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CONCLUSIONES DE LA TERCERA PARTE

  Un dualismo preocupante En esta tercera parte hemos descubierto una dualidad esencial del Estado un tanto sorprendente. Hasta ahora, estábamos acostumbrados a ver el Estado como una unidad desde cualquiera de los distintos puntos de vista usuales. Así, el Estado se nos presentaba como “una” persona jurídica, “una” organización política o “una” institución de instituciones desde las respectivas perspectivas jurídica, política o institucional. Pero, al despiezarlo, entendimos que, de un lado, poseía una arquitectura institucional y, de otro, un aparato orgánico, y que ambos estaban enzarzados entre sí en una dinámica de “cooperación-conflicto” muy compleja. Al ir adquiriendo conciencia del carácter dualista del Estado, se nos hizo patente que cada uno de sus dos componentes tenían sus propias necesidades y se activaban por lógicas también distintas. Así: El Estado-organización a) busca obtener, ejercitar y aumentar su poder; b) quiere eliminar toda interferencia en el logro de este objetivo; y c) pretende exhibir la legitimidad de las instituciones que absorbe para facilitar su penetración en la sociedad. Los componentes de la arquitectura institucional a) buscan someter el Poder al Derecho; b) quieren amortiguar la voluntad de dominio del Estado-organización; c) pretenden mantener e incrementar su propia legitimidad. En otros términos, la lógica organizativa exige crecimiento […]

CONCLUSIONES DE LA SEGUNDA PARTE

  La historia de las instituciones resume la evolución de la humanidad de los últimos 40.000 años. Hunde sus raíces en la prehistoria y tiene dos grandes transiciones: la Revolución Neolítica (C. 10.000 años a.C.) y la Revolución Industrial (aprox. 1700-1850 d.C.). A lo largo de este tiempo se han ido sucediendo distintos tipos de instituciones características de cada época, en cuyas sociedades puede observarse: a) un modo particular de obtención de alimentos y bienes; b) uno o dos tipos de organización colectiva predominantes; y c) equilibrios específicos entre las relaciones de dominación y cooperación establecidas en su seno. Presentadas sintéticamente son:   Instituciones ancestrales y clanes Son pocas, previas a la Revolución Neolítica, y muy primitivas. Básicamente consisten en el lenguaje, la agrupación familiar, el parentesco, los cuidados recíprocos y el respeto a los antepasados. Sostenían grupos alimentados mediante carroñeo, caza o recolección, que apenas tenían bienes.  Sus útiles se reducían a palos, piedras y fuego. Su organización social se basó durante milenios en pequeños grupos de homínidos, cazadores/recolectores, que evolucionaron lentamente hacia la formación de clanes. Arsuaga, a la luz de los hallazgos de Atapuerca lo contó en La especie elegida. La larga marcha de la evolución humana (Círculo de Lectores, Barcelona, […]