Sobre ética, política y periodismo.

 

“En consecuencia, sostenemos que nunca se ha mentido tanto como en la actualidad, ni se ha mentido de manera tan masiva y tan absoluta como se hace hoy en día”
(Alexandre Koyré, La función política de la mentira moderna, Pasos Perdidos, 2015, p. 37)

“Cuanto más vacuas sean sus bobadas más seguidores tendrá, a saber, todos los estúpidos e ignorantes”
(Erasmo de Rotterdam, Alabanza de la estupidez, Penguin, 2016, p. 85)

Semana convulsa esta del 17-S. Todo ha estado muy revuelto con las cualificaciones académicas de los políticos. La política en España, más aún con el incendio catalán siempre vivo, era ya hiperbólica. La exageración en los epítetos y descalificaciones es mayúscula. No hay sosiego. Ahora no existe ni un momento de paz. La guerra parece abierta. La ignorancia es atrevida y la estupidez vuela por doquier (como ya nos advirtió Cipolla), pero en estos tiempos de fakenews al parecer todo vale. Ahora a la hipérbole se suma la política carroñera. Sucia y descuidada. Mientras tanto andamos buscando políticos impolutos en un país de pícaros, rufianes e infractores por doquier: ¿quién se salva? Olvidamos con frecuencia que la política es el espejo de la sociedad.

Las reglas en esta España desquiciada las marca formalmente el Derecho. Pero donde el Derecho no llega, comienza el evanescente estándar de moralidad pública que se pretende aplicar a las conductas pasadas de los cargos públicos. Como sigamos así se terminará removiendo la adolescencia turbia de algunos o los deslices pueriles de la primera etapa universitaria de otros. Como el cinismo político imperante o, en su defecto, la ignorancia mayúscula, impiden codificar valores y normas de conducta en las instituciones públicas, lo que es éticamente correcto lo define el oportunismo político del momento o las “investigaciones”, nunca neutrales, de unos medios alineados con uno u otro bloque, pues en esto nadie se queda en medio. Y aquí empieza el desbarajuste. Con una simple norma de conducta en el marco de un sistema de integridad sobre las consecuencias de mentir en el curriculum nos hubiésemos ahorrado un sinfín de tormentas políticas, ríos de tinta y miles expresiones de palabrería vacua.

Hace algunos meses escribí sobre los masteres ahora pensaba hacerlo sobre los doctorados. Pero, en verdad, no conviene desestabilizar más a la frágil Universidad española. Bastante tiene con la que le está cayendo. Con tanto oportunismo político y mediático la institución acabará por ser convertida en mero despojo. Una fábrica de titulaciones hasta ahora de escasa utilidad, corre el riesgo de ser derruida como consecuencia de los pésimos comportamientos de algunos de sus prebostes con moral laxa, cuando no delictiva (rectores, catedráticos, profesores o funcionarios, que de todo ha habido). La ensalzada imagen del mundo académico-universitario se enturbia. Y mejor no seguir escarbando en sus miserias, que no son pocas. Siempre ha habido tesis doctorales excelentes, buenas, regulares y malas. Que nadie se rasgue las vestiduras, pues por la propias y envenenadas reglas marcadas del juego, siguen siendo escasos los supuestos en los que las tesis doctorales -más aún si el doctorando “es de la casa”- no se adornan con la máxima calificación, aunque ahora el pretendido anonimato “del sobre” permita esconder aparentemente quién ha sido el malhechor miembro del tribunal que ha roto la unanimidad requerida.

No me interesan estas cosas que ahora están en la boca de todos. La sarta de sandeces que he escuchado en los medios estos días (particularmente en las tertulias) sobre los doctorados y las tesis doctorales, darían para escribir varias páginas. El problema no es lo que dicen o escriben, lo grave es el daño institucional que hacen. Y a ello voy con un caso concreto, aunque sea sobre un tema aparentemente distinto.

El Gobierno Vasco presentó este pasado jueves la Memoria de la Comisión de Ética 2017 , que identifica los casos conocidos por ese órgano durante ese año de acuerdo con las previsiones del Código Ético y de Conducta de altos cargos. Dentro de esa Memoria se incluyen una serie de Conclusiones y la primera de ellas traslada la idea, por lo demás totalmente acertada, de sugerir que –dentro de ese sistema de integridad institucional que está construyendo el Gobierno Vasco- se promueva un Código del Empleo Público que recoja los valores y principios de la institución establecidos en el Código de altos cargos y en la Ley vasca 1/2014 de conflictos de intereses, pero incorporando, previa negociación sindical, unas normas de conducta que fueran adecuadas a las funciones propias de los servidores públicos. La diferencia entre valores y normas de conducta es muy importante, aunque algunos no la entiendan.

