Sobre la Universidad

“Es en la educación, en los sistemas de enseñanza, en las instituciones docentes donde se hace patente con más claridad nuestro atraso y, si me lo permiten, nuestra barbarie”

(Emilio Lledó, Sobre la educación. La necesidad de la Literatura y la vigencia de la Filosofía, Taurus, 2018 p. 33)

En esta rueda al parecer interminable en la que estamos inmersos por autodestruir todas nuestras instituciones, le ha llegado el turno esta vez a la Universidad. Los recientes acontecimientos que han salpicado a la Universidad que, casualidades de la vida (lo que le faltaba a la Corona), lleva el nombre del “Rey emérito”, han puesto en tela de juicio el funcionamiento irregular de algunos centros universitarios en la expedición de títulos académicos, por no hablar de otras lindezas que ahora no toca. El escándalo conforme más se indaga, más crece. La imagen de la Universidad se degrada por momentos. No es ya la Universidad de origen la que padece, sino toda la institución, todo el sistema universitario que pierde credibilidad a raudales. El daño es profundo y la pérdida de confianza letal. La Conferencia de Rectores tira balones fuera: es un “caso aislado”. Punto y aparte. El corporativismo universitario se enroca. Surgen, sin embargo, enredos sinfín y salen a la luz bochornosos acuerdos, cuando no conductas que rayan lo delictivo o, incluso, algunas otras que pasan esa maldita raya. La impunidad se ha terminado. El débil e inconsistente sistema universitario español está bajo los focos.

No me interesa, sin embargo, ahondar en un tema trillado por los medios, realmente con más voluntad que acierto. O, cuando menos, con más interés por desatar escándalos que por buscar remedios. Es lo que hay y con eso toca bailar. Tampoco voy a hacer en esta entrada ninguna defensa de esa venerable institución, que no parece tener quien la defienda. Y, en mi caso, soy el menos apropiado. No estoy en la Universidad, ni se me espera. Ya no cotizo académicamente, estoy amortizado.

Mi única intención en estas líneas es sugerir a todas aquellas personas que todavía tienen algún interés por la Universidad la lectura del libro del filósofo Emilio Lledó con cuya cita se abre este post. Hay en esta obra varios capítulos dedicados al tema universitario, reflexiones impecables e implacables, cargadas de actualidad y vigor, a pesar de que se trata de un libro en el que se recogen artículos del autor elaborados la mayor parte de ellos hace décadas. No deja de ser otra casualidad del destino que salga justo antes de que todo esos conflictos estallen.

Un simple repaso a algunas de sus ideas contenidas en este libro nos mostrará por qué la Universidad española está dónde está, algo que se puede hacer extensivo al sistema educativo en su conjunto. Realmente, no les oculto que tras largo tiempo impartiendo docencia universitaria y ejerciendo discontinuamente de profesor universitario, las reflexiones del autor las comparto plenamente. Es más, las he vivido, padecido y hasta –por qué no decirlo- las he ejercido, que de todo ha habido. Veamos.

Una idea trasciende buena parte de esas reflexiones: “La lectura es el fundamento y el estímulo de la creación y maduración intelectual”. Pues bien, en la Universidad actual se lee poco, prácticamente nada entre el alumnado y no lo suficiente entre el profesorado. Y, cuando este último lee, lo hace de “su asignatura” y poco más. Excepciones hay muchas, pero en este caso la excepción debiera ser la contraria. Así, no cabe extrañarse de que el autor sentencie con obsesiva reiteración el desprecio intelectual que siente hacia “el concepto de asignatura” (hoy en día revestida del eufemismo de “área de conocimiento”). Esta noción “ha convertido a la universidad en un conglomerado de conocimientos estancos e inútiles, donde una serie de profesores asignaturescos cumplen la misión de explicar lo inexplicable, de impartir muchas veces vulgaridades anquilosadas que para colmo van a exigir en el chantaje ritual del examen”.

Si las asignaturas reciben esa crítica, no menos ácida es la opinión que para Emilio Lledó tienen los exámenes en la Universidad española: “Nada más inútil que ese saber memorístico, manualesco, convertido en fórmulas que solo sirven para pasar la disparatada liturgia examinadora”. Ese deterioro de los fines de la Universidad lo recrea el autor con una espléndida cita de Kant: “No se debe enseñar pensamientos, sino enseñar a pensar. Al alumno no hay que transportarle, sino dirigirle, si es que tenemos la intención de que en el futuro sea capaz de caminar por sí mismo”.

