El riesgo político y los nuevos directivos globales

La influencia es el arcano del poder. Tenemos claro el qué, pero no el cómo. Se define como la capacidad de modificar la percepción que tiene el gobierno, la opinión pública o la competencia sobre nuestra actividad en el mercado. Se influye porque se cambia el curso de una acción. A la capacidad de influencia se le pone precio, sobre todo, en los mercados regulados. En la medida en que una decisión afecta a la cuenta de resultados es natural que las empresas creen departamentos de relaciones institucionales, asuntos públicos, capital político, responsabilidad social, marketing social y otros mil nombres que recibe la estrategia de relación con los poderes públicos y privados para la generación de confianza, el incremento de la reputación y la gestión de las relaciones con los representantes políticos y sociales. Para estas competencias, tradicionalmente, las compañías fichaban antiguos políticos que mantenían esa “influencia” en la esfera política. Y parecía rentable. Sin embargo, la nueva coyuntura es muy diferente. En los últimos diez años, mucho se ha debatido sobre las puertas giratorias, como un mecanismo de devaluación de la actividad política en beneficio de la privada. En primer lugar, porque existe un riesgo reputacional. Se ha incrementado la demanda de información pública, rendición de cuentas y transparencia  y no se entiende que un ex alto cargo se incorpore a una empresa del sector sobre el que ha tenido capacidad de decisión. En segundo término, porque no se ha encontrado una relación directa entre la incorporación de antiguos políticos o funcionarios de primer nivel a los consejos de administración y la cuenta de resultados. Y, por último, porque la regulación multinivel ha diluido la capacidad efectiva de captura del sistema.

Por eso, son cada vez más las empresas que prefieren profesionalizar las relaciones con el gobierno de acuerdo con el nuevo entorno estratégico. Los intereses públicos y privados convergen en nuevos modelos de gestión (CPP, alianzas o la propia idea del Estado emprendedor) y ahí la influencia a través del BOE es limitada. La vieja influencia funcionaba bien en un sistema operativo regulado, previsible, con dimensiones normativas controlables. Si el sistema político es cerrado y estable, conviene contar con la experiencia previa de gobierno, el acceso a las fuentes de información y la cercanía con los funcionarios de primer nivel. Pero ya vivimos en ese planeta…

Los nuevos poderes no se limitan al Estado Nación como unidad básica de medida, sino que son transversales, digitales y volubles. En el plano urbano, el futuro de las ciudades, atravesado por el desarrollo tecnológico, las industrias móviles y los ciudadanos conectados es un desafío para las compañías. Además, se ha acelerado la globalización abierta (más tratados y rutas comerciales) y la cerrada (la crisis del TTP, el TTIP y el nacionalismo económico), se ha asentado el poder de las grandes corporaciones tecnológicas que controlan la privacidad y los big data y se han multiplicado los riesgos políticos. Los procesos políticos y los movimientos sociales se han convertido en start-ups políticas. En Marche, 5 Stelle, Podemos o el propio Donald Trump surgen de la periferia del orden político para ocupar el poder ejecutivo.

Se han abierto mercados, se han modificado las costumbres y se han globalizado las biografías. Ante tales transformaciones, las compañías tienen que dotarse de nuevos instrumentos para la gestión de riesgos, la sensibilización social, la agilidad ante la transformación digital o la relación con fondos institucionales de inversión y huir de la influencia de despachos, cada vez menos relevante. La influencia es pública y ha caído bajo el escrutinio de los medios de comunicación, la opinión pública y las redes sociales. Esta conceptualización de las relaciones con los poderes públicos y privados se entiende mejor en los sectores más regulados y en aquellos más expuestos a las decisiones políticas internacionales. Lo global no se controla desde Madrid, Lima o México DF, sino que hay que trabajar sobre el terreno con alianzas estables y transparentes.

El éxito de las compañías globales está inexorablemente asociado a la capacidad de sus directivos de desarrollar esta nueva inteligencia. La profesionalización del lobby, la comunicación estratégica y las relaciones institucionales es un proceso imparable en el mercado laboral internacional. En este entorno abierto, global, digital y transparente emplea las técnicas y los usos diplomáticos para la representación ante las grandes capitales políticas, la negociación de los intereses, la protección de las cadenas globales de suministros y la promoción de determinadas políticas públicas. La creación de esta suerte de servicio diplomático corporativo se entiende mejor cuando preguntamos en la empresa por su capacidad de análisis del riesgo político, la capacidad para crear coaliciones no comerciales sobre el terreno o bien la confianza que merece ante la opinión pública. La diplomacia corporativa es una actividad principal de la internacionalización de las instituciones de naturaleza privada, pero – al contrario de lo que sucede con la diplomacia convencional –  no cuenta con normas, reglamentos, costumbres y usos. Por eso, vivimos una etapa apasionante que creando una nueva profesión, abierta a unos pocos directivos anfibios que aprenden técnicas diplomáticas, conocen las relaciones internacionales y disfrutan de los ambientes culturales abiertos al cambio. Digamos adiós a las puertas giratorias y demos la bienvenida a los diplomáticos corporativos.

