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Una democracia consociacional para España

A estas alturas de nuestra vida democrática es un hecho cada vez más reconocido que nuestro sistema político e institucional está demostrando deficiencias que hacen que los resultados del sistema democrático no sean los mejores desde la perspectiva de los ciudadanos. La crisis económica, la crisis catalana, la necesidad de establecimiento de pactos de largo alcance o la propia actividad legislativa en un parlamento fragmentado se están revelando como desafíos difícilmente alcanzables si nuestras instituciones políticas funcionan como lo están haciendo en la actualidad.

Nuestro sistema político, desde la transición democrática, se demostró como un modelo exitoso, no ha sido capaz de evolucionar y de acometer las reformas sobre el funcionamiento que de las propias instituciones  que estableció la Constitución, debido a la incompetencia, desidia o visión partidista y cortoplacista de nuestra clase política. De este modo, tenemos un sistema parlamentario con un sesgo claramente presidencialista, un parlamentarismo limitado por los mecanismos legislativos puestos a disposición del Ejecutivo y los límites a la función de control del Parlamento; un sistema electoral proporcional con una fuerte corrección en sentido mayoritario; un sistema pluripartidista, que por efecto del sistema electoral y de otros factores se ha transformó de hecho en un sistema casi bipartidista, una distribución competencial descentralizada y cuasi federal, pero con carencia de instituciones que vertebren esa descentralización de manera satisfactoria.

La presente legislatura, sin mayoría absoluta, parlamento fragmentado y la presencia significativa de dos nuevos partidos políticos, fue vista por muchos como una oportunidad de revertir esta situación pero no ha sido así, de hecho la legislatura está tan paralizada que parece agotada a mitad de mandato lo que produce una gran decepción.

Pues bien de todas las reformas institucionales necesarias para que nuestro sistema produzca mejores resultados políticos, quiero referirme a una que considero fundamental. La definitiva institucionalización de mecanismos de democracia consociacional frente a los procedimientos e instituciones de democracia mayoritaria. Arendt Lijphardt ha defendido, desde los años setenta, los modelos de democracia de consenso como el mejor sistema para que la democracia funcione en sociedades fuertemente divididas. Según estos modelos, en sociedades fuertemente divididas por criterios ideológicos, nacionales, religiosos o étnicos, la toma de decisiones y la formación de gobiernos no puede basarse en la regla de la mayoría porque, en ese caso, una minoría relativamente grande o significativa puede quedarse fuera de tener la representación que le correspondería con la consiguiente pérdida de legitimidad de todo el sistema político. La idea es que sólo compartiendo el gobierno pueden todas las minorías estar representadas sin imponerse ninguna a la otra por un estrecho margen. Esto requiere sistemas electorales proporcionales, sistemas multipartidistas, instituciones independientes y, en última instancia power sharing o mandatos que vinculen a compartir el gobierno formando gobiernos de coalición.

La formación de gobiernos de coalición ha desarrollado en gran parte de los sistemas parlamentarios europeos una cultura política del pacto, la negociación y el establecimiento de acuerdos políticos de mayor o menor alcance pero que se han mostrado como la única forma posible de formar gobiernos estables y han conseguido los mayores niveles de bienestar y democracia del mundo.

En España, no se ha querido evolucionar, ni siquiera de forma pragmática hacia una cultura política similar, debido a que la clase política siempre ha tenido la errónea percepción de que tenía más incentivos para el enfrentamiento, la falta de acuerdos y estrategias de crispación para alcanzar fines electoralistas. Para Enrique Gil Calvo, es difícil alcanzar consensos porque el planteamiento de la política en España responde a la lucha entre dos bandos que están continuamente ajustándose las cuentas del pasado en una dinámica interminable y que lleva a que la conflictividad política alcance niveles desproporcionados en relación con la conflictividad realmente existente en la sociedad.

A pesar de ello, es un dato incontestable en todos los Barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas, que una mayoría de ciudadanos prefiere gobiernos en minoría que tengan la necesidad de llegar a acuerdos con otras formaciones a  gobiernos con mayoría absoluta o de un solo partido. Además, no son pocos los estudios en ciencia política que han demostrado que no son menos eficaces los gobiernos de coalición que los de un solo partido porque sus decisiones están  más consensuadas y se acercan mucho más a los intereses generales  que las de un gobierno monocolor que tiene una oposición mucho más fuerte.   De este modo, es más probable que expresen intereses generales más que partidistas y que den cabida a demandas de minorías que de otra forma no tendrían cabida. Un sistema pluralista y consociacional lleva a la producción de mejores políticas públicas y a un aumento de la legitimidad de las instituciones democráticas en la medida en que los ciudadanos ven mejor satisfechas sus demandas y resueltos sus problemas.

Es necesario que en España se establezcan mecanismos de cooperación institucional, que se generen dinámicas que lleven a la recuperación y el establecimientos de consensos, y de que se ensayen gobiernos de coalición que conlleven la asunción por parte de sus componentes de un gobierno compartido a todos los efectos, de distribución de competencias, pero de una responsabilidad política compartida o solidaria. Es una necesidad imperiosa que la política deje de funcionar defendiendo exclusivamente intereses partidistas por encima de los generales, llegando a los límites de bloqueo y no resolución de conflictos que hacen imposible progresar a la sociedad española. Es un problema exclusivo de funcionamiento de nuestro sistema político.

Soy consciente de la dificultad de los cambios, pero éstos serán imposibles sin una sociedad civil activa que exija un continuo rendimiento de cuentas y que ponga de manifiesto alternativas contrastadas desde el ámbito académico y profesional.