El profesor Lledó toma como referencia el sistema universitario alemán, en el que desarrolló su actividad académica por largo tiempo, antes de aterrizar accidentadamente en la Universidad española donde la corporación académica de “sus pares” no le puso las cosas fáciles ni mucho menos. De ese marco conceptual alemán extrae ese desprecio hacia los profesores “ganapanes” o hacia aquellos que, citando a Schiller, actúan “como plagas de langosta (que) arrasan y desertizan las cabezas juveniles”. Porque quien paga los platos rotos de tan desafortunado sistema es, en primer lugar, el alumno que padece en su propia mente y en sus propias expectativas, que pronto se desvanecen:  ¿La Universidad era esto?, se pregunta al poco tiempo de estar en ella. El espíritu crítico apenas se fomenta, pues se ha producido “una cosificación” de la profesión de enseñar: “el profesor lenta, pero pienso que inconteniblemente, ha pasado a ser un vendedor de conocimientos”, subraya Lledó.

La realidad incontrovertible es la que describe el autor: “Una Universidad solo existe por la calidad y competencia de su profesorado”. Y, una vez más, vuelve al manido tema de los exámenes: “Otro proceso imprescindible de momificación es el examen”, afirma. La memez que en estos días tanto circula por los medios de comunicación la desmonta Emilio Lledó de un plumazo: “Una Universidad que examina parece que es una Universidad que funciona, aunque el examen no sirva más que para consagrar la superficialidad y el engaño” (nunca mejor dicho en este caso). En verdad, se ha perdido ya todo el espíritu de lo que fue y al parecer no se quiere que sea esa institución: “La Universidad no es solo un lugar donde se forman unos profesionales sino el ámbito donde se transforman unos hombres, para una participación activa en la ciencia, en la cultura, en la historia del país”.

El problema real de todo este diabólico sistema universitario es que hemos “producido en el fondo una serie de generaciones taradas, infradesarrolladas y engañadas”. Hemos destruido y lo seguimos haciendo aquellas potencialidades inherentes a la juventud estudiante: “El estudio universitario se presenta como un embrutecedor y pragmático encuentro con unos programas anquilosados, vacíos y rutinarios”. Y concluye el autor: “es también y, tal vez, principalmente, en la mentalidad de muchos docentes en donde radica el mal planteamiento de los problemas”; algo que no tendrá solución mientras, entre otras medidas, “no sea aborde el problema de la renovación y exigente selección del profesorado”.

Y, en fin, Emilio Lledó rompe una lanza por la interdisciplinariedad, algo demonizado y perseguido como absoluta herejía en la Universidad española, y puedo dar buena prueba de ello. Sorprende, así, que cuando más agradecen los alumnos la interdisciplinariedad, “se vean sometidos a esa cárcel formal”. Y su descripción final no puede ser más desgarradora: “Pero lo que es más grave, los jóvenes universitarios se ven forzados a escuchar, semana tras semana, hasta el examen final, a un profesor insoportable por su ignorancia, su frivolidad o su absoluta incompetencia, que muchas veces tiene que disimular con autoritarismo o paternalismo inadecuados. La mayoría de los alumnos, hoy por hoy ya poco contestatarios, acaban acatando al inepto de turno, con un conformismo y un escepticismo que hace juego con el fenomenal chantaje que supone el aceptar a aquel profesor que les ofrecerá el correspondiente aprobado en junio. Después de todo –concluye- la carrera es una suma de exámenes aprobados”. Nada más cierto. La Universidad española es una máquina expendedora a granel de títulos sin apenas valor alguno en el mercado, aparte de formar escasamente o, en el peor de los casos, deformar a los escépticos y hoy en día escasamente motivados alumnos. Aunque haya excepciones, que son solo eso.

Me objetarán, tal vez, que he espigado lo más estridente de la obra. Si así piensan, les animo a leerla. Merece la pena. Solo he traído a colación algunas reflexiones, ciertamente ácidas aunque no menos acertadas, pero hay muchas más. Y con mucho más alcance del que he recogido en esta líneas. Con esos mimbres no creo que sorprenda que, en los casos más extremos, surjan escándalos como los que llenan los espacios de noticias estas últimas semanas. Más vale que no hurguen demasiado, no sea que se multipliquen. Algo se ha hecho mal, muy mal, pero todo el mundo mira hacia otro lado. Quienes hemos estado en el mundo universitario hemos visto, padecido o participado directa o indirectamente (todo hay que reconocerlo) en esa rueda infernal antes descrita o en algunas situaciones en las que la irregularidad (por ser suaves) ha sido pauta accidental de ese “inmaculado” mundo universitario.