3 comentarios
  1. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Lo que describe el profesor Manfredi, muy acertadamente en mi opinión, es el actual estado de una cuestión candente, mutante y…..preocupante.
    Vivimos dentro de une estructura de poder –formal e informal– muy jerarquizada y con un cierto grado de multipolaridad –aparente en algunas cuestiones– en función de los entornos operativos concretos. Las “territoliaridades” o taifas.

    Además, hay al menos tres factores de entorno muy importantes.
    1. El tamaño de lo público no solo ha crecido de modo desaforado en los últimos 70 años con la consiguiente reducción del ámbito de libertad privada sino que en paralelo a la reducción de libertad y autonomía privada se ha incrementado el Poder, la Regulación y el Control de forma Invasiva que muchos académicos ya describen abiertamente como “Soviética” y desde luego nítidamente Orwelliana.

    2. El principal cliente directo y factor crítico de éxito de la actividad económica es el Sector Público. Esto ha obligado a estructurar la Actividad de Márketing y Comercial con especialistas en el sector. No es necesario que provengan del Sector Público sí que lo conozcan bien y sean conocidos por él como cliente e interlocutor diferenciado. No es muy difícil. Solo requiere dedicarse a ello profesionalmente y sin entrar en “guarradillas” tipo puertas giratorias que no aprecian, para nada, los propios actores funcionariales del Sector Público. Lo que hace treinta años era “un nicho de mercado” hoy es el segmento de “mercado” más importante a distancia.

    3. Gran parte de la regulación importante, la mayoría, proviene de muy lejos. No sólo proviene de actores formales lejanos sino que se gesta en lugares desconocidos del gran público por lobbies o poderes informales que ni siquiera tienen que figurar en las relaciones de lobbies registrados en Washington o en Bruselas.
    Recuerden que hasta los parlamentos coloniales (todos los Estados europeos y Estrasburgo) y los gobiernos nacionales estaban excluidos de cuestiones tan críticas como el citado TTIP.
    Por poner un ejemplo reciente, las leyes autonómicas sobre la Ideología de Género –todo el sector educativo afectado– fueron promulgadas por el Parlamento Europeo –al dictado de la Comisión y esta de los “powers that be”, as usual,– en febrero de 2006.

    Es decir, estamos ante un paradigma muy jerarquizado y el acceso a su cúpula es muy limitado por parte de los actores nacionales y regionales. Nunca o casi nunca es directo y por supuesto no está al alcance del 99.99% de los afectados sean personas físicas o jurídicas.

    En este sistema ¿Quién puede operar y producir beneficios mínimos sostenibles? Sólo los grandes o muy grandes que participan en los citados “lobbies”. Es decir, hablamos mucho de “corrupción” tipo Bárcenas pero la de verdad nos la callamos.

    ¿Es viable y sostenible el sistema mismo?
    Creo que no y que lo complicado, más todavía, va a ser llevar cualquier negocio seriamente y sin chapuzas durante los tiempos caóticos que se avecinan.
    Me temo que ya son abundantes las señales de que esto está comenzando a romperse.

    Hace ya tiempo, algo más de un año, que Der Spiegel publicó el sorprendente dato de que uno de los escenarios estratégicos de la Bundeswehr planteaba la No existencia de la UE para el año 2040.
    Ayer, un especialista dedicado a estas cuestiones me decía que no se trataba de “un escenario entre cinco o seis”, no. Era “el” escenario. Por aquí seguimos sin querer ver.

    Creo que las organizaciones empresariales –como hizo Javier Vega Seoane sobre el tema catalán– deben plantearse en serio si este sistema “empresarial” tiene sentido y, por mera prudencia estratégica, comenzar a sacar a la luz el pantanal en el cual nos encontramos.

    Tal parece que España, el país más “entusiasmado” con Europa y la Globalización, sigue en el furgón de cola de la “percepción de entorno”. A ver si comenzamos a enterarnos de lo que sucede en la vecindad.

    Un saludo y gracias por el artículo.

    PS. Un libro nuevo: “Repensando el liderazgo estratégico”. 2018. Federico Aznar F.-Montesinos.
    Y uno viejo. “The Constitution of Liberty”, 1950, F. Hayek. Capítulo II. Tiene traducción española, “Los fundamentos de la Libertad”.

    Responder
  2. O'farrill
    O'farrill Dice:

    “Todos los partidos políticos del mundo industrial, todos nuestros congresos, parlamentos, presidencias, jefaturas , tribunales y agencias reguladoras…. han perdido vigencia y están en trance de transformación…” (Alvin Toffler.- “La tercera ola”) También nuestra sociedad, nuestras costumbres, nuestros mitos y creencias, nuestra forma de vida, hasta nuestra identidad personal. La monitorización a distancia del desarrollo de un diseño nada inocente, ha estado marcando nuestro día a día, llevándonos sin demasiada sutileza hacia nuevos caminos en los que nos sentimos perdidos y, por tanto, inseguros y vulnerables. En política Toffler habla del “mausoleo político” con una grave crisis de la democracia representativa en todas sus formas ya en los años 80 donde, “más de cien mil de estas máquinas representativas, se dedican a producir sin descanso leyes, reglamentos, decretos y normas….” con que mantener a los ciudadanos en situación de indefensión permanente. “La fábrica de leyes global” es la forma de poder real y continua frente a la posibilidad de los ciudadanos de votar cuando parezca oportuno. Un saludo.

    Responder

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *