CONCLUSIONES DE LA SEGUNDA PARTE

 

La historia de las instituciones resume la evolución de la humanidad de los últimos 40.000 años. Hunde sus raíces en la prehistoria y tiene dos grandes transiciones: la Revolución Neolítica (C. 10.000 años a.C.) y la Revolución Industrial (aprox. 1700-1850 d.C.). A lo largo de este tiempo se han ido sucediendo distintos tipos de instituciones características de cada época, en cuyas sociedades puede observarse: a) un modo particular de obtención de alimentos y bienes; b) uno o dos tipos de organización colectiva predominantes; y c) equilibrios específicos entre las relaciones de dominación y cooperación establecidas en su seno. Presentadas sintéticamente son:

 

Instituciones ancestrales y clanes

Son pocas, previas a la Revolución Neolítica, y muy primitivas. Básicamente consisten en el lenguaje, la agrupación familiar, el parentesco, los cuidados recíprocos y el respeto a los antepasados. Sostenían grupos alimentados mediante carroñeo, caza o recolección, que apenas tenían bienes.  Sus útiles se reducían a palos, piedras y fuego. Su organización social se basó durante milenios en pequeños grupos de homínidos, cazadores/recolectores, que evolucionaron lentamente hacia la formación de clanes.

Arsuaga, a la luz de los hallazgos de Atapuerca lo contó en La especie elegida. La larga marcha de la evolución humana (Círculo de Lectores, Barcelona, 1999, 357 pgs.) y en El collar del neardental (Ramdom House, 2ª ed. Barcelona 2003, 405 pgs.)

Sus instituciones, muy igualitarias, iban directamente encaminadas a la supervivencia, con énfasis en las relaciones de cooperación y socorro mutuo. La aparición de posiciones dominantes dentro del grupo se solventaba con la escisión en subgrupos y la emigración a territorios deshabitados, factor esencial para la expansión de la humanidad a todo el mundo. Se cree que, hacia el final de su evolución, el respeto a los antepasados dio lugar a la asunción por los ancianos del papel de guardianes de las tradiciones del clan.

 

Tribus

Con la Revolución Neolítica todo cambió. Tanto por los protagonistas (exclusivamente nuestra especie de homo sapiens), como por el modo de producción (aparecieron los pastores/cultivadores, transformados ulteriormente en ganaderos/agricultores). Naturalmente, también cambiaron las instituciones básicas: surgieron los asentamientos permanentes, los bienes comunales y la propiedad privada, los excedentes de producción, el trueque y un incipiente comercio; y también emergieron el estatus y la jerarquía dentro del grupo, distintas variantes de tribus y, desde luego, la guerra.

De este modo, las relaciones de cooperación se centraron en la afirmación de lazos firmes de los guerreros con su jefe y entre sí, mientras que las de dominación se aplicaron intensamente a los miembros de otros grupos y a los incorporados marginalmente al propio.

En el estudio de Martínez Meseguer La Teoría evolutiva de las instituciones (2ª ed., U.E. Madrid 2015, 318 pgs.) pueden encontrarse más datos, incluso anteriores a los aquí mencionados, que van en la misma línea. Con alcance general véase Marina y Rambaud Biografía de la Humanidad, Ariel, Barcelona, 2018, 573 pgs.)

 

Instituciones tribales

Las tribus tuvieron una especial dedicación al desarrollo de nuevas instituciones. Sucedió a partir del momento en que sus actividades de saqueo y esclavización (la esclavitud fue una de sus primeras instituciones) les aportaron recursos suficientes para apartar a algunos de sus miembros de los trabajos manuales. El almacenamiento y reparto de bienes mediante apuntes grabados en arcilla (producido en otra de sus grandes instituciones, el templo o lugar sagrado) dio lugar a un aumento espectacular del comercio, generador de nuevos usos y costumbres mercantiles, y a la escritura como beneficio no buscado.