Solo cabe esperar que los nuevos profesores universitarios que accedan en los próximos años, una vez que el tapón de unas plantillas envejecidas y acomodadas en esta Universidad “de cartón piedra” les ceda el paso, lean al menos al profesor Emilio Lledó y consigan poco a poco introducir los cambios necesarios que hagan de la Universidad española una institución digna, de espíritu  crítico, interdisciplinar y equiparable a las existentes en la mayor parte de las democracias avanzadas. Si ellos fallan, la institución está perdida. Para ello, no obstante, habrá que esperar. La costra es muy dura y compacta, de larga duración. A pesar de lo que está cayendo, todo el estamento profesoral piensa que nada va con ellos ni con su Universidad, que todos la creen impoluta. Solo una anécdota. Cuestión de perspectiva.

El problema es, sin embargo, muy serio. El autor termina el libro con una cita que sintoniza con las ideas de Tocqueville recogidas en el prólogo de su excelente obra De la democracia en América. No tiene desperdicio: “Es imposible construir y defender una democracia sin ocuparse por elevar la calidad humana e intelectual de los individuos que la integran. Esta tesis no es una simple declaración de principios teóricos. Lo que en ella se enuncia es algo de extraordinaria importancia práctica. La democracia sólo y exclusivamente puede madurar y fructificar conectándola con el único canal de cuyas aguas se nutre: una educación moderna, libre, creadora y solidaria”.

 

18 comentarios
  1. Rafael
    Rafael Dice:

    Siempre se vuelve a lo mismo: ¿cómo hay que enseñar, por ejemplo medicina? ¿No hay que transmitir conocimientos, sino espíritu crítico? Prefiero que me opere o me defienda o me instale el regadío alguien que tenga conocimientos y no espíritu crítico. Vale para cualquier ciencia. Propondría al señor Lledó que demuestre cómo enseña él (modelos reales), y cómo y cuánto aprenden sus alumnos (resultados prácticos reales). Hay que distinguir claramente el tratamiento de la enseñanza y de la investigación; evidentemente, tanto en una como en otra deben inculcarse valores (libertad, creación, solidaridad), pero con conocimiento; los alumnos no pueden comenzar a descubrir el mundo por su cuenta, alguien se lo tiene que contar.
    También faltan propuestas concretas: introducir cambios ¿qué cambios? ¿cuál es el modelo ideal “aplicable”?

  2. Mariano Yzquierdo
    Mariano Yzquierdo Dice:

    LA DE CAL Y LA DE ARENA:
    (1) LA DE CAL. Felicidades por el artículo, compañero. Como profesor de la UPV y ahora de la Pompeu i Fabra sabes bien de lo que hablas. Yo soy Catedrático de Derecho civil en la Complutense, y alguna vez he podido leer a mis alumnos otra cita de Lledó. La Junta de Castilla-León publicó una entrevista hecha a Emilio Lledó en 1997, verdaderamente deliciosa, . Relata en ella que paseaba con su hijo por el Retiro cuando preparaba éste su Selectividad. «Yo le explicaba los temas de filosofía, y en concreto, la dialéctica de Hegel y Marx. Yo me di cuenta de que sería incapaz de escribir una hora y media sobre ello, y entonces percibí que, desde esa organización siniestra de la enseñanza, no me quedaba más remedio que hacerle unos apuntes. Ese es el caldo de cultivo del antilibro, de la antibiblioteca». «Nos hemos formado en un mundo donde los libros no han sido fundamentales; hemos estudiado con apuntes, sin saber que la formación universitaria se fundamenta en la biblioteca; en el libro, y no en esa cosa pragmática, pequeña, raquítica, de los apuntes para aprobar un examen en el que hay que devolver copiado al profesor aquel esquema que meses antes nos escribió en la pizarra». Cuenta también don Emilio que Guillermo von Humboldt escribió una carta a su hermano Alejandro, el naturalista, en la que le cuenta sus experiencias en un viaje por España: «las carreteras no están mal, la gente es inteligentísima, e incluso hay intelectuales interesantes, cosa sorprendente, pues no he visto nada más lamentable que el sistema educativo español». Y esto, a fines del siglo XVIII.