Al igual que ya ha sido hecho por la Diputación Foral de Gipuzkoa, la iniciativa del Gobierno Vasco es trascendental: con ella se pretenden reforzar los valores y los comportamientos éticos en la actividad profesional del empleo público. Una función pública anoréxica en valores no puede prestar nunca buenos servicios a la ciudadanía. Una institución que no preserve la ética de sus gobernantes y servidores públicos difícilmente puede disponer de calidad democrática, como estudió atentamente el profesor Rafael Bustos Gisbert. Y estas son cosas que habitualmente se hacen en las democracias avanzadas (vean por ejemplo el caso del Código de Valores del Servicio Civil de la Administración Federal de Canadá:  un ejemplo, por lo demás, de coherencia y sencillez).

Pero en este país de cínicos resabiados todo el mundo cree que con el Derecho (la Ley) ya es suficiente. Sin embargo, las leyes se publican pero no se aplican. Peor aún, cuando entra en juego el Derecho Penal o el Derecho Administrativo Sancionador el mal ya no tiene remedio y la imagen de la institución está ya rota en pedazos. Los sistemas de integridad institucional (y entre ellos los códigos de conducta) pretenden prevenir y preservar la infraestructura ética de las instituciones. Algo que muchos no entienden o simplemente no quieren ver.
Sorprende así que, frente a esa iniciativa pionera que homologa a las instituciones vascas con las democracias más avanzadas, se responda groseramente con una serie de informaciones públicas falsas o meridianamente no contrastadas lanzadas por algunos medios de comunicación. Así, se ha dicho torticeramente que a 100.000 empleados públicos vascos se les iban a aplicar las normas de conducta aplicables a los altos cargos del Gobierno de Euskadi (entre ellas la imposibilidad de opinar públicamente contra las políticas del Gobierno o la de no mentir en el curriculum).

He sido invitado a escribir sobre ello y he respondido de inmediato que esa información es sencillamente falsa de solemnidad. Una mentira política. Que se apliquen los valores y principios comunes al conjunto de la institución (como lo ha hecho por ejemplo la Administración Federal canadiense) no quiere decir, en ningún caso, que se trasladen las exigencias de normas de conducta de los altos cargos a los empleados públicos. Mientras unos sean de designación política y otros profesionales del empleo público, la modulación de las conductas y la existencia de códigos distintos está fuera de toda duda por lo que a la función pública respecta, donde la garantía de imparcialidad es una de las notas distintivas de su ADN.

Exijamos, por tanto, más diligencia profesional a los periodistas que se ocupan de estos temas. Si hubiesen contrastado la información a través de la fuente que tenía a su alcance (Conclusión 1ª de la Memoria 2017 de la Comisión de Ética Pública antes citada), no hubieran metido la pata de forma tan estrepitosa. La imprecisión, la falsedad o la manipulación están tomando carta de naturaleza en diferentes medios que por lo demás se mueven en trincheras políticas muy identificadas. Lamentable espectáculo. Lo realmente triste es lo mucho que padece nuestro ya bastante roto sistema político-institucional. Todos creen a los medios y desconfían del mensaje de las instituciones. Seguimos jugando a la ruleta rusa. Hasta que el tiro definitivo nos levante la tapa de los sesos.

VER LA MEMORIA 2017 ÍNTEGRA DE LA COMISIÓN DE ÉTICA PÚBLICA DEL GOBIERNO VASCO EN PDF: Memoria_Comision_Etica_2017_DIG(3)

7 comentarios
  1. O'farrill
    O'farrill Dice:

    Coincido con el autor en que nuestras instituciones públicas (como es el caso de la universidad) han sufrido un deterioro considerable en los últimos años. También coincido en que nuestra “marca” social, no es para tirar cohetes y tiene como consecuencia la corrupción en diferente medida. La ejemplaridad pública y social brilla por su ausencia (no hace falta citar casos) y nadie quiere ser un “pringado” del que se rían por su honestidad o ética personales.
    En cuanto al sector público (en el que estuve durante toda mi vida) sabemos que ha sido pervertido en su sentido de servicio a los ciudadanos para poner a éstos al servicio de las “políticas” más o menos caprichosas de quienes llegan al gobierno. Estaba regulado (Ley de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas) y tenía (hablo en pasado) sus sistemas de control interno (desde la oficina presupuestaria, la intervención delegada de Hacienda o la inspección general de servicios). Se abrían expedientes administrativos, se impedían desmanes y se ejercía un control riguroso sobre los expedientes de contrataciones públicas o las modificaciones presupuestarias, pero…. se abrió la “veda política” con el PSOE y se anularon de hecho tales controles, aunque siguieran existiendo de cara a la galería. Se anuló al funcionario de carrera y se integraron los “laborales” o amigos, asesores, directivos, etc. que creyeron (como dijo la Sra. Calvo) que el dinero público no era de nadie y estaba ahí para que cada uno hiciera lo que quisiera. Se creó además división entre los empleados públicos, tanto por vía de retribuciones como de promoción. Se puso al frente de responsabilidades públicas a muchos irresponsables, incompetentes e ignorantes, en lugar de rentabilizar el capital humano disponible entre los funcionarios. En fin….
    No, no creo que por poner en marcha más códigos éticos se arregle el problema porque la ética es una cuestión personal y no puede ser impuesta. Lo que sería necesario es establecer un sistema de control independiente de carácter interno, como el que ya existía en la norma mencionada y donde, quien hacía algún desaguisado, se encontraba con el expediente administrativo de sanción correspondiente.
    Una ligera pincelada sobre el caso de los “títulos” de quienes nos gobiernan o se dedican a la política. Mientras ésta sea una forma de “vivir” en lugar de ser una forma de “servir”, estará abierta a todo tipo de “vividores” y granujas de medio pelo que, con el solo hecho de estar en un partido, se habrán resuelto el porvenir. Nada de exigencias de formación previa para ser cargo público. Es gratis y sólo hace falta reir los chistes del “líder” para estar presente en las listas. ¿No sería mejor exigir por parte del Parlamento conocer el “proyecto de gestión” de los responsables públicos y su capacidad para llevarlo a cabo? ¿donde esta el debate interno permanente en el seno de los partidos? Aprobar previamente los nombramientos evitaría muchas sorpresas.
    Un saludo.

  2. Rosa Esperanza
    Rosa Esperanza Dice:

    He leído la conclusión 1a de la Memoria 2017 y no me parece que la información periodística sea inexacta.

  3. Rafael
    Rafael Dice:

    Hablando de ética y acusaciones ¿alguien (los doctores que escriben aquí) podría explicar a “tantos opinadores” qué es una tesis doctoral, su finalidad y cómo se realiza? Gracias

  4. O'farrill
    O'farrill Dice:

    Disculpas porque me dejaba la última parte del artículo: el periodismo o, para ser más preciso, que son en estos momentos las grandes cadenas de comunicación: la voz e sus respectivos amos (que no son demasiados) para servir de correa de transmisión a los partidos. Lo hemos visto con la campaña contra el actual presidente de EE.UU. recogida por la “progresía” mediática del momento pero también la conocemos a través de noticias sesgadas y manipuladas de quienes deben “lealtad” retributiva a quienes les pagan. El periodismo de investigación es ideológico-político, en vez de de ser objetivo-informativo. Muchos han vendido su alma para servir al “líder” que los alimenta directa o indirectamente. En estos momentos, la “Sexta noche” es un ejemplo de contraste entre tertulianos histriónicos y sectarios y otros que tratan de “informar” simplemente. Los unos gesticulan y crean espectáculo (que es lo que atrae audiencias), los otros aportan datos e informaciones para que cada cual saque sus conclusiones. Periodistas libres, independientes, honestos y objetivos, van desapareciendo de las tertulias mediáticas y, como en el caso de la televisión pública, los demás se agarran a la “teta” ideológica más rentable.
    Un saludo.

  5. Lourdes Fernandez Manzano
    Lourdes Fernandez Manzano Dice:

    Enhorabuena al autor por este artículo. Resulta de la máxima trascendencia empezar a establecer referencias éticas, y no meramente jurídicas, en el funcionamiento de las instituciones . El legalismo actual se ha tornado excesivamente complejo y perverso en el ámbito público, en muchos casos para salvaguarda de la instituciones y en detrimento de los derechos de los ciudadanos de a pié que con sus votos e impuestos sostienen las mismas y esperan legítimamente que les sirvan con diligencia. Por consiguiente, totalmente de acuerdo con el autor en que constituye una buena noticia la existencia de un “Código del Empleo Público que recoja los valores y principios de la institución”. Sin embargo, deviene asimismo imprescindible el seguimiento por terceros imparciales y objetivos del acatamiento de tales valores y principios. Porque, por desgracia, hemos sido testigos demasiadas veces de operaciones escaparatistas que se quedan en mera oratoria. De ahí el escepticismo de algunos.

  6. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Felicitar al autor y añadir un par de precisiones complementarias

    En primer lugar, “Reflexiones sobre la mentira”, la obra citada de Koyré recién publicada en español, fue escrita probablemente antes de 1940 y publicada en 1943.

    Es decir, una de las principales industrias editoriales del mundo, la Española, es incapaz de traer a tiempo la obra de grandes pensadores y científicos. En este caso nada menos que casi 75 años de retraso.
    Otros autores como Trotter (1916), Ashby (1956) , Wiener (1920) y muchos otros, sin los cuales no es posible entender lo que hoy sucede, todavía no han sido traducidos.
    Son, naturalmente, autores “proscritos”, poco o nada “recomendables” en los tiempos de la dictadura de la Corrección Política y del Pensamiento Único en regímenes que se pretenden Libres y Democráticos pero que son suspendidos como tales por sus ciudadanos.

