infantil hasta la universitaria he ido cotejando materias, planes de estudios y, sobre todo, conocimiento real de supuestos profesionales y he comprobado (como ocurre en el mundo del arte) que la “firma” o el “titulo” es más importante que la propia obra. Totalmente de acuerdo con Manu en cuanto a la cantidad de supuestos titulados que se consideran ya con méritos para ser subvencionados. Alguien se acuerda de lo que hizo el PSOE jubilando a los catedráticos más prestigiosos (los verdaderos maestros) sustituyéndolos por los “suyos”. La universidad ha tenido su propio sistema clientelar (ya que es autónoma y el profesorado tiene barra libre en la libertad de enseñanza, lo que propicia el adoctrinamiento en las aulas). Conozco casos de profesores que desconocen aspectos básicos de materias como Historia, Literatura, Arte, Geografía…. ¿Qué esperamos que puedan enseñar? Eso sí, tienen retribuciones que ya les gustaría a cualquier “mileurista”. Clientelismo, nepotismo, injusticias…. todo un entramado que todavía la sociedad justifica o se ha habituado a ello. Caso directo: convocatoria para un cargo público que ya tiene un nombre; inexistencia de propuestas de gestión que justifiquen la selección (salvo una, la del tonto que se lo creyó); nombramiento final del que estaba previsto….. Cuando la corrupción (o el pragmatismo) ha invadido una sociedad y el dinero es el único motor o el único incentivo existente, sólo cabe tomar parte en el juego o convertirse en un “pringao” rebelde que se queda en la cuneta…. Un saludo.

  6. Lourdes Fernández Manzano
    Lourdes Fernández Manzano Dice:

    Enhorabuena por el artículo. Estoy totalmente de acuerdo con la conclusión final. Sin duda, la clave de futuro está en un verdadero compromiso ético con los intereses generales, lo que llevaría a una auténtica actitud de servicio público en lugar de la baja calidad política y el clientelismo actual.

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