    (2) LA DE ARENA. Sí, es espantoso, pero no todo es negro. Hay mucho trabajo y mucha dedicación, y no conviene que los árboles podridos no dejen ver el bosque. Mi compañero Enrique Vallines, excelente procesalista y miembro del pequeño seminario de un siete profesores y cuatro doctorandos que nos reunimos cada mes para hablar de novedades en materia de Responsabilidad civil, me ha contestado esto que te transcribo cuando me acusó recibo de tu artículo esta misma mañana. Cito textualmente y no tengo nada más que añadir: “Pufff, Mariano. Es descorazonador… Transmite un mensaje tan negativo… ¿De verdad es general lo de que “los jóvenes universitarios se ven forzados a escuchar, semana tras semana, hasta el examen final, a un profesor insoportable por su ignorancia, su frivolidad o su absoluta incompetencia, que muchas veces tiene que disimular con autoritarismo o paternalismo inadecuados”? Creo que conocemos a muchas personas -profesores y estudiantes- que no encajan en absoluto en esa descripción. Es tan injusto generalizar… Pero me asusta pensar que esa pudiera ser precisamente la regla general. Gracias por compartirlo”.

  3. Enrique Vallines
    Enrique Vallines Dice:

    Y gracias también por la cita, Mariano. Es verdad que el post me ha dejado abatido. El mundo universitario que yo conozco no es así: la inmensa mayoría de las personas con las que trabajo lucha todos los días por hacer su trabajo con honestidad y rigor; intenta mejorar en sus habilidades docentes; se preocupa por sus estudiantes y les exige… No puedo negar que puede haber excepciones, pero en nuestras manos -las de los que convivimos en la Universidad- está que esas excepciones sean la anécdota y no la regla general.

  4. Marien Aguilera
    Marien Aguilera Dice:

    ¿PARS PRO TOTUM?

    Coincido con él autor del post en que el sistema educativo español (incluido el universitario) adolece de defectos y está necesitado de “reformas estructurales”, como ahora gusta decirse.

    Disiento, en cambio, en presentar a las generaciones de estudiantes que han pasado por las aulas de la Universidad (la mía –y escribo “mía” porque TODAVÍA tengo interés en ella─ también es la Complutense) “como una serie de generaciones taradas, infradesarrolladas y engañadas”. Discrepo asimismo en atribuir las culpas de este pretendido resultado a unos “profesor(es) insoportable(s) por su ignorancia, su frivolidad o su absoluta incompetencia, que muchas veces tiene(n) que disimular con autoritarismo o paternalismo inadecuados”. Y estoy en desacuerdo, por supuesto, en tomar a la Universidad española ─así, in genere─ como una institución indigna, sin espíritu crítico, no interdisciplinar y no parangonable “a las existentes en la mayor parte de las democracias avanzadas” (¡cuánto daño hacen afirmaciones como ésta!).

    “Generalizar es siempre equivocarse”. No lo digo yo, sino Hermann Keyserling: una de las figuras, por cierto, más insignes de la filosofía alemana contemporánea.

  5. Javier Espín
    Javier Espín Dice:

    Mis felicidades por el artículo, ha conseguido lo que pienso que es su principal propósito, hacer pensar y reflexionar al lector.

    En mi caso particular tuve la suerte de tener grandes profesores, que por cierto, me adviritieron a tiempo entre otras cosas que un buen jurista no es el que sabe los artículos de memoria, sino el que sabe donde encontrarlos e interpretarlos.

    Con respecto al contenido del artículo, pienso que el principal problema en la enseñanza es la falta de vocación y no tanto los conocimientos del profesor, que en mi experiencia han sido los de casi todos, ampliamente acreditados. Un profesor que se divierte dando clase transmite su pasión, sin embargo, alguien que se limita a exponer lo que figura en un libro, hace pública su desazón.

    Un saludo cordial
    JE

  6. Isabel Langa
    Isabel Langa Dice:

    No quería dejar de comentar que ciertamente, y como estupendamente manifiesta el autor, en la Universidad me encontré con profesionales responsables de nuestra formación que dejaban mucho que desear, y estudiantes, que más que tales, eran adictos al mus y a las cervezas en el prado.

    Pero también me encontré con grandes Maestros, altamente formados, en permanente enganche al estudio y ampliación de su saber, así como excelentes formadores, que son capaces, no solo de transmitir Conocimiento, sino también deseo, anhelo y hasta necesidad en los estudiantes de continuar su ejemplo, leyendo las últimas publicaciones, invirtiendo tiempo y economía en la adquisición de saber, y que han disfrutado, trabajando como adictos al conocimiento.

    Cómo dice un amigo catedrático, inmerso en el mundo Universitario, en efecto, las estructuras de poder mafioso existen pero eso no empaña el buen trabajo de tantos profesionales.

    Los comentarios de los profesores Vallines y Aguilera mas arriba, demuestran que el personal bueno “se ha mosqueado”

    No seamos tan hostiles con nosotros mismos, entristece e indigna a tanta gente que, aún sabiendo la incompetencia de algunos, nos enorgullecemos de nuestra Universidad.

  7. Isabel Langa
    Isabel Langa Dice:

    Y no quería dejar de subrayar tampoco, la aportación del Catedrático de Derecho civil de la Universidad Complutense de Madrid, el profesor D. Mariano Yzquierdo, persona y profesional al que admiro y que ha sido quien, con su comentario, ha activado mi deseo de participar en este foro. Gracias una vez más.

    • Mariano Yzquierdo
      Mariano Yzquierdo Dice:

      Pues mil gracias, Isabel. Creo que es necesario reconocer que no todo es mugriento en la Universidad española. Sí mi comentario te ha servido de acicate para escribir, me alegro. Y que conste que el post de Jiménez Asenjo es excelente, pero tiene un halo de generalización que no es justo. Junto a los tediosos dicta-apuntes hay excelentes profesores y junto a la tropa de estudiantes dóciles, indocumentados por falta de lectura y sin espíritu crítico, hay estudiantes que son los que mantienen intacta la motivación y vocación de los profesores comprometidos. De nuevo aplaudo el comentario del profesor Vallines y de la profesora Aguilera, que forman parte de un departamento como es el de Derecho procesal de la Complutense que es realmente ejemplar.

  8. Eduardo Serrano Gómez
    Eduardo Serrano Gómez Dice:

    Ciertamente, en la Universidad española hay muchas cosas por mejorar pero los casos que últimamente han visto la luz no deben empañar la gran cantidad de excelentes profesionales e investigadores que realizan una labor encomiable pocas veces reconocida. Resulta curioso ver cómo no se habla de los docentes que con casi 50 años no han conseguido un puesto estable o de los ridículos sueldos que se cobran si los comparamos con los alemanes, italianos o ingleses. No podemos pretender tener universidades tipo americano con una inversión y condiciones más propias de Zambia.
    Y, por supuesto, es lamentable que unos cuantos caraduras -que por desgracia, los hay en todos los ámbitos- hagan extender la mancha de gasolina a la universidad pública en general, sin hacer distinciones ni resaltar lo positivo, que lo hay y mucho. Me temo que en los próximos meses asistiremos a nuevas reglamentaciones que nos apretarán, una vez más, a los universitarios para tapar así las vergüenzas de unos pocos.
    Y para terminar, ¿por qué el foco se centra exclusivamente en la universidad pública?¿qué pasa con las privadas?¿acaso son un ejemplo de organización, funcionamiento y, en particular, de docencia e investigación?