    En segundo lugar unas líneas sobre la moralidad y la ética.

    Desde Kant el Sistema cultural ha tratado de Cargarse cualquier norma Moral exógena al Poder. Es decir, cualquier regla moral no consagrada o promulgada por éste.
    Este esfuerzo sistemático de “Gestión” Cultural está detrás de corrientes Reduccionistas como el Cognitivismo en Psicología para tratar de eliminar en lo posible la Introspección. Una de sus últimas víctimas ha sido Maslow reemplazado en la última parte del siglo XX por Kohlberg y sucesores. Son los promotores de una antropología moral “conveniente” al Poder porque garantiza que es y será “gestionable”.

    Y cómo lo resume Kolhberg.

    Con tres Niveles de Comportamiento Moral: A saber…Preconvencional, Convencional y Postconvencional.

    La gran mayoría de la sociedad occidental se mueve hoy en las dos primeras.

    A su vez cada uno de los niveles anteriores tiene dos subniveles.
    Preconvencional: 1. Premio y Castigo. 2. Instrumental.
    Es decir la moralidad viene definida por sus recompensas. Muy resumidamente “es bueno si me beneficia o me evita el castigo”.

    Convencional. 1. Norma del Grupo más próximo. 2. Expectativas Sociales.
    Es decir, conformidad al grupo cercano y a lo políticamente correcto aceptado por pares y masa.

    Post-Convencional . 1. Contrato Social- Contractualismo (Rawls fue su coetáneo en Harvard) 2. Principio Moral Universal (Más análogo al Imperativo universal Kantiano)

    El caso es que hoy para encontrar “ejemplos” del último de los seis subtipos hay que irse a Personajes del tipo Luther King o Gandhi. El resto, es decir, el 99.9% sigue lo que se le dicta.

    De hecho, en una de las épocas de mayor inmoralidad pública que podemos recordar ¿Dónde están esas voces incluyendo la voz de las diferentes Religiones comenzando por la nuestra?

    Es fácil ver que la sociedad, “by and large”, desde la perspectiva moral ya está en manos de la estructura de Poder.

    Y pregunto ¿Dónde están los grandes profesores de Filosofía y dónde nuestros Grandes Adam Smith’s?

    Missing?

    Saludos y gracias

    Missing?

  7. Daniel Iborra
    Daniel Iborra Dice:

    NUEVA ÉPOCA, OTRO PERIODISMO:
    García Montalvo “ en E.E.U.U. a los opinadores que en 2.005 hablaban de círculo virtuoso y de que el Dow Jones llegaría a los 36.000 puntos, los han eliminado .En España , esta gente que en el 2.006 decía que todo era perfecto, hoy explica como salir de la crisis”.

    “Si está acreditado que la percepción de la corrupción va relacionada con su cobertura mediática ¿Por qué no la denunciaron en el periodo central de la misma? ¿Fue por interés o por ignorancia? ¿Como nos van a convencer de que la ignoraban cuando todo el mundo la conocía?. ¿Que hicieron los medios catalanes para averiguar si era cierta la denuncia que hizo Maragall en el Parlament? Si hay periódicos que son incapaces de dedicar ni un pequeño porcentaje de su primera página a la corrupción del “partido amigo” ¿seguirán denunciando la corrupción cuando este partido acceda al poder? ¿La denuncia de la corrupción tiene por finalidad evitarla para la ciudadanía o reducir la cuota de votos del enemigo político? Y si el amigo es un incompetente ¿denunciará la incompetencia o intentará ocultarla o enmascararla buscándole un enemigo exterior a donde dirigir las iras de la sociedad? Si eran medios de información ¿Por qué no informaron a sus seguidores de los riesgos, para evitar que la crisis les afectara tan gravemente? ¿Cuantas portadas y textos dedicaron a la incompetencia de la gestión económica, a la falta de liquidez del sector empresarial, a la ruina que iba a provocar el estallido del boom inmobiliario, a la sobre valoración de los inmuebles, al irresponsable crecimiento del gasto público y de las inversiones inútiles cuando a partir de 2007 se ciega una fuente fundamental de ingresos ,la construcción; y especialmente en el ámbito autonómico ( más de 195.000 funcionarios) y municipal ( Ejm Plan E 12.110 millones E., 22.900 funcionarios), a las decisiones económicas puramente electoralistas o a la falta de reformas que mejoraran la competitividad de la economía, que fueron la base de nuestros actuales problemas? ¿Y cuantas a temas triviales?

    Tal vez, en EEUU continúan pensando que la función principal del periodismo es la de ofrecer a sus lectores una información independiente, solvente y honesta.” (4-1-16)

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