Algunas tribus se especializaron en áreas como la metalurgia o la navegación, de gran importancia militar y comercial, y otras formaron coaliciones de mayor o menor amplitud. Todo lo cual giraba alrededor de las principales instituciones tribales consistentes en la concentración del poder militar en su jefe, la obediencia de sus guerreros y el respeto de toda la tribu. Las más fuertes se transformaron en reinos e imperios cuyas guerras, batallas y enfrentamientos comenzaron a llenar las páginas de la Historia.

 

Instituciones intermedias

Los primeros reinos no contaban con un ejército permanente, pero pronto se dotaron de una institución de valor equivalente: la ciudad amurallada, cuyo valor era mucho más que militar. El poder del rey se demostraba en su capital, y la capital entregaba al rey bienes fuera del alcance de los jefes tribales. La importancia de la ciudad llegó a ser tal que algunas de ellas prescindieron de la monarquía y adoptaron con éxito la forma de gobierno republicana.

Las Repúblicas mercantiles italianas del renacimiento, p.ej., no sólo alcanzaron una riqueza deslumbrante, sino que además crearon instituciones financieras y comerciales de enorme importancia. Gracias a ellas, el león de San Marcos veneciano se extendió por todo el Mediterráneo oriental.

El equipamiento normativo de reinos y repúblicas progresó. Sus instituciones jurídicas se ampliaron y sofisticaron, lo que también hicieron las mercantiles, culturales o asistenciales. Las instituciones tribales incompatibles con el nuevo orden perdieron no solo su predominio sino también parte de su dureza; la esclavitud, p. ej. se hizo más humana, sin llegar a eliminarse.

 

Instituciones modernas

Cuando reinos y repúblicas fueron capaces de sostener un ejército y una marina militar permanentes, sus instituciones cambiaron. En primer lugar, las relativas a la producción de bienes tuvieron que adaptarse a los gastos militares; los impuestos y la burocracia se generalizaron, y los órdenes sociales previos tuvieron que renovarse. Y, en segundo lugar, el poder comenzó a formar su propio armazón organizativo, que, al mezclarse con una arquitectura institucional renovada, sentó las bases del Estado moderno.

Las instituciones del Estado moderno son muchas y de diversos tipos. Unas se apoyaron en otras, en un proceso que se desarrolló más o menos como sigue:

(a) Las instituciones de gobierno, comerciales, financieras, educativas o culturales, heredadas de la etapa anterior, se mantuvieron y perfeccionaron; (b) surgieron otras nuevas de gran alcance, como la soberanía nacional o el imperio de la ley; (c) El equilibrio entre las relaciones de dominación y de cooperación se puso a prueba con distintas combinaciones (absolutismo, despotismo lustrado, Estado limitado…); (d) El mundo de las ideas y creencias que sostienen las instituciones se enriqueció y desarrolló.

Mientras tanto se produjo otra gran revolución en la producción de bienes y servicios, y todo volvió a cambiar.

 

Instituciones contemporáneas

La Revolución Industrial es el orto y el ocaso del Estado moderno. De una parte, el incremento en la producción de alimentos, bienes y servicios que trajo consigo permitió generar un Estado del Bienestar jamás soñado; de otra, los excesos de todo tipo que provocó la sobreabundancia de bienes (consumismo, hedonismo, degradación ambiental, destrucción de recursos no renovables, calentamiento del planeta…) obligaron a pensar en una nueva concepción del Estado que eliminase sus aspectos negativos.

 

Necesidad de cambios

En estos momentos, todo parece indicar que las instituciones contemporáneas son incapaces de cumplir su función. La idea de que “el Estado moderno ha incumplido sus promesas” se extiende por todo el mundo. Parece que necesitamos un nuevo punto de partida; el Estado contemporáneo no debería ser más de lo mismo: un Estado constructor/acaparador de instituciones que ya no sirven.

La historia no tiene respuestas para estos problemas, que deben afrontarse directamente. A tal efecto, en la siguiente parte de este libro examinaré la “arquitectura institucional” del Estado Contemporáneo, cuyas relaciones con su “armazón organizativo” no están ni mucho menos claras, para comprobar si todavía conserva su utilidad y si, en su caso, podría repararse.

 

 

 

 

 

Juan Miguel de la Cuétara Martínez

Catedrático de Derecho administrativo