  9. Matilde Cuena Casas
    Matilde Cuena Casas Dice:

    Enhorabuena por el post.
    Desde luego yo comparto algunas de las consideraciones del filósofo Emilio Lledó y fundamentalmente la idea de Kant. A los alumnos hay que enseñarles a pensar y no a memorizar. De mí se ha llegado a decir que soy una profesora difícil “porque hago pensar”. Así está el patio… Siempre es más fácil dictar unos apuntes, que explicar la asignatura desde una dimensión práctica, con casos y ejemplos. Pero curiosamente, el alumno no se queja tanto de estos profesores que dictan apuntes. Se sienten cómodos, aunque luego se dan cuenta de sus carencias. La mente de muchos alumnos cuando estudian la carrera es aprobar. Y lo que hay que hacer es aprobar porque se sabe.
    Es claro que el profesor es importante en la universidad. Puede hacer que odies una asignatura o que la ames. Así es.
    Si con las limitaciones de todo tipo que tiene la Universidad española, siguen funcionando y los alumnos tienen prestigio y en otros países y en algunas disciplinas se los rifan, es porque no todo se está haciendo tan mal. Que la universidad tiene problemas, no seré yo quien lo niegue. En esta entrevista que me hicieron ya sugerí algunos cambios https://www.juristasconfuturo.com/columna-del-director/entrevista-a-la-catedratica-de-derecho-civil-matilde-cuena/
    Sin embargo, es tremendamente injusta la generalización que se está haciendo. En la Universidad española hay personas que trabajan mucho y muy bien. Hay ovejas negras, como en todos los sitios. El enchufismo existe, como en todas partes. No basta trabajar bien: tienes que “caer bien” a los que mandan y el “ego” campa a sus anchas.
    En fin, creo que la corrupción generalizada que existe en España, por supuesto, se refleja también en la Universidad española.
    Los cambios deben ir por la vía de la generación de incentivos que favorezcan la excelencia. Si los resultados de las evaluaciones docentes son negativos, debe haber consecuencias. No es razonable que un profesor que no investiga solo tenga como “sanción” dar más clases y cobrar 100 euros menos a final de mes. Los profesores debemos investigar y las universidades deben tener una partida de financiación en función de los resultados de sus investigadores. De esta forma se genera un incentivo para seleccionar a los mejores profesores.
    Lo que mueve a muchos docentes es la vocación, no lo dude. Y, sobre todo, el ser una profesión en la que se trabaja con lo mejor que tiene este país: su capital humano. Yo creo que formando profesionales es como verdaderamente se pueden cambiar las cosas: inculcando conocimiento y, sobre todo, ética y valores, que tan necesarios son. Profesionales que sepan decir NO a la corrupción.

  10. Mariano Yzquierdo
    Mariano Yzquierdo Dice:

    Amen Jesús, Matilde. Gracias por utilizar la alusión a Emilio Lledó cuando hablaba de Kant y Hegel por El Retiro preparando la selectividad con su hijo. Es muy aconsejable utilizarla en el ámbito docente para hacer ver lo ridículo de la situación. Yo, en efecto, lo hago mucho. Da buenos resultados.
    Hay quienes dejamos tener textos legales en los exámenes y algunos compañeros nos miran como si fuéramos marcianos.

  11. Daniel Iborra
    Daniel Iborra Dice:

    El comportamiento profesional de muchos de nuestros medios en los temas más importantes para la población ha sido decepcionante y en bastantes de los casos, irresponsable.
    Lo denunciamos en cuanto al seguimiento de la gran crisis pero han continuado en los temas de más interés.
    Los casos de corrupción que han salido en los medios y se han investigado provienen de la época anterior. La mayoría de los casos han estado muy vinculados al boom de la construcción y este había finalizado en el último trimestre de 2.007.
    Cuando había tanta, en la época del boom, la percepción de la población era mínima (un 1% hasta 2009). Y actualmente está al máximo cuando los datos objetivos la desmienten.
    Y lo mismo ha pasado con la calidad democrática de nuestro sistema político. No se corresponde la percepción ciudadana con los datos objetivos de los principales índices.
    El tema de la independencia de Cataluña revela otra vez el fracaso del sistema informativo (salvo excepciones) en el tratamiento de temas de interés general.
    Se destinaron enormes recursos de todos ciudadanos, a favorecer la causa independentista. (control informativo, educativo, cultural…) pero en el interior apenas hubo advertencia intelectual e informativa del fraude.
    Hubiera bastado que “los medios” hubieran proporcionado una información más solvente para que la opinión pública catalana tuviera otra percepción. (¿No es la subvención otra forma de corrupción?)
    En el barómetro del CIS (julio-17) la independencia sólo preocupaba al 2’6% de españoles y la corrupción al 45’3%. En septiembre a punto de la catástrofe sólo preocupaba a un 7’8% y la corrupción a un 38 %.
    La lucha política, como explicamos en el caso de la denuncia selectiva de la corrupción en España, es mucho más cruel que en los mercados. De manera que, para desplazar a uno del poder, los contrincantes exageran hasta el bochorno los defectos del contrario y ocultan e intentan minimizar los propios.
    El interés general continúa , aún hoy, ausente …

  12. Dominique
    Dominique Dice:

    Me gustaría agradecer al autor del artículo y al profesor de universidad que me lo recomendó.

    Cómo alumno de primero de un largo doble grado pesa sobre mí defender la realidad que yo vivo, contingente y muy dependiente de la universidad Complutense y el programa de Derecho y Filosofía, quizá, pero mi vida universitaria al fin y al cabo.

    Es desde la universidad desde donde nace una juventud activa y comprometida, es desde las aulas desde donde nace el debate activo que trata de definir el bien y qué es lo bueno, donde se gesta un futuro para este país que no se lo ha dejado fácil a mi generación.