Los resultados de la democracia se miden por la mejora de vida de los ciudadanos, y éstos hasta ahora no están siendo en absoluto satisfactorios en nuestro país. Si las democracias consociacionales están demostrando que son más eficaces produciendo mejores resultados políticos, económicos y sociales en sociedades con fuerte división, es el momento de ensayar en España este modelo y completar la verdadera vocación de nuestro sistema parlamentario y pluripartidista.

5 comentarios
  1. Josep Balletbò
    Josep Balletbò Dice:

    Coincido con las reflexiones del autor. A mi juicio, la cultura y la praxis políticas deberían evolucionar hacia esta democracia consociacional. En una sociedad plural y multipartidista, es imprescindible incorporar la dinámica del pacto y la concertación. Los gobiernos de coalición no tienen porque suponer inestabilidad, sino mayor representatividad y legitimidad democrática. Creo que las propuestas dirigidas a facilitar mayorías monocolores empobrecerían la vida política y la calidad democrática del sistema. Debemos exigir a los políticos altura de miras, capacidad de diálogo y acuerdo, y priorizar el interés general de la sociedad por encima de sus intereses partidistas.

  2. Alejandro
    Alejandro Dice:

    Creo que a la hora de hablar de Lipjhart y su favoritismo por las democracias consensuales hay que tener en cuenta el fracaso estrepitoso de su modelo paradigmático.

    El autor hace el desarrollo teórico de que es una democracia consensual o consonsacional frente a las mayoritarias o inspiradas en el modelo Westminster en su famoso libro Modelos de Democracia. Pues bien, en este libro utiliza como modelo paradigmático de democracia consensual a Bélgica. En este libro nos describe su funcionamiento y sus bondades. Eso sí, este libro está escrito mucho antes de los últimos problemas para formar gobierno en el Reino Belga que han puesto en evidencia el gran fracaso que suponen los modelos de democracias consosacionales. Pero no hace falta acudir al récord de país sin gobierno para conocer del fracaso belga, solo hace falta vivir en el país para ver la falta de vertebración del mismo o como encontramos una serie de compartimentos estancos tanto entre las diferentes identidades nacionales como en la ciudad de Bruselas entre los ciudadanos de la burbuja europea, los belgas de largas generaciones y los belgas de origen inmigrante.

    • David Díaz Lozano
      David Díaz Lozano Dice:

      Gracias Alejandro por tu comentario. No creo que el modelo de Lijphardt haya tenido un fracaso estrepitoso, aunque es cierto que no tenga un resultado existoso en todo el mundo. Existen muchos ejemplos en los que este modelo de democracia funciona con éxito como en Holanda, Dinamarca, Suiza, incluso Alemania o Austria. Ha sido muy útil en la puesta en la resolución de conflictos políticos históricos como Sudáfrica o Irlanda del Norte. El caso de Bélgica es bastante complejo porque combina el federalismo en su estructura territorial con la existencia de comunidades lingüísticas que es las que se aplican mecanismos consociacionales. Hasta ahora han funcionado de manera más o menos satisfactoria, aunque la crisis política del Estado belga está más fundamentada en las dificultades de su federalismo sui generis y de la desconfianza creciente entre las comunidades lingüística,s que en un fracaso del modelo consociacional del que Bélgica no es un modelo puro. En cualquier caso, España también ha estado casi un año con un gobierno en funciones, debido a la inexistencia de cultura política consensual.

      • Alejandro
        Alejandro Dice:

        He mencionado precisamente el caso belga porque es el modelo que Lipjhardt utiliza como paradigma de su construcción teórica. Por lo tanto es el modelo más puro que podemos encontrar de consosacionalismo. El modelo consonsacional no solo se refiere a la formación de gobierno, tiene tamibén que ver con el modelo parlamentario, de banco central etc. Y es Bélgica el que es explicado como máximo esponente en su libro Modelos de Democracia.
        Es más, vuelvo a resaltar que Lipjhard se mostraba muy inclinado hacia este modelo porque cuando realizó su análisis comparado de modelos de democracia, lo hizo en un momento en el que aún no habían saltado a la luz los problemas que actualmente están apareciendo en todas estas democracias. Hay que partir de que ningún sistema es perfecto y que ningún sistema puede dar respuesta a todos los problemas. Pero actualmente se ve que no son la panacéa que se pensaban que eran hace unos años.
        Es más, en Holanda se ha estado 208 días sin ser capaces de llegar a un acuerdo de cualición para formar gobierno y en Alemania fue imposible realizar la coalición Jamaica. Por lo que también ha habido problemas para consensuar acuerdos. No fue si no ante el temor de tener que convocar unas nuevas elecciones cuando el PSD decidió formar una nueva gran cualición.

  3. Paloma
    Paloma Dice:

    La damucrasia acabará siendo cósmica y con cien mil apellidos molones.

    Hoy toca “consociacional”. Todos semos cosocios. Mañana será “consorciacional”, “tribultosa”, “neummática” y “supercalifragilísticaespialidosa”.

    Estamos como australopitecos. Vamos a acabar inventando la sopa de ajo y la rueda. Todo por no reconocer que no hay ni una sola democracia en Europa. Para opacar este hecho, para disimularlo, todos nos hacemos los tontos cada día, como si. Debido a la costumbre, nos convertimos en tontos definitivamente, inaptos para analizar cosa alguna en materia política.

    Muy buen artículo en cualquier caso, socio.

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