    Dos cosas deben definir el espíritu universitario: ganas y responsabilidad. Ganas por aprender por supuesto, pero también ganas por mejorar y hacer mejor el mundo que lo rodea. Responsabilidad, maduramente darse cuenta de que nuestros actos y omisiones tienen consecuencias. Criticar la universidad por casos de corrupción y dudosa administración es no entender que detrás de ello hay una crisis global de valores, de ganas, de responsabilidad, y que, aunque no sea lo que fue, es la universidad la que cría a una juventud dispuesta a cambiarlo.

    Denunciemos la corrupción como corresponde, demos justicia a los delincuentes y larga vida a la universidad.

  13. Pilar Álvarez Olalla
    Pilar Álvarez Olalla Dice:

    No soy muy dada a participar en blogs, seguramente por timidez. Sin embargo, en esta ocasión, y a pesar de que, con carácter general, no puede negarse la certeza de las afirmaciones del autor del post respecto a los males de nuestra universidad, quiero romper una lanza por los profesores y alumnos de la universidad española y, en particular, de la Universidad Rey Juan Carlos. Levántense las alfombras, salgan a la luz los casos en los que se hayan cometido irregularidades y tratos de favor, sean o no sonados los nombres de los afectados, auméntense los controles para que ello no ocurra, de ser necesario. Con ello contribuiremos a que la universidad sea lo que nunca debe dejar de ser: un espacio donde compartir conocimiento y estimular el espíritu crítico, así como un espacio donde no haya lugar para la indecencia, pues la ética universitaria es la expresión del respeto por el saber. Ahora bien, como se ha indicado arriba por algunos comentaristas, las generalizaciones son sumamente injustas y, muy en concreto, en el caso que en estos días inunda los medios, pues como consecuencia del modo de tratar la información, salimos trasquilados profesores, estudiantes y títulos de nuestra Universidad, cuando la inmensa mayoría de nosotros, 2.000 profesionales y 45.000 alumnos, somos ajenos a tales prácticas y las rechazamos desde lo más profundo de nuestro ser universitario. Además, lo peor es que esos casos hayan salido a la luz, no con el fin de eliminar las malas prácticas de la universidad, sino como arma arrojadiza en una lucha interna por el poder universitario. Desde aquí quiero manifestar mi apoyo a aquella parte de la comunidad universitaria de nuestra Rey Juan Carlos que es abrumadoramente mayoritaria, y que hace su trabajo con rigor, entusiasmo y profesionalidad, y que tan injustamente está siendo tratada por los medios. Adelante, Universidad Rey Juan Carlos!. Soy Pilar Álvarez Olalla, Profesora Titular de Derecho Civil y Directora del Master Universitario en Responsabilidad Civil Extrancontractual.

  14. Daniel Iborra
    Daniel Iborra Dice:

    SOBRE LA DENUNCIA SELECTIVA DE LA CORRUPCIÓN EN ESPAÑA
    Si el grueso de la misma se generó en la burbuja especulativa y la percepción social era mínima, un 1% hasta 2009 y actualmente es máxima, cuándo los datos objetivos la desmienten, es evidente que nuestros medios tienen un problema de credibilidad y contaminación. Y esto se puede comprobar en los informes anticorrupción de la U.E.en la que destacan la desmesurada diferencia en España entre la gran sensación de corrupción ciudadana y los índices de victimación ( si han vivido o han sido testigos de un caso de corrupción) que dan porcentajes parecidos a los europeos..
    esta falta de rigor informativo, al deslegitimar el sistema democrático forjado en un complejo proceso de transición, ha abierto las puertas a grupos con principios políticos predemocráticos y soluciones económicas obsoletas, propias de los sistemas políticos del tercer mundo, que han llevado a los pueblos donde se han aplicado a la miseria, a la falta de libertades y a los puestos más altos de corrupción.
    si está acreditado que la percepción de la corrupción va relacionada con su cobertura mediática ¿Por qué no la denunciaron en el periodo central de la misma? ¿Fue por interés o por ignorancia? ¿Como nos van a convencer de que la ignoraban cuando todo el mundo la conocía y no eran profesionales de la información?. ¿Que hicieron los medios catalanes para averiguar si era cierta la denuncia que hizo Maragall en el Parlament? Si hay medios que son incapaces de dedicar ni un pequeño porcentaje de atención a la corrupción del “partido amigo”¿ seguirán denunciando la corrupción cuando este partido acceda al poder? ¿La denuncia de la corrupción tiene por finalidad evitarla para la ciudadanía o reducir la cuota de votos del enemigo político? Y si el amigo es un incompetente ¿denunciarán la incompetencia o intentarán ocultarla o enmascararla buscándole un responsable anterior, interior o exterior a donde dirigir la frustración de la sociedad?

  15. Daniel Iborra
    Daniel Iborra Dice:

    Para los que quieran conocer * ¿Por qué cuando había más corrupción que ahora la gente no lo percibía? (1%) mientras actualmente que está en mínimos está creciendo la percepción hasta el 35’1% y si la denuncia mediática depende de quien gobierna, os recomiendo mi artículo en Hay Derecho, con el mismo nombre*
    Del que extraigo: EL COLOR DE LA CORRUPCIÓN “, C.Periodistas Cat. de P.Mazón
    La conclusión no puede ser más crítica para sus compañeros de profesión “casi todos dejan de cubrir o lo hacen pero dedicándoles menos espacio, los casos de los partidos “amigos” o más afines.
    Del estudio publicado por Manuel Villoria y Fernando Jimenez , “La corrupción en España ( 2004-2010): datos, percepción y efectos
    “Las denuncias de la corrupción política son también parte de la política, voluntariamente o no. Por ello “aquellos que reportan o denuncian instancias de corrupción pueden ser opositores políticos del acusado por motivos para desacreditarlo: ( Sandholtz y Koetzle)
    España no tiene una corrupción sistémica en la que los sobornos a los funcionarios son lo habitual. Por ejemplo en América Latina, la media de personas que reconocen haber pagado un soborno en el último año es de un 23% o en África subsahariana de un 56%. Los datos de España, de un 2(2009) y 5% (2010) de pagadores es cercano a bastantes países europeos que tienen niveles de percepción bastante menores ( ejm Austria 2-9 y Francia 2-7 en los mismos años)
    De los 3.000.000 de funcionarios, un dato de 50 o 60 casos anuales no puede considerarse preocupante.
    De un total de 70.000 políticos de las 3 Administraciones, 500 posibles acusados nos da un 0’7% de criminalidad.
    Los datos objetivos nos dicen que la corrupción pública es mayoritariamente corrupción política y ella, se ha centrado, sobre todo, en el ámbito urbanístico y en las administraciones subnacionales, especialmente en la Administración local.”

  16. Lucía de las Heras
    Lucía de las Heras Dice:

    En los años 30 del pasado siglo, con ocasión de discutirse sobre la ampliación del voto a las mujeres, se produjo una discrepancia entre dos políticas con ideas avanzadas para su época. Ambas consideraban que lógicamente las mujeres debían poder votar, pero, mientras Clara Campoamor defendía el inmediato reconocimiento de ese derecho, Victoria Kent sostenía que debería retrasarse, ya que, al ser gran parte de las mujeres amas de casas sin formación, el voto femenino favorecería a las opciones más conservadoras. Ante ello, Clara Campoamor enfatizó que era una cuestión de principio: las mujeres debían poder votar YA, INMEDIATAMENTE, con independencia de cualquier otra consideración.

    Algo parecido sucede ahora en el caso de la presidencia de la Comunidad de Madrid. Cristina Cifuentes debe dejar de ser presidenta de Madrid porque ha demostrado no estar a la altura ética y de honestidad exigible a un cargo de esa naturaleza. Se ha aprovechado de su relevancia política para obtener una titulación universitaria sin cursar los correspondientes estudios, y además ha mentido públicamente en relación con la defensa académica del máster y con la confección del trabajo final.

     Una persona así no puede ser más tiempo presidenta de la Comunidad de Madrid.

     El Partido Popular (que en su día ganó las elecciones) debe propiciar el inmediato nombramiento de otra persona, honesta y limpia.

     Y si no lo hace, Ciudadanos debe apoyar la moción de censura para la remoción de Cristina Cifuentes.

     Podrán ponerse muchas objeciones de oportunidad o electoralismo, con riesgo de aparecer Ciudadanos como tándem con PSOE-Podemos. Esto puede perjudicarle electoralmente a Ciudadanos, pero aun así Ciudadanos debe, en caso necesario, apoyar la moción de censura. Por lo mismo que Clara Campoamor defendió el inmediato reconocimiento del voto femenino: por una CUESTION DE PRINCIPIO.

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